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Sermón 42 - Las maquinaciones de Satanás

2 Corintios 2.11

No ignoramos sus maquinaciones.

1. Las maquinaciones mediante las cuales el sutil dios

de este siglo1 trabaja para destruir a los hijos de Dios, o por lo

menos para atormentar a los que no puede destruir, para

confundirlos e impedirles que corran la carrera que tienen por

delante,2 son numerosas como las estrellas del cielo y como la

arena que está a la orilla del mar.3 Pero me propongo hablar

acerca de solamente una de ellas (aunque es ejercitada

mediante diversos métodos), con la cual intenta dividir el

evangelio contra sí mismo y que una parte del mismo derribe a

la otra.

2. El reino interior de los cielos, que es establecido en

el corazón de todos los que se arrepienten y creen en el

evangelio,4 no es otra cosa que justicia, paz y gozo en el

Espíritu Santo.5 Todo niño pequeño en Cristo sabe que somos

hechos partícipes de estos dones en el mismo momento en que

creemos en Jesús. Pero éstos son solamente las primicias del

Espíritu;6 la cosecha aún no ha llegado. Aunque estas

bendiciones son grandes en modo inconcebible, aun así hemos

de confiar en que veremos cosas más grandes que éstas.

1 2 Co. 4.4.

2 Cf. He. 12.1.

3 Cf. Gn. 22.17.

4 Mr. 1.15.

5 Ro. 14.17.

6 Cf. Ro. 8.23.

69

70 Sermón 42

Confiamos en que hemos de amar al Señor nuestro Dios, no

sólo como lo hacemos ahora, con un afecto sincero pero débil,

sino con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con

toda nuestra alma, y con todas nuestras fuerzas.7 Buscamos

poder para regocijarnos siempre, orar sin cesar, y en todo dar

gracias, sabiendo que ésta es la voluntad de Dios para con

nosotros en Cristo Jesús.8

3. Esperamos ser perfeccionados en el amor, ese amor

que echa fuera todo temor, el cual lleva en sí castigo,9 y a todo

deseo, excepto el de glorificar a aquél a quien amamos, y el de

amarle y servirle más y más. Buscamos tal crecimiento en el

conocimiento personal y en el amor de Dios nuestro Salvador

que nos capacite para siempre caminar en la luz, como el está

en la luz.10 Creemos que habrá en nosotros la plenitud de ese

sentir que hubo también en Cristo Jesús,11 que amaremos a todo

ser humano de tal manera que estaremos listos a poner nuestra

vida por él,12 de modo que mediante ese amor seamos liberados

de toda ira y orgullo, y de todo afecto maligno. Esperamos ser

limpiados de todos nuestros ídolos, de toda contaminación, ya

sea de carne o de espíritu;13 ser salvados de todas nuestras

inmundicias,14 internas o externas; y ser purificados, así como

él es puro.15

4. Confiamos en la promesa del que no miente,16 en que

seguramente vendrá el tiempo cuando haremos su bendita

7 Cf. Mr. 12.30.

8 Cf. 1 Ts. 5.16-18.

9 1 Jn. 4.18.

10 1 Jn. 1.7.

11 Cf. Fil. 2.5.

12 Cf. Jn. 13.37.

13 Cf. 2 Co. 7.1.

14 Cf. Ez. 36.29.

15 Cf. 1 Jn. 3.3.

16 Cf. Tit. 1.2. (En inglés: «que no puede mentir». Así lo cita Wesley).

Las maquinaciones de Satanás 71

voluntad, así en la tierra como en el cielo;17 cuando nuestra

conversación será sazonada con sal,18 con el fin de dar gracia

a los oyentes;19 cuando sea que comamos, o bebamos, o

hagamos otra cosa, todo será hecho para la gloria de Dios;20

cuando todas nuestras palabras y hechos sean en el nombre del

Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.21

5. Ahora bien, he aquí la gran artimaña de Satanás:

destruir la primera obra de Dios en el alma, o por lo menos

impedir su crecimiento mediante nuestra expectativa de una

obra aún mayor. Por lo tanto, es mi propósito presente, primero,

señalar las maneras varias mediante las cuales se esfuerza en

lograrlo; y, en segundo lugar, indagar cómo podemos apagar

esos dardos de fuego del maligno,22 y cómo elevarnos aún más

alto mediante aquello que él intenta como ocasión de nuestra

caída.

I.1. En primer lugar, voy a indicar algunas de las

diversas maneras mediante las cuales Satanás se esfuerza por

destruir la primera obra de Dios en el alma, o al menos de

impedir su crecimiento por causa de nuestra expectativa de una

obra mayor.

Él trata de desalentar nuestro gozo en el Señor

mediante la consideración de nuestra propia maldad, pecami-

nosidad e indignidad, agregando a esto que debe haber un

cambio todavía mucho mayor que el que ya hay en nosotros, o

no podremos ver al Señor. Si supiésemos que debemos

permanecer hasta el día de nuestra muerte tal como somos,

17 Cf. Mt. 6.10.

18 Col. 4.6.

19 Ef. 4.29.

20 Cf. 1 Co. 10.31.

21 Col. 3.17.

22 Ef. 6.16.

72 Sermón 42

quizás podríamos obtener cierto consuelo, aunque fuese pobre,

de tal necesidad. Como sabemos, no es necesario permanecer

en este estado, dado que se nos asegura que ha de venir un

cambio aún mayor (y a menos que el pecado sea totalmente

eliminado en esta vida no podremos ver a Dios en su gloria);

pero ese sutil adversario a menudo desalienta el gozo que de

otro modo deberíamos sentir por lo que ya hemos logrado,

mediante la representación perversa de lo que aún no hemos

alcanzado y de la necesidad absoluta de obtenerlo. De modo que

no podemos regocijarnos en lo que tenemos, porque es mucho

más lo que no tenemos. No podemos gustar rectamente la

bondad de Dios, quien ha hecho tan grandes cosas por nosotros,

porque hay cosas mucho mayores que todavía no ha hecho.

Asimismo, cuanto más profunda es la convicción de nuestra

carencia de la santidad que Dios obra en nosotros, y cuanto más

vehementemente sentimos en nuestro corazón el deseo de la

plena santidad que él ha prometido, más inclinados nos

sentimos a pensar livianamente acerca de los dones presentes de

Dios y a desvalorizar lo que hemos recibido por causa de lo que

aún no hemos recibido.

2. Si logra prevalecer, si puede desalentar nuestro

gozo, pronto atacará también nuestra paz. Ha de sugerir:

«¿Eres apto para ver a Dios? Él es muy limpio de ojos para ver

el mal.23 ¿Cómo puedes entonces adularte hasta imaginar que

él te contempla a ti con aprobación? Dios es santo; tú eres

impuro. ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?24

¿Cómo es posible que tú, impuro como eres, debas ser

aceptado por Dios? Por cierto, divisas el blanco, el premio del

supremo llamamiento.25 Pero ¿no ves acaso que está

sumamente lejano? ¿Cómo puedes entonces presumir que

23 Cf. Hab. 1.13.

24 Cf. 2 Co. 6.14.

25 Cf. Fil. 3.14.

Las maquinaciones de Satanás 73

todos tus pecados han sido borrados? ¿Cómo podría ser así antes

de que te acerques más a Dios, antes de que seas más semejante

a él?» De este modo él se esforzará, no solamente por sacudir tu

paz, sino hasta por derribar sus fundamentos, y hasta hacerte

retroceder insensible y gradualmente al punto del cual primero

partiste: hasta buscar la justificación mediante las obras, o

mediante tu propia justicia; a hacer que algo en ti sea la base de

tu aceptación, o por lo menos que sea necesariamente previo a

ella.

3. O si nos afirmamos en que nadie puede poner otro

fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo;26 y en

que yo soy justificado gratuitamente por su gracia, mediante la

redención que es en Cristo Jesús,27 aun así él no cesará de

apurarnos: «Pero por el fruto se conoce al árbol,28 ¿y tienes tú

los frutos de la justificación? ¿Está en ti ese sentir que hubo en

Cristo Jesús?29 ¿Estás muerto al pecado pero vivo30 para la

justicia? ¿Has sido hecho conforme a la muerte de Cristo y

conoces el poder de su resurrección?» Y entonces, comparando

los pequeños frutos que percibimos en nuestras almas con la

plenitud de las promesas, estaremos preparados para llegar a la

siguiente conclusión: «¡Ciertamente, Dios no ha dicho que mis

pecados son perdonados! Seguramente que yo no he recibido el

perdón de mis pecados, porque ¿qué lugar tengo entre aquellos

que son santificados?»

4. Más particularmente, en tiempo de enfermedad y de

sufrimiento presionará con todo su poder: «¿No es la palabra de

aquel que no puede mentir: Sin la santidad nadie verá al

26 1 Co. 3.11.

27 Cf. Ro. 3.24.

28 Cf. Mt. 12.33.

29 Cf. Fil. 2.5.

30 Cf. Ro. 6.11.

74 Sermón 42

Señor?31 Pero tú no eres santo. Lo sabes muy bien; sabes que la

santidad es la imagen plena de Dios. ¿Y cuán lejos está esto, allá

arriba, fuera del alcance de tu vista? No lo puedes comprender.32

Por lo tanto, todo tu trabajo ha sido inútil. Todo esto lo has

padecido en vano. Sin provecho has consumido tus fuerzas.33

Aún estás en tus pecados y, por lo tanto, a fin de cuentas debes

perecer». Y así, si tu vista no ha estado fija en aquel que llevó

tus pecados, Satanás te traerá nuevamente bajo ese temor de la

muerte por el cual estuviste tanto tiempo sujeto a servidumbre;34

y de esta manera impedirá tanto tu paz como tu gozo en el Señor,

si es que no los destruye totalmente.

5. Pero todavía se reserva su obra maestra de sutileza.

No del todo contento con vapulear tu paz y tu gozo, llevará sus

intentos más lejos todavía: dirigirá su asalto también contra tu

justicia. Ciertamente se esforzará por sacudir y por destruir, si

le es posible, la santidad ya recibida, utilizando para ello la

expectativa de recibir más y de lograr alcanzar toda la imagen

de Dios.

6. El modo mediante el cual lo intenta puede surgir en

parte de lo que ya ha sido observado. Porque primeramente,

atacando nuestro gozo en el Señor ataca asimismo nuestra

santidad: ya que el gozo en el Espíritu Santo35 es un medio

precioso para promover todo rasgo de santidad, un instrumento

escogido de Dios mediante el cual él lleva a cabo gran parte de

su obra en el alma creyente. Y es una ayuda considerable no

sólo para la santidad interior sino también para la santidad

externa. Fortalece nuestras manos para proseguir en la obra de

31 Cf. He. 12.14.

32 Cf. Sal. 139.6.

33 Cf. Is. 49.4.

34 Cf. He. 2.15.

35 Cf. Ro. 14.17.

Las maquinaciones de Satanás 75

fe y en el trabajo de amor36 y para pelear valientemente la buena

batalla de la fe y echar mano de la vida eterna.37 Es

peculiarmente designado por Dios para ser el contrapeso de los

sufrimientos tanto interiores como exteriores, para levantar las

manos caídas y afirmar las rodillas paralizadas.38 Por

consiguiente, cualquier cosa que desalienta nuestro gozo en el

Señor obstruye proporcionalmente nuestra santidad. Y, por lo

tanto, en la medida en que Satanás perturba nuestro gozo impide

también nuestra santidad.

7. El mismo efecto ha de proseguir si por cualquier

medio puede destruir o perturbar nuestra paz. Porque la paz de

Dios es otro medio precioso para hacer progresar la imagen de

Dios en nosotros. Difícilmente haya una ayuda mayor a la

santidad que ésta: una tranquilidad de espíritu continua, la

serenidad de una mente que permanece en Dios, el calmo reposo

en la sangre de Jesús. Y sin ello es escasamente posible crecer

en la gracia y en el conocimiento vital de nuestro Señor

Jesucristo.39 Porque todo temor (excepto el temor tierno y filial)

congela e insensibiliza el alma. Sujeta todas las fuentes de la

vida espiritual, y detiene todo impulso del corazón hacia Dios.

Y la duda, por consiguiente, empantana al corazón, de modo

que éste se queda rápidamente adherido a un barro profundo.

Por tanto, en la misma proporción en que cualquiera de éstos

prevalece, es impedido nuestro crecimiento en santidad.

8. Al mismo tiempo que nuestro sabio adversario se

esfuerza por hacer de nuestra convicción acerca de la necesidad

de un amor perfecto una ocasión para conmover nuestra paz

mediante dudas y temores, se esfuerza por debilitar, y aun por

36 Cf. 1 Ts. 1.3.

37 Cf. 1 Ti. 6.12.

38 He. 12.12.

39 Cf. 2 P. 3.18.

76 Sermón 42

destruir, nuestra fe. Éstas están, por cierto, inseparablemente

conectadas, de modo que deben subsistir o caer juntas.

Mientras la fe subsiste, permaneceremos en paz, ya que nuestro

corazón se mantiene firme mientras cree en el Señor. Pero si

perdemos nuestra fe y nuestra confianza filial en un Dios

amante y que perdona, nuestra paz se acabará, al haber sido

derrumbado el fundamento mismo sobre el cual se erguía. Y

éste es el único fundamento de la santidad así como de la paz.

Por consiguiente, cualquier cosa que ataca esto, ataca a la

misma raíz de toda santidad. Porque sin esta fe, sin el

sentimiento perdurable de que Cristo me amó y se entregó a sí

mismo por mí,40 sin esa convicción continua de que, por el

amor de Cristo, Dios tiene misericordia de mí, pecador, es

imposible que yo pueda amar a Dios. Nosotros le amamos

porque él nos amó primero;41 y ello en proporción a la fuerza y

a la claridad de nuestra convicción de que él nos ha amado y

aceptado en su Hijo. Y a menos que amemos a Dios no es

posible que amemos a nuestro prójimo como a nosotros

mismos, ni, por consiguiente, que podamos tener sentimientos

correctos hacia Dios o hacia las personas. Se deduce,

evidentemente, que cualquier cosa que debilita nuestra fe en el

mismo grado obstruye nuestra santidad. Y ésta es no solamente

la manera más efectiva sino también la más completa para

destruir toda santidad, siendo que afecta no solamente un

sentimiento cristiano cualquiera, una única gracia o fruto del

Espíritu, sino que, en cuanto tiene éxito, arranca de raíz toda la

obra de Dios.

9. No nos maravillemos, pues, de que el gobernador de

las tinieblas de este mundo42 invierta aquí todas sus fuerzas. Y

así lo sabemos por experiencia. Porque es mucho más fácil

40 Cf. Ga. 2.20.

41 1 Jn. 4.19.

42 Cf. Ef. 6.12.

Las maquinaciones de Satanás 77

concebir que expresar la indescriptible violencia mediante la

cual esta tentación es frecuentemente incitada sobre aquellos

que tienen hambre y sed de justicia.43 Cuando al resplandor de

una luz fuerte y clara ven por un lado la desesperante maldad de

sus propios corazones y por otro la santidad inmaculada a la cual

son llamados en Cristo Jesús, por un lado la profundidad de su

propia corrupción, de su alienación total de Dios, y por otro la

altura de la gloria de Dios, esa imagen del Santo a la cual han

de ser renovados, muchas veces ya no les queda ánimo alguno,

de modo que casi gritarían: «Para Dios esto es imposible».44

Están dispuestos a abandonar juntamente la fe y la esperanza, y

a desechar aun la confianza mediante la cual han de vencer en

todo y hacer todas las cosas mediante Cristo que les fortalece,45

y por la cual, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtendrían

la promesa.46

10. Y si retienen firmes hasta el fin su confianza del

principio,47 recibirán indudablemente la promesa de Dios, que

abarca tanto el tiempo como la eternidad. Pero he aquí otro

lazo dispuesto para nuestros pies. Mientras clamamos

sinceramente por esa parte de la promesa que ha de ser

cumplida aquí, la libertad gloriosa de los hijos de Dios,48

podemos ser apartados inadvertidamente de la consideración

de la gloria que en el futuro será revelada. Nuestra mirada

puede ser desviada insensiblemente de aquella corona que el

Juez justo ha prometido dar a todos los que aman su venida,49

y podemos ser llevados lejos de la visión de esa herencia

43 Cf. Mt. 5.6.

44 Cf. Mt. 19.26.

45 Cf. Fil. 4.13.

46 Cf. He. 10.36.

47 Cf. He. 3.14.

48 Ro. 8.21.

49 Cf. 2 Ti. 4.8.

78 Sermón 42

incorruptible reservada en los cielos para nosotros.50 Pero esto

también sería una pérdida para nuestras almas y un obstáculo

para nuestra santidad. Porque caminar con la visión continua de

nuestra meta es una ayuda necesaria para que corramos la

carrera que tenemos por delante.51 Esto es tener puesta la

mirada en el galardón, lo cual en los tiempos antiguos alentó a

Moisés a escoger antes ser maltratado con el pueblo de Dios,

que gozar los deleites temporales del pecado, teniendo por

mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los

egipcios.52 Ciertamente, de uno más grande que él se dice

expresamente que «por el gozo puesto delante de él sufrió la

cruz, menospreciando el oprobio y se sentó a la diestra del

trono de Dios».53 De lo cual podemos fácilmente deducir cuánto

más necesaria es la visión del gozo que nos es puesto por

delante, de modo que podamos soportar cualquier cruz que la

sabiduría de Dios coloque sobre nosotros y avancemos

mediante la santidad a la gloria.

11. Pero mientras vamos alcanzando esto, como

también la gloriosa libertad que le es preparatoria, podemos

estar en peligro de caer en otra trampa del Diablo, mediante la

cual intenta hacer caer en un lazo a los hijos de Dios. Podemos

afanarnos tanto por el día de mañana,54 que descuidemos el

progreso de hoy. Podemos esperar de tal manera el «amor

perfecto» que no usemos aquel que ya ha sido derramado en

nuestros corazones.55 Y no han faltado ejemplos de quienes

han sufrido enormemente por esta causa. Estaban tan poseídos

por lo que esperaban recibir más allá que descuidaron

50 Cf. 1 P. 1.4.

51 Cf. He. 12.1.

52 He. 11.25-26.

53 He. 12.2.

54 Cf. Mt. 6.34.

55 Ro. 5.5.

Las maquinaciones de Satanás 79

totalmente lo que ya habían recibido. Con la expectativa de

tener cinco talentos más, enterraron bajo tierra su único

talento.56

12. De esta manera el sutil adversario de Dios y del

humano se esfuerza por anular el consejo de Dios dividiendo al

evangelio contra sí mismo, haciendo que una parte de él derribe

a la otra, mientras que la primera obra de Dios en el alma es

destruida por la expectativa de su obra perfecta. Hemos visto

varios de los medios con los cuales intenta esto, suprimiendo y

secando, si puede, las fuentes de la santidad; pero asimismo

hace esto haciendo de tal bendita esperanza la ocasión de un

humor impío.

13. Así, cuando nuestro corazón está anhelante y

sediento por todas las grandes y preciosas promesas, cuando

suspiramos hondamente por la plenitud de Dios, como el

ciervo brama por las corrientes de las aguas,57 cuando nuestra

alma prorrumpe en ferviente deseo: «¿Por qué las ruedas de

sus carros se detienen?»,58 él no pasará por alto la oportunidad

de tentarnos a que murmuremos contra Dios. Usará toda su

fuerza y toda su sabiduría para que, si por acaso en un

momento hemos bajado la guardia, seamos incitados a

reprocharle al Señor que demore tanto su venida. Al menos

obrará para excitar cierto grado de inquietud e impaciencia, y

quizás de envidia, hacia aquellos que creemos que ya han

alcanzado el premio de nuestro supremo llamamiento.59 El bien

sabe que, dando lugar a cualquiera de estos sentimientos,

estaremos demoliendo lo mismo que quisiéramos construir. Y

prosiguiendo de esta manera tras la santidad perfecta llegamos

a ser más impíos que nunca antes. Por cierto, existe el gran

56 Cf. Mt. 25.14-30.

57 Cf. Sal. 42.1.

58 Cf. Jue. 5.28.

59 Cf. Fil. 3.14.

80 Sermón 42

peligro de que nuestro postrer estado venga a ser peor que el

primero;60 como aquéllos de los cuales el apóstol habla con las

terribles palabras: «Porque mejor les hubiera sido no haber

conocido el camino de la justicia, que después de haberlo

conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue

dado».61

l4. Y de esto espera cosechar otra ventaja, aunque sea

dando mala fama a un buen camino. Sabe cuán pocos son

capaces de distinguir (y muchos no tienen ganas de hacerlo)

entre el abuso accidental y la tendencia natural de una doctrina.

Por lo tanto, habrá de mezclar ambas cosas en lo que se refiere

a la doctrina de la perfección cristiana, para así poder llenar las

mentes de las personas incautas con prejuicios en contra de las

gloriosas promesas de Dios. ¡Y cuán frecuente y generalmente

(yo casi diría cuán universalmente) ha prevalecido en este

aspecto! ¿Porque quién es el que observa cualquiera de los

malos efectos accidentales de esta doctrina y no concluye

inmediatamente: «Ésta es su tendencia natural»? ¿Y no

exclama prestamente: «¡Vean: éstos son los frutos (en el

sentido de frutos naturales y necesarios) de tal doctrina!»? Pero

no es así. Son frutos que pueden proceder del abuso de una

preciosa y gran verdad. Pero el abuso de ésta o de cualquier

otra doctrina con base en las Escrituras de ninguna manera

destruye su uso. Ni tampoco puede la infidelidad del ser

humano, pervirtiendo su recto camino, invalidar la promesa de

Dios.62 No; sea Dios veraz y todo hombre mentiroso.63 La

palabra del Señor ha de permanecer. Fiel es el que prometió;64

60 Cf. Mt. 12.45.

61 2 P. 2.21.

62 Cf. Gá. 3.17.

63 Ro. 3.4.

64 Cf. He. 10.23.

Las maquinaciones de Satanás 81

el cual también lo hará.65 No nos movamos, pues, de la

esperanza del Evangelio.66 Más bien observemos (lo cual era la

segunda cosa propuesta) cómo podemos replicar a esos dardos

de fuego del maligno,67 y cómo podemos elevarnos aún más

mediante lo que él intenta como ocasión de nuestra caída.

II.1. Y, primeramente, ¿se esfuerza Satanás por

mortificar tu gozo en el Señor mediante la consideración de tu

pecaminosidad, agregando a esto que sin una plena y universal

santidad nadie verá al Señor?68 Tú puedes devolver este dardo,

arrojándoselo a su propia cabeza, mediante la gracia de Dios, ya

que cuanto más percibes tu propia vileza, tanto más te regocijas

en la esperanza de que será totalmente eliminada. Mientras te

aferras a esta esperanza, cualquier estado de ánimo maligno que

sientas, aunque lo aborrezcas con perfecto odio, puede ser un

medio, no para que disminuya tu humilde gozo, sino más bien

para que aumente. «Esto y esto», podrás decir, «perecerán del

mismo modo ante la presencia del Señor. Como se derrite la

cera delante del fuego,69 así se derretirá esto ante su rostro». De

esta manera, cuanto más grande es el cambio que aún queda por

ser realizado en tu alma, mucho más podrás triunfar en el Señor

y gozarte en el Dios de tu salvación,70 quien ya ha hecho

grandes cosas71 contigo y hará cosas mucho más grandes que

éstas.

2. En segundo lugar, cuanto más vehementemente él

asalta tu paz con la sugerencia: «Dios es santo; tú eres pecador;

65 Cf. 1 Ts. 5.24.

66 Cf. Col. 1.23.

67 Cf. Ef. 6.16.

68 Cf. He. 12.14.

69 Cf. Sal. 68.2.

70 Cf. Hab. 3.17.

71 Cf. Lc. 1.49.

82 Sermón 42

estás enormemente distante de aquella santidad sin la cual no

puedes ver a Dios;72 entonces, ¿cómo puedes hallarte en el

favor de Dios?; ¿cómo te puedes imaginar que eres justifica-

do?», tanto más apresúrate honestamente a aferrarte a que no

por obras de justicia que he hecho,73 soy hallado en él.74 Soy

acepto en el Amado,75 no teniendo mi propia justicia (como

causa ya sea total o parcial de mi justificación ante Dios) sino

la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la

fe.76 Atalo a tu cuello, escríbelo en la tabla de tu corazón;77

llévalo como un brazalete en tu brazo,78 como frontales entre

tus ojos.79 Soy justificado gratuitamente por su gracia,

mediante la redención que es en Cristo Jesús.80 Valora y

estima más y más esta preciosa verdad: «Por gracia somos

salvos por medio de la fe».81 Admira más y más la libre gracia

de Dios que amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga

vida eterna.82 De este modo, la sensación de pecaminosidad

que sientes por un lado, y la santidad que esperas, por el otro,

contribuirán ambos a afirmar tu paz, y a hacerla fluir como un

río.83 Así, dicha paz fluirá como un sereno arroyo, a pesar de

todas esas montañas de impiedad, que se convertirán en llanura

el día que el Señor venga a tomar posesión plena de tu

72 Cf. He. 12.14.

73 Cf. Tit. 3.5.

74 Cf. Fil. 3.9.

75 Cf. Ef. 1.6.

76 Cf. Fil. 3.9.

77 Pr. 3.3.

78 Cf. Ez. 16.11.

79 Cf. Ex. 13.16; Dt. 6.8; 11.18.

80 Cf. Ro. 3.24.

81 Ef. 2.8.

82 Jn. 3.16.

83 Cf. Is. 48.18.

Las maquinaciones de Satanás 83

corazón.84 Ni la enfermedad ni el dolor, ni la proximidad de la

muerte, serán ocasión de alguna duda o temor. Sabes que para

Dios, un día, una hora, un momento son como mil años.85 Él no

puede ser limitado por el tiempo para obrar lo que todavía

habrá de ser consumado en tu corazón. Y el tiempo de Dios es

siempre el mejor tiempo. Por lo tanto, por nada estés afanoso,

sino sean conocidas tus peticiones delante de Dios; y esto, no

con duda o temor, sino con acción de gracias;86 pues como ha

sido antes asegurado, él no ha de retener nada que sea bueno

para ti.

3. En tercer lugar, cuanto más seas tentado a

abandonar tu escudo, a desechar tu fe y tu confianza en su

amor, tanto más apresúrate a asirte a aquello para lo cual

fuiste también asido.87 Y trabaja aún mucho más para avivar el

fuego del don de Dios que está en ti.88 Nunca lo dejes deslizar:

tengo un abogado para con el Padre, a Jesucristo el justo;89 y

lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de

Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.90 Sea

esta tu gloria y corona de gozo. y mira que nadie te quite tu

corona. Retiene firmemente esto: «Yo sé que mi Redentor vive,

y al fin se levantará sobre el polvo».91 Y ahora tengo

redención por su sangre, el perdón de pecados.92 Y así, siendo

lleno de todo gozo y paz en el creer,93 avanza en el gozo y la

84 Hay aquí un eco de Isa. 40.3-4 y de Lc. 3.5-6.

85 Cf. Sal. 90.4.

86 Cf. Fil. 4.6.

87 Cf. Fil. 3.12.

88 Cf. 2 Ti. 1.6.

89 Cf. 1 Jn. 2.1.

90 Gá. 2.20.

91 Job 19.25.

92 Cf. Col. 1.14.

93 Cf. Ro. 15.13.

84 Sermón 42

paz de la fe para la renovación de toda tu alma conforme a la

imagen del que te creó.94 Mientras tanto, clama continuamente

a Dios para que puedas ver el premio de tu alto llamado, no

como Satanás lo representa, con aspecto horriblemente

espantoso, sino en su belleza innata y genuina; no como algo

que debe ser y si no te irás al infierno, sino como algo que puede

ser para guiarte al cielo. Mira hacia él como el don más deseable

entre los que están en los depósitos de las ricas misericordias de

Dios. Contemplándolo en este verdadero centro de luz, tendrás

hambre de él más y más: toda tu alma estará sedienta de Dios y

de esta gloriosa conformidad a su semejanza. Y al haber

recibido de ello una buena esperanza, y un fuerte consuelo

mediante la gracia, ya no estarás más abatido ni desmayará tu

mente, sino que seguirás adelante hasta que lo alcances.

4. En el mismo poder de la fe avanza hacia la gloria.

Esta es, por cierto, la misma perspectiva. Dios ha unido desde

el principio el perdón, la santidad, el cielo. ¿Y por qué ha de

separarlos el humano? Ten cuidado de ello. Que ningún

eslabón de la cadena de oro se rompa. Por causa de Cristo,

Dios me ha perdonado. Me está ahora renovando conforme a

su imagen.95 Muy pronto me hará apto para estar con él, y me

llevará para estar ante su rostro. Yo, a quien él ha justificado

mediante la sangre de su Hijo,96 siendo plenamente santificado

por su Espíritu, he de ascender rápidamente a la nueva

Jerusalén, la ciudad del Dios viviente. Todavía un poco más y

me allegaré a la congregación de los primogénitos, a Dios el

Juez de todos y a Jesús el Mediador del nuevo pacto.97 ¡Cuán

pronto huirán estas sombras y el día de la eternidad amanecerá

94 Cf. Col. 3.10.

95 Cf. Col. 3.10.

96 Cf. Ro. 5.9.

97 Cf. He. 12.22-24.

Las maquinaciones de Satanás 85

sobre mí! ¡Cuán pronto he de beber del río de agua de vida, que

sale del trono de Dios y del Cordero! Allí todos sus siervos le

alabarán, y verán su rostro, y su nombre estará sobre sus

frentes. No habrá allí más noche, y no tienen necesidad de luz

de lámpara ni de luz de sol, porque Dios el Señor los iluminará,

y reinarán por los siglos de los siglos.98

5. Y si de esta manera gustas de la buena palabra de

Dios y los poderes del siglo venidero,99 no habrás de murmurar

contra Dios porque todavía no eres apto para participar de la

herencia de los santos en luz.100 En vez de quejarte porque no

estás plenamente liberado, alabarás a Dios por cuanto te ha

liberado hasta ahora. Magnificarás a Dios por lo que ha hecho,

y lo tomarás como prenda de lo que hará. No te irritarás contra

él porque todavía no has sido renovado, sino que le bendecirás

porque has de serlo, y porque ahora tu salvación del pecado está

más cerca que cuando primeramente creíste.101 En lugar de

atormentarte inútilmente porque el tiempo no ha llegado en

plenitud, lo esperarás en calma y quietud, sabiendo que vendrá

y no tardará.102 Por lo tanto, podrás sobrellevar más

alegremente todavía la carga del pecado que aún permanece

sobre ti, porque no siempre habrá de permanecer. Aún un breve

rato más y habrá de disiparse. Solamente aguarda a Jehová;

esfuérzate y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová.103

6. Y si ves a algunos que parecen (hasta donde puede

juzgar una persona) ser ya partícipes de esta esperanza, que ya

98 Cf. Ap. 22.1-5.

99 He. 6.5.

100 Cf. Col. 1.12.

101 Cf. Ro. 13.11.

102 He. 10.37.

103 Sal. 27.14.

86 Sermón 42

han sido perfeccionados en amor,104 lejos de envidiar la gracia

de Dios en ellos, permite que por eso mismo se regocije y

conforte tu corazón. Glorifica a Dios por causa de ellos. Si un

miembro recibe honra, ¿acaso no se gozan todos los miembros

con él?105 En vez de tener celos o hacer malas conjeturas acerca

de los tales, alaba a Dios por esa consolación. Regocíjate por

tener una prueba fresca de la fidelidad de Dios en el

cumplimiento de sus promesas. Y muévete a ti mismo aún más

a asir aquello para lo cual fuiste también asido por Cristo

Jesús.106

7. Para lograr esto, aprovecha bien el tiempo.107 Mejora

el momento presente. Usa de toda oportunidad de crecer en la

gracia o de hacer el bien. No permitas que la idea de recibir

mayor gracia mañana te haga desatender el día de hoy. Ahora

tienes un talento. Si esperas otros cinco, mucho más has de

mejorar el que tienes. Cuanto más esperes recibir en el más allá,

más trabaja por Dios ahora. Basta a cada día su propia gracia.108

Dios está derramando ahora sus beneficios sobre ti. Ahora

apruébate a ti mismo como fiel mayordomo de la gracia

presente de Dios. Sea lo que sea el día de mañana, pon toda

diligencia hoy en añadir a tu fe valor, templanza, paciencia,

bondad fraternal y el temor de Dios, hasta que alcances ese

amor puro y perfecto. Que ahora estas cosas estén en ti y

abunden. No seas ocioso ni sin fruto. De esta manera te será

otorgada entrada en el reino eterno de nuestro Señor

Jesucristo.109

104 Cf. 1 Jn. 4.18.

105 Cf. 1 Co. 12.26.

106 Cf. Fil. 3.12.

107 Cf. Ef. 5.16.

108 Alusión indirecta a Mt. 6.34: «Basta a cada día su propio mal».

109 Cf. 2 P. 1.5-8, 11.

Las maquinaciones de Satanás 87

8. Finalmente, si en el tiempo pasado has abusado de

esta bendita esperanza de ser santo como él es santo, por tanto

no la deseches todavía. Que cese el abuso y permanezca el uso.

Úsala ahora, para la mayor gloria de Dios y para provecho de tu

propia alma. Con fe firme, en calma y tranquilidad de espíritu,

en plena seguridad y esperanza, regocijándote siempre más por

lo que Dios ha hecho, ve adelante a la perfección.110 Creciendo

diariamente en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo,111

avanzando de fortaleza en fortaleza, en resignación, en

paciencia, en humilde acción de gracias por lo que has

alcanzado y por lo que habrás de alcanzar, corre la carrera que

tienes por delante, puestos los ojos en Jesús,112 hasta que

mediante el amor perfecto entres en su gloria.

110 Cf. He. 6.1.

111 Cf. 2 P. 3.18.

112 Cf. He. 12.1-2.