Sermón 107 - La viña del Señor
Isaías 5.4
¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya
hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado
uvas silvestres?
La «viña del Señor», si tomamos el término en su
sentido más amplio, podría abarcar el mundo entero. Todos los
habitantes de la tierra pueden ser considerados, en cierto
sentido, «la viña del Señor» quien ha hecho todo el linaje de
los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra,
para que busquen a Dios y, de alguna manera, palpando,
puedan hallarle.1 En un sentido más restringido la viña del
Señor puede referirse al mundo cristiano, es decir, a los que
invocan el nombre de Cristo2 y dicen obedecer su palabra.
Podemos restringir aun más su sentido aplicándolo al sector
reformado de la iglesia cristiana. Y, finalmente, podemos
estrechar aún más el círculo, entendiendo que la frase «la viña
del Señor» se refiere a la comunidad de personas llamados «los
metodistas». En la presente meditación, tengo el propósito de
tomarla en este último sentido, es decir, referido exclusivamen-
te a esa Sociedad que comenzó en Oxford en el año 1729, y
permaneció unida hasta el día de hoy. Aclarado el sentido que
daré a la expresión, reitero la pregunta que Dios formula al
profeta: «¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya
hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diera uvas, ha dado
uvas silvestres?»
1 Cf. Hch. 17.26-27.
2 2 Ti. 2.19.
235
236 Sermón 107
¿Qué más podría haber hecho Dios en esta su viña
(suponiendo que él hubiese dispuesto que echase enormes
ramas que se extendieran por toda la tierra) que no haya hecho?
En primer lugar, con respecto a la doctrina;
Segundo, con respecto a la ayuda espiritual;
Tercero, con respecto a la disciplina; y
Cuarto, con respecto a su protección.
Una vez analizado esto, brevemente inquiriré: «¿Cómo,
esperando yo que diera uvas, ha dado uvas silvestres?»
I.1. Analicemos en primer término qué podría haberse
hecho en esta su viña que Dios no haya hecho ya. ¿Qué más
podría haberse hecho con respecto a la doctrina? Desde el
comienzo, desde el mismo momento en que aquellos cuatro
jóvenes se reunieron, cada uno de ellos fue homo unius libri
—hombre de un solo libro—. A todos ellos Dios les enseñó a creer
que lámpara sería a sus pies su palabra, y lumbrera a su
camino.3 Tan sólo una norma aceptaban como guía para juzgar
su forma de ser, sus palabras y acciones: la palabra de Dios.
Todos y cada uno de ellos estaban decididos a ser cristianos
bíblicos. Continuamente se les criticaba precisamente por esto;
algunos se burlaban llamándolos los fanáticos de la Biblia.
Otros los llamaban comebiblias porque, según decían, se
alimentaban de la Biblia como una polilla se alimenta de la ropa.
Por cierto, hasta el día de hoy, aquellos hombres siempre se han
esforzado para que su pensamiento y su prédica sean fiel reflejo
de la palabra de Dios.
2. Preciso es recordar también que el Dr. Trapp,4 un
estudioso, dio una visión muy diferente de este grupo, poco
3 Sal. 119.105.
4 Joseph Trapp (1679-1747) fue un profesor de Oxford que predicó varios sermones
contra Whitefield y Law, y por tanto contra algunos aspectos del avivamiento
metodista y otros movimientos semejantes.
La viña d el Señor 237
tiempo después de que se hubiese formado. «Cuando vi estos
dos libros», dijo el Dr. Trapp, «el Tratado acerca de la
perfección cristiana y El verdadero llamado a una vida en
santidad, pensé que estos libros sin duda provocarían alboroto.
Y así fue, ya que poco tiempo después surgieron los metodistas.
De modo que él (el Sr. Law) fue su padre». Esto no fue exacta-
mente así, pero había algo de verdad en sus palabras. Todos los
metodistas leyeron esos libros con mucha atención, y su lectura
resultó muy beneficiosa. Pero de ninguna manera se puede decir
que los metodistas nacieron de esos libros. Nacieron de las
Sagradas Escrituras, siendo renacidos, como dice san Pedro,
por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.5
3. Otro estudioso, el Obispo Warburton, ya fallecido,
afirma categóricamente que los metodistas «eran hijos del Sr.
Law y del Conde Zinzendorf». Pero afirmar tal cosa es cometer
un error aun mayor. Aquel grupo se había reunido durante
varios años antes de tener relación alguna con el Conde
Zinzendorf, o de tener siquiera conocimiento de su existencia.
Cuando finalmente lo conocieron, si bien llegaron a tenerle gran
aprecio y afecto, sólo siguieron sus enseñanzas en aquello que
estaba confirmado por las Escrituras, ni un paso más allá.
4. Después de las Sagradas Escrituras, el libro que más
los ayudó a definir su posición con respecto a la justificación
por la fe, punto doctrinal de enorme importancia, fue el Libro
de las Homilías.6 No estuvieron plenamente convencidos de
que sólo somos justificados por fe hasta después de haber leído
cuidadosamente este libro y de compararlo con los textos
sagrados, especialmente la epístola de san Pablo a los Romanos.
Ningún ministro de la iglesia puede honestamente oponerse a
5 1 P. 1.23.
6 La Iglesia de Inglaterra había publicado este libro de homilías oficialmente
aprobadas, para que sirvieran de modelo a sus predicadores. Algunos sencillamente
las leían desde el púlpito.
238 Sermón 107
este punto puesto que todos lo han aceptado durante su
ordenación al aceptar el artículo treinta y seis de la iglesia.
5. Con frecuencia se ha señalado que muy pocas
personas han alcanzado una posición clara con respecto a la
justificación y a la santificación. Son muchos los que han
hablado y escrito admirablemente bien acerca de la justificación
sin tener una idea clara, es más, ignorando por completo, la
doctrina de la santificación. ¿Acaso alguien ha logrado escribir
con más acierto que Martín Lutero acerca de la justificación por
la sola fe? Y, sin embargo, nadie más ignorante que él acerca de
la doctrina de la santificación, o con ideas más confusas al
respecto. Para convencerse de ello más allá de toda duda, basta
analizar objetivamente su tan mentado comentario a la epístola
a los Gálatas. Por otra parte, muchos escritores de la iglesia
romana (Francisco de Sales7 y Juan de Castañiza,8 en particular)
que han escrito fervorosamente y con fundamento bíblico
acerca de la santificación, desconocieron por completo la
naturaleza de la justificación. Tan así es que el conjunto de
enseñanzas incluidas en el Catechismus ad Parochos del
Concilio de Trento confunde los conceptos de santificación y
justificación. Pero quiso Dios dar a los metodistas un
conocimiento claro y cabal de cada una de ellas, y de la enorme
diferencia que existe entre una y otra.
6. Ellos saben, sin duda, que la santificación comienza
en el preciso instante en que la persona es justificada. Porque
cuando alguien es justificado, nace de nuevo,9 nace de lo alto,10
nace del Espíritu,11 lo cual si bien no abarca (como suponen
7 Obispo católico de Ginebra (donde nunca pudo tomar posesión de su cargo debido a
la Reforma) y autor de varios clásicos de la literatura devocional cristiana.
8 Monje benedictino español cuya doctrina era muy respetada por Susana Wesley,
quien a su vez se la recomendó a sus hijos.
9 Jn. 3.3, 7.
10 Jn. 3.3.
11 Jn. 3.6, 8.
La viña d el Señor 239
algunos) todo el proceso de santificación, es, sin lugar a dudas,
el primer paso. También acerca de esto Dios les concedió tener
una clara visión. Saben que para aquel nacido del Espíritu, nacer
de nuevo implica un cambio tan profundo como el que se operó
en su cuerpo cuando salió del vientre de su madre. No se trata
sólo de un cambio exterior, de cambiar, por ejemplo, de ebrio a
sobrio, o de ladrón a persona honesta (esta visión es producto
de la arrogancia, pobre y lamentable arrogancia, de quienes
nada saben de la religión verdadera). Se trata de un cambio
interior, cambiar nuestro carácter pecaminoso por un carácter en
santidad, transformar nuestro orgullo en humildad, nuestra ira
en mansedumbre, nuestro descontento e insatisfacción en
paciencia y resignación; en síntesis, transformar nuestra mente
terrenal, animal, diabólica12 para que haya en nosotros ese
mismo sentir que hubo en Cristo Jesús.13
7. Es verdad que un escritor de renombre, ya
desaparecido, autor de un curioso tratado sobre la regeneración,
manejó la hipótesis de que allí se daba todo el proceso de
santificación. Pero no es así; ese es sólo el comienzo, el inicio
del camino. Y así como en el parto nacemos de una vez, pero
luego, progresivamente, crecemos en estatura y en fuerza,
también en el nacimiento espiritual nacemos de una vez, y
luego, progresivamente, crecemos en estatura y fortaleza
espiritual. El nuevo nacimiento es, por tanto, el primer paso
hacia la santificación, la cual irá en aumento hasta que llegue el
día de la perfección.14
8. Es una gran bendición para este pueblo el hecho de
que ellos no consideran ni se refieren a la justificación como
12 Stg. 3.15.
13 Fil. 2.5.
14 Cf. Pr. 4.18.
240 Sermón 107
algo superior a la santificación, ni tampoco piensan o dicen que
la santificación esté por encima de la justificación. Se preocupan
por darle a cada una su lugar, otorgando a ambas exactamente
la misma importancia. Saben que ambas están unidas para Dios,
y lo que Dios juntó, los hombres no deben separarlo.15 Así,
pues, sostienen con igual celo y entusiasmo la doctrina de una
justificación plena, gratuita y presente por un lado, y la doctrina
de una completa santificación de vida por otro, persiguiendo la
santidad interior con tanto afán como los místicos, y la exterior
tanto como los fariseos.
9. ¿Qué es, entonces, un cristiano según el entendi-
miento que Dios ha concedido a este pueblo? Cristiano es
aquel que, justificado por la fe, está en paz con Dios mediante
nuestro Señor Jesucristo, y que, al mismo tiempo, nace de
nuevo, nace de lo alto, nace del Espíritu, interiormente
transformado de una imagen diabólica a la imagen de Dios su
creador.16 Es alguien que siente que el amor de Dios ha sido
derramado en su corazón por el Espíritu Santo que le fue
dado,17 y que se siente impulsado, por este mismo amor, a
amar a su prójimo, a cada ser humano, como a sí mismo.18
Cristiano es aquel que ha aprendido de su Señor a ser manso y
humilde de corazón,19 y a contentarse cualquiera sea su
situación.20 Es alguien que tiene ese mismo sentir que hubo
también en Cristo Jesús,21 que en todo piensa y siente como él;
alguien que se abstiene de toda especie de mal22 en todas sus
15 Mt. 19.6.
16 Col. 3.10.
17 Ro. 5.5.
18 Mr. 12.33 y Mt. 22.38-40.
19 Mt. 11.29.
20 Fil. 4.11.
21 Fil. 2.5.
22 1 Ts. 5.22.
La viña d el Señor 241
acciones y que no pecará con su boca.23 Cristiano es aquel que
anda irreprensible en todos los mandamientos y ordenanzas del
Señor,24 y que en sus relaciones con las demás personas sigue
el principio de hacer lo mismo que quiere que los otros hagan
con él,25 alguien cuya vida entera, todo lo que come y lo que
bebe, sus conversaciones, y cualquier actividad que desarrolle,
todo lo hace para la gloria de Dios.26
¿Qué más, pues, pudo haber hecho Dios por esta su viña
que no haya hecho con respecto a la doctrina?
II. Debemos preguntarnos, en segundo lugar, qué se
pudo haber hecho que Dios no haya hecho con respecto a
brindar ayuda espiritual.
1. Analicemos cómo fueron las cosas desde el
comienzo. Hace aproximadamente cincuenta años, dos clérigos
jóvenes, bastante saludables aunque no particularmente fuertes,
y sin poseer ningún atributo especial que los distinguiera del
resto, comenzaron a llamar pecadores al arrepentimiento. Y
esto hicieron durante algún tiempo en muchas iglesias en la
ciudad de Londres y sus alrededores. Pero surgieron dos clases
de dificultades: primero, la asistencia era tan numerosa que
muchos feligreses no podían entrar; segundo, predicaban una
nueva doctrina: que somos salvos por fe, y que sin santidad
nadie verá al Señor.27 Por alguna de estas razones no se
aceptó que continuaran predicando en las iglesias. Entonces
predicaron en Moorfields, en el ejido de Kennington, y en
muchos otros lugares públicos. Muy pronto se vieron los frutos
de su predicación. El corazón y la vida de muchos pecadores
23 Cf. Sal. 39.1.
24 Lc. 1.6.
25 Mt. 7.12.
26 1 Co. 10.31.
27 He. 12.14. Nótese el tono irónico que Wesley emplea al llamar a su propia
predicación «una nueva doctrina».
242 Sermón 107
fueron transformados. Aparentemente esto no iba a continuar
por mucho tiempo; todos sabían que estos clérigos acabarían
agotados, y ningún otro presbítero se atrevía a ayudarlos. Pero
al poco tiempo algunos religiosos que aun no habían sido
ordenados se ofrecieron a ayudarlos. Dios mostró señales de
bendición en su palabra. Muchos pecadores reconocieron su
pecado y muchos se convirtieron al Señor de corazón. No sólo
crecía el número de sus ayudantes sino también los frutos de su
trabajo. Algunos de ellos eran gente muy preparada, otros no.
Había unos pocos de edad madura, pero la mayoría eran
jóvenes. Había entre ellos quienes se destacaban por su claridad,
y otros, en cambio, tenían una visión mucho más limitada. Pero
quiso Dios que todos fuesen suyos, para que más y más tizones
fuesen rescatados del fuego.28
2. Debemos señalar que durante todo este tiempo, estos
clérigos no contaban con plan alguno. Sólo iban de un lugar a
otro, a cualquier parte donde tuvieran la posibilidad de salvar
almas de la muerte. Pero a medida que aumentaba el número de
los que preguntaban «¿Qué debo hacer para ser salvo?»,29
sintieron la necesidad de reunirse. El primer jueves por la noche
asistieron doce personas, el jueves siguiente fueron cuarenta,
poco tiempo después llegaron a cien. Y el número continuó
creciendo hasta que hace veintitrés o veinticuatro años la
Sociedad de Londres llegó a reunir alrededor de 2,800 personas.
3. La pregunta ahora era cómo mantener a toda esta
gente unida. Y además, ¿cómo saber si verdaderamente vivían
una vida acorde con la fe que profesaban? Resultó que mientras
estaban tratando de resolver otro asunto (es decir, cómo pagar
sus deudas) fueron providencialmente guiados a dividirse en
28 Am. 4.11; Zac. 3.2.
29 Hch. 16.30.
La viña d el Señor 243
pequeñas sociedades, o grupos, según su lugar de residencia.30
Y en cada grupo se designó una persona encargada de visitar a
los demás semanalmente. De este modo, si algún miembro vivía
en pecado, el grupo tenía conocimiento de ello de inmediato. En
ese caso, primero, se le amonestaba, y si resultaba incorregible,
se le excluía de la Sociedad.
4. Este modo de agrupar a la gente, sumado a la
exclusión de todo aquel que tuviera una conducta inmoral, que
no respetara a los demás, son herramientas con las que muy
pocas otras sociedades han podido contar. Y a medida que las
sociedades crecieron, una nueva herramienta se agregó. Surgió
la necesidad de que los encargados de las sociedades en cada
distrito se reunieran con los predicadores cada tres meses, para
informar acerca de la situación espiritual y temporal de cada una
de las sociedades. Pronto se comprobó que estas reuniones
trimestrales resultaban extremadamente útiles, así que progre-
sivamente todas las sociedades del país adoptaron este sistema.
5. Con el fin de acrecentar la unión entre los predicado-
res (y también entre los miembros) se vio la conveniencia de
que todos ellos se reunieran en Londres. Algún tiempo después
se decidió que sólo un número selecto de predicadores asistirían
a estas reuniones. Más adelante, también por razones de
conveniencia, comenzaron a reunirse alternadamente en
Londres, Bristol y Leeds. Estas conferencias anuales duraban
dos o tres días durante los cuales se discutía el camino a seguir
para lograr el bien común. Las conclusiones se comunicaban
30 Wesley se refiere aquí al hecho, frecuentemente olvidado, de que el origen de las
«clases» o pequeños grupos metodistas estuvo en la necesidad de recoger dinero. Cada
miembro debía pagar una pequeñísima cuota semanal, y para recolectarla se nombró
a una persona que debía visitar y reunir semanalmente a su «clase». Puesto que en
estas visitas no solamente se recogía el dinero, sino que también se hablaba sobre la
condición espiritual de cada uno, estos grupos pronto se convirtieron en elemento
esencial del metodismo original. Nota del Editor.
244 Sermón 107
sin demora al resto de los hermanos. Pronto descubrieron que lo
que san Pablo dijo acerca de la iglesia toda, puede, en cierta
medida, aplicarse también a cada una de sus partes: «Todo el
cuerpo bien concertado y unido entre sí por todas las
coyunturas que se ayudan mutuamente, puede así crecer y
edificarse en amor».31
6. Para lograr esto de la manera más efectiva, cuentan
con otra gran ayuda: el constante traslado de los predicadores.
La norma es que ningún predicador permanezca en el mismo
circuito más de dos años consecutivos, y algunos no más de un
año. Hubo quienes creyeron que esto sería un obstáculo en la
obra del Señor, pero nuestra experiencia en los diferentes
lugares del país durante largo tiempo probó lo contrario. Ha
quedado demostrado que siempre es más beneficioso para la
gente tener diferentes predicadores que tener sólo uno, para que
cada uno de ellos pueda
utilizar los dones que Dios le ha dado,
que su gracia ha forjado.32
7. Además de contar con estas herramientas propias de
su Sociedad, tienen todas las herramientas que son comunes a
los demás miembros de la Iglesia de Inglaterra. Por cierto han
sentido la presión de la separación por mucho tiempo, y han
sufrido toda clase de tentaciones al respecto. Pero no pueden, no
se atreven a separarse, y no lo harán mientras puedan
permanecer dentro de ella sin tener problemas de conciencia. Es
verdad que si se les impusiera una forma de comunión que ellos
considerasen pecaminosa, se verían obligados a separarse, pero
como, hasta el presente, tal cosa no ha ocurrido, nos alegramos
de continuar perteneciendo a ella.
8. ¿Qué más pudo hacer Dios por esta su viña que no
haya hecho con respecto a la ayuda espiritual? ¡A ningún otro
31 Ef. 4.16.
32 Juan y Carlos Wesley, Hymns and Sacred Poems (1740), p. 195.
La viña d el Señor 245
pueblo cristiano le dio tanto! Si alguno dice: «Podría haber
hecho de ellos un pueblo separado, como los hermanos
moravos», le respondo que esto hubiese sido contrario a su
designio cuando lo convocó, a saber, dar a conocer en todo
lugar, entre gente de diferentes denominaciones, una religión
basada en las Escrituras, permitiendo que cada uno mantuviese
sus propias opiniones y que continuara con sus formas propias
de celebración. El único modo efectivo de lograr esto era dejar
estas cosas tal como estaban, y esforzarnos por leudar toda la
nación con la fe que obra por el amor.33
III.1. Todas estas ayudas espirituales Dios ha
derramado sobre su viña con mano pródiga. Podríamos incluir
aquí la disciplina, aunque también podemos considerarla en
forma separada. Sin duda los metodistas son privilegiados
respecto de este tema. No hay nada más simple, nada más
racional, que la disciplina metodista, basada únicamente en el
sentido común y, muy especialmente, en las normas de las
Escrituras. Cualquier persona decidida a salvar su alma puede
cumplirlas (el «cumplimiento» es la única condición). Pero su
deseo debe quedar demostrado mediante tres señales: apartarse
de todo pecado, hacer todo el bien que esté a su alcance, y
cumplir con todos los mandamientos de Dios. Luego se lo
integra a un grupo adecuado para él, con el cual se reunirá
semanalmente durante una hora aproximadamente. Después de
tres meses, si no hay nada objetable en su conducta, se lo admite
como miembro de la Sociedad. A partir de allí podrá continuar,
con la condición de que se reúna con sus hermanos y viva de
acuerdo con la fe que profesa.
2. Las celebraciones tienen lugar a las cinco de la
mañana y a las seis o siete de la tarde, para no interferir con los
horarios de trabajo. Sólo los domingos comienzan a las nueve
33 Gá. 5.6.
246 Sermón 107
o diez, y finalizan compartiendo la Cena del Señor. La Sociedad
se reúne los domingos de tarde, teniendo cuidado de terminar
temprano para que aquellos que tengan familia a su cargo
tengan tiempo de instruirla. Una vez cada tres meses, el
predicador encargado de cada circuito examina a cada miembro
de las sociedades en ese área. De este modo, si hay alguien cuya
conducta es reprochable, lo cual es de esperar en un grupo de
gente tan numeroso, en seguida se sabe, y se toman medidas
para librar a la sociedad del pecado o del pecador.
3. En los casos en que se considera necesario expulsar a
algún miembro de la Sociedad por causa de su mala conducta,
esto se hace con la mayor reserva y del modo menos agraviante.
Simplemente no se le renueva su cédula de miembro durante la
visita trimestral. En algunos casos, si la falta cometida es grande
y existe el riesgo de un escándalo público, puede considerarse
necesario anunciarlo en presencia de los demás miembros:
«A.B. ya no pertenece a nuestra Sociedad». ¿Acaso puede haber
algo más racional o más bíblico que esta sencilla disciplina, que
puede cumplirse de principio a fin sin ocasionar problemas,
gastos o demora?
IV.1. Surge la pregunta si era posible hacer todo esto
sin enfrentar una ola de oposición. El príncipe de este mundo
no estaba muerto ni dormido, de modo que lucharía para que
su reino no le fuese arrebatado. Si creemos lo que dijo el
apóstol, sabemos que en todo tiempo y lugar todos los que
quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán
persecución.34 Si esto es verdad respecto de cada cristiano
individualmente, cuánto más respecto de los grupos de
personas reunidos con el firme propósito de derrocar su reino.
¿Cómo hacer frente a la persecución que ciertamente se
34 2 Ti. 3.12.
La viña d el Señor 247
desataría en contra de un pueblo pobre, indefenso y despreciado,
sin dinero, sin poder, sin amigos, sin ayuda visible alguna?
2. Ciertamente el dios de este mundo no estaba dormido.
Tampoco estaba ocioso. Peleó en verdad, haciendo uso de todo
su poder, para que su reino no le fuese arrebatado. «Llamó a
todas sus huestes a luchar».35 Primero increpó a la manada de
bestias del pueblo;36 éstos rugieron como leones y cercaron al
pequeño e indefenso rebaño. Y se desató una tempestad cuya
furia iba en aumento hasta que, de un modo absolutamente
inesperado, llegó la liberación. Dios movió el corazón de quien
fuera nuestro rey para que instruyera a los magistrados en el
cumplimiento de ciertas órdenes que resultaron muy efectivas
para aplacar la locura del pueblo. Fue por ese entonces que un
hombre prestigioso fue a ver al rey en persona, rogándole que
«tomara medidas para detener a estos predicadores errantes».
Su Majestad, mirándole con severidad, le respondió sin rodeos,
como es propio de un rey: «Le digo a usted que mientras yo
ocupe el trono, nadie será perseguido por cuestiones de
conciencia».
3. Pero contrariando esta declaración, varias personas
que trabajaban al servicio del rey continuaron persiguiéndolos
de tanto en tanto, al amparo de la ley, escudándose en lo que se
conoce como la Ley de las sectas (Conventicle Act). Hace
algunos años, en Kent, una persona en particular quiso multar a
uno de los predicadores y a varios de sus oyentes. Pero ellos
creyeron que era su deber apelar a la Corte del Rey, y ésta falló
a favor de los demandantes. A partir de entonces les está
permitido adorar a Dios según el dictado de su propia
conciencia.
4. Creo que ésta es una situación sin precedentes. No
he hallado otros ejemplos en época alguna de la iglesia, desde
35 Cita de un himno de Carlos Wesley.
36 Sal. 68.30. Citado según la versión del Libro de Oración Común.
248 Sermón 107
el día de Pentecostés hasta la fecha. Todos los puntos de vista,
en el acierto o en el error, han sido tolerados prácticamente en
todo tiempo y nación. Se han tolerado las más diversas formas
de adoración, aun las más supersticiosas o absurdas. Pero nunca
antes se había aceptado la religión verdadera, viva, una religión
basada sólo en las Escrituras. Por este motivo, este pueblo
metodista tiene sobradas razones para alabar a Dios. Por ellos él
obró algo nuevo en la tierra: hizo callar al enemigo y al
vengativo.37 Todo esto se lo deben a él, el autor de su paz
exterior e interior.
V.1. ¿Qué más, qué otra cosa pudo haber hecho Dios
por esta su viña que no haya hecho? Creo que esto ha quedado
demostrado con largueza, así que ahora podemos analizar la
parte más fuerte y dolorosa de la expresión: «Después de todo
lo hice, ¿no tenía derecho a esperar que diese las uvas más
exquisitas? ¿Cómo, entonces, ha dado uvas silvestres? ¿No era
lógico creer que aumentarían la fe y el amor, la justicia y la
verdadera santidad? Más aun, esperaba que abundaran los frutos
del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, mansedumbre,
benignidad, fe, bondad, templanza».38 ¿Acaso no era razonable
esperar que estos frutos se extenderían a toda la iglesia? Les
aseguro que cuando vi lo que Dios había hecho con su pueblo
cuarenta y cincuenta años atrás, cuando vi en la gente el
entusiasmo del primer amor, glorificando al Señor y
regocijándose en Dios su Salvador,39 no podía menos que
esperar que todos ellos vivieran como ángeles aquí en la tierra.
Esperaba que caminaran como viendo al Invisible,40 en
comunión permanente con el Padre y el Hijo, viviendo y
37 Véase Sal. 8.2.
38 Gá. 5.22-23.
39 Lc. 1.46-47.
40 He. 11.27.
La viña d el Señor 249
caminando en eternidad. Esperaba ver un pueblo escogido, real
sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, un pueblo
que al hablar anunciara las virtudes de aquel que los llamó a su
luz admirable.41
2. Pero en lugar de esto, dio uvas silvestres; un fruto
completamente contrario al que se esperaba. Se cometieron
innumerables errores de diversas clases que hicieron que mucha
gente sencilla se apartara del camino. Se convirtieron en
entusiastas desenfrenados hasta tal punto que adjudicaron a un
Dios que es todo sabiduría, ser la fuente de toda clase de sueños
absurdos y alocados producto de una imaginación febril. Brotó
el orgullo, y con él se privó al Dador de todo bien del honor
debido a su nombre. Aparecieron el prejuicio, la sospecha
infundada, las actitudes de censura, enjuiciamiento y condena
hacia los demás; conductas todas absolutamente contrarias al
amor fraternal que es el principal distintivo de un cristiano, y sin
el cual aunque vivamos estamos muertos para Dios. Surgieron
frutos de ira, de odio, de maldad y de venganza; practicaron el
mal de hecho y de palabra —frutos todos de la más terrible
especie, no frutos del Espíritu Santo sino de las fuerzas del
abismo—.
3. En muchas personas, especialmente en aquellas que
tienen cuantiosos bienes, apareció el amor por las cosas del
mundo, ese gran veneno de las almas, en todas sus manifesta-
ciones: el deseo de la carne, es decir, la búsqueda de la
felicidad en los placeres sensuales; el deseo de los ojos, es
decir, la búsqueda de la felicidad en el buen vestir o en
cualquier otra cosa que a nuestra imaginación se le antoje; y la
vanagloria de la vida,42 es decir, la búsqueda de la felicidad en
el halago de los demás; o en el deseo que gobierna sobre todos
estos deseos: amontonar tesoros en la tierra. Cayeron, pues, en
41 1 P. 2.9.
42 1 Jn. 2.16.
250 Sermón 107
todo tipo de actitudes indulgentes: flojera, inconsistencia,
vulnerabilidad (no me refiero aquí a la «vulnerabilidad»
positiva, esa que nos hace sensibles frente al dolor humano).
Hubo conductas tan mezquinas y serviles, una mentalidad tan
profundamente terrenal como la de aquellos paganos por cuya
situación se lamentaba el poeta,
O curvae in terras animae et caelestium inanes!43
¡O almas inclinadas sobre la tierra, y sin Dios!
4. ¡Ustedes, los que han alcanzado riquezas, escuchen
una vez más la palabra del Señor! Ustedes que son los ricos de
este siglo,44 ustedes que tienen comida para alimentarse, ropa
para cubrirse, y aun les sobra, creen que pueden librarse de la
maldición de amar el mundo? ¿Son conscientes del peligro que
los acecha? ¿Comparten el sentir de las Escrituras: «¡Cuán
difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen
riquezas!»?45 ¿Creen que son capaces de estar en medio del
fuego y no quemarse? ¿Acaso no se han contaminado con el
amor por el mundo? ¿Están libres del deseo de la carne, del
deseo de los ojos, y de la vanagloria de la vida? ¿Ponen cuchillo
a su garganta46 cuando se sientan a comer para que su mesa no
se convierta en lazo para ustedes?47 ¿Acaso no es su estómago
su Dios? ¿No es el comer y el beber, o cualquier otro placer de
los sentidos, el mayor placer para ustedes? ¿No es verdad que
buscan la felicidad en la vestimenta, en los muebles, los
cuadros, los jardines, o en cualquier cosa que entra por los ojos?
¿No es verdad que se han vuelto flojos y débiles? Ya no son
capaces de soportar el frío o el calor, el viento o la lluvia,
como cuando eran pobres. ¿No es acaso verdad que están
43 Cf. Persius, Sátiras, ii.61.
44 1 Ti. 6.17.
45 Mr. 10.23.
46 Pr. 23.2.
47 Sal. 69.22.
La viña d el Señor 251
acumulando bienes, haciendo tesoros en la tierra,48 en lugar de
retribuirle a Dios lo que les ha dado repartiéndolo con los
pobres? Y no me refiero a una suma fija, dar tanto o cuanto, sino
a desprendernos de todo aquello que no necesitemos realmente.
Por cierto, es más fácil pasar un camello por el ojo de una
aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.49
5. Mas ¿por qué motivo dan ustedes uvas silvestres?
¿Qué excusa pueden encontrar? ¿Acaso pueden decir que Dios
no cumplió con su parte? ¿Acaso no fueron advertidos una y
otra vez? ¿No fueron alimentados con la leche espiritual no
adulterada50 de la palabra? ¿Pueden negar que recibieron toda
la palabra de Dios tal cual es, sin errores de ninguna especie?
Tampoco pueden negar que les fueron revelados los aspectos
fundamentales de la doctrina de la justificación gratuita, total y
presente, y de una santificación que es al mismo tiempo gradual
e instantánea. Tuvieron toda clase de predicadores, jóvenes y
viejos, con estudio y sin él, que les mostraron, y pusieron en
práctica, todo lo referente a la santidad interior y exterior. Pero
muchos de ustedes despreciaron la ayuda que Dios les había
preparado. Tal vez sólo querían escuchar a quienes fuesen
clérigos o, al menos, tuviesen un buen nivel de educación.
¿Acaso pensaron que podían privar a Dios del derecho de elegir
sus propios mensajeros, de enviar por medio del que debe
enviar?51 ¡Semejante necedad de vuestra parte bien puede ser
una de las causas por las cuales dieron uvas silvestres!
6. Cabe preguntarse si menospreciar la excelente ayuda
que significa estar unido a una sociedad cristiana, no fue otra
de las causas. Han leído en las Escrituras: «¿Cómo se
calentará uno solo?»52 y también «¡Ay del solo! que cuando
48 Mt. 6.19.
49 Mt. 19.24.
50 1 P. 2.2.
51 Ex. 4.13.
52 Ec. 4.11.
252 Sermón 107
cayere, no habrá segundo que lo levante».53 Pero ustedes tienen
un número suficiente de compañeros. Tal vez más que
suficiente, más de lo que su alma necesita. Sin embargo,
deberían preguntarse si es suficiente el número de sus
compañeros que tienen sed de Dios, y que se preocupan para
que ustedes también la tengan. ¿Tienen suficientes amigos que
velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta?54
¿Tienen amigos que con total libertad y lealtad les advierten
cuando han dado un paso en falso, o cuando corren el riesgo de
hacerlo? Temo que ustedes tienen muy pocos amigos así,
porque si los tuvieran, seguramente darían mejores frutos.
7. A ti que eres miembro de la Sociedad, te pregunto:
¿Aprovechas al máximo el privilegio de que gozas? ¿Asistes a
todas las clases? No estoy hablando de cumplir con una
formalidad, sino de vivir en la esperanza de que cuando nos
reunimos en su nombre, el Señor estará en medio nuestro.
¿Sientes verdadera gratitud por la maravillosa libertad de
conciencia que les ha sido dada a ti y a tus hermanos, una
libertad como nunca antes había podido disfrutar persona
alguna en ningún lugar? ¿Sientes gratitud hacia el Dador de todo
bien por haber permitido difundir la religión verdadera?
Ciertamente nunca podrás alabar suficientemente a Dios por
todas las bendiciones que tan ricamente derramó sobre ti, no
hasta que lo hagas con los ángeles y arcángeles, y todas las
huestes celestiales.
Witney, 17 de octubre de 1787.
53 Ec. 4.10.
54 He. 13.17.