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Sermón 50 - El uso del dinero

Lucas 16.9

Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas

injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las

moradas eternas.

1. Nuestro Señor, al terminar de explicar la linda

parábola del hijo pródigo, la cual había dirigido especialmente

a quienes murmuraban porque había aceptado a publicanos y

pecadores, agregó otra narración de diferente clase. Sin

embargo, ésta la dirigió mayormente a los hijos de Dios. «Dijo

también a sus discípulos:» (no tanto a los escribas y fariseos

con quienes había hablado anteriormente) «había un hombre

rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como

disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo... Da

cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser

mayordomo».1 Después de referir el método que usó el mal

mayordomo para proveer para el día de necesidad, nuestro

Salvador agregó, «alabó el amo al mayordomo malo»

—específicamente en este caso, por haber sido precavido en el

momento preciso—. Adjuntó también esta reflexión profunda:

«los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus

semejantes que los hijos de luz».2 Aquellos que no buscan otra

porción que «este siglo son más sagaces» (no en un sentido

absoluto, porque todos y cada uno de ellos son los más necios,

los locos más atroces bajo el cielo, sino que «en su propia

generación», en su propia forma de ser). Son más consistentes

1 Lc. 16.1-2; cf. Notas de Wesley.

2 v. 8.

221

2 22 Sermón 50

consigo mismos, son más fieles; es a sus propios principios.

Persiguen sus fines con más persistencia «que los hijos de luz»,

que quienes ven la luz de la gloria de Dios en el rostro de

Jesucristo.3 Luego, siguiendo las palabras arriba citadas: «Y

yo» —el unigénito Hijo de Dios, el Creador, Señor y Dueño del

cielo y de la tierra, y todo lo que en ellos existe; el Juez de todo,

a quien ustedes darán cuenta de su mayordomía, cuando ya no

puedan más ser mayordomos—. «Yo os digo» (aprendan en este

respecto aun del mayordomo malo), «ganad amigos» por medio

de la precaución sabia y pertinente, «por medio de las riquezas

injustas». Se les llama «riquezas injustas» debido a la manera

injusta en que se adquieren. Y aunque se hayan obtenido

honestamente, se gastan injustamente. «Ganad amigos» con

ellas, haciendo todo el bien posible, especialmente a los hijos de

Dios; para que cuando volváis a la tierra,4 cuando retornen al

polvo, cuando ya no tengan lugar bajo el sol, aquellos que han

partido antes de ustedes «os reciban», les den la bienvenida «en

las moradas eternas».

2. Nuestro Señor inculca aquí en sus seguidores una

variación de la sabiduría cristiana, específicamente, el uso

correcto del dinero. Éste es un tema del que se habla

ampliamente, a su propia manera, por los inconversos, pero

que no ha sido considerado suficientemente por aquéllos a

quienes Dios ha escogido para salir del mundo. Éstos

generalmente no consideran el uso de este talento como lo

requiere la importancia del asunto; pero tampoco comprenden

cómo emplearlo al máximo para sacar la mayor ventaja. La

introducción de esto a este mundo fue, en una instancia,

admirable de la sabiduría y de la providente gracia de Dios. Ha

sido ciertamente forma de expresión común entre poetas,

oradores y filósofos en casi todas las épocas y naciones, el

3 2 Co. 4.6.

4 Gn. 3.19.

El uso del dinero 223

referirse insistente y quejosamente a las riquezas como la gran

corruptora del mundo, la ruina de la virtud, la peste de las

sociedades. Por lo que nada es tan común como escuchar:

ferrum, ferroque nocentius aurum.5 Y el oro es más dañino que

una espada afilada. De aquí que se escuche la lamentable queja

effodiuntur opes, irritamenta malorum.6 Más aún, un escritor

célebre en tono preocupado exhortó a sus compatriotas a

erradicar de una vez todos los vicios, que tiraran todo su dinero

al mar: in mare proximun...Summi materiem mali!7

Pero ¿no son todas estas palabras hinchadas y necias?

¿Hay en ellas una razón sólida? De ninguna manera. Porque, al

dejar que el mundo se corrompa a su antojo, ¿debe culparse a la

plata o al oro? «El amor al dinero», como sabemos, es la

«raíz de todos los males», pero no el dinero en sí mismo. La

culpa no recae en el dinero, sino en quienes lo usan. Puede

usarse mal, ¿y qué no? Pero, de la misma manera, puede usarse

bien. Es aplicable por igual tanto al mejor como al peor de los

usos. El dinero presta un servicio incalculable a todas las

naciones civilizadas en las transacciones comunes de la vida. Es

un instrumento efectivo para compactar transacciones en

cualquier negocio, y (si lo usamos de acuerdo a la sabiduría

cristiana) hace toda clase de bien. Es verdad que, si la

humanidad estuviera en estado de inocencia o si todos fueran

llenos del Espíritu Santo (como en la primitiva iglesia de

Jerusalén, donde ninguno decía ser suyo propio nada de lo que

poseía, sino que más bien se distribuía a quien lo necesitara)8

el uso del dinero no sería necesario, así como no podemos

concebir que haya este tipo de transacciones entre los

5 Traducción libre: «El dinero es hierro más vil que el hierro». Ovidio,

Metamorfosis, I.i.141.

6 Traducción libre: «El dinero incita a los vicios». Ibid., I.i.140.

7 Horacio, Odas, III.xxiv.47, 49.

8 Véase Hch. 4.31-35.

2 24 Sermón 50

habitantes del cielo. Pero en el presente estado de la humani-

dad, el dinero es un obsequio excelente de Dios para satisfacer

los fines más nobles. En las manos de sus hijos, representa

comida para el hambriento, agua para el sediento y vestidura

para el desnudo. Provee dónde reclinar la cabeza al viajero y al

extranjero. Por él podemos ofrecer a una viuda sustento como

el de un esposo, o apoyo como de un padre a quien no lo tiene.

Podemos ser defensa al oprimido, un medio de salud al

enfermo o alivio a quien sufre dolor. El dinero puede ser ojos al

ciego o pies al cojo. Sí, puede alzar de las puertas de la

muerte.9

3. Por lo tanto, es de alta preocupación que todos los que

temen a Dios sepan cómo usar este valioso talento; que sean

instruidos en cómo poder lograr estos fines gloriosos, y en

maneras óptimas. Y quizá todas las instrucciones necesarias

para ello puedan ser reducidas a tres reglas sencillas, y al

obedecerlas debidamente, podamos aprobarnos a nosotros

mismos como fieles mayordomos de «las riquezas injustas».

I.1. La primera de estas reglas sencillas es (¡aquél que

escucha, que comprenda!), gana todo lo que puedas. Aquí

pudiéramos hablar como los hijos del mundo. Hablemos en su

propio terreno. Y es nuestra responsabilidad hacerlo. Debemos

ganar todo lo que podamos adquirir, sin excedernos en el costo

desmedidamente, sin pagar más de lo necesario. Pero, de

hecho, no debemos hacer esto: no debemos obtener dinero a

expensas de la vida; tampoco (que en efecto redunda en lo

mismo) a expensas de nuestra salud. Por lo que ninguna

ganancia debe, de manera alguna, inducirnos a participar o

continuar en cualquier clase de labor que sea de esa naturaleza,

o que esté acompañada de tan arduo trabajo, o por tan largas

jornadas, que dañen nuestra constitución física. Tampoco

9 Sal. 9.13.

El uso del dinero 225

debemos principiar o continuar en ningún negocio que nos

prive de los debidos tiempos para comer y dormir en la

proporción que lo requiera nuestra naturaleza. En verdad, aquí

hay una gran diferencia. Algunos trabajos son total y

absolutamente insalubres —como los que requieren que se

manipule mucho arsénico u otros minerales igualmente letales,

o el respirar aire viciado con vapores de cobre que a la larga

destruirá la constitución física más robusta—. Puede ser que otros

no sean totalmente insalubres, sino para quienes tienen una

constitución débil. Tales como las labores que requieren muchas

horas de estar escribiendo, especialmente si la persona escribe

sentada e inclinada sobre el estómago, o permanece largo

tiempo en una posición incómoda. Cualquier motivo que sea lo

que la razón o la experiencia demuestran ser destructivo a

nuestra salud o fuerzas, no nos sometamos a ello, sabiendo que

la vida es más valiosa que la comida, y el cuerpo que el

vestido.10 Y, si ya laboramos en un empleo de esos, debemos

buscar otro tan pronto como sea posible, que si bien podría

disminuir nuestra ganancia, no dañaría nuestra salud.

2. Segunda, debemos ganar todo lo que podamos sin

dañar nuestra mente, más que nuestro cuerpo; porque tampoco

debemos lastimar ésta. Debemos preservar a toda costa el

espíritu de una mente sana. Por lo que no debemos iniciar o

continuar en ningún oficio pecaminoso, contrario a la ley de

Dios o a las de nuestro país. Tales son todos los que necesa-

riamente implican robar o defraudar de nuestra parte al rey y sus

decretos aduanales. Porque robar al rey es tan pecaminoso como

robar a nuestros compañeros vasallos. Y el rey tiene tan

absoluto derecho a sus tarifas aduanales como lo tenemos

nosotros de nuestras casas y vestimenta. Hay otros negocios

que, aunque inocentes en sí mismos, no pueden practicarse con

inocencia ahora (por lo menos, no en Inglaterra): tal como, por

10 Lc. 12.23.

2 26 Sermón 50

ejemplo, los que no funcionan sin hacer trampa o mentir, o

conformarse a una costumbre que no es consistente con una

buena conciencia. Éstos, igualmente, deben evitarse religiosa-

mente, porque sin importar cuál sea la ganancia que pudiéra-

mos alcanzar si quisiésemos las costumbres del negocio. Porque

por ganar dinero, no debemos perder nuestras almas. Hay

además otros trabajos que muchos persiguen con perfecta

inocencia, sin afectar ni sus cuerpos ni sus mentes. Y a pesar de

eso, quizás tú no puedas hacer lo mismo. Puede ser que te

rodeen de personas cuya amistad arruine tu alma. Quizá, tras

repetidas pruebas, veas que no puedes hacer tal negocio sin

tratar con esos individuos, y sin que te hagan daño. O es

posible que haya una idiosincrasia, una peculiaridad en la

constitución de tu alma (como la hay en la constitución física de

muchos) por la que ese empleo sería mortal para ti, aunque que

para otros no lo sea. Yo mismo estoy convencido, tras muchos

experimentos, que no puedo estudiar a ningún nivel de

perfección ya sea matemáticas, aritmética o álgebra, sin

volverme deísta, si no ateo. Otra persona pudiera estudiar esas

disciplinas toda la vida sin tener ningún inconveniente. Por lo

tanto, nadie puede determinar nada por otro, sino que cada uno

debe juzgar por sí mismo y abstenerse de lo que en particular

sea dañino para su alma.

3. Tercera, debemos ganar todo lo que podamos sin

perjudicar a nuestro prójimo. Porque no debemos, no podemos

hacerlo, si amamos a nuestro prójimo como a nosotros

mismos. No podemos perjudicar a nadie en sus bienes, si

amamos a todos como a nosotros mismos. No podemos

menoscabar las ganancias de sus cosechas, o quizá sus tierras y

sus casas mismas, o cazando sus animales, inflando las cuentas

(ya sea por servicios médicos, por honorarios legales o por

cualquier otra razón), o requiriendo y cobrando altos intereses

que hasta la ley prohíbe. Por lo que se excluye toda usura, pues

a pesar cualquier bien que podamos hacer por medio de ella,

El uso del dinero 227

toda persona sin prejuicios puede notar con tristeza el

abundante desbalance que hay hacia en ella el mal. Y si fuera de

otra manera, aun así, no estamos autorizados a hacer males para

que vengan bienes.11 Para ser consistentes con nuestro amor

fraternal, no podemos vender nuestros productos a un precio

menor al del mercado. No podemos arruinar premeditada-

mente el negocio del vecino para beneficiar el nuestro.

Mucho menos sonsacar o recibir a uno de sus siervos o

trabajadores a quien necesita. Nadie puede obtener ganancia

destruyendo la hacienda del vecino, sin ser condenado al

infierno.

4. Tampoco debemos obtener ganancia lastimando el

cuerpo de nuestro prójimo. Por lo tanto, no debemos vender

nada que tienda a perjudicar la salud. Tal es, eminentemente,

todo ese líquido ardiente comúnmente llamado "trago" o "licor

espiritoso". Es verdad que pueden tener un lugar en la

medicina; pueden servir para algunos desórdenes físicos

(aunque haya rara ocasión para su uso, si no por otra razón, por

la ignorancia de quienes los recetan). Por lo tanto, el prepararlo

y venderlo solamente para este fin, puede guardar sus

conciencias limpias. Pero ¿quiénes son los tales? ¿Quién

prepara y vende licor sólo para este fin medicinal? ¿Conoces

diez destiladores en Inglaterra que se comporten así? Entonces,

excusémoslos. Pero todos los que venden estos licores en la

forma tradicional, a cualquier persona que desea adquirirlos,

son envenenadores al por mayor. Matan a los siervos de su

Majestad en masa, y su ojo no se compadece, ni tienen

misericordia.12 Los llevan al infierno como ovejas. Y, ¿cuál es

su ganancia? ¿No es la sangre de estas personas? ¿Quién,

entonces, envidiará sus grandes propiedades y suntuosos

palacios? Una maldición hay en medio de ellos: la maldición de

11 Ro. 3.8.

12 Dt. 13.8.

2 28 Sermón 50

Dios adherida a las piedras, a la madera, al mobiliario de ellos.

La maldición de Dios está en sus jardines, en sus sendas, en sus

arboledas; un fuego que calcina al más bajo de los infiernos.

Sangre, sangre hay allí. ¡Los cimientos, el piso, las paredes, el

techo, todo está manchado de sangre! ¿Y puedes tener

esperanza, oh hombre sanguinario,13 aunque estés vestido de

púrpura y de lino fino y hagas cada día banquete con

esplendidez?14 ¿Puedes esperar dar en herencia tus campos de

sangre15 hasta la tercera generación? De ninguna manera,

porque hay un Dios en el cielo. Por lo tanto, pronto tu nombre

será borrado, como aquéllos a quienes tú has destruido, cuerpo

y alma, tu memoria perecerá contigo.16

5. Y, aunque sea en un grado menor, ¿no son partícipes

de la misma culpa, ya sean cirujanos, boticarios, o médicos,

quienes juegan con las vidas o la salud de las personas para

aumentar su propia ganancia? ¿Quienes a propósito prolongan

el dolor y la enfermedad que pueden curar con prontitud?

¿Quiénes prolongan la cura del cuerpo de sus pacientes para

saquearles el dinero? ¿Puede alguien estar limpio delante de

Dios, si no acorta el trastorno físico en cada caso tanto como

puede, y no remueve la enfermedad y el dolor tan pronto como

le sea posible? No, no puede estar limpio; porque nada puede

estar más claro que él no ama a su prójimo como a sí mismo,17

que no hace con otros como desea que ellos hagan con él.18

6. Tal ganancia se logra a un alto precio. Así es

cualquier cosa obtenida de tal modo que se lastime el alma de

nuestro prójimo: el proveer, directa o indirectamente, para su

13 Eco. 34.21.

14 Lc. 16.19.

15 Mt. 27.8.

16 Sal. 9.6.

17 Mr. 12.33.

18 Mt. 7.12.

El uso del dinero 229

falta de pudor o exceso en la bebida; lo cual ciertamente nadie

que tenga el más mínimo temor a Dios puede hacer, o nadie

que desee realmente hacer su voluntad. Esto concierne

profundamente a casi todos los que tienen que ver con

tabernas, restaurantes, teatros, clubes o cualesquiera otros

lugares públicos de novedosa diversión. Si esto beneficia el

alma de la gente, eres inocente, tu trabajo es bueno y tu ganancia

honesta. Pero si estos trabajos son, ya sea pecaminosos en ellos

mismos o válvulas de entrada para varias clases de pecado,

entonces hay que temer que tienes cuentas tristes que dar. Ah,

guárdate de que Dios no diga en aquel día, «el impío morirá por

su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano».19

7. Después de observar estas precauciones y restriccio-

nes, es la obligación de todo aquel que entabla negocios en el

mundo, observar el primero y gran mandamiento de la

sabiduría cristiana respecto al dinero: gana todo lo que puedas.

Gana todo lo que puedas con trabajo honrado: usa toda clase de

diligencia en tu misión en esta vida. No pierdas tiempo. Si

comprendes tu relación con Dios y con tu prójimo, reconocerás

que no hay tiempo que perder. Si comprendes tu misión como

debieras, no tendrás tiempo de sobra. Cada quehacer necesita

cierto tiempo, suficiente para el día y la hora. Allí donde estás,

si lo tomas con seriedad, no te quedará tiempo para malgastar

en diversión tonta o sin sentido. Siempre tendrás algo mejor

que hacer, algo que te beneficiará más o menos. Y, todo lo que

te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas.20

Hazlo tan pronto como te sea posible. No lo dejes para más

tarde. No lo pospongas de día en día o de hora en hora. No

dejes para mañana nada que puedas hacer hoy. Y, hazlo tan

bien como te sea posible. No bosteces ni te duermas sobre tu

19 Ez. 3.18.

20 Ec. 9:10.

2 30 Sermón 50

quehacer. Aplica toda tu fuerza al trabajo. No escatimes dolor.

No permitas que nada sea hecho a medias, por partes o de

manera descuidada. No permitas que nada, en lo que compete a

tu trabajo, sea dejado sin terminar, si se puede hacer con labor y

paciencia.

8. Gana todo lo que puedas, con sentido común,

usando en tus transacciones todo el entendimiento que Dios te

ha dado. Es sorprendente ver las pocas personas que lo hacen.

Cuántas personas siguen la misma senda sombría de sus

antepasados. Pero cualquier cosa que ellos hagan, quienes no

conocen a Dios, no se aplica a ti. Es penoso que un cristiano no

mejore la forma de hacer cualquier transacción que le venga a

la mano. Tú debieras aprender continuamente de la experiencia

de otros o de tu propia experiencia, leyendo o reflexionando

para mejorar hoy tu quehacer de ayer. Y asegúrate de practicar

lo que aprendiste, para que puedas hacer lo mejor con todo lo

que tienes a la mano.

II.1. Habiendo ganado todo lo que pudiste con sabia

honestidad e incansable diligencia, la segunda regla de

prudencia cristiana es, ahorra todo lo que puedas. No tires el

precioso talento al mar: déjales esa locura a los filósofos

inconversos. No lo tires gastando en cosas que no retribuyen,

que sería lo mismo como tirarlo al mar. No gastes nada

meramente para satisfacer los deseos de la carne, los deseos de

los ojos, o la vanagloria de la vida.

2. No gastes ninguna parte de tan precioso talento

meramente en gratificar los deseos de la carne, buscando las

diferentes clases de placeres de los diferentes sentidos;

particularmente aumentando el placer del paladar. Yo no digo

que evites sólo glotonería y borracheras: un inconverso

honesto también las condenaría. Pero hay una clase reputable

de sensualidad regular, un elegante epicureísmo, que no

disturba automáticamente al estómago, ni (sensiblemente, por

El uso del dinero 231

lo menos) deteriora el entendimiento. Aun así (sin mencionar

ningún otro efecto por ahora), no puede mantenerse sin gastar

dinero considerablemente. Corta todos estos gastos. Desprecia

delicadeza y variedad, y conténtate con lo que la llana naturaleza

requiere.

3. No desperdicies nada de tan precioso talento

meramente en gratificar los deseos de los ojos con superfluos o

caros atavíos, o con ornamentos innecesarios. No malgastes

nada de él en adornar tu casa curiosamente con mobiliario caro

y superfluo; en fotos carísimas, cuadros costosos, molduras

caras, libros; en jardines elegantes (en lugar de jardines útiles).

Permite que tus prójimos, que no saben nada mejor, hagan esto:

dejen que los muertos entierren a sus muertos. Pero «¿qué a ti?

Sígueme tú»,21 dice el Señor. ¿Estás dispuesto? Entonces estás

capacitado para hacerlo.

4. No cedas nada para gratificar la vanagloria de la

vida, para obtener la admiración o alabanza del mundo. Este

motivo de gastar está frecuentemente entretejido con uno o

ambos de los motivos ya mencionados. La gente gasta mucho

en dietas o vestidura o mobiliario, no sólo para satisfacer el

apetito o para satisfacer los ojos o la imaginación, sino también

para satisfacer su vanidad. Es posible que mientras vivas,

llamen dichosa a tu alma, y seas loado cuando prosperes, y que

se vista de púrpura y de lino fino, y haga cada día banquete con

esplendidez.22 no hay duda que muchos aplaudirán tus gustos

elegantes, tu generosidad y hospitalidad. Pero no pagues mucho

por el aplauso. Por el contrario, conténtate con el honor que

recibes de Dios.

5. ¿Quién gastaría algo en gratificar estos deseos, si

considerase que al satisfacerlos aumentan? Nada puede ser más

verdadero que esto: la experiencia diaria muestra que, mientras

21 Mt. 8.22; Jn. 21.22.

22 Sal. 49.18; Lc. 16.19.

2 32 Sermón 50

más se les cultiva, más aumentan. Por lo que, en cualquier

momento que gastas algo para satisfacer tus gustos u otros

sentidos, gastas mucho en sensualidad. Cuando sacas dinero del

bolsillo para satisfacer la vista, pagas mucho para aumentar tu

curiosidad y por un apego mucho más fuerte a estos placeres,

que perecen en el mismo momento de practicarlos. Cuando

compras cualquier cosa que la gente usa como motivo de

aplauso, estás comprando más vanidad. ¿No tenías ya suficiente

vanidad, sensualidad o curiosidad? ¿Había necesidad de agregar

más? Y, ¿pagarías también por ello? ¿Qué clase de sabiduría es

ésta? ¿No sería una tontería menos loca tirar literalmente tu

dinero al mar?

6. Y ¿por qué has de malgastar tu dinero en tus hijos

más de lo que lo haces en comidas delicadas, placeres o ropa

cara, en superficialidades de cualquier clase? ¿Por qué has de

comprar para ellos más orgullo o lascivia, más vanidad o

deseos absurdos y perjudiciales? Ellos no quieren más de eso.

Ya tienen suficiente. La naturaleza les ha provisto suficiente.

¿Por qué tienes que pagar aún más para aumentar las

tentaciones y el engaño de ellos y hacerlos traspasar de

muchos dolores?23

7. No dejes tampoco el malgastar a opción de ellos. Si

tienes razones bien fundadas para creer que ellos malgastarán

más tarde lo que ahora tienes en tu posesión, no pongas esta

trampa en el camino de ellos. Lo malgastarán en gratificaciones

y, por lo tanto, aumentarán los deseos de la carne, los deseos

de los ojos, o la vanagloria de la vida (bajo peligro de perder

sus almas y la tuya). No ofrezcas tus hijos y tus hijas a Belial,

como tampoco a Moloc. Tenles lástima y quita de sus caminos

lo que percibas que aumentaría el pecado de ellos, y conse-

cuentemente los hundiría más en la perdición eterna. Cómo es

de asombroso, pues, el capricho de aquellos padres que piensan

23 1 Tim. 6.10.

El uso del dinero 233

que nunca podrán dejar suficiente herencia a sus hijos! ¿Cómo?

¿Que no pueden dejarle suficientes flechas, leños ardientes y

muerte? ¿No suficientes deseos absurdos y perjudiciales? ¿No

suficiente orgullo, lascivia, ambición, vanidad? ¡Pobres

infelices! Temes donde no hay nada que temer. Seguramente tú

y ellos, cuando alcen los ojos en el infierno, tendrán suficiente

de ambos, del gusano que nunca muere y del fuego que nunca

se apaga.24

8. «Entonces, ¿qué haría usted si estuviera en nuestro

caso, si tuviera una considerable fortuna que dejar?» Ya sea

que lo hiciera o no, yo sé lo que debo hacer: de esto no tengo

duda. Si yo tuviera un hijo, joven o mayor, quien supiera del

valor del dinero, uno quien yo supiera que usaría el dinero

debidamente, estaría convencido de que mi absoluta e

indispensable obligación sería dejarle a ese hijo una buena parte

de mi fortuna; y al resto de mis hijos, lo suficiente para que

pudieran vivir en la forma en que estuvieran acostumbrados.

«Pero ¿qué haría si todos sus hijos fueran igualmente ignorantes

en el uso correcto del dinero?» Mi deber entonces sería (esto es

duro, ¿quién lo escuchará?) dar a cada uno lo suficiente para

mantenerlos sin que les faltara nada, y distribuir el resto de tal

manera, como yo lo juzgara, para que rindiera la máxima gloria

a Dios.

III.1 Pero nadie debe imaginar que ha hecho algo con

llegar hasta este punto, con ganar y ahorrar todo lo que pueda y

detenerse ahí. Todo esto no representa nada, si no se sigue

adelante, si no se lleva todo hasta un fin ulterior. Tampoco se

puede decir en verdad que una persona ahorró algo, si es sólo

para guardarlo. Igual daría que tiraras tu dinero al mar o que lo

enterraras. Y da lo mismo enterrarlo, que esconderlo en un

cofre, o en el Banco de Inglaterra. No usarlo es efectivamente

24 Mr. 9.43-46, 48.

2 34 Sermón 50

como haberlo tirado. Si, por lo tanto, quieres ganar amigos

por medio de las riquezas injustas, agrega la tercera regla a las

dos precedentes. Después de ganar todo lo que puedas y,

segundo, ahorrar todo lo que puedas, entonces, da todo lo que

puedas.

2. Para ver la base y razón de esto, considera: cuando el

dueño del cielo y la tierra te creó y te puso en este mundo, no tu

instaló como propietario, sino como mayordomo. Como tal, él

te confió valores de diferentes clases durante determinado

tiempo. Pero el sentido de propiedad de todo continúa

residiendo en él, y no es posible usurpárselo jamás. Así como tú

no te perteneces a ti mismo, sino a él, de la misma manera de él

es todo lo que disfrutas, tal como tu alma y tu cuerpo —los cuales

no son tuyos, sino de Dios—. Lo mismo sucede con tus posesiones

en particular. Y él te ha de manera muy clara y en términos

explícitos cómo debes usarlas para él, de tal manera que

todo sea un sacrificio santo, aceptable por medio de

Jesucristo.25 Él ha prometido premiar este servicio liviano y

fácil con un eterno peso de gloria.26

3. La orientación que nos ha dado Dios concerniente al

uso de nuestros bienes de este mundo puede resumirse en los

siguientes puntos: Si deseas ser mayordomo fiel y sabio de la

porción de los bienes del Señor que ha depositado en tus

manos, pero reservándose el derecho de retomarlos cuando él lo

desee, primero, provee lo necesario para ti. Esto incluye

alimentos, vestimenta, lo que la naturaleza te requiera

moderadamente para preservar el cuerpo en buena salud y

fuerte. Segundo, provee lo mismo para tu esposa, tus hijos, tus

siervos, y para cualquier otra persona que viva bajo tu techo. Si

después de hacer esto te quedara un sobrante, entonces haz

bien a los de la familia de la fe. Y si aún te sobrara algo, según

25 1 P. 2.5.

26 2 Co. 4.17.

El uso del dinero 235

tengas oportunidad, haz bien a todos los hombres.27 Al hacer

esto, das todo lo que puede; pero no sólo esto, sino que en un

sentido correcto das todo lo que tienes, pues todo lo que se da

de esta manera es, en verdad, dado a Dios. Le das a Dios las

cosas que son de Dios,28 no sólo en lo que les da a los pobres,

sino también cuando gastas en lo que necesitas para ti y para

quienes viven bajo tu techo.

4. Si, entonces, en cualquier momento surge alguna

duda en tu mente de lo que debes gastar, ya sea en ti mismo o

en cualquier miembro de tu familia, tienes una forma fácil de

resolverla. Indaga calmada y seriamente: (1) si al gastar eso,

¿actúo de acuerdo a mi carácter? ¿Estoy actuando ahora, no

como el propietario, sino como mayordomo de los bienes de mi

Señor? (2) ¿Estoy haciendo esto en obediencia a su Palabra?

¿En qué Escritura me requiere Dios hacerlo así? (3) ¿Puedo

ofrecer esta decisión, este gasto, como sacrificio a Dios por

medio de Jesucristo? (4) ¿Tengo razones para creer que por esta

obra obtendré recompensa en la resurrección de los justos? En

muy raras oportunidades necesitarás algo más para quitar

cualquier duda que emerja en relación a este asunto. Pero a la

luz de esta consideración cuádruple, sabrás qué camino tomar.

5. Si aún permaneciera alguna duda, podrías examinarte

con más detalle en oración de acuerdo a los cuatro aspectos

sugeridos anteriormente. Prueba si puedes decirle al Juzgador

de corazones, sin que tu conciencia te condene: «Señor, tú

miras que voy a gastar esta suma en comida, ropa, muebles. Y

tú sabes que actúo aquí en atención exclusiva como mayordo-

mo de tus bienes, gastando esta porción de ellos, buscando por

tanto la voluntad tuya que me has confiado en ellos. Tú sabes

que hago esto en obediencia a tu Palabra, como tú lo ordenas,

y porque tú lo ordenas. ¡Te suplico que permitas que éste sea

27 Gá. 6.10.

28 Mt. 22.21 ss.

2 36 Sermón 50

un santo sacrificio aceptable por la mediación de Jesucristo! Y

testifica a mi corazón que por esta obra de amor tendré

recompensa cuando pagues a cada uno conforme a sus

obras».29 Ahora, si tu conciencia te da testimonio por el Espíritu

que esta oración es agradable a Dios, entonces no tienes ninguna

razón para dudar que ese gasto es correcto y bueno, tal que

nunca te hará sentirte avergonzado.

6. Ven entonces lo que es ganar amigos para ustedes

por medio de las riquezas injustas, lo que significa que ustedes

lo procuren para que cuando éstas falten, los reciban en las

moradas eternas. Ahora ven la naturaleza y la extensión de la

verdadera prudencia cristiana, en lo que se relaciona con el uso

de este gran talento —el dinero—. Gana todo lo que puedas, sin

perjudicarte a ti mismo o a tu prójimo, en alma o cuerpo,

aplicando diligencia ininterrumpida y toda la comprensión que

Dios te ha provisto. Ahorra todo lo que puedas, evitando

cualquier gasto que sirva sólo para cultivar deseos absurdos,

para gratificar ya sea los deseos de la carne, los deseos de los

ojos o la vanagloria de la vida. No desperdicies nada, vivo o

moribundo, en pecado o en locura, ya sea para ti o para tus hijos.

Entonces, da todo lo que puedas, o en otras palabras, da a Dios

todo lo que tienes. No se restrinjas a ti mismo en esto o aquello

como si fueras judío en lugar de ser cristiano. Da a Dios, no el

diez por ciento, ni la tercera parte, ni la mitad, sino todo lo que

es de Dios.30 Ya sea mucho o poco, al emplearlo todo en ti, en

quienes habitan en tu casa, en tu familia de la fe, y en toda la

humanidad, hazlo de tal manera que puedas dar un buen

informe de tu mayordomía cuando ya no puedas ser más

mayordomo;31 hazlo como lo dictan los oráculos de Dios, tanto

en preceptos generales como particulares. De tal manera que

29 Mt. 16.27.

30 Mt. 22.21.

31 Lc. 16.2.

El uso del dinero 237

cualquier cosa que hagas sea ofrenda y sacrificio a Dios de olor

fragante.32 Y cada acto sea recompensado en aquel día cuando

el Señor venga con todos sus santos.

7. ¿Podríamos ser mayordomos fieles o sabios sin

administrar debidamente los bienes del Señor? No podemos. Y

no sólo nos lo testifican los oráculos de Dios, sino también

nuestra propia conciencia. Entonces, ¿Por qué postergarlo?

¿Por qué seguir teniendo comunión con carne y sangre, con

gentes del mundo? Nuestro reino, nuestra sabiduría no es de

este mundo.33 No tenemos nada que ver con las costumbres

paganas. No seguimos a los humanos, más de lo que ellos

siguen a Cristo. Escúchale a él. Sí, hoy, entre tanto que se dice

hoy,34 escuchemos y obedezcamos su voz. A esta hora y a

partir de esta hora, hagamos su voluntad. Cumplamos con sus

enseñanzas en esto y en todas las cosas. Yo les ruego, en el

nombre de Jesucristo, que actúen a la altura de la dignidad de

su llamado. ¡No más pereza! Todo lo que te viniere a la mano

para hacer, hazlo según tus fuerzas.35 ¡No más desperdicio!

Dejemos de gastar en lo que demandan la moda, los caprichos,

la carne y la sangre. ¡No más ambición! Usemos, más bien, lo

que Dios nos ha confiado para hacer lo bueno, todo el bien

posible, en todas las formas e intensidades posibles. Hagamos

el bien a nuestra familia de la fe y a toda la humanidad. Ésta no

es una pequeña parte de la prudencia de los justos.36 Den todo

lo que tengan, así como todo lo que son, como sacrificio

espiritual a él, quien no escatimó por ustedes ni a su propio

32 Ef. 5.2.

33 Jn. 18.36.

34 He. 3.15.

35 Ec. 9.10.

36 Lc. 1.17.

2 38 Sermón 50

Hijo, su unigénito Hijo. Por tanto, atesoren para sí buen

fundamento para lo por venir, echen mano de la vida eterna.37

37 1 Tim. 6.19.