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Sermón 31 - Sobre el sermón de nuestro Señor

en la montaña

Undécimo discurso

Mateo 7:13-14

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la

puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos

son los que entran por ella;

porque estrecha es la puerta y angosto el camino que

lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

1. Nuestro Señor nos advirtió acerca de los peligros que

nos acechan cuando nos acercamos por primera vez a la

religión, los obstáculos que surgen naturalmente de nuestro

interior, de la maldad de nuestros corazones. Pasa ahora a

advertirnos acerca de los obstáculos exteriores, fundamental-

mente el mal ejemplo y los malos consejos. Por causa de uno u

otro, miles que alguna vez estuvieron en el buen camino

volvieron a perderse. Sí, muchos que no eran nuevos en la

religión, personas que ya habían avanzado en el camino de la

justicia. Por tal motivo, nos hace llegar su advertencia con todo

fervor y lo repite una y otra vez utilizando una variedad de

expresiones, para que de ningún modo lo pasemos por alto.

Para prevenirnos efectivamente acerca del primero, dijo

«Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y

espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los

que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el

camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.»

Para protegernos en contra de lo segundo -los malos consejos-

257

C

258 Sermón 31

d C i jo: «Guardaos de los falsos profetas»1 Aquí consideraremos

sólo el primer aspecto.

2. Dijo nuestro bendito Señor, «Entrad por la puerta

estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que

lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;

porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la

vida, y pocos son los que la hallan.»

3. En primer lugar podemos advertir las características

inseparables del camino al infierno: ancha es la puerta y

espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos son los que

entran por ella. Y en segundo lugar, las características

inseparables del camino al cielo: estrecha es la puerta, y

angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la

hallan.

I.1. Observemos, en primer lugar, las características

inseparables del camino al infierno: ancha es la puerta, y

espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos son los que

entran por ella.

2. ¡Es en verdad ancha la puerta y espacioso el camino

que conducen a perdición! La puerta del infierno no es otra

cosa que el pecado, y la maldad es el camino a la perdición. ¡Y

qué puerta tan ancha la del pecado! ¡Qué amplio el camino de

la perdición! El mandamiento de Dios es amplio sobremane-

ra,2 ya que alcanza no sólo todas nuestras acciones, sino toda

palabra que pronuncian nuestros labios, y más aún, cada

pensamiento que viene a nuestra mente. Y el pecado es

igualmente amplio con respecto al mandamiento si considera-

mos que todo incumplimiento del mandamiento es pecado. En

realidad es mil veces más amplio, porque existe una sola

manera de guardar el mandamiento: sólo lo guardamos

debidamente cuando lo que hacemos, la forma en que lo

1 Mt. 7.15.

2 Sal. 119.96.

El sermón de la montaña, XI 259

hacemos y todas las circunstancias que lo rodean son correctas.

En cambio, existen mil maneras de quebrantar cada manda-

miento, así que esta es la puerta ancha sin lugar a dudas.

3. Consideremos esto más detenidamente. ¡Qué

enorme alcance tienen esos pecados originales, de los cuales

derivan todos los demás, esos designios carnales que son

enemigos de Dios,3 la soberbia, la obstinación y el amor por el

mundo! ¿Es posible fijar sus límites? ¿Acaso no se encuentran

diseminados en todos nuestros pensamientos, no forman parte

de todas nuestras actitudes? ¿No son la levadura que, en mayor

o menor medida, leuda toda la masa de nuestros afectos?

Cuando nos examinamos detenida y honestamente, ¿no

descubrimos raíces de amargura que brotan4 continuamente

contaminando y arruinando todo lo que hacemos? ¡Y cuán

innumerables sus consecuencias en todo tiempo y nación!

Suficientes para cubrir toda la tierra de lugares tenebrosos

llenos de habitaciones de violencia.5

4. ¿Alguien sería capaz de contabilizar todos los malos

frutos que ha dado, de contar todos los pecados cometidos

contra Dios o contra el prójimo (y no me refiero a pecados

imaginarios sino a los que son producto de nuestra triste

experiencia cotidiana)? No sería necesario recorrer toda la

tierra para encontrarlos. Visita un reino cualquiera, cualquier

país, ciudad o pueblo y verás ¡qué abundante cosecha! Y no es

necesario que sea una nación donde todavía reinan las tinieblas

de los mahometanos o paganos; bien puede ser una nación que

conoce el nombre de Cristo, una nación que confiesa ver la luz

del evangelio de la gloria de Cristo.6 Busca aquí mismo, en

3 Ro. 8.7.

4 He. 12.15.

5 Sal. 74.20.

6 2 Co. 4.4.

260 Sermón 31

C

este reino, en esta ciudad donde ahora vivimos. Nos llamamos

cristianos, sí, de la mejor clase: ¡somos protestantes, cristianos

reformados! Pero ¡ay! ¿Quién hará que la concepción

reformada que alcanzó nuestro pensamiento se encarne en

nuestros corazones y en nuestras vidas? ¿No sería esto

necesario? ¡Cuán numerosos son nuestros pecados! ¡Y qué

tremendos! ¿Acaso no es verdad que día a día vemos cómo

abundan a nuestro alrededor toda clase de hechos manifiesta-

mente abominables? Pecados de todo tipo cubren la tierra

como las aguas cubren el mar.7 ¿Quién puede contarlos?

Antes bien, vé y cuenta las gotas de lluvia, o las arenas a la

orilla del mar. Así de ancha es la puerta, así de espacioso es el

camino que lleva a perdición.

5. Y muchos son los que entran por esa puerta, muchos

van por ese camino -casi tantos como los que entran por la

puerta de la muerte, como los que se hunden en las cámaras de

la muerte.8 No podemos negar, tampoco podemos aceptarlo

sino con pena y vergüenza, que aun en este país que se

considera cristiano, la mayoría de las personas de todo sexo y

edad, de toda profesión y ocupación, de toda posición y

nivel, alto y bajo, ricos y pobres, están siguiendo el camino de

la perdición. La gran mayoría de los habitantes de esta ciudad

viven en pecado en el momento presente, quebrantando visible

y habitualmente la misma ley que confiesan observar.

Quebrantan la ley abiertamente; están obvia y visiblemente

alejados de la piedad y de la justicia. Es evidente cómo faltan a

su deber para con Dios y con el prójimo. Nadie puede negar,

entonces, que todas estas personas están en el camino que

conduce a perdición. Debemos agregar a este grupo aquellos

que tienen nombre de que viven,9 pero nunca han vivido para

7 Is. 11.9.; Hab. 2.14.

8 Pr. 7.27.

9 Ap. 3.1.

El sermón de la montaña, XI 261

Dios,10 aquellos que por fuera se muestran hermosos ante las

demás personas, pero por dentro están llenos de inmundicia,11

llenos de soberbia o vanidad, de enojo o venganza, de ambición

o codicia. Esta clase de personas se aman a sí mismas, aman al

mundo, y aman el placer más de lo que aman a Dios.12 Es

muy probable que el mundo les tenga en alta estima, pero para

Dios son abominación. ¡Cómo engrosarán estos santos del

mundo las filas de los hijos del infierno! También debemos

agregar a todos aquellos que, sin importar lo que sean con

respecto a otras cosas, o si tienen una cierta apariencia de

piedad,13 ignoran la justicia de Dios y procuran establecer la

suya propia como la base de su reconciliación con Dios y para

ser aceptados por él, y no se han sujetado a la justicia de Dios.14

Si consideramos todos estos elementos en su conjunto, cuán

terriblemente cierta es la afirmación de nuestro Señor «Ancha

es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y

muchos son los que entran por ella.»

6. No se refiere esto solamente al vulgo, a los pobres, a

la parte vil y necia de la humanidad, sino también a hombres

eminentes en el mundo, hombres que poseen muchos campos y

numerosas yuntas de bueyes. Por el contrario, muchos que el

mundo juzga sabios según la carne, muchos poderosos que

poseen poder, coraje, riquezas, muchos nobles15 son llamados.

Son llamados a transitar el camino ancho por el mundo, la

carne y el diablo, y no desoyen ese llamado. Sí, cuanto más alto

se elevan en poder y fortuna, más bajo se hunden en la maldad.

10 Ro. 6.11.

11 Mt. 23.27.

12 2 Ti. 3.2-4.

13 2 Ti. 3.5.

14 Ro. 10.3.

15 1 Co. 1.26.

262 Sermón 31

C

Cuantas más bendiciones reciben del Señor, más pecados

cometen. No utilizan su honor, sus riquezas, conocimientos o

sabiduría como instrumento para trabajar por su salvación, sino

para destacarse en el vicio y así asegurar su perdición.

II.1. Y la razón por la cual muchos de ellos se sienten

tan seguros en el «camino ancho» es precisamente porque es

ancho; pero no tienen en cuenta que esto es inseparable de su

carácter de perdición. Dijo el Señor: «Muchos son los que

transitan por él» precisamente por la misma razón por la cual

deberían huir de él, porque estrecha es la puerta, y angosto el

camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

2. Esta es una característica inseparable del camino al

cielo. Tan angosto es el camino que conduce a la vida, a la vida

eterna, tan estrecha la puerta, que nada sucio, nada impuro

puede entrar. Ningún pecador puede atravesar esa puerta hasta

tanto haya sido salvado de su pecado. No sólo de su pecado

exterior, de su manera de vivir, la cual recibió de sus padres.16

No alcanza con que haya dejado de hacer lo malo y aprendido

a hacer el bien.17 No sólo debe ser salvo de todo obrar

pecaminoso y de todo hablar mal y en vano, sino que debe

cambiar en su interior, renovarse completamente en el espíritu

de su mente.18 De otro modo no podrá atravesar la puerta de la

vida, no podrá entrar en la gloria.

3. Porque angosto es el camino que lleva a la vida -el

camino a la santidad universal. Es sin duda angosto el camino

hacia la pobreza de espíritu, la mansedumbre, el hambre y la

sed de justicia.19 Es angosto el camino de la misericordia, del

16 1 P. 1.18.

17 Is. 1.16,17.

18 Ef. 4.23.

19 Mt. 5.3-6.

El sermón de la montaña, XI 263

amor verdadero, de la pureza de corazón, de la pacificación, de

soportar toda clase de mal por causa de la justicia.20

4. Pocos son los que lo hallan. ¡Ay, cuán pocos

encuentran siquiera el camino de la justicia de los paganos!

¡Cuán pocos hay dispuestos a no hacer a otros lo que no

quieren que les hagan a ellos!21 ¡Cuán pocos pueden

presentarse ante Dios libres de toda injusticia o falta de amor!

¡Cuán pocos son los que no han pecado con su lengua,22 que

no han hablado iniquidad, que no han dicho mentira! ¡Qué

pequeña parte de la humanidad puede considerarse inocente de

transgresiones manifiestas! ¡Y cuánto más pequeña la

proporción de los rectos de corazón, los puros y santos delante

de Dios! ¿Dónde están los que pueden aparecer verdaderamen-

te humildes ante sus ojos, los que se aborrecen y se arrepien-

ten en polvo y ceniza23 delante de Dios su Salvador? ¿Dónde los

que son firmes y constantes en sus responsabilidades,

conscientes de sus necesidades, los que pasan en temor todo el

tiempo de su peregrinación?24 ¿Dónde están los verdadera-

mente mansos y cordiales, los que nunca se dejan vencer por el

mal, sino que vencen con el bien el mal?25 ¿Dónde los que

tienen sed de Dios y continuamente claman26 para ser

renovados según su imagen? ¡Cuán pocos seres hay sobre la

tierra con el alma rebosante de amor por toda la humanidad,

seres que amen a Dios con todas sus fuerzas, que le hayan

entregado su corazón y que fuera de él nada deseen en la

20 Mt. 5.7-8,10.

21. Mt. 7.12.

22 Eclo. 19.16.

23 Job 42.6.

24 1 P. 1.17.

25 Ro. 12.21.

26 Sal. 42.1-2.

264 Sermón 31

t C ie rra!27 ¡Cuán pocos son los que amando a Dios y a la

humanidad dedican todas sus fuerzas a hacer el bien a todos,28

y están dispuestos a sufrirlo todo, incluso la muerte, a fin de

salvar un alma de la perdición eterna!

5. Son tan pocos los que se encuentran en el camino de

la vida, y tan numerosos los que están en el camino de la

perdición, que existe un gran riesgo de que el mal ejemplo nos

arrastre con la fuerza de un torrente. Un solo ejemplo basta, si

lo tenemos siempre presente, para causar una fuerte impresión

en nosotros; particularmente si va bien con nuestra naturaleza,

si coincide con nuestras propias inclinaciones. ¡Cuánto más

fuerte ha de ser el impacto de tantísimos ejemplos, continua-

mente delante de nuestros ojos, todos ellos conspirando junto

con nuestros corazones para arrastrarnos con la corriente! ¡Qué

difícil resistir la corriente y guardarnos sin mancha del

mundo!29

6. Lo que acrecienta la dificultad es que no son las

personas torpes e ignorantes, o al menos no son sólo ellas, las

que nos dan el mal ejemplo, las que se agolpan en el camino de

la caída, sino personas amables, bien educadas, distinguidas; los

sabios, los conocedores del mundo, los entendidos en las

profundas y variadas ramas del saber, los racionales, los

elocuentes. Todos ellos, o casi todos, están en contra nuestro.

¿Cómo podremos resistir su ataque si son tan hábiles que

pueden hacernos creer que lo peor es lo mejor? ¿Acaso no

conocen el arte de la persuasión? Sí, también saben mucho de

lógica, y son versados en el arte de discutir y presentar

controversias. Es por tanto sencillo para ellos probar que el

camino ancho, precisamente por ser ancho, es el camino

correcto. Dirán que quien sigue a la mayoría no puede hacer el

27 Sal. 73.25.

28 Gá. 6.10.

29 Stg. 1.27.

El sermón de la montaña, XI 265

mal,30 sino sólo quien no la sigue; que tu camino es equivocado

porque es angosto y porque tan poca gente transita por él. Te

demostrarán que el mal es el bien y que el bien es el mal, que el

camino a la santidad es el camino a la perdición y que el camino

del mundo es el único camino al cielo.

7. ¿Cómo podrán defender su causa personas

ignorantes, que no han estudiado, frente a tales oponentes? Es

una lucha desigual y, además, no son estas las únicas personas

que deben enfrentar. Hay muchos hombres poderosos, nobles e

influyentes, también sabios, en el camino que lleva a la

perdición. Y utilizan un método más sencillo para refutar, que

no es la razón ni los argumentos. Por lo general no apelan al

entendimiento sino al temor de cualquiera que se opone a ellos,

un método que siempre resulta eficaz, aun en los casos en que

una discusión no resultaría provechosa. Porque el miedo pone a

todos al mismo nivel: toda persona puede sentir miedo, tenga o

no capacidad para razonar. Y todos aquellos que no crean

firmemente en Dios, que no tengan una absoluta confianza en

su poder y en su amor, no pueden menos que sentirse

atemorizados ante la posibilidad de ofender a quienes tienen el

poder del mundo en sus manos. No es de extrañar, entonces,

que su ejemplo se convierta en ley para quienes no conocen a

Dios.

8. También muchos ricos se encuentran en el camino

ancho. Estos apelan a la esperanza humana, y a todos los vanos

deseos con tanta fuerza y eficacia como los nobles y poderosos

apelan al miedo. Así que difícilmente puedes permanecer en el

camino del reino a menos que te consideres muerto para las

cosas terrenales, a menos que estés crucificado para el mundo

30 Ex. 23.2.

266 Sermón 31

y C que el mundo esté crucificado para ti,31 y que tu único deseo

sea Dios mismo.

9. ¡Qué oscuras, qué incómodas, qué amenazantes las

perspectivas en el camino opuesto! ¡Una puerta estrecha que

muy pocos encuentran! ¡Un camino angosto que muy pocos

transitan! Además, esos pocos no son sabios, ni estudiosos ni

elocuentes. No pueden argumentar de manera clara o

contundente; no pueden aventajar a su opositor en una

discusión. Tampoco saben cómo probar aquello en lo que

creen, o explicar siquiera las cosas que experimentan.

Ciertamente, abogados de esta clase jamás conseguirán

promover, sino más bien desacreditar, la causa que han

abrazado.

10. A esto debe agregarse el hecho de que no son

nobles ni honorables; si lo fueran, tal vez podríamos tolerar sus

tonterías. Se trata de personas que no tienen importancia ni

autoridad, que no cuentan para el mundo. Son seres inferiores,

de baja clase social, y no tienen ningún poder para hacerte daño

aun cuando quisieran hacerlo. Por lo tanto, no hay razón

alguna para tener miedo de ellos. Tampoco puedes esperar

mucho de ellos ya que la mayoría probablemente te responda:

«No tengo plata ni oro»,32 o tienen muy poco. Algunos de ellos

apenas tienen qué comer o qué vestir. En razón de esto, y

también porque no viven de la misma manera que las demás

personas, se habla mal de ellos en todas partes, los desprecian,

los difaman, padecen persecución y se los trata como la escoria

del mundo, el desecho de todos.33 Así es que tus temores, tus

esperanzas, y todos tus deseos (excepto aquellos que vienen

directamente de Dios), sí, todas tus pasiones continuamente te

impulsan a retomar el camino ancho.

31 Gá. 6.14.

32 Hch. 3.6.

33 1 Co. 4.13.

El sermón de la montaña, XI 267

III.1. Es por eso que el Señor nos exhorta con tanto

fervor: «Entrad por la puerta estrecha». O, como lo expresa

otro texto: «Esfuérzate a entrar por la puerta angosta»

(agoonízesthe eiseltheîn) lucha con todas las fuerzas de que

seas capaz. «Porque muchos» dijo el Señor, «procurarán

entrar» -intentarán pero sin esforzarse- «y no podrán».34

2. Es cierto que las palabras que siguen parecen sugerir

que existe otra razón para que «no puedan entrar». Después de

haber dicho: «Les digo que muchos procurarán entrar, y no

podrán», agregó «Después que el padre de familia se haya

levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empiecen a

llamar a la puerta, (árxeesthe éxoo estánai, lo cual quiere decir

«estén a la puerta», pues (árxeesthe solamente está ahí para

darle fuerza y elegancia a la frase) diciendo: Señor, Señor,

ábrenos, él respondiendo les dirá: No sé de dónde sois.

Apártense de mí todos ustedes, hacedores de maldad.»35

3. Podría parecer a primera vista que su demora para

buscar, más que la forma en que lo hicieron, fue la razón por la

cual no pudieron entrar. Pero en realidad, da igual. Por eso se

les ordena alejarse, porque habían sido hacedores de maldad,

porque habían transitado el camino ancho. Dicho de otra forma,

porque no habían luchado hasta la agonía para entrar por la

puerta estrecha. Probablemente habían buscado antes de que

cerraran la puerta, pero eso no era suficiente. Y sí se esforzaron

después de que la cerraron, pero ya era muy tarde.

4. Por lo tanto, tú «esfuérzate» ahora, en este tu día, «a

entrar por la puerta angosta». Y para lograrlo, grábalo en tu

corazón y ten siempre presente, como primordial pensamiento,

que si estás en el camino ancho, estás en el camino que

conduce a perdición. Si los que van contigo son muchos, tan

34 Lc. 13.24.

35 Lc. 13.24-27.

268 Sermón 31

C

cierto como que Dios es verdad, tú y ellos, todos, van camino al

infierno. Si estás caminando como camina la mayoría de las

personas, estás caminando hacia el abismo más profundo.

¿Viajan contigo muchos sabios, muchos ricos, muchos nobles y

poderosos?36 Esta es la señal, no necesitas ninguna otra, de

que no lleva a la vida. Antes de entrar en detalles, he aquí una

regla breve, simple e infalible: en cualquier cosa que te

propongas hacer, si no eres diferente serás condenado. El

camino al infierno no tiene nada especial, pero el camino al cielo

es algo muy diferente. Si te acercas tan solo un paso hacia Dios

ya no eres como las demás personas. Pero no te preocupes por

esto, pues es preferible quedar solo que caer al abismo. Corre

con paciencia la carrera que tienes por delante,37 aunque tus

compañeros sean pocos. No siempre ha de ser así. Dentro de

poco estarás en la compañía de muchos millares de ángeles, de

la congregación de los primogénitos, de los espíritus de los

justos hechos perfectos.38

5. Ahora entonces, «esfuérzate por entrar en la puerta

angosta», profundamente convencido acerca del inmenso

peligro en que se encuentra tu alma si estás en el camino ancho,

si no tienes pobreza de espíritu y no vives esa religión interior

que la multitud, los ricos, los sabios tienen por locura.

«Esfuérzate por entrar», sintiéndote atravesado por el dolor y la

vergüenza de haber corrido durante tanto tiempo con esa

multitud irresponsable, ignorando por completo, acaso

despreciando, la santidad sin la cual nadie verá al Señor.39

Esfuérzate hasta la agonía con un temor santo, no sea que

permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo,40 aun

36 1 Co. 1.26.

37 He. 12.1.

38 He. 12.22-23.

39 He. 12.14.

40 He. 4.1.

El sermón de la montaña, XI 269

ese reposo que queda para el pueblo de Dios,41 tú no puedas

alcanzarlo.42 Esfuérzate con todo fervor, con gemidos

indecibles.43 Esfuérzate orando sin cesar,44 en todo tiempo, en

todo lugar eleva tu corazón a Dios, y no le dejes descansar hasta

que estés satisfecho cuando despiertes a su semejanza.45

6. En conclusión: «Esfuérzate por entrar por la puerta

estrecha», no sólo por medio de esta agonía del alma, con

convicción, pena, vergüenza, deseo, temor, orando sin cesar,

sino también ordenando tu camino,46 esforzándote por andar en

los caminos del Señor, el camino de la inocencia, la piedad y la

misericordia. Abstente de toda especie de mal,47 haz bien a

todos,48 niégate a ti mismo, deja de lado tu voluntad en todo, y

toma tu cruz cada día.49 Debes estar preparado para cortar tu

mano derecha, sacar tu ojo derecho y echarlos de ti;50 para

perder todos tus bienes, amigos, salud, todas las cosas que hay

en la tierra, y así podrás entrar en el reino de los cielos.

41 He. 4.9.

42 He. 4.1.

43 Ro. 8.26.

44 1 Ts. 5.17.

45 Sal. 17.15.

46 Sal. 50.23.

47 1 Ts. 5.22.

48 Gá. 6.10.

49 Lc. 9.23.

50 Mt. 5.29; 18.9.