Sermón 34 - Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley
Romanos 7:12
De manera que la ley a la verdad es santa,
y el mandamiento santo, justo y bueno.
1. Tal vez existan pocos temas, entre todos los
comprendidos por la religión, que se hayan entendido tan mal
como este. Generalmente se le dice al que lee esta epístola que
al hablar de «la ley», san Pablo se refiere a la ley judía. Así que
el lector, entendiendo que nada tiene que ver con él, lo pasa por
alto sin pensar más en ello. Otros, no satisfechos con esta
explicación, observan que la carta está dirigida a los romanos y,
por lo tanto, deducen que el apóstol, en el comienzo de esta
epístola, alude al antiguo derecho romano. Pero como este
despierta el mismo escaso interés que la ley mosaica, no se
detienen a analizar algo que suponen fue mencionado al pasar,
con el solo fin de ilustrar otro asunto.
2. Pero quien lea más detenidamente el discurso del
apóstol no quedará satisfecho con esa explicación tan simple. Y
cuanto más medite sobre estas palabras, más se convencerá de
que «la ley» mencionada en este capítulo no se refiere al
antiguo derecho romano ni a la ley mosaica. Cualquiera que
considere atentamente el tenor de su discurso verá esto
claramente. Dice el apóstol al comienzo del capítulo: «¿Acaso
ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley),
que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste
vive?»1 ¿A qué se hace referencia aquí, sólo a la ley romana o a
la ley mosaica? No, por cierto, sino a la ley moral. Para poner
1 Ro. 7.1.
305
306 Sermón 34
un ejemplo claro: Porque la mujer casada está sujeta por la ley
al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella
queda libre de la ley del marido. Así que, si en vida del
marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si
su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se
uniere a otro marido, no será adúltera.2 A partir de esta
instancia particular el apóstol saca una conclusión general: «Así
también vosotros, hermanos míos,» de la misma manera,
«habéis muerto a la ley», la ley mosaica, «mediante el cuerpo
de Cristo», ofrecido por ustedes para traer un nuevo orden:
«que seáis», sin cargar con ningún tipo de culpa, «de otro, del
que resucitó de los muertos», dando prueba de su autoridad
para transformarnos «a fin de que llevemos fruto para Dios».3
Antes no podíamos hacer esto, mas ahora podemos. Mientras
estábamos en la carne, bajo el poder de la carne, que es de
naturaleza corrupta (como no podía ser de otro modo hasta
que conocimos el poder de la resurrección de Cristo),4 las
pasiones pecaminosas que eran por la ley, y que la ley mosaica
ponía de manifiesto y en evidencia, aunque no podía dominar-
las, obraban en nuestros miembros, y se manifestaban de
diferentes maneras llevando fruto para muerte.5 Pero ahora
estamos libres de la ley, de toda esa institución moral y
religiosa, por haber muerto para aquella a la cual estábamos
sujetos. Una vez muerto el viejo orden legal, no teniendo sobre
nosotros más autoridad que la que tiene el marido muerto
sobre su esposa, entonces podemos servir a aquel que murió
por nosotros y se levantó nuevamente, bajo el régimen nuevo
del Espíritu, con una nueva espiritualidad y no bajo el régimen
2 Ro. 7.2-3.
3 Ro. 7.4.
4 Ver Fil. 3.10.
5 Ro. 7.5.
Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley 307
viejo de la letra,6que no era más que un servicio ritual para
cumplir con lo establecido por la ley mosaica.
3. Después de haber probado que el cristiano ha hecho a
un lado la ley judía, y que la propia ley moral, si bien nunca
dejaría de existir, ahora tenía un fundamento diferente del
anterior, el apóstol propone responder, y él mismo lo hace, a la
siguiente crítica: «¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado?»
Así podría pensar alguien que, malinterpretando aquellas
palabras, creyera que significaban «la invitación para pecar que
estaba en la ley». Pero el apóstol aclaró que de ninguna manera
debemos interpretarlo así. Por el contrario, la ley es enemiga
irreconciliable del pecado, y lo descubre dondequiera éste se
encuentre. Yo no conocí el pecado sino por la ley; porque
tampoco conocía la codicia, no sabía que el mal deseo fuera
pecado, si la ley no dijera: No codiciarás.7 En los cuatro
versículos siguientes desarrolla este punto, y luego lo une con
una conclusión general referida más específicamente a la ley
moral, de la cual tomó el ejemplo anterior: De manera que la
ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y
bueno.
4. Considero muy necesario explicar y reforzar estas
palabras de contenido tan profundo, con frecuencia ignoradas
porque no se llega a comprender su significado. Primero, trataré
de demostrar el origen de esta ley; luego, su naturaleza; en tercer
lugar, sus características o atributos -«santa, justa y buena»; y
por último, cuál es su finalidad.
I.1. En primer término, trataré de mostrar cuál fue el
origen de la ley moral, comúnmente llamada «la» ley por
considerar que ella es su más alta expresión. Es posible que
muchos crean que esta institución recién se creó en tiempos de
6 Ro. 7.6.
7 Ro. 7.7.
308 Sermón 34
Moisés, pero no es así. Mucho antes Noé la había presentado
ante los humanos, y Enoc antes que él. Y aun es posible
rastrear su origen más atrás, desde antes de la creación del
mundo hasta ese momento, obviamente desconocido por el
humano, pero sin duda registrado en los anales de la eternidad,
en que por primera vez alabaron todas las estrellas del alba,8
después de haber sido creadas. Fue la voluntad del gran
creador que sus primeros hijos fuesen seres inteligentes, que
pudieran llegar a conocer a quien los había creado. Y con este
fin los dotó de entendimiento, para que pudieran discernir lo
verdadero de lo falso y el bien del mal, y naturalmente, también
les dio libertad, la capacidad de elegir entre uno y otro. Les dio
asimismo la posibilidad de ofrecerle un servicio libre y
voluntario, que contiene en sí mismo la recompensa y que,
además, agrada muchísimo al bondadoso Señor.
2. Para que hicieran uso de todas las facultades con que
los había dotado, especialmente de su entendimiento y libertad,
les dio una ley, un modelo que contenía toda la verdad que un
ser finito fuera capaz de comprender, y todo el bien que una
mente angelical pudiera abarcar. También formó parte de los
designios del bondadoso Señor que esta ley fuera el camino para
que sus hijos alcanzaran mayor felicidad. Estaba previsto que
cada instancia de obediencia a la ley ayudaría a perfeccionar su
naturaleza y los haría merecedores de una recompensa más alta,
la cual el justo Juez les daría a su debido tiempo.
3. De igual modo, cuando Dios en el tiempo fijado hubo
creado un nuevo orden de seres inteligentes, cuando hubo
formado al hombre del polvo de la tierra, y soplado en su nariz
aliento de vida y hecho del hombre un ser viviente,9 lo dotó con
la capacidad de elegir entre el bien y el mal, y le dio a esta
criatura libre e inteligente la misma ley que había dado a
8 Job. 38.7.
9 Gn. 2.7.
Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley 309
sus primeros hijos. Una ley que no estaba escrita sobre tablas de
piedra u otro material corruptible, sino grabada por Dios en su
corazón, escrita en lo más íntimo del espíritu de los seres
humanos y de los ángeles, para que nunca estuviera lejos de
ellos, que no fuese difícil de comprender, sino por el contrario,
que siempre estuviera a la mano, siempre brillando resplande-
ciente como el sol en medio del cielo.
4. Tal fue el origen de la ley de Dios. Con relación al
ser humano fue creada al mismo tiempo que él, pero con
relación a los ángeles -los primeros hijos de Dios- brilló en todo
su esplendor antes que naciesen los montes y fuesen
formados la tierra y el mundo.10 Pero no transcurrió mucho
tiempo antes de que el ser humano se rebelase en contra de
Dios, y al transgredir esta gloriosa ley casi logró borrarla por
completo de su corazón. Se oscureció su entendimiento en la
medida en que su alma se separó de la vida de Dios.11 Sin
embargo, Dios no renegó de la obra de sus propias manos sino
que se reconcilió con nosotros a través de su hijo, y en cierta
medida reinscribió la ley en el corazón de sus oscuras y
pecadoras criaturas. Nuevamente, oh hombre, él te ha
declarado lo que es bueno (si bien no como al principio),
hacer justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu
Dios.12
5. Y Dios mostró esto no sólo a nuestros primeros
padres, sino también a toda su posteridad, a través de aquella
luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo
.13 Pero, a pesar de esta luz, con el transcurso del tiempo toda
10 Sal. 90.2.
11 Ef. 4.18.
12 Mi. 6.8.
13 Jn. 1.9.
310 Sermón 34
carne corrompió su camino sobre la tierra,14 hasta que él
eligió entre toda la humanidad un pueblo en particular15 y a este
pueblo dio un conocimiento más perfecto de su ley. Como les
costaba mucho comprenderla, escribió los encabezados de esta
ley en dos tablas de piedra, y encomendó a los padres que la
enseñaran a sus hijos de generación en generación.
6. Es así que la ley de Dios llega a ser conocida por
quienes no conocen a Dios; y oyen, pero sólo con sus oídos, las
cosas que se escribieron antes para nuestra enseñanza.16
Pero esto no es suficiente. Esto no alcanza para comprender
cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura17
de la ley. Esto sólo lo puede revelar Dios a través de su
Espíritu. Y así lo hace con todo aquel que cree verdaderamen-
te, a causa de la promesa hecha por su gracia a todo el Israel de
Dios: «He aquí que vienen días, dice el Señor, en los cuales
haré nuevo pacto con la casa de Israel ... este será el pacto
que haré ... Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su
corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por
pueblo».18
II.1. El segundo elemento que propuse tratar era la
naturaleza de esa ley, originalmente dada a los ángeles en el
cielo y a los seres humanos en el paraíso, la cual Dios tan
misericordiosamente ha prometido escribir nuevamente en el
corazón de todo verdadero creyente. Para ello, primero debo
señalar que si bien «ley» y «mandamiento» pueden tener
diferente significado (entendiendo que el mandamiento es una
parte de la ley), en el texto están utilizados como términos
equivalentes, significando ambos la misma cosa. Pero ninguno
14 Gn. 6.12.
15 1 P. 2.9.
16 Ro. 15.4.
17 Ef. 3.18.
18 Jer. 31.31, 33.
Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley 311
de los dos se refiere a la ley ritual judía. Cuando el apóstol dice
en los versículos citados anteriormente, «yo no conocí el
pecado sino por la ley», no se refería a la ritualidad de la ley;
esto es tan obvio que no requiere prueba alguna. Tampoco
pertenecen a dicha ritualidad las palabras que agregó a
continuación: «No codiciarás».
2. Tampoco podemos decir que la ley mencionada en el
texto sea la ley mosaica, si bien es cierto que en otros pasajes
tiene este significado. Por ejemplo, cuando el apóstol les dice a
los gálatas: «El pacto previamente ratificado (con Abraham,
padre de todos los creyentes) no queda abrogado por la ley (es
decir la ley mosaica) que vino cuatrocientos treinta años
después».19 Pero en el texto que nos concierne, no podemos
entenderlo de esta forma porque el apóstol nunca confirió tan
alto valor a un sistema legal tan oscuro e imperfecto. En ningún
momento afirma él que la ley mosaica sea espiritual, o que sea
«santa, justa y buena». Tampoco es verdad que Dios escribirá
esa ley en los corazones20 de aquellos a quienes él perdona no
acordándose nunca más de sus iniquidades.21 Está claro, pues,
que «la ley», en su expresión más alta, no es otra que la ley
moral.
3. Ahora bien, esta ley es imagen incorruptible del Alto
y Sublime que habita la eternidad.22 Es imagen de aquel cuya
esencia ninguna persona ha visto ni puede ver, hecha visible
para los seres humanos y los ángeles. Es el rostro de Dios
descubierto; es Dios manifestándose a sus criaturas de tal
manera que puedan verlo y no morir, manifestándose para dar
vida y no para destruirla, para que podamos ver a Dios y vivir.
19 Gá. 3.17.
20 Jer. 31.33.
21 He. 8.12; 10.17.
22 Is. 57.15.
312 Sermón 34
Es el corazón de Dios revelado a los humanos. En cierto
sentido, podemos aplicar a la ley lo que el apóstol dice del Hijo:
«es el resplandor de su gloria, la imagen misma de su
sustancia».23
4. Decía un pagano de la antigüedad, «Si la virtud
adoptase una forma tal que fuera posible contemplarla con
nuestros ojos, ¡qué amor tan maravilloso despertaría en
nosotros!»24 ¡Si la virtud pudiera adoptar una forma visible!
Pues ya lo ha hecho. La ley de Dios contiene todas las virtudes,
y se presenta de tal forma que todos aquellos a quienes Dios
abrió los ojos pueden contemplarla cara a cara. ¿Qué es la ley
sino la forma visible de la virtud y sabiduría divinas? ¿Qué es la
ley sino la idea original del bien y la verdad, que existía desde
la eternidad en la mente del Creador, y que ahora se manifiesta
presentándose de tal forma que aun la inteligencia humana
puede llegar a verla?
5. Si analizamos la ley de Dios desde otro punto de vista,
veremos que es la razón suprema e inmutable; la rectitud
inalterable; la cualidad eterna de todas las cosas que son o han
sido creadas. Conozco las limitaciones, y hasta imprecisiones,
de estas y de toda otra expresión humana, cuando tratamos de
describir las cosas profundas de Dios con nuestras pobres
imágenes. En realidad, no conocemos otra forma mejor de
hacerlo en esta etapa de nuestra existencia. Como ahora sólo
conocemos en parte, nos vemos obligados a profetizar, es
decir, hablar acerca de las cosas de Dios, también en parte.25
Mientras habitamos esta casa de barro,26 no podemos ordenar
las ideas a causa de las tinieblas.27 Mientras que soy niño
23 He. 1.3.
24 Cicerón, De Officiis, I.5.
25 1 Co. 13.9.
26 Job 4.19.
27 Job. 37.19.
Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley 313
tengo que hablar como niño. Pero pronto dejaré lo que era de
niño. Porque cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en
parte se acabará.28
6. Volviendo al tema que nos ocupa, la ley de Dios
(hablando a la manera de los seres humanos) es una copia de la
mente eterna; una transcripción de la naturaleza divina.
Ciertamente es el fruto más perfecto del Padre eterno, el reflejo
más brillante de su profunda sabiduría, la belleza visible del
Altísimo. Es el deleite y admiración de los querubines y
serafines, y de toda la compañía de los cielos; y en la tierra, es
gloria y gozo de todo creyente, de todo hijo de Dios bien
instruido.
III.1. Tal es la naturaleza de la ley de Dios, por siempre
bendita. En tercer lugar, voy a considerar sus atributos, si bien
no todos porque se requeriría una sabiduría superior a la de los
ángeles, sino sólo los tres que el texto menciona: «santa, justa y
buena». Primeramente, «la ley es santa».
2. Al utilizar esta expresión el apóstol no parece estar
hablando de sus efectos sino más bien de su naturaleza. El
apóstol Santiago, hablando acerca de lo mismo aunque bajo otro
nombre, dice: «La sabiduría que es de lo alto (que no es otra
cosa que esta ley, escrita en nuestro corazón) es primeramente
pura»,29 (agné) casta, sin mancha, inherente y esencialmente
santa. En consecuencia, cuando se encarna en la vida como así
también en el alma, es (como el mismo apóstol la llama)
(threskeía katharà kaì amíantos) la religión pura y sin
mácula,30 es el culto puro, limpio y sin mancha.
3. Esta ley alcanza el más alto grado de pureza,
castidad, y santidad. De otro modo no podría haber nacido de
28 1 Co. 13.10, 11.
29 Stg. 3.17.
30 Stg. 1.27.
314 Sermón 34
Dios, mucho menos ser imagen de aquel cuya esencia es la
santidad. Está libre de todo pecado, limpia e incontaminada de
cualquier contacto con el diablo. Es una virgen casta, incapaz
de corromperse o de tener relación con algo sucio o impuro. No
tiene contacto con ninguna clase de pecado, ya que ¿qué
comunión tiene la luz con las tinieblas?31 De la misma manera
que el pecado es por su propia naturaleza enemigo de Dios, así
su ley es enemiga del pecado.
4. Es por esta razón que el apóstol rechaza tan
enérgicamente esa suposición blasfema de que la ley de Dios es
pecado o es la causa del pecado. De ninguna manera,32
imposible creer que es la causa del pecado cuando en realidad
es quien lo pone al descubierto; es la ley quien aclara lo oculto
de las tinieblas33 poniéndolo en evidencia a plena luz del día.
Así, de este modo, como lo señala el apóstol en el versículo 13,
el pecado se muestra pecado. Se le quitan todos los disfraces y
se lo ve en toda su deformidad. Es igualmente cierto que el
pecado por el mandamiento se hace sobremanera pecamino-
so,34 debiendo luchar contra la luz y el conocimiento,
despojado del pretexto de la ignorancia, pierde toda excusa y
todo disfraz y se vuelve mucho más odioso para Dios y para el
humano. Y también es cierto que el pecado produjo en mí la
muerte por medio de lo que es bueno,35 de lo que es puro y
santo. Cuando se le expone a la luz se enfurece aún más;
cuando se le reprime estalla con mayor violencia. Así el
apóstol, hablando como alguien que está convencido acerca del
pecado pero no liberado de él, explica que el pecado tomando
31 2 Co. 6.14.
32 Ro. 7.7.
33 1 Co. 4.5.
34 Ibid.
35 Ibid.
Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley 315
ocasión por el mandamiento,36 el mandamiento que lo puso al
descubierto y trató de someterlo, reaccionó en contra del
sometimiento y con mucha más fuerza que antes produjo en él
toda clase de codicia,37 muchas codicias necias y dañosas,38
que el mandamiento trataba de sujetar. De este modo, cuando
vino el mandamiento, el pecado revivió,39 se irritó y enfureció
más aún. Pero esto no significa que el mandamiento sea
culpable; se puede transgredir el mandamiento pero no es
posible deshonrarlo. Esta situación simplemente prueba que el
corazón del hombre es engañoso más que todas las cosas, y
perverso.40 Pero la ley de Dios a la verdad es santa.41
5. En segundo lugar, la ley es justa. Le da a cada uno lo
que le corresponde. Enseña exactamente qué es lo correcto,
señala con precisión qué se debe hacer, decir o pensar con
respecto al Autor de la vida, con respecto a nosotros mismos y
a todas las criaturas que él creó. Se adapta perfectamente a la
naturaleza de las cosas, de todo el universo y de cada
individuo. Se ajusta a las circunstancias de cada uno de ellos, y
a toda la red de interrelaciones, tanto las que han existido desde
el comienzo como las que comenzaron en épocas posteriores.
Está hecha a la medida de todas las cosas, sean esenciales o
casuales. Jamás entra en conflicto o pierde relación con ellas en
modo alguno. Si entendiéramos que en esto radica la
arbitrariedad, entonces no hay nada arbitrario en la ley de
Dios, a pesar de que todas y cada una de sus partes dependen
36 Ro. 7.11.
37 Ro.7.8.
38 1 Ti. 6.9.
39 Ro. 7.9.
40 Jer. 17.9.
41 Ro. 7.12.
316 Sermón 34
exclusivamente de su voluntad. «Hágase tu voluntad» es la ley
suprema y universal tanto en el cielo como en la tierra.
6. «Empero, ¿es la voluntad de Dios la que da origen a
su ley? ¿Lo bueno y lo malo surgen de su voluntad? ¿Decimos
que algo es bueno porque Dios lo quiere, o él lo quiere porque
es bueno?»
Temo que estas célebres preguntas no son más que una
curiosidad carente de valor real. Y probablemente, el trato que
damos a este tema no muestre el debido respeto de una criatura
por el Creador y Gobernador de todas las cosas. ¡Es
inconcebible que el hombre pida a Dios que le rinda cuentas de
lo que hace! Sin embargo, con respeto y reverencia podemos
decir algunas cosas al respecto. ¡Que el Señor nos perdone si
hablamos equivocadamente!
7. Parece que toda la dificultad surge de considerar la
voluntad de Dios como algo diferente a Dios mismo. De otra
manera la mencionada dificultad desaparece. Nadie puede
dudar de que el origen de la ley de Dios sea otro que Dios
mismo; y la voluntad de Dios es Dios mismo. Es Dios
decidiendo en una u otra forma. Por lo tanto, decir que la ley de
Dios tiene su origen en la voluntad de Dios, o en Dios mismo,
es exactamente igual.
8. Además, si la ley, la norma inmutable con respecto al
bien y al mal, depende de la naturaleza y cualidad de las cosas,
y de las relaciones esenciales de unas con otras (no digo
relaciones «eternas» porque hablar de relaciones eternas
referidas a cosas que tienen una existencia temporal sería
prácticamente una contradicción), digo, pues, que si esto
depende de la naturaleza de las cosas y de sus interrelaciones,
entonces también debe depender de Dios o de su voluntad,
porque todas las cosas y las relaciones existentes entre ellas son
Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley 317
obra de sus manos. Para su deleite, por su voluntad todas las
cosas existen y fueron creadas.42
9. Sin embargo, podemos admitir (probablemente es lo
que argumentaría una persona sensata) que en cada caso
particular Dios quiere que se haga esto o aquello, «que los hijos
honren a sus padres», por ejemplo, porque es lo correcto, porque
responde a las características esenciales de las cosas, y a la red
de relaciones que existe entre todas ellas.
10. La ley, entonces, es recta y justa con respecto a todas
las cosas. Y es tan buena como justa. Esto se puede inferir
fácilmente teniendo en cuenta su fuente, porque ¿cuál fue su
origen sino la bondad de Dios? ¿Qué otra cosa sino su bondad
le impulsó a entregar a los ángeles esa divina copia de sí
mismo? ¿A qué otra cosa podemos atribuir ese gesto de dar a
los seres humanos una transcripción de sí mismo? ¿Y qué otra
cosa sino el más tierno amor le indujo a manifestar su voluntad
una vez más a la humanidad caída? Tanto a Adán como a
cualquiera de sus descendientes quienes al igual que él fueron
destituidos de la gloria de Dios.43 ¿No fue acaso por puro
amor que dio a conocer su ley después de que la humanidad
tuviera el entendimiento entenebrecido?44 ¿Y qué le impulsó a
enviar profetas que explicaran la ley a los ciegos y negligentes?
Fue sin duda su bondad la que levantó predicadores de la
justicia como Noé y Enoc; su bondad envió a Abraham, su
amigo, a Isaac y a Jacob a dar testimonio de su verdad. Cuando
las tinieblas cubrieron la tierra y la oscuridad cubrió las
naciones,45 fue su amor quien entregó a Moisés, y a través de
él a todo el pueblo, una ley por escrito. Fue su amor el que
42 Ap. 4.11.
43 Ro. 3.23.
44 Ver Ef. 4.18.
45 Ver Is. 60.2.
318 Sermón 34
explicó estos oráculos vivientes a través de David y de los
profetas que le sucedieron. Hasta que cuando se cumplió el
tiempo, envió a su Hijo Unigénito, no para abrogar la ley, sino
para cumplirla,46 para confirmar cada jota y cada tilde, hasta
que habiéndola escrito en el corazón de todos sus hijos y
habiendo sometido a todos sus enemigos, entregue el reino al
Padre para que Dios sea todo en todos.47
11. Y esta ley que la bondad de Dios dio en el
principio, y preservó a través de las edades, es todo amor y
bondad como la fuente de donde mana. Es suave y bondadosa.
Como dice el salmista, es dulce más que la miel, y que la que
destila del panal.48 Es convincente y agradable. Allí se incluye
todo cuanto hay de amable, todo lo que es de buen nombre; si
hay virtud alguna, si algo digno de alabanza49 delante de Dios
y de sus ángeles, está comprendido en su ley. Todos los tesoros
de la sabiduría, el conocimiento y el amor divinos están
escondidos allí.
12. Su ley es buena, tanto en sus efectos como en su
naturaleza. Como es el árbol así son los frutos. Los frutos de la
ley de Dios escrita en el corazón son justicia, paz y seguridad
para siempre.50 O mejor dicho, la ley misma es justicia que
llena el alma con una paz que sobrepasa todo entendimiento,51
y que hace que nos regocijemos siempre por el testimonio de
nuestra conciencia 52 ante Dios. En realidad no se trata de una
promesa sino más bien de las arras de nuestra herencia,53
46 Mt. 5.17.
47 1 Co. 15.24, 28.
48 Sal. 19.10.
49 Fil. 4.8.
50 Is. 32.17.
51 Fil. 4.7.
52 2 Co. 1.12; 1 P. 3.21.
53 Ef. 1.14.
Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley 319
porque somos parte de la posesión adquirida. Es Dios quien se
manifiesta en nuestra carne y nos ofrece vida eterna, y nos
asegura por medio de su amor puro y perfecto que fuimos
sellados para el día de la redención,54 que nos perdonará, como
el hombre que perdona a su hijo que le sirve,55 y que
recibiremos la corona incorruptible de gloria.56
IV.1. Sólo resta mostrar en cuarto y último lugar, los
fines de la ley. El primer fin, sin lugar a dudas, es convencer al
mundo acerca del pecado. Ciertamente este es un trabajo muy
particular del Espíritu Santo, quien puede realizarlo aunque no
cuente con medios de ninguna especie, o puede hacerlo con los
medios que le plazca, sin importar cuán insuficientes sean o
cuán inapropiados para tal fin. Así, pues, hay personas cuyos
corazones se han partido en un instante, durante un período de
enfermedad o en salud, sin causa aparente y sin la participación
de ningún agente exterior. En cambio otras, (una en mil) han
tomado conciencia de que la ira de Dios está sobre ellas57 al
escuchar que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al
mundo.58 Pero el método habitual que utiliza el Espíritu de
Dios para convencer a los pecadores es la ley. Es la ley quien,
una vez afincada en la conciencia, por lo general logra quebrar
la dureza de nuestro corazón. Este aspecto de «la palabra de
Dios» es especialmente zôn [...] kaì energés, viva y eficaz, llena
de vida y energía, y más cortante que toda espada de dos
filos.59 Esta ley, en manos de Dios y de aquellos a quienes él
envió, penetra hasta lo más profundo de un corazón engañoso,
54 Ef. 4.30.
55 Mal. 3.17.
56 1 P. 5.4.
57 Jn. 3.36.
58 2 Co. 5.19.
59 He. 4.12.
320 Sermón 34
y parte el alma y el espíritu, sí, hasta las propias coyunturas y
los tuétanos.60 De este modo el pecador se ve a sí mismo tal
como es, sin máscaras ni disfraces, un ser humano desventura-
do, miserable, pobre, ciego y desnudo.61 La ley le hace llegar
todo tipo de señales que lo convencen de su pecado y se ve a sí
mismo como un simple pecador. No tiene con qué pagar. Su
boca está cerrada y él queda bajo el juicio de Dios.62
2. La primera finalidad de la ley es, pues, matar al
pecador; destruir la vida y la fuerza en que confía, y convencerle
de que está muerto aunque continúe viviendo. No se trata sólo
de estar condenado a muerte, sino verdaderamente muerto para
Dios, carente de toda vida espiritual, muerto en sus delitos y
pecados.63 La segunda finalidad es traerlo nuevamente a la vida,
traerlo a Cristo, para que así viva. Es cierto que al cumplir con
estas funciones actúa como un maestro muy exigente que nos
conduce más por la fuerza que por el amor. Sin embargo, el
amor es la causa de todo. El espíritu del amor, a través de esta
dolorosa experiencia, quiebra nuestra confianza en la carne, nos
deja sin siquiera una caña quebrada a la que poder aferrarnos, y
así el pecador, despojado de todo, no puede menos que gritar
con toda la amargura que hay en su alma, o gemir desde lo
profundo de su corazón,
Mi súplica hago a un lado
Señor, tú moriste cuando yo era el condenado.64
3. La tercera finalidad de la ley es mantenernos vivos.
La ley es la gran herramienta que utiliza el Espíritu bendito para
ayudar al creyente a alcanzar un mayor conocimiento de la vida
de Dios.
60 Ibid.
61 Ap. 3.17.
62 Ro. 3.19.
63 Ef. 2.1.
64 Juan y Carlos Wesley, Himnos y Poemas sagrados (1739).
Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley 321
Temo que esta verdad, tan grande e importante, es poco
comprendida no sólo por el mundo sino aun por muchos a
quienes Dios ha separado del mundo, personas que son
verdaderos hijos de Dios por la fe. Muchos de ellos toman
como verdad incuestionable el hecho de que cuando nos
entregamos a Cristo, hemos acabado con la ley, y que en este
sentido, Cristo es el fin de la ley...para todo aquel que cree.65
«El fin de la ley», dice. Y en verdad lo es, para justicia, para la
justificación, de todo aquel que cree. He aquí el fin de la ley que
ya no justifica a nadie, sólo trae a las personas a Cristo, quien
es, a su vez, la meta u objetivo final de la ley, el blanco al cual
ella apunta continuamente. Pero una vez que ella nos lleva hasta
él, tiene aún otra función que cumplir: ayudarnos a permanecer
con él. Constantemente mueve a los creyentes, a medida que
comprenden cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la
altura,66 a exhortarse unos a otros a:
Aferrarnos más a Jesús,
Que su tierno abrazo nos sostenga;
Esperamos recibir su plenitud
Y su gracia responder con nuestra entrega.67
4. Admitamos, entonces, que el creyente se ha liberado
de la ley, de la ritualidad de la ley y de la totalidad de la ley
mosaica porque Cristo las ha quitado de en medio.68
Efectivamente nos hemos librado de la ley moral como un
medio para alcanzar la justificación, porque somos
justificados gratuitamente por su gracia, mediante la
redención que es en Cristo Jesús.69 Sin embargo, en otro
65 Ro. 10.4.
66 Ver Ef. 3.18.
67 Juan y Carlos Wesley, Himnos y Poemas sagrados (1742).
68 2 Ts. 2.7.
69 Ro. 3.24.
322 Sermón 34
aspecto no hemos acabado con la ley. Ella es sumamente útil,
en primer lugar, para convencernos acerca del pecado que aún
permanece en nuestro corazón y en nuestra vida. De este modo
nos ayuda a permanecer cerca de Cristo, para que su sangre
pueda limpiarnos permanentemente. En segundo lugar, nos
ayuda a transmitir la fuerza de la Cabeza a todos los miembros
vivientes para que podamos cumplir con lo que la ley ordena.
Y, por último, reafirma nuestra esperanza de aquello que ella
ordena y todavía no hayamos podido cumplir. Recibiremos
gracia sobre gracia,70 hasta alcanzar plena posesión de todas
sus promesas.
5. ¡Qué bien describe esto la experiencia de todo
verdadero creyente! De aquel que exclama: ¡Oh, cuánto amo
yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.71 Al mirarse cada
día en ese espejo divino reconoce más y más su pecado; ve
cada vez más claramente que sigue siendo pecador en todo,
que su corazón y su forma de actuar no son rectos delante de
Dios, y todo esto le impulsa a acercarse a Cristo. Esto le
enseña el significado de lo que fue escrito: Harás además una
lámina de oro fino, y grabarás en ella SANTIDAD AL
SEÑOR. Y estará sobre la frente de Aarón, y llevará Aarón las
faltas cometidas en todas las cosas santas, que los hijos de
Israel hubieren consagrado en todas sus santas ofrendas; (tan
lejos están nuestras oraciones o acciones santas de expiar lo
que resta de nuestro pecado) y sobre su frente estará
continuamente, para que obtengan gracia delante del Señor. 72
6. Expliquemos esto con un ejemplo. La ley dice: No
matarás,73 quedando así prohibido, como nos enseña nuestro
Señor, no sólo el hecho material sino toda palabra o pensa-
70 Jn. 1.16.
71 Sal. 119.97.
72 Ex. 28.36, 38.
73 Ex. 20.13; Dt. 5.17.
Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley 323
miento inicuo.74 Cuanto más analizo esta ley tan perfecta, tanto
más me doy cuenta de la distancia que me separa de ella, y
siento crecer en mí la necesidad de que su sangre limpie todo mi
pecado, que su Espíritu purifique mi corazón y me haga perfecto
y cabal, sin que me falte cosa alguna.75
7. Por lo tanto, no puedo separarme de la ley ni por un
instante, del mismo modo que no puedo separarme de Cristo.
Ahora veo que la necesito para que me ayude a permanecer
junto a él como antes la necesité para que me llevara a él. De
otro modo, este corazón malo de incredulidad inmediatamente
se apartaría del Dios vivo.76 En realidad, siento que cada uno
de ellos me lleva continuamente hacia el otro: la ley me lleva a
Cristo, y Cristo a la ley. Por una parte, la altura y la profundidad
de la ley me impulsan a volar hacia el amor de Dios en Cristo;
por otra, el amor de Dios en Cristo hace que yo ame su ley más
que el oro, más que oro muy puro.77 El Señor cumplirá su
promesa y, por su gracia, a su debido tiempo, llegaré a conocer
la ley en todas y cada una de sus partes.
8. ¿Quién eres tú, hombre, o tú, mujer, para murmurar
de la ley o juzgar la ley?78 ¿Quién eres tú para ponerla en pie de
igualdad con el pecado, Satanás, y la muerte y enviarlos todos
juntos al infierno? El apóstol Santiago consideraba que
«murmurar» o «juzgar la ley» es algo tan tremendamente malo
que la forma que encontró para agravar la culpa en que incurre
quien juzga a su hermano, fue demostrar que una cosa incluye
la otra. «Así que», dice el apóstol, «¡no eres hacedor de la ley,
74 Ver Mt. 5.21-22.
75 Stg. 1.4.
76 He. 3.12.
77 Sal. 119.127.
78 Stg. 4.11.
324 Sermón 34
sino juez!»79 Eres juez de aquello que Dios instituyó para
juzgarte a ti, de modo que ¡tú te has sentado en el lugar de
Cristo y tú dictas las normas a partir de las cuales él juzgará el
mundo! ¿Te das cuenta de qué ventaja ha ganado Satanás sobre
ti?80 De aquí en más, nunca hables o pienses con ligereza,
mucho menos ridiculices, este instrumento bendecido por la
gracia de Dios. En cambio, ámalo y aprécialo por amor a aquel
de quien proviene, y a quien nos llevará. Sea la ley tu gloria y tu
gozo, junto a la cruz de Cristo. Ríndele alabanza y honor delante
de toda persona.
9. Si estás verdaderamente convencido de que proviene
de Dios, que es copia fiel de su perfección imitable, y que es
santa, justa y buena,81 especialmente para todos los creyentes,
entonces, en vez de hacerla a un lado como algo contaminado,
asegúrate de aferrarte a ella más y más. Nunca permitas que la
ley de misericordia y verdad, de amor a Dios y al prójimo, de
humildad, mansedumbre y pureza te abandone. Átala a tu
cuello, escríbela en la tabla de tu corazón.82 Permanece unido
a la ley si deseas permanecer unido a Cristo; aférrate a ella, no
la dejes ir. Constantemente te guiará hacia la sangre redentora,
constantemente reafirmará tu esperanza, hasta que la justicia de
la ley se cumpla en nosotros,83 y seamos llenos de toda la
plenitud de Dios.84
10. Y si el Señor ya cumplió su palabra, si ya escribió
su ley en tu corazón,85 entonces sé firme en la libertad con que
79 Ibid.
80 2 Co. 2.11.
81 Ro. 7.12.
82 Pr. 3.3.
83 Ro. 8.4.
84 Ef. 3.19.
85 Ro. 2.15.
Origen, naturaleza, atributos y finalidad de la ley 325
Cristo te hizo libre.86 No sólo has sido liberado del ritual judío,
de la culpa por el pecado y del miedo al infierno (lejos de
abarcar todo lo que comprende la libertad cristiana, estos son,
en realidad, sus aspectos más bajos y menos relevantes), sino
de algo infinitamente más importante: el poder del pecado,
servir al diablo y ofender a Dios. Mantente firme en esta
libertad, tan valiosa que comparadas con ella las demás cosas ni
siquiera merecen ser mencionadas. Mantente firme amando a
Dios con todo tu corazón y sirviéndole con todas tus fuerzas.
Esta es la perfecta libertad, andar irreprensible en todos los
mandamientos y ordenanzas del Señor.87 No estéis otra vez
sujetos al yugo de esclavitud.88 No me refiero a la esclavitud de
la ley judía, ni a la esclavitud del miedo al infierno; confío en
que ustedes están lejos de ambos. Pero cuídense de no estar
sujetos nuevamente al yugo del pecado, de cualquier
transgresión, interior o exterior, de la ley. Aborrezcan el
pecado mucho más que la muerte o el infierno; aborrezcan el
pecado mucho más que el castigo que acarrea. Libérense de la
esclavitud del orgullo, del deseo, de la ira, de todo mal pen-
samiento, palabra u obra. Puestos los ojos en Jesús,89 para poder
así mirar atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y
86 Gá. 5.1.
87 Lc. 1.6.
88 Gá. 5.1.
89 He. 12.2.
326 Sermón 34
perseverar en ella,90 lograrán día a día crecer en la gracia y el
conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.91
90 Stg. 1.25.
91 2 P. 3.18.