Sermón 62 - El porqué de la venida de Cristo
1 Juan 3.8
Para esto apareció el Hijo de Dios,
para deshacer las obras del diablo.
1. Muchos escritores de renombre, paganos y cristianos
por igual, en tiempos pasados y en el presente, han dedicado lo
mejor de su esfuerzo y de su arte a describir la belleza de la
virtud. Otro tanto han hecho para brindar una descripción vívida
de los problemas que ocasiona el mal en general y también
aquellas manifestaciones del mal características del tiempo y
lugar en que les había tocado vivir. Han sido igualmente
cuidadosos en resaltar la felicidad que trae la virtud y la
desdicha que normalmente acompaña al vicio y es su
consecuencia ineludible. Y podemos admitir que estos
tratamientos del tema no carecen del todo de valor. Es
probable que a partir de ellos algunas personas se hayan sentido
movidas a buscar la virtud, y otros hayan puesto freno a su
carrera hacia el vicio, o tal vez se abstuvieron de caer en él al
menos por un tiempo. Pero el cambio operado por este medio
rara vez es profundo o universal; mucho menos duradero, en
poco tiempo se desvanece y se va como la nube.1 Tales
motivaciones no alcanzan en absoluto a vencer las innumera-
bles tentaciones que nos rodean. Todo cuanto pueda decirse
acerca de la belleza y las ventajas de la virtud, así como de los
efectos dañinos y aberrantes del vicio, no es suficiente para
resistir, cuánto menos superar o vencer, ni una sola pasión o
deseo.
1 Job 7.9.
383
3 84 Sermón 62
Basta un solo pecado arraigado en nosotros
Para derribar todas nuestras defensas y estrategias.2
2. Es, pues, imprescindible que contemos con armas
mejores que éstas si verdaderamente queremos vencer el mal y
perseverar en la práctica de la virtud. De otro modo, podremos
saber qué es lo correcto, pero no podremos alcanzarlo.
Muchos pensadores paganos conocían esto profundamente.
Las palabras de Medea reflejan lo que ellos sentían en su
corazón:
Video meliora proboque,
Deteriora sequor.
Lo bueno apruebo y lo contrario sigo.3
Palabras que concuerdan exactamente con las del Apóstol
(hablando como un hombre que está convencido de su pecado,
pero que aún no ha logrado dominarlo): Porque no hago el
bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.4 Incluso
el filósofo romano descubrió la impotencia de la mente
humana: «Existe en todo hombre», dice el filósofo, «esta
debilidad» (bien pudo haberla llamado 'penosa enfermedad')
«gloriae sitis, una sed de gloria. La naturaleza nos indica dónde
está la enfermedad, pero no nos enseña cómo curarla».5
3. Tampoco resulta extraño que a pesar de haber
buscado una solución no pudieran hallarla, dado que la
buscaron donde nunca estuvo ni estará: la buscaron en ellos
mismos, en la razón, en la filosofía, todo lo cual es débil y
efímero como una caña quebradiza, como las pompas de jabón,
como el humo. No la buscaron en el único en quien podemos
2 Cf. Herbert, «Sinne», en Poetical Works, Londres, 1857. Wesley había hecho una
selección de sus poemas en 1773.
3 Ovidio, Las Metamorfosis, vii.43. Traducción de P. Sánchez de Viana, Madrid, 1887.
4 Ro. 7.19.
5 Virgilio, Eneida.
El porqué de la venida de Cristo 385
hallarla: ¡Dios! Negaban esto por completo, y lo hacían en
términos muy duros. Porque aun cuando Cicerón, uno de sus
voceros, cierta vez se enfrentó con esta extraña verdad: Nemo
unquam vir magnus sine afflatu divino fuit6 («nunca hubo un
gran hombre que no fuera por la divinidad inspirado»), sin
embargo en el mismo verso se contradice, y derriba su propio
argumento al preguntar: Quis pro virtute aut sapientia gratias
dedit Deis unquam?7 «¿Quién alguna vez dio gracias a Dios por
su virtud o sabiduría?» Un poeta romano fue aun más directo, si
acaso es posible. Después de mencionar varias bendiciones
materiales agrega con toda honestidad:
Haec satis est orare Jovem, quae donat et aufert:
Det vitam, det opes: aequum, mi animum ipse
parabo.8
Pedimos a Dios aquello que él puede dar o quitar,
Vida y riqueza, pero la virtud debo obtenerla yo
mismo.
4. Los mejores entre ellos buscaban la virtud por una
parte en Dios, y por otra parte en ellos mismos. O bien la
buscaban en dioses que no eran sino demonios, y como tales,
incapaces de transformar a sus devotos en algo mejor. Así de
limitada era la claridad de los más sabios hasta que el evangelio
sacó a luz la vida y la inmortalidad,9 hasta que el Hijo de Dios
apareció para deshacer las obras del diablo.10
Pero ¿cuáles son las obras del diablo que menciona el
texto? ¿De qué manera se manifestó el Hijo de Dios para
deshacerlas? Y ¿cómo, de qué modo, qué método utiliza para
6 Cicerón, De Natura Deorum, ii.66.
7 Ibid., iii.36.
8 Horacio, Epístolas, I.xviii. 111-12.
9 2 Ti. 1.10.
10 1 Jn. 3.8.
3 86 Sermón 62
deshacerlas verdaderamente? Consideraremos estas tres
cuestiones de gran importancia en este preciso orden.
I.1. En primer término podemos conocer en qué
consisten estas obras del diablo a partir de los versículos
anteriores y posteriores al texto: «Y sabéis que él apareció para
quitar nuestros pecados».11 «Todo aquel que permanece en él,
no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha
conocido».12 «El que practica el pecado es del diablo; porque
el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de
Dios, para deshacer las obras del diablo».13 «Todo aquel que
es nacido de Dios, no practica el pecado».14 A juzgar por estos
textos, parece que las obras del diablo que aquí se mencionan
son el pecado y el fruto del pecado.
2. Pero ahora la sabiduría de Dios ha dispersado las
nubes que durante tanto tiempo habían cubierto la tierra, y ha
puesto fin a las conjeturas infantiles que los humanos hacían
respecto de estos temas. Podría resultar útil tratar de tener una
visión más clara de estas obras del diablo de acuerdo con lo que
aprendemos de la palabra de Dios. Es verdad que el designio del
Espíritu Santo era ayudarnos en nuestra fe, y no satisfacer
nuestra curiosidad. Es por ello que el relato que presentan los
primeros capítulos del Génesis es extremadamente breve. Sin
embargo, está claro que podemos aprender de él todo lo que
debemos saber.
3. Si nos remitimos al comienzo de todo encontramos
que creó Dios (literalmente «Jehová, Dioses», es decir, el Dios
trino) al hombre a su imagen,15 a su propia imagen (según lo
11 Ver. 5.
12 Ver. 6.
13 Ver. 8.
14 Ver. 9.
15 Gn. 1.27.
El porqué de la venida de Cristo 387
mejor de él mismo), es decir, le dio espíritu así como Dios es
espíritu. Lo dotó de entendimiento, una cualidad que se
presenta, si no como la esencia misma del espíritu, al menos
como su característica más sobresaliente. Es probable que en ese
entonces el espíritu humano, igual que el angelical, pudiera
discernir la verdad intuitivamente. Por eso pudo dar nombre a
todas las criaturas según la naturaleza de cada una de ellas. Sin
embargo su conocimiento era limitado; siendo él mismo
criatura, la ignorancia formaba parte inseparable de su ser. No
así el error; aparentemente no se equivocaba en nada. Pero
existía la posibilidad de que lo hiciera, de que resultara
engañado, aunque no tenía que ocurrirle necesariamente.
4. También fue dotado de voluntad, y de sentimientos
variados (que no son otra cosa que diversas formas de expresión
de la voluntad) para que pudiera amar, desear y deleitarse en lo
que es bueno; de otro modo su entendimiento no hubiera servido
de nada. Se le dio asimismo libertad, la capacidad de elegir el
bien y rechazar el mal. Sin ella, la voluntad y el entendimiento
hubieran carecido de valor. No cabe duda de que sin libertad el
ser humano no podría haber actuado como agente libre, en
realidad no podría haber sido agente en absoluto. Un ser
sojuzgado es siempre pasivo, no tiene capacidad de actuar.
Imaginemos que alguien tiene una espada en la mano y que una
persona más fuerte le toma la mano y lo fuerza a herir a un
tercero. ¿Podemos decir que se trata de un agente? No. En este
caso el rol de la persona es igual al de la espada; su mano fue
tan pasiva como el acero. Lo mismo se aplica a todos los casos
similares. Quien no es libre no actúa como agente sino como
paciente.16
5. Pareciera entonces que todo espíritu en el universo,
precisamente por ser espíritu, está dotado de entendimiento, y
por consiguiente, también de voluntad y de cierto grado de
16 «Paciente» entendido en su acepción de sujeto que recibe la acción del agente.
3 88 Sermón 62
libertad. Estos tres atributos constituyen una unidad inseparable
en toda naturaleza inteligente. Presten atención a esto: la libertad
forzada, o denegada, en realidad no es libertad. Es una
contradicción. Sería como decir «libertad cautiva»; es, simple y
llanamente, un sinsentido.
6. También puede observarse (y esta observación es
importante) que donde no hay libertad no puede haber moral
mala ni buena, no puede haber virtud ni vicio. El fuego nos
brinda su calor, y sin embargo no posee virtud alguna; y si nos
quema su acción no puede calificarse como «mala». Sólo existe
virtud cuando un ser inteligente que posee entendimiento, ama
y elige el bien; y sólo existe el mal cuando este ser inteligente
conoce, ama y elige el mal.
7. Dios creó al humano no sólo según su imagen
natural, sino también según su imagen moral. No sólo le
otorgó conocimiento sino que también lo creó en justicia y
santidad.17 Su entendimiento era perfecto, sin fallas, y así
también eran sus sentimientos. Todos estaban en perfecto orden
y encauzados hacia el objeto correcto. Y actuando como ser
libre, elegía siempre el bien según su entendimiento. De este
modo era inmensamente feliz, morando él en Dios y Dios en él.
Estaba en permanente comunión con el Padre y con el Hijo
mediante el Espíritu eterno, y con su propia conciencia
sabiendo que todo lo que hacía era bueno y agradable delante
de Dios.
8. Empero su libertad, como ya lo he señalado
anteriormente, implicaba necesariamente la capacidad de elegir
o rechazar tanto el bien como el mal. Ciertamente se ha puesto
en duda que el ser humano pudiese elegir el mal, a sabiendas.
Pero lo que no puede ponerse en duda es que pudiera
confundir el mal con el bien. No era infalible, y, por tanto, no
era perfecto. Y esto aclara la dificultad que encierra la gran
17 Ef. 4.24.
El porqué de la venida de Cristo 389
pregunta: unde malum? «¿Cómo entró el mal en el mundo?»
Por Lucero, hijo de la mañana;18 fue obra del diablo. Porque
el diablo, dice el Apóstol, peca desde el principio,19 es decir,
fue el primer pecador del universo, el autor del pecado; el
primer ser que abusando de su libertad introdujo el mal en la
creación.
Él, si no el primer arcángel,
Al menos entre los primeros,20
fue tentado a tener muy alta estima de sí mismo. Libremente
cedió a la tentación y cayó primeramente en el orgullo, luego en
la autosuficiencia. Pensó para sí: «Me sentaré a los lados del
norte, y seré semejante al Altísimo».21 Mas no cayó solo sino
que arrastró en su caída a la tercera parte de las estrellas que
había en el cielo, las cuales perdieron su gloria y felicidad y
fueron alejadas de su primera morada.
9. Con gran ira,22 y quizás envidia, por la felicidad que
disfrutaban las criaturas que Dios había creado, no es extraño
que deseara y se esforzara por privarlas de ella. Para lograrlo se
ocultó en la serpiente, que era la más astuta,23 o inteligente, de
todas las criaturas salvajes, y por ello la menos indicada para
levantar sospecha. Por cierto hay quienes han creído, y no es del
todo improbable, que en aquel tiempo la serpiente poseía la
capacidad de razonar y de hablar. ¿Acaso Eva hubiese
aceptado dialogar con ella si no hubiera conocido sus
atributos? Hubiera sido más lógico que se asustara en lugar de
resultar engañada, como señala el Apóstol.24 A fin de
18 Is. 14.12.
19 1 Jn. 3.8.
20 Milton, El Paraíso Perdido, v.659-60.
21 Is. 14.13-14.
22 Ap. 12.12.
23 Gn. 3.1.
24 1 Ti. 2.14.
3 90 Sermón 62
engañarla Satanás confundió verdad y mentira: «¿Conque Dios
os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?»25 E
inmediatamente la persuadió para desconfiar de Dios, dudando
de que cumpliera con su amenaza. Fue entonces que ella quedó
completamente a merced de la tentación: los deseos de la carne,
porque vio que el árbol era bueno para comer; los deseos de los
ojos, porque el árbol era agradable a los ojos; y la vanagloria
de la vida, porque era árbol codiciable para alcanzar la
sabiduría,26 y ser honrado en consecuencia. De este modo el
descreimiento engendró el orgullo. La mujer creyó que podía
alcanzar mayor sabiduría que Dios, creyó que podía encontrar
un mejor camino hacia la felicidad que el que Dios le había
mostrado. Nació la autosuficiencia: ella estaba decidida a hacer
su propia voluntad, no la voluntad de su Creador. Y surgieron
necios deseos que finalmente culminaron en la manifestación
del pecado: Y tomó de su fruto, y comió.27
10. Luego dio también a su marido, el cual comió así
como ella.28 Y en ese momento, ese mismo día, murió.29 Se
extinguió la vida de Dios que había en su alma. La gloria lo
abandonó. Perdió la imagen moral de Dios, la justicia y
santidad en las que había sido creado.30 Perdió la santidad, fue
desdichado; se llenó de pecado, de culpa y de temores que lo
atormentaban. Habiéndose separado de Dios, ahora lo veía
como un juez airado y tuvo miedo.31 ¡Hasta qué punto se había
obnubilado su entendimiento que creyó que podría esconderse
25 Gn. 3.1.
26 1 Jn. 2.16; Gn. 3.6.
27 Gn. 3.6.
28 Ibid.
29 Gn. 2.17.
30 Ef. 4.24.
31 Gn. 3.10.
El porqué de la venida de Cristo 391
de la presencia de Dios entre los árboles del huerto!32 ¡Su
alma estaba muerta a los ojos de Dios! Asimismo la muerte
entró en su cuerpo ese mismo día. Se volvió vulnerable a la
debilidad, a las enfermedades y al dolor: todos los pasos
previos a la muerte del cuerpo, la cual naturalmente llevaba a la
muerte eterna.
II.Éstas son las obras del diablo, el pecado y sus frutos,
analizados según el orden y las relaciones existentes entre ellos.
Seguidamente consideraremos de qué modo el Hijo de Dios se
manifestó a fin de destruirlas.
1. Se manifestó como el unigénito Hijo de Dios,33 con
la misma gloria del Padre, a las criaturas celestiales, desde antes
de la fundación del mundo.34 Todas las estrellas del alba
alabaron, todos los hijos de Dios se regocijaron,35 cuando le
escucharon decir: Sea la luz, y fue la luz;36 cuando él extendió el
norte sobre el vacío,37 y extendió los cielos como una cortina.38
Ciertamente la creencia universal de la iglesia primitiva fue que
nadie jamás había visto a Dios Padre, y que nadie lo podía ver;
que desde toda la eternidad él moraba en la luz inaccesible.
Solamente en y mediante su Hijo amado él se ha revelado a sus
criaturas.
2.No es fácil determinar de qué manera el Hijo de Dios
se manifestó a nuestros primeros antepasados en el paraíso. La
creencia generalizada, y probablemente fue así, es que se
presentaba delante de ellos como hombre, y hablaban cara a
32 Gn. 3.8.
33 Jn. 3.18.
34 Ef. 1.4; 1 P. 1.20.
35 Job 38.7.
36 Gn. 1.3.
37 Job 26.7.
38 Sal. 104.2; Is. 40.22.
3 92 Sermón 62
cara. Personalmente no creo en el ingenioso sueño del Dr.
Watts39 referido a «la gloriosa humanidad de Cristo», la cual,
según él, existió desde antes de la creación del mundo y estaba
dotada con toda clase de sorprendentes poderes. Por el
contrario, considero que tal hipótesis es peligrosa, más aún,
dañina, ya que invalida la fuerza de muchos textos de la
escritura que siempre se han interpretado como probatorios de
la divinidad del Hijo. Temo que ésta haya sido la causa principal
que apartó a ese gran hombre de la fe que una vez fue dada a los
santos.40 Esto es en el caso de que realmente se hubiere apartado
de ella, es decir, si fuera auténtico ese hermoso soliloquio
publicado en sus obras póstumas en el cual él pide
fervientemente al Hijo de Dios que no se disguste «en razón de
que él no puede creer que el Hijo sea igual al Padre y comparta
su misma eternidad».
3. Podemos razonablemente creer que en épocas
subsiguientes se manifestó de manera similar a Enoc, en tanto
éste caminó con Dios,41 a Noé, antes y después del diluvio, a
Abraham, Isaac y Jacob en varias oportunidades, a Moisés, y
podríamos continuar enumerando otros casos. Éste parece ser el
significado de las palabras: «Mi siervo Moisés es fiel en toda mi
casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por
figuras; y verá la apariencia de Jehová»,42 es decir, el Hijo de
Dios.
4. Pero todas estas manifestaciones no eran sino
adelantos de su «gran manifestación». Cuando vino el
cumplimiento del tiempo43 (justamente al cumplirse la mitad de
39 Isaac Watts (1674-1748), distinguido predicador del movimiento no-conformista.
Wesley advirtió en contra de esta doctrina en una carta a su hermano (1780) y en otra
a J. Benson (1788).
40 Jud. 3.
41 Gn. 5.22, 24.
42 Nm. 12.7-8.
43 Ef. 4.4.
El porqué de la venida de Cristo 393
la edad del mundo, tal como fuera comprobado por un gran
hombre)44 Dios introduce al Primogénito en el mundo,45 nacido
de mujer, porque el poder del Altísimo la cubrió con su
sombra.46 Luego se manifestó a los pastores, a Simeón, hombre
consagrado, a Ana, la profetisa, y a todos los que esperaban la
redención en Jerusalén.47
5. Cuando tuvo edad suficiente para cumplir con su
misión sacerdotal se manifestó a todo Israel predicando el
evangelio del reino de Dios en todas las ciudades y aldeas.48
Durante un tiempo todos le glorificaban, reconociendo que
jamás hombre alguno había hablado como él,49 que hablaba
como quien tiene autoridad,50 con toda la sabiduría y todo el
poder de Dios. Se manifestó a través de innumerables señales,
prodigios y milagros que hizo,51 y también mediante su propia
vida, siendo el único nacido de mujer que no conoció pecado,52
que desde su nacimiento hasta su muerte todo lo hizo bien,53
siempre haciendo no su voluntad, sino la voluntad del que lo
envió.54
6. ¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del
mundo!55 Fue ésta la manifestación más gloriosa de sí
mismo que jamás había hecho. De qué manera tan maravillosa
44 Wesley se refiere a Jonathan Edwards, en su obra A History of the Work of
Redemption, publicada en 1774.
45 He. 1.6.
46 Lc. 1.35.
47 Lc. 2.38.
48 Mt. 4.23; 9.35.
49 Jn. 7.46.
50 Mt. 7.29.
51 2 Co. 12.12.
52 2 Co. 5.21.
53 Mr. 7.37.
54 Jn. 6.38.
55 Jn. 1.29.
3 94 Sermón 62
se manifestó ante los ángeles y los seres humanos cuando fue
herido por nuestras rebeliones,56 cuando llevó él mismo
nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero,57 cuando,
mediante esa única entrega de sí mismo, ofreció un sacrificio
completo, perfecto y suficiente, una ofrenda y reparación por los
pecados de todo el mundo. Y cuando hubo cumplido con todo
esto, exclamó: «Consumado es». Y habiendo inclinado la
cabeza, entregó el espíritu.58 Sólo resta mencionar sus
manifestaciones posteriores: su resurrección de los muertos, su
ascensión a los cielos, a la gloria que tuvo desde antes que el
mundo fuese,59 y la venida del Espíritu Santo el día de
Pentecostés. Todo esto describen con gran belleza las bien
conocidas palabras del salmista: «Subiste a lo alto, cautivaste la
cautividad, tomaste dones para los hombres, y también para los
rebeldes, para que habite entre ellos Dios».60
7. «Para que habite Dios entre ellos». Esto se refiere a
una nueva manifestación del Hijo de Dios, a la manifestación de
su ser interior. Cuando habló con sus discípulos acerca de esto,
poco tiempo antes de su muerte, uno de ellos inmediatamente
le preguntó: «Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros,
y no al mundo?»61 Haciendo posible que creamos en su
nombre. Él se manifiesta en nuestro interior cuando podemos
decir con confianza: «¡Señor mío, y Dios mío!»62 Entonces
cada uno de nosotros puede decir con toda seguridad: «La
vida que ahora vivo, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual
56 Is. 53.5.
57 1 P. 2.24.
58 Jn. 19.30.
59 Jn. 17.5.
60 Sal. 68.18.
61 Jn. 14.22.
62 Jn. 20.28.
El porqué de la venida de Cristo 395
me amó y se entregó a sí mismo por mí».63 Y es a través de este
manifestarse en nuestros corazones que verdaderamente logra
destruir las obras del diablo.
III.1. A continuación meditaremos acerca de cómo
logra destruir sus obras, de qué manera lo hace y cuáles son los
pasos a seguir. Primeramente, así como la obra del diablo
comenzó haciendo caer a Eva en el descreimiento,
paralelamente la obra del Hijo de Dios comienza dando a los
seres humanos la posibilidad de creer en él. Él es quien abre e
ilumina los ojos de nuestro entendimiento. Él manda a la luz
brillar en medio de la oscuridad, y quita el velo con que el dios
de este mundo cubrió nuestro corazón. Entonces podemos ver,
no a partir de una serie de razonamientos, sino mediante una
cierta intuición, de manera directa, que Dios estaba en Cristo
reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los
hombres sus pecados,64 no tomando en cuenta mis pecados. Ese
día sabemos que somos de Dios,65 hijos de Dios por la fe, y que
tenemos redención por su sangre, la sangre de Cristo, y el
perdón de los pecados.66 Justificados, pues, por la fe, tenemos
paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.67 Esa
paz que nos permite contentarnos cualquiera sea nuestra
situación,68 que nos libera de las dudas que nos acechan, de los
temores que nos atormentan y, especialmente, del temor de la
muerte por el cual estábamos sujetos a servidumbre durante
toda nuestra vida.69
63 Gá. 2.20.
64 2 Co. 5.19.
65 1 Jn. 5.19.
66 Col. 1.14.
67 Ro. 5.1.
68 Fil. 4.11.
69 He. 2.15.
3 96 Sermón 62
2. Asimismo el Hijo de Dios golpea la raíz del orgullo,
que es la gran obra del diablo, haciendo que el pecador se
humille delante del Señor, que se aborrezca, y se arrepienta en
polvo y ceniza.70 Golpea la raíz de la autosuficiencia, haciendo
posible que el pecador humillado sea capaz de decir en todas
las cosas: «No sea como yo quiero, sino como tú».71 Él es
quien destruye nuestro amor por el mundo, liberando a quienes
en él creen de toda codicia necia y dañosa,72 de los deseos de
la carne, de los deseos de los ojos, y de la vanagloria de la
vida.73 Él nos salva de buscar o esperar encontrar la felicidad en
criatura alguna. Así como Satanás desvió el corazón del ser
humano del creador hacia la criatura, así también el Hijo de
Dios vuelve el corazón del hombre de la criatura hacia el
creador. De este modo, manifestándose él mismo, destruye las
obras del diablo, permitiendo que los culpables cuyas
transgresiones los habían apartado de Dios recuperen su favor,
el perdón y la paz. El pecador en quien no mora el bien74 es
devuelto al amor y a la santidad; el pecador atribulado y
desdichado vuelve a sentir un gozo inefable,75 una felicidad real
y verdadera.
3. Pero podemos observar que el Hijo de Dios no
destruye todas las obras del Diablo en el ser humano, mientras
dure la vida de éste en la tierra. No destruye la debilidad
corporal, la enfermedad, el dolor, ni otras mil dolencias que
afectan la carne y la sangre. Tampoco destruye nuestra pobreza
de entendimiento, que es consecuencia lógica de que nuestra
alma more en un cuerpo corruptible, de modo que continúa
70 Job. 42.6.
71 Mt. 26.39.
72 1 Ti. 6.9.
73 1 Jn. 2.16.
74 Ro. 7.18.
75 1 P. 1.8.
El porqué de la venida de Cristo 397
teniendo validez afirmar que humanum est errare et nescire,76
el errar y el desconocer son humanos. En nuestra presente
condición sólo nos confía una pequeñísima parte del
conocimiento, para que nuestro conocimiento no interfiera con
nuestra humildad y no pretendamos, una vez más, ser como
dioses. A fin de librarnos de caer en la tentación del orgullo, y
de todo sentimiento de independencia (que es precisamente lo
que los seres humanos generalmente tanto anhelan, dándole el
nombre de «libertad»), permite que continuemos rodeados de
todas estas limitaciones, especialmente la limitación de nuestro
entendimiento, hasta que se cumpla la sentencia: «¡Polvo eres,
y al polvo volverás!»77
4. Entonces cesará toda debilidad corporal, el error y el
dolor; todo esto será destruido por la muerte. Y la propia muerte,
el último enemigo78 del humano, será destruida en la
resurrección. En el preciso momento en que escuchemos la voz
del arcángel y la trompeta de Dios, entonces se cumplirá la
palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. Este
cuerpo corruptible se vestirá de incorrupción, y este cuerpo
mortal se vestirá de inmortalidad.79 Entonces el Hijo de Dios,
manifestado en las nubes del cielo, destruirá la última obra del
diablo.
5. Ahora, pues, podemos ver con la mayor claridad,
iluminados con la luz más potente, en qué consiste la religión
verdadera: que el ser humano vuelva a tener, gracias a aquel que
puede golpear la cabeza de la serpiente, todo aquello que la
serpiente en el comienzo le quitó. Esta restauración no sólo
significa recuperar el favor de Dios, sino también la imagen de
Dios; no sólo librarse del pecado, sino también estar lleno de la
76 Cf. Sermón 13, III.1-9.
77 Gn. 3.19.
78 1 Co. 15.26.
79 1 Co. 15.54.
3 98 Sermón 62
plenitud de Dios.80 Tomando en cuenta estas consideraciones,
resulta obvio que una religión que ofrezca menos que esto, no
es cristianismo. Todo lo demás, ya sea cuestiones negativas o
de forma, no tiene nada que ver con la religión cristiana. Y, sin
embargo, ¡qué poco se entiende esto en el mundo cristiano!
¡Extraña paradoja! ¿Acaso se puede aceptar como un hecho
que en esta era del iluminismo el mundo posee más sabiduría
que la que jamás poseyó desde sus orígenes? Hemos descubier-
to tantas cosas, mas ¿quién ha descubierto esto? Muy pocos,
tanto entre los ilustrados como entre los que no lo son. Y, sin
embargo, si creemos lo que dice la Biblia, ¿quién puede
negarlo? ¿Quién puede ponerlo en duda? Está presente en la
Biblia de principio a fin, como un hilo conductor. La manera en
que cada una de las partes concuerda con las demás es
precisamente la analogía de la fe. Tengan cuidado de creer que
la religión es otra cosa fuera de esto, o algo menos que esto.
Fuera de esto no hay religión. No imaginen que una conducta
formal, una serie de deberes, tanto públicos como privados,
constituyen la religión. No crean que la sinceridad, la justicia, o
cualquier otro signo de «moralidad» (aunque sean atributos
excelentes cuando se les da el lugar que les corresponde)
pueden equipararse con la religión. Y mucho menos sueñen
que la ortodoxia, el pensamiento correcto (comúnmente
llamado «fe») es igual a la religión. De todos los espejismos
religiosos éste es el más vano, porque confunde el heno y el
rastrojo con el oro refinado en el fuego.
6. ¡No acepten nada que sea menos que esto como la
religión de Jesucristo! No tomen una parte por el todo. Lo que
Dios juntó, no lo separe el hombre.81 No acepten como su
religión nada inferior a una fe que mediante el amor obra en
80 Ef. 3.19.
81 Mt. 19.6.
El porqué de la venida de Cristo 399
nosotros82 toda santidad interior y exterior. No se contenten con
una religión que no signifique la destrucción de todas las obras
del Diablo, es decir, de todo pecado. Sabemos que nuestro
entendimiento será limitado, y que tendremos una y mil
debilidades más en tanto exista este cuerpo corruptible. Pero el
pecado no tiene por qué permanecer; es obra del Diablo, y el
Hijo de Dios se manifestó para destruirlo en esta vida presente.
Él quiere destruirlo ahora en todos quienes crean en él, y tiene
poder para hacerlo. ¡No seáis estrechos en vuestro propio
corazón!83 ¡No desconfíen del poder de su amor! ¡Pongan a
prueba su promesa! Él ha hablado, ¿no creen que del mismo
modo está dispuesto a actuar? Simplemente acérquense
confiados al trono de la gracia,84 entréguense a su misericordia,
y descubrirán que ¡él puede salvar perpetuamente a los que por
él se acercan a Dios!85
20 de enero de 1781.
82 Gá. 5.6.
83 2 Co. 6.12.
84 He. 4.16.
85 He. 7.25.
Índice
A
Calvino, Juan
y Serveto: 336
Agustín de Hipona: 242, 318, 331
celo excesivo: 151
Alfonso X, Rey de Castilla:
Cipriano: 39, 372
355
Club Santo, véase metodismo
alma: 241-242, 339-340
en Oxford
amor hacia Dios cometas: 352
pérdida de: 145-146 conocimiento humano
amor hacia otros permanencia tras la muerte:
hacia otros cristianos: 11-15 247-250
animales se obtiene por los sentidos:
creación: 353 246-250
antinomianismo sus límites: 22-24
Constantino el Grande: 373
calvinista: 191
Credo de Atanasio: 335
moravo: 191
arrepentimiento
D
primer arrepentimiento:
97
David, rey de Israel
segundo arrepentimiento: su pecaminosidad: 32
99-103 debilidades: 26-27
ateísmo demonios
práctico: 60- 61 y los pensamientos errantes:
aves: 354 59-60
deseo: 151-157
B “día del Señor”: 264-266
diablo: 386, 389-391
bebidas artimañas: 69-87, 176
bebidas espirituosas: 227-228 dinero
amor: 223
uso: 221-238
C véase también mayordomía;
riquezas
caída Dios
consecuencias de la: 127-129, como creador: 346-357
359 Trinidad: 333-344
véase también pecado original voluntad de: 10, 192
dispensación de la gracia:
35-38
401
402
Índice
dolor, véase sufrimiento H
E habla humana, pecaminosa:
205-220
economía, véase dinero; riquezas Hobbes, John: 122-123
Edwards, Jonathan: 393 humano:
ejemplo, fuerza: 182 antediluviano: 109-112
elección, véase predestinación
dignidad del: 107-109
encarnación:
depravación total: 120-121
propósito: 383-399
responsabilidad: 387
enfermedades: 173
misterio a sí mismo: 112
Enoc: 392
voluntad: 387
error: 24-26
“espíritu católico”: 1-29, 311
I
pensar y dejar pensar: 1-19
Espíritu Santo, persona y obra
idolatría
don de Dios: 36
la mundanalidad como: 57,
véase también gracia
116-120
anticipante
el orgullo como: 115-116
eternidad: 317-331
iglesia, la
Eva: 389-391, 395
iglesias nacionales: 7, 262-263
véase también caída
iglesia primitiva
pecaminosidad: 363-373
F
imagen de Dios
perdida de: 127-129
familias: 232-233
el ser humano creado: 126-127
fe
imaginación
sus definiciones: 94-96
placeres: 253
pérdida de: 76-77, 144-145
uso propio: 253
poder de: 76-77
indios americanos: 377
santificación y: 103-106
insectos: 353
Fox, George: 376
fuego: 349
J
G
juicio
divino
gozo
final: 251-257
pérdida de: 71-72, 146
particular y general:
gracia de Dios
251
anticipante: 90
justificación: 91
dispensaciones de: 35-38
fe como condición de: 96-98
Índice 403
L bautismo y: 130, 136-138
140-142
latitudinarianismo: 16 de lo alto: 130-132
literatura clásica: 136, 174, 223, marcas del: 132-134
246, 248, 250, 348, 350, 354, pecado y: 92-93
356, 378 santificación: 138-140
M O
Macario: 93 obras buenas
mal, origen del: 386-391 de supererogación: 258
véase también diablo; caída oración privada
martirio: 372-373 abandono de: 149
matemáticas: 226
materia P
conservación de la: 320-321
¿eterna?: 320 Pablo
mayordomía: 239-259 disputa con Bernabé: 367-368
véase dinero; riquezas “espina en la carne”: 39-41
médicos: 228 paganos
memoria: 248-249, 252-253 filosofía: 120-121
metodismo paz
en Oxford: 307 pérdida de: 72-74, 146-147
metodistas pecado
deber de rechazar el pecado: consciente/inconsciente: 148
218-219 convicción de: 100
Miguel, arcángel: 322 culpa y poder de: 147
Milton, John: 268, 328, 329, 346, de omisión: 149-150
349, 350, 352, 353, 357, 389 interno y externo: 31, 150-153
misticismo: 177-178 no es lo mismo que el
católico: 153, 163 pecador: 48
“noche oscura de alma”: 153 problema del: 38-48, 359-381
muerte espiritual: 175-176 residual en los creyentes: 92-93
véase también caída véase también caída
muerte física: 175 pecado original, véase pecado
pensamientos “errantes”: 53-67
N perfección: 22-29
perfección cristiana: 21-51
negación de sí mismo: 187-203 abuso de la: 21, 80
Noé: 360, 392 perfecto amor: 70
nuevo nacimiento placeres: 230-232
404
Índice
pobreza sufrimiento: 167-185
efectos de: 174-175 como bendición: 179-182
predestinación véase también enfermedades
decretos absolutos: 334 superstición: 115
véase también calvinismo
T
R
temor
Reforma Protestante: 374-375 de Dios: 10
religión tentaciones
esencia de: 121-124 liberación de: 27-29
reprender al vecino: 205-220 y oscuridad espiritual: 154-155
obligación: 149-150, 208-213 Tertuliano: 39
riquezas testimonio interno: véase Espíritu
peligro de: 378-380 Santo
tiempo
S naturaleza: 318-320
uso del: 86
salud: 224-225 tierra: 346-347
salvación trabajo: 224-225
ordo salutis: 89-106 Trinidad, véase Dios
santidad
nuevo nacimiento: 134-136 W
véase imagen de Dios;
perfección cristiana; Watts, Isaac: 392
santificación Wesley, Carlos
santificación: 91-92 himnos citados: 106, 209, 276,
“perfecto amor”: 98-102 278, 314-315, 319, 324, 325, 328,
por la fe: 91-92 331
véase también perfección Whitefield, George: 268, 291-315
cristiana; santidad
Satanás, véase diablo
Savannah (Georgia): 295-297,
305
sensualidad: 230-232
sentidos físicos
el conocimiento se
deriva de: 246-250
Sociedad para la Reforma de
Costumbres: 261-289
sistema solar: 337-338
Las Obras de Juan Wesley-Tomo III cover.pdf 1 3/8/24 3:08 PM
Nada puede ser más intrincado, complejo y
difícil de entender que la religión, tal como a
menudo ha sido descrita. Y esto es verdad no
solamente en lo concerniente a la religión de
los paganos, hasta de muchos de los más
sabios de ellos, sino también en lo que
concierne a la religión de quienes, en cierto
sentido, eran cristianos; y hasta personas de
renombre en el mundo cristiano, personas
consideradas como columnas del mismo. Sin
C embargo, ¡cuán fácil de ser comprendida, cuán
M sencilla y simple es la religión genuina de
Y Jesucristo! Con la condición de que la tomem-
CM os en su forma original, tal como es descrita en
MY los oráculos de Dios. Ella está perfectamente
CY adaptada al débil entendimiento y a la estrecha
CMY capacidad del ser humano en su estado actual.
¡Cuán evidente es esto tanto con respecto al
K
fin que propone como a los medios para alca-
nzarlo! El fin es, en una palabra, la salvación;
el medio para alcanzarla, la fe.
Segunda edición
TOMO III
Sermones, III