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Sermón 81 - En qué sentido hemos de dejar el mundo

2 Corintios 6.17-18

Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y

no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré. Y seré a vosotros por

Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor

Todopoderoso.

1. ¡Cuán abrumadoramente pocos en el mundo religioso

han considerado debidamente estas palabras! Las hemos leído

una y otra vez, pero nunca las hemos tomado a pecho ni hemos

observado que contienen un mandamiento directo y expreso

como ninguno en toda la Biblia. Y podemos temer que son

todavía menos los que comprenden el significado genuino de

este consejo. En Inglaterra, numerosas personas lo han

entendido como una orden de salir de la Iglesia oficial. Y en el

mismo sentido ha sido entendido por miles en los reinos

vecinos. En gran abundancia se han pronunciado sermones y se

han escrito libros sobre la base de esta suposición. Y por cierto

que muchas personas piadosas han fundamentado

primordialmente en este texto su separación de la Iglesia. Y

dicen: «Dios mismo nos lo ordena: Salid de en medio de ellos,

y apartaos». Y sólo con esta condición «él nos recibirá, y

seremos hijos e hijas del Señor Todopoderoso».

2. Pero esta interpretación es totalmente extraña al

propósito del apóstol, quien no está hablando aquí de tal o cual

iglesia, sino de otro tema bien diferente. Ni el apóstol mismo ni

ninguno de sus hermanos derivó semejante deducción de esas

palabras. Si así lo hubieran hecho, sería una contradicción lisa y

llana tanto del ejemplo como de los preceptos de su Maestro.

Porque aunque la iglesia judía era entonces tan completamente

97

9 8 Sermón 81

impura y tan vacía de santidad como cualquier iglesia cristiana

de las que hay actualmente sobre la tierra, sin embargo nuestro

Señor asistió constantemente a su culto. Y aconsejó a sus

seguidores, en éste como en todos los otros aspectos, a seguir

en sus pisadas.1 Esto está claramente contenido en aquel notable

pasaje: «En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los

fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo

y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen y

no hacen».2 A pesar de que ellos digan y no hagan, a pesar de

que sus vidas contradigan sus doctrinas, aunque sean hombres

impíos, aquí nuestro Señor no solamente permite sino que

requiere que sus discípulos los escuchen. Porque les requiere

que «guarden y hagan lo que ellos dicen», pero esto no podría

ser si primero no los escuchasen. Conforme a esto, mientras los

apóstoles estuvieron en Jerusalén asistieron constantemente al

culto público. Por lo tanto, es seguro que estas palabras no

tienen referencia alguna a una separación de la Iglesia oficial.

3. Tampoco contienen referencia alguna al consejo

dado por el apóstol en su primera epístola a los Corintios. El

pasaje completo dice así: «Os he escrito por carta que no os

juntéis con los fornicarios; no absolutamente con los

fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los

ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería

necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os

juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere

fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o

ladrón; con el tal ni aun comáis».3 Esto se refiere totalmente a

los que son miembros de la misma comunidad cristiana. El

apóstol se lo dice expresamente, no da este consejo de no

1 1 P. 2.21.

2 Mt. 23.2-3.

3 1 Co. 5.9-11.

En qué sentido hemos de dejar el mundo 99

juntarse con estas personas, con respecto a los paganos o a las

personas en general; y agrega esta razón muy sencilla: «en tal

caso os sería necesario salir del mundo»; no podrían realizar

ninguna transacción o negocio en él. Pero si alguien,

«llamándose hermano», que está conectado con vosotros en la

misma sociedad religiosa, «fuere fornicario, o avaro, o idólatra,

o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis».

¡Qué advertencia tan importante es ésta! ¡Pero cuán poco es

observada aun por aquéllos que en otros aspectos son cristianos

bien conscientes! Ciertamente, algunas de sus partes no son

fáciles de observar, por una razón muy sencilla: no son fáciles

de comprender. Quiero decir que no es fácil de entender a quién

corresponden esos rasgos. Es muy difícil, por ejemplo, saber,

excepto en algunos casos notorios, a quién pertenece el carácter

de «ladrón» o de «avaro». Apenas podemos conocer a uno u

otro sin aparentar que somos, por lo menos, entrometidos en lo

ajeno.4 Y sin embargo, la prohibición de mantener relaciones

con éstos es tan fuerte como la de mantenerlas con los

fornicarios o adúlteros. Sólo podemos actuar con corazones

sencillos, sin erigirnos como jueces infalibles, conforme a la

mejor luz que tenemos y con el deseo de estar todavía mejor

informados.

4. Pero aunque esta recomendación se refiere

únicamente a nuestros hermanos cristianos, (a los que al menos

lo son por profesión externa), la del texto es de una extensión

mucho más amplia: indudablemente se relaciona con toda la

humanidad. Claramente requiere de nosotros mantenernos a

distancia, hasta donde ello sea posible, de todas las personas

impías. Por cierto que parece que la palabra que traducimos

como «cosa impura», tou akazártou, podría ser más bien

traducida como «persona impura», aludiendo probablemente a

la ley ceremonial que prohibía tocar a alguien que estaba

4 1 P. 4.15.

1 00 Sermón 81

legalmente impuro.5 Pero aun aquí, si hemos de entender la

expresión literalmente, si hemos de tomar las palabras en su

sentido más estricto, se llegaría al mismo absurdo: nos sería

necesario, como dice el apóstol, «salir del mundo». No seríamos

capaces de permanecer en aquellas vocaciones que la

providencia de Dios nos ha asignado. Si no fuéramos a

relacionarnos para nada con personas con tales caracteres, nos

sería imposible tramitar nuestros negocios temporales. De modo

que todo cristiano consciente no tendría nada más que hacer que

huir al desierto. No bastaría con recluirnos, con encerrarnos en

monasterios o conventos, porque aun allí tendríamos relaciones

con personas impías para procurarnos las cosas necesarias para

la vida.

5. Esas palabras, por consiguiente, se han de entender

necesariamente con una restricción considerable. No nos

prohíben tener relación con cualquier persona, buena o mala, en

cuanto a los negocios del mundo. Mil ocasiones se presentarán

en que hemos de relacionarnos con ellos, para transar en

aquellos asuntos que no pueden ser realizados sin ellos. Y

algunos de éstos requerirán que tengamos intercambio frecuente

con bebedores o fornicarios, y también a veces nos será

requerido emplear un tiempo considerable en su compañía; de

otra manera, no nos sería posible cumplir los deberes de

nuestras diversas vocaciones. Tal intercambio con las personas,

santas o no, no es de ninguna manera contrario al consejo del

apóstol.

6. ¿Qué es entonces lo que prohíbe el apóstol? Primero,

tener trato con impíos cuando no hay ninguna necesidad,

ningún llamado providencial, ningún negocio, que necesaria-

mente lo requiere; en segundo lugar, tratar con ellos más

frecuentemente que lo que los negocios necesariamente lo

requieren; tercero, emplear más tiempo en su compañía que lo

5 Véase Lev. 5.2-3.

En qué sentido hemos de dejar el mundo 101

necesario para concluir con nuestro negocio; y, por encima de

todo, y en cuarto lugar, escoger a personas impías, por más

ingeniosas y agradables que sean, para que sean amigos «como

de la familia». Si cualquier ejemplo de esta clase ha de admitir

menos disculpa que otros, ello es lo que el apóstol prohíbe

expresamente en otro lado: unirse en yugo desigual con los

incrédulos6 en matrimonio, o sea con cualquier persona que no

tiene el amor de Dios en su corazón, o por lo menos temor de

Dios delante de sus ojos.7 No conozco nada que pueda justificar

esto, ni siquiera el buen sentido, el ingenio o la belleza de tal

persona; ni la ventaja temporal, ni el miedo a la necesidad; no,

ni siquiera el mandato de un padre o una madre. Porque si

cualquier padre o madre manda hacer lo que es contrario a la

Palabra de Dios, el hijo debe obedecer a Dios antes que a los

hombres.8

7. El fundamento de esta prohibición queda asentado

ampliamente en los versículos precedentes: «¿Qué

compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué

comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con

Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?» (Tomando

esta palabra en el sentido extenso de alguien que no tiene ni el

amor ni el temor de Dios en su corazón) «Porque vosotros sois

el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré

entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo». Y prosigue:

«Por lo cual, salid de en medio de ellos (los injustos, los hijos

de las tinieblas, los hijos de Belial, los incrédulos) y apartaos, y

no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré».9

8. Aquí está el resumen de esta prohibición: no tener

más relaciones con las personas irreligiosas que las absoluta-

6 2 Co. 6.14.

7 Ro. 3.18.

8 Hch. 5.29.

9 2 Co. 6. 14-17.

1 02 Sermón 81

mente necesarias. No puede haber una «camaradería»

provechosa entre el justo y el injusto, así como no puede haber

«comunión» entre la luz y las tinieblas (sea que uno entienda

esto como las tinieblas naturales o espirituales). Así como Cristo

no puede tener «concordia» con Belial, tampoco un creyente en

él puede tener concordia alguna con un incrédulo. Es absurdo

imaginar que pueda haber una verdadera unión o concordia

entre dos personas mientras una de ellas permanece en las

tinieblas y la otra anda en la luz.

Son súbditos no solamente de dos reinos separados, sino

también opuestos. Actúan sobre la base de principios bien

diferentes; se proponen fines totalmente diferentes. La

consecuencia será que con frecuencia, si no siempre, caminarán

por senderos diferentes. ¿Cómo podrán andar juntos, si no

estuvieren de acuerdo?10 ¿Hasta que ambos sirvan ya sea a

Cristo o a Belial?

9. ¿Y cuáles son las consecuencias de nuestra

desobediencia a este consejo? ¿De que no salgamos de en

medio de las personas irreligiosas? ¿De no permanecer

separados de ellas, sino de contraer o de continuar una relación

familiar con ellas? Es probable que inmediatamente ello no

tenga ninguna mala consecuencia aparente o visible. Difícil-

mente pueda esperarse que ello nos conduzca inmediatamente a

algún pecado exterior. Quizás en ese momento no sea causa de

que descuidemos algún deber externo. Primero habrá de minar

los fundamentos de nuestra religión; poco a poco desalentará

nuestro celo por Dios; gentilmente enfriará ese fervor de

espíritu que acompañó a nuestro primer amor. Si ellos no se

oponen abiertamente a nada de lo que nosotros decimos o

hacemos, sin embargo su mismo espíritu afectará a nuestro

espíritu en grados insensibles, y le hará transfusión de su misma

tibieza e indiferencia hacia Dios y las cosas de Dios. Debilitará

10 Am. 3.3.

En qué sentido hemos de dejar el mundo 103

todas las fuentes de nuestra alma, destruirá el vigor de nuestro

espíritu, y hará que más y más disminuya nuestro ritmo al correr

la carrera que tenemos por delante.11

10. En los mismos grados, toda relación innecesaria con

personas irreligiosas debilitará nuestra evidencia y convicción

divinas de las cosas que no se ven;12 nublará los ojos del alma,

mediante los cuales vemos a aquel que es invisible, y debilitará

nuestra confianza en él. Gradualmente abatirá nuestro gusto por

los poderes del siglo venidero,13 y amortiguará esa esperanza

que antes nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo

Jesús.14 Imperceptiblemente enfriará aquella llama de amor que

antes nos capacitó para decir: «¿A quién tengo yo en los cielos

sino a ti? ¡Y fuera de ti nada deseo en la tierra!»15 De esta

manera golpea a la raíz de toda religión vital, de nuestra

comunión con el Padre y con el Hijo.

11. En los mismos grados, y en el mismo modo secreto

e imperceptible, nos ha de preparar para que «retrocedan

nuestros pasos de nuevo a la tierra». Nos guiará suavemente a

recaer en el amor al mundo del cual habíamos huido limpiamen-

te; a caer delicadamente en «los deseos de la carne», la

búsqueda de la felicidad en los placeres de los sentidos; en «los

deseos de los ojos», la búsqueda de la felicidad en el placer de

la imaginación, y en «la vanagloria de la vida»,16 su búsqueda

en la pompa, las riquezas, y la alabanza humana. Y todo esto

puede hacerse mediante la ayuda del espíritu que «con su

11 He. 12.1.

12 He. 11.1.

13 He. 6.5.

14 Ef. 2.6.

15 Sal. 73.25.

16 1 Jn. 2.16.

1 04 Sermón 81

astucia engañó a Eva»,17 antes de que seamos sensibles de su

ataque o de que seamos conscientes de alguna pérdida.

12. Y no es sólo el amor al mundo en todas sus

ramificaciones el que necesariamente nos va cautivando

mientras nos relacionamos con personas de espíritu mundano

más allá de lo que el deber lo requiere, sino todas las otras malas

pasiones y tendencias de las que el alma humana es capaz:

particularmente el orgullo, la vanidad, espíritu de censura,

suspicacia maligna, inclinación a la venganza; mientras por otro

lado la liviandad, la diversión superficial y la disipación se

apoderan de nosotros y aumentan continuamente. Sabemos

cómo todas estas cosas abundan en las personas que no conocen

a Dios. Y es imposible que no se insinúen en todos los que se

relacionan frecuente y libremente con ellos: se insinúan más

profundamente en todos aquellos que no tienen aprehensión de

que haya peligro alguno, y sobre todo si tienen algún afecto

especial o más amor que lo que el deber requiere por quienes no

aman a Dios y con los cuales se tratan con familiaridad.

13. Hasta aquí he supuesto que las personas con

quienes tú te relacionas son ésas que solemos llamar «gente

de bien», los que son señalados, en términos vulgares actuales,

como personas de carácter «digno», una de las palabras más

tontas y sin sentido que jamás se hayan puesto de moda. Yo he

supuesto que están libres de maldecir, de blasfemar, de usar

lenguaje profano; de quebrantar el día de reposo y de

embriagarse; de lascivia en palabras o acciones; de la

deshonestidad, la mentira y la calumnia; en una palabra, que

están totalmente libres de todo vicio manifiesto de cualquier

clase. De otro modo, quienquiera tenga por lo menos temor de

Dios debe de cualquier manera mantenerse a distancia de ellos.

17 2 Co. 11.3.

En qué sentido hemos de dejar el mundo 105

Pero me temo que he hecho una suposición que difícilmente

pueda ser admitida. Me temo que algunas de las personas con

quienes tú te relacionas no merecen ni siquiera el sello de «gente

de bien», y que no son «dignos» de nada sino de vergüenza y

desprecio. ¿No viven algunos de ellos en pecado ostensible?

¿Maldiciendo y blasfemando, en embriaguez e inmundicia? Ya

no puedes seguir ignorando esto, porque ellos muy poco se

preocupan por ocultarlo. Ahora bien, ¿no es cierto que todo

vicio es por naturaleza contagioso? Porque ¿Quién puede tocar

la brea y no mancharse?18 Por lo tanto, de los tales

indudablemente debes huir, como de delante de una serpiente.19

De otro modo, ¡cuán pronto podrán las malas conversaciones

corromper las buenas costumbres!20

14. He supuesto asimismo que esas personas irreligiosas

con que tú frecuentemente tratas no tienen ningún deseo de

comunicar su propio espíritu a ti, o de inducirte a ti a seguir su

ejemplo. Pero ésta también es una suposición que difícilmente

pueda ser admitida. En muchos casos su interés puede ganar

ventaja al ser tú participante de sus pecados. Pero suponiendo

que el interés está fuera de la cuestión, ¿no desea naturalmente

toda persona, y más o menos se esfuerza para ello, atraer a sus

conocidos a su propia opinión o partido? De modo que así como

todas las personas buenas desean hacer que otros lleguen a ser

buenos como ellos y para ello se esfuerzan, del mismo modo las

personas malas desean y se esfuerzan para que sus compañeros

se vuelvan tan malos como ellos.

15. Pero si no lo hacen, si admitimos esta suposición

casi imposible: que ellos no desean ni hacen ningún esfuerzo

para que nos convirtamos a su propio carácter y prácticas, aun

18 Eclo. 13.1.

19 Ap. 12.14.

20 1 Co. 15.33.

1 06 Sermón 81

así es peligroso relacionarse con ellos. Hablo no solamente

acerca de las personas francamente viciosas, sino de todos los

que no aman a Dios o que por lo menos no le temen ni

sinceramente buscan el reino de Dios y su justicia.21

Admitiendo que esos compañeros no se esfuerzan en hacerte a

ti como a uno de ellos, ¿acaso esto prueba que no estás en

peligro por su causa? ¡Mira ese pobre miserable enfermo de una

plaga! Él no desea ni hace el más mínimo esfuerzo para

comunicarte su enfermedad. Sin embargo, ¡ten cuidado! ¡No lo

toques! No, no te le acerques, o no sabes cuán pronto podrás

estar en su misma condición! Para trazar un paralelo: aunque

supusiéramos que el hombre del mundo no lo desea, ni se lo

propone ni se esfuerza en comunicarte su desarreglo, ¡no lo

toques! No te le acerques demasiado. Porque no son solamente

sus razonamientos o sus persuasiones lo que puede infectar tu

alma, sino que su propio aliento es infeccioso, particularmente

para aquellos que no tienen aprehensión a ningún peligro.

16. Si relacionarte libremente con personas de

mentalidad mundana no tiene ningún otro mal efecto sobre ti,

seguramente que gradual e imperceptiblemente apartará tu

mente de las cosas celestiales. Dará a tu mente una predisposi-

ción que arrastra permanentemente tu alma hacia la tierra. Te

inclinará, sin que seas consciente de ello, para que en vez de ser

transformado por la renovación de tu entendimiento, te

conformes nuevamente a este siglo,22 a su espíritu, a sus pautas

y a su vana conversación. Caerás nuevamente en esa liviandad

y disipación del espíritu de la cual antes habías escapado

limpiamente, en esa superficialidad de las apariencias y en esa

conducta tonta, inconsistente y sin provecho que para ti eran

abominables cuando tu alma vivía para Dios. Y diariamente irá

21 Mt. 6.33.

22 Ro. 12.2.

En qué sentido hemos de dejar el mundo 107

decayendo esa sencillez de lenguaje y de conducta con la cual

en un tiempo adornaste la doctrina de Dios nuestro Salvador.

17. Y si vas tan lejos en tu conformidad con el mundo,

difícilmente pueda esperarse que te detengas allí. Irás más lejos

en corto tiempo; una vez que hayas perdido pie y comenzado a

deslizarte barranca abajo, hay mil probabilidades contra una que

no te vas a detener hasta que llegues al pie de la cuesta; hasta

que tú mismo caigas en uno de esos pecados externos que tus

compañeros cometen delante de tus ojos o a tus oídas. Con ello,

el espanto y el horror que al principio te golpearon disminuirán

gradualmente, hasta que al final ellos prevalecerán sobre ti y

seguirás su ejemplo. Pero supongamos que no te conducen al

pecado externo; si ellos infectan tu espíritu con orgullo, ira, o

amor al mundo, es suficiente: con eso basta, si no hay profundo

arrepentimiento, para ahogar tu alma en la perdición eterna por

cuanto, aparte de todo pecado externo, ocuparse de la carne es

muerte.23

18. Pero peligroso como es relacionarse con

familiaridad con hombres que no conocen a Dios, más peligroso

aun es para los hombres relacionarse con mujeres de tal

condición; pues ellas son más insinuantes que los hombres, y

tienen un poder de persuasión mucho más grande,

particularmente si tienen una personalidad agradable o una

conversación placentera. Tienes que ser más que hombre si

puedes relacionarte con las tales y no sufrir ninguna pérdida. Si

no sientes ningún deseo imprudente o impuro (¿y quién puede

prometer que no lo sentirás?), es escasamente posible que no

sientas más o menos que padeces de una inapropiada blandura,

lo cual te hará menos dispuesto y menos capaz de persistir en

ese hábito de negarte a ti mismo y tomar cada día tu cruz,24 en

23 Ro. 8.6.

24 Lc. 9.23.

1 08 Sermón 81

lo cual consiste el carácter de un buen soldado de Jesucristo.25

Y sabemos que no sólo los fornicarios y los adúlteros, sino

también los blandos y afeminados,26 los delicados seguidores

del Maestro que se negó a sí mismo, no tienen herencia en el

reino de Cristo y de Dios.27

19. Tales son las consecuencias que seguramente han de

sobrevenir, aunque quizás lentamente, cuando se mezclan los

hijos e hijas de Dios con las personas del mundo. Y de esta

manera, más bien que por ninguna otra ni que por todos los otros

medios puestos juntos, el pueblo llamado metodista perderá

probablemente su fuerza y se volverá como los demás.28

Ciertamente que es con un buen propósito y por causa de un

deseo real de promover la gloria de Dios, que muchos de ellos

admiten un trato familiar con las personas que no conocen a

Dios. Tienes la esperanza de despertarlos de su sueño, y de

persuadirlos a buscar las cosas que contribuyen a su paz. Pero si

después de un tiempo competente de prueba no puedes hacer

ninguna impresión en ellos, tu sabiduría consistirá en dejarlos

en manos de Dios. De otro modo, es más probable que tú seas

dañado por ellos antes que puedas hacerles algún bien. Porque

si tú no levantas sus corazones al cielo, ellos derribarán el tuyo

a tierra. Por lo tanto, retírate a tiempo, y sal de en medio de ellos

y apártate.

20. Pero ¿cómo puede hacerse esto? ¿Cuál es el método

más fácil y efectivo para separarnos de las personas irreligiosas?

Quizás unos pocos consejos aclararán este asunto a quienes

desean conocer y hacer la voluntad de Dios.

En primer lugar, no invites a ninguna persona

irreligiosa a tu casa excepto en alguna ocasión muy especial.

25 2 Ti. 2.3.

26 1 Co. 6.9.

27 Ef. 5.5.

28 Alusión a Sansón, conforme a Jue. 16.7-17.

En qué sentido hemos de dejar el mundo 109

Puedes decir: «Pero la buena educación lo requiere, y

seguramente que la religión no es enemiga de la buena

educación». El apóstol mismo nos aconseja ser amigables tanto

como compasivos.29 Respondo: Puedes ser bien educado,

bastante bien educado, y sin embargo mantener a esas personas

a una distancia apropiada. Puedes ser cortés en mil

circunstancias, y no obstante, mantenerte apartado de ellos. Y

nunca fue la intención del apóstol recomendar una cortesía tal

que fuese un lazo para el alma.

21. En segundo lugar, con ningún motivo aceptes una

invitación de una persona irreligiosa. Nunca te dejes compeler

a hacer una visita a menos que desees que ella te sea devuelta.

Puede ser que una persona que desea familiarizarse contigo

repita la visita dos o tres veces. Pero si tú te abstienes de

devolvérsela el visitante pronto se cansará. No es improbable

que se sienta desobligado, y quizá muestre señales de

resentimiento. Has de estar preparado para ello, de modo que

cuando algo así acontezca, ni te sorprendas ni te desanimes. Es

mejor agradar a Dios y desagradar a los humanos que agradar a

los humanos y desagradar a Dios.

22. En tercer lugar, es probable que tuvieses

familiaridad con personas de este mundo antes que tú mismo

conocieses a Dios. ¿Qué es lo mejor que se puede hacer al

respecto? ¿Cómo puedes dejar más fácilmente el trato con ellos?

Primero, deja que haya tiempo suficiente para probar si puedes,

mediante los argumentos o la persuasión, empleados con

suavidad y a su debido tiempo, inducirlos a escoger la buena

parte.30 No escatimes esfuerzos. Ejerce toda tu fe y tu amor, y

lucha con Dios para bien de ellos. Si después de todo no puedes

percibir que les has hecho impresión alguna, será tu

deber apartarte gentilmente, para que no te veas enredado con

29 1 P. 3.8.

30 Lc. 10.42.

1 10 Sermón 81

ellos. Esto puede hacerse en poco tiempo, fácil y

tranquilamente, con no devolverles sus visitas. Pero puedes

esperar que te reprochen con altivez y sin ninguna amabilidad,

si no en tu cara, seguramente a tus espaldas. Y esto puedes

sufrirlo a cambio de una buena conciencia. Esto es precisamente

el vituperio de Cristo.31

23. Cuando Dios tuvo el agrado de darme la resolución

estable de ser un cristiano no nominal sino real (teniendo

entonces alrededor de veintidós años de edad) mis conocidos

eran tan ignorantes de Dios como yo. Pero había una

diferencia: yo conocía mi propia ignorancia, ellos no conocían

la suya. Débilmente me esforcé por ayudarles, pero fue en

vano. Mientras tanto, hallé por triste experiencia que aun la así

llamada inofensiva relación con ellos desalentaba todas mis

buenas resoluciones. Pero el problema era cómo deshacerme

de ellos, lo cual mentalmente decidí una y otra vez. No veía

ninguna posibilidad, a menos que Dios tuviese el agrado de

trasladarme a otra facultad. Así lo hizo, de una manera

totalmente contraria a toda probabilidad humana. Fui elegido

como miembro de una facultad donde no conocía a nadie.

Preveía que muchísima gente me vendría a ver, ya sea por

amistad, por cortesía o por curiosidad, y que recibiría la oferta

de nuevas y viejas relaciones. Pero entonces yo me había fijado

un plan. Al entrar, como acontecía, en un nuevo mundo, resolví

no formar relaciones al azar, sino por elección, y elegir

únicamente a quienes yo tuviese razón para creer que me

ayudarían en mi camino al cielo. Por consiguiente, observé

estrictamente el temperamento y la conducta de todos los que

me visitaron. No vi ninguna razón para pensar que la mayor

parte de éstos amaran o temieran a Dios. Por lo tanto, no

escogí tales relaciones: no podía esperar que ellos me hicieran

algún bien. Entonces, cuando alguno de éstos venía a verme,

31 He. 11.26.

En qué sentido hemos de dejar el mundo 111

me comportaba tan cortésmente como podía. Pero cuando me

preguntaban: «¿Cuándo vendrá usted a verme?» no le daba

respuesta. Cuando habían venido unas cuantas veces, y hallaban

que yo todavía declinaba devolver la visita, no los veía más. Y

bendigo a Dios que ésta ha sido mi regla invariable durante

cerca de sesenta años. Yo sabía que se seguirían muchos

comentarios, pero eso no me conmovía, porque sabía muy bien

que era mi llamamiento andar por mala fama y por buena

fama.32

24. Sinceramente os aconsejo a todos vosotros los que

resolvéis ser no «casi, sino plenamente cristianos», que

adoptéis el mismo plan, por más contrario que sea a la carne y

la sangre. Observa estrictamente cuáles de aquellos que

encuentras en tu camino tienen afinidad contigo. ¿Quién de

entre ellos tienes razón para creer que teme a Dios y hace

justicia?33 Anótalos como dignos de relacionarse contigo;

frecuenta esa relación alegre y libremente en todas las

oportunidades. En cuanto a todos los que no responden a esa

característica, amable y tranquilamente déjalos que se vayan.

Por más sensibles y de buen genio que sean, no te rendirán

ningún verdadero servicio. Y aunque no te conduzcan a ningún

pecado externo, serán una obstrucción permanente a tu alma, e

impedirán que corras con vigor y animadamente la carrera que

tienes por delante.34 Y si algunos de tus amigos que alguna vez

corrió bien se vuelve atrás del santo mandamiento que les fue

dado,35 utiliza primero todos los métodos que la prudencia

puede sugerir para traerlos de regreso al buen camino. Pero si

no puedes prevalecer, déjalos que se vayan; solamente continúa

32 2 Co. 6.8.

33 Hch. 10.35.

34 He. 12.1

35 2 P. 2.21.

1 12 Sermón 81

encomendándolos a Dios en oración. Abandona todo trato

familiar con ellos, y salva tu alma.36

25. Te aconsejo, en cuarto lugar, que te muevas con

circunspección con respecto a tus relaciones. Con tus padres,

sean religiosos o no, debes por cierto mantener la relación si

ellos lo desean, y también con tus hermanos y hermanas, más

particularmente si ellos desean tu servicio. No sé si estás bajo

tal obligación con respecto a tus parientes más distantes. Por

cierto que la cortesía y el afecto natural pueden requerir que los

visites a veces. Pero si ni conocen ni buscan a Dios, ciertamente

debería ser lo más a menudo que sea posible. Y cuando estás

con ellos no deberías quedarte un día más de lo que la decencia

requiere. Además, con cualquiera de ellos que estés recuerda en

todo momento aquella solemne advertencia del apóstol:

«Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la

que sea buena para la necesaria edificación, para dar gracia a

los oyentes».37 No tienes autoridad para desviarte de esta regla;

de otra manera contristas al Espíritu Santo de Dios.38 Y si te

mantienes aferrado a ella, aquellos que no tienen ninguna

religión pronto se dispensarán de tu compañía.

26. Es de esta manera que todos los que temen o aman

a Dios deben «salir de en medio» de todos los que no le temen.

De esta manera, en el sentido llano de las Escrituras, debes

«apartarte» de ellos, de todo trato innecesario con ellos. Así

es: «No toquéis», dice el Señor, «ninguna cosa o persona

impura» más allá de lo que la necesidad requiere; «y yo os

recibiré» en la familia y en la casa de Dios. «Y seré para

vosotros por Padre», os abrazaré con paternal afecto, «y

vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso».

Es una promesa expresa para todos los que renuncian a la

36 Ez. 33.9.

37 Ef. 4.29.

38 Ef. 4.30.

En qué sentido hemos de dejar el mundo 113

compañía de personas irreligiosas, siempre que su espíritu y su

comportamiento sean en otros aspectos también adecuados a su

oficio. Aquí Dios se compromete absolutamente a darles todas

las bendiciones que ha preparado para sus amados hijos, tanto

en el tiempo como en la eternidad. Por lo tanto, que todos

aquellos que tienen alguna consideración por el favor y la

bendición de Dios cuiden, en primer lugar, cómo contraen

alguna relación o forman alguna conexión con personas

irreligiosas más allá de lo que los negocios necesarios o algún

otro llamado providencial requieren; y, en segundo lugar, que

con toda la rapidez posible, con todo lo que la naturaleza del

asunto lo admita, rompan totalmente la relación ya contraída y

todas las conexiones ya formadas. Que ningún placer resultante

de esa relación, ninguna ganancia encontrada o esperada de tales

conexiones sea de alguna consideración cuando se pone en la

balanza en contrapeso a un mandamiento claro y positivo de

Dios. En tal caso, «arráncate tu ojo derecho», deshace la

relación más placentera «y apártala de ti», abandona toda idea

y todo propósito de buscarla nuevamente. «Córtate la mano

derecha», renuncia absolutamente a la conexión más

provechosa, «y échala de ti».39 «Mejor te es entrar con un solo

ojo en la vida», o con una sola mano, «que teniendo dos, ser

echado en el infierno de fuego».40

Otley, 17 de julio de 1784.

39 Mt. 5.29-30.

40 Mt. 18.9.