Sermón 37 - La naturaleza del entusiasmo
Hechos 26:24
Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo.
1. Y lo mismo dice todo el mundo, las personas que no
conocen a Dios, de los que profesan la religión de Pablo, de
todos quienes lo siguen a él del mismo modo que él siguió a
Cristo. Es cierto que existe una clase de religión (también
llamada cristiana) que puede practicarse sin sufrir semejante
imputación, y que generalmente coincide con lo que dicta el
sentido común. Me refiero a una religión formal que consta de
una serie de normas que cumplimos regular y satisfactoria-
mente, pudiendo agregar a esto la ortodoxia, un sistema de
opiniones correctas, y cierta dosis de moralidad pagana. En tal
caso, muy pocos serán los que digan: «mucha religión te ha
vuelto loco.»1 Pero si tu objetivo es la religión del corazón, si
hablas de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo,2 entonces
no pasará mucho tiempo antes de que dictaminen: «Estás
loco.»
2. Y no es que la gente lo diga en son de halago, no.
En este caso están hablando con sinceridad. No sólo afirman,
sino que están realmente convencidos de que está loco todo
aquel que dice que el amor de Dios ha sido derramado en
nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado,3 y
que Dios le ha dado la posibilidad de alegrarse en Cristo con
1 Ver Hch. 26.24. Wesley dice «religión» en lugar de «letras».
2 Ro. 14.17.
3 Ro. 5.5.
361
362 Sermón 37
gozo inefable y glorioso.4 Si una persona verdaderamente está
viva para Dios, pero se considera muerta para todas las cosas
terrenales;5 si constantemente ve al invisible,6 y, por consi-
guiente, anda por fe, no por vista,7 entonces el mundo considera
que es un caso rematado, no queda duda alguna de que la mucha
religión lo ha vuelto loco.
3. Se advierte fácilmente que el factor que determina que
el mundo los considere locos es ese absoluto desprecio por todas
las cosas temporales, y la búsqueda constante de todo lo eterno;
la divina convicción de lo que no se ve;8 el regocijarse en el
favor de Dios; vivir en el alegre y santo amor de Dios, y el
testimonio que su Espíritu da a nuestro espíritu de que somos
hijos de Dios.9 En síntesis, se trata del espíritu y vida y poder
de la religión de Jesucristo.
4. Admiten, sin embargo, que esta misma persona actúa
y habla con cordura en otras áreas. Es razonable para otras
cosas; es sólo con respecto a este tema que su cabeza no
funciona bien. Se reconoce, por tanto, que la locura que padece
es muy particular, y como tal, se la designa con un nombre
también particular: «entusiasmo».
5. Este término se utiliza con mucha frecuencia; hay
personas que no cesan de repetirlo. A pesar de ello, aun entre
aquellos que más lo usan, son muy pocos los que comprenden
su significado. Es probable, entonces, que las personas serias,
todos aquellos que deseen entender lo que dicen o lo que
escuchan, acepten que yo procure explicar el significado de
esta palabra para poder mostrar qué es el «entusiasmo». Tal
4 1 P. 1.8.
5 Ro. 6.11.
6 He. 11.27.
7 2 Co. 5.7.
8 He. 11.1.
9 Ro. 8.16.
La naturaleza del entusiasmo 363
vez esto sirva de aliento a aquellos que son injustamente
acusados de «entusiastas», y probablemente sea de utilidad a los
que con justicia son así considerados. Al menos podrá servir
como advertencia para aquellos que corren el riesgo de llegar a
serlo.
6. En cuanto a la palabra en sí, generalmente se
considera que proviene del griego. Pero nadie aún ha podido
determinar el origen del término griego enthousiasmós. Hay
quienes se han esforzado por derivarla de en theô, «en Dios»,
porque todo entusiasmo está referido a él. Pero esta derivación
es algo forzada, ya que existe poca semejanza entre la palabra
en cuestión y las otras dos de donde supuestamente derivaría.
Otros pretenden derivarla de en thysía, «en sacrificio», porque
muchos de los entusiastas de la antigüedad se veían afectados
por violentos trances durante los sacrificios. Quizás sea una
palabra ficticia, inventada a partir de los sonidos emitidos por
las personas que experimentaban tales trances.
7. Es probable que una de las razones por las cuales esta
extraña palabra se ha conservado en tantas lenguas fue porque
no había acuerdo respecto de su significado, así como no lo
había respecto de su origen. De modo que se adoptó la palabra
griega porque, no entendiendo qué quería decir, no se la pudo
traducir a los demás idiomas. Y así ha permanecido siempre
como una palabra ambigua, incierta, cuyo significado no ha sido
determinado.
8. No debe sorprendernos, por lo tanto, que hoy en día
se le atribuyan diferentes significados, y que diferentes personas
la entiendan de diversas maneras, incompatibles unas con otras.
Algunos la toman en sentido positivo, como un impulso divino
o una sensación que supera nuestras facultades naturales y que
suspende momentáneamente, en forma total o parcial, la razón
y los sentidos. En este sentido tanto los profetas de la
antigüedad como los apóstoles eran verdaderos «entusiastas»,
364 Sermón 37
que por momentos estaban tan llenos del Espíritu, y tan
influenciados por aquel que moraba en sus corazones, que su
propio raciocinio, sus sentidos y todas sus facultades quedaban
en suspenso. Se encontraban enteramente bajo el poder de Dios
y sólo hablaban según los inspiraba el Espíritu Santo.10
9. Otros toman la palabra con indiferencia, sin
considerarla moralmente buena o mala. Así hablan del
«entusiasmo de los poetas», en particular de Homero y de
Virgilio. Un eminente escritor, ya fallecido, llegó a aseverar que
no hay quien haya descollado en su profesión, cualquiera sea
ésta, que no posea en su temperamento un fuerte tinte de
entusiasmo. Todos ellos parecen entender que el entusiasmo es
una fuerza mental poco usual; un fervor de espíritu muy
peculiar; una fuerza y vitalidad que no se encuentra en el común
de las personas, y que eleva el alma a cosas más grandes y más
altas que las que puede alcanzar la pura razón.
10. Ninguno de estos significados es el que se da más
comúnmente a la palabra «entusiasmo». La mayoría de las
personas, aunque no han llegado a un acuerdo con respecto a su
verdadero significado, al menos han acordado en que se trata de
algo negativo. Y así lo creen, sin lugar a dudas, todos aquellos
que llaman a la religión del corazón, «entusiasmo». Siguiendo
esta línea de pensamiento, en las páginas subsiguientes
consideraré el «entusiasmo» como algo negativo, una desgracia,
o bien un error.
11. En cuanto a la naturaleza del entusiasmo, no hay
duda de que se trata de un desorden mental, un desorden de tal
magnitud que impide el ejercicio de la razón. Es más, a veces la
anula por completo; no sólo empaña sino que cierra los ojos
del entendimiento.11 Bien puede ser considerada, entonces,
como un tipo de demencia, «demencia» más bien que
10 2 Pe. 1.21.
11 Ver Ef. 1.18.
La naturaleza del entusiasmo 365
«tontería», entendiendo que «tonto» es aquel que deduce
conclusiones falsas partiendo de la premisa correcta, mientras
que «demente» es aquel que saca conclusiones correctas pero
parte de premisas falsas. Y esto es lo que hace un «entusiasta».
Si sus premisas fueran ciertas, sus conclusiones también lo
serían. Pero precisamente en esto consiste su error, sus premisas
son falsas. Figurándose ser lo que no es, toma el camino
equivocado y cuanto más avanza más se aleja del camino
verdadero.
12. Todo entusiasta, entonces, es en verdad un demente.
No se trata, sin embargo, de una demencia corriente sino
religiosa. Debo aclarar que al utilizar el término «religiosa» no
quiero decir que pertenezca propiamente a una religión. Por el
contrario, la religión es el espíritu de una mente lúcida, y por lo
tanto está en abierta oposición con cualquier clase de demencia.
Me refiero a que esta demencia tiene a la religión por objeto;
que es conocedora de la religión. Es así que el entusiasta casi
siempre está hablando de religión, acerca de Dios o de las cosas
de Dios. Pero por la forma en que lo hace, cualquier cristiano
razonable percibe el desorden que hay en su mente. En general,
podemos describir el entusiasmo como una locura religiosa
originada en la falsa suposición de que se está bajo la influencia
o inspiración de Dios; o que quiere imputarle a Dios cosas que
no debemos imputarle, o esperar de Dios algo que no
deberíamos esperar de él.
13. Existen numerosas clases de entusiasmo. Procuraré
resumir en algunos párrafos las más comunes, y por la misma
razón las más peligrosas, para que nos resulte más fácil
entenderlas y evitarlas.
El primer grupo que mencionaré es el de quienes creen
poseer una gracia que en verdad no poseen. Algunos de ellos
imaginan, aunque no es así, que tienen redención mediante
366 Sermón 37
Jesucristo y aun el perdón de pecados.12 En general estas
personas son como quienes no tienen raíz en sí,13 no conocen el
arrepentimiento profundo ni la convicción plena. Por tal motivo,
si bien reciben la palabra con gozo, debido a que la tierra no
tiene profundidad, no se puede trabajar en profundidad en su
corazón. La semilla brota pronto14 y de inmediato se ve un
cambio, pero es sólo superficial. Sin embargo, este cambio,
combinado con la alegría y unido al orgullo de un corazón no
convertido que siente un excesivo amor por sí mismo,
fácilmente los convence de que ya han gustado de la buena
palabra de Dios y los poderes del siglo venidero.15
14. Esto es lo que verdaderamente ocurre con la primer
clase de entusiasmo. Es un tipo de demencia originado en el
supuesto que poseen una gracia que en realidad no poseen, de
modo que no hacen sino engañarse a sí mismos. El término
«demencia» es apropiado porque se trata de personas cuyo
razonamiento es correcto, pero como parten de premisas falsas,
producto de su propia imaginación, todos los argumentos que
construyen a partir de ellas se derrumban. El fundamento de
todas sus fantasías es que se figuran que tienen fe en Cristo. Si
así fuera, serían reyes y sacerdotes para Dios,16 y poseerían un
reino inconmovible.17 Pero como en verdad no la tienen, su
conducta está tan lejos de la verdad y la seriedad como la de un
loco que creyéndose rey, habla y se comporta como tal.
15. Existen muchos otros entusiastas de esta clase. Tal
es el caso de los fanáticos de la religión, aunque tal vez sería
más acertado decir que son fanáticos de ciertas ideas y formas
12 Col. 1.14.
13 Mr. 4.17.
14 Mt. 13. 5,17,20.
15 He. 6.5.
16 Ap. 1.6.
17 He. 12.28.
La naturaleza del entusiasmo 367
de culto a las que ellos adjudican la categoría de «religión».
También ellos se figuran ser creyentes en Jesús; es más, creen
que son los campeones de la fe que una vez fue dada a los
santos.18 En consecuencia todo su comportamiento se basa en
esa vana suposición. Si su premisa fuese válida, su conducta se
podría disculpar, pero ahora se ha puesto de manifiesto que ella
es consecuencia de una mente y un corazón desordenados.
16. Pero dentro de este grupo, los entusiastas más
numerosos son los que creen ser cristianos cuando en verdad no
lo son. Estos abundan no sólo en nuestro país, sino en todo lugar
habitable en la tierra. Es indudable y evidente que no son
cristianos si creemos lo que ha dicho el Señor: los cristianos
viven en santidad, ellos viven en iniquidad; los cristianos aman
a Dios, ellos aman al mundo; los cristianos son humildes, ellos
son orgullosos; los cristianos son amables, ellos son impulsivos;
los cristianos tienen el sentir que hubo también en Cristo
Jesús,19 ellos están muy lejos de alcanzarlo. Por lo tanto son tan
cristianos como son arcángeles. Sin embargo, creen que lo son
y pueden presentar numerosas razones para probarlo. En primer
lugar, durante toda su vida los han llamado así, y fueron
bautizados hace muchos años; han adoptado «las ideas
cristianas», comúnmente llamadas fe cristiana o católica; usan
«formas de culto cristianas», como lo hicieron sus padres antes
que ellos, y, finalmente, viven una «buena vida cristiana» al
igual que el resto de sus vecinos. ¿Quién, entonces, se atreverá
a pensar o decir que estas personas no son cristianas? Sin
embargo, no tienen un ápice de auténtica fe en Cristo o de
verdadera santidad interior. ¡Jamás han experimentado el amor
de Dios o fueron hechos partícipes del Espíritu Santo!20
18 Jud. 3.
19 Fil. 2.5.
20 He. 6.4.
368 Sermón 37
17. ¡Pobre gente! No hacen otra cosa que engañarse a sí
mismos. Ustedes no son cristianos; son entusiastas en grado
sumo. Me podrán decir: «Médico, cúrate a ti mismo».21 De
acuerdo, pero primero deben conocer qué enfermedad tienen.
Toda su vida se reduce al entusiasmo, en el sentido de que viven
imaginando que recibieron la gracia de Dios cuando no es así.
Como consecuencia de este tremendo error, continúan
equivocándose día tras día, hablando y actuando bajo una
apariencia que en verdad no les pertenece. De aquí surge esa
incoherencia tan palpable y visible que atraviesa todas sus
acciones, y que es una extraña mezcla de paganismo real y
cristianismo imaginario. Sin embargo, como tienen a la gran
mayoría de su lado, guiándose por los números siempre podrán
argumentar que son las únicas personas en su sano juicio, y que
son dementes quienes no compartan sus ideas. Pero esto no
altera la verdadera naturaleza de las cosas. Ante los ojos de Dios
y de sus ángeles, y aun ante los hijos de Dios en la tierra, ustedes
no son otra cosa que dementes, entusiastas nada más. ¿O acaso
no lo son? ¿No es acaso cierto que andan en vanidad, que son
como una sombra, una sombra de la religión verdadera, una
sombra de la felicidad verdadera? ¿No es cierto que aún se
afanan en vano,22 preocupándose por desgracias tan
imaginarias como su felicidad o su religión? ¡Creen que son
buenos, o importantes, entendidos y muy sabios! Pero, ¿hasta
cuándo? Quizás hasta el momento en que la muerte les haga
recuperar la cordura, y entonces ¡lamentarán esta locura
eternamente!
18. Un segundo grupo de entusiastas lo forman las
personas que imaginan haber recibido determinados dones de
Dios, cuando en realidad esto nunca ocurrió. Es así que
algunos imaginaron poseer el don de realizar milagros: curar a
21 Ver Lc. 4.23.
22 Sal. 39.5,6.
La naturaleza del entusiasmo 369
los enfermos por medio de la palabra, o tocándolos, devolver la
vista a los ciegos, y hasta resucitar a los muertos -de esto último
hay un ejemplo reciente en nuestra historia.23 Otros se han
dedicado a profetizar, a anticipar lo que ha de suceder, y todo
esto con mayor certeza y precisión. Pero, por lo general, un
breve tiempo basta para disuadir a estos entusiastas. Cuando los
hechos desmienten sus predicciones, la experiencia les
demuestra lo que la razón no pudo, y los vuelve a su sano
juicio.
19. A este mismo grupo pertenecen quienes imaginan
que cuando oran o predican lo hacen bajo la influencia del
Espíritu de Dios, cuando en realidad no es así. Sé perfectamen-
te que sin él nada podemos hacer,24 especialmente en nuestro
ministerio público; que toda nuestra predicación es en vano si
no somos asistidos por su poder, y que de nada sirve nuestra
oración si su Espíritu no nos ayuda en nuestras inseguridades.
También sé que si no predicamos y oramos por su Espíritu
estamos trabajando en vano, porque toda obra que se lleva a
cabo sobre la tierra, él es quien lo hace;25 el que hace todas las
cosas en todos.26 Pero esto nada tiene que ver con el caso que
estamos tratando. Si bien es cierto que existe una influencia real
del Espíritu de Dios, también existe una imaginaria, y son
muchos los que confunden una por otra. Muchas personas
creen estar bajo esa influencia cuando en verdad no lo están,
cuando están muy lejos de ello. Y muchos otros creen que
están bajo esa influencia en un grado mucho mayor del que
23 Wesley se refiere probablemente al episodio del Dr. Thomas Emes, un médico
famoso por su trabajo entre los pobres, a quien se le atribuían milagros, y quien
profetizó la fecha en que resucitaría. En esa fecha, millares de personas se juntaron
junto a su tumba a esperar su resurrección.
24 Jn. 15.5.
25 Ver Sal. 74.12-17.
26 1 Co. 12.6.
370 Sermón 37
realmente están. Temo que a este grupo pertenecen quienes
imaginan que Dios les dicta cada palabra que dicen, y que por
lo tanto es imposible que se equivoquen en cuanto a la forma o
contenido de su discurso. Bien sabido es cuántos entusiastas de
esta clase han aparecido en este siglo, algunos de los cuales han
hablado en un estilo más autoritario que el propio san Pablo o
cualquiera de los discípulos.
20. Este mismo tipo de entusiasmo, aunque en menor
grado, también está presente en los cristianos en su vida privada.
También ellos pueden imaginar que están bajo la influencia o
dirección del Espíritu, aunque no lo estén en realidad. Admito
que si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él,27 y que
siempre que pensamos, hablamos o actuamos correctamente, lo
hacemos asistidos por su bendito Espíritu. Pero cuántas
personas conocemos que le atribuyen al Espíritu, o esperan de
él, cosas para las cuales no existe el menor fundamento racional
o bíblico. Me refiero a aquellas personas que están convencidas
de que reciben o recibirán «directivas específicas» de Dios no
sólo en asuntos importantes, sino en cuestiones absolutamente
irrelevantes, en las circunstancias más triviales de la vida. Pero
sabemos que para estos casos Dios nos ha dado nuestra propia
razón para guiarnos, si bien nunca excluye la «ayuda secreta»
que nos brinda su Espíritu.
21. Se encuentran particularmente expuestos a esta
clase de entusiasmo quienes esperan que Dios les guíe, tanto en
los asuntos espirituales como en lo cotidiano, de un modo que
bien podríamos llamar extraordinario. Es decir, por medio de
visiones o sueños, experiencias impactantes o ideas que surjan
repentinamente en nuestra mente. No niego que en tiempos
pasados Dios haya manifestado su voluntad de esta manera, o
que pueda hacerlo en el presente. Es más, creo que efectiva-
27 Ro. 8.9.
La naturaleza del entusiasmo 371
mente lo hace, en ocasiones excepcionales. ¡Pero con cuánta
frecuencia las gentes se equivocan al respecto! ¡Cómo se
equivocan debido a su orgullo y a una imaginación febril! Se
equivocan hasta el punto de llegar a atribuirle a Dios ideas o
experiencias, sueños o visiones que son absolutamente indignas
de él. Todo esto no es otra cosa que puro entusiasmo; está tan
lejos de la religión como de la verdad y la sobriedad.
22. Quizás alguno pregunte: «¿No deberíamos buscar
cuál es la voluntad de Dios en todas las cosas? ¿No debería ser
su voluntad la norma que rige nuestra práctica?» Indudable-
mente así debería ser. Pero ¿cómo lleva a cabo esa búsqueda un
cristiano serio? ¿Cómo llega a descubrir cuál es la voluntad de
Dios? Ciertamente no esperará sueños sobrenaturales, ni
esperará que Dios se lo revele en visiones; tampoco estará
buscando experiencias impactantes o ideas que repentinamente
vengan a su mente. No hará ninguna de estas cosas, sino que
consultará lo que Dios ha revelado. ¡A la ley y al testimonio!28
Este es el método para llegar a conocer cuál sea la buena
voluntad de Dios, agradable y perfecta.29
23. La pregunta acerca de cómo habremos de saber
cuál es la voluntad de Dios en cada caso particular, no
encuentra respuesta en la Escritura. Esto se debe a que, sin
importar la naturaleza del caso en cuestión, la Escritura
proporciona una regla general, aplicable a todos y cada uno de
los casos en particular: la voluntad de Dios es vuestra
santificación.30 Su voluntad es que logremos la santidad
interior y exterior; que seamos buenos y hagamos toda clase
de bien, tratando de alcanzar en esto el nivel más alto a que
seamos capaces de llegar. Hasta aquí pisamos terreno firme.
28 Is. 8.20.
29 Ro. 12.2.
30 1 Ts. 4.3.
372 Sermón 37
Esto es tan claro como la luz del sol. Por tanto, para llegar a
conocer la voluntad de Dios acerca de cualquier caso particular,
sólo tenemos que aplicar esta regla general.
24. Por ejemplo, imaginemos que un hombre sensato se
encontrase ante la disyuntiva de casarse o emprender una nueva
actividad laboral. Teniendo la certeza de que: «La voluntad de
Dios para sus hijos es que alcancen la santidad y que hagan todo
el bien que les sea posible», para saber cuál es la voluntad de
Dios sólo debe preguntarse: «¿En cuál de las dos situaciones
puedo alcanzar mayor santidad y hacer el mayor bien?» Esto lo
determina en parte la razón y en parte la experiencia. Gracias a
la experiencia sabe qué ventajas le ofrece su situación actual
para ser bueno o hacer el bien. Y por medio de la razón podrá
determinar lo que seguramente, o probablemente, logrará en su
nueva situación. Comparando ambas podrá decidir cuál de ellas
es más propicia para que él dé lo mejor de sí y haga el mayor
bien posible. En la medida en que pueda responder este punto,
también podrá sentirse seguro acerca de cuál es la voluntad de
Dios.
25. Durante el tiempo que dura el proceso de
investigación, contamos con la ayuda del Espíritu. Sin duda no
es fácil decir en cuántas maneras recibimos su ayuda. Puede ser
que nos ayude a recordar cosas sucedidas, o puede ayudarnos a
ver otras con mayor claridad; puede abrir nuestra mente para
que lleguemos al convencimiento de hacer algo, y luego
afianzar esa convicción en nuestro corazón. Además de una
serie de circunstancias de este tipo que nos guían hacia lo que
es aceptable ante él, puede brindarnos una paz de alma tan
indescriptible, y hacernos sentir su amor de modo tan
extraordinario, que no nos quedará ni sombra de duda de que
ésta, precisamente ésta, es su voluntad respecto de nosotros.
26. Esta es la manera sencilla, bíblica y racional de
saber cuál es la voluntad de Dios en determinada circunstancia.
Pero si tenemos en cuenta que rara vez se sigue este camino y,
La naturaleza del entusiasmo 373
en cambio, es enorme el desborde de entusiasmo que se apodera
de quienes tratan de conocer la voluntad de Dios por métodos
no bíblicos e irracionales, sería preferible un uso mucho más
restringido de esta expresión. Utilizarla, como hacen algunas
personas, con referencia a situaciones absolutamente
intrascendentes, implica una transgresión manifiesta del tercer
mandamiento. Es una forma grosera de tomar el nombre de Dios
en vano, y pone en evidencia una gran falta de reverencia. ¿No
sería mucho mejor utilizar otras expresiones que no están
sujetas a tales objeciones? Por ejemplo, ante determinada
circunstancia, en vez de decir: «Quiero saber cuál es la voluntad
de Dios», sería preferible decir: «Quiero saber qué será más
conveniente para mi crecimiento, y cómo podré ser más útil.»
Esta manera de expresarnos es clara e inobjetable, y nos ayuda
a ver el problema desde una perspectiva bíblica, evitando el
peligro de caer en el entusiasmo.
27. Un tercer tipo de entusiasmo que también es muy
común (que tal vez coincide con el anterior), es el de quienes
creen que es posible alcanzar determinado fin prescindiendo de
los medios, gracias a una súbita intervención del poder de Dios.
Si verdaderamente fuese imposible contar con los medios
necesarios, no habría motivo para acusarlos. Dios puede, y de
hecho algunas veces lo hace, ejercer su poder de forma
inmediata. Pero quienes esperan que esto ocurra cuando tienen
a su alcance los medios necesarios y no los utilizan, son
entusiastas sin duda alguna. Tal es el caso de los que esperan
comprender las Sagradas Escrituras sin haberlas leído, sin
haber meditado acerca de su contenido. Ni siquiera recurren a
la ayuda que está a su alcance y que probablemente sería de gran
utilidad. Son las mismas personas que intencionalmente hablan
en público sin haberse preparado previamente. Aclaro que es
«intencionalmente», porque puede haber circunstancias en que
hacerlo sea inevitable. Pero todo aquel que menosprecia la
374 Sermón 37
imperiosa necesidad de estudiar y prepararse, perdiendo así la
oportunidad de hablar para provecho, es un entusiasta.
28. Tal vez alguno piense que debería mencionar una
cuarta clase de entusiasmo, a saber, el imaginar que ciertas cosas
se deben a la providencia de Dios cuando en realidad no tienen
relación con él. Pero dudo que pueda hacerlo. No conozco cosa
alguna que no se deba a la providencia de Dios; ya sea porque
él ordena que existan o porque, cuando menos, las administra,
todas las cosas están directa o indirectamente relacionadas con
él. Tal vez la única excepción sea el pecado, pero aun en los
pecados de los otros veo la providencia de Dios para
conmigo. No me refiero a su providencia general, palabra que
suena muy bien pero que no significa nada. Si en verdad existe
una providencia particular, la misma debe alcanzar a todas
las personas y a todas las cosas. Así lo entendía nuestro
Señor, quien de otro modo no podría haber dicho: «Pues aun los
cabellos de vuestra cabeza están todos contados»,31 y
también, «Ni un pajarillo cae a tierra»32 si no es «la voluntad de
vuestro Padre que está en los cielos».33 Pero si es así, si es
Dios quien gobierna universis tanquam singulis, et singulis
tanquam universis (sobre todo el universo como a cada
persona en particular, a cada persona en particular como
sobre todo el universo), ¿qué cosa (excepto nuestros propios
pecados) podemos excluir de la providencia de Dios? De modo
que no creo que esto dé motivo para acusar a alguien de
entusiasta.
29. Si se argumentara que la acusación se basa en el
siguiente hecho: «Quien le atribuye a la providencia todo lo
mencionado en el párrafo anterior, se imagina ser favorito de
Dios», respondería que han olvidado las palabras finales,
31 Lc. 12.7.
32 Mt. 10.29.
33 Mt. 18.14.
La naturaleza del entusiasmo 375
praesidet universis tanquam singulis, su providencia alcanza
por igual al universo todo y a cada persona en particular.
Deberían darse cuenta de que alguien puede creer en esto, y
atribuir a la providencia todo lo que le pasa, y no por ello
pensará que es favorito de Dios más que lo que pueda ser
cualquier otro ser humano. Por lo tanto no hay motivo para
acusarle de entusiasmo.
30. Debemos ser sumamente precavidos con respecto a
esto, cuidándonos de no caer en ninguna de sus manifestaciones,
habida cuenta de las funestas consecuencias que tantas veces ha
tenido, y que naturalmente nacen de ello. Su fruto inmediato es
el orgullo, que a su vez alimenta constantemente a la fuente que
le dio origen, y así nos aleja más y más del favor y de la vida de
Dios. El orgullo agota el manantial de la fe y el amor, de la
justicia y la verdadera santidad,34 pues todo esto viene por
gracia. Pero Dios resiste a los soberbios, y da gracia sólo a los
humildes.35
31. Junto con el orgullo irá surgiendo un espíritu sordo
a los consejos y muy difícil de persuadir, de modo que cuando
el entusiasta cae en la falta o el error hay poca esperanza de que
cambie de actitud. De poco servirá (como se ha señalado con
frecuencia) intentar razonar con alguien que cree estar bajo la
guía de lo alto, guiado directamente por la sabiduría de Dios.
Cuánto más crece su orgullo, tanto más crece su terquedad y su
incapacidad para aceptar consejos. A medida que pasa el tiempo
cada vez es más difícil razonar con él, se vuelve más indiferente
a la persuasión y se apega más y más a sus propias opiniones y
voluntad hasta que finalmente se convierte en alguien rígido e
inamovible.
34 Cf. Ef. 4.24.
35 1 P. 5.5.
376 Sermón 37
32. Así acorazado contra la gracia de Dios y contra
cualquier clase de ayuda o consejo de los demás, queda por
completo abandonado a la guía de su corazón y a la del rey de
todos los soberbios.36 No es extraño, entonces, que cada día que
pasa se afiancen y se fortalezcan su desprecio por la humanidad
y su ira incontenible, demostrando estar mal con todo el mundo
y haciendo gala de un carácter infernal. Tampoco debe
extrañarnos que esto provocara nefastas consecuencias en todas
las edades: todo tipo de maldades, obras de las tinieblas,
cometidas por quienes se llamaban a sí mismos cristianos, al
tiempo que elucubraban cosas que eran casi desconocidas entre
los paganos.
Tal es la naturaleza, tales las nefastas consecuencias de
ese monstruo de varias cabezas llamado «entusiasmo». A partir
de lo expuesto podemos extraer algunas conclusiones para
nuestra propia vida.
33. Primeramente, teniendo en cuenta que «entusiasmo»
es una palabra muy utilizada pero pocas veces comprendida,
cuídate de no hablar de aquello que no conoces, y no utilices la
palabra hasta que hayas entendido su significado. En este, como
en todos los demás temas, aprende a pensar antes de hablar.
Primer, aprende el significado de este término complejo y luego,
si fuere necesario, utilízalo.
34. Ten presente que son pocas las personas, aun entre
los que se consideran cultos y educados, y mucho menos entre
el común de la gente, que comprenden el significado de este
término oscuro y ambiguo, o tienen una idea clara de lo que
quiere decir. Por tanto, en segundo lugar, cuídate de no juzgar o
llamar a nadie «entusiasta» guiándote por lo que comúnmente
se dice de él. Esto no es razón suficiente para calificar a
ninguna persona, mucho menos cuando se trata de un término
tan duro como este. Cuánto más fuerte es la acusación que un
36 Job 41.34.
La naturaleza del entusiasmo 377
término contiene, más cuidadoso debes ser en cuanto a cómo y
cuándo lo aplicarás a otra persona. Lanzar tan grave acusación
contra una persona sin tener plena evidencia es contrario a la
justicia y a la misericordia.
35. Pero si el entusiasmo es algo tan malo, cuida que no
acabes tú enredado en él. Velad y orad, para que no entréis en
tentación.37 A los que temen y aman a Dios los acecha
constantemente. Ten cuidado que no tengas más alto concepto
de ti mismo que el que debes tener.38 No imagines haber
alcanzado una gracia de Dios que todavía no has conseguido.
Puedes tener mucho gozo, puedes tener amor en abundancia y,
sin embargo, no tener aun la fe viva. Clama a Dios para que, a
pesar de tu ceguera, no permita que te desvíes del camino.
Quiera el Señor que nunca te figures que eres creyente en
Cristo hasta que Cristo se haya revelado en ti, hasta que su
Espíritu haya dado testimonio a tu espíritu de que eres hijo de
Dios.39
36. Ten cuidado de no llegar a ser «entusiasta» en tu afán
por perseguir a la gente. No te figures que Dios te ha llamado
para destruir la vida de los demás (esto es completamente
opuesto al espíritu de quien llamas Maestro) en lugar de
salvarlas.40 Nunca se te ocurra forzar a otros a entrar en los
caminos de Dios. Piensa, y deja pensar. No obligues a nadie en
cuestiones de religión. Aun a aquellos que se encuentran más
alejados del camino, jamás los fuerces a entrar por otros medios
que no sean la razón, la verdad y el amor.
37. Cuídate de no formar parte de la masa de
entusiastas, imaginando que eres cristiano cuando en verdad no
37 Mt. 26.41.
38 Ro. 12.3.
39 Ro. 8.16.
40 Lc. 9.56.
378 Sermón 37
lo eres. No presumas adoptando ese nombre tan respetable a
menos que lo hagas en el sentido en que se usa en la Escritura,
a menos que tengas el sentir que hubo también en Cristo
Jesús,41 y que andes como él anduvo.42
38. Cuídate de no caer en la segunda clase de
entusiasmo, imaginando que tienes dones de Dios cuando en
verdad no los tienes. No confíes en visiones o sueños, en
experiencias impactantes o en impulsos súbitos de ninguna
especie. Recuerda que no es por este medio que llegarás a
descubrir cuál es la «voluntad de Dios» en una determinada
situación, sino aplicando la sencilla norma de la Escritura,
ayudado por la experiencia, la razón y la guía del Espíritu de
Dios. No hables de Dios con ligereza; no hables de «la voluntad
de Dios» refiriéndote a situaciones triviales. Procura que la
reverencia y el temor de Dios estén presentes en todo lo que
digas y hagas.
39. Por último, ten cuidado de no creer que alcanzarás
la meta sin utilizar los medios necesarios para llegar a ella. Dios
puede hacer que alcances la meta sin utilizar medio alguno, pero
tú no tienes ningún derecho de pensar que así lo hará. Por lo
tanto, utiliza con cuidado y constancia todos los medios que él
dispuso como vehículos de su gracia. Usa cada instrumento que
la razón o la Escritura recomienden para llegar (mediante el
amor de Dios en Cristo) a obtener o aumentar los dones de Dios.
Puedes, entonces, esperar un crecimiento diario en esa religión
pura y santa que el mundo siempre llamó, y llamará,
«entusiasmo», pero que para todos los que están a salvo de un
entusiasmo real (de un cristianismo puramente nominal) es la
sabiduría de Dios y el poder de Dios,43 la gloriosa imagen del
41 Fil. 2.5.
42 1 Jn. 2.6.
43 1 Co. 1.24.
La naturaleza del entusiasmo 379
Altísimo, justicia y paz, ¡una fuente de agua viva que salte para
vida eterna!44
44 Jn. 4.14.