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Sermón 41 - Pensamientos errantes

2 Corintios 10.5

Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo.

l. ¿Traerá Dios «todo pensamiento cautivo a la

obediencia de Cristo» de modo que ningún pensamiento errante

halle lugar en la mente, aun mientras permanecemos en el

cuerpo? Así lo han sostenido algunos vehementemente. Por

cierto, han afirmado que nadie está perfeccionado en el amor a

menos que esté tan plenamente perfeccionado en el

entendimiento que todos los pensamientos errantes hayan sido

eliminados y a menos que no solamente todo afecto y

temperamento sea santo, justo y bueno,1 sino que todo

pensamiento particular que surge en la mente sea sabio y

normal.

2. Éste es un asunto de no pequeña importancia.

¡Porque cuántos de aquellos que temen a Dios y le aman,

quizás con todo su corazón, han sido seriamente perturbados

por causa de él! ¡Cuántos, por no entenderlo correctamente, no

sólo han sido perturbados, sino gravemente heridos en el alma!

¡Arrojados a razonamientos engañosos y sin provecho, los

cuales debilitaron su aproximación a Dios y los han debilitado

para correr la carrera que les es puesta por delante!2 Muchos,

por una mala comprensión de esto mismo, han desechado el

precioso don de Dios. Primeramente han sido inducidos a

dudar de la obra que Dios ha llevado a cabo en sus almas y

luego a negarla, y de este modo han contristado al santo

1 Cf. Ro. 7.12.

2 Cf. He. 12.1.

53

5 4 Sermón 41

Espíritu de Dios,3 hasta que él se apartó de ellos y los dejó en

total oscuridad.

3. ¿Cómo es posible, entonces, que en medio de la

abundancia de libros que se han publicado últimamente sobre

casi todos los temas, no tengamos ninguno acerca de los

"pensamientos errantes"? ¿O al menos alguno que satisfaga a

una mente seria y serena? Con el propósito de hacer esto aunque

sea en algún grado, me propongo investigar:

I. ¿Cuáles son las diversas clases de pensamientos

errantes?

II. ¿Cuáles son, en general, los motivos que los

ocasionan?

III. ¿Cuáles de ellos son pecaminosos y cuáles no lo

son?

IV. ¿De cuáles de ellos podemos esperar ser liberados y

orar para que lo seamos?

I.1. Me propongo investigar, primeramente, cuáles son

las diversas clases de pensamientos errantes. Las clases

particulares son innumerables, pero en general sólo hay dos:

pensamientos que divagan apartándose de Dios, y pensamien-

tos que se apartan del tema particular que tenemos delante.

2. Con respecto a lo primero, todos nuestros

pensamientos son naturalmente de esta clase, pues están

permanentemente errando apartándose de Dios. Dios no está

en todos nuestros pensamientos: somos todos y cada uno,

como observa el apóstol, «sin Dios en el mundo».4 Pensamos en

lo que amamos, pero no amamos a Dios; por lo tanto, no

pensamos en él. O si de vez en cuando nos vemos obligados a

pensar en él por un tiempo, como sin embargo no nos

complacemos en ello, sino que más bien tales pensamientos nos

3 Cf. Ef. 4.30.

4 Ef. 2.12.

Pensamientos errantes 55

resultan no sólo insípidos sino también desagradables e

irritantes, los desalojamos tan pronto como podemos, y nos

volvemos a aquello en que nos gusta pensar. De modo que el

mundo y las cosas de este mundo —qué comeremos, qué

beberemos, con qué nos vestiremos,5 qué veremos, qué oiremos,

qué ganaremos, cómo hemos de complacer a nuestros sentidos

o a nuestra imaginación— ocupan todo nuestro tiempo y absorben

todos nuestros pensamientos. Por lo tanto, mientras amamos al

mundo, o sea mientras permanecemos en nuestro estado natural,

todos nuestros pensamientos, desde la mañana hasta la noche, y

desde la noche hasta la mañana, no son otra cosa que

pensamientos errantes.

3. Pero muchas veces estamos no solamente sin Dios en

el mundo, sino también luchando contra él,6 dado que residen

en toda persona, por naturaleza, los designios carnales que son

enemistad contra Dios.7 No hay que asombrarse, por lo tanto,

de que las personas abunden en pensamientos incrédulos, ya sea

diciendo en sus corazones «No hay Dios»,8 o cuestionando,

cuando no negando, su poder o su sabiduría, su misericordia, su

justicia o su santidad. Tampoco hay que asombrarse de que tan

a menudo duden de su providencia, o al menos de que se

extienda a todos los acontecimientos; o de que, aunque lo

admitan, todavía abriguen murmuración o reproche en sus

pensamientos. Cercanamente relacionadas con esto, y

frecuentemente conectadas con ello, están las imaginaciones

soberbias y vanas.9 Además, a veces son poseídos por

pensamientos airados, maliciosos o vengativos; otras veces por

pensamientos livianos de placer, sea de los sentidos o de la

5 Cf. Mt. 6.25.

6 Cf. Hch. 5.39.

7 Cf. Ro. 8.7.

8 Sal. 14.1.

9 Combinación de Lc. 1.51 y Ro. 1.21.

5 6 Sermón 41

imaginación, por los cuales la mente sensual se vuelve más

terrenal y sensual todavía. Ahora bien, en todo esto simple y

llanamente guerrean contra Dios: éstos son los pensamientos

errantes de más alta categoría.

4. Ampliamente distintos de éstos son los pensamientos

errantes de la otra clase, en los cuales el corazón no divaga

aparte de Dios, sino que el entendimiento divaga lejos del tema

particular que tenía a la vista. Por ejemplo: me detengo a

considerar las palabras que preceden al texto: «Las armas de

nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios».10 Y

pienso: «Éste debiera ser el caso de todos los llamados

cristianos. Pero, sin embargo, ¡cuán diferente es en realidad!

¡Miren en derredor hacia casi todas las partes del mundo

cristiano, así llamado! ¿Qué clase de armas emplean? ¿En qué

clase de guerra están comprometidos,

Mientras los hombres, como demonios,

se desgarran unos a otros

en toda la furia infernal de la guerra?11

¡Miren como se aman esos cristianos! ¿Desde cuándo son

preferibles a los turcos y a los paganos? ¿Qué abominación

puede hallarse entre los mahometanos o los paganos que no se

encuentre también entre los cristianos?» Y así mi mente se

dispara, antes que yo me de cuenta, de una circunstancia a otra.

Todos éstos, en cierto sentido, son pensamientos errantes,

puesto que aunque no divaguen lejos de Dios, y mucho menos

luchen contra él, se apartan del tema particular que yo tenía en

vista.

II. Tal es la naturaleza, tales son las variedades (para

hablar más bien práctica que filosóficamente) de pensamientos

10 2 Co. 10.4.

11 Versos de un himno de Carlos Wesley.

Pensamientos errantes 57

errantes. Pero ¿cuáles son las ocasiones en que generalmente se

producen? Esto vamos a considerar en segundo lugar.

1. Es fácil observar que la ocasión de la primera clase de

pensamientos que se oponen a Dios o se apartan de él son, en

general, las tendencias pecaminosas. Por ejemplo: ¿Por qué no

hay Dios en ninguno de sus pensamientos,12 en ninguno de los

pensamientos del hombre natural? Por una razón simple y llana:

sea rico o pobre, instruido o ignorante, es ateo (aunque así no se

le llame vulgarmente) y ni conoce ni ama a Dios. ¿Por qué sus

pensamientos deambulan continuamente tras el mundo? Porque

es idólatra. Por cierto que no adora a una imagen, ni se inclina

ante un tronco de árbol; sin embargo, está sumergido en una

idolatría igualmente condenable: ama, esto es, rinde culto al

mundo. Busca la felicidad en las cosas que se ven, en los

placeres que perecen al usarlos. ¿Por qué sus pensamientos

deambulan continuamente fuera del fin propio de su ser, el

conocimiento de Dios en Cristo? Porque es incrédulo; porque

no tiene fe, o por lo menos no más que la que tiene el Diablo.13

Así que todos estos pensamientos errantes proceden fácil y

naturalmente de esa maligna raíz de incredulidad.

2. Se da el mismo caso en otras instancias: orgullo, ira,

venganza, vanidad, lujuria, codicia: todas ellas son ocasión de

pensamientos compatibles con su propia naturaleza. Y así actúa

toda tendencia pecaminosa de la cual es capaz la naturaleza

humana. Difícilmente es posible enumerarlas en detalle, ni es

necesario. Es suficiente con observar que tantas como sean las

malas tendencias que hallan lugar en cualquier alma, tantas

serán las maneras en que el alma se apartará de Dios mediante

la peor clase de pensamientos errantes.

3. Las ocasiones de la segunda clase de pensamientos

errantes son sumamente variadas. Muchas de ellas son

12 Cf. Sal. 10.4.

13 Cf. Stg. 2.19.

5 8 Sermón 41

causadas por la unión natural entre el alma y el cuerpo. ¡Cuán

inmediata y profundamente es afectado el entendimiento por un

cuerpo enfermo! Que la sangre se mueva irregularmente en el

cerebro, y todo pensamiento normal se acaba. Sigue a ello una

locura furiosa, y entonces adiós a toda ecuanimidad del

pensamiento. Por cierto, basta que el ánimo sea apurado o

agitado en cierto grado, y una locura temporera o un delirio

impedirá todo pensamiento estable. ¿Y no es la misma

irregularidad del pensamiento ocasionada en cierta medida por

todo desorden nervioso? Así, un cuerpo corruptible hace

pesada el alma y esta tienda de tierra oprime el espíritu fecundo

en pensamientos.14

4. Pero ¿acaso esto lo causa solamente en tiempo de

enfermedad o de desorden preternatural? No, sino más o menos

en todo tiempo, aun en estado de salud perfecta. Aunque una

persona esté más sana que nunca, estará más o menos delirante

cada veinticuatro horas. ¿Acaso no duerme? ¿Y mientras

duerme no estará propenso a soñar? ¿Y quién es entonces dueño

de sus propios pensamientos, o capaz de preservar su orden y

consistencia? ¿Quién puede entonces mantenerlos fijos en un

asunto, o impedir que deambulen de uno a otro polo?

5. Pero supongamos que estamos despiertos: estamos

siempre tan despiertos que podemos gobernar firmemente

nuestros pensamientos? ¿No estamos inevitablemente

expuestos a extremos opuestos por la naturaleza misma de esta

máquina, nuestro cuerpo? A veces estamos demasiado

pesados, demasiado torpes o lánguidos como para proseguir

cualquier cadena de pensamiento. A veces, por otro lado,

estamos demasiado animados. La imaginación, sin permiso,

empieza a ir y venir y nos lleva de un lado a otro, sea que lo

14 Sabiduría 9.15 (Biblia de Jerusalén, versión española).

Pensamientos errantes 59

queramos o no; y todo esto debido al mero movimiento del

ánimo o a la vibración de los nervios.

6. Yendo un poco más allá, ¡cuánto deambular de

nuestro pensamiento puede surgir de esas diversas asociaciones

de ideas que se forman enteramente sin nuestro conocimiento e

independientemente de nuestra elección! No podemos decir

cuántas de esas asociaciones se forman, pero se forman de mil

maneras diferentes. Ni está en el poder de las personas más

sabias o más santas romper tales asociaciones, o prevenir lo que

es la consecuencia necesaria de ellas y materia de observación

cotidiana. Que el fuego toque apenas un extremo de la mecha e

inmediatamente se correrá hasta el otro.

7. Algo más: fijemos nuestra atención tan detenidamen-

te como podamos en un tema, pero si surge ya sea el placer o el

dolor, especialmente si el mismo es intenso, demandará nuestra

atención inmediata y atará a sí nuestro pensamiento.

Interrumpirá la contemplación más constante y desviará a la

mente de su asunto favorito.

8. Estas causas de pensamientos errantes se encuentran

en el interior, están forjadas dentro de nuestra propia naturaleza.

Pero asimismo surgirán natural y necesariamente de los

diversos impulsos provenientes de objetos externos. Cualquier

cosa que incida sobre el órgano sensorial, el ojo o el oído,

despertará una percepción en la mente. Y por consecuencia, lo

que vemos u oímos irrumpirá en nuestra serie anterior de

pensamiento. Por lo tanto, toda persona que hace algo ante

nuestra vista, o dice algo que oímos, da ocasión a que nuestra

mente divague más o menos del asunto en que estaba pensando

antes.

9. Y no hay ni que preguntarlo: los malos espíritus que

están continuamente buscando a quien devorar15 hacen uso de

todas las ocasiones anteriores para apurar y distraer a nuestras

15 Cf. 1 P. 5.8.

6 0 Sermón 41

mentes. A veces con uno, a veces mediante otro de esos medios,

van a acosarnos y dejarnos perplejos y, hasta donde Dios lo

permita, interrumpirán nuestros pensamientos, especialmente

cuando están dedicados a los mejores asuntos. Y esto no es para

nada extraño; ellos comprenden bien las fuentes mismas del

pensamiento, y saben de cuál de los órganos corporales

dependen más inmediatamente el entendimiento y toda otra

facultad de la mente. Y por ello saben cómo influir, afectando a

dichos órganos, en los pensamientos que de ellos dependen.

Agreguemos a esto que pueden inyectar mil pensamientos sin

ninguno de los medios precedentes, puesto que es tan natural a

un espíritu actuar sobre otro espíritu como lo es a la materia

actuar sobre la materia. Habiendo considerado estas cosas, no

puede sorprendernos que nuestro pensamiento divague tan a

menudo fuera de cualquier asunto que tenga a la vista.

III.1. Qué clase de pensamientos errantes son

pecaminosos y cuáles no lo son es el tercer tema a investigar.

En primer término, todos aquellos pensamientos que deambulan

aparte de Dios, que no le dejan a él lugar alguno en nuestras

mentes, son indudablemente pecaminosos. Porque todos ellos

implican un ateísmo práctico, y por causa de ellos estamos sin

Dios en el mundo. Y así también lo son mucho más aquellos

que son contrarios a Dios, lo cual implica oposición o enemistad

a él. Tales son todos los pensamientos de murmuración o

descontento, los cuales están en realidad diciendo: «No

queremos que éste nos gobierne»; todos los pensamientos de

incredulidad, sea con respecto a su ser, sus atributos o su

providencia. Quiero significar su providencia particular tanto

sobre todas las cosas como sobre todas las personas en el

universo: aquélla sin la cual ni un pajarillo cae en tierra, y por

Pensamientos errantes 61

la cual aun vuestros cabellos están todos contados.16 Porque

en cuanto a una providencia general, así llamada vulgarmente,

diferenciada de una particular, es sólo una palabra decente, que

suena bien, y que sencillamente no significa nada.

2. Nuevamente: todos los pensamientos que brotan de

disposiciones pecaminosas son indudablemente pecaminosos.

Tales son, por ejemplo, aquellos que brotan de un ánimo

vengativo, del orgullo, la lujuria o la vanidad. No puede un árbol

malo dar frutos buenos;17 por lo tanto, si el árbol es malo, así

debe ser también el fruto.18

3. Y así deben serlo aquellos que producen o alimentan

cualquier tendencia maligna; aquellos que dan vuelo al orgullo

o la vanidad, a la ira o al amor al mundo, o confirman o

acrecientan estas o cualquier tendencia, pasión o afecto impíos.

Porque no solamente lo que surge del mal es malo, sino

cualquier cosa que conduce al mal, cualquier cosa que tiende a

enajenar al alma de Dios, y que la hace o la mantiene terrenal,

animal y diabólica.19

4. Por lo tanto, aun aquellos pensamientos que son

causados por debilidad o enfermedad, por el mecanismo natural

del cuerpo, o por las leyes de unión vital, por más inocentes

que sean en sí mismos, se tornan sin embargo pecaminosos

cuando producen o abrigan y hacen crecer en nosotros

cualquier tendencia pecaminosa, ya sean los deseos de la

carne, los deseos de los ojos o la vanagloria de la vida.20 Del

mismo modo, los pensamientos errantes que son ocasionados

por las palabras o acciones de otras personas, si causan o

alimentan una disposición errónea, se vuelven pecaminosos. Y

16 Cf. Mt. 10.29-30.

17 Cf. Mt. 7.18.

18 Cf. Mt. 12.33.

19 Cf. Stg. 3.15.

20 Cf. 1 Jn. 2.16.

6 2 Sermón 41

lo mismo podemos observar acerca de aquellos que son

sugeridos o introducidos por el Diablo. Cuando sirven a una

tendencia terrenal o diabólica (lo cual hacen siempre que les

damos lugar, y así nos apropiamos de ellos) entonces son

igualmente pecaminosos que las tendencias a las cuales

ministran.

5. Pero haciendo abstracción de estos casos, los

pensamientos errantes, en el segundo sentido de la palabra (esto

es, pensamientos en los cuales el entendimiento divaga aparte

del asunto que tiene en vista) no son más pecaminosos que el

movimiento de la sangre en nuestras venas o de los estados de

ánimo en nuestro cerebro. Si surgen de una constitución

enferma o de alguna debilidad o descompensación accidental,

son tan inocentes como lo es tener una constitución débil o un

cuerpo descompensado. Y seguramente que nadie duda que un

mal estado nervioso, cualquier tipo de fiebre, o un delirio

transitorio o continuo pueden concordar con la perfecta

inocencia. Y si surgieran en un alma que está unida a un cuerpo

sano, ya sea de la unión natural entre el alma y el cuerpo o de

cualquiera de los diez mil cambios que pueden tener lugar en

aquellos órganos del cuerpo que ministran al pensamiento, en

cualquiera de estos casos son tan perfectamente inocentes como

las causas de las cuales provienen. Y asimismo lo son cuando

surgen de asociaciones casuales e involuntarias de nuestras

ideas.

6. Si nuestros pensamientos divagan fuera del asunto

que teníamos a la vista por causa de otras personas que afectan

de diversas maneras nuestros sentidos, aun así son igualmente

inocentes: porque no es más pecaminoso entender lo que veo y

oigo (y en muchos casos no puedo dejar de verlo, oírlo y

entenderlo) que tener ojos y oídos. «Pero si el Diablo introduce

malos pensamientos errantes, ¿no son malos dichos pensamien-

tos?». Son perturbadores, y en este sentido son malos; pero no

son pecaminosos. Yo no sé qué le dijo el Diablo a nuestro

Pensamientos errantes 63

Señor con voz audible; quizás habló solamente a su corazón

cuando le dijo: «Todo esto te daré, si postrado me adorares».21

Pero sea que haya hablado interior o exteriormente, nuestro

Señor indudablemente entendió lo que le dijo. Por lo tanto, tuvo

un pensamiento correspondiente a esas palabras. Pero ¿fue ése

un pensamiento pecaminoso? Sabemos que no lo fue. En él no

hubo pecado,22 ni en acción, ni en palabra ni en pensamiento.

Tampoco hay pecado en mil pensamientos del mismo tipo que

Satanás pueda introducir en cualquiera de los seguidores de

nuestro Señor.

7. Se deduce que ninguno de estos pensamientos

errantes (sea lo que sea lo que han afirmado algunas personas

incautas, afligiendo así a quienes el Señor no aflige) es

inconsistente con el amor perfecto. Ciertamente, si lo fueren,

entonces no solamente el dolor agudo, sino el sueño mismo

serían inconsistentes con él. El dolor agudo: porque cuando

quiera que éste sobreviene, sea lo que fuere aquello en lo que

estábamos pensando antes, interrumpirá nuestro pensamiento y

arrastrará nuestros pensamientos por otro canal. Sí, el sueño

mismo, ya que es un estado de insensibilidad y torpeza, y como

tal está mezclado generalmente con pensamientos que

deambulan por encima de la tierra, sueltos, disparatados e

incoherentes. Sin embargo, éstos son ciertamente compatibles

con el amor perfecto: así también lo son los pensamientos

errantes de esta clase.

IV.1. De lo anteriormente considerado es fácil dar una

respuesta clara a la última pregunta: de qué clase de

pensamientos errantes podemos esperar que seremos liberados

y orar para que así sea.

21 Mt. 4.9.

22 Cf. 1 Jn. 3.5.

6 4 Sermón 41

De la primera clase de pensamientos errantes, aquellos

en los cuales el corazón deambula aparte de Dios, de todos los

que son contrarios a su voluntad, o que nos dejan sin Dios en el

mundo, todo aquel que ha sido perfeccionado en amor es

incuestionablemente liberado. Por lo tanto, podemos esperar

esta liberación; podemos orar por ella, y debemos hacerlo. Los

pensamientos errantes de esta clase implican que hay

incredulidad, cuando no enemistad contra Dios. Pero él

destruirá a ambas y acabará con ellas. Y ciertamente, de toda

clase de pensamientos errantes pecaminosos seremos

totalmente liberados. Todos los que son perfeccionados en amor

son liberados de ellos; de otro modo no serían salvos del pecado.

Hombres y diablos los tentarán en todas las maneras posibles,

pero no pueden prevalecer contra ellos.

2. Con respecto a la segunda clase de pensamientos

errantes, el caso es ampliamente diferente. Hasta que la causa

no sea removida, no podemos esperar razonablemente que haya

de cesar el efecto. Pero las causas u ocasiones de ellos durarán

mientras que permanezcamos en el cuerpo. Entretanto tenemos

plena razón para creer que los efectos también permanecerán.

3. Seamos más específicos. Supongamos que un alma,

sumamente santa, habita en un cuerpo descompensado;

supongamos que el cerebro está de tal manera en completo

desorden que produce una locura furiosa: ¿no serán

descabellados y desordenados todos los pensamientos mientras

dura tal desorden? Supongamos que una fiebre ocasiona esa

locura temporal que llamamos delirio: ¿puede haber una

correcta coherencia del pensamiento antes que ese delirio sea

quitado? Supongamos que lo que es llamado desorden nervioso

alcanza tanta intensidad que ocasiona por lo menos una locura

parcial: ¿no habrá mil pensamientos errantes? ¿Y no habrán de

continuar tales pensamientos errantes mientras dure el desorden

que los ocasiona?

Pensamientos errantes 65

4. ¿No será el mismo caso el de aquellos pensamientos

que surgen necesariamente del dolor intenso? Continuarán más

o menos mientras el dolor continúa, debido al orden inviolable

de la naturaleza. Este orden funcionará asimismo dondequiera

los pensamientos son perturbados, quebrantados, o

interrumpidos por cualquier defecto de la aprehensión, del

juicio o de la imaginación que proceda de la constitución natural

del cuerpo. ¡Y cuántas interrupciones pueden provenir de las

asociaciones involuntarias e irresponsables de nuestras ideas!

Ahora bien, todas ellas son causadas directa o indirectamente

por el cuerpo corruptible que ejerce presión sobre la mente. Por

lo tanto, no podemos esperar que sean quitadas hasta que esto

corruptible se vista de incorrupción.23

5. Y recién entonces, cuando yazcamos en el polvo,

seremos liberados de esos pensamientos errantes que son

causados por lo que vemos y oímos entre aquellos que ahora nos

rodean. Para evitarlos, nos sería necesario salir del mundo.24

Porque mientras permanecemos allí, mientras hay hombres y

mujeres a nuestro alrededor, y tenemos ojos para ver y oídos

para oír, las cosas que diariamente vemos y oímos con seguridad

afectarán nuestra mente, y en mayor o menor medida irrumpirán

en nuestros pensamientos precedentes y los interrumpirán.

6. Y mientras los malos espíritus vaguen de aquí para

allá en un mundo miserable y desordenado siempre habrán de

asaltar, sea que puedan prevalecer o no, a todos sus moradores

de carne y sangre. Inclusive perturbarán a aquellos que no

pueden destruir: atacarán, si no pueden vencer. Y no podemos

esperar completa liberación de tales ataques de nuestros

incansables y nunca desanimados enemigos hasta que estemos

23 Cf. 1 Co. 15.54.

24 Cf. 1 Co. 5.10.

6 6 Sermón 41

alojados donde los impíos dejan de perturbar y descansan los

de agotadas fuerzas.25

7. Para resumirlo todo: esperar liberación de aquellos

pensamientos errantes que son ocasionados por los malos

espíritus es esperar que el Diablo se muera o que se quede

dormido, o que al menos no ande alrededor como león

rugiente.26 Esperar liberación de aquellos que son motivados

por otras personas es como esperar que desaparezcan los seres

humanos de la tierra o que nosotros podamos permanecer

totalmente apartados, sin mantener ninguna relación con ellos;

o que teniendo ojos no veamos, ni que oigamos con nuestros

oídos, sino que seamos insensibles como estacas o piedras. Y

orar por liberación de aquellos que son ocasionados por el

cuerpo es, de hecho, orar para que podamos dejar el cuerpo. En

otras palabras, es orar por imposibles y por absurdos, orar para

que Dios reconcilie lo contradictorio dando continuidad a

nuestra unión con un cuerpo corruptible sin las consecuencias

naturales y necesarias de dicha unión. Es como si orásemos por

ser ángeles y seres humanos, mortales e inmortales al mismo

tiempo. Pero cuando viene lo que es inmortal, la mortalidad es

eliminada.27

8. Oremos, más bien, tanto con el espíritu como con el

entendimiento, para que todas estas cosas ayuden para nuestro

bien;28 que podamos sufrir todas las enfermedades de nuestra

naturaleza, todas las interrupciones de las personas, todos los

asaltos y sugestiones de los malos espíritus, y que en todo

seamos más que vencedores.29 Oremos para que seamos

liberados de todo pecado, para que tanto la raíz como las

25 Cf. Job 3.17.

26 Cf. 1 P. 5.8.

27 Cf. 1 Co. 13.10; 15.53, 54.

28 Cf. Ro. 8.28.

29 Cf. Ro. 8.37.

Pensamientos errantes 67

ramas sean destruidas, para que seamos liberados de toda

contaminación de carne y de espíritu,30 de todo mal genio,

palabra y obra; para que podamos amar al Señor nuestro Dios

con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con toda

nuestra alma, y con todas nuestras fuerzas;31 para que todo el

fruto del Espíritu pueda ser hallado en nosotros, no solamente

amor, gozo, paz, sino también paciencia, benignidad, bondad,

fe, mansedumbre, templanza.32 Ora pues para que todas estas

cosas puedan florecer y abundar,33 y puedan aumentar en ti

más y más, hasta que te sea otorgada amplia y generosa

entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador

Jesucristo.34

30 Cf. 2 Co. 7.1.

31 Cf. Mr. 12.30.

32 Cf. Gá. 5.22-23.

33 Cf. 2 P. 1.8.

34 2 P. l.11.