← Volver al indice Tomo III - Digital.pdf

Sermón 52 - La reforma de las costumbres

Salmos 94.16

«¿Quién se levantará por mí contra los malignos?»

1. En todas las edades, quienes no temieron a Dios ni

tuvieron respeto a hombre1 se unieron y formaron confedera-

ciones para llevar adelante las obras de las tinieblas.2 Y en

esto se han mostrado sagaces con sus semejantes,3 porque por

este medio promovieron con más efectividad el reino de su

padre el diablo,4 de lo que de otra manera no hubieran podido

hacer. Por otro lado, quienes temen a Dios y desean la felicidad

de sus semejantes han descubierto, en cada era, la necesidad de

unirse para oponerse a las obras de las tinieblas, para diseminar

el conocimiento de Dios, su Salvador, y promover su reino

sobre la tierra. En verdad, él mismo los instruyó a hacerlo así.

Desde el tiempo en que el ser humano fue puesto sobre la tierra,

Dios le enseñó a unirse en su servicio, y lo ha unido en un

cuerpo por un espíritu.5 Y él los ha unido para este mero fin,

para deshacer las obras del diablo,6 primero los que están ya

unidos y, por medio de ellos, en todo su alrededor.

2. Éste es el diseño original de la iglesia de Cristo. Es un

cuerpo de personas unidas para, primero, salvar cada uno su

propia alma; luego, ayudarse mutuamente para trabajar en su

1 Lc. 18.2.

2 Ro. 13.12; Ef. 5.11.

3 Lc. 16.8.

4 Jn. 8.44.

5 Ef. 4.4.

6 1 Jn. 3.8.

261

2 62 Sermón 52

salvación; después, tanto como esté en sus posibilidades, salvar

a todas las personas de su miseria presente y futura, para vencer

el reino de Satanás y establecer el reino de Cristo.7 Éste debe ser

el interés continuo y la tarea de cada miembro de su iglesia. De

lo contrario, no merece ser llamado miembro de ella, como

tampoco es miembro viviente de Cristo.

3. De acuerdo con esto, éste debe ser el interés y el

empeño de todos aquellos que están unidos en estos reinos, que

comúnmente son llamados «la Iglesia de Inglaterra». Están

unidos para este propósito, para oponerse al diablo y todas sus

obras, y hacer guerra contra el mundo y la carne, sus fieles y

constantes aliados. Pero ¿en realidad responden ellos al

propósito de su unidad? ¿Están todos los que se llaman a sí

mismos «miembros de la Iglesia de Inglaterra» involucrados de

corazón en la oposición a las obras del diablo y en luchar contra

el mundo y la carne? ¡Qué desventura! No podemos decir esto.

Lejos de ello, una gran parte de ellos —temo que sea la gran

mayoría de ellos— son ellos mismos el «mundo», gente que no

conoce a Dios para su salvación; que de día en día, en lugar de

crucificar la carne con sus pasiones y deseos,8 se dejan llevar

por ella. Hacen por ellos mismos las obras del diablo,9 cuando

debieran estarlas destruyendo

4. Por lo tanto, aún hay necesidad, inclusive en este

«país cristiano» (como cortésmente llamamos a la Gran

Bretaña), sí, en esta «iglesia cristiana» (si pudiéramos darle este

título a la mayoría de nuestra nación), de que algunos se alcen

contra el mal y se unan «contra los malignos».10 No sólo eso,

sino que nunca hubo más necesidad de la que hay este día, de

que quienes temen a Jehová hablen cada uno a su compañe-

7 Ef. 3.10.

8 Gá. 5.24.

9 Jn. 3.8.

10 Sal. 94.16.

La reforma de las costumbres 263

ro11 de este asunto —cómo pudieran ellos levantar bandera

contra12 la iniquidad que inunda la tierra—. Hay razones

abundantes para que todos los siervos de Dios se unan contra las

obras del diablo con corazón, propósito y empeño unánimes,

para declarar su fe en Dios y para reprimir, tanto como esté en

sus fuerzas, estos torrentes de perversidad.13

5. Para este fin, algunas personas en Londres, hacia

finales del siglo pasado, se reunieron, y después de un tiempo

se llamaron «La Sociedad para Reformar las Costumbres».

Durante cerca de cuarenta años, hicieron un bien increíble. Pero

muchos de los miembros originales partieron para recibir su

recompensa, y quienes les sucedieron flaquearon en sus mentes

y se apartaron de la labor. Por lo que hace unos pocos años

desapareció la sociedad, y ya no existe nada parecido en todo el

reino.

6. Últimamente se acaba de formar una sociedad de la

misma naturaleza. Me propongo mostrar: (1) la naturaleza del

propósito y los pasos que hasta ahora han tomado; (2) la

excelencia de esta sociedad, y las varias objeciones que se han

levantado contra ella; (3) qué calidad de personas deben ser

quienes participen en tal empresa; y, (4) con qué espíritu y de

qué manera deben proceder en la consecución de este diseño.

Concluiré con una aplicación tanto para ellos como para todos

los que temen a Dios.

I. 1. Mostraré, primero, la naturaleza de su propósito, y

los pasos que hasta ahora han tomado.

Fue un Día del Señor en agosto de 1757, cuando un

grupo pequeño se reunía para orar y tener conversaciones

religiosas. Allí se mencionó la profanación amplia y descarada

11 Mal. 3.16.

12 Is. 59.19.

13 2 S. 22.5.

2 64 Sermón 52

de personas que compraban y vendían, que mantenían las

puertas de sus negocios abiertas, que tomaban en tabernas, y

permanecían sentadas o paradas en las calles, caminos o

caminos, o vendiendo sus mercancías como en un día ordinario;

especialmente en Moorfields,14 que estaba lleno de gente cada

domingo, de un extremo al otro. Se consideró qué método debía

usarse para rectificar estos males. Acordaron que seis de ellos

visitarían a sir John Fielding por la mañana para que él les diera

instrucciones. Así lo hicieron. Él aprobó el plan y les instruyó

en cómo ejecutarlo.

2. Primero, entregaron peticiones al honorable señor

alcalde y al ayuntamiento, y a los jueces de los tribunales de

Hicks y de Westminster. De todos ellos recibieron mucho ánimo

para continuar adelante.

3. Seguidamente se les comunicó su propósito a muchas

personas de rango eminente, y al cuerpo de clérigos, así como a

los ministros de otras denominaciones, pertenecientes a las

varias iglesias y grupos en Londres, Westminster, y sus

alrededores. Tuvieron la satisfacción de recibir una aprobación

entusiasta y una aprobación universal por parte de esas

personas.

4. Luego, imprimieron y distribuyeron, pagando por su

propia cuenta, varios miles de libros de instrucciones a los

comisarios de policía y a otros oficiales de las parroquias,

explicándoles y exhortándoles en sus varias obligaciones. Y

para advertirles, tanto como fuera posible, sobre la necesidad de

proceder a la ejecución de la ley; de la misma manera

imprimieron y distribuyeron, por todas partes del pueblo,

extractos de las Actas del Parlamento y notas para los ofensores,

para disuadirlos a que no faltaran al día del Señor.

14 Era el punto de reunión favorito de los pobres de Londres. También fue donde los

Wesley y Whitefield tuvieron los más grandes servicios de predicación a campo

abierto.

La reforma de las costumbres 265

5. Una vez preparado el camino con estas precaucio-

nes, fue a principios de 1758 que, después que muchas

notificaciones fueron entregadas una y otra vez, sin lograr

nada, los magistrados recibieron información contra quienes

profanaban el día del Señor. Por estos medios comenzaron a

limpiar las calles y los sitios de aquellos ofensores notorios que

sin ningún respeto hacia Dios ni al rey, vendían sus mercancías

desde la mañana hasta la noche. Procedieron entonces a un

propósito más difícil: prevenir la bebida de licores en el día del

Señor, malgastando en las tabernas el tiempo que debía gastarse

adorando a Dios. Al hacer esto, quienes distribuyeron las notas,

fueron expuestos abundantemente a reproche, insultos y abusos

de toda clase. No sólo tenían que contender con los borrachos y

quienes les servían, los guardianes de las tabernas; sino también

con los ricos y hombres honorables; en parte, contra dueños de

las tierras donde estaban establecidas las ventas; en parte, contra

quienes les abastecían de la bebida; en general, todos los que

ganaban por sus pecados. Algunos de éstos no eran sólo

hombres de dinero, sino hombres en autoridad; y no sólo eso, en

más de una ocasión éstas fueron las mismas personas ante

quienes se traía a los delincuentes. Y el tratamiento que les

daban a quienes proveían la información, despertó natural-

mente la bestia en la gente,15 quienes siguieron el ejemplo de

los magistrados y los trataron como personas que no mere-

cían vivir en este mundo. No usaron escrúpulos, ni los trataron

con la más elemental decencia, no sólo les tiraron lodo o

piedras o cualquier cosa que tenían a la mano, sino que muchos

los golpearon sin misericordia y los arrastraron sobre piedras o

los tiraron a la cuneta. Y no los mataron, no porque no lo

hubieran deseado, sino porque un freno estaba entre sus

dientes.

15 Sal. 68.30.

2 66 Sermón 52

6. Ellos habiendo recibido, por lo tanto, ayuda de Dios,

prosiguieron a restringir de la misma manera a los panaderos

para que no gastaran gran parte del día del Señor ejerciendo el

trabajo al que habían sido llamados. Pero muchos de éstos

fueron más benevolentes en su trato que los vendedores de

bebidas alcohólicas. Estuvieron lejos de resentir esta actitud o

mirarla como afrenta; y muchos que por la costumbre habían

sido presionados a trabajar contra sus conciencias, les

agradecieron sinceramente por su labor, y la consideraron

verdadera bondad.

7. Al limpiar las calles, sitios, y tabernas de quienes

faltaban al sábado, encontraron otra clase de ofensores, tan

perjudiciales a la sociedad como cualesquiera otros, específi-

camente, los viciosos de varias clases de juegos. Algunos de

éstos son de la clase más baja y vil, comúnmente llamados

jugadores, quienes hacen una profesión de aprovecharse de

personas jóvenes e inexpertas, sacándoles todo su dinero con

trucos. Y después de que las han arruinado, con frecuencia les

enseñan los mismos misterios de su iniquidad.16 Varias de estas

guaridas han sido descubiertas, y no pocos han sido obligados a

ganarse el pan honestamente con el sudor de su frente y el

trabajo de sus manos.

8. Aumentando en número y fuerza, extendieron su

visión, y principiaron, no sólo a reprimir juramentos blasfemos,

sino a remover de las calles otra molestia pública y escándalo al

nombre cristiano, las prostitutas comunes. A muchas de ellas se

les rescató a la mitad de su carrera de audaz maldad. Y para

llegar a la raíz de la enfermedad, muchas de esas casas que las

albergaban se han detectado, llevado a juicio de acuerdo con la

ley y suprimido completamente. Y algunas de las más pobres y

desoladas mujeres caídas en «el más bajo nivel de la infamia

16 Cf. 2 Ts. 2.7.

La reforma de las costumbres 267

humana»,17 han reconocido la providencia y gracia de Dios, y

han rectificado sus pecados mediante el arrepentimiento que

perdura. A varias de éstas se les ha provisto de trabajo y varias

han sido recibidas en el Hospital Magdalena.18

9. Si se me permite una digresión, ¿quién podría

admirar suficientemente la sabiduría de la providencia divina

en la disposición de los tiempos y los momentos para coordinar

un acontecimiento con el otro? Por ejemplo, al tiempo en que

muchas de estas pobres criaturas fueron desviadas a medio

curso de su pecado, sintieron el deseo de tener mejor vida,

como en respuesta a la pregunta, «pero ¿si abandonara la

forma de vida que llevo ahora, qué puedo hacer para

sobrevivir? Porque yo no tengo ninguna habilidad, ni tengo

amigos que me puedan recibir». Yo digo, «para este tiempo,

Dios ha preparado el Hospital Magdalena». Aquí, todas las

que no tienen oficio, ni amigos quienes las reciban, son

recibidas con toda ternura. Aquí pueden vivir con comodidad,

y provistas de todas las cosas que pertenecen a la vida y a la

piedad.19

10. Volviendo al tema. El número de personas traídas a

justicia de agosto de 1757 a agosto de 1762 fue 9,596. Y desde

ese tiempo al presente: por juegos vedados por la ley y

juramentos blasfemos, 40; por faltar al día del Señor, 400;

mujeres impúdicas y negociantes de prostíbulos, 550; por

ofrecer material impreso obsceno, 2; total, 10,588.

11. En la admisión de miembros a la sociedad, no hay

preferencia por ninguna secta o partido en particular.

Cualquiera que después de ser investigado resulte ser un buen

17 Hay varios versos semejantes que Wesley puede haber estado citando. Pero ninguno

concuerda exactamente con sus palabras.

18 Hogar para prostitutas reformadas, fundado en 1758 por Jonas Hanway y Robert

Dingley.

19 2 P. 1.3.

2 68 Sermón 52

hombre, es admitido inmediatamente. Y nadie que tenga puntos

de vista egoístas o intereses pecuniarios continuará allí por

mucho tiempo; no sólo porque no podrá adquirir ganancia

alguna, sino porque pronto perderá, puesto que debe principiar

como contribuyente tan pronto como principia a ser miembro.

En verdad, la queja vulgar dice, «éstos son todos Whitfelitas»,20

pero éste es un gran error. Cerca de veinte de los miembros

constantes y contribuyentes tienen conexión con el señor

Whitefield. Cerca de cincuenta están en conexión con el señor

Wesley. Cerca de veinte, quienes están en la iglesia establecida,

no tienen conexión con ninguno de los dos. Y cerca de setenta

son disidentes. Lo que hace un total de ciento sesenta. A decir

verdad, son muchos más los que colaboran en la obra por

donaciones ocasionales.

II. 1. Éstos son los pasos que se han tomado hasta ahora

en la consecución de este propósito. En segundo lugar, mostraré

la excelencia del mismo, no obstante las objeciones que se han

levantado en su contra. Tal excelencia puede verse en diferentes

consideraciones. La primera es que protestar abiertamente

contra toda impiedad e injusticia que se han extendido

abundantemente como inundación sobre nuestro país es una de

las formas más nobles de confesar a Cristo frente a sus

enemigos. Esto es dar la gloria a Dios y mostrar a la humanidad

que, aun estos tiempos tan bajos,

aunque pocos, hay quienes prefieren

la fe y la piedad que a Dios alaben.21

Y, ¿qué puede ser más excelente, que rendirle a Dios el honor

debido a su nombre? Declarar por medio de una prueba más

sonora que las palabras, incluyendo el sufrimiento y correr todo

20 Es decir, seguidores de Whitefield.

21 Milton, El Paraíso Perdido, vi.143-44.

La reforma de las costumbres 269

azar, que en verdad hay un premio para el justo; sin duda hay

un Dios que juzgará la tierra.22

2. ¡Qué excelente es este propósito de prevenir, en

cualquier grado, la deshonra a su glorioso nombre, el desprecio

que se hace a su autoridad, y el escándalo hecho a nuestra santa

religión por la maldad descarada y flagrante de aquellos quienes

aún se llaman cristianos! ¡Cuán excelente es refrenar en

cualquier grado el torrente de vicio, reprimir la inundación de

impiedad, remover en cualquier monto las ocasiones de

blasfemar el buen nombre por el cual somos llamados!23 Es uno

de los propósitos más nobles que posiblemente puede subir en

corazón de hombre.24

3. Este propósito, por tanto, evidentemente tiende a

darle la gloria a Dios en las alturas, por lo que no menos

manifiestamente conduce al establecimiento de la paz en la

tierra.25 Porque todo pecado tiende directamente a destruir

nuestra paz con Dios, desafiándole abiertamente, desvanecien-

do la paz de nuestro propio corazón, y a poner la espada de

cada uno contra su prójimo. Por lo que cualquier cosa que

prevenga o remueva el pecado, promueve paz en la misma

proporción; paz en nuestra propia alma, paz con Dios, y paz el

uno con el otro. Tales son frutos genuinos de este plan, aun en

este mundo presente. Pero ¿por qué debemos confinar

nuestros puntos de vista a angostos límites de tiempo y

espacio? Por el contrario, traspasemos éstos a la eternidad. Y,

¿qué fruto de esto encontraremos allí? Permitamos que hable el

Apóstol: «Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha

extraviado de la verdad, y alguno le hace volver» (no a esta u

otra opinión, sino a Dios), «sepa que el que haga volver al

22 Sal. 58.10.

23 Stg. 2.7.

24 1 Co. 2.9.

25 Lc. 2.14.

2 70 Sermón 52

pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y

cubrirá multitud de pecados».26

4. Pero el beneficio de este plan no redunda sólo en

individuos, ya sea los que llevan a otros al pecado o ya quienes

estén propensos a ser guiados y destruidos por aquéllos, sino

que redunda también en toda la comunidad de la que somos

miembros. ¿No es correcta la observación, «la justicia

engrandece a la nación»?, y por otro lado, ¿no es verdad que

«el pecado es afrenta de las naciones»?27 Sí, ¿y no provoca

maldición de Dios sobre ellas? Por lo tanto, en cualquiera de las

áreas de la sociedad donde se promueve la justicia, se ha

avanzado el interés nacional. En cuanto se reprime el pecado se

refiere, especialmente el pecado declarado, el azote y el

reproche han sido quitados de nosotros. Quienesquiera que

sean, por lo tanto, quienes laboran en esto, son benefactores

generales. Ellos son los amigos más genuinos de su rey y de su

país. En la misma proporción en que el propósito de ellos se

cumple, no puede haber duda que la voluntad de Dios dará

prosperidad a la nación, cumpliendo su palabra fehaciente, «yo

honraré a los que me honran».28

5. Pero se objeta: «Aunque sea este un plan excelente,

no le concierne a usted. Porque, ¿no hay personas a quienes

propiamente corresponde la represión de estas ofensas y el

castigo de los ofensores? ¿No hay policías y otros oficiales que

bajo juramento están obligados a esta función?» Los hay.

Policías y guardianes de la iglesia en particular están obligados

mediante juramento solemne a proveer información contra

pecadores escandalosos y otros profanadores del día del Señor.

Pero si ellos no hacen lo debido, si no obstante su juramento

no se ocupa del asunto, entonces concierne a todos los que

26 Stg. 5.19-20.

27 Pr. 14.34.

28 1 S. 2.30.

La reforma de las costumbres 271

temen a Dios, a quienes aman a la humanidad y a quienes

desean bien al rey y al país, perseguir este propósito con el

mismo vigor como si no hubiera tales oficiales. Si ellos no

sirven para nada, es como si no existieran.

6. «Pero esto es sólo una pretensión. El verdadero deseo

de ellos es obtener dinero a cambio de información». Así se ha

afirmado rotundamente y con frecuencia, pero sin la más

mínima sombra de verdad. Lo contrario puede probarse con mil

ejemplos: ningún miembro de la sociedad toma parte alguna del

dinero que la ley designa para el informante. Nunca lo hicieron

desde el principio. Y ninguno de ellos recibe nada por suprimir

información o retirarla. Éste es otro error, si no una calumnia

intencional, para el cual no hay ni la menor base.

7. «Pero este plan es imposible de realizar. El vicio ha

llegado a tal nivel que es imposible suprimirlo, especialmente

por esos medios. Porque, ¿qué puede hacer un puñado de

gente pobre ante la oposición de todo el mundo?» Para el

hombre esto es imposible, más no con Dios.29 Ellos confían,

pero no en ellos mismos, sino en él. Por muy fuertes que sean

estos patrocinadores de vicios, para Dios no son más que

langostas.30 Y todos los medios son iguales para él. Para Dios

es lo mismo salvar con muchos o con pocos.31 Por lo que el

pequeño número que está del lado del Señor, no importa;

como tampoco importa el gran número que está contra él. Él

hace lo que le place. No hay consejo ni fuerza contra el

Señor.32

8. «Pero si el fin al que usted apunta es realmente

reformar pecadores, escogió el medio equivocado. La Palabra

de Dios es la que debe efectuar esto, y no las leyes humanas; y

29 Mt. 19.26.

30 Jer. 46.23.

31 1 S. 14.6.

32 Pr. 21.30.

2 72 Sermón 52

es trabajo de ministros, y no de magistrados. Por lo que la

aplicación de estas leyes sólo pueden producir una reforma

externa de actitudes; no un cambio en el corazón».

Es verdad que la Palabra de Dios es ordinariamente el

medio más eficaz por el que él cambia ambos, el corazón y la

vida de los pecadores; y él hace esto mayormente por medio de

ministros del evangelio. Pero es igualmente verdad que el

magistrado es «ministro de Dios», y servidor de Dios «para

castigar al que hace lo malo»33 al ejecutar las leyes humanas

sobre ellos. Si esto no cambia el corazón, el que se haya

prevenido el pecado externo es ya de valor. Hay mucho menos

deshonra para Dios, menos escándalo para nuestra santa

religión, menos calamidades y reproches sobre nuestra nación y

menos tentación dispuesta en el camino de otros. Sí, y menos

ira amontonándose contra el pecador mismo para el día de la

ira.34

9. «No sino que hace hipócritas de muchos de ellos,

pretendiendo lo que no son. Otros, al exponerlos a vergüenza, y

al ponerlos en gastos, se vuelven descarados y desesperados en

la maldad; por lo que en realidad, ninguno de ellos está mejor,

si no es que están peor que antes».

Este es un rotundo error. Porque (1) ¿dónde están estos

hipócritas? Nosotros no conocemos a nadie que haya pretendido

ser lo que no es. (2) El exponer a ofensores obstinados a

vergüenza y ponerlos en gastos, no los hace desesperados por

ofender, sino les da temor de ofender. (3) Algunos de ellos, lejos

de estar peor, están sustancialmente mejor; el tenor integral de

sus vidas ha cambiado. Sí, (4) algunos han cambiado

interiormente, de las tinieblas a la luz, y de la potestad de

Satanás a Dios.35

33 Ro. 13.3, 4.

34 Ro. 2.5.

35 Hch. 26.18.

La reforma de las costumbres 273

10. «Pero muchos no están convencidos de que comprar

o vender en el día del Señor sea pecado».

Si ellos no están convencidos, debían estarlo; ya es

tiempo de sobra para que lo estuvieran. El caso es tan sencillo

como puede ser. Porque si no es pecado una violación declarada

y voluntaria contra la ley de Dios y la ley de la tierra, dígame,

¿qué es? Y, si tal violación tanto contra la ley divina como

contra la humana no se castiga, porque alguien no está

convencido de que es pecado, es el fin de toda ejecución de

justicia, y cada persona puede vivir como le plazca.

11. «Pero primero deben probarse métodos más leves».

Se debe. Y se usan. A cada ofensor se le exhorta antes de poner

la ley en ejecución contra él; ni se demanda a ninguna persona

que no haya recibido notificación expresa de que tal será el caso

a menos que prevenga la acusación quitando la causa. En cada

caso se usa el método más leve, según lo dicte la naturaleza del

caso; tampoco se aplican medios severos, sino cuando es

absolutamente necesario para el fin perseguido.

12. «Bueno, pero después de toda esta conmoción

acerca de una reforma, ¿qué bien real se ha hecho?» Un bien

indecible; y más abundante de lo que nadie podría haber

esperado en tan corto tiempo, considerando el pequeño número

de instrumentos y las dificultades que han afrontado. Mucho

mal se ha prevenido ya, y mucho ha sido destruido. Muchos

pecadores han sido reformados exteriormente; algunos han sido

cambiados interiormente. El honor de aquél cuyo nombre

llevamos y que es tan abiertamente afrontado, ha sido

abiertamente defendido. Y no es fácil determinar cuántas y qué

tan grandes bendiciones pudieran ya haberse obtenido sobre

toda nuestra nación, aun por esta pequeña ofensiva hecha para

Dios y su causa contra sus enemigos atrevidos. En general, pues,

después de todas las objeciones que se pueden hacer, una

persona razonable debería concluir que un propósito más

excelente podría escasamente entrar al corazón humano.

2 74 Sermón 52

III. 1. Pero ¿qué suerte de persona debería participar en

tal empresa? Algunos podrían pensar que cualquiera que tenga

voluntad de servir en esa sociedad debería ser admitido

inmediatamente; y que mientras mayor sea el número de

miembros, mayor será su influencia. Sin embargo, esto no es

cierto. De hecho, es todo lo contrario. Mientras que la

mencionada Sociedad para Reformar las Costumbres consistió

sólo de miembros selectos, aunque no fueron ni muchos, ni ricos

como tampoco poderosos, se sobrepusieron a toda oposición y

fueron eminentemente exitosos en cada actividad que

emprendieron. Pero, entonces, cuando un número escogido con

menos cuidado fue recibido en la sociedad, ésta decreció

imperceptiblemente en efectividad, paso a paso, hasta llegar a

ser nada.

2. Por lo tanto, el número de miembros no debe causar

más preocupación más que el dinero o la eminencia. Este trabajo

es de Dios. Se hace en el nombre de Dios y por él. Por

consiguiente, quien no ama ni teme a Dios, no tiene parte ni

suerte en este asunto.36 «¿Qué tienes tú que hablar de mis

leyes», podría decir Dios a cualquiera de éstos, «pues tú»

mismo «aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis

palabras».37 Quienquiera, pues, que viva en un pecado

conocido, no es apto para ocuparse de reformar pecadores. Más

específicamente, si esta persona es culpable en cualquier

instancia, o en ínfimo grado, de profanar el nombre de Dios

comprando, vendiendo o haciendo cualquier labor innecesaria

en el día del Señor u ofendiendo en cualquier otra manera de las

que esta sociedad está particularmente dedicada a combatir. No,

no se le permita a nadie que esté él mismo necesitado de

reforma, presumir entrometerse con una tarea como ésta; que

36 Hch. 8.21.

37 Sal. 50.16-17.

La reforma de las costumbres 275

saque primero la viga de su propio ojo.38 Debe ser intachable

en todas las cosas.

3. No es que esto sea suficiente. Cada persona que

participa debe ser más que inofensivo. Debe ser persona de fe;

tener por lo menos tal grado de convicción de lo que no se ve,39

que viva no mirando a las cosas que se ven, sino las que no se

ven;40 una fe que produzca un firme temor de Dios con una

resolución perdurable, por su gracia, de abstenerse de lo que él

prohíbe y hacer todo lo que él ha ordenado. Necesitará más

especialmente esa clase particular de la fe que es la confianza

en Dios.41 Ésta es la fe que traslada los montes,42 apaga fuegos

impetuosos,43 quebranta toda oposición y lo capacita para

permanecer de pie contra ella, y perseguirá a mil,44 sabiendo en

quién está su confianza, y aun cuando tenga en él mismo la

sentencia de muerte, confía en Dios que resucita a los

muertos.45

4. La persona que tiene fe y confianza en Dios será,

como consecuencia, una persona valiente. Tal ha de ser sea cada

persona que se inscriba en esta obra. Porque muchas cosas

sucederán en el cumplimiento del deber que son terribles para

la naturaleza. Serán tan terribles que todo el que consulta con

carne y sangre,46 tendrá temor de encontrarse con ellas. El

verdadero coraje tiene aquí, por tanto, su propio lugar, y es

38 Mt. 7.5.

39 He. 11.1.

40 2 Co. 4.18.

41 2 Ts. 3.4.

42 Mt. 17.20.

43 He. 11.34.

44 Jos. 23.10.

45 2 Co. 1.9.

46 Gá. 1.16.

2 76 Sermón 52

necesario en su máximo grado. Y esto, sólo lo puede suplir la

fe. Un creyente puede decir,

Peligro y rechazo

no debo temer;

Con Cristo a mi lado,

lograré vencer.47

5. Para el coraje, la paciencia es aliado cercano: el uno

se relaciona con lo futuro; la otra confronta males presentes. Y

cualquiera que se une en llevar adelante un propósito de esta

naturaleza, tendrá muchas ocasiones para usar paciencia.

Porque no obstante todo lo intachable que sea, se encontrará

justamente en la situación de Ismael, su mano será contra todos,

y la mano de todos contra él.48 Con razón, si es verdad que todos

los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán

persecución,49 ha de cumplirse esto en quienes, no contentos

con vivir piadosamente ellos mismos, instigan al impío a hacer

lo mismo o, por lo menos, tratan de refrenarlo de las más

notorias acciones impías! ¿No es esto declarar guerra contra

todo el mundo? ¿Desafiar a todos los hijos del diablo? Y,

Satanás mismo, «el príncipe de este mundo»50 el gobernador de

las tinieblas,51 ¿no ejercerá toda su sutileza y toda su fuerza en

apoyar su tambaleante reino? ¿Quién puede esperar que el león

rugiente52 se someta mansamente y deje que le quiten la presa

de entre las fauces? Ustedes tienen, por tanto, necesidad de

paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios,

obtengan la promesa.53

47 Juan y Carlos Wesley, Hymns and Sacred Poems (1742), p. 137.

48 Gn. 16.12.

49 2 Tim. 3.12.

50 Jn. 12.31; 14.30; 16.11.

51 Ef. 6.12.

52 1 P. 5.8.

53 He. 10.36.

La reforma de las costumbres 277

6. Y tienen necesidad de firmeza, para que puedan

mantenerse firmes en esta profesión de fe, sin fluctuar.54 Esto

también debe encontrarse en quien se una a esta sociedad, que

no es tarea para el hombre de doble ánimo, para quien es

inconstante en todos sus caminos.55 La persona que es como una

caña sacudida por el viento56 no califica para esta guerra que

demanda un propósito firme del alma, una resolución constante

y determinada. A quien le falta esta resolución, puede poner su

mano en el arado, pero ¿qué tan pronto mirará hacia atrás?57

En verdad, esta persona podría permanecer firme por un

tiempo, pero cuando la tribulación o la persecución, o los

problemas públicos o privados, arrecie por causa de la obra,

pronto se ofenderá.58

7. Verdaderamente es difícil para cualquier persona

perseverar en esta tan desagradable tarea, a menos que el amor

venza tanto al dolor como al temor. Por lo que es altamente

conveniente que todos los que participan en esta batalla, tengan

el amor de Dios derramado en sus corazones;59 que todos estén

dispuestos a declarar que nosotros le amamos a él, porque él

nos amó primero.60 La presencia de aquél que ama nuestra

alma61 hará, pues, sus tareas livianas. Entonces pueden ellos

decir, no con el frenesí de una loca imaginación, sino con la más

alta verdad y sobriedad,

Cuando estoy en comunión

con mi Padre cada día,

54 He. 10.23.

55 Stg. 1.8.

56 Mt. 11.7.

57 Lc. 9.62.

58 Mr. 4.17.

59 Ro. 5.5.

60 1 Jn. 4.19.

61 Cnt. 3.1ss.

2 78 Sermón 52

olvido los trabajos y toda la aflicción;

Él es mi descanso, mi paz y mi guía.62

8. Lo que agrega aun una dulzura mayor a la labor y al

dolor, es el amor cristiano hacia nuestros prójimos; cuando ellos

aman a su prójimo, esto es, a cada alma de la humanidad, como

a ellos mismos,63 como a sus propias almas; cuando el amor de

Cristo los constriñe a amarse uno a otro, como también Cristo

nos amó;64 cuando, como él, gustan la muerte por todos65 para

que ellos estuvieran listos a poner sus vidas por los hermanos66

(incluyendo entre ellos a cada persona, cada alma por la que

murió Cristo), ¿qué peligro de daño, entonces, los ahuyentará

de su obra de amor? ¡Qué sufrimiento no estarían ellos listos a

pasar para salvar un alma del fuego consumidor!67 ¿Qué

prolongación de dificultades, decepción, dolor, eliminará su

firme resolución? ¿No dirían ellos

De día y de noche la lucha prosigo,

sabiendo que Cristo va siempre conmigo?68

Así el amor todo lo espera, todo lo soporta. Así el amor nunca

deja de ser.

9. El amor es necesario para todos los miembros de esta

sociedad en otra área: puesto que el amor no es jactancio-

so,69 produce no sólo coraje y paciencia, sino humildad. ¡Oh!,

cómo es de necesaria ésta para todo aquel que se dedica a esta

tarea! ¿Qué puede ser de mayor importancia que el que sean

pequeños, malos, bajos y viles ante sus propios ojos? De otra

62 Juan y Carlos Wesley, Hymns and Sacred Poems (1740), p. 127.

63 Lv. 19.18.

64 Ef. 5.2.

65 He. 2.9.

66 1 Jn. 3.16.

67 Is. 33.14

68 Samuel Wesley, Poems (1736), p. 31.

69 1 Co. 13.4.

La reforma de las costumbres 279

manera, si pensaran mejor de sí mismos, si se adjudicaran ellos

mismos algún crédito, si admitieran algo del espíritu farisaico,

confiando en sí mismos como justos y menospreciando a los

otros,70 nada tendería a destruir más directamente todo el

programa. Porque, entonces, ellos no sólo tendrían a todo el

mundo, sino a Dios mismo contra ellos; sabiendo que Dios

resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes, sólo a los

humildes.71 Por lo tanto, cada miembro de esta sociedad debe

estar profundamente consciente de su locura, debilidad,

invalidez; continuamente dependiendo con toda su alma en

aquél quien sólo da sabiduría y fortaleza, con convicción

indecible de que la ayuda que se recibe en la tierra, la provee

Dios mismo;72 y que Dios es el que en vosotros produce así el

querer como el hacer, por su buena voluntad.73

10. Un punto más debe tener profundamente impreso

en su corazón quienquiera que se enlista en este trabajo: que la

ira del hombre no obra la justicia de Dios.74 Debe, por tanto,

aprender de él que fue manso y humilde.75 Debe habitar en

mansedumbre y en humildad: con toda humildad y mansedum-

bre debe andar como es digno de la vocación con que fue

llamado.76 Por amor a sí mismo, por amor a ellos, por amor a

Cristo, debe ser amable con toda persona,77 buena o mala.

¿Hay ignorantes y extraviados entre ellos? Muéstrese paciente

con ellos.78 ¿Se oponen a la palabra y a la obra de Dios, se

70 Lc. 18.9.

71 1 P. 5.5.

72 Sal. 121.2; Ec. 3.14.

73 Fil. 2.13.

74 Stg. 1.20.

75 Mt. 11.29.

76 Ef. 4.1,2.

77 2 Tim. 2.24.

78 He. 5.2.

2 80 Sermón 52

disponen ellos en orden de batalla en su contra? Por tanto, más

se necesita de mansedumbre para corregir a quienes se oponen,

a ver si por casualidad podrían escapar del lazo del diablo, en

que están cautivos a voluntad de él.79

IV. 1. De las características de quienes son aptos para

participar en una tarea como ésta, procedo a mostrar, cuarto,

con qué espíritu y con qué carácter debe ser hecha. Primero, con

qué espíritu. Esto primero señala el motivo que se debe

conservar en cada paso que se toma. Porque si en cualquier

momento, la luz que hay en ti es tinieblas, ¿cuántas no serán

las mismas tinieblas?, pero si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo

estará lleno de luz.80 Por lo tanto, esto debe recordarse y

aplicarse en cada palabra y acción. Nada debe decirse o

hacerse, pequeño o grande, con la intención de sacar ventaja

temporal; nada, con el interés de ganar el favor o la estima, el

amor o la alabanza humana. Sino que la intención, el ojo de la

mente, siempre debe estar fija en la gloria de Dios y en el bien

del ser humano.

2. Pero el espíritu con que se debe hacer cada cosa

tiene que ver con la disposición tanto como con el motivo. Y

esto no es otra cosa que lo que se ha descrito arriba. Porque el

mismo coraje, paciencia, serenidad que hacen competente a

una persona para esta obra, han de ejercerse en ella. Sobre

todo, tiene que tomar el escudo de la fe para apagar todos los

dardos del fuego del maligno.81 Tiene que usar en cada hora

de prueba de toda la fe que Dios le dio. Y que todas sus cosas

sean hechas con amor;82 no permitiendo que esto le sea

arrebatado. Que ni las muchas aguas apaguen su amor, ni la

79 2 Tim. 2.25-26.

80 Mt. 6.22-23.

81 Ef. 6.16.

82 1 Co.16.14.

La reforma de las costumbres 281

inundación de la ingratitud lo hagan menguar.83 Haya, de la

misma manera este humilde sentir que hubo también en

Cristo Jesús.84 Aún más, que esté revestido de humildad,85

llenando su corazón y adornando toda su conducta. A la vez,

velando que se vista de entrañable misericordia, mansedumbre,

de paciencia;86 evitando la menor apariencia de maldad,

amargura, enojo o resentimiento; sabiendo que nuestro llamado

no es para ser vencidos de lo malo, sino vencer con el bien el

mal.87 Para preservar este humilde y manso amor, se necesita

que se hagan todas las cosas con espiritualidad, velando contra

toda ligereza o superficialidad, así como orgullo, ira o

irritabilidad. Pero esto no puede guardarse de otra manera, sino

por medio de la oración constante,88 tanto antes como después

de iniciarse en la tarea, y durante toda la acción. Y haciéndolo

todo con espíritu de sacrificio, ofreciendo todo a Dios, por

medio del Hijo de su amor.

3. En cuanto a su forma externa de actuar, una regla

general es que exprese estas disposiciones internas. Para ser

más específico: Que cada cual esté consciente de no hacer

males para que vengan bienes.89 Por lo tanto, desechando la

mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo.90 No se use

fraude o astucia para identificar ni para castigar a ninguna

persona, sino que con sencillez y sinceridad de Dios,91

recomendémonos a toda conciencia humana delante de

83 Cnt. 8.7.

84 Fil. 2.5.

85 1 P. 5.5.

86 Col. 3.12.

87 Ro. 12.21.

88 Ro. 12.12.

89 Ro. 3.8.

90 Ef. 4.25.

91 2 Co. 1.12.

2 82 Sermón 52

Dios.92 Es probable que al guardar estas reglas, se condenará a

menos ofensores. Pero la bendición de Dios acompañará toda la

operación otro tanto más.

4. Pero la inocencia debe ir unida a la prudencia,

propiamente llamada. No esa hija del infierno que el mundo

llama prudencia, la cual es mera destreza, disimulo astuto, sino

la sabiduría que es de lo alto,93 la que el Señor recomienda de

manera especial a todos los que promuevan su reino en la tierra.

Sed, pues, prudentes como serpientes, al mismo tiempo que

sencillos como palomas.94 Esta clase de sabiduría los instruirá

en cómo adaptar su habla y toda su conducta a la persona, el

tiempo, lugar y cualquier otra circunstancia. Les enseñará a

evitar ocasiones de ofensa, aun de aquellos que la buscan, y

transformar las situaciones de carácter más ofensivo en lo

menos ofensivas que sea posible.

5. Su forma de hablar, especialmente con los ofensores,

debe ser siempre profundamente seria (para que no les parezca

insultadora o dominante), preferiblemente inclinada a hablar

con tono de tristeza. Demuestren que sienten lástima por lo que

hacen, y que simpatizan con ellos por lo que sufren. Sus

expresiones y sus tonos de voz, tanto como sus palabras, deben

ser desapasionadas, calmadas, suaves. Mejor aún, cuando tal

forma de hablar no parezca disimulo, debe ser piadosa y

amigable. En algunos casos, cuando probablemente se le reciba

como ustedes lo desean, pueden expresar la buena voluntad que

tienen hacia ellos. Pero al mismo tiempo (para que no parezca

que proceden con o por cualquier interés equivocado),

profesando su intrepidez e inflexible resolución de oponerse y

castigar el vicio hasta lo último.

92 2 Co. 4.2.

93 Stg. 3.17.

94 Mt. 10.16.

La reforma de las costumbres 283

V. 1. Sólo resta hacer algunas aplicaciones de lo que se

ha dicho, en parte para aquellos de ustedes que ya participan en

este trabajo, en parte para todos los que temen a Dios, y más

especialmente para quienes tanto le aman como le temen.

En cuanto a ti que ya participas en este trabajo, el primer

consejo que te daría es que, calmada y profundamente considera

la naturaleza de tu tarea. Conoce lo que haces. Dedícate a

conocer perfectamente lo que tienes entre manos. Considera las

objeciones que se hacen a la totalidad de tu trabajo y, antes de

proceder, está seguro que esas objeciones no tienen ningún

valor. Entonces, que cada uno actúe con la plena convicción de

su propia mente.95

2. Les aconsejo, segundo, no estén apurados en

aumentar números. Y cuando lo aumenten, no se interesen por

el dinero, rango u otra cosa externa. Sólo busquen las cualidades

anteriormente descritas. Investiguen con diligencia si una

persona se propuso ser de conducta intachable, y si es persona

de fe, valor, paciencia, estable; y si es una persona que ame a

Dios y al ser humano. Si es así, agregará tanto a las fuerzas de

ustedes como a su número. Si no, ustedes perderán más en él de

lo que ganaron, porque entristecerán a Dios. Y no tengan temor

de expulsar a nadie que no tenga las cualidades descritas, porque

de ese modo, al disminuir el número, aumentarán su fuerza.

Serán instrumentos para honra de su Señor.96

3. Te aconsejaría, tercero, que observes estrictamente

con qué motivo actúas y hablas en cualquier momento. Está

seguro que tus intenciones no estén manchadas con ningún

interés ya sea de ganancia o alabanza. Cualquier cosa que

hagas, hazlo como para el Señor,97 como siervos de Cristo.98

95 Ro. 14.5.

96 2 Tim. 2.21.

97 Col. 3.23.

98 Ef. 6.6.

2 84 Sermón 52

No busques complacerte a ti mismo en ningún aspecto, sino

complacer a él de quien eres y a quien sirves.99 Que tus ojos no

tengan atención dividida100 desde el principio hasta el fin. Está

atento sólo a Dios en cada palabra y labor.

4. Yo te aconsejo, en cuarto lugar, que te ocupes de

hacerlo todo con la actitud correcta, con humildad y

mansedumbre, con paciencia y amabilidad dignas del evangelio

de Cristo. Toma cada paso confiando en Dios y con el más

tierno, amoroso espíritu de que seas capaz. Mientras tanto, vela

siempre contra toda ligereza y superficialidad espiritual, y ora

siempre con toda dedicación y perseverancia para que tu fe no

falte. Y, que nada interrumpa ese espíritu de sacrificio que hace

de todo lo que tienes y lo que eres, de todo lo que sufres y

haces, una ofrenda de olor fragante a Dios101 a través de

Jesucristo.

5. En cuanto a la manera de actuar y hablar, te aconsejo

que lo hagas con toda inocencia y sencillez, prudencia y

seriedad. Agrega a éstas serenidad y suavidad; y no sólo esto,

sino también toda la ternura que el caso permita. No debes

conducirte como carnicero o verdugo, sino como cirujano que

no permite que el paciente sufra más dolor del necesario para su

cura. Para este propósito, cada uno de ustedes de la misma

manera tiene necesidad de «mano de dama» con «corazón de

león»,102 para que muchos, aun de los que ustedes tienen que

castigar, glorifiquen a Dios en el día de la visitación.103

99 Hch. 27.23.

100 Mt. 6.22.

101 Ef. 5.2.

102 Esta combinación de atributos en un cirujano ideal parece haber sido lugar

común en la época, y varios autores la utilizan para referirse al carácter cristiano.

103 1 P. 2.12.

La reforma de las costumbres 285

6. Exhorto a aquellos que temen a Dios, por la esperanza

que tienen de encontrar misericordia en su mano, por el temor

de ser hallados (aunque no sabían que lo estaban haciendo)

luchando contra Dios,104 a no oponerse u obstruir de ninguna

manera, razón o pretensión en absoluto, ya sea directa o

indirectamente un proyecto tan compasivo como éste, y tan

conducente a la gloria de Dios. Pero esto no es todo. Si ustedes

aman a la humanidad, si ustedes añoran aminorar los pecados y

las miserias de sus hermanos humanos, ¿pueden estar

satisfechos con ustedes mismos, pueden estar limpios delante de

Dios con solamente no oponerse a este proyecto? ¿No están

ustedes también comprometidos por el compromiso más

sagrado, según tengan oportunidad de hacer bien a todos?105

¿No tenemos aquí oportunidad de hacer bien a muchos, incluso

el bien del más alto grado? Entonces, en el nombre de Dios,

acepten la oportunidad. Colaboren con ellos en hacer este bien,

si no de otra manera, orando seriamente por quienes trabajan en

el proyecto. Ayúdenlos de acuerdo a sus capacidades,

sufragando los gastos que necesariamente acompañan al

proyecto, los cuales, sin ayuda de personas caritativas, serían

una carga que ellos no podrían llevar. Asístanlos, si pueden sin

inconvenientes, con una cuota trimestral o anual. Por lo menos

ayúdenlos ahora: usen la hora presente para hacer lo que Dios

puso en sus corazones. Que no se diga que ustedes vieron a sus

hermanos trabajando para Dios y no los ayudaron ni con un

dedo.106 De esta manera, por tanto, vengan al socorro de

Jehová, al socorro de Jehová contra los fuertes.107

104 1 P. 2.12.

105 Gá. 6.10.

106 Mt. 24.3.

107 Jue. 5.23.

2 86 Sermón 52

7. Y tengo un reclamo mayor para aquellos de ustedes

que aman y temen a Dios. El Dios a quien ustedes temen, a

quien aman, les ha hecho competentes para promover su obra

en una manera más excelente. Puesto que ustedes aman a Dios,

aman a su hermano también.108 Ustedes aman no sólo a sus

amigos, sino a sus enemigos;109 y no sólo a los amigos de Dios,

sino inclusive a los enemigos de Dios. Ustedes se han vestido,

como escogidos de Dios,110 de humildad, mansedumbre y

paciencia.111 Ustedes tienen fe en Dios y en Jesucristo a quien

él ha enviado,112 fe que vence al mundo. Y por ello ustedes

conquistan esa vergüenza maligna y ese temor al que pone

lazo,113 para que ustedes, entonces, puedan estar en pie con

gran confianza en presencia de los que le afligieron y

despreciaron sus trabajos.114 Aptos como ustedes lo son, y

armados para la batalla, ¿serán como los hijos de Efraín,

quienes siendo soldados y llevando arcos con ellos, se

devolvieron el día de la batalla? ¿Dejarán ustedes a algunos de

sus hermanos quedarse de pie solos contra el sinnúmero de

enemigos? No digan que «esta cruz es muy pesada para llevar:

no tengo fuerza o valor para cargarla». Es verdad; por ustedes

mismos no pueden. Pero ustedes que creen lo pueden hacer

todo en Cristo que los fortalece.115 Si ustedes pueden creer

esto, al que cree todo le es posible.116 Ninguna cruz es tan

pesada que él no pueda llevarla por nosotros, sabiendo que si

108 1 Jn. 4.21.

109 Mt. 5.43-44.

110 Col. 3.12.

111 Ef. 4.2.

112 Jn. 17.3.

113 Pr. 29.25.

114 Sab. 5.1.

115 Fil. 4.13.

116 Mr. 9.23.

La reforma de las costumbres 287

sufrimos, también reinaremos con él.117 No digan, «yo no

puedo tolerar el ser diferente». De ser así no pueden entrar al

reino de los cielos. Nadie entra a él, sino por la puerta

estrecha.118 Y todos los que entran por ella son diferentes. No

digan «yo no puedo sobrellevar el reproche, el odioso nombre

de informador». Ninguna persona, nunca, ha salvado su propia

alma que no haya recibido burla y comentarios y oprobios.119

Tampoco ustedes podrán salvar su propia alma, a menos que

estén dispuestos a que las personas digan toda clase de mal

contra vosotros.120 No digan, «si yo soy activo en este trabajo,

perderé no sólo mi reputación, sino mis amigos, mis clientes,

mi negocio, mi sustento al punto que llegaré a ser pobre».

Ustedes no podrán, ustedes no pueden, les es absolutamente

imposible a menos que Dios mismo lo escoja así, ya que su

reino domina sobre todos,121 pues aun vuestros cabellos están

todos contados.122 Pero si el Dios de gracia y sabio lo escoge

para ustedes, ¿murmurarán o se quejarán? Acaso no dirán, la

copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?123 Si

ustedes son vituperados por el nombre de Cristo, sois

bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa

sobre vosotros.124 No digan: «yo sufriría cualquier cosa, pero

mi esposa no lo consentiría». Porque ciertamente «dejará el

hombre a su padre y a su madre y a todos, y se unirá a su

mujer.125 Es verdad, se debe dejar a todos, menos a Dios; a

117 2 Tim. 2.12.

118 Mt. 7.14.

119 Tb. 3.4.

120 Mt. 5.11.

121 Sal. 103.19.

122 Mt. 10.30.

123 Jn. 18.11.

124 1 P. 4.14.

125 Mr. 10.7.

2 88 Sermón 52

todos, menos a Cristo. El hombre no debe dejarlo a él por su

esposa. Ni siquiera por el familiar más amado ha de dejar de

hacer su deber. Nuestro Señor mismo ha dicho en este mismo

sentido, «el que ama a padre o madre más que a mí, no es

digno de mí».126 Ustedes no digan: «bueno, dejaré todo por

Cristo, pero una responsabilidad no debe afectar a otra. Y esta

afectaría frecuentemente mi asistencia a la adoración pública».

Probablemente a veces lo hará. Id, entonces, y aprended lo que

significa: Misericordia quiero, y no sacrificio.127 Sin importar

lo que se pierda al mostrar esta misericordia, Dios devolverá en

su seno siete tantos.128 No digan: «Lastimaría mi propia alma.

Yo soy un hombre joven; y al relacionarme con mujeres de vida

fácil, yo mismo me expondré a tentación». Sí, si lo haces con

tus propias fuerzas o por tu propio placer; pero tal no es el

caso. Confía en Dios: y desea complacerle a él sólo. Y si él te

llamara a entrar en medio de un horno de fuego ardiendo,129

aunque pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá

en ti.130 «Es verdad, pero yo no veo que él me esté llamando a

esto». Quizá no estés dispuesto a verlo. Sin embargo, si no

fuiste llamado antes, yo te llamo ahora, en el nombre de Cristo,

toma tu cruz y síguele.131 No razones más con carne ni sangre,

mas resuelve ahora echar tu suerte con los más despreciados, los

más infames de sus seguidores, la escoria del mundo, el desecho

de todos.132 Te llamo en particular a ti, quien una vez esforzaste

tus manos, pero que te han vuelto atrás. ¡Cobra ánimo! ¡Sé

fuerte! Cumple el gozo de ellos retornando con manos y

126 Mt. 10.37.

127 Mt. 9.13.

128 Sal. 79.12.

129 Dn. 3.6, 11, 15.

130 Is. 43.2.

131 Mt. 16.24.

132 1 Co. 4.13.

La reforma de las costumbres 289

corazón. Permita Dios que quizá para esto te apartaron de ellos

por algún tiempo, para que te reciban para siempre.133 Oh, no

sean rebelde al llamamiento celestial.134 Y todos ustedes los

que saben a qué han sido llamados, estimen todo como

pérdida,135 para que puedan salvar un alma por la cual Cristo

murió. Y, ocupados en ello, no os afanéis por el día de

mañana,136 sino echen toda su ansiedad sobre él, porque él

tiene cuidado de ustedes.137 Encomienden sus almas al fiel

Creador, y hagan el bien.138

[Nota del Editor: La edición original de este sermón incluía al final un

formulario para quienes desearan hacer testamento a favor de la Sociedad

para la Reforma de las Costumbres. En su Diario del 2 de febrero de 1766,

Wesley anota que la Sociedad ha sido objeto de una demanda judicial y

que, aunque el pleito no tenía fundamento, sus costos han detenido la obra

de la Sociedad. La edición de este sermón de 1771 incluye una nota al

respecto, pero ahora indicando que la Sociedad ha tenido que pagar 300

libras en daños y perjuicios, y que esto la ha deshecho. Pero en la edición

de 1778 se incluye de nuevo el formulario para hacer testamento a favor de

la Sociedad. En 1787, William Wilberforce comenzó una nueva sociedad

con el mismo propósito, y ésta floreció hasta bien avanzado el siglo XIX.]

133 Flm. 15.

134 Hch. 26.19.

135 Fil. 3.8.

136 Mt. 6.34.

137 1 P. 5.7.

138 1 P. 4.19.