Sermón 61 - El misterio de la iniquidad
2 Tesalonicenses 2.7
Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad.
1. Sin llegar a preguntarme hasta qué punto estas
palabras podrían referirse a un hecho determinado dentro de la
iglesia cristiana, me gustaría en esta oportunidad, partiendo de
este versículo, reflexionar acerca de una importante pregunta:
¿de qué modo el misterio de la iniquidad ha estado activo
entre nosotros hasta el punto de haber cubierto casi toda la
tierra?
2.Es verdad que Dios hizo al hombre recto,1 perfecto en
santidad y felicidad. Pero al rebelarse éste en contra de Dios, se
destruyó a sí mismo, perdió el favor y la imagen de Dios, y se
vio envuelto él y toda su posteridad en el pecado y el sufrimiento
que éste provoca. Sin embargo, su misericordioso creador no lo
abandonó en este estado de desesperanza y desolación.
Inmediatamente nombró a su Hijo, su Hijo amado, quien es el
resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia,2
para que sea el Salvador de toda persona, la propiciación por
nuestros pecados,3 el gran Médico, quien por medio de su
poderoso espíritu curaría el mal en sus almas, y les devolvería
no sólo el favor de Dios sino la imagen de Dios en la cual
fueron creados.4
1 Ec. 7.29.
2 He. 1.3.
3 1 Jn. 2.2.
4 Véase Col. 3.10.
359
3 60 Sermón 61
3. Este gran misterio de la piedad5 comenzó a actuar
desde el mismo momento de la promesa original. De igual
manera, el Cordero que fue inmolado desde el principio del
mundo,6 según el designio de Dios, en el mismo momento su
Espíritu purificador comenzó a renovar las almas de los seres
humanos. Abel es un ejemplo incuestionable de esto cuando
alcanzó testimonio de parte de Dios de que era justo.7 Y a partir
de entonces cada vez que compartimos su misma fe también
compartimos su misma salvación. No sólo somos devueltos al
favor de Dios sino a la imagen de Dios.
4. Pero ¡qué pequeño ha sido este grupo desde los
tiempos más remotos! Tan pronto como los hijos de los
hombres comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra,
Dios miró desde el cielo y vio que la maldad de los hombres
era mucha en la tierra, tanto que todo designio de los
pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el
mal.8 Todo siguió sin cambiar hasta que Dios pronunció su
terrible sentencia: «Raeré de sobre la faz de la tierra a los
hombres que he creado».9
5. Pero Noé halló gracia ante los ojos del Señor
porque era varón justo, perfecto en sus generaciones.10 Por lo
cual Dios lo libró, junto con su esposa, sus hijos y sus
respectivas esposas, de la destrucción total. Y uno podría
imaginar que este pequeño remanente también sería perfecto en
sus generaciones. Pues bien, ¡nada más lejos de la verdad!
Poco tiempo después de esta señal de redención, vemos como
Cam, uno de los hijos de Noé, cae en pecado y recibe la
5 1 Ti. 3.16.
6 Ap. 13.8.
7 He. 11.4.
8 Gn. 6.1-5.
9 Gn. 6.7.
10 Gn. 6.8-9.
El misterio de la iniquidad 361
maldición de su padre. ¡Y cómo continuó actuando el misterio
de la iniquidad después de esto! No sólo en la descendencia de
Cam, sino también en la de Jafet, y en la de Sem. La única
excepción la encontramos en Abraham y su familia.
6. ¡De qué manera obró aun en la descendencia de
Abraham, en el pueblo escogido por Dios! ¿Acaso no fueron
todos ellos, desde Moisés hasta David, desde Malaquías hasta
Herodes el Grande, una generación contumaz y rebelde?11
Fueron una nación pecadora, pueblo cargado de maldad.
Continuamente abandonaron al Señor y provocaron a ira al
Santo de Israel.12 Sin embargo, no hay razón para creer que
fueran peores que las naciones que los rodeaban, pueblos que
vivían inmersos en toda clase de iniquidad y prácticas
idolátricas, no tenían a Dios en ninguno de sus pensamientos,13
sino que cometían con avidez toda clase de impureza.14
7. Cuando se hubo cumplido el tiempo, cuando todo
tipo de iniquidad, toda impureza e injusticia se habían
extendido en todas las naciones y habían inundado toda la
tierra, quiso Dios presentar un modelo opuesto por medio de
su Primogénito, a quien introdujo en el mundo.15 Ahora sí,
uno podría confiar en que el misterio de la santidad prevale-
cería por completo sobre el misterio de la iniquidad; el Hijo de
Dios sería luz para revelación a los gentiles, y gloria de su
pueblo Israel.16 Uno creería que todo Israel, y toda la tierra,
pronto se verían llenas de la gloria de Dios.17 Pero nada de
eso ocurrió. El misterio de la iniquidad prevaleció, cubriendo
11 Sal. 78.8.
12 Is. 1.4.
13 Sal. 10.4.
14 Ef. 4.19.
15 He. 1.6.
16 Lc. 2.32; cf. Jer. 3.23.
17 Nm. 14.21.
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casi toda la superficie de la tierra. ¡Cuán infinitamente pequeño
el número de aquéllos cuyas almas fueron sanadas por el propio
Hijo de Dios! En aquellos días Pedro se levantó en medio de
los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en
número).18 Pero aun éstos habían sido sanados sólo en parte.
Poco tiempo atrás Pedro, su líder, se había mostrado tan débil
en su fe que todos los demás discípulos si bien no llegaron como
él a negar al maestro, todos ellos, dejándole, huyeron.19 Esto
pone en evidencia que el Espíritu Santo aún no había venido
porque Jesús no había sido aún glorificado.20
8. Aconteció luego, después que subió a lo alto,
llevando cautiva la cautividad,21 que se cumplió la promesa del
Padre tal como lo habían oído de él.22 Fue entonces que
comenzó a actuar, mostrando que toda potestad le había sido
dada en el cielo y en la tierra.23 Cuando llegó el día de
Pentecostés, de repente vino del cielo un estruendo como de un
viento recio y se les aparecieron lenguas repartidas, como de
fuego. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo.24 Como
consecuencia de esto tres mil almas recibieron la medicina para
curar sus dolencias,25 y recuperaron el favor y la imagen de
Dios gracias a la predicación de Pedro. Y el Señor añadía cada
día a la iglesia (no «los que habían de ser salvos», que
constituye una clara deformación del texto, sino) los que eran
salvos.26 Es una expresión singular, y también el orden de las
18 Hch. 1.15.
19 Mr. 14.50.
20 Jn. 7.39.
21 Ef. 4.8.
22 Hch. 1.4.
23 Mt. 28.18.
24 Hch. 2.1-4.
25 Sal. 147.3.
26 Hch. 2.47.
El misterio de la iniquidad 363
palabras que se presenta así: «Y el Señor añadía los que eran
salvos cada día a la iglesia». Primeramente eran salvos de la
culpa y el poder del pecado, luego eran agregados a la
asamblea de los creyentes.
9.Para comprobar con toda claridad que ya eran salvos,
basta leer los breves relatos que han quedado registrados en la
última parte del capítulo dos y en el capítulo cuatro. Y
perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión
unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.27
Esto es, recibían enseñanza de los apóstoles a diario, tenían en
común todas las cosas, participaban de la cena del Señor y
asistían a los servicios religiosos. Todos los que habían creído
estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían
sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la
necesidad de cada uno.28 Más adelante agrega: Y la multitud de
los que habían creído, que había aumentado notablemente, era
de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo propio nada
de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.29
Más aún: Y abundante gracia era sobre todos ellos, así que no
había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que
poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo
vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a
cada uno según su necesidad.30
10.En este punto surge una pregunta: ¿Cómo llegaron a
actuar de esta forma, a tener todas las cosas en común, si no se
encuentra en el texto ningún mandamiento expreso de que
debían hacerlo? Ante esto respondo que no había necesidad de
mandamiento alguno; el mandamiento estaba escrito en sus
corazones. Era la consecuencia lógica y natural del amor que
27 Hch. 2.42.
28 Hch. 2.44-45.
29 Hch. 4.32.
30 Hch. 4.33-35.
3 64 Sermón 61
habían alcanzado y disfrutaban. Miren lo que dice: Todos eran
de un corazón y un alma; y ninguno decía (no podían hacerlo
porque su corazón rebosaba amor) ser suyo propio nada de lo
que poseía. Y en cualquier lugar en que prevalezca la causa del
amor, éste provocará naturalmente los mismos efectos.
11. He aquí el amanecer del evangelio; he aquí una
verdadera iglesia cristiana. Fue entonces cuando nació el sol de
justicia en la tierra, trayendo en sus alas salvación.31 Ahora sí
él salvó a su pueblo de sus pecados,32 y sanó toda enfermedad
y toda dolencia.33 No sólo enseñó la religión que es verdadera
sanidad del alma,34 sino que efectivamente la implantó en la
tierra. De este modo llenó el alma de todo creyente de justicia,
de gratitud hacia Dios y de buena voluntad hacia los demás.
Llenó el alma de una paz que sobrepasa todo entendimiento, y
con gozo inefable y glorioso.35
12.Pero ¡qué pronto el «misterio de la iniquidad» entró
nuevamente en acción oscureciendo esa gloriosa perspectiva!
Comenzó a obrar (no abiertamente, por supuesto, sino en
forma encubierta) en dos cristianos, Ananías y Safira. Ellos
vendieron su heredad al igual que el resto, y probablemente por
el mismo motivo. Pero luego, dando lugar al Diablo y actuando
según la carne y la sangre, retuvieron parte del precio.36 ¡He
aquí los primeros cristianos que desechando la buena
conciencia, naufragaron en cuanto a la fe!37 Fueron los
primeros que retrocedieron para perdición en lugar de tener fe
31 Mal. 4.2.
32 Mt. 1.21.
33 Mt. 9.35.
34 Sal. 41.4.
35 1 P. 1.8.
36 Véase Hch. 5.2.
37 1 Ti. 1.19.
El misterio de la iniquidad 365
para preservar su alma.38 Tomen nota de la primera plaga que
infectó a la iglesia cristiana: ¡el amor al dinero! Y no dudo de
que continuará siendo la gran plaga para todas las generaciones
cada vez que Dios quiera reiniciar su obra. ¡Todo creyente debe
estar alerta! Sea que se trate de uno de sus hijos pequeños o de
un joven fuerte en la fe.39 ¡Vean dónde está la trampa!
Especialmente sus propias trampas; aquéllas a las que estarán
expuestos después de haber superado el estado de impureza
manifiesta. No améis al mundo, ni las cosas que están en el
mundo. Si alguno ama al mundo, no importa lo que haya llegado
a ser en el pasado, el amor del Padre no está en él.40
13. Sin embargo, en la iglesia cristiana primitiva se
detuvo esta plaga separando inmediatamente a las personas
contaminadas. Y fue por esa señal del juicio de Dios para los
primeros transgresores que vino gran temor sobre toda la
iglesia, de modo que al menos durante ese tiempo nadie se
atrevió a seguir su ejemplo. Mientras tanto el número de
creyentes, hombres y mujeres llenos de fe y de amor, que se
alegraban de tener en común todas las cosas, aumentaba más;
gran número así de hombres como de mujeres.41
14. Si tratamos de averiguar de qué manera el misterio
de la iniquidad, el poder de Satanás, comenzó a actuar
nuevamente en la iglesia cristiana, descubriremos que obró de
manera diferente, adoptando una modalidad completamente
distinta. La discriminación se coló entre los creyentes
cristianos. Aquéllos encargados de repartir las provisiones
hacían diferencia entre las personas, abasteciendo en forma
abundante a los de su propia nación en tanto que las viudas que
no eran hebreas eran desatendidas en la administración
38 He. 10.39.
39 1 Jn. 2.12-14.
40 1 Jn. 2.15.
41 Hch. 5.14.
3 66 Sermón 61
diaria.42 No se distribuía según la necesidad de cada uno. Esto
constituía una abierta transgresión al amor fraternal por parte
de los hebreos, un pecado en contra de la justicia y la
misericordia, especialmente teniendo en cuenta que los griegos,
igual que los hebreos, habían vendido lo que poseían, y traían
el precio de lo vendido y lo ponían a los pies de los apósto-
les.43 Ésta fue la segunda plaga que irrumpió en la iglesia
primitiva: la discriminación de personas, mostrar mucha
consideración hacia aquellos que pertenecen a nuestro grupo y
muy poca por los demás, aunque sean tan merecedores como
nosotros.
15. La contaminación no terminó allí sino que un mal
acarreó muchos más. Como consecuencia de la discriminación
practicada por los hebreos hubo murmuración de los griegos
contra ellos. No sólo abrigaron descontento y malos pensa-
mientos, sino que este sentimiento fue naturalmente expresado
con palabras, se habló duramente y sin piedad, se criticó y
difamó. Y tan pronto brotó alguna raíz de amargura,
seguramente muchos fueron contaminados.44 Aunque los
apóstoles encontraron la manera de evitar toda esta murmura-
ción, quedaba aún tanta raíz de maldad que Dios consideró
necesario utilizar una cura mucho más severa. Soltó el poder
del mundo sobre ellos. Tal vez así, sus sufrimientos, la pérdida
de sus bienes, el dolor, la prisión y hasta la misma muerte
servirían para que él los castigara y enmendara al mismo
tiempo. Finalmente la persecución, el último recurso de Dios
para un pueblo reincidente, tuvo el efecto deseado: poner fin a
la discriminación de los hebreos y a las murmuraciones de los
griegos. Entonces las iglesias tenían paz y eran edificadas,
cimentadas en el amor a Dios y en el amor que sentían unos
42 Hch. 6.1.
43 Hch. 4.34-35.
44 He. 12.15.
El misterio de la iniquidad 367
por otros. Y así, andando en el temor del Señor, se acrecenta-
ban fortalecidas por el Espíritu Santo.45
16. Al parecer fue algún tiempo después que el
«misterio de la iniquidad» comenzó a obrar nuevamente, esta
vez bajo la apariencia del celo. Surgieron graves problemas a
partir de quienes celosamente defendían la circuncisión y el
resto de la ley mosaica, hasta que los apóstoles y los ancianos
tomaron una determinación final para poner fin al mal que se
estaba extendiendo: «Porque ha parecido bien al Espíritu
Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que
estas cosas necesarias: que se abstengan de lo sacrificado a
ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación». Sin embargo,
no fue posible erradicar por completo este mal sino que
continuó presentándose una y otra vez, como lo muestra san
Pablo en varios pasajes de sus epístolas, especialmente a los
gálatas.
17. Al mismo tiempo y en estrecha relación con esto
surgió otro lamentable mal en la iglesia: la falta de tolerancia, y
como consecuencia de ello el enojo, las peleas, los conflictos y
las discrepancias. En este mismo capítulo encontramos un claro
ejemplo cuando Pablo dijo a Bernabé: «Volvamos a visitar a
los hermanos en las ciudades en que hemos anunciado la
palabra». Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan,46
porque era su sobrino.47 Pero a Pablo no le parecía bien llevar
consigo a quien antes se había apartado de ellos.48 Y
ciertamente tenía razones para actuar así. Pero Bernabé estaba
decidido a salirse con la suya. Kai egéneto paroxysmos «Y
hubo tal desacuerdo entre ellos...»49 Según el texto no fue
45 Hch. 9.31.
46 Hch. 15.36-37.
47 Col. 4.10.
48 Hch. 15.38.
49 Hch. 15.39.
3 68 Sermón 61
Pablo el que ocasionó el problema. Bernabé, en cambio, tuvo
más pasión que razones. Como consecuencia de lo ocurrido, se
separó de la obra y regresó a su tierra, mientras que Pablo siguió
adelante pasando por Siria y Cilicia, confirmando a las
iglesias.50
18. La primera sociedad de cristianos en Roma tampoco
pudo librarse de esta influencia maligna. Entre ellos también
existían quienes causaban divisiones y tropiezos,51 aunque en
términos generales parece que habían andado en el amor.52
¡Pero qué rápida y poderosamente obró el misterio de la
iniquidad en la iglesia de Corinto! No sólo hubo entre ellos
desavenencias53 y disensiones,54 animosidad, terribles y
amargas disputas, sino que además pecaban abiertamente.
Tanto que el apóstol escribió refiriéndose a ellos: «Tal
fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles».55 Más
aún, fue necesario recordarles que ni los adúlteros, ni los
ladrones, ni los borrachos heredarán el reino de Dios.56 En
todas las cartas de san Pablo encontramos pruebas abundantes
de que la cizaña crecía junto con el trigo en todas las iglesias, y
que en todo lugar el «misterio de la iniquidad» obraba en contra
del «misterio de la santidad» de mil formas diferentes.
19. Cuando Santiago escribió su epístola, dirigida en
forma inmediata a las doce tribus que estaban en la disper-
sión,57 a los judíos conversos, la cizaña sembrada entre el trigo
ya había dado abundante cosecha. La gran enfermedad del
50 Hch. 15.41.
51 Ro. 16.17.
52 Ef. 5.2.
53 1 Co. 12.25.
54 1 Co. 11.19.
55 1 Co. 5.1.
56 1 Co. 6.9-10.
57 Stg. 1.1.
El misterio de la iniquidad 369
cristianismo, la fe sin obras,58 se había extendido a lo largo y a
lo ancho. La iglesia estaba llena de la sabiduría de este mundo,
terrenal, animal, diabólica,59 la cual dio lugar no sólo a
habladurías y juicios apresurados, sino a los celos, contiendas,
perturbación y toda obra perversa.60 Ciertamente quienquiera
que analice con atención los capítulos cuarto y quinto de esta
epístola se verá inclinado a creer que en este primer periodo la
cizaña prácticamente había ahogado al trigo, y que para la
mayoría de los cristianos a quienes Santiago dirigió su carta sólo
quedaba, si acaso, una santidad formal.
20. En la misma época san Pedro escribió a los
expatriados, los cristianos dispersos en los extensos territorios
de las provincias del Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y
Bitinia.61 Probablemente aquí se encontraban algunos de los
cristianos más eminentes del mundo en ese momento. Sin
embargo, ¡qué lejos estaban aun éstos de ser cristianos sin
mancha y sin contaminación!62 También aquí era crítico el
crecimiento de la cizaña junto con el trigo. Algunos de ellos
introducían encubiertamente herejías, y aun negaban al Señor
que los había rescatado.63 Y muchos de ellos, siguiendo la
carne, andaban en concupiscencia e inmundicia, ...como
animales irracionales, nacidos para presa y destrucción.
...Son inmundicias y manchas, y mientras comen con vosotros
(en los ágapes64 que en ese entonces se celebraban en toda la
iglesia) tienen los ojos llenos de adulterio y no se sacian de
pecar...Son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la
58 Véase Stg. 2.26.
59 Stg. 3.15.
60 Stg. 3.16.
61 1 P. 1.1.
62 1 P. 1.19.
63 2 P. 2.1.
64 Jud. 12.
3 70 Sermón 61
tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está
reservada para siempre.65 Y sin embargo, estas mismas
personas eran llamadas cristianas, ¡y se encontraban en el seno
de la iglesia! Ni siquiera dice el apóstol que estas personas sólo
habían contaminado una iglesia en particular, sino que lo
presenta como un mal generalizado, que ya en esa época estaba
diseminado entre todos los cristianos a quienes él escribía.
21. Tal es la historia real del «misterio de la iniquidad»,
que obraba aun en las iglesias apostólicas; relato que no fue
hecho por judíos o paganos, sino por los propios apóstoles. A
esto podemos agregar el testimonio de quien es el Jefe y
Fundador de la iglesia, aquel que tiene las siete estrellas en su
diestra,66 el testigo fiel y verdadero.67 A partir de la situación de
las siete iglesias en Asia, fácilmente podemos deducir cuál era
el estado general de la iglesia. Una de ellas, la iglesia de
Filadelfia sin lugar a dudas, había guardado su palabra, y no
había negado su nombre.68 Asimismo la iglesia de Esmirna se
encontraba en situación floreciente. Pero todas las demás
estaban corruptas en mayor o menor grado, hasta tal punto que
muchas de ellas no estaban ni una pizca mejor que la presente
generación de cristianos. En aquel momento nuestro Señor las
amenazó con quitarles sus candeleros,69 algo que cumplió hace
ya mucho tiempo.
22. Ésta era la situación real de la iglesia cristiana, aun
durante el siglo primero, cuando todavía contaban con la
presencia y el liderazgo no sólo de Juan sino de la mayoría de
los apóstoles. ¡Qué misterio tan grande! ¿Cómo puede Dios,
todo gracia y sabiduría, el Todopoderoso, tolerar que esto
65 2 P. 2.10, 12, 14, 17.
66 Ap. 2.1.
67 Ap. 3.14.
68 Ap. 3.8.
69 Ap. 2.5.
El misterio de la iniquidad 371
suceda? No hablamos de una sino, hasta donde sabemos, de
todas las sociedades cristianas, excepto Esmirna y Filadelfia.
¿Cómo llegaron a ser la excepción? ¿Por qué eran menos
corruptas (para no ahondar en detalles) que las demás iglesias
de Asia? Aparentemente porque eran menos adineradas. Los
cristianos de Filadelfia no se habían enriquecido70 como los de
Éfeso o Laodicea. Y si los cristianos de Esmirna habían
adquirido más riquezas, perdieron todo en la persecución. De
modo que estos cristianos, al poseer menos bienes terrenales,
retuvieron más de la sencillez y la pureza del evangelio.
23. El relato que presenta la escritura de los antiguos
cristianos es absolutamente opuesto a lo que comúnmente
creen las personas. Nos hemos sentido inclinados a imaginar
que la iglesia primitiva era toda excelencia y perfección. Esta
visión corresponde a la poderosa descripción que san Pedro
toma de Moisés: Vosotros sois linaje escogido, real sacerdo-
cio, nación santa, pueblo adquirido.71 Y así fue, sin ninguna
duda, la primer iglesia cristiana que comenzó el día de
Pentecostés. ¡Pero con qué rapidez el buen oro perdió su
brillo!72 ¡Con qué rapidez el vino se mezcló con agua!73 No
pasó mucho tiempo antes de que el dios de este siglo74
recuperara hasta tal punto su imperio que, en general, apenas
podía distinguirse a los cristianos de los paganos, excepto por
sus opiniones y su forma de culto.
24. Si el estado de la iglesia durante el siglo primero era
tan malo, no podemos suponer que sería mejor en el segundo.
Ciertamente las cosas empeoraron más y más. Tertuliano, uno
de los cristianos más eminentes de esa época, nos ha dejado en
70 Ap. 3.17.
71 1 P. 2.9.
72 Lm. 4.1.
73 Is. 1.22.
74 2 Co. 4.4.
3 72 Sermón 61
varios de sus escritos una descripción de lo que ocurría. Por sus
relatos sabemos que la religión interior, auténtica, era casi
inexistente. Los cristianos eran exactamente iguales a sus
vecinos paganos no sólo en cuanto a su naturaleza (el orgullo,
la pasión y el amor por las cosas del mundo gobernaban a ambos
por igual), sino en su estilo de vida y conducta. Dar testimonio
fiel en contra de la corrupción generalizada de los cristianos
parece haber sido lo que originó las críticas contra Montano, y
contra el propio Tertuliano cuando éste manifestó estar
convencido de que Montano estaba en lo cierto. En cuanto a la
herejía atribuida a Montano, no es fácil descubrir en qué
consistió. Personalmente creo que su gran herejía consistió en
sostener que sin santidad, interior y exterior, nadie verá al
Señor.75
25. Cipriano, obispo de Cartago, un testigo inobjetable
desde todo punto de vista, que vivió aproximadamente a
mediados del siglo tercero, ha dejado numerosas cartas que
contienen extensos y detallados relatos acerca de la situación de
la iglesia en aquel tiempo. Al leerlas uno se sentiría inclinado a
pensar que estaba leyendo una descripción del presente siglo.
La generalidad de los laicos y de los clérigos desconocían hasta
tal punto la religión verdadera, y estaban tan inmersos en la
ambición, la envidia, la codicia, el lujo y toda clase de vicios,
que los cristianos de África de aquel entonces eran exactamente
iguales a los cristianos de Inglaterra en el presente.
26. Es cierto que durante todo esta etapa, durante los
tres primeros siglos, hubo periodos más cortos o más breves en
que el verdadero cristianismo revivió. En esos periodos la
justicia y la misericordia de Dios no impidieron que los paganos
persiguieran a los cristianos y muchos de ellos debieron resistir
hasta la muerte. Y la sangre de los mártires fue la simiente de la
iglesia. Se recuperó el espíritu apostólico, y había muchos que
75 He. 12.14.
El misterio de la iniquidad 373
no estimaban preciosa su vida para sí mismos, con tal que
acabaran la carrera con gozo.76 Muchos otros se vieron
reducidos a una pobreza feliz, y habiendo sido despojados de las
cosas que tanto habían amado, recordaron de dónde habían
caído, y se arrepintieron e hicieron las primeras obras.77
27. La persecución nunca logró herir de manera
definitiva al cristianismo auténtico. La herida más grave que
jamás recibió fue el tremendo golpe que le asestaron en la
misma raíz de la religión verdadera, atacando ese amor sencillo,
afable y paciente que es a la vez consumación y esencia de la
ley cristiana. Y ese golpe le fue asestado por Constantino el
Grande, cuando se llamó a sí mismo cristiano, y volcó un mar
de riquezas, de honor y de poder sobre los cristianos,
particularmente sobre los clérigos. Entonces se cumplió en la
iglesia cristiana lo que Salusto dice de la gente de Roma:
Sublata imperii aemula, non sensim sed praecipiti cursu, a
virtutibus descitum, ad vitia transcursum. De igual manera, una
vez que desapareció el temor de la persecución, y la riqueza y el
honor estuvieron al servicio de la profesión cristiana, los
cristianos ya no se hundieron gradualmente, sino que se
precipitaron de lleno hacia toda suerte de vicios. A partir de ese
momento el misterio de la iniquidad no estuvo más oculto, sino
que se manifestó abiertamente a la luz del día. Fue entonces que
la edad de hierro, no de oro, de la iglesia comenzó. Podríamos
decir acertadamente que:
Protinus irrupit venae peioris in aevum
Omne nefas; fugere pudor, verumque fidesque;
In quorum subiere locum fraudesque, dolusque,
Insidiaeque, et vis, et amor sceleratus habendi.
En esa era desdichada de inmediato surgieron
toda clase de maldad y pecados mortales.
76 Hch. 20.24.
77 Ap. 2.5.
3 74 Sermón 61
La verdad, la modestia y el amor huyeron;
el poder y la sed de oro se adjudicaron dominio
universal.
28. ¡Y éste es el acontecimiento que la mayoría de los
expositores cristianos mencionan como un gran triunfo! Sí,
algunos de ellos creen que a esto se refería el Apocalipsis
cuando dice: «Vi la nueva Jerusalén descender del cielo».78
Más bien deberíamos decir que fue la venida de Satanás y todas
sus legiones desde las profundidades del abismo. Vemos que a
partir de ese momento él estableció su trono en toda la tierra, y
reinó por igual en el mundo cristiano y en el pagano,
prácticamente sin restricción alguna. Por cierto los historiadores
nos cuentan solemnemente acerca de las naciones que en todo
siglo fueron convertidas al cristianismo por tal y cual persona
(¡santos, sin duda!). Pero estos conversos continuaban
practicando toda clase de abominación, exactamente igual que
antes de convertirse. No se diferenciaban por su naturaleza o
forma de vida de las naciones que todavía se llamaban paganas.
Así fue la lamentable condición de la iglesia cristiana desde el
tiempo de Constantino hasta la Reforma. No existía una nación
o una ciudad cristiana (según el modelo de las escrituras) en
lugar alguno. Por el contrario, toda ciudad y nación, con
excepción de unos pocos individuos, estaba entregada a toda
clase de maldad.
29. ¿Hubo algún cambio desde la época de la Reforma?
¿Acaso el «misterio de la iniquidad» ha dejado de actuar en la
iglesia? No, en absoluto. Si nos referimos a la Reforma, ésta no
se ha extendido ni a un tercio de la iglesia occidental. Esto
significa que dos tercios permanecen en igual situación a la que
estaban, y otro tanto ocurre con las iglesias del este, sur y
norte. Están tan cargadas de abominaciones paganas, o peores
que paganas, como lo habían estado antes. ¿Y cuál es la
78 Ap. 21.2.
El misterio de la iniquidad 375
situación de las iglesias reformadas? Es verdad que la reforma
cambió su forma de pensar al igual que sus formas de culto.
Pero ¿acaso su cambio no se limitó tan sólo a esto? ¿O acaso
reformaron su naturaleza o sus vidas? En modo alguno.
Ciertamente muchos de los reformadores se quejaron de que la
Reforma no fue llevada hasta las últimas consecuencias. ¿Qué
querían decir con esto? Simplemente que la reforma de los ritos
y ceremonias de la iglesia no había sido lo bastante profunda.
¡Insensatos y ciegos!79 ¡Sólo prestan atención a las cuestiones
circunstanciales de la religión! Debieran haberse quejado de
que no se llevara hasta las últimas consecuencias lo que hace a
la esencia de la religión. Debieran haber insistido con
vehemencia para que se diera un cambio total en la naturaleza
y forma de vida de las personas; insistir para que mostraran
que tenían el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús,80
andando como él anduvo.81 Sin esto, la reforma de las
opiniones, de los ritos y ceremonias se convierte en algo
exquisitamente superficial. Quien así lo desee, puede indagar
cuál es el estado actual del cristianismo en las regiones
reformadas de Suiza, en Alemania o Francia, en Suecia,
Dinamarca, Holanda, en Gran Bretaña e Irlanda. ¡Estos
cristianos reformados apenas llegan a ser mejores que las
naciones paganas! ¿Acaso poseen un mayor grado (no
mencionaré la comunión con Dios, aunque evidentemente sin
ella no hay cristianismo) de justicia, misericordia, o verdad que
los habitantes de China o Indostán? ¡No, no es así! ¡Debemos
reconocer con pena y vergüenza que estamos mucho peor que
ellos!
Nosotros, que Tu nombre llevamos,
sobrepasamos en pecados a los paganos
79 Mt. 23.17, 19.
80 Fil. 2.5.
81 1 Jn. 2.6.
3 76 Sermón 61
que no han sido bautizados.82
30. ¿No es ésta la «separación» o «apostasía» que
predijo san Pablo en su segunda epístola a los tesalonicen-
ses?83 Por cierto no me atrevería a decir con George Fox que
esta apostasía es universal, que nunca hubo verdaderos
cristianos en el mundo desde el tiempo de los apóstoles hasta
hoy. Pero sí podemos decir sin titubeos que dondequiera se
extendió el cristianismo, también se extendió la apostasía. Tanto
es así, que aunque existan en el presente, y siempre hayan
existido, personas que son verdaderos cristianos, nunca pudo
verse en el mundo, ni podemos verlo hoy, una ciudad o una
nación cristiana.
31. A toda persona reflexiva que cree que las escrituras
son palabra de Dios, me gustaría preguntarle si no cree que esta
apostasía general no conlleva la necesidad de una reforma
general. Si no aceptamos esto, ¿cómo podemos justificar la
sabiduría o la bondad de Dios? Según la escritura la religión
cristiana estaba destinada a ser sanidad de las naciones,84 para
salvar del pecado mediante el Segundo Adán a todos aquellos
que fueron hechos pecadores por el primero. Pero no está
cumpliendo con su objetivo. Nunca lo hizo, a no ser por un
breve periodo en Jerusalén. Ahora bien, aunque no lo ha hecho
no podemos menos que decir que seguramente lo hará.
Llegará el día que no sólo todo Israel será salvo,85 sino que
llegará la plenitud de los gentiles.86 Se acerca el tiempo
cuando nunca más se oirá en la tierra violencia, destrucción ni
quebrantamiento en ningún territorio, sino que cada ciudad
llamará a sus muros «salvación» y a sus puertas «alabanza».
82 Juan y Carlos Wesley, Himnos sobre la Cena del Señor (1745).
83 2 Ts. 2.3.
84 Ap. 22.2.
85 Ro. 11.26.
86 Ro. 11.25.
El misterio de la iniquidad 377
Dijo el Señor: «Cuando todo el pueblo sea justo, para siempre
heredarán la tierra, los renuevos de mi plantío, la obra de mis
manos, para glorificarme.87
32. De lo expresado anteriormente podemos obtener la
respuesta a una de las grandes objeciones que los infieles hacen
al cristianismo, a saber, la forma de vida de los cristianos.
Ustedes dicen «de los cristianos», pero yo dudo de que hayan
conocido un cristiano en toda su vida. Cuando Tomo Chachi, el
jefe indio, respondió a quienes le hablaron de ser cristiano:
«¡Cómo! Así que son cristianos los que están en Savannah! ¡Así
que son cristianos los que están en Frederica!» La respuesta
correcta hubiera sido: «No, no lo son; no son más cristianos que
tú y Sinauky». ¿Y no son cristianos los que están en Canterbury,
en Londres, en Westminster? No, no son más cristianos que lo
que son ángeles. Nadie es cristiano excepto aquellos que tienen
el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, y que andan como él
anduvo. Alguien muy sabio dijo: «Bueno, si así es un cristiano,
aún no he visto ninguno». Y yo le creo, seguro que nunca vio
uno. Y tal vez nunca llegue a verlo, ya que los tales no se
encuentran entre los famosos y felices del mundo. Los pocos
cristianos que hay en esta tierra sólo se ven allí donde ustedes
nunca los buscan. Por tanto, nunca antes fue tan imperiosa esta
advertencia: nunca atribuyan al cristianismo la vida o la forma
de comportarse de los paganos. Aunque se llamen cristianos, el
nombre no implica la condición; están tan lejos de serlo como
el cielo está del infierno.
33. De esto podemos deducir, en segundo lugar, hasta
dónde llegó la caída, la sorprendente extensión de la corrupción
original. ¡Cómo! ¿Entre tantos miles, tantos millones, no hay
justo ni aun uno?88 Por naturaleza, no lo hay. Pero por la gracia
de Dios no diré como el poeta pagano:
87 Is. 60.18, 21.
88 Ro. 3.10.
3 78 Sermón 61
Rari quippe boni: numera, vix sunt totidem quot
Thebarum portae vel divitis ostia Nili.89
Sintiendo que había ido demasiado lejos cuando supuso que
había cien hombres buenos en el Imperio Romano, vuelve en sí
y afirma que existen sólo siete. Aunque seguramente no era así,
¡habría por lo menos siete mil! Otro tanto ocurrió con aquella
pequeña nación donde Eliseo pensó que no encontraría ninguna
persona justa y resultó que había muchísimas. Pero, admitiendo
que existen unas pocas excepciones, podemos decir con
propiedad que el mundo entero está bajo el maligno.90 Sí, todo
el mundo pagano, sin duda, y también el (así llamado) cristiano,
porque a excepción de ciertas señales exteriores, ¿qué los
diferencia? Véanlo con sus propios ojos. Observen lo que ocurre
en la India, ese enorme país. Allí viven cristianos y paganos.
¿Quiénes tienen mayor justicia, misericordia y verdad: los
cristianos o los paganos? ¿Quiénes son más corruptos, terribles
y diabólicos en su manera de ser y en sus prácticas: los ingleses
o los indios? ¿Quiénes han devastado naciones enteras y han
atiborrado los ríos de cadáveres?
¡Oh sagrado nombre de los cristianos! ¡Cómo ha sido
profanado!
¡Tierra, tierra, tierra!91 ¡Cómo sufres a causa de la maldad de
los cristianos que te habitan!
34. De lo expuesto anteriormente podemos deducir, en
tercer lugar, hacia dónde nos conducen las riquezas. ¡Qué
influencia perniciosa han ejercido sobre la religión pura y sin
mancha en todas las edades! No es que el dinero sea malo en sí
mismo. Puede estar al servicio de propósitos buenos o malos
89 Juvenal, Sátiras, xiii. «Los hombres buenos son escasos; su número apenas
supera el de los pórticos de Tebas o de las desembocaduras del delta del Nilo».
(Es decir, siete).
90 1 Jn. 5.19.
91 Jer. 22.29.
El misterio de la iniquidad 379
por igual. Pero es una verdad incuestionable que el amor al
dinero es la raíz de todos los males,92 y que el poseer riqueza
naturalmente hace crecer nuestro amor por ellas. Así lo expresa
un antiguo dicho: Crescit amor nummi, quantum ipsa pecunia
crescit.93 «Tanto como crece nuestra riqueza, crece nuestro
amor por ella», y siempre será así si no obra el milagro de la
gracia. Aunque probablemente haya otras causas concurrentes,
ésta ha sido la causa principal de corrupción de la religión
auténtica en todas las edades. En cualquier lugar del mundo los
cristianos se mantuvieron fieles a Dios mientras fueron pobres.
Cuando tenían muy pocas cosas terrenales, no amaban el
mundo, pero cuántas más cosas tuvieron mayor fue su amor por
ellas. Esto impulsó a aquel que tanto ama sus almas a dejar en
libertad de acción a sus perseguidores, quienes al devolverlos
nuevamente a su pobreza original, también los devolvieron a su
pureza original. Nunca lo olvides: en todos los tiempos la
riqueza ha sido una maldición para el cristianismo auténtico.
35. Una cuarta enseñanza que podemos extraer de todo
esto se refiere al constante estado de alerta en que deben vivir
quienes deseen ser verdaderos cristianos, teniendo en cuenta en
¡qué condiciones se encuentra nuestro mundo hoy! Ojalá que
ellos no puedan decir:
Fui enviado a un mundo de malvados;
camino en tierra hostil
rodeado de lobos rapaces,
veo al ser humano arrojarse sobre su presa como oso
salvaje.
Su peligrosidad radica en que, generalmente, no se presentan
como lobos, sino que vienen vestidos de ovejas.94 Aun aquellos
que no dicen ser religiosos pueden manifestarnos su buena
92 1 Ti. 6.10.
93 Juvenal, Sátiras, xiv.139.
94 Mt. 7.15.
3 80 Sermón 61
voluntad, su disposición para servirnos y tal vez su consagración
a la verdad y la honestidad. Pero cuídense de tomar en serio sus
palabras. No confíen en ninguna persona que no tema a Dios.
He aquí una gran verdad:
Quien no teme a Dios, no puede amar a los amigos.95
Por lo tanto, sean precavidos con cualquier persona que
no busque sinceramente la salvación de su alma. Es necesario
que guardemos nuestra boca con freno en tanto que los impíos
estén delante de nosotros.96 Sus conversaciones, el espíritu que
los mueve, resultan contagiosos y nos toma por sorpresa, sin que
nos demos cuenta de lo que ocurre. Bienaventurado el hombre
que siempre teme a Dios,97 porque así se librará de tomar parte
en los pecados de otros hombres. ¡Consérvense puros!98 ¡Velad
y orad, para que no entréis en tentación!99
36. Por último, todo esto puede enseñarnos cuánta
gratitud deben sentir aquellos que han logrado librarse de la
corrupción que reina en el mundo, aquéllos a quienes Dios ha
escogido para que sean santos y sin mancha. Porque ¿quién te
distingue? ¿O qué tienes que no hayas recibido?100 ¿No es
Dios, y sólo él, el que en vosotros produce el querer como el
hacer, por su buena voluntad?101 Díganlo los redimidos del
Señor, los que ha redimido del poder del enemigo.102
Alabemos al Señor porque gracias a él, aunque vemos la
terrible condición de todos cuantos nos rodean y la maldad que
sobreabunda en la tierra, no somos arrastrados por la corriente.
95 Cita de Torcuato Tasso.
96 Sal. 39.1.
97 Pr. 28.14.
98 1 Ti. 5.22.
99 Mt. 26.41.
100 1 Co. 4.7.
101 Fil. 2.13.
102 Sal. 107.2.
El misterio de la iniquidad 381
Vemos la corrupción generalizada, que alcanza casi nivel
universal. Sin embargo, no puede llegar a nosotros ni
lastimarnos. ¡Demos gracias a quien nos libró, y nos libra, de
tan grande muerte!103 Y motivos de gratitud mayores aún
tenemos, porque Dios nos ha dado el poder del consuelo y la
bendición de la esperanza de saber que está cerca el tiempo
cuando la justicia reinará en el mundo tal como lo hace ahora la
injusticia. Aunque sabemos que toda la creación gime a una104
bajo el pecado de los seres humanos, nuestro consuelo es que
no gemirá por siempre: Dios levantará y sostendrá su propia
causa. Y entonces toda la creación será redimida de la
corrupción moral y natural. Ya no existirá el pecado ni el
sufrimiento que provoca; la santidad y la felicidad cubrirán la
tierra. Todos los términos de la tierra verán la salvación de
nuestro Dios.105 ¡Y toda la humanidad conocerá, amará y
servirá a Dios, y reinará con él para siempre!
103 2 Co. 1.10.
104 Ro. 8.22.
105 Sal. 98.3.