Sermón 108 - Acerca de las riquezas
Mateo 19.24
Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que
entrar un rico en el reino de Dios.
1. En los versículos precedentes tenemos un relato de
un joven rico que vino corriendo hacia nuestro Señor y
arrodillándose delante de él, no hipócritamente sino con
profunda seriedad en su alma, le dijo, «Maestro bueno, ¿qué
haré para heredar la vida eterna? Todos los mandamientos,
dijo, he guardado desde mi juventud ¿Qué más me falta?»1
Probablemente los había guardado literalmente, y sin embar-
go aún amaba al mundo. Y el que sabía lo que había en el
hombre2 sabía que en este caso particular (porque no se
trata en manera alguna de una regla general) no podía
ser curado de esa enfermedad extrema sin un remedio
extremo. Por lo tanto, le respondió: «anda, vende todo lo
que tienes y dalo a los pobres...y ven y sígueme». Oyendo
el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas
posesiones.3 ¡Así se marchitan las más bellas flores! ¡Porque
no quería hacerse tesoros en los cielos a tan alto precio!
Jesús, observando esto, mirando alrededor, dijo a sus
discípulos: «¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de
Dios los que tienen riquezas! Más fácil es pasar un camello
por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino
de Dios». Los discípulos se asombraron de sus palabras,
1 Mt. 19.16, 20; cf. Mr. 10.17.
2 Jn. 2.25.
3 Cf. Mt. 19.21-22.
253
2 54 Sermón 108
diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?»4 —¡si ser
salvo es tan difícil para los ricos, que tienen tantas ventajas,
que están libres de los cuidados de este mundo y de las mil
dificultades que los pobres enfrentan constantemente!—.
2. Algunos han supuesto que Jesús se retracta en parte
de lo que había dicho con respecto a la dificultad de que los
ricos sean salvos, por lo que añade en el capítulo diez de san
Marcos. Porque, luego de haber dicho: «¡Cuán difícilmente
entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!» y
cuando los discípulos se asombraban, les repite «¡Cuán difícil
le es entrar en el reino de los cielos a 'los que confían en las
riquezas'!»5 Pero hay que observar (1) que con estas palabras
nuestro Señor no intentó retractarse de lo que antes había
dicho. Tanto es así que de inmediato lo confirma en esa terri-
ble declaración, «Más fácil es pasar un camello por el ojo de
una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios». Además,
(2) tanto una como la otra frase afirman exactamente lo mis-
mo. Porque es más fácil que pase un camello por el ojo de una
aguja que, para aquéllos que tienen riquezas, no confiar en
ellas.
3. Al percibir su asombro ante esta dura declaración,
Jesús los miró (indudablemente, con una expresión de indeci-
ble ternura, para prevenir que consideraran desesperado el
caso del rico), y dijo, «Para los hombres es imposible, mas
para Dios no; porque todas las cosas son posibles para
Dios».6
4. Por «hombre rico» entiendo, no sólo una persona
que tenga inmensas riquezas, que haya amontonado oro como
si fuera polvo y plata como las arenas del mar,7 sino
4 Mr. 10.23. Wesley utiliza los relatos de los tres sinópticos y entreteje con ellos
un relato propio. Esto es típico del uso de citas 'de memoria' tanto por parte de
Wesley como de otros predicadores.
5 Mc. 10.23-24.
6 Mr. 10.27.
7 Véase Job 22.24, 27.16; Zac. 9.3; Sal. 78.28.
Acerca de las riquezas 255
cualquiera que posea más de lo necesario y conveniente para
vivir. Es rico quien tiene alimento y vestido suficiente para sí
y para su familia y algo más. Por reino de Dios o de los cielos
(que son términos exactamente equivalentes) creo que se
indica (no el reino de la gloria, aunque ello se seguirá
naturalmente, sino) el reino de los cielos, es decir, la religión
verdadera aquí en la tierra. Por lo tanto, el significado de la
afirmación de nuestro Señor es éste: que es absolutamente
imposible, excepto para aquel poder para el que todas las
cosas son posibles, que un rico sea cristiano —que tenga la
mente de Cristo—,8 y ande como él anduvo.9 ¡Tales son los
obstáculos a la santidad y tantas las tentaciones al pecado que
lo rodean por todas partes!
I. Primero, los obstáculos a la santidad que lo rodean
por todas partes. Enumerarlos exigiría un grueso volumen:
sólo me referiré a unos pocos de ellos.
1. La raíz de toda la religión es la fe, sin la cual es
imposible agradar a Dios.10 Si entendemos fe en su acepción
general como la evidencia de las cosas que no se ven,11 del
mundo invisible y eterno, de Dios y de las cosas de Dios, ¡qué
tendencia tan natural tienen las riquezas a oscurecer esa
evidencia, a impedir poner la atención en Dios y las cosas de
Dios, en las cosas invisible y eternas! Y si se toma fe en otro
sentido, como confianza en Dios, ¡qué tendencia tienen las
riquezas a destruirla, a hacerles confiar, para su felicidad y
protección, en ellas y no en el Dios viviente!12 Y si se toma fe
en su sentido específicamente cristiano, como un confianza
divina en un Dios que perdona, ¡qué obstáculo mortal, casi
insuperable son las riquezas para esta fe! ¿Qué? ¿Puede una
8 Fil. 2.5.
9 1 Jn. 2.6.
10 He. 11.6.
11 He. 11.1.
12 1 Ti. 4.10.
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persona rica y por consiguiente honorable, allegarse a Dios
como quien no tiene que pagar nada? ¿Podrá hacer a un lado
su grandeza y allegarse sólo como pecador, un mero pecador,
el más vil de los pecadores? ¿Al nivel de los que alimentan
los perros que cuidan su ganado? ¿Como el mendigo que está
echado a la puerta, lleno de llagas?13 Imposible, excepto en
virtud del mismo poder que hizo los cielos y la tierra. Y sin
embargo, si no puede hacer estas cosas que mencionamos, no
puede entrar en el Reino de Dios.
2. ¡Qué obstáculo son las riquezas para el primer fruto
de la fe, a saber, el amor a Dios! Si alguno ama al mundo, dice
el Apóstol, el amor del Padre no está en él.14 Pero ¿cómo es
posible para una persona no amar al mundo que lo rodea con
todos sus halagos? ¿Cómo le será posible escuchar la voz
apacible y suave15 que le dice, «Hijo mío, dame tu
corazón»?16 ¿Qué poder, menor que el todopoderoso puede
dar al rico una respuesta a esta oración,
Hazme morir a todo lo terreno,
Resuelto a conocer sólo a Cristo,
Firme, sin ataduras y libre,
Buscando sólo en ti toda mi felicidad?17
3. Las riquezas son también un obstáculo para amar a
nuestro prójimo como a nosotros mismos, es decir, amar a
toda la humanidad como Cristo nos amó. El rico puede muy
bien amar a los que pertenecen a su grupo o son de su opinión.
Puede amar a quienes lo aman: ¿no hacen lo mismo los peca-
dores,18 bautizados o no bautizados? Pero no puede tener una
buena voluntad desinteresada hacia todos los humanos. Tal
13 Lc. 16.20.
14 1 Jn. 2.15.
15 1 R. 19.12.
16 Pr. 23.26.
17 Juan y Carlos Wesley, Hymns and Sacred Poems (1739), p. 220.
18 Lc. 6.33. Wesley cita la versión inglesa: heathen, los paganos.
Acerca de las riquezas 257
cosa sólo puede brotar del amor de Dios, que las grandes
posesiones han desplazado de su alma.
4. La verdadera humildad fluye igualmente del amor
de Dios y de ninguna otra fuente. Por consiguiente, en cuanto
las riquezas impiden el amor a Dios, también impedirán la
humildad. La impiden también al separar al rico de esa
conversación libre que lo haría sensible a sus defectos y lo
llevaría a un verdadero conocimiento de sí mismo. ¡Porque
qué rara vez hallan un amigo fiel, que quiera y pueda tratarlos
directamente! Y sin esto, envejeceremos en nuestras faltas, y
moriremos:
Cargando sobre nosotros todas nuestras imperfeccio-
nes.19
5. Tampoco puede subsistir la mansedumbre sin la
humildad, porque la soberbia naturalmente concebirá
contienda.20 Por eso nuestro Señor nos guía a ser a la vez
mansos y humildes de corazón.21 Las riquezas son, pues, un
obstáculo tan grande para alcanzar la mansedumbre como
para alcanzar la humildad. Al impedir un sentir humilde22
impiden la mansedumbre, que crece en proporción a la caída
de nuestra estima propia y por el contrario decrece cuanto más
alto concepto tenemos de nosotros mismos.
6. Hay otra actitud cristiana estrechamente vinculada
a la mansedumbre y la humildad, pero que apenas tiene un
nombre propio. Pablo la llama epeikeía.23 Tal vez, hasta que
hallemos una palabra mejor en nuestro idioma, podríamos
llamarla disponibilidad24 —una disposición a someterse a
—otros, a renunciar a nuestra voluntad propia—. Ésta parece ser la
19 Shakespeare, Hamlet, I.v.76-79.
20 Pr. 13.10.
21 Mt. 11.29.
22 Fil. 2.2.
23 2 Co. 10.1.
24 Yieldingness. Del verbo yield, ceder, consentir.
2 58 Sermón 108
cualidad que Santiago escribe a la sabiduría que es de lo alto,
cuando la llama eupeithes,25 que traducimos como dispuesta
a ceder al ruego, que se deja convencer fácilmente, que se
deja persuadir. ¡Pero cuán raro es encontrar este talante
amable en una persona rica! No creo haber encontrado este
prodigio más de diez veces en cerca de setenta años.
7. ¡Y qué poco común es encontrar paciencia en
quienes tienen muchas posesiones! A menos que haya un
contrapeso de aflicción grave y prolongada, con la que a Dios
le place frecuentemente visitar a aquéllos a quienes ama,
como antídoto a sus riquezas. Esto no es la excepción: a
menudo envía dolor y enfermedad y pesadas cruces a quienes
tienen grandes posesiones. Por esos medios la paciencia tiene
su obra completa, para que sean perfectos y cabales, sin que
les falte cosa alguna.26
II. Tales son algunos de los obstáculos a la santidad
que rodean por todos lados a los ricos. Ahora podemos
observar, por otra parte, cómo constituyen las riquezas una
tentación a caer en todo tipo de actitudes pecaminosas.
1. En primer lugar, ¡cuán grave es la tentación al
ateísmo que naturalmente brota de las riquezas, incluso a un
total olvido de Dios, como si tal Ser no existiese en el
universo! Actualmente llamamos distracción27 —un lindo
nombre que vulgarmente se le da a una total despreocupación
por Dios y por todo el mundo invisible—. ¡Y cómo está el rico
circundado por toda clase de tentaciones para continuar
distraído! En realidad, ¡cómo se estudia el arte de la
disipación entre los ricos y poderosos! Como sagazmente lo
dice Prior,
25 Stg. 3.17.
26 Stg. 1.4.
27 El texto dice literalmente «disipación», palabra que en esa época se usaba en el
sentido de diversión, distracción o entretenimiento.
Acerca de las riquezas 259
Se juegan las cartas y se tiran los dados,...
Felices efectos del ingenio humano,
Para que el Alma pueda olvidarse de sí
misma.28
Más bien, habría que decir,
¡Para que los mortales puedan olvidar a su Dios!
Para que puedan mantener totalmente al margen de sus
pensamientos a aquel que, aunque está sentado sobre el
círculo de los cielos29 conoce su sentarse y su levantarse...y
ha conocido todos sus caminos.30 Llamen a esto ingenio, si
quieren, pero ¿es sabiduría? ¡De ninguna manera! ¡Está muy
lejos de serlo! Necio: ¿te imaginas que porque no ves a Dios,
él no te ve a ti? ¡Sigue riéndote! ¡Juega! ¡Canta! ¡Baila! Pero
sabe que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.31
2. Del ateísmo hay una fácil transición a la idolatría
—del culto al no-Dios—, al culto a los falsos dioses. De hecho,
quien no ama a Dios (que es su legítimo y sólo legítimo culto)
seguramente amará alguna de las obras de sus manos; si no
ama al Creador, amará a las criaturas. ¡A cuántas clases de
criaturas está expuesto el rico! ¡Cuántas tentaciones continuas
y casi invencibles siente de amar el mundo!32 Y esto en todas
sus formas: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la
vanagloria de la vida.33 ¡Qué tentaciones innumerables
hallará de gratificar los deseos de la carne! Entiéndase bien:
no se refiere solamente a uno sino a todos los sentidos
externos. Tanto es idolatría buscar nuestra felicidad en uno
como en otro de los sentidos y gratificarlos. Pero el mayor
peligro consiste en que busque gratificarse probándolos tan
28 Paráfrasis del poema de Matthew Prior, Alma, III.488-91.
29 Is. 40.22. Traducimos de la versión inglesa; la versión española traduce
«sentado sobre el círculo de la tierra».
30 Sal. 139.2.
31 Ec. 11.9.
32 1 Jn. 2.15.
33 1 Jn. 2.16.
2 60 Sermón 108
sólo: una sensualidad moderada, una forma corriente de epi-
cureísmo. No en la glotonería o la embriaguez —¡de ninguna
manera!—. No desordenan el cuerpo: solamente mantienen
muerta el alma —muerta a Dios y a toda verdadera religión—.
3. Los ricos son igualmente tentados por los deseos de
los ojos; es decir, buscar la felicidad gratificando la
imaginación, los placeres a los que principalmente sirve la
vista. Los objetos que dan placer a la imaginación son
grandiosos, o hermosos o nuevos. Por cierto no todos los ricos
tienen inclinación por lo grandioso, pero sí la tienen por cosas
nuevas y hermosas; especialmente por lo nuevo, pues el afán
por la novedad es tan natural a los seres humanos como el de
comer o beber. ¡Qué numerosas son las tentaciones a esta
clase de idolatría que brotan naturalmente de las riquezas!
¡Cuántas solicitaciones fuertes y constantes reciben a cada
momento para buscar felicidad (tal vez no en cosas
grandiosas, sino) en hermosas casas, muebles elegantes, raros
cuadros, deliciosos jardines! ¡O tal vez en la más vana de las
vanidades: ropas elaboradas u ostentosas! ¿Y en las cosas
nuevas, pequeñas o grandes, que la moda, la querida de los
necios, recomienda? ¡Cómo son tentados los ricos de un nivel
intelectual superior a buscar la felicidad, según sus gustos
particulares, en la poesía, la historia, la música, la filosofía o
las más curiosas artes y ciencias! Ahora bien, aunque todas
estas cosas tienen su valor y por lo tanto pueden ser
inocentemente cultivadas, buscar en alguna de ellas y no en
Dios la felicidad, es manifiesta idolatría. Aunque no fuera más
que por esto, que las riquezas proveen los medios para
abandonarse a estos deseos, bien puede preguntarse: «¿no es
la vida del rico (más que la de todos los demás) tentación y
lazo?»34
4. ¡Cuán fuerte será la tentación de toda persona rica
de buscar la felicidad en la vanagloria de la vida! No creo que
34 1 Ti. 6.9.
Acerca de las riquezas 261
el Apóstol se refiera en este pasaje a la pompa, el estatus o el
lujo sino más bien a la gloria de los hombres,35 sea o no
merecida. El rico siempre se encontrará con esto: es una
trampa a la que no puede escapar. Toda la ciudad de Londres
utiliza las palabras rico y bueno como términos equivalentes.
«Sí», se dice, «es un hombre bueno: vale unas cien mil libras».
Y por cierto que por todas partes si «te está yendo bien», si
aumentas tus posesiones, hablarán bien de ti.36 Todo el
mundo está de acuerdo.
Mil libras suplen
La falta de veinte mil cualidades.
¿Y quién es capaz de soportar el aplauso general sin inflarse
—sin ser insensiblemente llevado a tener más alto concepto
de sí que el que debe tener—?37
5. ¿Cómo puede un rico escapar al orgullo, aunque no
fuera sino porque su situación provoca necesariamente que lo
cubran de alabanzas desde todas partes? Porque la alabanza es
generalmente un veneno para el alma. Y cuanto más
agradable, tanto más fatal —particularmente cuando es
inmerecida—. Bien podría haber dicho nuestro poeta:
Padre del mal, muerte de actos honestos,
¡Perniciosa lisonja! tu destructiva simiente
En aciaga hora y por mano fatal
Tristemente sembrada sobre tierra fértil,
Orgullosamente brota en medio del buen grano,
¡Y detiene la esperanza y la promesa del año!38
Y no sólo la alabanza, merecida o inmerecida, sino
todo lo que lo rodea tiende a inspirar y acrecentar el orgullo
del rico. Su noble casa, su elegante moblaje, sus seleccionados
35 Jn. 5.41.
36 Sal. 49.18.
37 Ro. 12.3.
38 Matthew Prior, Solomon, i.693-98.
2 62 Sermón 108
cuadros, sus caballos de raza, su lujoso carruaje, su misma
ropa, sí, hasta los encajes de su ropaje: todas estas cosas serán
tema de alabanza de uno u otro de sus huéspedes que así
generan una tendencia casi irresistible a hacerle pensar de sí
mismo como superior a quienes no tienen estas ventajas.
6. ¡Cuán naturalmente alimentan y acrecientan
también las riquezas la obstinación innata en todo niño que
viene al mundo! Pues no sólo el servicio doméstico y los
dependientes inmediatos son implícitamente gobernados por
su voluntad, ya que sus ingresos dependen de él, sino que casi
todos sus vecinos y conocidos procuran ser complacientes con
él en todo. De tal modo su voluntad, continuamente
gratificada, sin duda se fortalecerá también continuamente,
hasta que al final se vuelva incapaz de someterse a la voluntad
de Dios o de los demás.
7. Tal es la tendencia de las riquezas a nutrir todas las
actitudes contrarias al amor a Dios. Y tienen también la misma
tendencia a alimentar todas las pasiones y actitudes contrarias
al amor al prójimo. Por ejemplo, el desprecio, particularmente
hacia los inferiores, que es lo más opuesto posible al amor; el
resentimiento por cualquier ofensa real o imaginaria; tal vez
incluso la venganza, aunque Dios reclama ésta como su
exclusiva prerrogativa,39 o al menos la ira que inmediatamen-
te se levanta en la mente del rico: «¡Cómo! ¡tratarme a mí de
esa manera! Ya va a ver. Yo puedo hacerme justicia por mi
propia mano».
8. Muy relacionada a la ira, o más bien una especie de
ella son la irritabilidad y la belicosidad. Pero ¿son verdadera-
mente los ricos más atacados por éstas que los pobres? Toda
la experiencia nos dice que sí lo son. Hace muchos años fui
testigo de un notable ejemplo de esto. Mientras conversaba
con un caballero de gran fortuna, éste ordenó a su sirviente
39 Ro. 12.9.
Acerca de las riquezas 263
que añadiera algunos carbones al fuego. Se produjo una
bocanada de humo. El caballero se echó atrás en su silla y
exclamó: «¿Ve, señor Wesley? Éstas son las cruces que
tenemos que soportar todos los días». No pude evitar
preguntarle: «Por favor, señor Jones, ¿son estás las cruces más
pesadas que tiene que soportar?» ¡Seguramente tales cruces
no lo hubiesen irritado tanto si sólo ganara cincuenta y no
cinco mil libras al año!
9. No sería extraño que los ricos estuviesen en general
vacíos de toda buena disposición y fácil presa de las malas,
puesto que tan pocos de ellos prestan aun la mínima atención
a la solemne declaración de nuestro Señor, sin observar la cual
no podemos ser sus discípulos: Y decía a todos —a toda la
multitud y no sólo a sus discípulos— «Si alguno quiere venir
en pos de mí —a saber, si quiere ser un verdadero cristiano—
niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame».40 ¡Qué
duro es este dicho para aquéllos que descansan tranquilos
entre sus bienes!41 Pero la Escritura no puede desdecirse. A
menos que alguien se niegue a sí mismo todos los placeres que
no lo preparen para tener su placer en Dios y tome cada día su
cruz —obedezca todos los mandamientos de Dios, por duro que
sea para carne y sangre— no puede ser un discípulo de Cristo,
no puede entrar en el reino de Dios.
10. Tocante a este punto importante de negarse a sí
mismo y tomar cada día su cruz apelemos a la realidad
concreta: apelemos a la conciencia de cada uno de nosotros
frente a Dios. ¿Cuántos ricos hay entre los metodistas
(¡obsérvese que no había ninguno cuando comenzaron a
reunirse!)42 que realmente se niegan a sí mismos y toman su
40 Lc. 9.23.
41 Eclo. 41.1.
42 A partir de 1776 y hasta su muerte, Wesley se quejó cada vez más de los
metodistas que no “dan todo lo que pueden”. Estaba tratando de responder a las
ideas capitalistas propugnadas por el libro de Adam Smith, La riqueza de las
naciones (1776).
2 64 Sermón 108
cruz cada día? ¿Quiénes se abstienen resueltamente de todo
placer, de los sentidos o de la mente, a menos que sepan por
experiencia que los prepara para hallar en Dios su placer?
¿Quiénes no rehúsan ninguna cruz, ninguna tarea, ningún
dolor que se presente en el camino del deber? ¿Quiénes de
ustedes que son ahora ricos se niegan a sí mismos como lo
hacían cuando eran pobres? ¿Quiénes soportan
voluntariamente trabajos y dolor como lo hacían cuando no
ganaban ni cinco libras? Vayamos a los hechos. ¿Ayunas
ahora tan frecuentemente como lo hacías antes? ¿Te levantas
tan temprano como lo hacías? ¿Soportas el frío o el calor, el
viento o la lluvia tan alegremente como siempre? Busquen la
razón más importante entre las posibles por la que pocos
crecen en posesiones sin a la vez decrecer en gracia. ¡Porque
ya no se niegan a sí mismos y toman su cruz! ¡Ay! ¡Ya no
sufren penalidades como buen soldado de Jesucristo!43
11. ¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las
miserias que os vendrán!44 ¡Y se vendrán sobre ustedes en
pocos días a menos que lo prevengan por un cambio profundo
y completo! Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su
moho testificará contra vosotros y devorará del todo
vuestras carnes como fuego.45 ¡Qué lamentable es su
condición! ¿Y quién podrá ayudarlos? Es necesario que les
hablen más directa y claramente que a ningún otro. Y
difícilmente lo harán. ¿Cuántos se atreverán a hablarles a
ustedes como lo harían a uno de sus sirvientes? Nadie que
espere ganar algo por su favor o tema perder algo por su
desagrado. ¡Ojalá Dios me diera la palabra justa y que
hiciera que ella penetrara en sus corazones! ¡Muchos de
ustedes me han conocido por mucho tiempo, casi desde
su infancia! Frecuentemente me ayudaron cuando tuve
43 2 Ti. 2.3.
44 Stg. 5.1.
45 Stg. 5.3.
Acerca de las riquezas 265
necesidad. ¿Puedo decir que me amaban? Ahora, la hora de la
separación se acerca: mis pies ya tropiezan en montes de
oscuridad.46 Quiero dejarles una palabra antes de partir.
Recuérdenla cuando me vaya y no me vean más.47
12. ¡Que su corazón sea plenamente para Dios!
Busquen su felicidad en él y sólo en él. Cuídense de no
aferrarse al polvo. Esta tierra no es su destino. Cuídense de
usar este mundo sin abusar: usen el mundo y gocen en Dios.
Siéntanse tan libres de las cosas de aquí abajo como si fueran
pobres mendigos. Sean buenos administradores de los
multiformes dones de Dios48 para que, cuando deban dar
cuenta de su mayordomía,49 él pueda decirles: «Bien, buen
siervo y fiel...entra en el gozo de tu señor».50
Rochdale, 23 de abril de 1788.
46 Cf. Jer. 13.16.
47 Cf. Sal. 39.13.
48 1 P. 4.10
49 Lc. 19.2.
50 Mt. 25.21.