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Sermón 32 - Sobre el sermón de nuestro Señor

en la montaña

Duodécimo discurso

Mateo 7:15-20

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros

con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas

de los espinos, o higos de los abrojos?

Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol

malo da frutos malos.

No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol

malo dar frutos buenos.

Todo árbol que da buen fruto, es cortado y echado en el

fuego.

Así que, por sus frutos los conoceréis.

1. Resulta casi imposible concebir o expresar con

palabras cuán grande es la multitud de almas que se precipitan

hacia su destrucción porque no logran convencerse de andar

por el camino angosto, aun cuando este sea el camino a la

salvación eterna. Y esto es algo que vemos a diario. Hasta tal

punto llega la insensatez y la locura de la humanidad que miles

de personas se lanzan camino al infierno sólo porque ese camino

es ancho. Andan en él porque otros lo hacen; porque muchos

perecen ellos también se sumarán a ese número ¡Es

sorprendente la influencia que tiene el mal ejemplo sobre los

débiles y miserables seres humanos! Por él se pueblan

continuamente las regiones de muerte y se hunden en la

perdición eterna infinidad de almas.

271

272 Sermón 32

2. A fin de advertir a la humanidad acerca de esto, para

proteger a cuantos sea posible de este mal contagioso, Dios

encomendó a sus atalayas que alcen su voz y anuncien al pueblo

el peligro que les acecha.1 Con este fin él ha enviado a sus

siervos, los profetas, generación tras generación, para señalar el

camino angosto y exhortar a hombres y mujeres a no

conformarse a este mundo.2 Pero, ¿qué sucederá si los mismos

atalayas caen en la trampa contra la cual deben advertir a otros?

¿Qué sucederá si los profetas profetizan mentiras,3 si hacen

errar al pueblo?4 ¿Qué ocurrirá si señalan como camino a la

vida eterna lo que en verdad es el camino a la muerte eterna? ¿Y

si exhortan a los demás a que anden, al igual que ellos, en el

camino ancho y no el angosto?

3. ¿Es esto algo nunca visto, es algo raro? No, Dios

sabe que no lo es. Los casos son innumerables. Los encontra-

mos en todo tiempo y nación. Pero aun así, ¡qué terrible! ¡Qué

terrible que los embajadores de Dios se vuelvan agentes del

demonio! ¡Los encargados de enseñar a la humanidad el

camino al cielo acaban por enseñarle el camino al infierno! Se

asemejan a las langostas de Egipto que comen lo que escapó, lo

que quedó del granizo.5 Devoran aun el resto de las

personas que habían logrado escapar, las que no habían sido

destruidas por el mal ejemplo. No es por tanto en vano que

nuestro sabio maestro nos advierte en contra de ellos tan

solemnemente: «Guardaos» dijo Jesús, «de los falsos profetas,

que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro

son lobos rapaces.»

1 Is. 58.1.

2 Ro. 12.2.

3 Is. 30.10.

4 Jer. 23.13, 32.

5 Ex. 10.5.

El sermón de la montaña, XII 273

4. Una advertencia de fundamental importancia. Para

que quede firmemente grabada en nuestros corazones,

averigüemos, en primer lugar, quiénes son estos falsos

profetas; luego, qué apariencia tienen, y por último, cómo

podemos saber lo que verdaderamente son, sin importar su

noble apariencia.

I.1. Primero debemos averiguar quiénes son estos falsos

profetas. Y es necesario que hagamos esto con la mayor

diligencia puesto que estas personas se han ocupado de torcer

las Escrituras para su propia (aunque no sólo para la suya)

destrucción.6 Para evitar toda disputa, no haré escándalo (como

acostumbran algunos) ni utilizaré exclamaciones vanas o

retóricas que puedan engañar a los corazones sencillos.

Simplemente diré verdades lisas y llanas, que nadie que se

precie de tener algo de entendimiento o modestia pueda negar.

Estas verdades están estrechamente relacionadas con el discurso

anterior, aunque muchos han querido interpretar estas palabras

sin tener en cuenta todo lo dicho anteriormente, como si ellas no

guardaran relación alguna con el sermón donde están

registradas.

2. La palabra «profeta» en este texto (como en muchos

otros de la Escritura, especialmente en el Nuevo Testamento) no

se refiere a quienes predicen lo que ha de suceder sino a quienes

hablan en nombre del Señor; quienes confiesan haber sido

enviados por Dios para enseñar a otros el camino al cielo.

«Falsos profetas» son aquellos que enseñan un camino

falso al cielo, un camino que no conduce allí, o (lo que es lo

mismo) son los que no enseñan la verdad.

3. Todo camino ancho es indefectiblemente falso. Por lo

cual, una regla segura y sencilla es: «Quienes enseñan a las

6 2 P. 3.16.

274 Sermón 32

personas a andar por el camino ancho, un camino por el que

muchos transitan, son falsos profetas.»

Una vez más, el verdadero camino al cielo es el camino

angosto. Por lo cual, otra regla segura y sencilla es: «Quienes no

enseñan a las personas a andar por el camino angosto, a ser

singulares, son falsos profetas.»

4. Para ser más específico: el único verdadero camino al

cielo es el que se señala en el sermón anterior. Por tanto, son

falsos profetas quienes no enseñan a la gente a andar por este

camino.

Ahora bien, el camino al cielo descrito en el sermón

anterior es el camino de la humildad, el llanto, la mansedumbre,

el deseo santo, el amor a Dios y al prójimo, hacer el bien y

soportar el mal por causa de Cristo. En consecuencia, son falsos

profetas quienes nos enseñan un camino al cielo diferente de

éste.

5. No importa qué nombre le den a ese otro camino.

Pueden llamarlo «fe», o «buenas obras», o «fe y obras», o

«arrepentimiento», o «arrepentimiento, fe y nueva obediencia».

Todas estas son buenas palabras. Pero si con estas, o con

cualquier otra palabra, enseñan a la gente un camino diferente

de éste, son falsos profetas sin ninguna duda.

6. ¡Cuánto más expuestos a condenación están quienes

hablan mal de este buen camino! Pero, sobre todo, los que

enseñan el camino exactamente opuesto -el camino de la

soberbia, de la liviandad, de la pasión, de los deseos mundanos,

de amar el placer más que a Dios, de falta de amor al prójimo,

de falta de interés por las buenas obras, de no sufrir persecución

ni nada malo por causa de la justicia.

7. Si alguien preguntara: «¿Quién ha enseñado esto

alguna vez?» o «¿Quién enseña que ese es el camino al cielo?»,

yo responderé: «Miles de hombres sabios y honorables; todos

aquellos que -sin importar a qué denominación pertenecen-

alientan al soberbio, al frívolo, al intempestivo, al amante del

El sermón de la montaña, XII 275

mundo y del placer, al injusto o despiadado, a la criatura

irresponsable, inofensiva pero inútil y a quien no sufre

persecución por causa de la justicia, a suponer que está en el

camino que conduce al cielo. Estos son falsos profetas en el

sentido más categórico de la palabra. Traicionan a Dios y a los

humanos. No son otra cosa que los primogénitos de Satanás, los

hijos mayores de Apolión, el exterminador.7 Son mucho peor

que un vulgar asesino porque aniquilan el alma de las

personas. Continuamente pueblan las regiones de tinieblas, y en

cuanto vayan tras las pobres almas que ellos mismos

destruyeron, el infierno abajo despertará muertos que saldrán

a recibirlos.8

II.1. Pero, ¿acaso se presentarán tal cual son? De

ninguna manera. Si así fuera perderían su capacidad de

destrucción puesto que tú estarías alerta y escaparías para salvar

tu vida. Por tal motivo, se presentan bajo una apariencia

completamente diferente. Y este es el segundo punto a

considerar: «vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por

dentro son lobos rapaces.»

2. «Vienen a vosotros vestidos de ovejas», es decir

presentando una imagen de que no causan daño a nadie. Se

acercan del modo más gentil, más inofensivo, sin la menor señal

de enemistad. ¿Quién podría imaginar que estas apacibles

criaturas llegasen a lastimar a alguien? Tal vez no sean tan

consagrados o activos para hacer el bien como uno desearía, sin

embargo, no se encuentra razón para sospechar que tengan

siquiera el deseo de hacer daño. Pero esto no es todo.

3. En segundo lugar, se presentan bajo una apariencia de

servicio. Sin duda para esto han sido llamados especialmente,

para hacer el bien. Fueron apartados con este propósito. Se

7 Ap. 9.11.

8 Is. 14.9.

276 Sermón 32

les ha encomendado especialmente la misión de velar por tu

alma, y de capacitarte para la vida eterna. Todo su trabajo se

resume en andar haciendo el bien y sanando a todos los

oprimidos por el diablo.9 Y tú te has acostumbrado a verlos de

este modo, como mensajeros de Dios enviados para traer

bendición a tu vida.

4. En tercer lugar, se presentan bajo una apariencia

religiosa. ¡Todo lo hacen a causa de su conciencia! Hacen

aparecer a Dios como mentiroso pero aseguran que lo que

hacen es fruto de su celo por Dios. Son capaces de destruir

hasta las raíces mismas de la religión y asegurar que sólo los

mueve un genuino interés. Todo lo que dicen es consecuencia

de su amor a la verdad y del temor de que ésta se vea relegada.

Es posible que también digan que es consecuencia de su

preocupación por la iglesia y su deseo de defenderla de todos

sus enemigos.

5. Sobre todo, se presentan bajo una apariencia de amor.

Se toman todas estas molestias sólo por tu bien. No deberían

preocuparse tanto, pero es que realmente se interesan por ti.

Harán largas exposiciones acerca de su buena voluntad, de su

preocupación por ti y por el peligro en que te encuentras; de su

sincero deseo de evitar que cometas equivocaciones o de que te

veas enredado en nuevas y engañosas doctrinas. Lamentarían

mucho ver que alguien con tan buenas intenciones adoptara una

posición extrema, confundido por ideas extrañas e

incomprensibles, o cegado por el entusiasmo. Por ello te

aconsejan quedarte a mitad de camino, y cuidarte de ser

demasiado justo para que no llegues a destruirte.10

III.1. Pero, ¿cómo podemos saber qué son en realidad, a

pesar de su noble apariencia? Este era el tercer punto que

debíamos analizar.

9 Hch. 10.38.

10 Ec. 7.16.

El sermón de la montaña, XII 277

Nuestro bendito Señor vio cuán necesario era que todas

las personas reconocieran a los falsos profetas aunque

estuvieran muy bien disfrazados. También vio qué difícil le

resultaba a la mayoría de las personas llegar a la verdad a partir

del análisis de una serie de hechos concatenados. Por ello nos

ofrece una regla breve y simple, fácil de entender aun para las

personas cuya inteligencia es muy limitada, y fácil de aplicar en

toda ocasión: «Por sus frutos los conoceréis.»

2. Esta regla es fácilmente aplicable en toda situación.

Para poder determinar si una persona que habla en nombre de

Dios es o no un falso profeta, debemos observar en primer

lugar qué frutos ha dado su doctrina en ellos mismos, qué

efecto ha tenido sobre sus propias vidas. ¿Son santos y sin

mancha en todas las cosas? ¿Qué influencia ha tenido esta

doctrina en su corazón? ¿Se nota por el tenor de su conversación

que tienen un carácter santo, celestial, divino, que hay en ellos

ese sentir que hubo también en Cristo Jesús?11 ¿Son mansos y

humildes, aman pacientemente a Dios y a los humanos? ¿Son

celosos de buenas obras?12

3. En segundo lugar, es fácil observar cuáles son los

frutos de su doctrina en quienes les escuchan, si no en todos al

menos en muchos de ellos, ya que los apóstoles no convirtieron

a todo el que les escuchaba. ¿Se ve en ellos el mismo sentir que

hubo también en Cristo Jesús?13 ¿Fue a causa de su predica-

ción que comenzaron a hacerlo? ¿Eran malvados interior y

exteriormente hasta que les escucharon? De ser así, esto es

prueba fehaciente de que son verdaderos profetas, maestros

enviados por Dios. Pero si no fuera así, si no fueran capaces de

enseñarse a sí mismos o a otros a amar y servir a Dios, esto es

11 Fil. 2.5.

12. Tit. 2.14.

13 Fil. 2.5.

278 Sermón 32

prueba fehaciente de que son falsos profetas, de que no son

enviados de Dios.

4. Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?14

Nuestro Señor tenía conocimiento de esto, y por eso accedió a

dar numerosas pruebas por medio de varios argumentos claros

y contundentes: «¿Acaso», preguntó Jesús, «se recogen uvas

de los espinos, o higos de los abrojos?» ¿Creen ustedes que

estos hombres inicuos podrían dar buenos frutos? ¡También

podrían creer que los espinos dan uvas, o que crecen higos en

los abrojos! «Todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol

malo da frutos malos.» Todo verdadero profeta, todo maestro

enviado por mí, da frutos de santidad. Pero un falso profeta, un

maestro que no ha sido enviado por mí, sólo puede dar frutos

de pecado y maldad. «No puede el buen árbol dar malos

frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.» Un verdadero

profeta, un maestro enviado por Dios, no produce frutos

buenos de vez en cuando sino siempre; no es algo casual, sino

una suerte de necesidad. De igual modo, un falso profeta, uno

que no ha sido enviado por Dios, no produce malos frutos en

forma accidental o esporádica, sino continua y necesariamente.

«Todo árbol que da buen fruto, es cortado y echado en el

fuego.» Ese será el destino irremediable de los profetas que no

dan buenos frutos, que no salvan las almas del pecado, que no

hacen que los pecadores se arrepientan de su pecado. «Así

que» tengamos esto por regla eterna: «Por sus frutos los

conoceréis». Aquellos que verdaderamente convierten a los

soberbios, a los apasionados e insensibles amantes del mundo

en seres humildes, sensibles, amantes de Dios y de las demás

personas, esos son los profetas verdaderos; son enviados de

Dios quien confirmará su palabra. Asimismo, aquellos cuyos

seguidores continúan siendo tan injustos como lo eran antes de

escucharlos, o tienen una justicia que no es mayor que la de

14 Jn. 6.60.

El sermón de la montaña, XII 279

los escribas y fariseos,15 esos son falsos profetas; no son

enviados de Dios y su palabra no prospera. Y a menos que

ocurra un milagro de gracia, tanto ellos como los que les

escuchan caerán en el abismo.

5. Guárdate de estos falsos profetas, que vienen

vestidos de ovejas pero por dentro son lobos rapaces. No

hacen otra cosa sino destruir y devorar la manada, y si no

hallan alguien dispuesto a ayudar, acaban despedazándola.

Ellos no te guiarán, no pueden guiarte, en el camino al cielo.

¿Cómo podrían hacerlo si ellos mismos no lo conocen? Cuídate

para que no te desvíen del camino y por su causa pierdas el

fruto de tu trabajo.16

6. Pero tal vez ustedes se pregunten: «Si son tan

peligrosos, ¿no sería mejor no escucharlos?» Esta no es una

pregunta sencilla y merece ser considerada con detenimiento.

Sólo deberíamos responder después de haberla meditado con

calma y reflexionado profundamente. Durante muchos años he

sentido cierto temor de hablar respecto de este tema,

sintiéndome incapaz de decidir si debía o no hacerlo, si debía

dar a conocer mi opinión. Vienen a mi mente muchas razones

que me impulsarían a decir: «No, no los escuchen.» Sin

embargo, nuestro Señor parece haber dicho lo contrario con

referencia a los falsos profetas de su tiempo. «Entonces habló

Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de

Moisés se sientan los escribas y los fariseos», son los maestros

con autoridad que encontramos comúnmente en las iglesias.

«Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y

hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y

no hacen.»17 Que estos eran falsos profetas en el sentido más

15 Mt. 5.20.

16 2 Jn. 8.

17 Mt. 23.1-3.

280 Sermón 32

profundo de la palabra, nuestro Señor lo demostró a lo largo de

todo su ministerio como lo hizo al pronunciar estas palabras:

«Dicen y no hacen». Por lo tanto, por sus frutos los discípulos

no podían menos que conocerlos, ya que estaban a la vista de

toda persona. Al mismo tiempo les advierte una y otra vez que

se «cuiden» de estos «falsos profetas». Sin embargo, no les

prohíbe que los escuchen. En realidad les ordena que lo hagan

cuando les dice: «Todo lo que os digan que guardéis,

guardadlo y hacedlo.» Porque a menos que los escucharan no

podrían saber, mucho menos «guardar» todo lo que ellos les

ordenaran guardar. En este pasaje nuestro Señor dio claras

instrucciones, tanto a sus apóstoles como a toda la multitud, de

que en ciertas circunstancias se debe escuchar aun a esos

profetas que son reconocidamente falsos.

7. Quizás alguien pueda decir que sólo les indicó que los

escucharan cuando leían las Escrituras a la congregación.

Debo decir que después de leer generalmente hacían una

exposición acerca de lo leído. Y no hay ningún tipo de

indicación de que debían escuchar una cosa y no la otra. La

misma expresión «Todo lo que os digan que guardéis» excluye

tal limitación.

8. Además, (y esto causa pena decirlo porque estas

cosas no deberían ocurrir) frecuentemente se confía a profetas

falsos, de probada falsedad, la administración de los

sacramentos. Por lo tanto, instruir a la gente para que no los

escuche significaría separarlos de la ordenanza de Dios. Pero

esto no nos atrevemos a hacer, porque consideramos que la

validez de la ordenanza no depende de la bondad de quien

administra, sino en la fidelidad de aquél que la instituyó y que

sale, y saldrá, a nuestro encuentro en las formas que él mismo

prescribió. Esta es la razón por la cual tengo reparos en decir

«No escuchen los falsos profetas». Aun por intermedio de estos

que están bajo maldición Dios puede bendecirnos, y de hecho

lo hace. El pan que ellos parten nosotros sabemos que es «la

El sermón de la montaña, XII 281

comunión en el cuerpo de Cristo», y la copa que Dios bendijo,

aun cuando sus labios son impuros, es para nosotros «la

comunión en la sangre de Cristo».18

9. Todo cuanto puedo decir es: en cada caso esperen en

Dios orando con fervor y humildad, y luego obren según su

más claro entendimiento. Actúen de acuerdo con lo que

ustedes crean que será más beneficioso para su vida espiritual.

Cuídense de no hacer juicios apresurados; no cataloguen

fácilmente a alguien como falso profeta. Cuando tengan

pruebas irrefutables de que esa persona verdaderamente lo es,

cuídense de no albergar sentimientos de enojo o desprecio

hacia ella. Luego, en presencia y temor de Dios, decidan

ustedes mismos. Sólo puedo decir que si por experiencia se dan

cuenta de que les hace mal escucharles, entonces no les

escuchen. Por el contrario, si escucharles no les afecta,

entonces pueden hacerlo. Solamente miren cómo oyen.19

Cuídense de ellos y de su doctrina. Escuchen con temor y

temblor para que no resulten engañados y dados a ilusión.

Como mezclan todo el tiempo verdad y mentira, es muy fácil

aceptar ambas como ciertas. Al escucharlos oren ferviente y

continuamente a aquél que es el único que puede enseñar al ser

humano sabiduría. Y preocúpense por someter todo lo que

escuchen a la ley y el testimonio.20 No acepten nada sin

ponerlo a prueba, hasta que lo hayan evaluado según los

criterios de santidad. No crean nada a menos que se encuentre

confirmado de manera clara y explícita en pasajes de las

Sagradas Escrituras. Rechacen categóricamente todo cuanto se

aparte de ellas, todo aquello que no pueda corroborarse por

medio de ellas. Muy especialmente rechacen con el mayor de

18 1 Co. 10.16.

19 Lc. 8.18.

20 Is. 8.20.

282 Sermón 32

los desprecios cualquier descripción del camino a la salvación

que muestre un camino diferente, o que no tenga el mismo

nivel de exigencia que nuestro Señor señaló en el discurso

anterior.

10. No puedo concluir sin antes dirigirme abiertamente

a aquellos de quienes hemos estado hablando: Ustedes, falsos

profetas, huesos secos, oíd palabra de Jehová.21 ¿Hasta

cuándo seguirán mintiendo en el nombre de Dios, diciendo que

Dios ha hablado siendo que Dios no habló por boca de

ustedes?22 ¿Hasta cuándo trastornarán los caminos rectos del

Señor,23 haciendo de la luz tinieblas y de las tinieblas

luz?24¿Hasta cuándo enseñarán el camino de la muerte

llamándolo camino de la vida? ¿Hasta cuándo entregarán a

Satanás las almas que dicen llevar a Dios?

11. ¡Ay de vosotros, ciegos guías de ciegos!25 Porque

cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni

entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.26 A

aquellos que se esfuerzan por entrar por la puerta estrecha,

ustedes los hacen regresar al camino ancho. A aquellos que

apenas han avanzado un paso en los caminos de Dios, ustedes

maliciosamente les advierten que no «deben ir demasiado

lejos». A aquellos que recién comienzan a sentir hambre y

sed de justicia, ustedes les advierten que no sean demasiado

justos.27 De este modo los hacen tropezar en el umbral mismo;

caen y ya no se levantan.28 ¿Por qué hacen esto? ¿Qué

21 Ez. 37.4.

22 Ez. 13.6-7.

23 Hch. 13.10.

24 Is. 5.20.

25 Mt. 23.16; 15.14.

26 Mt. 23.13.

27 Ec. 7.16.

28 Jer. 25.27.

El sermón de la montaña, XII 283

provecho hay en su muerte cuando desciendan a la sepultu-

ra?29 ¡Qué ganancia tan miserable! Ellos morirán por su

maldad, pero su sangre Dios demandará de tu mano.30

12. ¿Dónde tienen los ojos? ¿Dónde está su entendí-

miento? ¿Han engañado tanto a otros que han acabado por

engañarse a ustedes mismos? ¿Quién les encomendó que

enseñaran un camino que ustedes jamás conocieron? ¿Están

tan entregados a tan fuerte engaño que no sólo enseñan sino

también creen la mentira?31 ¿Es posible que crean que Dios los

envió, que ustedes son sus mensajeros? De ningún modo, si

Dios los hubiese enviado la voluntad del Señor prosperaría en

vuestras manos.32 Si ustedes fuesen mensajeros de Dios, él

confirmaría la palabra de sus mensajeros.33 Pero la obra del

Señor no prospera en sus manos; ustedes no hacen que los

pecadores se arrepientan. El Señor no confirma su palabra

porque ustedes no salvan a nadie de la muerte.

13. ¿Cómo pueden llegar a evadir la fuerza de la

palabra de nuestro Señor -tan completa, tan fuerte, tan

categórica? ¿Cómo pueden evitar conocerse a ustedes mismos

por sus propios frutos? Árbol malo da mal fruto, y no podría

ser de otra manera. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o

higos de los abrojos? Escuchen estas palabras que a ustedes

pertenecen: «Arboles estériles, ¿para qué inutilizan la

tierra?»34 Todo árbol bueno da buen fruto. ¿No se dan cuenta

de que no hay excepción? Sépanlo, entonces, ustedes no son

árboles buenos porque no dan buenos frutos. En cambio, un

29 Sal. 30.9.

30 Ez. 3.18; 33.8.

31 2 Ts. 2.11; cf. Sal. 81.12.

32 Is. 53.10.

33 Ez. 13.6.

34 Lc. 13.7.

284 Sermón 32

árbol malo da malos frutos, y eso es lo que han hecho ustedes

desde un principio. Todo lo que predican como si fuera palabra

de Dios, no ha hecho más que reafirmar en quienes los escuchan

las cualidades, si no las obras, del diablo. Hagan caso de la

advertencia de aquél en cuyo nombre ustedes hablan, antes de

que se cumpla la sentencia que ha pronunciado. Todo árbol que

no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

14. Amados hermanos, no endurezcáis vuestro

corazón.35 Han cerrado sus ojos a la luz durante mucho tiempo.

Ábranlos ahora, antes de que sea demasiado tarde; antes de que

sean echados a las tinieblas de afuera.36 No permitan que

ninguna preocupación temporal sea más importante para

ustedes, porque lo que está en riesgo es la vida eterna. Se han

lanzado a correr antes de haber sido enviados. No sigan

adelante. No persistan en algo que será condenación para

ustedes y para quienes les escuchan. No obtienen fruto

alguno de su trabajo. ¿Por qué? Pues porque el Señor no está

con ustedes. ¿Quién fue jamás soldado a sus propias

expensas?37 No es posible hacerlo. Humíllense delante de él.

Clamen a él desde el polvo para que pueda vivificar sus almas,

darles una fe que se manifieste en obras de amor, en humildad

y mansedumbre, en pureza y misericordia, celosa de buenas

obras;38 una fe que se goce en la tribulación, en la difamación,

en el dolor y en la persecución por causa de la justicia. Porque

así reposará sobre vosotros el glorioso Espíritu de Dios,39 y

todos verán que han sido enviados por Dios. Así que si

verdaderamente haces obra de evangelista y cumples con tu

35 Sal. 95.8; He. 3.8.

36 Mt. 8.12; 22.13.

37 1 Co. 9.7.

38 Tit. 2.14.

39 1 P. 4.14.

El sermón de la montaña, XII 285

ministerio,40 entonces la palabra de Dios será en tu boca como

martillo que quebranta la piedra.41 Todos conocerán por tus

frutos, incluso por los hijos que Dios te ha dado,42 que eres

profeta del Señor. Y habiendo enseñado la justicia a la

multitud, ¡resplandecerás ... como las estrellas a perpetua

eternidad!43

40 2 Ti. 4.5.

41 Jer. 23.29.

42 Is. 8.18.

43 Dn. 12.3.