Sermón 38 - Una advertencia contra el fanatismo
Marcos 9: 38-39
Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a
uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos
sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús
dijo: No se lo prohibáis.
En los versículos precedentes leemos que después de
que los doce estuvieran disputando «quién había de ser
mayor», Jesús «tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y
tomándole en sus brazos, les dijo: El que reciba en mi nombre
a un niño como éste, me recibe a mí; y el que a mí me recibe,
no me recibe a mí (solamente) sino al que me envió.»1
Entonces, «Juan le respondió» (esto es, con referencia a lo que
nuestro Señor había dicho recientemente): «Maestro, hemos
visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, y se lo
prohibimos porque no nos sigue». Como si hubiera dicho:
«¿Debíamos haberle recibido? Al recibirle a él, ¿te hubiéramos
recibido a ti? ¿Debíamos más bien habérselo prohibido? ¿No
actuamos bien en esto?» «Pero Jesús dijo: No se lo prohi-
báis.»
El mismo pasaje es citado también por san Lucas, y
casi con las mismas palabras. Pero se podría preguntar: ¿En
qué nos concierne esto a nosotros? Puesto que ahora nadie
«echa fuera demonios». ¿Acaso no ha sido quitado a la iglesia
el poder de hacer esto por más de mil doscientos o mil
cuatrocientos años? ¿Por qué entonces nos preocupa el caso
aquí propuesto o la decisión de nuestro Señor al respecto?
1 Mr. 9.34, 36-37.
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382 Sermón 38
Quizás más de lo que uno se imagina, el caso
propuesto no es un caso poco común. Para que podamos
obtener pleno provecho de él, me propongo mostrar, primero,
en qué sentido las personas pueden, y de hecho lo hacen,
«echar fuera demonios»; en segundo lugar, qué podemos
entender por «no nos sigue», y, en tercer lugar, explicaré la
instrucción de nuestro Señor, «no se lo prohibáis», para
concluir con una deducción de todo lo tratado.
I.1. En primer lugar, mostraré en qué sentido las
personas pueden, y de hecho lo hacen, «echar fuera demonios».
Para tener una visión más clara de esto hemos de
recordar que, conforme al relato bíblico, así como Dios mora y
obra en los hijos de la luz, así también el Diablo mora y obra en
los hijos de las tinieblas. Así como el Espíritu Santo posee las
almas de los buenos, así también el espíritu del mal posee las
almas de los malos. Por eso es que el Apóstol le denomina «el
dios de este mundo»,2 dado el poder irrestricto que tiene sobre
las personas mundanas. Por eso nuestro bendito Señor lo
describe como «el príncipe de este mundo»3, tan absoluto es su
dominio sobre él. Y por eso dice san Juan, «Sabemos que
somos de Dios», y todos los que no son de Dios, «el mundo
entero», en tô ponerô keîtai (no «está bajo la maldad» sino
«está bajo el maligno»4), vive y se mueve en él, así como los
que no son del mundo lo hacen en Dios.
2. Porque el Diablo no ha de ser considerado sólo
como león rugiente, que anda alrededor buscando a quien
devorar;5 ni simplemente como un sutil enemigo que cae
inadvertido sobre las pobres almas y las lleva cautivas a
2 2 Cor. 4.4.
3 Jn. 12.31, etc.
4 1 Jn. 5.19.
5 1 P. 5.8.
Una advertencia conta el fanatismo 383
voluntad de él,6 sino como aquel que mora y camina en ellos,
que gobierna las tinieblas o maldades de este mundo,7 de las
gentes mundanas y todos sus oscuros designios y acciones,
reteniendo la posesión de sus corazones, estableciendo su trono
allí y sujetando todo pensamiento en obediencia a él. De este
modo, el hombre fuerte armado guarda su palacio, y si este
espíritu impuro alguna vez sale del hombre, sin embargo a
menudo retorna con siete espíritus peores que él; y entrados,
moran allí.8 Tampoco puede estar ocioso en su morada. Está
continuamente obrando en estos hijos de desobediencia.9 Obra
en ellos con poder, con potente energía, transformándolos a su
propia semejanza, borrando todos los remanentes de la
imagen de Dios, y preparándolos para todas las palabras y obras
malas.
3. Por lo tanto, es una verdad incuestionable que el
dios y príncipe de este mundo todavía posee a todo aquel que
no conoce a Dios. Solamente la manera en que él los posee
ahora difiere de cómo lo hacía en el pasado. Entonces
atormentaba frecuentemente tanto sus cuerpos como sus almas,
y esto abiertamente, sin ningún disfraz; ahora atormenta
solamente sus almas (excepto en algunos casos raros) y ello en
modo tan encubierto como le es posible. La razón de esta
diferencia es muy simple. Entonces su meta era conducir a la
humanidad a la superstición. Por lo tanto, operaba tan
abiertamente como le era posible. Pero su finalidad actual es
llevarnos a nosotros a la infidelidad. Luego, obra tan
privadamente como puede, porque cuanto más secreto es, más
prevalece.
6 Cf. 2 Ti. 2.26.
7 Cf. Ef. 6.12.
8 Cf. Lc. 11.21, 24, 26.
9 Cf. Ef. 2.2.
384 Sermón 38
4. Sin embargo, si hemos de dar crédito a los
historiadores, hay países donde actúa ahora tan abiertamente
como antaño. «¿Pero por qué en los países bárbaros y salvajes
solamente? ¿Por qué no en Italia, Francia o Inglaterra?» Por una
razón muy sencilla: conoce a su gente. Y sabe lo que tiene que
hacer con cada uno. A los lapones se les aparece a cara
descubierta, porque quiere afirmarlos en la superstición y en la
burda idolatría. Pero contigo se propone algo diferente. Quiere
hacer que te idolatres a ti mismo, hacerte ante tus propios ojos
más sabio que Dios mismo, que todos los oráculos de Dios.
Ahora bien, para lograr esto, no debe presentarse en su propia
apariencia. Eso frustraría su designio. No: tiene que emplear
todo su arte para hacer que niegues su existencia, hasta que te
tenga bien seguro en su morada.
5. Él reina, por lo tanto, aunque en manera diferente, tan
absolutamente en una comarca como en la otra. Tiene al italiano
divertido e infiel tan seguro entre sus dientes como el tártaro
salvaje. Dicho sujeto está profundamente dormido en la boca
del león, el cual es demasiado sabio como para despertarlo. De
manera que, por el momento, sólo juega con él y cuando quiere
lo devora.
El dios de este mundo sujeta a sus adoradores ingleses
con tan completa firmeza como a los de Laponia. Pero su tarea
no es asustarlos, no sea que vuelen hacia el Dios del cielo. Por
tanto, el príncipe de las tinieblas no se hace ver mientras
gobierna a estos sus súbditos voluntarios. El conquistador
retiene mucho más seguros a sus cautivos cuando ellos se
imaginan que son libres. Así, el hombre fuerte armado guarda
su palacio y en paz está lo que posee:10 ni el deísta ni el cristiano
nominal sospechan que está allí, de modo que él y ellos
conviven en perfecta paz.
10 Cf. Lc. 11.21.
Una advertencia conta el fanatismo 385
6. Todo esto mientras obra enérgicamente en ellos.
Enceguece los ojos de su entendimiento, para que no les
resplandezca la luz del glorioso evangelio de Cristo.11
Encadena sus almas a la tierra y al infierno con las cadenas de
sus propios viles afectos. Los ata a lo terrenal mediante el amor
al mundo, el amor al dinero, al placer o a los elogios. Y mediante
el orgullo, la envidia, el odio y la venganza hace que sus almas
se aproximen al infierno, actuando más seguro y sin control
porque ellos para nada saben que él actúa.
7. ¡Pero cuán fácilmente podemos conocer la causa por
sus efectos! Estos son a veces burdos y palpables. Así lo eran en
las naciones paganas más refinadas. No vayas más lejos que a
los admirados y virtuosos romanos. Hallarás a estos, en la
cumbre de sus conocimientos y su gloria, atestados de toda
injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldades, llenos
de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades,
murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos,
soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los
padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin
misericordia.12
8. Los aspectos más fuertes de esta descripción son
confirmados por uno a quien algunos pueden considerar como
un testigo sumamente excepcional. Me refiero a su hermano
pagano, Dion Casio, quien observa que antes del retorno de
César de las Galias no sólo la glotonería y las obscenidades de
toda índole eran abiertas y descaradas; no sólo la falsedad, la
injusticia y la crueldad abundaban en las cortes de justicia y en
la vida privada, sino que los homicidios, los robos y las rapiñas
más atroces eran tan frecuentes en toda Roma que pocas
11 Cf. 2 Co. 4.4.
12 Cf. Ro. 1.29-31.
386 Sermón 38
personas salían de sus casas sin hacer sus testamentos, por no
saber si retornarían vivos.13
9. Tan burdas y palpables como estas son las obras del
Diablo entre muchos paganos modernos, si no entre todos. La
religión natural de los creeks, cheroquis, chicasós y todos los
otros indios que limitan con nuestros asentamientos meridiona-
les (no de unos pocos individuos, sino de naciones enteras) es
torturar a sus prisioneros de la mañana a la noche, hasta que al
final los asan hasta morir, y ante la más leve provocación
involuntaria les disparan por la espalda a sus propios paisanos.
Sí, es cosa común entre ellos que el hijo, si piensa que su padre
vive demasiado tiempo, le haga saltar los sesos; y que una
madre, si está cansada de sus hijos, les ate piedras alrededor de
su cuello y arroje tres o cuatro de ellos al río, uno tras otro.
10. Sería deseable que solamente los paganos hubiesen
practicado esas obras burdas y palpables del Diablo. Pero no nos
atrevemos a decir tal cosa. Aun en cuanto a crueldad y
derramamiento de sangre, ¡cuán pequeña es la distancia a la cual
los cristianos vamos detrás de ellos! Y no solamente los
españoles y los portugueses, matando a miles en Sudamérica.
No sólo los holandeses en las Indias Orientales, o los franceses
en América del Norte, siguiendo paso a paso a los españoles.
Nuestros propios compatriotas también se han revolcado en la
sangre y han exterminado naciones enteras, demostrando así
cuál es el espíritu que mora y obra en los hijos de
desobediencia.14
11. Estos monstruos casi pueden hacer que dejemos de
ver las obras del Diablo que tienen lugar en nuestro propio
país. Pero ¡ay! ni aun aquí podemos abrir nuestros ojos sin
verlas por doquier. ¿Es acaso pequeña prueba de su poder que
blasfemos vulgares, borrachos, fornicarios, adúlteros, ladrones,
13 Historia romana, xl.44-50.
14 Cf. Ef. 2.2.
Una advertencia conta el fanatismo 387
asaltantes, sodomitas y homicidas aun se encuentren por
doquier en nuestra tierra? ¡Cuán triunfante reina el príncipe de
este mundo en estos hijos de desobediencia!
12. Él obra menos abiertamente pero no menos
efectivamente en los simuladores, los chismosos, mentirosos,
detractores; en los opresores y extorsionadores; en los perjuros,
los que venden a su amigo, su honor, su conciencia, su patria.
Sin embargo, ¡estos todavía pueden hablar de religión o de
conciencia! Del honor, de la virtud, o del espíritu cívico. Pero
no pueden engañar a Satanás más que lo que pueden engañar a
Dios. Él también conoce a los que son suyos: y son una gran
multitud, de todas las naciones y pueblos,15 de los cuales él tiene
hoy plena posesión.
13. Si tú consideras esto no puedes dejar de ver en qué
sentido las personas pueden ahora también «echar fuera
demonios»; sí, y todo ministro de Cristo los echa fuera, si la obra
de su Señor es prosperada en su mano.16
Por el poder de Dios que asiste a su Palabra, El trae a los
pecadores al arrepentimiento: un cambio completo tanto interior
como exterior, de todo mal a todo bien. Y esto es, en sentido
cabal, «echar fuera demonios», fuera de las almas en las cuales
hasta ahora habían morado. El hombre fuerte ya no puede
guardar su casa. Uno más fuerte que él ha venido, le ha arrojado
fuera, y ha tomado posesión para sí,17 y ha hecho de ella
morada de Dios en el Espíritu.18 Aquí se acaba entonces la
energía de Satanás, y el Hijo de Dios destruye las obras del
Diablo.19 El entendimiento del pecador es ahora iluminado, y
15 Cf. Ap.7.9, empleado aquí irónicamente. Pero véase Ap. 11.9.
16 Cf. Is. 53.10.
17 Cf. Lc. 11.21-22.
18 Cf. Ef. 2.22.
19 1 Jn. 3.8.
388 Sermón 38
su corazón dulcemente atraído hacia Dios. Sus deseos son
refinados, sus afectos son purificados; y siendo lleno con el
Espíritu Santo crece en la gracia hasta que no solamente es santo
de corazón sino en todos los aspectos de su conducta.
14. Todo esto es por cierto la obra de Dios. Y es Dios
solamente quien puede echar fuera a Satanás. Pero
generalmente se complace en hacer esto mediante el humano,
como instrumento suyo, de quien se dice entonces que «echa
fuera demonios en su nombre», es decir, por su poder y
autoridad. Y envía a quien él quiere enviar a hacer esta gran
obra, pero frecuentemente a aquel que nadie hubiera pensado.
Porque sus caminos no son como nuestros caminos, ni sus
pensamientos como nuestros pensamientos.20 Por consiguiente,
escoge a los débiles para confundir a los fuertes, a los necios
para confundir a los sabios,21 por esta sencilla razón: para
asegurarse la gloria para sí mismo, a fin de que nadie se jacte en
su presencia.22
II.1. ¿Pero no hemos de prohibir a uno que «echa fuera
demonios», si «no nos sigue»? Parece ser que tal fuera el juicio
y la práctica del apóstol, hasta que refirió el caso a su Maestro.
«Se lo prohibimos», dijo, «porque no nos sigue», lo cual
suponía que era razón suficiente. Qué hemos de entender por
esta expresión, «No nos sigue», es el próximo punto a
considerar.
La interpretación menos importante que podemos dar a
estas palabras es: «No tiene conexión visible con nosotros. No
trabajamos en mutuo acuerdo. No es nuestro colaborador en el
evangelio.» Y por cierto que cuando nuestro Señor se
complace en enviar muchos obreros a su cosecha, no pueden
actuar todos en conexión o en subordinación los unos con los
20 Cf. Is. 55.8.
21 Cf. 1 Co. 1.27.
22 Cf. 1 Co. 1.29.
Una advertencia conta el fanatismo 389
otros. No, no pueden tener familiaridad unos con otros ni
siquiera ser conocidos por los demás. Muchos estarán
necesariamente en lugares diferentes de la cosecha, tan lejos de
poder tener intercambio que serán absolutamente extraños entre
sí, tal como si vivieran en épocas diversas. Y con respecto a
cualquiera que nos es desconocido podemos decir: «No nos
sigue».
2. Un segundo significado de esta expresión puede ser:
«No es de nuestro partido.» Por mucho tiempo ha sido objeto
de consideración melancólica por parte de todos los que oran
por la paz de Jerusalén23 que tantos partidos diversos subsistan
todavía entre quienes se consideran cristianos. Esto ha podido
observarse particularmente entre nuestros compatriotas, que se
han dividido permanentemente acerca de puntos sin
importancia, y que muchas veces no conciernen a la religión.
Las circunstancias más triviales han dado lugar al surgimiento
de partidos diferentes, los cuales han continuado por muchas
generaciones. Cada uno de estos estaría dispuesto a objetar al
que está del otro lado diciendo: «No nos sigue».
3. Esta expresión puede significar, en tercer lugar:
«Difiere de nosotros en cuanto a opiniones religiosas.» Hubo
una época cuando todos los cristianos eran de un solo sentir y
de un solo corazón.24 Tan grande gracia vino sobre ellos cuando
fueron llenos por primera vez del Espíritu Santo. ¡Mas cuán
breve fue el lapso en que continuó esta bendición! ¡Cuán
pronto se perdió esa unanimidad, y la diferencia de opinión
surgió nuevamente, aun en la iglesia de Cristo! Y ello no entre
cristianos nominales, sino verdaderos. Más aún, entre sus jefes,
los apóstoles. Tampoco parece que esa diferencia así
comenzada haya sido eliminada alguna vez. No hallamos
23 Sal. 122.6.
24 Cf. Hch. 4.32.
390 Sermón 38
siquiera que aquellos pilares del templo de Dios, mientras
permanecieron sobre la tierra, hayan llegado alguna vez a pensar
lo mismo, a ser de un mismo sentir, particularmente con
respecto a la ley ceremonial. Por lo tanto, no es en ninguna
manera sorprendente que ahora encontremos en la iglesia una
infinita variedad de opiniones. Una consecuencia probable de
esto es que cuando vemos a alguien que «echa fuera demonios»
será alguien que «no nos sigue», que no es de nuestra opinión.
Apenas podemos imaginar que sea de nuestra opinión en todos
los asuntos, menos aún en cuanto a religión. Probablemente
piense de modo diferente a nosotros en varios temas de
importancia, tales como la naturaleza y el empleo de la ley
moral, los decretos eternos de Dios, la suficiencia y eficacia de
su gracia, y la perseverancia de sus hijos.
4. Puede diferir de nosotros, en cuarto lugar, no sólo en
opiniones, sino también en algunos aspectos prácticos. Puede
ser que no apruebe la manera de adorar a Dios que se practica
en nuestra congregación y que considere como más provechosa
para su alma aquella que surgió con Calvino o con Martín
Lutero. Puede tener muchas objeciones a esa liturgia que
aprobamos más que a todas las otras, muchas dudas con
respecto a la forma de gobierno eclesiástico que estimamos
tanto apostólica como escritural. Quizás puede ir todavía más
lejos que nosotros: puede, a partir de un principio de conciencia,
abstenerse de varias de aquellas que consideramos ser
ordenanzas de Cristo. O si ambos concordamos que son
ordenadas por Dios, puede aún quedar una diferencia entre
nosotros ya sea en cuanto a la manera de administrar esas
ordenanzas o en cuanto a las personas a quienes deben ser
administradas. Ahora bien, la consecuencia inevitable de
cualquiera de esas diferencias será que quien de tal manera
difiere de nosotros debe separarse con respecto a dichos puntos
de nuestra sociedad. En este sentido, por tanto, «no nos sigue»;
no es, como solemos decir, «de nuestra iglesia».
Una advertencia conta el fanatismo 391
5. Pero en un sentido mucho más enérgico, «no nos
sigue» implica no solamente que es de una iglesia diferente,
sino de una iglesia a la cual consideramos como antibíblica y
anticristiana, una iglesia que consideramos como totalmente
falsa y errónea en sus doctrinas, así como peligrosamente
errada en su práctica, culpable de burda superstición y de
idolatría; una iglesia que ha agregado muchos artículos a la fe
que ha sido una vez dada a los santos;25 que ha abandonado por
completo uno de los mandamientos de Dios y ha anulado
varios de los restantes mediante sus tradiciones; y que
pretendiendo mantener la más alta veneración por la iglesia
antigua y la más estricta conformidad a ella, sin embargo ha
introducido innumerables innovaciones sin ninguna autori-
zación ni de la antigüedad ni de las Escrituras. Con plena
certidumbre, «no nos sigue» aquel que está a tan gran distancia
de nosotros.
6. Y, sin embargo, aún puede haber una diferencia más
amplia que esta. Quien difiere de nosotros en el juicio y en la
práctica puede hallarse a mayor distancia nuestra en el afecto
que en el juicio. Y esto es, por cierto, un efecto muy común y
muy natural de lo otro. Las diferencias que comienzan como
asuntos de opinión rara vez terminan allí. Generalmente se
extienden a los afectos y entonces separan a los grandes
amigos. No hay animosidades tan profundas e irreconciliables
como las que surgen del desacuerdo en materia de religión. Por
esta causa, los peores enemigos del hombre serán los de su
casa.26 Por esta causa el padre se levantará contra sus propios
hijos, y los hijos se levantarán contra los padres;27 y quizás
se persigan a muerte unos a otros, pensando en todo momento
25 Cf. Jud. 3.
26 Mt. 10.36.
27 Cf. Mt. 10.21.
392 Sermón 38
que prestan un servicio a Dios. Por lo tanto, no es más de lo que
podemos esperar si aquellos que difieren de nosotros tanto en
opiniones como en prácticas religiosas contraen muy pronto
dureza y hasta amargura contra nosotros; y si aumentan sus
prejuicios hasta concebir una opinión tan mala de nuestras
personas como de nuestros principios. Una consecuencia casi
necesaria de esto será que hablarán acerca de nosotros tal cual
piensan. Se colocarán en oposición a nosotros, y en cuanto sean
capaces impedirán nuestra obra, puesto que no la consideran
como obra de Dios, sino del hombre o del Diablo. El que
piensa, habla y actúa de esta manera, en el más pleno sentido,
«no nos sigue».
7. Yo no concibo, por cierto, que la persona de quien
habla el apóstol en el texto (aunque no tenemos ninguna
descripción particular de él ni en el contexto ni en ninguna
parte de las Sagradas Escrituras) haya ido tan lejos como lo
dicho antes. No tenemos fundamento para suponer que había
alguna diferencia material entre él y los apóstoles; mucho
menos que tuviera algún prejuicio contra ellos o contra el
Maestro. Parece que podemos deducir todo ello de las
palabras de nuestro Señor que siguen inmediatamente al texto:
«Ninguno hay que pueda hacer milagro en mi nombre, que
luego pueda decir mal de mí»28 Pero yo, a propósito, saco el
caso a la luz más potente, agregando todas las circuns-
tancias que bien pueden ser concebidas, de modo que siendo
advertidos previamente de la tentación con toda la fuerza del
hecho, de ninguna manera nos rindamos a ella y luchemos así
contra Dios.
III.1. Supongamos, entonces, a un hombre que no tiene
relaciones con nosotros, supongamos que no es de nuestro
partido, supongamos que se separa de nuestra iglesia y que
además difiere de nosotros ampliamente tanto en el juicio
28 Mr. 9.39.
Una advertencia conta el fanatismo 393
como en la práctica y en los afectos; sin embargo, si vemos a
este hombre echando fuera demonios, Jesús dice: «No se lo
prohibáis». Esta importante directiva de nuestro Señor es lo que
voy a explicar en tercer lugar.
2. Si vemos a este hombre echando fuera demonios,
estaría bien si en ese caso creemos lo que nos dicen nuestros
ojos, si es que no consideramos mentirosos a nuestros sentidos.
Debe estar muy poco familiarizado con la naturaleza humana
quien no se da cuenta enseguida cuan extremadamente reacios
somos a creer que uno que «no nos sigue», en todos o en la
mayoría de los sentidos antes mencionados, pueda «echar fuera
demonios». Casi dije en cualquiera de tales sentidos,
considerando cuan fácilmente podemos aprender, aun de lo que
sucede en nuestro interior, qué poco dispuestas están las
personas a admitir que hay algo de bueno en aquellos que no
concuerdan en todo con ellas.
3. Pero ¿cuál es la prueba suficiente y razonable de que
una persona, en el sentido anterior, «echa fuera demonios»? La
respuesta es fácil. ¿Hay plena prueba, primero, de que la
persona que tenemos delante es abiertamente un burdo pecador?
En segundo lugar, que ya no lo es ahora, ¿se ha apartado de sus
pecados y vive una vida cristiana? Y en tercer lugar, ¿que este
cambio fue producido porque oyó la predicación de este otro?
Si estos tres puntos son claros e innegables, tienes entonces la
prueba suficiente y razonable de que no puedes resistirte, sin
pecar voluntariamente, a aceptar que ese individuo echa fuera
demonios.
4. Entonces, «no se lo prohibáis». Ten cuidado de cómo
intentas impedirle, ya sea mediante tu autoridad, tus argumen-
tos o la persuasión. De ninguna manera luches para impedirle
que use todo el poder que Dios le ha dado. Si tienes autoridad
ante él, no emplees tal autoridad para detener la obra de Dios.
No le proveas de razones para que no hable más en el nombre
394 Sermón 38
de Jesús. Satanás no dejará de suplirle con ellas aunque en esto
no le prestes ayuda. Persuádele para que no se aparte de su obra.
Si le diera lugar al diablo29 y a ti, muchas almas podrían
perecer en su propia iniquidad30 pero su sangre Dios ha de
demandar de tus manos.31
5. ¿Qué pasa si es un mero laico el que echa fuera
demonios? ¿No se lo debiera prohibir en ese caso?
¿Es el hecho admitido? ¿Hay prueba razonable de que
este hombre realmente echa fuera demonios? Si la hay, no se lo
prohíbas; no, a riesgo de tu propia alma. ¿No ha de obrar Dios
por medio de quien él quiera obrar? «Nadie puede hacer estas
señales...si no está Dios con él»32 -o sea, a menos que Dios le
haya enviado para esto mismo. Pero si Dios lo ha enviado, ¿le
ordenarías tú que regrese? ¿Le prohibirías tú que vaya?
6. «Pero yo no sé si ha sido enviado por Dios». «Pues
esto es lo maravilloso (puede ser cualquiera de los sellos de su
misión, por ejemplo, cualquier persona que haya traído de
Satanás a Dios): que vosotros no sepáis de donde sea, ¡y a mí
me abrió los ojos! Si este no viniera de Dios, nada podría
hacer.»33 Si dudas del hecho, manda buscar a los padres de esa
persona; manda buscar a sus hermanos, a sus amigos, a sus
conocidos. Pero si no puedes dudar de esto, necesitas reconocer
que «señal manifiesta ha sido hecha». Entonces, ¿con qué
conciencia, con qué cara puedes ordenar a quien Dios ha
enviado que «no hable de aquí en adelante a nadie en su
nombre»?34
29 Cf. Ef. 4.27.
30 Cf. 2 P. 2.12.
31 Cf. 2 S. 4.11.
32 Cf. Jn. 3.2.
33 Cf. Jn. 9.30, 33.
34 Cf. Hch. 4.16-17.
Una advertencia conta el fanatismo 395
7. Admito que esto es sumamente conveniente: que
quien sea que predique en su nombre debe tener un llamado
externo tanto como uno interno; pero que sea absolutamente
necesario, esto lo niego.
¿Pero acaso no afirma la Escritura: «Nadie toma para sí
esta honra, sino el que es llamado de Dios, como Aarón.»35?
Innumerables veces este texto ha sido citado en tal
ocasión, como si contuviera verdadera fuerza de argumento.
Seguramente nunca hubo una cita tan poco feliz. Porque, en
primer lugar, Aarón para nada fue llamado a predicar. Fue
llamado «para que presente ofrendas y sacrificios por los
pecados».36 Tal era su quehacer particular. En segundo lugar,
esos hombres no ofrecen ningún sacrificio, sino que sola-
mente predican, lo cual no hizo Aarón. Por lo tanto, es imposible
hallar en la Biblia un texto que esté más fuera de la cuestión
que éste.
8. «Pero, ¿cuál era la práctica en la era apostólica?»
Puedes verlo fácilmente en los Hechos de los Apóstoles. En el
octavo capítulo leemos: «En aquel día hubo una gran
persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos
fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo
los apóstoles.»37 «Pero los que fueron esparcidos iban por
todas partes anunciando el evangelio.»38 Ahora bien,
¿recibieron todos estos un llamamiento exterior para predicar?
Nadie en sus cabales puede pensar tal cosa. Aquí tenemos
entonces una prueba innegable de cuál era la práctica en la era
35 He. 5.4.
36 He. 5.1.
37 Hch. 8.1.
38 Hch. 8.4.
396 Sermón 38
apostólica. Aquí puedes ver no uno, sino una multitud de
«predicadores laicos», personas enviadas únicamente por Dios.
9. Por cierto que la práctica de la iglesia apostólica está
tan lejos de inclinarnos a pensar que era ilícito que un hombre
predicase antes de ser ordenado, que tenemos razón en pensar
que esto era entonces considerado como necesario.
Ciertamente, la práctica y la directiva del apóstol Pablo era
probar a un hombre antes que fuese ordenado. «Y estos» (los
diáconos), dice, «también sean sometidos a prueba primero, y
entonces ejerzan el diaconado.»39 ¿Sometidos a prueba?
¿Cómo? ¿Poniéndolos a construir una frase en griego?
¿Preguntándoles acerca de unos cuantos lugares comunes? ¡Oh,
asombrosa prueba de un ministro de Cristo! Nada de eso: ha de
hacerse una prueba clara y manifiesta (como es hecha todavía
en la mayoría de las iglesias protestantes en Europa), no sólo en
cuanto a si sus vidas son santas e intachables, sino si tienen los
dones totalmente imprescindibles para edificar la iglesia de
Cristo.
10. «Pero ¿qué pasa si un hombre tiene esos dones, y si
ha traído pecadores al arrepentimiento, y sin embargo el obispo
no quiere ordenarlo? Entonces, el obispo le «prohíbe echar fuera
demonios». Pero yo no me atrevo a prohibírselo. He publicado
mis razones para que lo sepa todo el mundo. Sin embargo,
todavía se insiste en que debo hacerlo. Tú, que insistes en ello,
responde a dichas razones. No conozco a nadie que lo haya
hecho todavía, ni siquiera que lo haya intentado. Solamente
algunos han dicho de ellos que son muy débiles y triviales. Y
esto con bastante prudencia. Porque es mucho más fácil
despreciar un argumento (o, por lo menos, fingir que se lo
desprecia) antes que contestarlo. Sin embargo, hasta que esto se
haga, debo decir que cuando tengo prueba razonable de que
cualquier hombre echa fuera demonios, hagan lo que hagan
39 1 Ti. 3.10.
Una advertencia conta el fanatismo 397
otros, yo no me atrevo a prohibírselo, no sea tal vez hallado
luchando contra Dios.40
11. Y quienquiera que seas tú, que temes a Dios, «no se
lo prohíbas», sea directa o indirectamente. Hay muchas maneras
de hacer esto. Indirectamente lo prohíbes si lo niegas
totalmente, o si lo desprecias o tomas muy poco en cuenta la
obra que Dios ha hecho por sus manos.41 Indirectamente lo
prohíbes cuando lo desalientas en su tarea arrastrándolo a
disputas acerca de ella, levantando objeciones en contra, o
atemorizándole con consecuencias que probablemente nunca
sucederán. Lo prohíbes cuando muestras cualquier clase de
crueldad hacia él, ya sea de palabra o de comportamiento, y
mucho más cuando hablas acerca de él a otros sin ninguna
bondad o despectivamente. Lo estás prohibiendo todo el
tiempo cuando hablas mal de él o no tomando en cuenta sus
labores. No lo prohíbas en ninguna de estas maneras: ni
prohibiendo a otros que le oigan ni desanimando a los
pecadores a escuchar su palabra, la cual puede salvar sus almas.
12. Así es: si quieres observar la instrucción del Señor
en su pleno significado y extensión, entonces recuerda sus
palabras: «El que no es conmigo, contra mí es; y el que
conmigo no recoge, desparrama.»42 Quien no recoge personas
en el reino de Dios, seguramente las esparce lejos de él. Pues
no puede haber neutralidad en esta guerra: cada uno está del
lado de Dios o del lado de Satanás. ¿Estás del lado de Dios?
Entonces no solamente no prohibirás a cualquiera que «eche
fuera demonios», sino que trabajarás al máximo de tus fuerzas
para que adelante en su obra. Reconocerás realmente la obra de
Dios en él y confesarás su grandeza. Quitarás todas las
40 Cf. Hch. 5.39.
41 Cf. Mr. 6.2.
42 Lc. 11.23.
398 Sermón 38
dificultades y objeciones de su camino, hasta donde ello sea
posible. Fortalecerás sus manos hablando honorablemente de él
ante todas las personas y admitiendo las cosas que has visto y
oído. Animarás a otros a asistir a su prédica, a escuchar a aquel
que Dios ha enviado. Y no omitirás ninguna prueba de amor
afectuoso que Dios te dé la oportunidad de mostrarle.
IV.1. Si fallamos voluntariamente en alguno de estos
puntos, si de alguna manera directa o indirecta le prohibimos
«porque no nos sigue», entonces somos «fanáticos». Esta es la
conclusión que obtengo de lo que ha sido dicho. Pero me temo
que el término «fanatismo», tan frecuentemente empleado, es
tan poco comprendido como «entusiasmo». Es una adhesión o
un cariño demasiado fuerte por nuestro propio partido, opinión,
iglesia y religión. Por tanto, es un fanático el que está tan
enamorado de cualquiera de estos, tan fuertemente ligado a
ellos, como para prohibir a quienquiera que eche fuera
demonios, porque difiere de él en alguno o en todos estos
aspectos particulares.
2. Cuídate de esto. Ten cuidado, primero, de no hacerte
convicto de fanatismo por tu renuencia a creer que cualquiera
que difiere de ti puede echar fuera demonios. Y si hasta aquí lo
tienes claro, si reconoces tal hecho, entonces examínate a ti
mismo, en segundo lugar: «¿No estoy convicto de fanatismo en
esto, en prohibirle directa o indirectamente? ¿No le prohíbo
directamente sobre esta base, porque no pertenece a mi partido?
¿Porque no coincide con mis opiniones? ¿O porque no adora a
Dios conforme al esquema religioso que he recibido de mis
padres?»
3. Examínate a ti mismo: «¿No le prohíbo
indirectamente, al menos, sobre cualquiera de estos
fundamentos? ¿Acaso lamento que Dios pueda de tal manera
poseer y bendecir a un hombre que mantiene opiniones tan
erróneas? ¿Acaso lo desanimo porque no pertenece a mi iglesia?
¿O disputando con él al respecto, levantando objeciones, o
Una advertencia conta el fanatismo 399
confundiendo su mente con posibles consecuencias distantes?
¿Muestro enojo, desprecio o crueldad de cualquier índole, sea
mediante palabras o acciones? ¿Menciono a sus espaldas sus
defectos, reales o supuestos? ¿Sus deficiencias y sus
debilidades? ¿Impido a los pecadores que escuchen su
palabra?» Si haces cualquiera de estas cosas eres un fanático
hasta hoy.
4. «Examíname, oh Jehová, y pruébame; examina mis
íntimos pensamientos y mi corazón.»43 «Y ve si hay en mí
camino de perversidad (fanatismo), y guíame en el camino
eterno.»44 Para examinarnos a nosotros mismos por completo
propongamos el caso en modo extremo. ¿Qué pasaría si yo viera
a un papista, un arriano o un sociniano echando fuera demonios?
Si así fuera, yo no podría prohibirle sin hacerme convicto de
fanatismo. Más aún, si pudiera suponerse que yo viese a un
judío, un deísta, o a un turco haciendo lo mismo, y si lo
prohibiera, directa o indirectamente, no sería yo para nada mejor
que un fanático.
5. Apártate de esto. Pero no te conformes con no
prohibir a cualquiera que echa fuera demonios. Está bien llegar
tan lejos; pero no te detengas allí. Si has de evitar todo
fanatismo, sigue adelante. En toda instancia de esta índole,
cualquiera sea el instrumento, reconoce el dedo de Dios. Y no
sólo reconócelo, sino regocíjate en su obra y alaba su nombre
con acción de gracias. Alienta a quienquiera Dios se complace
en emplear, para que se entregue plenamente a su tarea. Habla
bien de él dondequiera que estés; defiende su carácter y su
misión. Ensancha tanto como puedas su esfera de acción.
Muéstrale toda bondad en palabra y acción. Y no ceses de
43 Sal. 26.2.
44 Sal. 139.24.
400 Sermón 38
clamar a Dios por su bien, de modo que pueda salvarse a sí
mismo y a quienes le oyen.45
6. Necesito agregar solamente una advertencia. No
pienses que el fanatismo de otro sea excusa alguna para el tuyo.
No es imposible que alguno que echa fuera demonios te prohíba
hacer lo mismo a ti. Puedes observar que este es el caso
mencionado en el texto. Los apóstoles prohibieron a otro hacer
lo que ellos mismos hacían. Pero ten cuidado de replicar. No es
tu papel devolver mal por mal.46 Que otros no observen las
enseñanzas de nuestro Señor no es razón para que tú las
abandones. Más bien, déjale guardarse todo el fanatismo para sí
mismo. Si él te prohíbe a ti, no le prohíbas tú a él. Más bien
trabaja, vigila y ora aún más, para confirmar tu amor hacia él. Si
habla toda clase de mal acerca de ti,47 habla toda clase de bien,
siempre que sea verdadero, acerca de él. Imita aquí aquel
glorioso dicho de un gran hombre (¡Oh, si hubiera respirado
siempre el mismo espíritu!): «Que Lutero me llame cien veces
Diablo, aun así lo he de reverenciar como a un mensajero de
Dios.»48
45 Cf. 1 Ti. 4.16.
46 Cf. 1 Ts. 5.15.
47 Cf. Mt. 5.11.
48 Juan Calvino, en carta a Bullinger (Opera, XI.586:774).
Índice
A
véase también amor hacia
otros, pobreza
Aarón: 395
cielo
Adán
camino hacia: 258, 267, 269,
en el paraíso: 353-354
274-275
véase también imagen
cheroquíes: 386
de Dios
chicasós: 386
adopción, pública
choctós: 386
“en espíritu y en verdad”: contemplación: 98-99
98-99 corazón
África: 193-194 preocupaciones de: 226-228,
alma 232-237
eterna: 243 crics (indios americanos): 386
amor Cristo
descripción de: 39-49 autoridad: 2, 6-8
ley y: 352-359
obediencia y: 96-97 D
amor hacia Dios: 57, 219
demonios
como motivo: 339,356-357
actividad en el mundo: 382-388
amor hacia otros
diablo
derivado del amor de Dios:
artimañas: 21, 83, 161-162
53
diezmos: 124, 128
ángeles
dinero
conocimiento: 353
felicidad y: 204-206
obediencia: 150
véase también avaricia;
antinomianismo: 118-120, 335-338 mayordomía; riqueza
ateísmo Dios
práctico: 61 amor de: 317-318
ayuno: 123, 127,161-186 como Padre: 143-144
misericordia: 89-90
C omnipotencia: 145
omnipresencia: 146
Calvino, Juan omnisciencia: 145
citado: 400 Trinidad: 146, 157-160
caridad voluntad de: 316-317, 371-373
obras de: 137-139 dolor, véase sufrimiento
donatismo: 280
401
402 Índice
E crics: 386
infierno: 258-263
economía, véase dinero; riquezas intención, pureza de: 188-193
ejemplo, fuerza: 264-266
entusiasmo J
naturaleza del: 363-379
escribas: 120-121, 279-280 juicio
escrúpulos: 340-343
humano: 240-247
esperanza
juramentos: 59-61
de salvación: 296
justicia
Espíritu Santo, persona y obra
divina: 129-133, 229-231
inspiración del: 372
humana: 122, 124
evangelio
y predicación: 94
L
experiencia
apelación a ella: 84-85,
laicos como predicadores y
100, 372
evangelistas: 394-398
Law, William: 208-210
F
ley
evangélica: 112-113
fariseos: 59, 121-128, 279-280
ley moral
fe
naturaleza de: 310-313
seguridad: 218
origen de: 109-110, 307-310
predicación de: 114, 330, 335
H
346-355
propiedades de: 313-319
hambre: 35-38
usos de: 319-326
hipocresía: 124, 139
ley mosaica
humildad
ceremonial: 109-110
virtud de: 14-15
decálogo: 109
Libro de Homilías: 169
I
Libro de oración común,
citado: 149, 166
Iglesia, la
literatura clásica: 203, 204, 247,
divisiones en: 388-392
312, 385-386
imagen de Dios
lujuria: 170-171, 208-209
Cristo y: 82
luz, uso figurado
indios, americanos: 386
conocimiento divino: 189-190
cheroquíes: 194, 386
fe: 190
chicasós: 386
felicidad: 191
chóctos: 194, 386
santidad: 190
Índice 403
M voluntario/involuntario: 115
perdón: 153-155
mamón: 218, 221-222 perfección: 348
mayordomía: 211-214 Perjurio: 59
medios de gracia: 373-374 persecución: 66-75
obras de misericordia: piedad
162-163 obras de: 139-142
mundo pobreza
amor al: 221 “de espíritu”: 9-19
conformidad: 221-222 voluntaria: 10
poligamia: 56
O predicación: 330-335
profetas falsos: 272-285
obediencia a Dios: 220 protestantismo
ocio, deseo de: 225 pecaminosidad: 50
oración privada providencia
y ayuno: 171-175 general y particular: 374-375
intercesoria: 252-253 pureza de corazón: 54-58
sinceridad en: 40-142
R
P
raca: 31-32
Pablo razón
ayuno: 168, 171, 174 valor de: 372
y la ley: 327-328, 331-334 Regla de oro: 254
trasfondo fariseo: 121-122, 125 Reino de Dios: 147-149
pacificación: 62-66, 86-87 religión
pacto del mundo: 36-38
obras de gracia: 335-336 descripciones: 84-108-109
Padre nuestro: 142-160 formal y externa: 95, 288-289,
padres de la iglesia: 361
citados: 220 interna: 303
paganos: religión natural: 386
moral: 15 riquezas
pan: 151-152 acumulación superflua: 193-200,
pasiones: 28-30 207-210
pecado heredades: 200
culpa y poder de: 258-259 véase también dinero;
no es lo mismo que el mayordomía
pecador: 31, 301 peligro de: 223-224
pecado original: véase pecado
404 Índice
S
sabiduría: 292-296
santidad: 92
belleza de: 81-82
fe y: 120
obstáculos hacia: 240-250
véase también imagen
de Dios
servicio de Dios: 218-220
sufrimiento
como bendición: 22-25
tentación y: 20-21
T
temor
de Dios: 216-217
motivo: 339
tentaciones
caer en: 155-156
pruebas: 295-296
Tertuliano: 165
Testimonio interno, véase
Espíritu Santo
Trinidad, véase Dios
W
Wesley, Carlos
himnos citados: 157
Las Obras de Juan Wesley-Tomo II cover.pdf 1 9/12/23 1:12 PM
Procura con todas tus fuerzas
caminar en la luz que has recibido.
Preocúpate por recibir más luz cada
día, por aumentar tu amor y
conocimiento de Dios, por recibir
más del Espíritu de Cristo, más de su
vida y del poder de su resurrección.
Y ahora utiliza todo el conocimiento,
C
el amor, la vida y el poder que ya has
M
recibido, de modo que tu fe vaya en
Y
aumento. Que puedas crecer a diario
CM
en amor y santidad, hasta el día en
MY
que la fe desaparezca ante la
CY
presencia de lo que puede verse, y la
CMY
ley del amor quede establecida para
K
siempre jamás.
Segunda edición
TOMO II
Sermones, II