Sermón 66 - Los signos de los tiempos
Mateo 16.3
Sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales
de los tiempos no podéis!
1. El texto completo dice así: Vinieron los fariseos y los
saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del
cielo. Mas él respondiendo, les dijo: «Cuando anochece, decís:
`Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.' Y por la
mañana: `Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo
nublado.' ¡Hipócritas! ¿Conque sabéis discernir el aspecto del
cielo y no podéis discernir las señales de los tiempos?
2. Vinieron los fariseos y los saduceos, dice el texto.
Por lo general estos grupos eran antagónicos entre sí, pero no
es poco frecuente ver a los hijos de este mundo hacer a un lado
sus diferencias (al menos durante un tiempo) y hacer un
acuerdo amistoso para oponerse a los hijos de Dios. Y para
tentarle, es decir para que demostrase si verdaderamente era el
enviado de Dios, le pidieron que les mostrase una señal del
cielo, lo cual, estaban convencidos, ningún falso profeta
hubiera sido capaz de hacer. Es probable que imaginaran que
esto realmente los convencería de que él había sido enviado por
Dios. Mas él respondiendo, les dijo: «Cuando anochece,
dicen: 'Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.' Y por la
mañana: 'Hoy habrá tempestad, porque tiene arreboles el
cielo nublado'». Es probable que ese clima permitiese tener
señales más certeras con respecto al buen o mal tiempo.
¡Hipócritas!, manifiestan amor mientras que en sus corazones
hay enemistad. ¿Conque saben discernir el aspecto del cielo, y
45
46 Sermón 66
a partir de ello juzgar cómo estará el tiempo, y no pueden
discernir los signos de los tiempos, el tiempo cuando Dios trae
su Hijo primogénito al mundo?
3. En primer término, investiguemos detenidamente
¿Cuáles son «los tiempos» a que se refiere el Señor? Y también,
¿Cuáles son «los signos» que nos permiten distinguir esos
tiempos de todos los demás? Seguidamente podemos
preguntarnos, ¿Cuáles son «los tiempos» que tenemos razones
para creer que están ahora próximos a cumplirse? Y ¿cómo es
posible que no todos los cristianos puedan discernir «los signos
de estos tiempos»?
I.1. Averigüemos primeramente, ¿A qué «tiempos»
hace referencia nuestro Señor en este texto? La respuesta es
sencilla: el tiempo del Mesías, el tiempo preparado desde antes
de la fundación del mundo cuando agradó a Dios dar a su Hijo
unigénito,1 quien, asumiendo nuestra propia naturaleza, se hizo
semejante a los hombres, para vivir una vida de pena y dolor
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.2 Todo
ello a fin de que, todo aquel que en él crea, no se pierda mas
tenga vida eterna.3 Éste era el tiempo importante cuyos signos
los fariseos y los saduceos no pudieron discernir. A pesar de su
claridad de pensamiento, tenían el corazón cubierto por un
manto tan grueso que no supieron discernir las señales de su
venida, aunque habían sido anunciadas mucho tiempo atrás.
2. Pero ¿cuáles eran esos signos de la venida del
Justo4 que con tanta claridad y anticipación se habían
anunciado? Y ¿de qué manera podrían haberlos discernido
1 Jn. 3.16.
2 Fil. 2.7-8.
3 Jn. 3.16.
4 Hch. 7.52.
Los signos de los tiempos 47
fácilmente, si su corazón no hubiese estado cubierto por un
manto de oscuridad? Los signos son numerosos, pero será
suficiente mencionar algunos. Uno de los primeros fue señalado
por Jacob en las solemnes palabras que pronunciara poco antes
de morir: «No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de
entre sus pies, hasta que venga Siloh».5 Los judíos tanto en el
pasado como en el presente concuerdan que «Siloh» se debe
entender como «Mesías», el cual debía venir, según la profecía,
antes de que Judá perdiese el cetro, es decir, la soberanía. Por
cierto Judá perdió el cetro precisamente en este tiempo, una
señal infalible de que «Siloh», es decir, el Mesías, había venido.
3. Otro signo eminente de este «tiempo», el tiempo de
la venida del Mesías, lo encontramos en el capítulo tercero de la
profecía de Malaquías: He aquí yo envío mi mensajero, el cual
preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su
templo el Señor a quien vosotros buscáis.6 Esto se cumplió
claramente, primero, con la venida de Juan el Bautista, y luego,
en la propia persona de nuestro bendito Señor cuando vino
súbitamente a su templo. Y las palabras del profeta Isaías: «Voz
que clama en el desierto: ¡Preparad camino al Señor,
enderezad calzada a nuestro Dios!»7 ¿Acaso podría haber un
signo más claro que éste para alguien que estudiara
objetivamente estas palabras?
4. Pero aun más evidente que estos signos (si es que
algo puede ser más evidente) son las obras que nuestro Señor
realizó. Con respecto a esto él mismo declaró: «Las mismas
obras que yo hago dan testimonio de mí».8 Y a estas obras se
refiere explícitamente al responder a la pregunta de Juan el
5 Gn. 49.10.
6 Ver. 1.
7 Is. 40.3.
8 Jn. 5.36.
48 Sermón 66
Bautista: «¿Eres tú el que había de venir, el Mesías, o
esperaremos a otro?» (pregunta no surgida de sus propias
dudas, sino del deseo de reafirmar a sus discípulos, quienes
podrían llegar a dudar cuando su maestro ya no estuviera con
ellos). Ninguna respuesta verbal podría haber sido tan
convincente como lo que ellos vieron con sus propios ojos.
Jesús los remitió al siguiente testimonio: Respondiendo Jesús,
les dijo: «Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis: los
ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los
sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es
anunciado el evangelio».9
5. ¿Cómo pudo ocurrir, entonces, que aquellos que eran
tan perspicaces en otras áreas, que podían discernir el aspecto
del cielo, no pudieran discernir los signos que indicaban la
venida del Mesías? No pudieron hacerlo, no por falta de
pruebas, pues las pruebas eran claras y contundentes, sino por
su propia falta de integridad; porque eran una generación mala
y adúltera,10 y porque la perversidad de sus corazones había
oscurecido su entendimiento. Por tanto, aunque el sol de
justicia11 brilló en todo su esplendor, fueron insensibles a su luz.
Permanecieron en la ignorancia porque no deseaban ser
convencidos. Había luz suficiente, pero cerraron los ojos para
no verla. De modo que no hubo excusa para ellos, y vino sobre
ellos la ira hasta el extremo.12
II.1. En segundo lugar, debemos considerar ¿Cuáles
son «los tiempos» que tenemos razones para creer que están
ahora próximos a cumplirse? Y ¿cómo se explica que todos los
9 Mt. 11.4-5.
10 Mt. 16.4.
11 Mal. 4.2.
12 1 Ts. 2.16.
Los signos de los tiempos 49
que se reconocen cristianos no disciernan «estos signos de los
tiempos»?
«Los tiempos» que tenemos razones para creer que
están próximos a cumplirse (si acaso ya han comenzado) están
referidos a lo que muchas personas piadosas han denominado la
gloria del día postrero.13 Esto es, el tiempo cuando Dios
gloriosamente desplegará su amor y su poder en cumplimiento
de su promesa, que por su gracia, la tierra será llena del
conocimiento del Señor, como las aguas cubren el mar.14
2. Pero ¿hay en Inglaterra o en alguna otra parte del
mundo, algún signo de que ese tiempo esté cerca? No hace
muchos años, una persona con muy buen nivel de educación,
que ocupaba un cargo importante en la iglesia (en ese momento
era Obispo de Londres), en una carta pastoral hizo esta
observación: «No puedo llegar a entender a qué se refiere la
gente cuando habla acerca de 'la gran obra de Dios' en este
tiempo. Yo no veo ninguna obra de Dios, en este tiempo
presente, que supere lo que ya se ha visto en otros tiempos». Y
yo le creo. Creo que ese gran hombre no veía ninguna obra
extraordinaria de Dios. Ni él ni la mayoría de los así llamados
cristianos vieron señal alguna del glorioso día que se aproxima.
¿Cómo se explica esto? ¿Cómo es posible que también hoy las
personas que saben discernir el aspecto del cielo, no sólo los
grandes filósofos sino los grandes profetizadores, tan eminentes
como los propios saduceos o fariseos, cómo no pueden discernir
los signos de ese tiempo glorioso, que si no comenzó, está
próximo, casi a la puerta?
3. Aceptamos, por supuesto, que a través de las
diferentes épocas de la historia de la iglesia, el reino de Dios
nunca vino con advertencia,15 ni con pompa o esplendor,
13 Véase Jer. 49.39; Hag. 2.9.
14 Is. 11.9; Hab. 2.14.
15 Lc. 17.20.
50 Sermón 66
ni con ninguna de las manifestaciones exteriores que
normalmente acompañan a los reinos de este mundo. Sabemos
que este reino de Dios está entre nosotros,16 y que cuando
comienza en un individuo o en una nación es semejante al grano
de mostaza, el cual a pesar de ser en un comienzo la más
pequeña de todas las semillas, poco a poco va creciendo hasta
que se hace árbol.17 O también podemos decir, utilizando otra
de las comparaciones de nuestro Señor, que es semejante a un
poquito de levadura que tomó una mujer, y escondió en tres
medidas de harina, hasta que todo fue leudado.18
4. Pero alguien puede preguntar: «¿Existen ahora
signos de que el día en que el Señor manifestará su poder está
cerca?» Apelo a toda persona sincera y libre de prejuicios para
que decida si es o no posible discernir hoy todos esos signos
(tomando las palabras en un sentido espiritual) a los cuales
nuestro Señor remitió a los discípulos de Juan. Los ciegos
ven.19 Aquellos que eran ciegos de nacimiento, incapaces de
ver el terrible estado en que se encontraban, y mucho menos
ver a Dios y la sanidad que había preparado para ellos mediante
su Hijo, ahora pueden verse a sí mismos y ver también la luz de
la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.20 Ahora los ojos de su
entendimiento han sido abiertos,21 y ven todas las cosas con
claridad. Los sordos oyen.22 Aquellos que antes eran comple-
tamente sordos a todo llamado de Dios, interior o exterior,
ahora escuchan no sólo su llamado sino también la suave voz
de su gracia. Los cojos andan.23 Aquellos que nunca antes
16 Lc. 17.21.
17 Mt. 13.31-32.
18 Mt. 13.33.
19 Mt. 11.5.
20 2 Co. 4.6.
21 Cf. Lc. 24.45; Ef. 1.18.
22 Mt. 11.5.
23 Ibid.
Los signos de los tiempos 51
habían logrado elevarse de la tierra, o dar un solo paso hacia el
cielo, ahora caminan en las sendas del Dios, y corren la carrera
que tienen por delante.24 Los leprosos son limpiados.25 La lepra
mortal del pecado que trajeron con ellos al mundo, la cual
ningún esfuerzo humano jamás pudo curar, ahora ha sido
quitada de sus vidas. Y seguramente no hubo época ni nación,
desde que aquellos apóstoles vieron cumplirse estas palabras de
manera tan notable, en que a los pobres se les haya predicado
el evangelio26 como hoy. En este tiempo, la levadura del
evangelio (la fe obrando la santidad interior y exterior mediante
el amor,27 o, en términos de san Pablo, justicia, paz y gozo en el
Espíritu Santo),28 se ha extendido por todas partes. En varias
partes de Europa, especialmente en Inglaterra, Escocia e
Irlanda; en las islas; en el norte y sur, desde Georgia hasta Nueva
Inglaterra y Terranova, los pecadores se han convertido
verdaderamente al Señor, experimentando un cambio profundo
en su corazón y en su vida. Ya no se cuentan por docenas, o
cientos, ¡sino por millares, por decenas de millares! Los hechos
concretos no se pueden negar; podemos identificar a las
personas con nombre y apellido, y lugar de residencia. Y sin
embargo, los sabios de este mundo, las personas encumbradas,
las personas educadas y famosas, ¡no pueden llegar a
comprender a qué nos referimos cuando hablamos de una obra
extraordinaria de Dios! ¡No pueden discernir los signos de estos
tiempos! ¡No ven señal alguna de que Dios se esté levantando
para sostener su causa e instaurar su reino sobre la tierra!
5. ¿Qué explicación encontramos para esto? ¿Cómo es
posible que no puedan discernir los signos de estos tiempos?
24 He. 12.1.
25 Mt. 11.5.
26 Ibid.
27 Gá. 5.6.
28 Ro. 14.17.
52 Sermón 66
Podemos encontrar la razón para su falta de discernimiento en
el mismo principio que explicaba la situación de los fariseos y
saduceos, es decir, que al igual que ellos, son una generación
adúltera y pecadora.29 Si su ojo fuese bueno, todo su cuerpo
estaría lleno de luz,30 pero si su ojo fuese maligno, todo su
cuerpo deberá estar en tinieblas.31 Toda naturaleza maligna
oscurece el alma; toda pasión maligna oscurece el entendimien-
to. ¿Cómo podemos creer entonces que estén en condiciones
de discernir los signos de los tiempos aquellos que están
envueltos en toda clase de pasiones descontroladas, y que son
esclavos de toda clase de conductas malvadas? Pues esto es lo
que ocurre en verdad. Están llenos de orgullo, tienen más alto
concepto de sí que el que deben tener.32 Están llenos de
vanidad, buscan gloria unos de otros, y no buscan la gloria
que viene sólo de Dios.33 Atesoran odio y malicia en su
corazón, hacen lugar al enojo, la envidia y la venganza.
Devuelven mal por mal y maldición por maldición.34 En lugar
de vencer el mal con el bien,35 no tienen ningún reparo en
exigir ojo por ojo y diente por diente.36 No ponen la mira en
las cosas de Dios, sino en las de los hombres.37 No ponen la
mira en las cosas de arriba, sino en las de la tierra.38 Honran
a la criatura más que al Creador,39 son más amadores de los
29 Mr. 8.38.
30 Mt. 6.22.
31 Mt. 6.23.
32 Ro. 12.3.
33 Véase Jn. 5.44.
34 1 P. 3.9.
35 Ro. 12.21.
36 Mt. 5.38.
37 Mr. 8.33.
38 Col. 3.2.
39 Ro. 1.25.
Los signos de los tiempos 53
deleites que de Dios.40 ¿Cómo podrían entonces discernir los
signos de los tiempos? El dios de este siglo, a quien ellos sirven,
cegó su entendimiento,41 y cubrió sus mentes con un manto de
densa oscuridad. ¡Ay! ¿Acaso tienen algo en común con Dios o
con las cosas de Dios estas «almas de carne y sangre» (como se
las llama)?
6. San Juan alude a esta misma razón para explicar la
falta de entendimiento de los judíos hacia las cosas de Dios. Esto
es, como consecuencia de sus anteriores pecados y de su
rechazo intencional de la luz, ahora Dios los entregó a Satanás
quien los cegó hasta un punto en el que ya no hay recuperación
posible. Una y otra vez, cuando tuvieron oportunidad de ver la
luz, no quisieron y cerraron los ojos para no verla. Ahora no
pueden ver; Dios los ha dejado completamente librados a su
ceguera, a su incapacidad de discernir. Y en las palabras de
Isaías encontramos la razón para su incredulidad: «Cegó los
ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los
ojos, o entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los
sane».42 El significado es claro: no estamos diciendo que Dios
por propia voluntad haya hecho esto (sería absolutamente
blasfemo decir que Dios endurece a las personas de este modo)
sino simplemente que su Espíritu ha dejado de batallar con ellos,
y entonces es Satanás quien se encarga efectivamente de
endurecer sus corazones.
7. Tal como ocurrió en tiempos pasados, así también
ocurre en el presente. Hay miles hoy que llevan el nombre de
cristianos, y que no tienen ninguna capacidad de discernimien-
to. El dios de este siglo cegó sus ojos para que la luz no
resplandezca sobre ellos,43 de modo que no pueden discernir
40 2 Ti. 3.4.
41 2 Co. 4.4.
42 Jn. 12.40, en alusión a Is. 6.10.
43 2 Co. 4.4.
54 Sermón 66
los signos de los tiempos más que lo que pudieron hacerlo los
fariseos y saduceos en la antigüedad. Un excelente ejemplo de
esta ceguera espiritual, de esta absoluta incapacidad de discernir
los signos de los tiempos que menciona la Escritura, lo
encontramos en la famosa obra de un destacado escritor ya
desaparecido, quien cree que la nueva Jerusalén bajó del cielo44
cuando Constantino el Grande se hizo llamar cristiano. Y digo
«se hizo llamar cristiano» porque no me atrevo a afirmar que lo
fuera realmente, no más que Pedro el Grande. Estoy convencido
de que el mencionado autor hubiese estado mucho más cerca de
la verdad, si hubiese dicho que fue en ese momento cuando el
pozo del abismo se abrió, y del pozo subió una inmensa nube de
humo y azufre.45 Podemos estar seguros de que no hubo ninguna
otra instancia en que Satanás obtuviera tan tremenda ventaja
sobre la iglesia de Cristo como el momento cuando se volcó
sobre ella riquezas y honor, y el poder entró en ella, afectando
particularmente a los clérigos.
8. Siguiendo este mismo principio, ¿qué signos hubiera
esperado este escritor con respecto a la conversión de los
paganos? Seguramente hubiese esperado que un héroe, como
Carlos de Suecia o Federico de Prusia, llevara el cristianismo
con fuego y espada a todas las naciones. No podemos negar que
desde Constantino muchas naciones fueron convertidas por este
método. Pero con referencia a tales conversiones, ¿acaso
podemos decir «el reino de Dios no vendrá con advertencia»?46
¡Seguramente para nadie pasará desapercibido un guerrero
cruzando el país al frente de cincuenta o sesenta mil hombres!
Pero me pregunto si es ésta la forma de hacer conocer el
cristianismo que eligió Jesucristo, el Príncipe de Paz. De
ninguna manera, no es ésta la manera en que el grano de
44 Ap. 21.2, 10.
45 Ap. 9.2.
46 Lc. 17.20.
Los signos de los tiempos 55
mostaza se hace árbol.47 No es así que un poco de levadura
leuda toda la masa,48 sino que se extiende gradualmente hasta
lograr penetrar toda la masa. Basándonos en lo que ya hemos
visto, podemos tener una idea acerca de qué ocurrirá de aquí en
adelante. Y ésta es la forma en que la verdadera religión
cristiana, la fe que obra por el amor,49 se ha ido extendiendo,
especialmente en Gran Bretaña y sus territorios, durante medio
siglo.
9. Y continúa haciéndolo de igual manera en el
presente, como puede apreciar fácilmente toda persona cuyos
ojos no hayan sido cegados. Quienes sientan en su corazón el
poder de Dios para la salvación,50 inmediatamente podrán
percibir de qué modo esa misma religión que ellos disfrutan se
extiende de un corazón a otro. Ellos entran en contacto con la
gracia de Dios, que obra tierna y poderosamente en todo lugar,
y se alegran al encontrar más y más pecadores que preguntan:
«¿Qué debo hacer para ser salvo?»51 Luego, estos mismos
dan testimonio diciendo: «Engrandece mi alma al Señor, y mi
espíritu se regocija en Dios mi Salvador».52 Averiguando
honesta y sinceramente encuentran más y más personas, no
sólo gente que practicaba alguna forma de religión, sino
también los que no tenían religión alguna. Pecadores inmorales
y abandonados, que ahora han cambiado por completo,
temiendo verdaderamente a Dios y haciendo justicia.53
Observan el número creciente de personas al margen de la ley y
la sociedad, que ahora se transforman interior y exteriormente,
amando a Dios y a su prójimo, viviendo una vida de justicia,
47 Véase Mt. 13.31-32.
48 1 Co. 5.6; Gá. 5.9; Mt. 13.33.
49 Gá. 5.6.
50 Ro. 1.16.
51 Hch. 16.30.
52 Lc. 1.46-47.
53 Hch. 10.35.
56 Sermón 66
misericordia y verdad, y según tengan oportunidad, haciendo
bien a todos.54 Se trata de personas felices y tranquilas en esta
vida, y triunfantes en la muerte.
10. ¿Qué excusa puede haber, entonces, para
cualquiera que crea que la Escritura es la palabra de Dios y que
sea incapaz de discernir los signos de estos tiempos, de ver que
se está preparando el gran llamado de los paganos? ¿Qué más
podría hacer Dios que no haya hecho para convencerte de que
el día está cerca, que está por cumplirse el tiempo cuando él
cumplirá sus gloriosas promesas, el tiempo en que él se
levantará para sostener su propia causa e instaurar su reino en
toda la tierra? No podría haber hecho otra cosa, a menos que te
hubiera obligado a creer. Pero no podía hacer esto sin destruir
la naturaleza que él mismo te había dado. Porque él te creó
como agente libre, dotado de una capacidad de autodetermi-
nación en tu interior, que es parte fundamental de tu naturaleza.
Y él te trata como agente libre desde el comienzo hasta el fin.
Como tal, puedes abrir o cerrar los ojos a voluntad. Hay
suficiente claridad brillando a tu alrededor; sin embargo, es
posible que no la veas si no lo deseas. Pero puedes estar seguro
de que Dios no está complacido cuando cierras los ojos y luego
dices: «No puedo ver». Te aconsejo que examines todo el tema
de manera imparcial. Después de investigar sinceramente el
asunto, medita profundamente acerca de qué ha hecho Dios.55
¿Quién oyó cosa semejante? ¿Quién vio tal cosa? ¿Acaso no
hemos visto nacer una nación en un día?56 ¡Qué obra tan
rápida, tan profunda, tan extensa, hemos visto en este tiempo!
Y ciertamente no se logró con ejército, ni con fuerza, sino con
el Espíritu del Señor.57 Porque los medios eran completamente
54 Gá. 6.10.
55 Nm. 23.23.
56 Is. 66.8.
57 Zac. 4.6.
Los signos de los tiempos 57
inadecuados; los instrumentos, definitivamente insuficientes
para lograr efecto semejante, al menos los que Dios se contentó
con utilizar en Gran Bretaña y América. ¡Desde el comienzo
quiso Dios trabajar con instrumentos que parecían muy poco
aptos! «¡Un grupito de jóvenes novatos!» dijo el obispo de
Londres, «¿Qué creen que pueden hacer?» Pues ellos creían que
podían ser en las manos de Dios lo que la pluma es en las manos
del escritor. Ellos creían que podían hacer (y todavía hoy lo
siguen creyendo) el trabajo para el cual habían sido enviados,
hacer exactamente lo que agradaba al Señor. Y si a él le place
derribar los muros de Jericó, los baluartes de Satanás, no
mediante arietes para la guerra,58 sino al sonar el cuerno del
carnero,59 ¿quién podrá decirle: «¿Qué obra haces?»60
11. Entretanto, bienaventurados vuestros ojos, porque
ven... lo que muchos profetas y justos desearon ver lo que
ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo
oyeron.61 Ustedes pueden ver y reconocer el día de la visita del
Señor, una visita que ni ustedes ni sus padres jamás habían
recibido. De corazón pueden decir: Éste es el día que hizo el
Señor, nos gozaremos y alegraremos en él.62 Ustedes son
testigos del amanecer de ese glorioso día del cual hablaron todos
los profetas. ¿Cómo pueden aprovechar este día de la visita del
Señor de la mejor manera posible?
12. El primer punto a tener en cuenta es cuidar de que
recibamos la bendición del Señor en vano. Si aun no lo han
hecho, comiencen desde la misma raíz. Arrepiéntanse y crean
en el evangelio.63 Si ya han creído, miren por ustedes mismos,
58 Ez. 26.9.
59 Jos. 6.5.
60 Jn. 6.30.
61 Mt. 13.16-17.
62 Sal. 118.24.
63 Mr. 1.15.
58 Sermón 66
para que no pierdan el fruto de su trabajo, ¡sino que reciban
galardón completo!64 ¡Aviven el fuego del don de Dios que está
en ustedes!65 Anden en la luz, como él está en la luz.66 Y
mientras retienen67 aquello que ya han alcanzado,68 vayan
adelante a la perfección.69 Y una vez que han sido
perfeccionados en el amor,70 olvidando ciertamente lo que
queda atrás, prosigan a la meta, al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús. 71
13. El siguiente paso que debemos dar es ayudar a
nuestro prójimo. Así alumbre su luz delante de los hombres,
para que vean sus buenas obras, y glorifiquen al Padre que
está en los cielos.72 Según tengan oportunidad, hagan bien a
todos, y mayormente a los de la familia de la fe.73 Anuncien el
gozo de la salvación que está pronto para ser revelado, no sólo
a los de su propia casa, no sólo a sus familiares, amigos y
conocidos, sino a toda persona que Dios providencialmente
ponga en sus manos. Ustedes que saben en quién han creído,74
son la sal de la tierra.75 Trabajen para sazonar la vida de todas
las personas que se relacionen con ustedes, confiando en la
sabiduría y en el amor de Dios. Ustedes son una ciudad
asentada sobre un monte, no pueden, no deben, esconderse.76
64 2 Jn. 8.
65 2 Ti. 1.6.
66 1 Jn. 1.7.
67 He. 3.6.
68 Fil. 3.12, 16; 1 Ti. 4.6.
69 He. 6.1.
70 1 Jn. 4.18.
71 Fi. 3.13-14.
72 Mt. 5.16.
73 Gá. 6.10.
74 2 Ti. 1.12.
75 Mt. 5.13.
76 Mt. 5.14.
Los signos de los tiempos 59
Ustedes son la luz del mundo. Nadie enciende una luz y la
pone debajo de un almud, cuanto menos Dios, en su inmensa
sabiduría. No, se la deja para que alumbre a todos los que
están en casa,77 a todos aquellos que son testigos de tu vida y
de tus palabras. Por sobre todas las cosas, sean constantes en
la oración,78 por ustedes, por toda la iglesia de Dios, y por
todas las criaturas de Dios, para que se acuerden de que son sus
hijos y se vuelvan a él. Que todos ellos puedan disfrutar la
bendición del evangelio en esta tierra, y la gloria de Dios en el
cielo.
Saint Helier, isla de Jersey, 27 de agosto de 1787.
77 Mt. 5.14-15.
78 Ro. 12.12.