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Sermón 89 - Un camino más excelente

1 Corintios 12.31

Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro

un camino aun más excelente.

1. En los versículos anteriores San Pablo hacía

referencia a los dones extraordinarios del Espíritu Santo, tales

como sanar a los enfermos, profetizar (en el verdadero sentido

del término, es decir, anticipar lo que va a ocurrir),1 la capacidad

de hablar lenguas extrañas que uno nunca aprendió, y el

maravilloso don de la interpretación de lenguas. El apóstol

afirma que estos dones son deseables; es más, exhorta a los

corintios, al menos a sus maestros (los principales, si no únicos,

depositarios de estos dones según la práctica de los primeros

tiempos de la iglesia), a procurar esos dones para poder así

servir mejor tanto a los cristianos como a los paganos. Mas yo,

dice el apóstol, os muestro un camino aun más excelente, mucho

más deseable que todos estos dones, ya que es el camino que los

conducirá inexorablemente a la felicidad, en este mundo y en el

venidero. Puedes tener todos esos dones, más aun, puedes

alcanzar la más alta manifestación de estos dones y, sin

embargo, sentirte desdichado en el presente y en la eternidad.

2. Aparentemente estos extraordinarios dones del

Espíritu Santo fueron algo habitual en la iglesia sólo durante los

dos o tres primeros siglos. Rara vez se hace mención de ellos

1 Aunque tal era el entendimiento de Wesley, y el más común en sus días, hoy los

eruditos e historiadores del idioma concuerdan en que el «profeta» es quien habla en

nombre de Dios, se refiera o no al futuro. Nota del Editor.

151

1 52 Sermón 89

después de ese desafortunado periodo en que el Emperador

Constantino se hizo llamar cristiano y, movido por la vana

ilusión de promover la causa de los cristianos, derramó riquezas,

poder y honor entre los cristianos en general, pero muy

especialmente entre los clérigos cristianos. A partir de ese

momento desaparecieron casi por completo; se registran muy

pocas experiencias de este tipo. La razón no fue (como se ha

sugerido comúnmente) «porque ya no eran necesarios», habida

cuenta que todo el mundo se había convertido al cristianismo.

Afirmar esto es cometer un lamentable error; los cristianos

nominales no representaban siquiera el veinte por ciento de la

población. La causa verdadera fue que el amor de muchos (de

la mayoría de los que se denominaban cristianos) se habría de

enfriar.2 Los cristianos carecían del Espíritu de Cristo tanto

como los paganos. Cuando el Hijo del Hombre vino a visitar su

iglesia, apenas pudo hallar fe en ella.3 Ésta es la verdadera razón

por la cual ya no fue posible ver la manifestación de los

extraordinarios dones del Espíritu Santo dentro de la iglesia: los

cristianos se habían vuelto paganos nuevamente y ya no había

vida verdadera en ellos.

3. Sin embargo, no es mi intención ahora hablar acerca

de los dones extraordinarios del Espíritu Santo sino de los

dones ordinarios. También éstos debemos procurar para servir

mejor a nuestra generación. Con este fin podemos procurar el

don de convencer a otros por medio de la palabra para llegar al

corazón de los no creyentes; o el don de la persuasión, para

despertar sus sentimientos y aclararles el entendimiento.

Podemos procurar alcanzar el conocimiento de la palabra y de

las obras de Dios, ya sea por providencia o por gracia.

Podemos desear una medida de esa fe que en ciertas ocasiones,

cuando está en juego la gloria de Dios o la felicidad humana,

2 Mt. 24.12.

3 Lc. 18.8.

Un camino más excelente 153

s excelente

sobrepasa los poderes naturales. Podemos aspirar a tener

facilidad de palabra, o a hacer buenos discursos, que reflejen la

voluntad del Señor. Podemos aspirar, en suma, a todo aquello

que nos permita ser útiles dondequiera estemos, cada vez que se

presente la oportunidad. Podemos desear estos dones de

corazón, pero existe un camino aun más excelente.

4. El camino del amor, el amor hacia todos los seres

humanos en nombre de Dios. Ese amor humilde, afable y

paciente tan admirablemente descrito por el apóstol en el

capítulo siguiente. Sin este amor, afirma San Pablo, toda

facilidad de palabra, todo conocimiento, toda fe, toda obra y

todo sufrimiento, no tienen más valor que un metal que resuena

o un címbalo que retiñe4 y no sirven en absoluto al propósito de

la salvación eterna. Sin él, todo cuanto sabemos, todo cuanto

creemos, todo lo que hagamos, todo nuestro sufrimiento, no nos

servirán de nada cuando tengamos que dar cuenta en el día del

juicio.

5. Pero ahora me gustaría analizar este texto desde una

perspectiva diferente. Un escritor de la antigüedad observó que

desde el comienzo existieron dos clases de cristianos: los que

vivían una vida sin maldad, adaptándose a las costumbres y

modalidades de este mundo en todo aquello que no fuera

pecaminoso; haciendo el bien, absteniéndose de todo lo malo, y

guardando los mandamientos del Señor. En general procuraban

tener una conciencia sin ofensa ante Dios5 en cuanto a su

conducta, pero en términos generales no se diferenciaban de sus

vecinos y no eran particularmente estrictos en cuanto a sus

normas de vida. El otro grupo de cristianos no sólo se abstenía

de todo lo malo, eran celosos de buenas obras,6 y guardaban los

mandamientos, sino que también se esforzaban por tener la

4 1 Co. 13.1.

5 Hch. 24.16.

6 Tit. 2.14.

1 54 Sermón 89

mente de Cristo,7 y procuraban en todo seguir los pasos de su

amado Maestro. Para lograrlo seguían un camino de constante

renunciamiento, desechando todo placer si eran conscientes de

que no los preparaba para gozarse en el Señor. Tomaban su cruz

cada día.8 Se esforzaban, luchaban sin descanso, para entrar

por la puerta angosta.9 Una cosa hacían:10 no escatimaban

sufrimiento para poder alcanzar la cima de la santidad cristiana

y, dejando los rudimentos de la doctrina de Cristo, ir adelante

a la perfección.11 Aspiraban a conocer el amor de Cristo, que

excede a todo conocimiento, para ser llenos de toda la plenitud

de Dios.12

6. A partir de mi experiencia y de lo que he podido

observar, me siento inclinado a pensar que toda persona

redimida por la sangre de Jesús, toda persona justificada, tiene

la opción de transitar la senda más alta o una más baja. Creo que

en ese momento el Espíritu Santo lo pone frente al camino más

excelente y lo anima a caminar en él, a elegir la senda más

angosta dentro del camino angosto, a aspirar a la mayor altura y

profundidad de la santidad, a recuperar completamente la

imagen de Dios. Pero la persona puede decidir no aceptar esta

invitación y quedarse en una categoría más baja de cristianismo.

Tal persona continúa en el buen camino, sirviendo a Dios en la

medida en que puede hacerlo, y halla misericordia al final de su

vida por la sangre del pacto eterno.13

7. En modo alguno quisiera apagar el pábilo que

humea,14 o desalentar a las personas que sirven a Dios, aun

7 1 Co. 2.16.

8 Lc. 9.23.

9 Lc. 13.24.

10 Fil. 3.13.

11 He. 6.1.

12 Ef. 3.19.

13 He. 13.20.

14 Is. 42.3.

Un camino más excelente 155

s excelente

cuando su grado de compromiso sea menor. Sin embargo,

desearía que no se detuvieran allí, me gustaría alentarlos a subir

más arriba.15 No es mi intención hacer resonar en sus oídos el

castigo del infierno, ni condenar el camino que han elegido

diciéndoles que es el camino que lleva a perdición. Procuraré,

en cambio, mostrarles un camino que es en todo sentido más

excelente.

8. Quiero dejar bien claro lo siguiente: no estoy diciendo

que quienes no anden en este camino están condenados al

infierno. Pero sí afirmo que no tendrán un lugar tan alto en el

cielo como el que tendrían si hubiesen escogido la buena

parte.16 ¿Consideras poca cosa tener muchas menos estrellas en

tu corona de gloria? ¿Crees que no te importará ocupar un lugar

más bajo que el que podrías haber ocupado en el reino de tu

Padre? Por cierto no habrá dolor en el cielo, porque Dios

enjugará toda lágrima de sus ojos,17 mas si fuera posible sentir

pena, seguramente lamentaríamos esa pérdida ya irreparable.

Pero lo que entonces sería irreparable, ahora no lo es. Ahora,

por la gracia de Dios, podemos elegir el camino más excelente.

Comparemos este camino con la manera de actuar de la mayoría

de los cristianos.

I. Comencemos con el inicio de un nuevo día. La

mayoría de los cristianos, especialmente en invierno, acostum-

bran levantarse a las ocho o a las nueve, a menos que tengan

que ir a trabajar. Es decir, después de haber pasado ocho o

nueve horas, tal vez más, en la cama. No digo (como bien pude

haber dicho cincuenta años atrás) que todos los que se

permiten tal conducta van camino al infierno. Pero tampoco

puedo decir que vayan camino al cielo, negándose a sí mismos,

15 Lc. 14.10.

16 Lc. 10.42.

17 Ap. 7.17; 21.4.

1 56 Sermón 89

y tomando su cruz cada día.18 Estoy completamente

convencido de que hay un camino más excelente para favorecer

la salud del cuerpo y de la mente. Después de haber observado

a las personas durante más de sesenta años, he aprendido que un

hombre sano necesita un promedio de seis o siete horas de sueño

cada veinticuatro horas; una mujer sana, un poco más, siete u

ocho. Sé que estas horas de sueño resultan provechosas para el

cuerpo y también para el alma. Esto es mejor que cualquier

medicina de las que he conocido ya sea para prevenir o para

curar enfermedades del sistema nervioso. Por lo tanto, en este

caso, el camino más excelente consiste en dormir sólo la

cantidad de horas que por experiencia sabemos que nuestra

naturaleza necesita. Aunque esto signifique ir en contra de la

moda o de las costumbres, sabemos que indiscutiblemente

contribuye a una mejor salud física y espiritual. Así que, ¿cuál

sería la razón para no seguir este camino? ¿Porque es muy

difícil? No sólo difícil; para los hombres, imposible. Mas para

Dios todo es posible,19 y mediante su gracia también para ti todo

será posible. Si eres constante en la oración, hallarás que esto es

no sólo posible sino fácil. Te resultará mucho más fácil

levantarte siempre temprano que hacerlo esporádicamente. Por

supuesto, si deseas levantarte temprano debes comenzar por

acostarte temprano. Debes hacerte el propósito de acostarte a

una hora determinada todos los días, a menos que suceda algo

extraordinario. En poco tiempo vencerás la dificultad y los

beneficios permanecerán para siempre.

II. La mayoría de los cristianos acostumbran a decir

alguna oración tan pronto se levantan. Es muy probable que

aun digan las mismas oraciones que aprendieron cuando tenían

ocho o diez años de edad. Personalmente no acuso (aunque

18 Lc. 9.23.

19 Mt. 19.26.

Un camino más excelente 157

s excelente

muchos lo hacen) a quienes así oran, de burlarse de Dios, a pesar

de que han utilizado la misma fórmula, sin introducir ningún

cambio, durante veinte o treinta años. Pero seguramente existe

un camino más excelente para organizar nuestro tiempo

devocional. Podrían seguir en este punto los consejos de un muy

buen hombre, el Sr. Law:20 tus oraciones deben variar de

acuerdo con los cambios en tu vida interior y exterior.

Imaginemos, por ejemplo, que tu situación es próspera: gozas

de buena salud y vives con toda comodidad y bienestar; estás

rodeado de cariño: tienes buenos vecinos y amistades

agradables, personas que amas y que te aman. En este caso,

obviamente, te sentirás movido a alabar y agradecer a Dios por

todo lo que tienes. Por el contrario, si te encuentras en la

adversidad, si Dios ha puesto sobre tus lomos pesada carga,21

si estás sufriendo pobreza, necesidad, preocupaciones; si te

encuentras en peligro, si estás padeciendo dolor o enfermedad,

entonces sentirás necesidad de aliviar tu alma poniendo todo en

oración delante de él. Asimismo tu tiempo devocional debe

estar acorde con tu situación espiritual. ¿Sientes tu alma

oprimida por el pecado o afligida por diversas pruebas?22

Entonces tu oración será de confesión, petición y súplica según

corresponde al momento de aflicción por el que estás

atravesando. Si, por el contrario, te sientes en paz y sientes el

gozo del Señor; si su consuelo no es poco para ti,23 entonces di

junto con el salmista: «Mi Dios eres tú, y te alabaré; Dios mío,

20 Wesley se refiere aquí a la famosa obra devocional de William Law, A Serious Call

to a Devout and Holy Life. Aunque antes Wesley había criticado a Law por no dar

suficiente lugar a la gracia en la vida cristiana, con el correr de los años fue apreciando

cada vez más su insistencia en la vida devocional disciplinada y sus consejos prácticos.

21 Sal. 66.11.

22 1 P. 1.6.

23 Cf. Job 15.11.

1 58 Sermón 89

te exaltaré».24 Cuando tengas tiempo, puedes agregar a tu

tiempo devocional la lectura de algún texto y meditar acerca de

él, tal vez un salmo de alabanza, algo que brota

espontáneamente de un corazón agradecido. Debes coincidir

conmigo en que hay un camino más excelente que limitarse a

seguir usando viejas fórmulas vacías de contenido.

III. Después de decir sus oraciones, la mayoría de los

cristianos se dedica a cumplir con su trabajo, con la tarea a la

cual se sienten llamados. Ningún cristiano que se precie de tal

dejará de cumplir con esto ya que las personas buenas nunca son

haraganas; sabido es que la haraganería es incompatible con la

religión. Pero la pregunta es: ¿con qué objetivo? ¿con qué fin

emprendes y llevas adelante tu trabajo? «Para proveer todo lo

necesario para mí y para mi familia». En principio es una buena

razón, pero no es suficiente. También los paganos piensan así y

trabajan para tal fin. Pero un cristiano debe ir mucho más allá:

el fin de todo su trabajo es agradar a Dios y no hacer su propia

voluntad, sino la voluntad del que lo envió25 al mundo, haciendo

la voluntad de Dios en la tierra26 como los ángeles la cumplen

en el cielo. Un cristiano trabaja para la eternidad, no trabaja por

la comida que perece, que es sólo parte del motivo, sino por la

comida que a vida eterna permanece.27 ¿Acaso no es esto un

camino más excelente?

2. Pero hay algo más: ¿Cómo manejas tus negocios?

Confío en que eres diligente, que todo lo que te viene a la

mano para hacer, lo haces según tus fuerzas;28 obrando con

justicia, siempre pagando a todos lo que debéis,29 y con

24 Sal. 118.28.

25 Jn. 6.38.

26 Mt. 6.10.

27 Jn. 6.27.

28 Ec. 9.10.

29 Ro. 13.7.

Un camino más excelente 159

s excelente

misericordia, haciendo con todas las personas las cosas que

quisieras que ellos hagan contigo.30 Todo esto está muy bien,

pero un cristiano debe hacer más: debe actuar con piedad

además de justicia, y el trabajo que realiza con sus manos debe

acompañarlo con la oración que brota del corazón. Si esto falta,

a pesar de toda su dedicación y su sentido de justicia sólo llegará

a ser un pagano honesto. Y son muchos los que dicen profesar

la fe cristiana pero en realidad no son más que paganos

honestos.

3. Y eso no es todo: ¿con qué espíritu emprendes tus

negocios, con espíritu mundano o en el Espíritu de Cristo? Creo

que hay miles de personas que se consideran buenos cristianos

y que no han comprendido este punto. Si actúas en el Espíritu

de Cristo, la meta que te fijaste desde un principio estará

presente en todo trabajo que emprendas de principio a fin. Todo

lo harás con espíritu de sacrificio, rindiendo tu voluntad a la

voluntad de Dios. No tendrás como objetivo tu propia

comodidad, placer o riquezas, ni nada perecedero que este

mundo pueda ofrecer, sino solamente la gloria de Dios. ¿Acaso

alguien puede negar que éste es el camino más excelente para

conducirse en los negocios?

IV.1. Pero estas vasijas de barro que nos contienen

deben ser reparadas permanentemente, de otro modo vuelven a

hundirse en la tierra de la cual salieron, aun antes de que su

tiempo se haya cumplido. El alimento diario es necesario para

impedir que esto ocurra, para compensar el constante deterioro

de nuestra naturaleza. Era práctica habitual entre los paganos, a

la hora de comer carne o beber, un poco para honrar a su dios

(«libare pateram Jovi», una libación para los dioses), aunque

los dioses de los paganos no eran sino demonios, como señaló

30 Mt. 7.12.

1 60 Sermón 89

acertadamente el apóstol.31 «Aparentemente» dice un escritor

ya desaparecido, «en nuestro país existió esa costumbre, ya que

todavía es usual ver que los caballeros antes de sentarse a la

mesa en su casa, sostienen el sombrero delante de su rostro y

parecen pronunciar algunas palabras, aunque generalmente por

la forma en que lo hacen, nadie entiende lo que dicen». Sería

mucho mejor si en lugar de esto, cada jefe de familia antes de

sentarse a comer y a beber, ya sea de mañana, al mediodía o a

la noche (ya que lo mismo se aplica a cualquier hora del día),

pidiera seriamente la bendición de Dios sobre los alimentos que

va a tomar, y luego seriamente agradeciera al Dador de toda

bendición. Esto significaría seguir un camino mucho más

excelente que practicar una farsa sin sentido, que es en realidad

una burla hacia Dios y hacia las demás personas.

2. En cuanto a la cantidad de comida, pues bien, una

persona sensata nunca come en exceso. Al menos no llega a

indigestarse con carne o a intoxicarse con alcohol. En cuanto a

la manera de comer, debe hacerse con sencillez, y también con

alegría, ya que esto contribuye a una buena digestión. Si así lo

haces, está bien. Y con la condición de que sólo tomes una

ración de comida sencilla, de bajo costo, y nutritiva, que

contribuya a la salud física y mental, no habrá motivo para

sentirte culpable. Tampoco espero que sigan el consejo del Sr.

Herbert:

Come tu ración de carne recordando que es perecedera,

Toma un bocado, y di «Polvo al polvo».32

Aunque éste es el consejo de un buen hombre, resulta

demasiado deprimente. No concuerda con la alegría que es tan

característica de la mesa de los cristianos. Permítanme ilustrar

esto con una anécdota. Cierta vez, el rey de Francia, persi-

31 Véase 1 Co. 10.20.

32 George Herbert, The Temple, «The Church Porch», II.131-32.

Un camino más excelente 161

s excelente

guiendo a su presa durante una cacería, se adelantó a su

comitiva. Después de buscarlo durante algún tiempo, lo

encontraron comiendo pan y queso en una cabaña. Al verlos

exclamó: «¿Dónde he vivido todo este tiempo? ¡Nunca había

comido algo tan bueno en toda mi vida!» «Majestad», respondió

uno de ellos, «nunca había tenido tan buen aderezo, ya que

nunca antes había sentido hambre». Por cierto el hambre es un

buen aderezo, pero hay algo mejor aún: sentirse agradecido.

Con toda seguridad no hay comida más disfrutable que la que

está acompañada de gratitud. ¿Por qué no sazonas cada una de

tus comidas con este maravilloso condimento? No es, pues,

necesario que pienses en la muerte, por el contrario, recibe cada

bocado como promesa de vida eterna. Mediante el alimento, el

Autor de la vida no sólo te libra de la muerte, sino que te brinda

una señal de que en poco tiempo la muerte será absorbida en

victoria.33

3. La hora de la comida es generalmente un tiempo

para conversar, ya que es algo natural alimentar nuestra mente

al mismo tiempo que alimentamos nuestro cuerpo. Pensemos

por un momento qué clase de conversación mantienen los

cristianos cuando están juntos. ¿Cuáles son sus temas de

conversación? Si es una conversación inocente (como sería

deseable), si no hay nada profano o arrogante, nada falso o

despiadado; si no hay lugar para las habladurías, la difamación

o las críticas, entonces tenemos motivo para alabar a Dios

porque su gracia nos contiene. Pero aquel versículo que dice:

«Ordena tu conversación»34 implica algo más. En primer lugar,

para poder lograr esto es necesario que nuestra conversación,

todo lo que decimos, sea edificante,35 que tenga contenido,

33 1 Co. 15.54.

34 Sal. 50.23. Las versiones castellanas generalmente traducen estas palabras con

referencia a ordenar «el camino». Nota del Editor.

35 Cf. Mt. 5.37; Ef. 4.29.

1 62 Sermón 89

que trate acerca de temas interesantes en lugar de hablar de

cualquier cosa que pasa. Nada tenemos que ver nosotros con

cortes y reyes. No es asunto nuestro «discutir acerca de la

guerra, reformar el estado»,36 a menos que algún suceso muy

significativo deba ser sometido a la justicia o a la misericordia

de Dios. Por cierto hay ocasiones en que debemos hablar acerca

de cosas mundanas, pues si no sería necesario salir del

mundo.37 Pero sólo lo estrictamente necesario, y luego pasemos

a temas más apropiados. En segundo lugar, nuestra

conversación debe ser buena para la necesaria edificación,38

destinada a edificar al que habla, o a los que escuchan, o a

ambos. Debe servir para edificarlos en la fe, el amor o la

santidad, según la necesidad de cada uno. En tercer lugar, deben

cuidar que su conversación no sea sólo amena sino que, de uno

u otro modo, dé gracia a los oyentes.39 ¿No creen que esta forma

de conversar corresponde a un camino más excelente que el

simple hecho de conversar «inocentemente» que mencionamos

al comienzo?

V.1. Hemos analizado cuál es el camino más excelente

con respecto al modo de ordenar nuestras conversaciones y

también nuestros negocios. Pero no podemos estar siempre

pendientes de nuestro trabajo; el cuerpo y la mente deben

relajarse y descansar. Es necesario intercalar el trabajo con

momentos de distracción. Trataré de ser muy claro en este punto

porque muchas veces se lo ha entendido mal.

2. Existen diversas formas de esparcimiento. Algunas

están dirigidas particularmente a los hombres, tal es el caso de

los deportes al aire libre como la cacería, el tiro al blanco y la

36 Prior, «The Ladle», l.96.

37 1 Co. 5.10.

38 Ef. 4.29.

39 Ibid.

Un camino más excelente 163

s excelente

pesca, actividades que no interesan a la mayoría de las mujeres

(en realidad me refiero a las damas). Hay otras actividades en

las que ambos sexos participan. Algunas son de carácter público

como las carreras, el teatro, las reuniones, los bailes y las fiestas

de disfraces. Otras se desarrollan fundamentalmente en casas de

familia: juegos de cartas, bailes, y veladas musicales, a los que

se suma la lectura de obras de teatro, novelas, libros de romance

y aventura, periódicos y poesía moderna.

3. Ciertas formas de entretenimiento que en un tiempo

fueron muy populares, ahora ya no se las ve con buenos ojos.

La nobleza y la clase alta (al menos en Inglaterra) parecen no

interesarse en lo más mínimo por la cetrería, que fuera tan

popular en otro tiempo. Por su parte las clases populares ya no

parecen divertirse viendo a los hombres herirse y lastimarse a

golpes de espada. Asimismo son muy pocos los nobles que hoy

practican el juego de la barra. La lucha a garrotazos ya no es

considerada honorable, ni siquiera en Gales. El espectáculo del

oso encadenado ya casi no se ve en ninguna parte, y tampoco es

frecuente ver el toro encadenado. Tengo la impresión de que las

peleas de gallos han desaparecido en Inglaterra, y sólo quedan

dos o tres criadores serios.40

4. No creo necesario agregar nada más acerca de estas

terribles costumbres, «restos de la barbarie de los godos».41

Constituyen una ofensa no sólo a todas las religiones sino a la

propia naturaleza humana. En cambio, no deberíamos ser tan

severos en nuestro juicio respecto de los deportes al aire libre.

40 En este párrafo Wesley se refiere a una serie de juegos y pasatiempos, todos ellos

violentos, que habían sido bastante comunes en generaciones anteriores, pero que

estaban ya en desuso en tiempos del propio Wesley. Puesto que algunos nunca

tuvieron nombre en castellano, la traducción es aproximada. Nota del Editor.

41 Pope, en The Guardian, 21 de mayo de 1713, usaba estas palabras traduciendo a

Claude Fleury, Les Moeurs des Israélites.

1 64 Sermón 89

Dejemos que quienes no tengan nada mejor que hacer,

continúen persiguiendo zorros y liebres. Tampoco las carreras

de caballos merecen mayor comentario, a menos que alguna

persona sensata intente asumir su defensa. Mucho más podría

decirse acerca de ver obras de teatro. Personalmente, no podría

hacerlo con la conciencia tranquila; al menos no en un teatro

inglés, donde se concentra todo lo profano e inmoral. Pero

probablemente otros puedan hacerlo. No puedo juzgar con igual

severidad los bailes y reuniones, que gozan de mejor reputación

que las fiestas de disfraces, aunque toda persona que sea

objetiva debe admitir que uno y otro persiguen el mismo fin.

Todo baile público se hace con el mismo fin, y esto es inevitable

a menos que los cristianos modernos tomen las mismas

precauciones que observaban los antiguos paganos: los hombres

y las mujeres nunca bailaban juntos sino en habitaciones

separadas. Así se hacía en la antigua Grecia y durante mucho

tiempo fue igual en Roma; una mujer que bailaba en compañía

de los hombres inmediatamente era considerada una prostituta.

Acerca de los juegos de cartas, opino lo mismo que dije de las

obras de teatro. Yo no podría hacerlo con la conciencia

tranquila, pero no siento que deba juzgar a quienes tienen ideas

diferentes al respecto. Los dejo en las manos de su Señor, ante

quien deberán responder por sus actos.

5. Pero aun en el supuesto de que estos juegos, así como

la lectura de obras de teatro, novelas, periódicos y otros

materiales por el estilo, sean «entretenimientos inocentes», ¿no

habrá para quienes temen y aman a Dios caminos más

excelentes de diversión? Las personas adineradas que estén

interesadas en un pasatiempo al aire libre, podrían dedicarse al

cuidado y mejora de sus tierras. Podrían ocuparse de sembrar,

organizar y perfeccionar sus huertas y jardines. También

podrían visitar y conversar con aquellos vecinos que sean

personas respetables y sensatas. O podrían visitar a los

enfermos, a los pobres, a los huérfanos y a las viudas en sus

Un camino más excelente 165

tribulaciones.42 Si desean s e e x n c t e r l e e t n e te n imiento dentro del hogar,

pueden leer buena poesía, libros de historia o de filosofía natural

en cualquiera de sus ramas. Si tienes suficiente tiempo libre,

puedes dedicarte a la música o tal vez a los experimentos

filosóficos. Pero por sobre todas las cosas, una vez que hayas

aprendido a orar, comprenderás que esa misma «fuerza que crea

y llena todo el espacio, que todo lo abarca en este hermosísimo

planeta», como la describió el poeta Milton,43 también te

rodeará a ti, y estará presente en tus ocupaciones, dondequiera

que vayas, y en todo lo que hagas. Entonces podrás afirmar sin

temor: «Ya no caigo en pozos depresivos, ya no tengo

momentos ociosos en que no sé cómo aprovechar el tiempo; mi

vida ya no es una carga, vivo sólo para servir a Dios y conocer

a Jesús».44

VI. Resta considerar sólo un aspecto: el uso del dinero.

¿De qué manera utilizan su dinero la mayoría de los cristianos?

¿Existe un camino más excelente?

1. La mayoría de los cristianos generalmente destina un

diez, tal vez un ocho por ciento, del dinero que gana anualmente

por concepto de rentas o por actividades comerciales, a obras de

caridad. He conocido algunos que, igual que Zaqueo, dijeron:

«La mitad de mis bienes doy a los pobres».45 ¡Quiera Dios que

se multipliquen estos amigos de la humanidad, benefactores

dispuestos a ayudar a otros!

2. Pero, además de aquellos que cumplen determinadas

normas, existen miles que dan enormes sumas a los pobres,

especialmente cuando les presentamos de manera realista una

situación particularmente conmovedora.

42 Stg. 1.27.

43 El Paraíso Perdido, xi.88-90.

44 Cita de un himno de Carlos Wesley.

45 Lc. 19.8.

1 66 Sermón 89

3. Alabo a Dios por todos ustedes quienes así actúan.

¡Ojalá que nunca se cansen de hacer el bien! ¡Quiera Dios

devolverles siete veces lo que han dado! Sin embargo, quiero

mostrarles un camino más excelente.

4. Puedes verte a ti mismo como alguien en cuyas

manos el Señor de cielo y tierra y todo cuanto en ellos hay, ha

confiado parte de sus bienes, para que los administres según

sus instrucciones. Y según sus instrucciones debes considerarte

uno más dentro del grupo de personas cuyas necesidades

deberán ser atendidas con esa parte de sus bienes que te fue

confiada. Tienes dos ventajas por sobre el resto: la primera es

que más bienaventurado es dar que recibir;46 la segunda es

que puedes atender primero tus propias necesidades, y luego

socorrer a los demás. Para ser más precisos: si no tienes

familia, luego de haber provisto tus necesidades, reparte todo

lo demás. Recuerda aquello de «saldar tus cuentas cada

Navidad y ... durante el año». Tal era la práctica de los jóvenes

que estudiaban en Oxford y a quienes llamaban «los metodis-

tas». Por ejemplo, uno de ellos recibía treinta libras al año.

Vivía con veintiocho y daba cuarenta chelines. Al año siguiente

recibió sesenta libras, pero siguió viviendo con veintiocho y dio

las treinta y dos libras restantes. El tercer año recibió noventa

libras, y dio sesenta y dos. El cuarto año recibió ciento veinte

libras. Aun así, continuó viviendo con veintiocho como antes, y

dio noventa y dos libras a los pobres. ¿No creen que esto es un

camino mucho más excelente? En segundo lugar, si tienes una

familia, medita seriamente delante de Dios cuánto necesita cada

miembro para vivir en santidad. La regla general es que no les

des menos, tampoco mucho más, de lo que tú mismo necesitas.

Tercero, una vez hecho esto, haz el propósito de no «aumentar

tus ganancias». Te ordeno en el nombre de Dios ¡no incremen-

tes tus riquezas! Así como llega a ti cada día o cada año, así

46 Hch. 20.35.

Un camino más excelente 167

s excelente

también deja que se vaya. De otro modo, estás amontonando

tesoros en la tierra.47 Y esto es algo que nuestro Señor prohíbe

tan categóricamente como el homicidio o el adulterio. Si lo

haces, por tanto, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira

y de la revelación del justo juicio de Dios.48

5. Pero supongamos que no estuviese prohibido, ¿cómo

podrías, siguiendo principios dictados por la razón, gastar tu

dinero de tal forma que Dios posiblemente pudiera llegar a

perdonarte, en vez de gastarlo de un modo que él seguramente

recompensará? No tendrás recompensa en el cielo por aquello

que acumulaste sino por lo que repartiste. Cada libra que

colocas en el banco terrenal, está perdida: no te dará intereses

en el cielo. Mas cada libra que des a los pobres, será colocada

en el banco celestial. Y el interés que produzca será de gloria.

De gloria, sí, y un interés que se acumulará por toda la eternidad.

6. ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros?49 Que

decida hoy, en esta hora, en este instante, con ayuda del Señor,

poder elegir en todas las áreas de la vida que hemos menciona-

do, el camino más excelente. Que pueda mantenerse firme en

él en todo, en el descanso, la oración, el trabajo, la comida, la

conversación y los entretenimientos, y muy especialmente con

respecto al uso de ese «talento» tan importante: el dinero. Deja

que tu corazón frente al llamado de Dios, responda: «A partir

de este momento, con la ayuda de Dios, no me haré más

47 Mt. 6.19.

48 Ro. 2.5.

49 Stg. 3.13.

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tesoros en la tierra, sólo haré tesoros en el cielo.50 Daré a Dios

todo lo que es de Dios;51 le entregaré a él todos mis bienes y

todo mi corazón.

50 Véase Mt. 6.19-20.

51 Mt. 22.21.