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Sermón 69 - La imperfección del conocimiento humano

1 Corintios 13.9

En parte conocemos.

1. El deseo de conocer es un principio universal en el ser

humano, insertado en su más íntima naturaleza. No es variable,

sino constante en toda criatura racional, excepto cuando está

suspendido por algún deseo más fuerte. Y es insaciable: «Nunca

se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír»,2 ni tampoco la mente

por cualquier grado de conocimiento que le sea transmitido. Y

está implantado en cada alma humana con propósitos

excelentes. Con él se intenta impedir que hallemos nuestro

descanso en cualquier cosa terrenal, para que alcemos nuestro

pensamiento a objetos cada vez más elevados, más y más dignos

de nuestra consideración, hasta que ascendamos a la fuente de

todo conocimiento y de toda excelencia, el Creador pleno de

sabiduría y de gracia.

2. Pero aunque nuestro deseo de conocer no tiene

límites, nuestro conocimiento mismo los tiene. Ciertamente

está confinado dentro de límites muy estrechos, muchísimo más

estrechos que lo que la gente común admite o lo que los

1 En este sermón, probablemente más que en cualquier otro, Wesley se muestra hijo

de su época. Su entendimiento del mundo refleja la ciencia de entonces. Y lo mismo

ha de decirse acerca de su entendimiento de otras culturas y sociedades. Así, al leer

los párrafos que siguen, encontraremos expresiones acerca de otros pueblos y culturas

que hoy nos parecen harto negativas y prejuiciadas. Será bueno que al toparnos con

tales pasajes recordemos que ellos confirman la tesis de Wesley en este sermón, «la

imperfección del conocimiento humano». Y recordemos también que nuestro propio

conocimiento, por muy avanzado que nos parezca, es igualmente imperfecto.

2 Ec. 1.8.

61

62 Sermón 69

instruidos están dispuestos a reconocer, lo cual es un poderoso

anuncio (dado que el Creador no hace nada en vano) de que

habrá un estado futuro en el cual el deseo ahora insaciable será

satisfecho, y que ya no habrá una distancia tan inmensa entre el

apetito y su objeto.

3. El actual conocimiento humano está perfectamente

adaptado a nuestras necesidades presentes. Es suficiente para

advertirnos y preservarnos de la mayoría de los males a los

cuales estamos ahora expuestos y procurarnos cualquier cosa

que nos sea necesaria en éste nuestro estado infantil de

existencia. Sabemos lo suficiente acerca de la naturaleza y de

las cualidades sensibles de las cosas que nos rodean, en la

medida necesaria para la salud y fortaleza de nuestros cuerpos.

Sabemos cómo procurar y preparar nuestros alimentos;

sabemos qué clase de tela es apta para cubrirnos; sabemos cómo

construir nuestras casas y equiparlas con todas las cosas

convenientes y necesarias. Conocemos justamente lo que es

conducente a una vida adecuada en este mundo. Pero acerca de

las innumerables cosas que están arriba, debajo y alrededor

nuestro sabemos muy poco aparte de que existen. Y en ésta

nuestra profunda ignorancia se percibe la bondad así como

también la sabiduría de Dios, al limitar el conocimiento por

todos lados con el propósito de apartar del varón la soberbia.3

4. Por lo tanto, es por la misma constitución de su

naturaleza que los más sabios solamente conocen en parte.4 ¡Y

qué porción asombrosamente pequeña conocen ya sea del

Creador como de sus obras! Éste es un tema muy necesario,

pero también muy desagradable, porque así el hombre vano se

hará entendido.5 Reflexionemos sobre esto por un rato. ¡Y que

3 Job 33.17.

4 1 Co. 13.12.

5 Job 11.12.

La imperfección del conocimiento humano 63

el Dios de sabiduría y de amor abra nuestros ojos para que

discernamos nuestra propia ignorancia!

I.1. Comenzaremos con el mismo gran Creador: ¡Cuán

asombrosamente poco sabemos de Dios! ¡Qué porción tan

pequeña conocemos de su naturaleza y de sus atributos

esenciales! ¿Qué concepto podemos formarnos de su

omnipresencia? ¿Quién es capaz de comprender cómo Dios está

en éste y en todo lugar? ¿Cómo llena la inmensidad del espacio?

Si los filósofos, al negar la existencia del vacío, sólo quisieron

decir que no hay ningún lugar vacío de Dios, que todo punto del

espacio infinito está lleno de Dios, ciertamente nadie puede

cuestionarlo. Pero aun así, admitiendo este hecho, ¿qué es la

omnipresencia o la ubicuidad? El hombre no es más capaz de

comprender esto que de abarcar el universo.

2. Sir Isaac Newton intenta ilustrar esta omnipresencia

o inmensidad de Dios mediante una fuerte expresión, llamando

al espacio infinito «el sensorium (órgano sensorial) de la

Deidad». Y los mismos paganos no tuvieron escrúpulos en

decir: «Todas las cosas están llenas de Dios», en perfecta

equivalencia con su propia declaración: «¿No lleno yo, dice

Jehová, el cielo y la tierra?»6 ¡Cuán hermosamente ilustra esto

el salmista! «¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré

de tu presencia? Si subiere a los cielos allí estás tú; y si en el

Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas

del alba y habitare en el extremo de la mar, aun allí me guiará

tu mano, y me asirá tu diestra».7 Pero mientras tanto, ¿qué

concepto podemos formarnos de su eternidad o inmensidad?

Tal conocimiento es demasiado maravilloso para nosotros: no

podemos alcanzarlo.8

6 Jer. 23.24.

7 Sal. 139.7-10.

8 Sal. 139.6.

64 Sermón 69

3. Un segundo atributo esencial de Dios es la eternidad.

Él existió antes de todo tiempo. Quizás podríamos decir más

adecuadamente que él existe de perpetuidad a perpetuidad.

Pero, ¿qué es la eternidad? Un celebrado autor dice que la

eternidad divina es «Vitae interminabilis tota simul et perfecta

possessio» (la simultánea posesión entera y perfecta de la vida

perdurable).9 Pero, ¿cuánto más sabios somos debido a esta

definición? Sabemos justamente lo mismo que sabíamos antes.

«La simultánea posesión entera y perfecta». ¿Quién puede

concebir lo que esto significa?

4. Si realmente Dios hubiera estampado una idea de sí

mismo en toda alma humana, ciertamente deberíamos haber

entendido algo de éstos, así como de sus otros atributos, porque

no podemos suponer que él hubiera impreso en nosotros una

idea falsa o imperfecta de sí mismo. Pero la verdad es que nadie

halló jamás ni halla ahora una idea semejante grabada en su

alma. Lo poco que conocemos de Dios (excepto lo que

recibimos por inspiración del Santo) no lo tomamos de una

impresión interna, sino que lo adquirimos gradualmente de

afuera. Las cosas invisibles de Dios (si es que en algo las

conocemos) son entendidas por medio de las cosas hechas;10 no

por lo que Dios ha escrito en nuestros corazones, sino por lo que

él ha escrito en todas sus obras.

5. Luego, por sus obras, particularmente sus obras de

creación, hemos de aprender el conocimiento de Dios. Pero no

es fácil concebir cuán poco conocemos aun de éstas. Para

comenzar con las que están más distantes. ¿Quién sabe cuán

lejos se extiende el universo? ¿Cuáles son sus límites? Las

estrellas del alba pueden contarlo, las cuales alababan

cuando sus cordeles fueron extendidos,11 cuando Dios dijo:

9 Véase Boecio, La consolación de la filosofía, 5.6.

10 Ro. 1.20.

11 Job 38.5, 7.

La imperfección del conocimiento humano 65

«¡Sea ésta tu circunferencia exacta, oh mundo!»12 Pero todo lo

que está más allá de las estrellas fijas queda totalmente

escondido de los humanos. ¿Y qué sabemos de las estrellas

fijas? ¿Quién puede decir su número? ¿Tan siquiera de esa

pequeña porción de ellas que por su luz reunida formamos eso

que llamamos la Vía Láctea? ¿Y quién conoce su utilidad?

¿Existen muchísimos soles que iluminan a sus respectivos

planetas? ¿O solamente ministran a éste (como supone el Sr.

Hutchinson) y contribuyen de una manera ignorada a la

circulación perpetua de la luz y del espíritu? ¿Quién sabe lo que

son los cometas? ¿Son planetas aún no formados plenamente?

¿O planetas destruidos por una conflagración? ¿O son cuerpos

de una naturaleza totalmente diferente, de la cual no podemos

formarnos ninguna idea? ¿Quién puede decirnos qué es el sol?

Conocemos su utilidad, pero ¿quién sabe de qué sustancia está

compuesto? ¡Ni siquiera somos capaces de determinar si es

fluido o sólido! ¿Quién sabe cuál es la distancia exacta desde el

sol a la Tierra? Muchos astrónomos están persuadidos que es de

cien millones de millas; otros de que son sólo ochenta y seis

millones, aunque generalmente lo consideran noventa. Pero

algunos igualmente importantes dicen que no son más de

cincuenta, y algunos de ellos que son solamente doce. Y al final

viene el Dr. Rogers, ¡y demuestra que son apenas dos millones

novecientas mil millas! ¡Tan poco sabemos aun de esta gloriosa

luminaria, ojo y alma del mundo inferior! Y apenas lo mismo

de los planetas que lo rodean, y de nuestro propio planeta, la

luna. ¡Algunos ciertamente han descubierto «ríos y llanuras

sobre su globo manchado»;13 y aun han señalado todos sus

mares y continentes! Pero, después de todo, no conocemos nada

de esta cuestión. No tenemos otra cosa que meras conjeturas

acerca del cuerpo celestial más cercano.

12 Cita de Milton, El Paraíso Perdido, vii.231.

13 Cita de John Milton, El Paraíso Perdido, i.291.

66 Sermón 69

6. Pero vayamos a las cosas que están todavía más cerca,

e indaguemos qué conocimiento tenemos de ellas. ¿Cuánto

sabemos de esa realidad maravillosa, la luz? ¿Cómo se nos

comunica? ¿Fluye del sol en una corriente continua? ¿O acaso

el sol impulsa a las partículas cercanas a su órbita, y así

prosigue, hasta el confín de su sistema? Además, ¿gravita la luz

o no? ¿Atrae o rechaza a otros cuerpos? ¿Está sujeta a las leyes

generales que rigen a toda otra materia? ¿O es un cuerpo sui

generis, totalmente diferente de toda otra materia? ¿Es lo mismo

que el fluido eléctrico o no? ¿Quién puede explicar el fenómeno

de la electricidad? ¿Quién sabe por qué algunos cuerpos

conducen el fluido eléctrico y otros detienen su curso? ¿Por qué

la ampolla puede ser cargada hasta cierto punto y no más? Mil

otras preguntas pueden ser hechas bajo este acápite, las cuales

ninguna persona viviente puede responder.

7. Pero seguramente que comprendemos el aire que

respiramos y que nos circunda por doquier. Debido a esa

admirable propiedad de la elasticidad, es la fuente general de la

naturaleza. Pero, ¿es la elasticidad esencial al aire e inseparable

de él? No, pues últimamente ha sido probado mediante

innumerables experimentos que el aire puede ser fijado, esto es,

privado de elasticidad, y generado, o sea que ésta le sea

restaurada. ¡Por lo tanto, no es elástico sino en cuanto se halla

conectado con fuego eléctrico! ¿Y no es este fuego etéreo o

eléctrico lo único verdadera y esencialmente elástico en la

naturaleza? ¿Quién sabe mediante qué poder el rocío, la lluvia

y otros vapores se levantan y caen en el aire? ¿Podemos dar

cuenta de estos fenómenos mediante los principios comunes?

¿O debemos concordar con un ingenioso autor ya fallecido que

esos principios son totalmente insuficientes y que no pueden

explicarse sino sobre la base del principio de la electricidad?

8. Descendamos ahora a la tierra sobre la cual pisamos

y que Dios ha dado particularmente a los seres humanos.

¿Entienden esto esos humanos? Supongamos que el globo

La imperfección del conocimiento humano 67

terráqueo tenga siete u ocho mil millas de diámetro, ¿cuánto de

esto conocemos? Quizás una milla o dos de su superficie: ésa

es la distancia a la cual la técnica del hombre ha penetrado.

Pero ¿quién puede informarnos qué se encuentra debajo de

esto? ¿Debajo de la región de piedras, metales, minerales y

otros fósiles? Ésta es sólo una corteza delgada que contiene

una proporción sumamente pequeña del todo. ¿Quién puede

ponernos al corriente de las partes interiores del globo? ¿De

qué están hechas? ¿Hay un fuego central, una gran reserva que

no solamente provee a las grandes montañas ardientes, sino

que también sirve (aunque no sabemos cómo) a la maduración

de las gemas y de los metales, y quizás también a la producción

de los vegetales y al bienestar de los animales? ¿O está conteni-

da la gran profundidad en las entrañas de la tierra, como un

abismo central de aguas? ¿Quién lo ha visto? ¿Quién puede

decirlo? ¿Quién puede dar alguna satisfacción sólida a un

investigador racional?

9. ¡Cuánto de la misma superficie del globo es todavía

totalmente desconocida para nosotros! ¡Cuán poco sabemos de

las regiones polares, ya sea del norte o del sur, en Europa o en

Asia! ¡Cuán poco de esas vastas regiones interiores de África o

de América! Mucho menos sabemos acerca de lo que está

contenido en el ancho mar, el gran abismo que cubre una parte

tan grande del globo. La mayoría de sus cámaras son

inaccesibles al hombre, de modo que no podemos decir cómo

están provistas. ¡Cuán poco sabemos de aquellas cosas que hay

en tierra seca y que están al alcance de nuestros sentidos!

Consideremos aun los metales o piedras más simples: ¡cuán

imperfectamente estamos al corriente de su naturaleza y

propiedades! ¿Quién sabe qué es lo que distingue a los metales

de todos los otros materiales? Alguien responde: «Pues que

son más pesados». Muy cierto, pero ¿por qué son más

pesados? ¿Cuál es la diferencia específica entre los metales y las

piedras? ¿O entre un metal y otro? ¿Entre el oro y la plata?

68 Sermón 69

¿Entre el estaño y el plomo? ¡Todo es misterio para los seres

humanos!

l0. Vayamos al reino vegetal. ¿Quién puede demostrar

si en cualquier vegetal la savia circula regularmente a lo largo

de sus vasos o no? ¿Quién puede señalar la diferencia específica

entre una clase de planta y otra? ¿O su conformación interna

peculiar y la disposición de sus partes componentes? ¿Qué

persona viviente entiende plenamente la naturaleza y

propiedades de cualquier planta bajo el cielo?

11. Con respecto a los animales: ¿Son los así llamados

animales microscópicos verdaderos animales o no? Si lo son,

¿no son esencialmente diferentes a todos los otros animales del

universo, al no requerir ningún alimento, ni engendrar ni ser

engendrados? ¿Son de alguna manera animales o meramente

partículas inanimadas de materia en estado de fermentación?

¡Cuán totalmente ignorantes son los investigadores más sagaces

con respecto a todo el asunto de la generación! Aun acerca de la

generación humana. En el libro del Creador ciertamente

estaban escritos todos nuestros miembros, que luego fueron

formados, cuando ninguno de ellos aun existía.14 Pero

¿mediante qué regla fueron formados? ¿De qué manera? ¿Por

qué medios fue transmitido el primer movimiento al punctum

saliens?15 ¿Cuándo y cómo fue agregado el espíritu inmortal al

barro insensible? Todo es misterio. Y sólo podemos decir:

«Estoy temeroso y maravillado».16

12. Con respecto a los insectos, son muchos los

descubrimientos que se han hecho últimamente. ¡Mas cuán

poco es lo que se ha descubierto en comparación con lo aún no

descubierto! ¡Cuántos millones de ellos, debido a su extrema

14 Sal. 119.16.

15 «Punctum saliens»: Expresión técnica que empleaban algunos sabios para designar

el «punto» en un huevo o embrión donde se pensaba que comenzaba espontáneamente

la vida.

16 Sal. 139.14.

La imperfección del conocimiento humano 69

pequeñez, escapan totalmente a nuestras investigaciones! Y por

cierto que las partes diminutas de los animales más grandes

eluden nuestra máxima diligencia. ¿Tenemos acaso un

conocimiento más completo de los peces que el que tenemos de

los insectos? Una gran parte, si no la mayor parte de los

habitantes de las aguas, nos está totalmente oculta. Es probable

que las especies de animales marítimos sean en total tan

numerosas como las de los animales terrestres. ¡Pero cuán pocas

de ellas nos son conocidas! Y de éstas es muy poco lo que

conocemos. Con las aves estamos un poco más familiarizados,

pero ciertamente apenas un poco más. Porque de muchas de

ellas apenas conocemos algo más que su forma exterior.

Conocemos unas pocas propiedades obvias de otras,

mayormente aquellas que frecuentan nuestras casas. Pero ni

siquiera de ellas tenemos un conocimiento completo y

adecuado. ¡Qué poco conocemos de las bestias! No sabemos de

dónde surgen las diferentes tendencias y cualidades, no sólo en

sus diferentes especies, sino en individuos de la misma especie;

y así es frecuentemente entre aquellos que provienen de los

mismos padres, aunque sean ambos machos o hembras. ¿Son

ellos meras máquinas? Entonces son incapaces de sentir placer

o pena. Entonces no tienen sentidos; no ven ni oyen; no gustan

ni huelen. Mucho menos pueden conocer o recordar, o moverse

a menos que sean impelidos desde afuera. Pero todo esto, como

lo muestran los experimentos cotidianos, es enteramente

contrario a los hechos.

13. Bien, pero si no conocemos ninguna otra cosa, ¿no

nos conocemos a nosotros mismos? ¿A nuestros cuerpos y

nuestras almas? ¿Qué es nuestra alma? Sabemos que es un

espíritu. Pero, ¿qué es un espíritu? Aquí estamos totalmente

detenidos. ¿Dónde está alojada el alma? ¿En la glándula pineal?

¿En todo el cerebro? ¿En el corazón? ¿En la sangre? ¿En una

parte cualquiera del cuerpo? ¿O (si alguien puede entender

estos términos) «toda en todo, y toda en cada parte»? ¿Cómo

70 Sermón 69

está unida el alma al cuerpo? ¿Un espíritu a un terrón? ¿Cuál es

la cadena secreta e imperceptible que los une? ¿Puede el más

sabio de los humanos dar una respuesta satisfactoria a

cualquiera de estas sencillas preguntas?

Y en cuanto a nuestro mismo cuerpo, ¡qué poco

sabemos! Durante el sueño nocturno, un hombre sano, cuando

suda, transpira la cuarta parte de lo que transpira cuando no

duerme. ¿Quién puede explicar esto? ¿Qué es la carne? ¿Y en

particular la de los músculos? ¿Son las fibras que la componen

de un tamaño determinado, de modo que pueden ser divididas

hasta ahí y no más? ¿O son resolubles in infinitum (hasta el

infinito)? ¿Cómo actúa un músculo? ¿Se infla, y por

consiguiente queda más corto? Pero ¿con qué se infla? Si lo es

con sangre, ¿cómo y de dónde viene la sangre? ¿Y a dónde va

luego que el músculo se relaja? ¿Son los nervios permeables o

sólidos? ¿Cómo actúan? ¿Por vibración o por transmisión de

espíritus animales? ¿Quién sabe qué son los espíritus animales?

¿Son fuego eléctrico? ¿Qué es dormir? ¿En qué consiste? ¿Qué

es soñar? ¿Cómo podemos distinguir los sueños de los

pensamientos en vigilia? Dudo que alguien lo sepa. ¡Oh, cuán

poco sabemos aun acerca de nosotros mismos! ¿Qué podemos

esperar saber acerca de toda la creación de Dios?

II.1. Pero, ¿no estamos más al tanto de sus obras de

providencia que de sus obras de creación? Es uno de los

primeros principios de la religión que su reino gobierna sobre

todo, de modo que podemos decir con confianza: «¡Oh

Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la

tierra!»17 Es una presunción infantil suponer que el azar

gobierna el mundo o que tiene alguna participación en ese

gobierno; no, ni aun en aquellas cosas que para el ojo vulgar

parecen ser perfectamente casuales. La suerte se echa en el

17 Sal. 8.1, 9.

La imperfección del conocimiento humano 71

regazo, mas de Jehová es la decisión de ella.18 Nuestro bendito

Señor mismo ha puesto este asunto más allá de toda duda: él

dijo que ni un pajarillo cae a tierra sin la voluntad de vuestro

Padre que está en el cielo».19 Y para decirlo todavía con más

fuerza: «Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos

contados».20

2. Pero aunque estamos bien convencidos de esta verdad

general, o sea que todas las cosas son gobernadas por la

providencia de Dios (en palabras del orador pagano, «deorum

moderamine cuncta geri»),21 sin embargo, ¡cuán asombrosa-

mente poco sabemos de los aspectos particulares contenidos en

este enunciado general! ¡Cuán poco entendemos de su trato

providencial con respecto a las naciones, a las familias o a los

individuos! Hay alturas y profundidades en todo ello que

nuestro entendimiento no puede de ninguna manera sondear.

Ahora sólo podemos comprender una pequeña parte de sus

caminos; el resto lo conoceremos en el futuro.

3. Aun con respecto a naciones enteras, ¡cuán poco

comprendemos del trato providencial de Dios con ellas! ¡Cuán

incontables son las naciones que florecieron alguna vez en el

mundo oriental, sembrando el terror a su derredor, y su

memoria pereció con ellas!22 Y no ha sido de otra manera en

occidente. Leemos acerca de muchos reinos europeos grandes

y poderosos de los cuales sólo quedan sus nombres: la gente se

ha esfumado, y son como si nunca hubiesen existido. Pero por

qué plugo al todopoderoso Gobernador del mundo barrerlos

con la escoba de destrucción,23 no lo podemos decir, siendo

18 Pr. 16.33.

19 Mt. 10.29.

20 Lc. 12.7.

21 Cicerón, De la naturaleza de los dioses, 2.30.75.

22 Sal. 9.6.

23 Is. 14.23.

72 Sermón 69

que quienes les sucedieron fueron muchas veces muy poco

mejores que ellos.

4. Pero no es solamente con respecto a las antiguas

naciones que las dispensaciones providenciales de Dios nos son

totalmente incomprensibles: las mismas dificultades acontecen

ahora. No podemos rendir cuenta de sus tratos presentes con los

habitantes de la Tierra. Sabemos que el Señor es bueno para con

todos, y sus misericordias son sobre todas sus obras.24 Pero no

sabemos cómo reconciliar esto con las dispensaciones presentes

de su providencia. ¿No están actualmente casi todas las partes

de la tierra llenas de oscuridad y de crueles costumbres?

Particularmente, ¿en qué condición está el vasto y populoso

imperio del Indostán? ¡Cuántos cientos de miles del pueblo

pobre y tranquilo han sido destruidos y sus cadáveres

abandonados como estiércol de la tierra! ¿En qué condición

están (aunque no tienen matones ingleses allí) las numerosas

islas del océano Pacífico? ¡Cuán poco están en su condición por

encima de los lobos y los osos! ¿Y quién se preocupa por sus

almas o por sus cuerpos? Pero, ¿no se preocupa por ellos el

Padre de todos los seres humanos? ¡Oh misterio de la

providencia!

5. ¿Y quién se preocupa por los miles, decenas de

miles, si no millones de miserables africanos? ¿Acaso no son

llevados continuamente al mercado arreos completos de esas

pobres ovejas (¡humanos si no racionales!) y vendidos como

ganado a la servidumbre más vil, sin ninguna esperanza de

liberación excepto la muerte? ¿Quién se preocupa por esos

descastados de entre los humanos, los bien conocidos

hotentotes? Por cierto, un escritor reciente se ha tomado el

trabajo de presentarlos como gente respetable. Pero debido a

qué motivo es difícil decirlo, dado que él mismo admite (como

ejemplo de la elegancia de sus costumbres) que las entrañas

24 Sal. 145.9.

La imperfección del conocimiento humano 73

crudas de las ovejas y de otras especies de ganado son no

solamente su comida preferida sino también los adornos de sus

brazos y piernas, y (como ejemplo de su religión) que el hijo no

es considerado como un hombre hasta que ha golpeado a su

madre hasta casi matarla. ¡Y cuando su padre envejece, lo

amarra en una pequeña choza y lo deja allí para que se muera de

hambre! ¡Oh Padre de misericordias! ¿Son éstos las obras de tus

propias manos? ¿Lo que ha comprado la sangre de tu Hijo?

6. ¡Cuán poco mejor es el estado civil o el religioso de

los pobres indios americanos! Más bien el miserable remanente

de ellos, porque en algunas comarcas no ha quedado respirando

ni uno de ellos. En Española, donde primero llegaron los

cristianos, había tres millones de habitantes. Apenas doce mil

de ellos sobreviven actualmente. ¿Y en qué condición están? ¿O

los otros indios que todavía están esparcidos a lo largo y a lo

ancho del vasto continente de Sud o Norte América? No tienen

religión ni culto público de ninguna clase. Dios no está en

ninguno de sus pensamientos. Y la mayoría de ellos no tienen

para nada gobierno civil; no tienen leyes ni magistrados, pero

cada persona hace lo que bien le parece. Por lo tanto,

diariamente disminuye su número. Y muy probablemente, en un

siglo o dos ya no quede ninguno.

7. Sin embargo, los habitantes de Europa no están en

una condición tan deplorable. Se hallan en estado de civiliza-

ción. Tienen leyes muy útiles y son gobernados por magistra-

dos. Tienen religión. Son cristianos. Me temo que, sea que se

los llame cristianos o no, muchos de ellos no tienen mucha

religión. ¿Qué dices tú de los miles de lapones, finlandeses,

samoyedos y groenlandeses? ¿O sea de todos los que viven en

las latitudes septentrionales altas? ¿Son tan civilizados como

ovejas o bueyes? Compararlos con los caballos o con

cualquiera de nuestros animales domésticos sería hacerles

demasiado honor. Agrega a éstos las decenas de miles de

salvajes humanos que se congelan en medio de las nieves de

74 Sermón 69

Siberia, y tantos como ellos, si no más, que deambulan de aquí

para allá por los desiertos de Tartaria. Agrega miles y miles de

polacos y moscovitas, y de así llamados cristianos, provenien-

tes de Turquía, en Europa. Y de tal manera amó Dios a éstos

que dio a su Hijo, su Hijo unigénito, para que no perezcan,

mas tengan vida eterna.25 Entonces, ¿por qué son ellos de esa

manera? ¡Oh asombro sobre todos los asombros!

8. ¿No hay algo igualmente misterioso en la dispensa-

ción divina en cuanto al mismo cristianismo? ¿Quién puede

explicar por qué el cristianismo no está tan difundido como el

pecado? ¿Por qué no es enviada la medicina a todo lugar donde

se encuentra la enfermedad? ¡Pero he aquí que no lo es! Su voz

no salió por toda la tierra.26 El veneno está difundido sobre

todo el globo; el antídoto es conocido sólo en su sexta parte.

¿Y cómo es que la sabiduría y la bondad de Dios soportan que

el mismo antídoto sea tan penosamente adulterado, no sólo en

los países católico romanos, sino en casi todas las partes del

mundo cristiano? Tan adulterado al mezclarlo frecuentemente

con ingredientes inútiles o a veces venenosos, que no queda

nada, o a veces sólo una pequeña parte, de su virtud original.

Por cierto, es tan completamente adulterado por muchas de las

mismas personas que él ha enviado a administrarlo, ¡que

multiplica por diez la malignidad de la enfermedad para cuya

curación fue establecido! Como consecuencia de esto, se ha de

encontrar apenas un poco más de verdad o de misericordia

entre los cristianos que entre los paganos. Y ha sido afirmado,

y me temo que sea verdad, que muchos de los llamados

cristianos son mucho peores que los paganos que les rodean:

más licenciosos, más abandonados a toda suerte de maldad, sin

temor a Dios ni respeto a hombre.27 ¡Oh, quién puede

25 Jn. 3.16.

26 Sal. 19.4.

27 Lc. 18.4.

La imperfección del conocimiento humano 75

comprender esto! ¿No podrá aquel que está más alto que la más

alta mirada?

9. Igualmente incomprensibles son para nosotros

muchas de las dispensaciones divinas con respecto a algunas

familias particulares. No podemos comprender plenamente por

qué él eleva a algunos a las riquezas, el honor y el poder, y por

qué deprime mientras tanto a otros con pobreza y diversas

aflicciones. Algunos prosperan maravillosamente en todo lo

que toman en sus manos, y el mundo se les derrama en ellas,

mientras otros, con todo su trabajo y esfuerzo, apenas pueden

procurarse el pan cotidiano. Y quizás la prosperidad permanece

junto a los primeros hasta su muerte, mientras que los

segundos beben la copa de la adversidad hasta el fin de sus

vidas, aunque para nosotros no haya ninguna razón aparente

para la prosperidad de uno o la adversidad del otro.

10. Asimismo, en muy poco podemos dar razón de las

dispensaciones divinas con respecto a los individuos. No

sabemos por qué la suerte de esta persona cae en Europa y la

suerte de la otra en las tierras vírgenes de América; por qué

uno desciende de ricos o nobles, y otro de padres pobres; por

qué el padre y la madre de uno son fuertes y sanos, y los de

otro son débiles y enfermos, por lo cual arrastra una existencia

miserable todos los días de su vida, expuesto a la escasez, al

sufrimiento y a miles de tentaciones para las cuales no halla vía

de escape. ¿Cuántos están, desde su misma infancia, cercados

por relaciones tales que pareciera que no tienen ninguna

oportunidad (como dicen algunos), ninguna posibilidad de ser

útiles para sí mismos o para otros? ¿Por qué están enredados

en tales conexiones, aun antes de su propia elección? ¿Por qué

algunas personas dañinas se interponen en su camino de tal

manera que no saben cómo escaparles? ¿Y por qué se

esconden a su vista las personas útiles o les son arrebatadas en

sus momentos de extrema necesidad? ¡Oh Dios, cuán

insondables son tus juicios o tus consejos! ¡Demasiado

76 Sermón 69

profundos para ser sondeados por nuestra razón: y tus caminos

al ejecutar esos consejos son inescrutables28 para nuestra

sabiduría!

III.1. ¿Somos capaces de escudriñar sus obras de

gracia más que sus obras de providencia? Nada es más seguro

que sin santidad nadie verá al Señor.29 ¿Por qué es entonces

que una mayoría tan amplia de la humanidad se halla, hasta

donde podemos juzgar, apartada de todos los medios y

posibilidades de santidad, aun desde el vientre de su madre? Por

ejemplo, ¿qué posibilidades hay de que un hotentote, un

neozelandés, o un habitante de Nueva Zembla, si vive y muere

allí, conozca alguna vez qué significa la santidad? ¿Y, por

consiguiente, que alguna vez la alcance? Bueno, pero alguno

puede decir: «Pecó antes de nacer, en un estado preexistente.

Por eso fue colocado aquí en una situación tan desfavorable. Y

es por pura misericordia que puede tener una segunda prueba».

Respondo: suponiendo tal estado preexistente, lo que tú

llamas segunda prueba, no es para nada una prueba. Tan

pronto como nace en el mundo se halla en manos de sus padres

o parientes salvajes, quienes desde la primer alborada de la

razón lo forman en la misma ignorancia, ateísmo y barbarie en

que ellos fueron formados. No tiene ninguna oportunidad, por

así decirlo; no tiene ninguna posibilidad de recibir una

educación superior. ¿Cuál es la prueba que tiene, entonces?

Desde el momento que viene al mundo hasta el momento en

que sale de él parece estar ante la cruda necesidad de vivir en la

impiedad y la iniquidad. Pero ¿cómo es esto? ¿Cómo puede ser

éste el caso de muchos millones de almas que Dios ha hecho?

28 Ro. 11.33.

29 He. 12.14.

La imperfección del conocimiento humano 77

¿No eres tú el Dios de todos los términos de la Tierra, y de los

más remotos confines del mar.30

2. Deseo que se tenga en cuenta que si esto se convierte

en una objeción contra la revelación es una objeción de tanto

peso contra la religión natural como contra la revelada. Si fuera

decisivo nos conduciría no al deísmo sino al ateísmo liso y llano.

Su conclusión valdría no sólo contra la revelación cristiana sino

también contra la existencia de un Dios. Y sin embargo no veo

cómo podemos eludir su fuerza sino resolviendo todo en la

inescrutable sabiduría de Dios, junto a una profunda convicción

de nuestra ignorancia e incapacidad para sondear sus consejos.

3. Aun entre nosotros, que somos favorecidos muy por

encima de éstos (pues nos han sido confiados los oráculos de

Dios, cuya palabra es lámpara a nuestros pies y lumbrera a

nuestro camino),31 hay todavía muchas circunstancias en sus

dispensaciones que están por encima de nuestra comprensión.

No sabemos por qué él soporta por tanto tiempo que andemos

en nuestros propios caminos antes de ser convencidos de

pecado. O por qué utilizó éste u otro instrumento y de ésta o de

aquella otra manera. Y mil circunstancias que no

comprendemos concurrieron al proceso de nuestra convicción.

No sabemos por qué sobrellevó que permaneciésemos tanto

tiempo antes de revelar a su Hijo en nuestros corazones, o por

qué este cambio de las tinieblas a la luz fue acompañado por

tales y tales circunstancias particulares.

4. Indudablemente, es prerrogativa peculiar de Dios

reservar los tiempos y sazones en su sola potestad.32 Y no

podemos dar ninguna razón para que entre dos personas

igualmente sedientas de la salvación una de ellas sea acogida al

30 Sal. 65.5.

31 Sal. 119.105.

32 Hch. 1.7.

78 Sermón 69

momento en el favor de Dios y la otra dejada en aflicción por

meses o años. La una, tan pronto como llama a Dios, recibe la

respuesta y es colmada de paz y de gozo al creer. Otra le busca,

aparentemente con el mismo grado de sinceridad y seriedad, y

sin embargo no puede hallarle a él ni lograr ninguna conciencia

de su favor por semanas, meses o años. Bien sabemos que esto

no puede ser consecuencia de algún decreto absoluto que envíe

a uno, desde antes de su nacimiento, a la gloria sempiterna y al

otro al fuego eterno. Pero no sabemos cuál es la razón de esto:

es suficiente con que Dios lo sepa.

5. Asimismo hay una gran variedad en los modos y

tiempos en que Dios imparte su gracia santificante, mediante la

cual capacita a sus hijos para que le entreguen todo su corazón,

lo que en ninguna manera podemos explicar. No sabemos por

qué él otorga esto a algunos aun antes de que lo requieran (de

lo cual hemos visto algunos ejemplos indiscutibles); a algunos

después que la han buscado solamente unos pocos días, y sin

embargo permite que otros creyentes la esperen quizás veinte,

treinta o cuarenta años; y otros hasta unas pocas horas o aun

minutos antes de que sus espíritus se vuelvan a él. Para las

diversas circunstancias que concurren para el cumplimiento de

la gran promesa: «Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón...

para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con

toda tu alma...»,33 Dios tiene indudablemente sus razones, pero

esas razones están generalmente escondidas de los humanos. Y

algo más: algunos de los que son capacitados para amar a Dios

con todo su corazón y con toda su alma retienen dicha

bendición sin interrupción hasta que son llevados al seno de

Abraham. Otros no la retienen, aunque no sean conscientes de

haber entristecido al Espíritu Santo de Dios.34 Tampoco

33 Dt. 30.6.

34 Ef. 4.30.

La imperfección del conocimiento humano 79

entendemos esto: en esto no sabemos cuál es la intención del

Espíritu.35

IV.[1.] De una profunda conciencia de ésta nuestra

ignorancia podemos aprender varias lecciones valiosas.

Primero, podemos aprender una lección de humildad: no tener

de nosotros, particularmente con respecto a nuestro

entendimiento, más alto concepto que el que debemos tener,

sino pensar con cordura,36 estando plenamente convencidos de

que no nos bastamos a nosotros mismos para tener un buen

pensamiento, que tenemos la tendencia a tropezar a cada paso,

a errar en cada momento de nuestras vidas, si no fuera porque

tenemos la unción del Santo, que permanece con nosotros,37 si

no fuera porque el que sabe lo que hay en el hombre nos ayuda

en nuestras debilidades, y porque hay espíritu en el hombre que

da sabiduría y la inspiración del Santo que da entendimiento.38

[2.] De esto podemos aprender, en segundo lugar, una

lección de confianza en Dios. La plena convicción de nuestra

ignorancia puede enseñarnos una plena confianza en su

sabiduría. Puede enseñarnos algo que no es siempre tan fácil

como uno podría concebirlo: ¡A confiar en el Dios invisible

más allá de lo que podemos verlo! Puede ayudarnos en el

aprendizaje de esa lección tan difícil: a derribar nuestros

propios argumentos, y toda altivez que se levanta contra el

conocimiento de Dios, y a llevar cautivo todo pensamiento a

la obediencia de Cristo.39 Actualmente hay dos grandes

obstrucciones para que nos formemos un juicio correcto acerca

del trato de Dios para con las personas. Una es que hay

35 Ro. 8.27.

36 Ro. 12.3.

37 1 Jn. 2.20, 27.

38 Job 32.8.

39 2 Co. 10.5.

80 Sermón 69

innumerables hechos relativos a cada persona que ni conocemos

ni podemos conocer. Ahora están escondidos para nosotros y

encubiertos a nuestra búsqueda por una oscuridad impenetrable.

La otra es que no podemos ver los pensamientos de las personas,

aun cuando conocemos sus acciones. Pero todavía no

conocemos sus intenciones; y sin esto sólo podemos

malinterpretar sus acciones exteriores. Siendo conscientes de

esto, no juzguéis nada antes de tiempo, en lo concerniente a las

dispensaciones de su providencia, hasta que él aclare lo oculto

de las tinieblas, y manifieste los pensamientos e intenciones de

los corazones.40

[3.] De la conciencia de nuestra ignorancia podemos

aprender, en tercer lugar, una lección de resignación. Podemos

ser instruidos para decir en todos los tiempos y todas las

instancias: «Padre mío, no sea como yo quiero sino como

tú».41 Ésta fue la última lección que nuestro bendito Señor

aprendió, como hombre, mientras estaba en el mundo. No

pudo elevarse más alto que «no sea como yo quiero sino como

tú», hasta que habiendo inclinado la cabeza, entregó el

espíritu.42 Que en esto también nosotros lleguemos a ser

semejantes a él en su muerte, para que podamos conocer

plenamente el poder de su resurrección.43

40 2 Co. 4.5.

41 Mt. 26.39.

42 Jn. 19.30.

43 Fil. 3.10.