Sermón 64 - La nueva creación
Apocalipsis 21.5
He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.
1. ¡Qué extraña visión se presenta ante nuestros ojos!
¡Qué lejos de lo que hoy podemos llegar a comprender! El
mundo pagano jamás conoció lo que aquí se nos revela. Y no
son sólo los paganos de este tiempo, bárbaros e incivilizados,
los que no tienen idea acerca de esto, sino que fue igualmente
ignorado por los paganos cultos y educados de la antigua Grecia
y Roma. Tampoco lo comprenden, ni piensan acerca de ello, la
mayoría de los cristianos. Y no hablo exclusivamente de los
cristianos nominales, es decir los que tienen una piedad formal
pero sin poder,1 sino también de aquellos que en cierta medida
temen a Dios y se dedican a obrar con justicia.
2. Debemos admitir que aun después de realizar toda
clase de estudios, nuestro conocimiento de la gran verdad
revelada en estas palabras continúa siendo extremadamente
limitado e imperfecto. Tratándose únicamente de una cuestión
de revelación, que excede la capacidad de nuestras facultades,
no nos es posible ahondar en ella, ni conceptualizarla
adecuadamente. Pero puede resultar alentador para quienes en
alguna medida han gustado de los poderes del siglo venidero,2
esforzarnos hasta donde nos sea posible por interpretar las
escrituras, texto por texto, según la analogía de la fe.
3. El apóstol, presa de sus visiones de Dios, nos dice en
el primer versículo del capítulo veintiuno: «Vi un cielo nuevo y
1 Véase 2 Ti. 3.5.
2 He. 6.5.
19
20 Sermón 64
una tierra nueva»,3 y luego agrega: «Y el que estaba sentado en
el trono dijo (creo que éstas son las únicas palabras que se le
atribuyen en todo el libro): 'He aquí, yo hago nuevas todas las
cosas.'»4
4. Muchos comentaristas curiosamente sostienen que
esto sólo se relaciona con la situación presente entonces, y nos
explican con abundantísima certidumbre que estas palabras se
refieren al florecimiento de la iglesia que comenzó después de
las persecuciones de los paganos. Es más, algunos de ellos han
encontrado que todo lo que el apóstol dice respecto de «un cielo
nuevo y una tierra nueva» se hizo realidad cuando Constantino
el Grande derramó riqueza y honor sobre los cristianos. ¡Triste
manera de invalidar los designios de Dios!5 Sus designios con
respecto a la grandiosa sucesión de hechos relacionados con su
iglesia, y con toda la humanidad, desde aquel tiempo en que
Juan estaba en Patmos hasta el fin del mundo, y más, porque el
alcance de esta profecía se extiende más allá. No acaba con el
fin de este mundo presente, sino que nos muestra las cosas que
sucederán cuando este mundo ya no exista.
5. Por tanto, dijo el Creador y Administrador del
universo: «He aquí, yo hago nuevas todas las cosas», todas las
cosas que están incluidas en las palabras del apóstol «un cielo
nuevo y una tierra nueva». «Un cielo nuevo»: el original hebreo
en el capítulo primero de Génesis es plural, y ésa es la palabra
que se utiliza siempre en las escrituras: cielos, y no cielo.
Según esta concepción, los antiguos escritores judíos
acostumbraban hablar de tres cielos. Pablo concuerda con ellos
cuando habla de ser arrebatado hasta el tercer cielo.6
3 Ap. 21.1.
4 Ap. 21.5.
5 Lc. 7.30.
6 2 Co. 12.2.
La nueva creación 21
Comúnmente se cree que este tercer cielo es el lugar más
inmediato donde reside Dios, si es que puede adjudicársele
residencia alguna a su Espíritu omnipresente que impregna y
llena todo el universo. Es en este lugar (si hablamos en términos
humanos) donde Dios se sienta en su trono, rodeado de ángeles
y arcángeles, y de todos sus servidores que son como llamas de
fuego.7
6. No podemos decir que este cielo sufrirá ningún
cambio, como tampoco cambiará quien lo habita. Seguramente
este palacio del Altísimo ha permanecido sin cambio desde la
eternidad, y seguirá por todas las edades.8 Sólo están sujetos a
cambios los cielos inferiores, el más alto de los cuales es el que
nosotros llamamos «firmamento». Este mismo, explica san
Pedro, es el que está guardado para el fuego en el día del juicio
y de la destrucción9 de los hombres impíos.10 En ese día,
primeramente arderá y se consumirá como un rollo de papiro en
el fuego, y luego los elementos ardiendo serán deshechos y los
cielos pasarán con gran estruendo.11 Por último huirá del
rostro de aquel que está sentado sobre el trono,12 y ningún
lugar se encontrará para él.13
7. En ese mismo momento las estrellas caerán del
cielo,14 al romperse la fuerza secreta que las mantenía en sus
respectivas órbitas desde la creación del mundo. Mientras tanto
el «cielo que está por debajo de la luna»,15 y los elementos (o
7 Véase Sal. 104.4; He. 1.7.
8 Ef. 3.21.
9 Wesley prefería la traducción «destrucción» en lugar de «perdición».
10 2 P. 3.7.
11 2 P. 3.10.
12 Ap. 6.16.
13 Ap. 20.11.
14 Mt. 24.29.
15 Es decir, la atmósfera según la astronomía aristotélica y ptolomeica.
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principios que lo conforman) serán quemados y se fundirán;
también la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.16
Éste será el comienzo de un estado de cosas muy superior,
nunca hasta ahora concebido por la mente humana: la
restauración que seguirá a la destrucción universal. «Nosotros
esperamos», dice el apóstol, «cielos nuevos y tierra nueva, en
los cuales mora la justicia».17
8. Existirá, sin duda, una gran diferencia en el
firmamento cuando sea recreado: no habrá estrellas fulgurantes
ni cometas. No sabemos si esos mundos horribles y extraños son
planetas en estado de caos, no acabados (suponiendo que
existan otros mundos), o que ya han sufrido su explosión final,
pero es seguro que no tendrán lugar en el nuevo cielo donde
todo será orden y armonía. Es posible que haya muchas otras
diferencias entre este cielo tal cual es ahora y el que existirá
después de la renovación. Pero esto está más allá de nuestra
comprensión; debemos esperar la respuesta que traerá la
eternidad.
9. Resulta más fácil para nosotros hacernos una idea
acerca de los cambios que se operarán en el cielo inferior, en la
región del aire. Ya no existirá el azote de los huracanes, ni la
furia de las tormentas ni tempestades que provoquen
destrucción. Tampoco habrá lugar para la amenaza y el daño
que causan los meteoritos. Ya no tendremos motivos para
decir:
Alto y potente como son de trompeta,
el estampido de tus truenos la costa hace temblar,
Y como rayos centelleantes
el estandarte de tus huestes vemos flamear.18
16 2 P. 3.10, 12.
17 2 P. 3.13.
18 Watts, «Cántico a la sabiduría creadora» (A Song to Creating Wisdom) en Horae
Lyricae, 1705.
La nueva creación 23
No, todo será luminoso, agradable, sereno; verdadera imagen
del día eterno.
10. Todos los elementos (tomando esta palabra en el
sentido de los componentes básicos de toda naturaleza: tierra,
aire, fuego y agua) serán renovados; cambiarán por completo
sus cualidades, aunque no así su naturaleza. En el mundo
presente el fuego es el gran destructor de todas las cosas bajo el
sol; deshace todo cuanto se pone a su alcance reduciéndolo a sus
átomos originales. Pero no bien haya cumplido su último
cometido, destruir los cielos y la tierra (sea que esto se refiera a
un solo sistema o a la totalidad del universo, ya que la diferencia
entre un mundo y un millón no es nada para el gran Creador),
decía que una vez hecho esto, la destrucción por el fuego llegará
a su fin para siempre. Nunca más servirá para destruir, ya no
consumirá. Perderá su poder incendiario, el cual sólo posee en
este estado de cosas presente, y será tan inofensivo en los
nuevos cielos y tierra como lo es ahora en el cuerpo de los seres
humanos y de otros animales, y en la materia de los árboles y
flores. En todos ellos (como ha quedado demostrado por
experimentos recientes) se encuentran grandes cantidades de
fuego etéreo, y tal vez sea uno de los componentes esenciales
de todo ser material bajo el sol. Probablemente mantendrá su
poder vivificador, aunque librado o privado de su poder
destructor.
11. Ya he señalado que la calma y la placidez del aire
no se verán interrumpidas por tormentas y tempestades. No
habrá más meteoritos que atemoricen a los humanos con su
horrible fulgor. Debemos agregar (aunque en principio pueda
parecer una paradoja) que no habrá más lluvia. Es interesante
observar que no la había en el paraíso, circunstancia a la que
Moisés hizo especial referencia: «El Señor Dios aún no había
hecho llover sobre la tierra, sino que subía de la tierra un
vapor», el cual cubría el abismo de las aguas, «y regaba toda la
faz de la tierra», brindando humedad suficiente para cubrir
24 Sermón 64
todas las necesidades de la vegetación. Tenemos motivos para
creer que así también será cuando se reinstaure el paraíso. Por
lo tanto, no habrá más nubes ni neblinas, sino un único,
luminoso y esplendoroso día. Mucho menos existirán
humedades perniciosas o ráfagas pestilentes. En Italia no
existirá el siroco, ni los vientos abrasadores en Arabia; en
nuestro país no soplará el viento glacial del noreste, «lastimando
el follaje y la belleza de los árboles»,19 sino sólo brisas
agradables y refrescantes, «abanicando la tierra con sus alas
perfumadas».20
12. ¿Qué cambios se operarán en el elemento agua
cuando todas las cosas sean hechas nuevas? Será límpida y
transparente en el mundo entero, libre de sustancias que la
vuelven desagradable o insalubre. Se elevarán aquí y allá
fuentes cristalinas que refrescarán y adornarán la tierra «con el
rítmico murmurar de los arroyos». Habrá, sin duda, igual que
en el paraíso, varios ríos que fluirán mansamente para provecho
y placer de personas y animales. Pero tal como lo expresara el
autor inspirado: «El mar no existirá más».21 Existe motivo
para creer que en el inicio del mundo, cuando Dios dijo:
«Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un
lugar, y descúbrase lo seco»,22 la tierra se extendió sobre la
superficie del agua y la cubrió por todas partes. Parece que así
permaneció hasta el momento cuando, a fin de provocar el
diluvio universal que él se propuso traer sobre la tierra, en un
momento fueron rotas todas las fuentes del gran abismo, y las
cataratas de los cielos fueron abiertas.23 Pero en este nuevo
tiempo el mar volverá a su antiguo cauce, y desparecerá de la
19 Cf. Milton, El Paraíso Perdido, x.1065-67.
20 Cf. ibid., iv.156-158.
21 Ap. 21.1.
22 Gn. 1.9.
23 Gn. 7.11.
La nueva creación 25
superficie de la tierra. Y no habrá, por supuesto, necesidad de
él. Podrá ocurrir que, como supone el antiguo poeta, omnis feret
omnia tellus24 (cada una de las regiones de la tierra naturalmente
producirá todo cuanto sus habitantes necesiten) o bien la
humanidad podrá obtener todo lo que brinda la tierra con
métodos más fáciles y rápidos. Esto será posible porque todos
los habitantes de la tierra, nos revela el Señor, serán isángeloi,
iguales a los ángeles.25 Estarán en plano de igualdad con ellos
en velocidad así como en fuerza, de manera que con la rapidez
del pensamiento podrán desplazarse ellos mismos, o cualquier
cosa que deseen, de un lugar a otro del planeta.
13. Aparentemente mucho mayor que los cambios
operados en el aire y el agua, será el que se produzca en la
tierra. Personalmente no creo en el descubrimiento fantástico
de Jakob Boehme, que muchos entusiastas defienden, acerca
de que la tierra y todo cuanto hay en ella, incluidos sus
habitantes, serán entonces transparentes como el cristal. Al
parecer no existe el menor fundamento para sostener tal cosa ni
en las escrituras ni en la razón. Ciertamente no en las escrituras;
no conozco un solo texto en el Antiguo o Nuevo Testamento
que afirme algo semejante. De ninguna manera podemos
inferirlo a partir del texto en Apocalipsis capítulo cuatro,
versículo seis: Y delante del trono había como un mar de
vidrio semejante al cristal. Sin embargo, si no me equivoco,
este es el principal, acaso el único, pasaje de las escrituras que
se ha propuesto a favor de este argumento. Tampoco creo que
se pueda argumentar a base de la razón. Es verdad que se ha
defendido acaloradamente la idea de que todas las cosas serían
mucho más hermosas si fueran translúcidas. Pero no puedo
estar de acuerdo con esto; en realidad creo exactamente lo
contrario. Imaginemos que cada una de las partes del cuerpo
24 Virgilio, Églogas, iv.39.
25 Lc. 20.36.
26 Sermón 64
humano fuese transparente como el cristal, ¿se vería más
hermoso que en la actualidad? Por el contrario, antes bien nos
espantaría grandemente. La superficie del cuerpo,
particularmente «el rostro humano que refleja la divinidad», es
indudablemente uno de los objetos más bellos bajo el cielo. Pero
si pudiéramos mirar a una persona a través de sus mejillas
rosadas, su frente blanca y lisa, o su pecho erguido, y viéramos
con toda claridad lo que hay dentro, nos alejaríamos con horror
y repugnancia.
14. Seguidamente echemos una mirada a los cambios
que razonablemente podemos suponer que tendrán lugar en la
tierra. No será presa de frío intenso, ni será quemada por el
extremo calor, sino que tendrá la temperatura exacta que le
permita su mayor capacidad productiva. Si Dios, en el pasado,
para castigar a sus habitantes ordenó a sus ángeles inclinar el
globo en oblicua posición»,26 provocando de este modo frío
intenso en una parte, e intenso calor en la otra, indudablemente
luego ordenará colocarlo en su posición original. Así pondrá fin,
por una parte, al calor abrasador que hace prácticamente
inhabitables algunas regiones del planeta, y por la otra, a «la
furia de Arctos, y las heladas eternas».27
15. En ese entonces la tierra no cobijará fuerzas
destructivas o adversas en su interior. Ya no sufrirá esas
violentas convulsiones en sus entrañas; no será sacudida o
quebrada por el ímpetu de los terremotos. Por lo tanto,
tampoco serán necesarios el Vesubio ni el Etna, ni ningún otro
volcán para prevenirlos. No existirán rocas tremendas ni
temibles precipicios; no habrá desiertos ni arenas estériles,
pantanos imposibles de atravesar o ciénagas traicioneras que
devoren al viajero desprevenido. No cabe duda de que
continuarán existiendo desniveles sobre la tierra, que no
26 Cf. Milton, El Paraíso Perdido, x.668-671.
27 Prior, Solomon, I.265.
La nueva creación 27
constituirán defectos sino parte de su belleza. Pues aunque
personalmente no puedo afirmar como el poeta que
tal variedad en la tierra proviene del cielo;
el placer yace entre el valle y la colina;28
sí creo que las colinas de suaves elevaciones no constituirán un
defecto sino un adorno en la tierra recreada. Seguramente en ese
tiempo también podremos decir:
Ved el verde glorioso
de los campos que Dios creó
con mil hierbas y flores de color luminoso
una bella combinación logró.29
16. ¿Y qué producirá la tierra? Ni espinas, ni zarzas, ni
cardos. Tampoco hierbas fétidas o sin provecho; ninguna planta
venenosa, dañina o desagradable, sino sólo aquellas que estén
sabiamente dispuestas para nuestro uso o placer. ¡Qué lejos está
todo esto de lo que aun la imaginación más vivaz puede llegar a
concebir! Ya no lamentaremos la pérdida del paraíso terrenal,
no nos entristecerá la descripción de nuestro gran poeta:
Luego las potentes olas
moverán este monte fuera del paraíso,
saldrá de su lugar empujado por la corriente;
todo su verdor arruinado, sus árboles a la deriva,
río abajo hacia la boca del abismo,
y allí sólo existirá una isla estéril, desierta.30
Porque toda la tierra se convertirá en un paraíso mucho
más hermoso que el que Adán jamás vio.
17. Así será la condición de la nueva tierra respecto de
su parte menos importante, es decir, lo inanimado. Pero por
28 Cf. Milton, El Paraíso Perdido, x.668-71.
29 Cf. Watts, «Cántico a la sabiduría creadora» (A Song to Creating Wisdom), en Horae
Lyricae (1705).
30 Milton, El Paraíso Perdido, xi.829-834.
28 Sermón 64
importante que este cambio sea, es pequeño, insignificante,
comparado con el que se operará en la naturaleza animada. La
apostasía de Adán tuvo consecuencias nefastas entre los seres
vivos. La naturaleza animada, todo lo que tiene vida, desde
leviatán hasta el más pequeño de los parásitos, fue sujetada a
vanidad,31 cosa que no ocurrió con lo inanimado. Todos los
seres vivos fueron sujetos a la muerte, ese monstruo salvaje
que aniquila todo cuanto respira, y a su precursor, el dolor, en
sus mil manifestaciones. Pero no fue Dios quien hizo la
muerte; él no se recrea en la destrucción de los vivientes.32
¿Cuántos millones de criaturas que existen hoy en el mar, en el
aire, y en toda la tierra, a fin de conservar su vida, deben matar,
triturar y devorar a otras pobres inocentes criaturas que no
pueden defenderse? ¡Triste destino de incontable multitud de
seres que por insignificantes que parezcan son hijos de un
mismo Padre, criaturas de un mismo Dios de amor! Probable-
mente no sólo dos tercios de la creación animal, sino ¡noventa
y nueve de cada cien deben forzosamente matar a otras
criaturas para sobrevivir! Pero no será siempre así. El que está
sentado en el trono33 pronto cambiará el rostro de todas las
cosas, y dará prueba fehaciente a sus criaturas de que su
misericordia está con todas sus obras.34 Este horrible estado
de cosas presente pronto llegará a su fin. En la nueva tierra
ninguna criatura matará, lastimará o hará sufrir a otra. El
escorpión no tendrá aguijón venenoso ni la serpiente veneno en
sus colmillos. El león no tendrá garras para despedazar al
cordero ni dientes para triturar su carne y sus huesos. Ninguna
criatura, ninguna bestia, ave o pez sentirá la necesidad de
lastimar a otro. La crueldad habrá desaparecido, y las
31 Ro. 8.20.
32 Sab. 1.13.
33 Ap. 5.13; 6.16; 7.15.
34 Sal. 145.9.
La nueva creación 29
conductas salvajes y violentas serán olvidadas. No se escuchará
más acerca de la violencia, ni se verá desgaste o destrucción
sobre la superficie de la tierra. Morará el lobo con el cordero
(estas palabras pueden interpretarse tanto en sentido literal
como figurado) y el leopardo con el cabrito pacerá.35 No harán
mal ni dañarán,36 desde la salida del sol hasta su ocaso.
18. Pero lo más glorioso de todo será el cambio
experimentado por los seres humanos, pobres y desdichados
pecadores. Éstos gozaban en muchos aspectos de una posición
más encumbrada y, por lo tanto, durante su caída, llegaron
mucho más bajo que cualquier otro ser creado. Pero escucha-
rán una gran voz del cielo que les dirá: «He aquí el tabernácu-
lo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos
serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su
Dios». A partir de lo cual surgirá un estado de total santidad y
felicidad, muy superior al que disfrutó Adán en el paraíso. ¡Con
cuánta belleza y afecto lo describe el apóstol! Dios enjugará
toda lagrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni
habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras
cosas pasaron.37 Como no existirá la muerte, ni el dolor o la
enfermedad que la preceden; como no habrá más sufrimiento o
separación de nuestros amigos, tampoco existirán la pena y el
llanto. Pero habrá una liberación mayor aún: la inexistencia del
pecado. Y coronándolo todo, una profunda, íntima y
permanente comunión con Dios, y una constante comunión
con el Padre y su hijo Jesucristo, mediante el Espíritu.
35 Is. 11.6.
36 Is. 11.9.
37 Ap. 21.3-4.
30 Sermón 64
¡Disfrutar continuamente de la presencia del Dios Trino y de
todas sus criaturas!