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Sermón 51 - El buen mayordomo

Lucas 16.2

Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser

mayordomo.

1. La relación que el ser humano tiene con Dios, la

criatura con su Creador, se nos presenta en sus oráculos bajo

varios calificativos. Se le considera como pecador, criatura

caída; es se le representa también como siervo, lo que es

esencial para él como criatura, tanto que esta apelación es

dada al Hijo de Dios en su estado de humillación, diciendo

que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho

semejante a los hombres.1

2. Ningún apelativo, sin embargo, concuerda mejor

con el estado presente del humano que el de mayordomo.

Nuestro Señor bendito frecuentemente le representa así. Y hay

cierta legitimidad peculiar en esta representación. Es

particularmente en un respecto, específicamente como

pecador, que se le describe como deudor; y cuando somos

llamados siervos, el apelativo es general e indeterminado.

Pero el mayordomo es un siervo de una clase particular. El

humano es esa clase de siervo en todo respecto. Este título

expresa exactamente su situación en el mundo presente,

especificando la clase de siervo que es para Dios, y qué clase

de servicio espera su Señor de él.

Sería de beneficio, pues, considerar ampliamente

este punto y explicarlo completamente. Para lograr esto,

primero, investiguemos en qué sentido somos ahora

1 Fil. 2.7.

239

2 40 Sermón 51

mayordomos de Dios. Segundo, observemos que cuando él

requiere nuestras almas, nosotros ya no podemos ser

mayordomos. Entonces sólo nos queda, en tercer lugar,

observar que debemos dar cuenta de nuestra mayordomía.

I.1. Primero, indaguemos en qué formas somos

mayordomos de Dios. Le debemos todo lo que tenemos.

Aunque un deudor está en la obligación de retornar todo lo

que ha recibido, tiene la libertad de usarlo como le plazca,

hasta que llegue el día de pagar. Con el mayordomo no

sucede lo mismo: no está en la libertad de usar como le

plazca lo que se le ha puesto en las manos, sino como le

place a su dueño. No tiene ningún derecho de disponer de

nada de lo que tiene en sus manos, sino de acuerdo a la

voluntad de su señor, ya que no es el propietario de ninguna

de estas cosas, sino que sencillamente, otro se las ha

confiado. Y, le han sido confiadas bajo estas condiciones

expresas, que dispondrá de todo como lo ordene su señor.

Ahora bien, tal es exactamente el caso de cada persona con

relación a Dios. No tenemos la libertad de usar a nuestro

antojo lo que nos ha confiado en nuestras manos, sino como

él lo desea; porque sólo él es el Poseedor del cielo y de la

tierra,2 y el Señor de cada criatura. No tenemos ningún

derecho de disponer de nada de lo que tenemos, sino de

acuerdo a su voluntad, porque comprendemos que no

somos los propietarios de ninguna de estas cosas. Ellas con,

como dice el Señor, allótria, «ajenas». Tampoco nada es

nuestro propiamente en esta tierra de peregrinación.3 No

recibiremos ta ídia, «nuestras propias cosas», hasta que

lleguemos a nuestra propia patria. Sólo las cosas eternas son

nuestras: alguien sólo nos ha confiado todas estas cosas

2 Gn. 14.19, 22.

3 Ex. 6.4.

El buen mayordomo 241

temporales —el Dueño y Señor de todo—. Y él nos las ha confiado

con la condición expresa, de que las usemos sólo como los

bienes de nuestro Señor, y de acuerdo con las instrucciones

particulares que nos ha dado en su Palabra.

2. Con esta condición, él nos ha confiado nuestra alma,

nuestros cuerpos, nuestros bienes y cualquier otro talento que

hayamos recibido: pero para poder impregnar esta profunda

verdad en nuestros corazones, será necesario mencionar

algunos particulares.

Primero, Dios nos ha confiado nuestra alma, el

espíritu inmortal hecho a la imagen de Dios,4 juntamente con

todos sus poderes y facultades intrínsecos —comprensión,

imaginación, memoria, voluntad y una serie de afectos, ya sea

incluidos en ella o altamente dependientes de ella; amor y

odio, gozo y dolor, respecto al bien y al mal presentes; deseos

y aversión, esperanza y temor, respecto a lo que ha de venir—.

Parece que san Pablo incluye todo esto en dos palabras al

decir: «la paz de Dios guardará vuestros corazones y vuestros

mentes».5 Quizá, en verdad, la segunda palabra, noemata,

podría traducirse mejor como «pensamientos», considerando

que tomamos esa palabra en su significado más extenso como

toda percepción de la mente, ya sea activa o pasiva.

3. Es cierto que de todo esto somos únicamente

mayordomos. Dios nos ha confiado todos estos poderes y

facultades, pero no para que los usemos de acuerdo a

nuestra propia voluntad, sino de acuerdo a las órdenes

expresas que él nos ha dado. Aunque es verdad que al hacer

su voluntad, efectivamente aseguramos nuestra propia

felicidad; al hacerla es que podemos ser felices ya en tiempo

o en la eternidad. Debido a esto, debemos usar nuestra

4 Gn. 1.27; 9.6 y otros.

5 Fil. 4:7.

2 42 Sermón 51

comprensión, nuestra imaginación, nuestra memoria,

totalmente para la gloria de quien las dio. Debido a esto es

que nuestra voluntad debe entregársele completamente a él, y

que todos nuestros afectos sean regulados como él lo

disponga. Fuimos creados con la capacidad para amar y

odiar, gozarnos y entristecernos, desear y rechazar, tener

esperanza y temor de acuerdo con la norma que revela a

quién pertenecemos y a quién debemos servir en todas las

cosas. Aun nuestros pensamientos, en este sentido, no son

nuestros: no están a nuestra propia disposición, sino que,

por cada función deliberada de nuestra mente, somos

responsables ante nuestro gran Señor.

4. Segundo, Dios nos ha confiado nuestros cuerpos

(estas formidables máquinas)6 con todo su poder y sus

miembros. Él nos ha confiado nuestros sentidos de la vista,

del oído y el resto. Pero ninguno de ellos nos ha sido dado

como nuestro, para usarlos de acuerdo a nuestra propia

voluntad. Ninguno de ellos se nos ha dado prestado

temporalmente en un sentido tal que nos deje en libertad de

usarlo como nos plazca. No. Los hemos recibido en estos

términos específicos: en tanto que ellos son parte de

nosotros, debemos emplearlos todos en la forma que él ha

dispuesto, y no otra.

5. Bajo los mismos términos, él nos ha impartido

con el más excelente talento, el habla. «Tú me has provisto

de una lengua», dijo el escritor antiguo, «para que yo te

alabe con ella».7 Para este propósito fue dada a todos los

humanos, para usarse en glorificar a Dios. Por lo que nada

es más absurdo o muestra mayor malagradecimiento que

pensar o decir «nuestra lengua es nuestra». Esto es

imposible, a menos que nosotros nos hayamos creado a

6 Sal. 139.14.

7 Agustín, Confesiones, V.i.

El buen mayordomo 243

nosotros mismos. En tal caso seríamos independientes del

Dios Altísimo. No sólo esto, sino que «él nos hizo, y no

nosotros a nosotros mismos».8 La manifiesta consecuencia

es que él continúa siendo Señor sobre nosotros, es este

respecto y en cualquier otro. A esto sigue que no hay ni una

palabra de nuestra lengua de la que no seamos responsables

ante él.

6. Ante él somos igualmente responsables por el uso

de nuestras manos y pies y de todos los miembros de nuestro

cuerpo. Éstos son otros tantos talentos que se han puesto a

nuestro cuidado,9 hasta el día señalado por el Padre. Hasta

entonces podemos usarlos todos, pero como mayordomos, no

como propietarios: hasta el fin debemos presentar nuestros

miembros, no como instrumentos de iniquidad, sino como

instrumentos de justicia ante Dios.10

7. Tercero, Dios nos ha encomendado con una

porción de bienes de este mundo, con comida para

alimentarnos, ropa para vestirnos, y con un lugar donde posar

la cabeza; y no sólo con lo necesario, sino con las

conveniencias de la vida. Por sobre todo, él nos ha entregado

a nuestro cuidado el precioso talento que contiene al resto, y

éste es el dinero. En verdad, es inexplicablemente precioso si

somos mayordomos fieles y prudentes,11 si usamos cada

porción para los propósitos que nuestro Dios bendito nos ha

mandado hacer.

8. Cuarto, Dios nos ha confiado varios talentos que,

propiamente, no están contenidos en ninguno de estos

encabezados, tales como fuerza muscular, salud, ser una

persona agradable, tener un hablar convencional; tales como

8 Sal. 100.3.

9 1 Tim. 1.11.

10 Ro. 6.13.

11 Lc. 12.42.

2 44 Sermón 51

el aprender y el conocimiento en sus varios niveles,

juntamente con las otras ventajas educativas; tales como la

influencia que ejercemos sobre otros, ya sea porque nos aman

y estiman o por poder —poder para hacerles el bien o un mal,

para ayudarlos o dañarlos en las circunstancias de la vida—.

Agreguemos a esto el talento invalorable del tiempo que Dios

nos confía de momento en momento. Agreguemos, por

último, la gracia de Dios —el poder de su Espíritu— sobre la cual

descansa el resto, y sin la cual todos serían maldiciones, no

bendiciones. Este poder que sólo trabaja en nosotros12 y que

hace todo aceptable ante su vista.13

II.1. En tantos aspectos los hijos de Dios son

mayordomos de Dios, «el creador de los cielos y de la

tierra».14 Él ha confiado en sus manos tan grande porción de

sus bienes de varias clases. Pero no es para siempre;

verdaderamente no es para un tiempo prolongado. Nosotros

tenemos estos bienes a nuestra disposición durante el corto e

incierto tiempo que residimos aquí. Sólo en tanto que

permanezcamos en esta tierra, en tanto que este fugaz respiro

permanezca en nuestra nariz. La hora se aproxima

velozmente, casi la podemos tocar, cuando ya no podamos ser

mayordomos.15 Al momento en que el cuerpo vuelva a la

tierra como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio, ya no

mantenemos esa categoría, ha terminado nuestra res-

ponsabilidad de mayordomos. Parte de los bienes que nos

fueron confiados ahora han llegado a su fin; al menos en lo

que a nosotros concierne. Ya no somos responsables por

12 Ef. 3.20.

13 Sal. 19.14; 1 Tim. 2.3.

14 Gn. 14.19, 22.

15 Lc. 16.2.

El buen mayordomo 245

ellos —y la porción que permanece, no puede usarse ni

mejorarse como antes—.

2. Parte de lo que antes se nos confió llegó a su fin, al

menos en lo que concierne a nosotros. ¿Qué haremos con la

comida, el vestido, las casas, y otras posesiones terrenales

después de morir? El alimento de los muertos es el polvo de

la tierra: ellos están vestidos sólo de gusanos y

descomposición. Ellos habitan en la casa determinada a todo

viviente:16 sus tierras no los conocen más. Todos sus bienes

son entregados en otras manos, y nunca más tendrán parte en

todo lo que se hace debajo del sol.17

3. El mismo caso es con nuestro cuerpo. Al momento

que el espíritu vuelve a Dios, ya no somos mayordomos de

esta máquina, que entonces estará manchada de corrupción y

deshonor.18 Todas las partes que la componían, ahora yacen

en la tierra convirtiéndose en polvo. Las manos ya no tienen

el poder de moverse; los pies han olvidado el movimiento; la

carne, los tendones, los huesos están precipitando su

disolución en el polvo común.

4. Aquí también terminan los talentos de naturaleza

mixta: nuestra fuerza, nuestra salud, nuestra belleza, nuestra

elocuencia y nuestra voz; nuestra facultad de complacer,

persuadir o convencer a otros. Aquí finaliza de la misma

manera todo el honor que una vez disfrutamos, todo el

poder que fue confiado en nuestras manos, y toda la

influencia que una vez tuvimos sobre otros ya fuera por

amor o por el aprecio que ellos nos tuvieron. Nuestro amor

y nuestro odio y nuestra envidia fenecieron ya.19 No se

presta ninguna atención a cómo los estimamos una vez.

16 Job 30.23.

17 Ec. 9.6.

18 1 Co. 15.42-43.

19 Ec. 9.6.

2 46 Sermón 51

Ellos ven al muerto imposibilitados de ayudar y sin ser

afectados; por lo que mejor es perro vivo que león

muerto.20

5. Quizá permanezca una duda en relación a algunos

de los otros talentos con los que ahora se nos ha confiado, si

cesan de existir cuando el cuerpo retorna al polvo o sólo

cesan de mejorarse. En verdad que no hay duda, la

expresión verbal que usamos ahora, por medio de estos

órganos del cuerpo, dejará de existir completamente,

cuando estos órganos sean destruidos. Ciertamente la

lengua no causará ninguna vibración en el aire; tampoco el

cerebro percibirá esas sensaciones. Aun el sonus exilis,21 la

voz baja y estridente que el poeta supone que pertenece a un

espíritu separado, no podemos afirmar que tenga un ser

real; es pura imaginación. En verdad esto no puede ser

cuestionado, pero los espíritus separados de su cuerpo

tienen alguna forma de comunicar sus sentimientos uno al

otro; pero, ¿qué ser viviente de carne y sangre puede

explicar cómo sucede esto? Ellos no pueden tener lo que

nosotros llamamos expresión verbal. Por lo que ya no

podemos ser mayordomos de este talento cuando pasemos a

ser contados entre los muertos.

6. De la misma manera, se puede admitir la duda, si

nuestros sentidos continuarán existiendo cuando nuestros

órganos sean destruidos. ¿No hay la probabilidad de que los

sentidos más cercanos a nuestra naturaleza física cesen —el

tacto, el olfato, el paladar— por tener relación más directa

con el cuerpo y por ser mayormente, si no completamente,

diseñados para su preservación? Pero ¿no permanecerá

20 Ec. 9.4.

21 No se puede determinar exactamente el origen de esta cita. Quizá sea una

traducción libre de una frase de Homero. O quizá sea una cita poco exacta de

Quintiliano.

El buen mayordomo 247

alguna forma de visión, aunque los ojos estarán cerrados en la

muerte? ¿No habrá en el alma algo equivalente que represente

el sentido del oído? Además, es probable que éstos no sólo

existan en ese estado diferente, sino en un nivel muchísimo

más desarrollado, en forma más eminente que ahora. Cuando

el alma se separe de su barro, y no sea más «una chispa que

fenece entre nubes»; cuando ya no más «mire por las ventanas

del ojo y del oído»,22 sino sea todo ojo, todo oído, todo tacto,

en una forma que nosotros aún no concebimos. Y, ¿no

tenemos una clara prueba de la posibilidad de ello, de ver sin

usar los ojos y escuchar sin usar el oído? Sí, ¿no es ésta una

pequeña señal de lo que está por venir? Pues, ¿no mira el alma,

en la forma más clara, cuando no estamos usando los ojos,

específicamente cuando soñamos? ¿No disfruta el alma del oír

sin la ayuda del oído? Pero, de cualquier manera que esto sea,

cuando nuestro cuerpo descanse en la silenciosa tumba, es

cierto que ni los sentidos ni el habla nos serán confiados en la

forma que lo son ahora.

7. ¿Cuánto del conocimiento o de lo aprendido, que

hemos adquirido por medio de la educación, permanecerá

entonces?, no podemos saber. Es verdad que Salomón dice

que «en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni

ciencia, ni sabiduría».23 Pero es evidente que estas palabras

no se pueden interpretar en su sentido neto; porque está

lejos de ser verdad que no hay conocimiento después de

separarnos del cuerpo. La duda está más bien del otro lado,

que tal vez no haya tal cosa como verdadero conocimiento

hasta entonces. Quizá haya una llana y sobria verdad, y no

una mera ficción poética, en la afirmación de que «...todas

estas sombras que por cosas tomamos, son sólo los vacíos

22 Juan Wesley adaptó estas expresiones de Sir John Davies.

23 Ec. 9.10.

2 48 Sermón 51

sueños que en profundo soñar creamos»24 (sólo exceptuan-

do las cosas que Dios quiso revelarle al ser humano). Yo

hablaré de una. Después de buscar la verdad con alguna

diligencia durante medio siglo, en este día apenas si estoy

seguro de nada, sino de lo que he aprendido de la Biblia.

Positivamente afirmo que no sé nada más con tal veracidad

que me atreviera a confiar mi salvación en ello.

Sin embargo, sí podemos aprender de las palabras de

Salomón que «en el Seol no hay ... ciencia, ni sabiduría» tales

que sean útiles para un alma infeliz; que no habrá «obra, ni

trabajo» allí por los cuales uno pueda mejorar esos talentos

que una vez le fueron confiados. Ya que el tiempo no existirá

más: el tiempo de nuestras pruebas para la felicidad o miseria

eterna ha pasado; nuestro día, el día del humano, se ha

terminado; el día de salvación25 terminó. Nada más

permanece, sino el día del Señor, administrando la amplia e

incambiable eternidad.

8. A pesar de todo, cuando nuestros cuerpos se

integren a la tierra nuestras almas —incorruptibles e inmortales,

de una naturaleza «poco menor que los ángeles»26 (aun si

interpretamos que esta frase habla de nuestra naturaleza

original, lo cual admitiría duda)— permanecerán con todas sus

facultades. Nuestra memoria, nuestra comprensión, estarán

tan lejos de ser destruidas o dañadas por la desintegración del

cuerpo que, por el contrario, tenemos razones para creer que

serán inconcebiblemente fortalecidas. ¿No tenemos razones

claras para creer que serán completamente liberadas de los

defectos que ahora son resultado natural de la unión del alma

con el cuerpo corruptible? Es altamente probable que desde el

24 De las Odas de Píndaro. Compárese con Calderón de la Barca, «toda la vida es

sueño, y los sueños, sueños son».

25 2 Co. 6.2.

26 Sal. 8.5.

El buen mayordomo 249

momento en que éstos sean separados, nuestra memoria no

permitirá que nada se olvide. Sí, exhibirá fidedignamente a

nuestra vista cada cosa que fuera plasmada en ella. Es

verdad que en la Escritura, el mundo invisible es llamado

el mundo de lo desconocido27 o como se expresa con más

fuerza en una versión antigua, la tierra donde todas las

cosas son olvidadas. Son olvidadas; pero, ¿por quién? No

por los habitantes de aquel lugar, sino por los habitantes de

la tierra. Es respecto a ellos que es «la tierra del olvido».

Todas las cosas de allí son frecuentemente olvidadas por

ellos; pero no por los espíritus sin cuerpo. Éstos no han

olvidado nada desde el momento en que abandonaron el

tabernáculo terrenal.

9. De manera similar, el entendimiento será

indudablemente liberado de los defectos que ahora le son

inseparables. Por las edades se ha repetido una incuestionable

máxima, humanum est errare et nescire —el error y la

ignorancia son inseparables de la naturaleza humana—. Pero la

totalidad de esta aserción es verdadera sólo en relación a los

vivientes y no se aplica más cuando un cuerpo corruptible

agobia el alma.28 La ignorancia, en verdad, es parte de cada

entendimiento finito (sabiendo que no hay nadie como Dios,

quien conoce todas las cosas); pero el error no lo es. Cuando

el cuerpo es abandonado, la ignorancia es también puesta a un

lado.

10. ¡Qué podemos decir, entonces, a una ingeniosa

persona que últimamente ha descubierto que los espíritus sin

cuerpo no sólo no tienen sentidos (ni ven ni oyen), sino que

tampoco tienen memoria o comprensión, pensamiento o

percepción, no al grado de la conciencia de su existencia!

27 Sal. 88.12.

28 Sab. 9.15.

2 50 Sermón 51

¡Que están en un sueño profundo desde la muerte hasta su

resurrección! ¡Consanguineus lethi sopor29 en verdad! A tal

sueño podemos perfectamente llamarle «pariente de la

muerte», si no es la misma cosa. ¿Qué podemos decir, sino

que esta ingeniosa persona ha tenido sueños extraños; y que

los tales a veces se toman por realidad?30

11. Volvamos al tema. Así como el alma retendrá su

entendimiento y la memoria, no obstante la disolución del

cuerpo, así indudablemente la voluntad, incluyendo todos los

afectos, permanecerá con todo su vigor. Si nuestro amor o ira,

nuestras esperanzas o deseos fenecen, es solamente en

relación a quienes hemos dejado atrás. A ellos no les importa

si fueron objeto de nuestro amor u odio, o de nuestros

deseos o aversión. Pero para los espíritus, no hay razón

para creer que ninguno de éstos sean extinguidos. Es más

probable que funcionen con mucha mayor fuerza de lo que

lo hicieron mientras el alma estaba atada al cuerpo y

sangre.

12. Si bien todo esto, nuestro conocimiento y sentidos,

nuestra memoria y comprensión, juntamente con nuestra

voluntad, nuestro amor, odio, y todos nuestros afectos

permanecen después de que el cuerpo es abandonado, en un

respecto ya no son como eran. Ya no seremos mayordomos de

ellos. Las cosas continúan, pero no nuestra mayordomía.

Nosotros ya no actuamos más en esa capacidad. Aun la gracia

que se nos había dado anteriormente para que fuéramos

mayordomos fieles y sabios, ahora ya no nos es concedida con

el mismo propósito. Los días de nuestra mayordomía han

terminado.

29 Virgilio, Eneida, vi.278. En la próxima oración, Wesley traduce el latín: «el sueño

es pariente de la muerte».

30 En este pasaje, Wesley se refiere a Locke y su "Essay Concerning Human

Understanding", II.i.17, 1690.

El buen mayordomo 251

III.1. Puesto que ya no podemos ser más mayordo-

mos, sólo nos queda dar cuenta de nuestra mayordomía.

Algunos se han imaginado que esto sucede inmediatamente

después de la muerte, tan pronto como entramos al mundo

de los espíritus. Pero esto no es así, aunque la iglesia de

Roma asegura esto y aun lo hace un artículo de fe.31 Pero sí

podemos concordar en esto: en el momento en que un alma

abandona el cuerpo y se encuentra desnuda frente a Dios,

no puede sino saber cuál será su destino en la eternidad.

Tendrá frente a ella la vista completa de su eterno gozo o

eterno tormento, puesto que ya no es posible engañarnos en el

juicio que hacemos de nosotros mismos. Pero la Escritura

no nos da razón para creer que Dios se sentará ese

momento para enjuiciarnos. No hay ninguna página en los

oráculos de Dios que nos afirme tal cosa. Lo que frecuen-

temente se aduce con ese propósito parece, por el contrario,

probar lo opuesto, específicamente: «está establecido para

los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el

juicio».32 En toda razón, la palabra «una vez» aquí se aplica a

juicio tanto como a muerte. Por lo que una inferencia que

se puede desprender de este mero texto es, no que habrá dos

juicios, uno particular y uno general, sino que seremos

juzgados y que moriremos una vez solamente. Una vez, no

inmediatamente después de morir y otra vez después de la

resurrección general, sino sólo en aquel día cuando el Hijo

del Hombre venga en su gloria y todos los santos ángeles

con él.33 Por lo tanto, la especulación sobre un juicio en la

31 Éste se refiere a la «Doctrina del juicio particular», según la cual hay dos juicios, el

«particular», que tiene lugar a la muerte de cada cual, y el «universal», al fin de los

tiempos. Pero esto no es artículo de fe en la Iglesia Católica Romana.

32 He. 9.27.

33 Mt. 25.31.

2 52 Sermón 51

muerte y de otro en el fin del mundo, no encuentra lugar en

quienes hacen de la Palabra de Dios escrita la total y única

norma de su fe.

2. El tiempo designado para que demos cuentas es

cuando el gran trono blanco baje del cielo y el que está

sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo,

y ningún lugar se encontró para ellos.34 Será entonces cuando

los muertos, grandes y pequeños estarán de pie ante Dios; y

los libros serán abiertos —el libro de la Escritura, que les fue

confiado, el libro de la conciencia para toda la humanidad—. De

la misma manera, el libro de la memoria35 (para usar otra

expresión escritural), el cual ha sido escrito desde la fundación

del mundo,36 entonces será abierto a la vista de todos los

humanos. Delante de todos ellos, aun delante de toda la raza

humana, delante del diablo y sus ángeles,37 delante de

innumerable compañía de santos ángeles,38 y delante de Dios

el Juez de todo,39 aparecerás sin ningún tipo de refugio ni con

qué cubrirte, sin ninguna posibilidad de disimulo, para dar

cuentas específicas de la forma en que has empleado todos los

bienes del Señor.

3. Entonces el Juez de todo inquirirá: «¿Cómo

utilizaste tu alma? Yo puse a tu cuidado un espíritu

inmortal, dotado de varios poderes y facultades, con

comprensión, imaginación, memoria, voluntad, afectos. Yo

te di completas y expresas instrucciones de cómo debías

usar todo esto. ¿Usaste tu comprensión en toda su

capacidad, de acuerdo con mis direcciones, específicamente,

34 Ap. 20.11.

35 Mal. 3.16.

36 Mt. 13.35.

37 Mt. 25.41.

38 He. 12.22.

39 Gn. 18.25.

El buen mayordomo 253

en el conocimiento de ti mismo y de mí? ¿De mi naturaleza,

mis atributos? ¿De mis obras, ya fueran de creación, de

providencia, o de gracia? ¿En conocer mi Palabra? ¿Usando

cualquier medio para aumentar tu conocimiento de ella?

¿Meditando en ella de día y de noche?40 ¿Usaste tu memoria

según mi voluntad? ¿Atesorando cualquier conocimiento

que hubieras adquirido que fuera conducente para mi gloria,

para tu propia salvación o para ventaja de otros?

¿Atesoraste en ella, no cosas sin valor, sino cualquier

experiencia que hubieras aprendido de mi Palabra?

¿Cualquier experiencia que hubieras obtenido de mi

sabiduría, verdad, poder, y misericordia? ¿Usaste tu

imaginación, no en pintar vanas imágenes, mucho menos en

alimentar deseos tontos y destructivos,41 sino pensando en

cualquier cosa que fuera de beneficio para tu alma, que

despertara tu búsqueda de sabiduría y santidad? ¿Seguiste

mis instrucciones respecto a tu voluntad? ¿Me la entregaste

toda? ¿La rendiste a la mía para que nunca se le opusiera,

sino que siempre fuera paralela a la mía? ¿Fueron tus

sentimientos expresados y regulados de la manera que lo

indica mi Palabra? ¿Me diste tu corazón? ¿No amaste al

mundo ni las cosas del mundo? ¿Fui yo el objeto de tu

amor? ¿Fueron todos tus deseos para mí y para conmemorar

mi nombre? ¿Fui yo el gozo de tu corazón, el deleite de tu

alma, el más importante entre todos? ¿No te dio tristeza

nada, sino lo que entristece mi espíritu? ¿No temiste ni

odiaste nada ni a nadie, sino al pecado? ¿Volvieron todos

los arroyos de tus afectos al océano de donde una vez

surgieron? ¿Usaste tus pensamientos de acuerdo a mi

voluntad? ¿No los usaste para vagar por toda la tierra, en

40 Jos. 1.8.

41 1 Tim. 6.9.

2 54 Sermón 51

locuras, en pecado; sino en todo lo puro, en todo lo santo,42

en todo lo que fuera conducente a mi gloria, y para la buena

voluntad entre los hombres?»43

4. Entonces, tu Señor inquirirá, «¿cómo usaste el

cuerpo del que yo te doté? Yo te di una lengua para que me

alabaras. ¿La usaste para el fin para el cual te la di? ¿No la

usaste en diálogos maliciosos sin sentido, tampoco en

conversaciones ofensivas o improductivas, sino en lo bueno,

como era necesario o útil para ti o para otros? Tal como

debe ser, directa o indirectamente, a fin de ministrar y dar

gracia a los oyentes.44 Yo te di, juntamente con otros

sentidos, la vista y el oído, las grandes avenidas para

adquirir conocimiento. ¿Los usaste para los excelentes

propósitos para los cuales te los confié? ¿Para que te

proveyeran de más y más instrucción en justicia45 y en

santidad? Te doté de manos y pies y otros miembros para

que hicieras las obras preparadas para ti. ¿No los empleaste

para hacer la `voluntad de la carne', ni la de tu naturaleza

mala, ni la voluntad de varón,46 las cosas a donde tu razón

o fantasía te guían, sino para hacer la voluntad del que te

envió47 al mundo a laborar para tu propia salvación?48 ¿No

presentaste tus miembros al pecado como instrumentos de

injusticia, sino sólo a mí, por medio de mi Hijo amado,

como instrumentos de justicia'?»49

42 Fil. 4.8.

43 Lc. 2.14.

44 Ef. 4.29.

45 2 Tim. 3.16.

46 Ibid.

47 Jn. 6.38.

48 Fil. 2.12.

49 Ro. 6.13.

El buen mayordomo 255

5. Después, el Señor de todo preguntará, «¿cómo

empleaste los bienes que te confié en tus manos? ¿Usaste la

comida, no como consecución o motivo de tu felicidad, sino

para preservar tu cuerpo saludable, fuerte y vigoroso, un

instrumento adecuado para tu alma? ¿Usaste el vestido, no

para alimentar el orgullo o vanidad, mucho menos tentar a

otros a pecar, sino para protegerte conveniente y decente-

mente de las inclemencias del tiempo? ¿Preparaste y usaste

tu casa y todas tus comodidades con el único motivo de

darme la gloria, buscando a cada paso, no tu honor, sino el

mío; ocupado en complacer, no a ti mismo, sino a mí? Una

vez más: ¿en qué forma usaste todo el talento del dinero?

¿No en gratificar los deseos de la carne, los deseos de los

ojos, o la vanagloria de la vida?50 ¿No es despilfarrar el

dinero en gastos vanos, que es lo mismo que tirarlo al mar?

¿No es acumular dinero para dejarlo al partir, que es lo

mismo que enterrarlo? Pero, primero, ¿supliste con el dinero

lo que deseaste en forma razonable, juntamente con tu

familia? Luego, ¿me devolviste el sobrante, por medio del

pobre, a quien he designado para recibirlo; mirándote a ti

mismo como uno del número de pobres, cuyas necesidades

debían ser suplidas de esa parte de mis bienes que he puesto

en tus manos para este propósito (dejándote a ti el derecho

de suplirte primero, y la bendición de dar en lugar de

recibir)?51 ¿Fuiste tú, por tanto, un benefactor para la

humanidad? ¿Diste de comer al hambriento, cubriste al

desnudo, visitaste al enfermo, recogiste al forastero,

consolaste al afligido de acuerdo a sus varias necesidades?52

¿Fuiste ojos al ciego, y pies al cojo?53 ¿Fuiste padre de

50 1 Jn. 2.16.

51 Hec. 20.35.

52 Mt. 25.35-36.

53 Job 29.15.

2 56 Sermón 51

huérfanos y defensor de viudas?54 ¿Te esforzaste en mejorar

las obras externas de misericordia como medios para salvar

almas de la muerte?»55

6. El Señor inquirirá después, «¿has sido un

mayordomo sabio y fiel con los talentos de naturaleza mixta

que te he prestado? ¿Has usado tu salud y fuerza, no en

locura y pecado, no en los placeres que perecen en el uso, ni

en proveer para los deseos de la carne,56 sino en la

búsqueda vigorosa de la mejor parte, la cual nadie puede

quitarte?57 ¿Usaste cualquier cosa que era agradable en tu

persona o habla, cualquier ventaja que tuviste por tu

educación, cualquier cosa que aprendiste, cualquier

conocimientos de las cosas o lo que los demás te encomen-

daron, para promover las virtudes en el mundo, para la

edificación de mi reino? ¿Utilizaste cualquier monto de

poder que tuviste, cualquier influencia sobre otros, por

amor o estima que te hayan tenido para aumentar su

sabiduría y su santidad? ¿Usaste el inestimable talento del

tiempo con cautela y prudencia, pesando responsablemente

el valor de cada momento, sabiendo que todos están

contados en la eternidad? Por sobre todo, ¿fuiste un buen

mayordomo de mi gracia para prevenir, acompañar y

seguirte a ti? ¿Observaste con diligencia y mejoraste

cuidadosamente todas las influencias de mi Espíritu? ¿Cada

buen deseo? ¿Cada porción de luz? ¿Todas sus reprensiones

fuertes o suaves? ¿Cómo sacaste ventaja del espíritu de

esclavitud y de temor, el cual existió antes que el espíritu de

adopción.?58 Y, cuando llegaste a ser compañero de este

54 Sal. 68.5.

55 Stg. 5.20.

56 Ro. 13.14.

57 Lc. 10.42.

58 Ro. 8.15.

El buen mayordomo 257

Espíritu, clamando, ¡Abba, Padre!, ¿no te pusiste de pie con

firmeza en la gloriosa libertad en la que yo te hice libre?

¿Presentaste desde ese momento en adelante tu alma y

cuerpo, todos tus pensamientos, tus palabras y acciones en una

llama de amor como sacrificio santo, glorificándome a mí con

tu cuerpo y tu espíritu? Entonces, bien, buen siervo y fiel...

entra en el gozo de tu señor».59 ¿Y qué queda para el

mayordomo fiel o el infiel? Nada, sino la ejecución de la

sentencia que ha sido pronunciada por el Juez justo;

instalándote en un estado que no admite cambio, a través de

las edades. Sólo queda que seas premiado con la eternidad de

acuerdo a tus obras.

IV. 1. De estas llanas consideraciones, podemos

aprender, primero, ¡lo importante que es este corto e

incierto día de vida! ¡Qué precioso, por sobre toda

expresión, por sobre toda concepción, es cada momento de

él!

Cada grano de arena requiere cuidado,

pues el tiempo que cuenta es regalo dorado.60

¡Cuán profundamente nos concierne a cada cual que ni uno de

esos instantes se pierda, sino utilizarlos todos hasta alcanzar

los propósitos más nobles, en tanto que el aliento de Dios esté

en nuestra nariz!

2. Segundo, de aquí aprendemos que no hay trabajo

en nuestro tiempo, ni acción o conversación que sea

puramente indiferente. Todo es bueno o malo, porque todo el

tiempo, como todo lo demás que tenemos, no es nuestro.

Todos éstos son, como lo dice nuestro Señor, ta allótria,61

59 25.21, 23.

60 Wesley cita aquí a quien antes fuera su amigo, el poeta John Gambold. El poema en

cuestión se refiere a un reloj de arena, y a los instantes que va marcando.

61 Lc. 16.12.

2 58 Sermón 51

ajenos —pertenecen a Dios nuestro Creador—. Ahora, éstos son

o no son usados de acuerdo a su voluntad. Si todo se usa bien,

todo es bueno; si no, todo es malo. Una vez más, es su

voluntad que crezcamos continuamente en su gracia y en el

conocimiento viviente de nuestro Señor Jesucristo. En

consecuencia, cada pensamiento, palabra y trabajo donde este

conocimiento aumenta, donde crecemos en gracia, es bueno;

y todo caso o uso en el que este conocimiento no es

aumentado, es verdadera y propiamente malo.

3. De aquí aprendemos, tercero, que no hay obras de

supererogación, que nunca podemos hacer más de lo que es

nuestra obligación. Puesto que todo lo que poseemos no es

propiamente nuestro, sino de Dios, todo lo que hacemos se lo

debemos a él. No hemos recibido sencillamente esto o

aquello, ni siquiera muchas cosas, sino que todo proviene de

él; por lo que todo se le debe. Él es quien nos ha dado todo, y

tiene derecho a todo. Por lo que, si le pagamos a él un poco

menos que todo, no podemos ser mayordomos fieles. Y

considerando que cada uno recibirá su recompensa conforme

a su labor,62 no podemos ser mayordomos sabios, a menos

que trabajemos con toda nuestra fuerza, no dejando nada a

medias si lo podemos evitar, sino aplicando toda nuestra

energía.

4. Hermanos, ¿quién es sabio y entendido entre

vosotros?63 Que muestre su sabiduría de lo alto, caminando

de acuerdo a su carácter. Si ha de dar cuenta de sí mismo

como mayordomo de los múltiples dones de Dios, que se

vea que todos sus pensamientos y palabras y trabajos

concuerdan con la posición que Dios le asignó. No es cosa

fácil poner en las manos de Dios todo lo que has recibido de

él. Requiere toda tu sabiduría, toda tu resolución, toda tu

62 1 Co. 3.8.

63 Stg. 3.13.

El buen mayordomo 259

paciencia y constancia; más de lo que antes tuviste por

naturaleza, pero no más de lo que puedes tener por gracia.

Porque su gracia es suficiente para ti,64 y todo, como bien

sabes, le es posible al que cree.65 Por fe, entonces, vestíos del

Señor Jesucristo,66 vestíos de toda la armadura de Dios67 y se

te permitirá glorificar a Dios con todas tus palabras y obras;

sí, llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a

Cristo.68

Edimburgo, 14 de mayo de 1768.

64 2 Co. 12.9.

65 Mr. 9.23.

66 Ro. 13.14.

67 Ef. 6.11.

68 2 Co. 10.5.