Sermón 122 - El porqué de la ineficacia del cristianismo
Jeremías 8.22
¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico? ¿Por qué,
pues, no hubo medicina para la hija de mi pueblo?
1. Si tomamos esta pregunta en el sentido estricto en que
la formuló el profeta, veremos que se refiere sólo a los hijos de
Israel. Pero aquí me gustaría considerarla en un sentido mucho
más amplio, referida a toda la humanidad. Quisiera preguntar
con toda seriedad: ¿Por qué el cristianismo ha hecho tan poco
bien al mundo? ¿No es acaso el bálsamo, el instrumento, que el
Gran Médico ha dado a la humanidad para restablecer su salud
espiritual? ¿Por qué, entonces, no logra curarse? Ustedes me
dirán que esto se debe a la corrupción profunda y generalizada
que aqueja a la naturaleza humana. Eso es exacto. Pero
precisamente aquí radica la dificultad. ¿No fue la intención de
nuestro creador, omnisciente y omnipotente, que esta
herramienta fuera el remedio para esa corrupción? Un remedio
universal para un mal universal. Pero no ha logrado su
propósito. Nunca llegó a hacerlo en el pasado, y no puede
hacerlo en el presente. La enfermedad continúa manifestándose
con toda su fuerza: toda clase de maldad y todas las formas
posibles de pecado interior y exterior aún cubren la superficie
de la tierra.
2. ¡Justo eres tú, oh Señor, sin embargo alegaré mi
causa ante ti!1 ¿Cómo explicar esto? ¿Has olvidado el mundo
por ti creado, creado para tu propia gloria? Tú no puedes
despreciar la obra de tus manos comprada con la sangre de tu
1 Jer. 12.1.
293
2 94 Sermón 122
Hijo. Tú nos diste el remedio para curar nuestra enfermedad,
pero nuestra enfermedad no se ha curado. Las tinieblas cubren
la tierra, y oscuridad las naciones.2 Sí,
Sentimos las tinieblas a nuestro alrededor
Como diablos salidos de las profundidades del infierno.3
3. ¡Qué misterio! ¿Cómo explicar que el cristianismo
no haya traído el bien al mundo? ¿Qué razones se pueden
alegar? A primera vista parecería que una de las razones por las
cuales no hizo todo el bien posible, es porque no está
suficientemente difundido. Obviamente, no puede provocar el
bien donde no se le conoce. Y la mayoría de los habitantes de
este planeta no lo conoce hasta el día de hoy. En el siglo
pasado, nuestro compatriota el Sr. Brerewood, hombre muy
inteligente y aplicado, viajó por la mayor parte del mundo
conocido con el propósito de investigar, hasta donde fuese
posible, cuál era el porcentaje de cristianos con respecto a los
paganos y mahometanos. Según sus cálculos (probablemente
los más exactos que se hayan hecho hasta la fecha), entiendo
que la población del mundo puede ser dividida en treinta
grupos. Diecinueve de esos grupos son completamente
paganos; no conocen acerca del cristianismo más que lo que
puede conocer un animal de existencia perecedera. A ellos
debemos agregar las numerosas naciones que se han descubier-
to en el presente siglo. Si a esto le agregamos los grupos que
profesan la religión mahometana y se mofan del cristianismo,
resulta que veinticinco partes en treinta no llegan a ser siquiera
nominalmente cristianas. De modo que si aceptamos esta
división en grupos, diríamos que cinco de cada seis ignoran por
completo de qué se trata el cristianismo. No debe sorprender-
nos, por tanto, que para cinco grupos de cada seis, tal vez
2 Is. 60.2.
3 Juan y Carlos Wesley, Hymns and Sacred Poems (1740), p. 106.
El porqué de la ineficacia del cristianismo 295
nueve de cada diez, el cristianismo no represente ningún
beneficio.
4. Pero ¿por qué resulta tan poco beneficioso para el
mundo cristiano? Me pregunto si los cristianos son mejores que
las demás personas, ¿serán mejores que los mahometanos o los
paganos? Sinceramente, podemos considerarnos dichosos si no
son peor, peor que los mahometanos y los paganos. En muchos
aspectos son mucho peor. Claro que no se trata de auténticos
cristianos. La mayoría de ellos, a pesar de recibir el nombre de
cristianos, no saben qué es el cristianismo. Su conocimiento no
supera al de los griegos o hebreos, por lo tanto no pueden llegar
a ser realmente mejores. ¿Qué pueden saber del cristianismo
auténtico los llamados cristianos de la iglesia del este de Europa,
diseminados en todo el territorio turco? Me refiero a los
cristianos de Morea, Circasia, Mingrelia y Georgia. ¿No son lo
peor de la humanidad? Tampoco existe razón alguna para creer
que los que pertenecen a la iglesia del sur, los que habitan la
región de Abisinia, saben más que ellos acerca de adorar a Dios
en espíritu y en verdad.4 Veamos ahora qué ocurre más cerca
nuestro. Miremos las iglesias del norte, aquellas que están
regidas por el Patriarca de Moscú. ¡Qué poco saben de
cristianismo, de su vivencia interior o exterior! Allí hay miles,
decenas de miles, de bárbaros que no conocen del cristianismo
otra cosa que su nombre. Su conocimiento apenas supera al de
los pueblos paganos de Tartaria y de China.
5. Sin embargo, el cristianismo debería ser cuando
menos bien conocido por todos los habitantes del mundo
occidental. Gran parte de éste se conoce como la «cristiandad»
o la tierra de los cristianos. Muchos de ellos continúan siendo
miembros de la Iglesia de Roma; la otra parte está compuesta
por los denominados «protestantes». Con respecto a los
4 Jn. 4.23.
2 96 Sermón 122
primeros —portugueses, españoles, italianos, franceses,
alemanes— ¿qué sabe la mayoría de ellos acerca de un
cristianismo cuyo único fundamento es la Escritura? Con
frecuencia he tenido oportunidad de conversar con muchos de
ellos, aquí en Inglaterra y en el extranjero, y me atrevo a afirmar
que en general muestran una total ignorancia de la teoría y
práctica del cristianismo. Por esta causa están desapareciendo
por millares, porque les falta conocimiento,5 porque
desconocen los principios básicos del cristianismo.
6. «¡Seguramente no ocurre lo mismo con los
protestantes en Francia, Suiza, Alemania y Holanda! ¡Mucho
menos en Dinamarca y Suecia!» En verdad espero que así sea.
Estoy convencido de que muchos entre ellos conocen el
auténtico cristianismo; mas temo que no llegan a ser uno en
diez, tal vez uno en cincuenta. Esto puede confirmarse si
tomamos Gran Bretaña e Irlanda como puntos de referencia
para hacernos una idea. Veamos cómo es la situación aquí, en
nuestra propia casa. ¿Acaso se puede decir que el pueblo inglés
en general (no hablemos de las clases altas ni de las más bajas,
que comúnmente no entienden nada acerca de esto, sino de la
clase media) comprende lo que es el cristianismo, que entiende
de qué se trata? ¿Pueden dar una explicación inteligible de las
ideas o de la práctica cristiana? ¿Qué saben acerca de los
principios fundamentales? ¿Qué saben acerca de temas tales
como los atributos naturales y morales de Dios, su muy
especial providencia, la redención del ser humano, la obra de
Cristo, la acción del Espíritu Santo, la justificación, el nacer de
nuevo, la santificación interior y exterior? Mencionen
cualquiera de estos temas con las primeras diez personas que
vean y seguramente encontrarán que nueve de esas diez
ignoran estos temas por completo. En igual ignorancia viven
los habitantes de las tierras altas de Escocia, y también el
5 Os. 4.6.
El porqué de la ineficacia del cristianismo 297
pueblo de Irlanda (me refiero a los protestantes, único grupo
del que estoy hablando). Hagan una investigación objetiva, no
sólo en las zonas rurales sino en las ciudades de Cork,
Waterford, Limerick, o en Dublín mismo. ¡Qué pocos saben lo
que el cristianismo significa! ¡Qué pequeño el número de los
que tienen alguna noción acerca de la analogía de la fe! Muy
pocos saben que todas las verdades contenidas en las Escrituras
están conectadas y relacionadas entre sí: a saber, la naturaleza
corrupta del ser humano, la justificación por fe, el nacer de
nuevo y la santificación interior y exterior. Cualquier persona
que haya conversado abiertamente con sus vecinos, en alguno
de los lugares mencionados, si es hábil para juzgar deberá
admitir que la mayoría de ellos no saben acerca de estos temas
más que lo que saben de hebreo o de árabe. Entonces, ¿qué bien
puede representar el cristianismo para ellos cuando en realidad
ignoran por completo de qué se trata?
7. Sin embargo, el cristianismo basado en las Escrituras
es bien conocido en algunas regiones de Inglaterra e Irlanda,
especialmente en Londres, Bristol, Dublín, y en casi todas las
grandes ciudades y pueblos en ambos reinos. En estos lugares
se enseña clara y ampliamente acerca de todos y cada uno de los
aspectos del cristianismo, y miles y miles continuamente
escuchan y reciben la verdad que está en Jesús.6 ¿Por qué,
entonces, aún en estos lugares el cristianismo ha tenido tan poco
efecto? ¿Por qué la mayoría de la gente en estos lugares es
todavía pagana? Ni su forma de ser ni su estilo de vida es mejor
que los de los paganos en África o en América. ¿Cómo se
entiende esto? Voy a explicarlo según yo lo entiendo. Una
expresión corriente entre los cristianos de la iglesia primitiva
decía: «El alma y el cuerpo hacen a una persona; el espíritu y la
disciplina hacen al cristiano». Con esto querían decir que nadie
podía ser un verdadero cristiano sin ayuda de la disciplina
6 Ef. 4.21.
2 98 Sermón 122
cristiana. Si esto fuese cierto, a nadie puede sorprender que haya
tan pocos cristianos cuando es imposible hallar disciplina en
lugar alguno. ¿En qué lugar de Inglaterra (sin ir más lejos) se
agrega a la doctrina cristiana la disciplina cristiana? Cualquier
doctrina que se predique en un lugar donde no haya disciplina,
no puede tener mayor impacto en los oyentes.
8. Hablemos de algo más cercano a nosotros. No se
puede negar que entre las personas comúnmente llamadas
metodistas se predica y se conoce un cristianismo basado en las
Escrituras. Cualquier persona que sea objetiva reconoce esto.
Además, estos grupos se ejercitan con regularidad y constancia
en los aspectos esenciales de la disciplina cristiana. Si alguien
cree que han olvidado algún aspecto fundamental, diga cuál es
ese punto y lo incluirán de inmediato. ¿Por qué, entonces, un
grupo consustanciado con la doctrina y la disciplina cristianas,
no llega a ser cabalmente cristiano? ¿Por qué no se halla
remedio para la salud espiritual de los metodistas? ¿Por qué no
hay en nosotros ese sentir que hubo también en Cristo Jesús?7
¿Por qué no hemos aprendido de él la primera lección: ser
mansos y humildes de corazón?8 Para poder decir con él, en
medio de cualquier circunstancia que nos toque vivir: «No sea
como yo quiero, sino como tú.9 Porque no he venido para
hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».10 ¿Por
qué no estamos crucificados para el mundo, ni el mundo
crucificado en nosotros?11 ¿Por qué no morimos a los deseos
de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la
vida?12 ¿Por qué razón no vivimos la vida que está escondida
7 Fil. 2.5.
8 Mt. 11.29.
9 Mt. 26.39.
10 Cf. Jn. 6.38.
11 Gá. 6.14.
12 1 Jn. 2.16.
El porqué de la ineficacia del cristianismo 299
con Cristo en Dios?13 Nosotros que hemos recibido toda la
ayuda posible, ¿por qué no andamos como él anduvo?14 Él nos
ha dejado ejemplo, para que sigamos sus pisadas,15 pero ¿quién
tiene en cuenta su ejemplo o sus enseñanzas? Daré tan sólo un
ejemplo: ¿Cuántos tienen en cuenta palabras tan profundas
como «No os hagáis tesoros en la tierra»?16 Con respecto a las
tres reglas que figuran bajo este título en el sermón acerca de «el
mamón de la injusticia», seguramente encontrarán muchos que
cumplen con la primera regla, a saber, «Ganen todo lo que
puedan». Sólo encontrarán unos pocos que observan la segunda:
«Ahorren todo lo que puedan». Pero díganme cuántos han
conocido que observen la tercera: «Den todo lo que puedan».
¿Podrían llegar a decir con cierto fundamento que entre los
cincuenta mil metodistas hay quinientos que lo hacen? Y, sin
embargo, es clarísimo que todos aquellos que, cumpliendo con
las dos primeras reglas, no llegan a cumplir con la tercera,
estarán mucho más cerca que antes de ser hijos del infierno.
9. Ruego a Dios que me permita, antes de que vaya y
perezca,17 levantar mi voz una vez más, como un toque de
trompeta, para alertar a aquellos que ganan y ahorran cuanto
pueden pero no dan todo cuanto pueden. Son fundamental-
mente estas personas quienes continuamente ofenden el Santo
Espíritu de Dios, y son responsables en gran medida de que su
gracia no descienda en nuestras asambleas. Muchos hermanos
nuestros, amados de Dios, no tienen comida, no tienen vestido
con qué cubrirse, no tienen dónde recostar su cabeza.18 ¿Por
qué sufren tanto? Porque ustedes despiadadamente, injusta y
13 Cf. Col. 3.3.
14 Cf. 1 Jn. 2.6.
15 1 P. 2.21.
16 Mt. 6.19.
17 Sal. 39.13.
18 Mt. 8.20.
3 00 Sermón 122
cruelmente, retienen lo que nuestro Señor, el Señor de ellos y de
ustedes, ha puesto en sus manos para que ustedes atiendan las
necesidades de ellos. ¡Vean a los miembros pobres de Cristo,
traspasados de hambre, temblando de frío, semidesnudos!
Mientras tanto ustedes disfrutan de la abundancia de las cosas
de este mundo: carne, bebida y vestimenta. En nombre de Dios,
¿qué están haciendo? ¿Acaso no temen a Dios ni respetan a los
hombres?19 ¿Por qué no partes tu pan con el hambriento?20 ¿Por
qué no cubres al desnudo con vestido?21 ¿No será que has
invertido en tu propio y costoso atavío lo que deberías haber
destinado para responder a estas necesidades? ¿Acaso Dios te
ordenó hacer esto? ¿Crees que él te ha encomendado actuar así?
¿Crees que él te confió sus bienes (porque no son tuyos sino de
él) con semejante propósito y que ahora te dirá: «Bien, buen
siervo y fiel»?22 Bien sabes que no lo hará. Este gasto superfluo
no cuenta con la aprobación de Dios ni de tu propia conciencia.
Sin embargo, tu argumento es que ¡tú «puedes»! Deberías
avergonzarte de poner palabras tan necias en tu boca. ¡Nunca
vuelvas a utilizar esa expresión tan estúpida y absurda! ¿Puede
un escudero vivir como un caballero errante a expensas de los
bienes de su Señor? ¿Puede un siervo disponer del dinero de su
amo de otro modo que no sea el indicado por su señor? Tan
errado está quien así obra que debería ser excluido de una
sociedad cristiana.
10. Pero ¿será posible atender a todos los pobres de
nuestra sociedad en sus necesidades vitales? Alguna vez esto fue
posible, en una sociedad más numerosa que la nuestra. En la
iglesia primitiva de Jerusalén no había ningún necesitado; se
repartía a cada uno según su necesidad.23 Y tenemos pruebas
19 Lc. 18.2.
20 Is. 58.7.
21 Ez. 18.7, 16.
22 Mt. 25.21, 23.
23 Hch. 4.34-35.
El porqué de la ineficacia del cristianismo 301
fehacientes de que aún puede hacerse. Así ocurre en el grupo de
los cuáqueros, y también entre los moravos. ¿Por qué no
podemos nosotros hacer otro tanto? «Porque ellos son diez
veces más ricos que nosotros». Sí, quizás cincuenta. Sin
embargo, tenemos capacidad suficiente para hacerlo si
tuviésemos voluntad de hacerlo.
Hace ya algunos años, un caballero (un metodista) me
dijo: «Dejaré cuarenta mil libras a mis hijos». Supongamos por
un momento que les hubiera dejado veinte mil, y hubiese dado
las veinte mil restantes a Dios y a los pobres; ¿acaso creen que
Dios le hubiese dicho: «¡Necio!»?24 Y eso hubiera resuelto las
necesidades de toda nuestra sociedad.
11. Sin embargo, no hablaré acerca de lo que debemos
dar a Dios, o de dejar la mitad de nuestra fortuna. Algunos de
ustedes podrían pensar que es un precio demasiado alto para
pagar por el cielo. Me conformaré con bastante menos. Creo que
hay unos cuantos entre ustedes que podrían dar cien libras,
quizás algunos podrían dar mil, y aun así dejar a sus hijos lo
suficiente para que ellos puedan trabajar por su propia
salvación. Con dos mil libras podríamos atender las necesidades
presentes de todos nuestros pobres, y darles los medios para que
en el futuro ellos mismos puedan cubrir sus necesidades.
Supongamos que esto pudiera hacerse, ¿creen que podemos
presentarnos limpios ante Dios si no lo hacemos? La razón por
la cual hay tantos enfermos, y débiles de cuerpo y alma entre
ustedes, es porque estamos desatendiendo esta área. Hay
muchos que continúan ofendiendo al Espíritu Santo al preferir
la moda humana a los mandamientos de Dios. Y muchas veces
me pregunto si nosotros como predicadores no seremos en
alguna medida copartícipes en su pecado. Me pregunto si no
estaremos cayendo en una suerte de favoritismo. Me pregunto
si no es un acto de enorme misericordia permitir que continúen
24 Lc. 12.20.
3 02 Sermón 122
en nuestra sociedad. ¿No estaremos haciéndoles daño a sus
almas, alentándolos a continuar en un camino contrario a la
Biblia? En cierta medida esto podría interferir con la influencia
sanadora del Espíritu Santo en toda la comunidad.
12. Estoy desconcertado. No sé qué hacer. Vienen a mi
mente cosas que podría haber hecho. Podría haber dicho de
manera categórica y tajante: «Aquí estoy: yo y mi Biblia. No
estoy dispuesto, no me atrevo, a apartarme de este libro en lo
poco ni en lo mucho. No está en mi poder quitar un ápice de lo
que allí está escrito. Estoy decidido a ser un cristiano bíblico; no
a medias sino por completo. ¿Hay alguien que esté dispuesto a
seguirme en este camino? Únanse a mí en todo, o en nada».
Particularmente con respecto a la vestimenta (ahora me doy
cuenta de que hubiese sido lo mejor), pude haber sido tan firme
como el grupo de los cuáqueros o de los hermanos moravos.
Pude haber dicho: «Esta es la manera en que nosotros nos
vestiremos, porque sabemos que es acorde con las Escrituras y
es racional. Si te unes a nosotros, debes vestir como nosotros
aunque, por supuesto, no tienes por qué unirte a nosotros a
menos que realmente lo desees». ¡Lamentablemente el tiempo
ya pasó! No sé qué podría hacerse ahora.
13. Pero volvamos a la pregunta principal. ¿Por qué el
cristianismo ha sido de tan poca bendición aun entre nosotros,
los metodistas, que escuchamos y recibimos toda la doctrina
cristiana además de los puntos esenciales de la disciplina
cristiana? Fundamentalmente porque hemos olvidado, o no
hemos prestado toda la atención debida, a aquellas palabras de
nuestro Señor: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a
sí mismo, tome su cruz cada día y sígame».25 Hace ya varios
años un hombre verdaderamente santo comentó: «Nunca antes
existió una comunidad dentro de la iglesia cristiana que
25 Lc. 9.23; cf. Mt. 16.24; Mr. 8.34.
El porqué de la ineficacia del cristianismo 303
teniendo tan poca capacidad de renunciamiento, experimentara
con tanta fuerza el poder de Dios». Por cierto la obra de Dios
continúa de modo sorprendente, a pesar de este defecto capital,
pero no lo hace con la misma intensidad que lo haría en otras
circunstancias. La palabra de Dios no puede tener un impacto
total a menos que aquellos que la escuchan se nieguen a sí
mismos y tomen su cruz cada día.
14. Es fácil mostrar las áreas en que los metodistas en
general están muy lejos de negarse a sí mismos, actitud contra
la cual continuamente los asustan las tontas advertencias de los
antinomianos. Pondré tan sólo un ejemplo. Cuando estábamos
en Oxford era norma para todo metodista (excepto si estaba
enfermo) ayunar todos los miércoles y viernes del año,
siguiendo el ejemplo de la iglesia primitiva, por la cual sentían
un profundo respeto. Esta práctica de la iglesia primitiva es
mundialmente aceptada. «¿Quién no sabe», dice Epifanio, un
escritor de la antigüedad, «que en todo el mundo los cristianos
ayunan el cuarto y sexto día de cada semana (miércoles y
viernes)?» Esto mismo hicieron los metodistas durante varios
años; todos ellos sin excepción. Después de algún tiempo,
algunas personas en Londres se excedieron en esta práctica, y
llegaron incluso a perjudicar su salud. No pasó mucho tiempo
antes de que otros tomaran esto como excusa para dejar el ayuno
por completo. Temo que ahora hay miles de personas que se
llaman metodistas, tanto en Irlanda como en Inglaterra, que
siguiendo el mismo mal ejemplo, han abandonado
completamente el ayuno. Estos metodistas presentes están tan
lejos de ayunar dos veces por semana (como hacían los fariseos
más estrictos), que no llegan siquiera a ayunar dos veces por
mes. Es más, hay algunos de ustedes que no ayunan un solo día
en el transcurso de un año. ¿Qué excusa pueden dar? No me
refiero a los que se reconocen como miembros de la Iglesia de
Inglaterra, sino a cualquiera que confiese creer que las
Escrituras son palabra de Dios. Según esto, la persona que
3 04 Sermón 122
nunca ayuna está tan lejos del camino al cielo como la persona
que nunca ora.
15. Nadie puede negar que los miembros de la Iglesia de
Escocia ayunan regularmente; especialmente en celebraciones
sacramentales. En algunas parroquias sólo se hace una vez al
año, pero en otras, por ejemplo en las ciudades más grandes, se
llevan a cabo dos o tres veces en el año. Todos sabemos que
siempre hay un día de ayuno la semana anterior a la
administración de la Cena del Señor. Pero ocurrió que mientras
leía incidentalmente el libro de registro en la oficina de una
parroquia, encontré una nota referida a la cantidad de dinero
destinada ¡para la cena de los ministros el día del ayuno! Me
han informado que la misma nota figura en todos los registros.
Ahora bien, ¿podemos esperar que la actitud de la gente con
respecto al ayuno sea diferente de la que ven en sus ministros?
Entonces, ¿qué clase de farsa es ésta? ¡Una pobre caricatura de
uno de nuestros claros deberes como cristianos! ¡Espero que la
Asamblea General salve el honor de esa nación! Deben
limpiarla de esta vergonzosa ofensa ya sea obligándolos a
cumplir con su deber, o quitando el artículo correspondiente de
sus libros. ¡Nunca más debe aparecer algo así! ¡Deben borrarlo
para siempre!
16. La pregunta es ¿por qué el negarse a sí mismos es,
en términos generales, algo que los metodistas de hoy practican
tan poco? ¿Por qué es tan difícil encontrarlo, aun en las
sociedades más grandes y más antiguas? Cuanto más observo y
analizo la situación, más me convenzo acerca de cuál es la causa
en lugares tales como Londres, Bristol, Birmingham,
Manchester, Leeds, Dublín y Cork. Los metodistas se vuelven
más y más indulgentes a medida que se vuelven más y más
ricos. Si bien es cierto que muchos de ellos aún son tremenda-
mente pobres (¡No lo anunciéis en Gat, ni deis las nuevas en
El porqué de la ineficacia del cristianismo 305
las plazas de Ascalón!),26 muchos otros, en el transcurso de
veinte, treinta o cuarenta años, se han hecho veinte, treinta, y
hasta cien veces más ricos que lo que eran cuando se unieron a
nuestra sociedad. Muy pocas excepciones he encontrado a la
siguiente regla: nueve de cada diez de estas personas perdieron
en gracia en la misma medida en que aumentaron sus riquezas.
Por cierto, teniendo en cuenta la lógica tendencia de las
riquezas, no podría ser de otro modo.
17. ¡Es algo sorprendente en verdad! ¿Cómo podemos
llegar a comprenderlo? Parecería ser (y sin embargo, es
imposible que sea así) que en el cristianismo, el auténtico
cristianismo cuyo único fundamento son las Escrituras, existiera
una tendencia a socavar sus bases y llegar a la autodestrucción.
Esto se explica porque dondequiera se expande un cristianismo
auténtico provoca frutos de laboriosidad y frugalidad, actitudes
que con el correr del tiempo traen riqueza. Y naturalmente las
riquezas traen orgullo, amor por las cosas del mundo y toda
clase de actitudes que socavan el cristianismo. Si no hay forma
de impedir esto, dada la coherencia interna del cristianismo, la
consecuencia sería que no puede sostenerse, no puede continuar
durante mucho tiempo en un mismo grupo de gente porque, en
cualquier lugar donde llega a ser predominante, socava sus
propios cimientos.
18. ¿Habrá alguna manera de prevenir esto para que el
cristianismo pueda permanecer constante en un mismo pueblo?
Aceptando que la dedicación al trabajo y la frugalidad deben
necesariamente producir riqueza, ¿no existe un modo de
impedir que esa riqueza destruya la religión de quienes la
poseen? Personalmente veo un solo camino. Si alguien puede
encontrar otro, que lo haga. ¿Ganas todo lo que puedes, y
ahorras todo lo que puedes? En ese caso, si las cosas siguen su
curso natural, te harás rico. Y entonces, si realmente deseas
26 2 S. 1.20.
3 06 Sermón 122
escapar de la condena en el infierno, comparte todo lo que
puedas. Si así no lo hicieres, tengo tanta esperanza en tu
salvación como en la de Judas Iscariote.
19. Pongo a Dios, que conoce mi corazón, por testigo de
que no aconsejo a otros más que lo que yo mismo practico.
Puedo afirmar, y bendigo a Dios por ello, que gano, ahorro y
comparto todo cuanto puedo. Y confío en que continuaré
haciéndolo, por gracia de Dios, mientras su aliento de vida esté
en mí. ¿Qué ocurrirá luego? ¡Estimo todas las cosas como
pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi
Señor!27 Sin embargo, «no intento siquiera justificarme; ¡Señor,
tú has muerto siendo yo el condenado!»28
Dublín, 2 de julio de 1789.
27 Véase Fil. 3.8.
28 Juan y Carlos Wesley, Hymns and Sacred Poems (1739), p. 94.