Sermón 29 - Sobre el sermón de nuestro Señor
en la montaña
Noveno discurso
Mateo 6:24-34
Ninguno puede servir a dos señores; porque o
aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y
menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las
riquezas.
Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué
habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo,
qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el
cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni
recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta.
¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane
añadir a su estatura un codo?
Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los
lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;
pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se
vistió así como uno de ellos.
Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa
en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros,
hombres de poca fe?
No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué
beberemos, o qué vestiremos?
Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero
vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas
cosas.
215
216 Sermón 29
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia,
y todas estas cosas os serán añadidas.
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el
día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio
mal.
1. Sabemos que las naciones a las cuales el rey de
Asiria, luego de haber llevado cautivo a Israel, estableció en
ciudades de Samaria temían a Jehová, y honraban a sus
dioses.1 Estas naciones temieron a Jehová, dice el escritor
inspirado, le rindieron culto exterior (lo cual prueba que tenían
temor de Dios, aunque no conforme a ciencia)2 y al mismo
tiempo sirvieron a sus ídolos; y también sus hijos y sus nietos,
según como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.
¡Cuánto se asemeja la práctica de la mayoría de los
cristianos modernos a la de estos antiguos paganos! Temen al
Señor: le rinden culto exterior, y de este modo muestran que
tienen temor de Dios; pero asimismo honran sus propios
dioses. Hay quienes les enseñan (de la misma manera que había
quienes les enseñaban a los asirios) la ley del Dios del país;3 el
Dios que da nombre al país hasta el día de hoy, y que en un
tiempo había sido adorado en santidad en ese mismo lugar. Sin
embargo, no le sirven sólo a él, no le temen lo suficiente sino
que cada nación se hizo sus dioses, cada nación en su ciudad
donde habitaba.4 Estas naciones temían a Jehová, no se habían
apartado del culto exterior, mas al mismo tiempo servían a sus
ídolos, la plata y el oro, fabricados por mano humana. El
dinero, el placer y el halago, los dioses de este mundo,
comparten, y más que comparten, su culto con el Dios de
1 2 R. 17.33, 41.
2 Ro. 10.2.
3 2 R. 17.27.
4 2 R. 17.29.
El sermón de la montaña IX 217
Israel. Esta ha sido la norma para sus hijos y sus nietos, según
como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.
2. Si bien hablando con ligereza, a la manera de los
humanos, se decía que esos pobres paganos «temían a Jehová»,
vemos que el Espíritu Santo inmediatamente añade, hablando
según la verdad y la real naturaleza de las cosas: «ni temen a
Jehová, ni guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen
según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los
hijos de Jacob; con los cuales Jehová había hecho pacto, y les
mandó diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis ...
mas temed a Jehová vuestro Dios, y él os librará de mano de
todos vuestros enemigos».5
Según el infalible Espíritu de Dios, y según todos
aquellos a quienes él haya abierto los ojos del entendimiento6
para discernir las cosas de Dios, el mismo juicio les correspon-
de a estos pobres cristianos, como comúnmente se los llama. Si
hablamos de acuerdo con la verdad y la real naturaleza de las
cosas, ni temen a Jehová, ni lo sirven. No guardan el pacto que
el Señor había hecho con ellos, ni guardan la ley y los
mandamientos que él prescribió diciendo: «Al Señor tu Dios
adorarás, y a él sólo servirás».7 Sirven dioses ajenos8 hasta el
día de hoy. Y ninguno puede servir a dos señores.9
3. ¡Cuán inútil es para cualquier persona ese propósito,
intentar servir a dos señores! ¿Acaso no es fácil prever cuál será
la consecuencia inevitable de semejante intento? «Porque o
aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y
5 2 R. 17.34,35,39.
6 Ef. 1.18.
7 Lc. 4.8.
8 Dt. 7.4.
9 Mt. 6.24.
218 Sermón 29
menospreciará al otro».10 Las dos partes de esta oración,
aunque son proposiciones diferentes, deben entenderse en
conexión una con la otra ya que la última es consecuencia de la
primera. Naturalmente la persona se entregará a aquél a quien
ama. Se aferrará a él y lo servirá de corazón, con lealtad y
diligencia. Y al mismo tiempo llegará a despreciar al señor que
aborrece de tal suerte que tendrá en poca estima sus
mandamientos, y aun cuando llegara a obedecerlos, lo hará con
ligereza y descuido. Por tanto, sin importar lo que puedan
creer los sabios de este mundo, no podéis servir a Dios y a
mamón.11
4. Mamón era el nombre de uno de los dioses paganos
cuyo dominio eran las riquezas. En este contexto debemos
entenderlo como la riqueza en sí, oro y plata, o como dinero en
general, que en sentido figurado incluye todo lo que el dinero
puede comprar: comodidad, honor y placer sensual.
Pero ¿qué debemos entender por servir a Dios y qué por
servir a mamón?
No podemos servir a Dios si no creemos en él. Este es
el único y verdadero fundamento de nuestra adoración. Por lo
tanto, creer que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al
mundo,12 creer en él como un Dios de amor y perdón, es el
primer gran paso para adorarle.
Y así creer en Dios significa confiar que él es nuestra
fortaleza, que separados de él nada podemos hacer.13 El es
quien a cada instante nos concede el poder de lo alto sin el cual
nos resultaría imposible complacerle. El es nuestro auxilio,
10 Ibid.
11 Mt. 6.24; Lc. 16.13. Aunque se ha dicho que «Mamón» era el nombre de un dios
sirio, el hecho es que se trata de una palabra de origen arameo que sencillamente quiere
decir «riquezas». Por ello, aunque hemos conservado el término «mamón», que
Wesley emplea, la RVR y otras versiones recientes dicen «riquezas».
12 2 Co. 5.19.
13 Jn. 15.5.
El sermón de la montaña IX 219
nuestro único auxilio en tiempo de tribulación; nos rodea con
cánticos de liberación.14 El es nuestro escudo, nuestro
defensor. El levantará nuestra cabeza sobre los enemigos que
nos rodean.15
Creer en Dios significa confiar en él como nuestra
alegría; como el centro de todo espíritu, el único descanso para
nuestras almas, el único bien para todas nuestras capacidades,
quien puede satisfacer todos los deseos que él mismo ha puesto
en nosotros.
Significa (en estrecha relación con lo anterior) confiar
en Dios como nuestro fin; dirigir nuestra mirada a él en todas
las cosas; utilizar todas las cosas sólo para deleitarlo;
dondequiera estemos, hagamos lo que hagamos, sentir su
presencia invisible mirándonos complacido, y presentarle todo
a él en Cristo Jesús.
5. De modo que lo primero que debemos entender como
parte de nuestro servicio a Dios es creer en él. Lo segundo es
amarlo.
Ahora bien, amar a Dios según lo describen las
escrituras, según Dios mismo lo exige de nosotros (y al exigirlo
él mismo se compromete a trabajar en nosotros), significa
amarlo como único Dios, es decir con todo tu corazón, y con
toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.16 Es
dirigir todo nuestro deseo hacia él, y no desear nada fuera de él;
deleitarnos en el Señor; no sólo buscar sino encontrar la
felicidad en él; gozarnos en él como en el señalado entre diez
mil;17 descansar en él como nuestro Dios y nuestro universo;
en una palabra, poseer de tal manera a Dios que nuestra felicidad
sea por siempre.
14 Sal. 32.7.
15. Sal. 27.6.
16 Mr. 12.30.
17 Cnt. 5.10.
220 Sermón 29
6. El tercer elemento que debemos entender por «servir
a Dios» es imitarlo o parecernos a él.
Así lo expresó uno de los Padres de la antigüedad:
Optimus Dei Cultus, imitari quem colis -«La mejor forma de
adorar o servir a Dios, lo adoramos para imitarlo».
Nos referimos aquí a imitarlo o parecernos a él en el
espíritu de nuestra mente.18 Aquí comienza la verdadera
imitación de Dios del cristiano. Dios es espíritu, y los que lo
imitan o se asemejan a él deben hacerlo en espíritu y en
verdad.19
Dios es amor, por consiguiente, quienes se asemejen a
él en el espíritu de sus mentes son transformados conforme a su
imagen, son misericordiosos como también él es misericordio-
so.20 Su alma es toda amor. Son bondadosos, benevolentes,
compasivos, afectuosos; y no sólo con aquellos que son buenos
y cordiales, sino también con los adversarios. Sí, al igual que él
buenos para con todos,21 y su misericordia se extiende a todas
sus obras.
7. Hay algo más que debemos entender como parte de
nuestro «servir a Dios»: obedecerle, glorificarlo con nuestro
cuerpo y con nuestro espíritu;22 guardar sus mandamientos;
cumplir celosamente con lo que él nos ordenó; cuidadosamente
apartarnos de todo aquello que él prohibió; hacerlo todo con
corazón puro y sin segundas intenciones -ofrendando todos
nuestros actos como muestra de amor, en santidad y fervor,
como sacrificio a Dios en Cristo Jesús.
8. Ahora detengámonos a analizar qué debemos
entender por «servir a mamón». En primer lugar, significa
confiar en las riquezas, en el dinero, o en las cosas que él nos
18 Ef. 4.23.
19 Jn. 4.24.
20 Lc. 6.36.
21 Sal. 145.9.
22 1 Co. 6.20.
El sermón de la montaña IX 221
permite comprar, como nuestra fortaleza, como el medio a
través del cual realizaremos cualquier tarea que tengamos entre
manos; confiar en que él es nuestro auxilio, nuestro consuelo o
quien nos libera del peligro.
Significa confiar en la felicidad que ofrece el mundo;
suponer que la vida del hombre (el consuelo para su vida)
consiste en la abundancia de los bienes que posee;23 buscar el
descanso en las cosas que se ven; el contentamiento en la
abundancia visible; esperar que las cosas del mundo nos brinden
esa satisfacción que sólo puede encontrarse en Dios.
Y si hacemos esto no haremos mas que transformar al
mundo en nuestro fin; nuestro fin último, si no de todos al
menos de muchos de nuestros emprendimientos, de muchas de
nuestras acciones y planes -en los cuales sólo buscaremos
aumentar nuestra riqueza, obtener placer o halagos, obtener una
mayor cantidad de bienes temporales, sin tener en cuenta los
bienes eternos.
9. «Servir a mamón» significa, en segundo lugar, amar
el mundo; dirigir nuestros deseos a él; gozarnos en las cosas que
él ofrece y tener nuestro corazón puesto en ellas. Buscar (lo que
ciertamente será imposible) nuestra felicidad allí; confiar con
toda nuestra alma en ese báculo de caña frágil, aunque la
experiencia cotidiana nos enseña que no podrá sostenernos sino
que entrará por nuestra mano y la atravesará.24
10. Parecerse, conformarse al mundo, es la tercera cosa
que debemos entender por «servir a mamón». No sólo que
nuestros designios se acomoden a los del mundo, sino también
nuestros deseos, inclinaciones y afectos; tener una mentalidad
mundana, buscar sólo el placer, estar encadenado a las cosas
terrenas. Significa ser obstinados, sentir un exagerado amor por
23 Lc. 12.15.
24 Is. 36.6.
222 Sermón 29
nosotros mismos, tener en alta estima nuestros propios logros;
anhelar y deleitarnos en el halago de las demás personas; temer,
huir y odiar la crítica; mostrarnos impacientes frente a la
amonestación; sensibles ante cualquier provocación, prontos a
devolver mal por mal.
11. Por último, «servir a mamón» es obedecer al
mundo, siguiendo sus preceptos y costumbres; andar como el
resto de las personas, seguir su mismo sendero, transitar el
camino ancho, fácil, por todos bien conocido. Significa estar
a la moda, seguir a la multitud; hacer lo que hacen las demás
personas a nuestro alrededor, es decir, obrar según la voluntad
de la carne y de la mente, satisfacer nuestros apetitos e
inclinaciones- sacrificarlo todo a nosotros mismos, tener una
única meta: nuestro propio placer y comodidad en todas
nuestras palabras y acciones.
Ahora bien, ¿es posible encontrar algo más indiscuti-
blemente cierto que el hecho de que «no podemos servir a Dios
y a mamón»?
12. ¿Acaso existe alguien incapaz de ver que no se
puede servir a ambos? ¿Que tratar de complacer a Dios y al
mundo sólo nos conduce a la decepción, y a no encontrar paz
ni en uno ni en otro? ¡Qué difícil situación la de quien conoce el
temor de Dios pero no su amor, y sirviéndole, mas no de todo
corazón, sólo soporta las cargas pero no conoce el gozo de la
religión! Lo que conoce acerca de la religión le alcanza para
sentirse desdichado, mas no le alcanza para sentirse feliz. Su
religión no le permitirá disfrutar del mundo, y el mundo no le
permitirá disfrutar de Dios. Y así, dudando entre ambos pierde
a ambos, y no encuentra paz ni en Dios ni en el mundo.
13. ¿Acaso existe alguien incapaz de ver que no se
puede servir a ambos y ser coherente con uno mismo?
El sermón de la montaña IX 223
¡Contradicción más flagrante es imposible imaginar! Compor-
tarse todo el tiempo como si tratara de servir a ambos señores,
esforzándose por «servir a Dios y a mamón». Quien así vive es
sin duda un pecador que va por senda doble25- un paso hacia
adelante y otro hacia atrás. No hace más que destruir con una
mano lo que construyó con la otra. Ama el pecado, y odia el
pecado; permanentemente busca a Dios y permanentemente
huye de él. Quiere y no quiere. No es la misma persona ni por
un día, no, ni siquiera por una hora. Es una increíble mezcla de
toda suerte de contradicciones; un cúmulo de contrariedades.
¡Sé coherente contigo mismo! ya sea en una dirección o en otra.
Ve a la diestra o a la siniestra.26 Si mamón es Dios, síguele a
él; y si el Señor, ve en pos de él.27 Pero nunca pienses en servir
a ninguno de los dos a menos que estés dispuesto a hacerlo con
todo tu corazón.
14. ¿Acaso existe algún ser pensante y razonable que
sea incapaz de ver que es imposible «servir a Dios y a
mamón»? Porque entre ellos existe la oposición más absoluta,
la enemistad más irreconciliable. La oposición entre los
extremos más antagónicos en la tierra, entre el fuego y el agua,
la oscuridad y la luz, es nada comparada con la oposición entre
Dios y mamón. De modo que en cualquier sentido que
obedezcamos a uno, debemos necesariamente abandonar al
otro. ¿Crees en Dios por medio de Cristo? ¿Confías que él es tu
fortaleza, tu auxilio, tu escudo, tu gran galardón?28 ¿Que él es
tu felicidad, tu único fin en todo y por sobre todas las cosas?
Entonces no puedes confiar en las riquezas. En tanto tengas esta
fe en Dios es imposible que llegues a poner tu confianza en
25 Eclo. 2.12.
26 Gn. 24.49.
27 1 R. 18.21.
28 Gn. 15.1.
224 Sermón 29
ellas. ¿Tienes tu confianza puesta en las riquezas?29 Entonces
has negado la fe.30 No confías en el Dios viviente.31 ¿Amas a
Dios? ¿Buscas y encuentras felicidad en él? Entonces no
puedes amar al mundo, ni las cosas del mundo. Estás
crucificado para el mundo y el mundo está crucificado para
ti.32 ¿Amas el mundo?33 ¿Pones tu mira en las cosas de la
tierra?34 ¿Buscas la felicidad en las cosas terrenales? Entonces
es imposible que ames a Dios. Entonces el amor del Padre no
está en ti. ¿Eres imagen y semejanza de Dios? ¿Eres
misericordioso como tu Padre es misericordioso?35 ¿Has sido
transformado por medio de la renovación de tu entendimien-
to36 para ser imagen de aquel que te creó? Entonces no te
conformes al mundo presente.37 Has renunciado a todas sus
ataduras y pasiones. ¿Te has conformado al mundo? ¿Tu alma
aún lleva la imagen del terrenal?38 Entonces no te has
renovado en el espíritu de tu mente.39 ¿Verdaderamente
obedeces a Dios? ¿Eres celoso de que se cumpla su voluntad
aquí en la tierra como los ángeles lo son en el cielo? Entonces
es imposible que puedas obedecer a mamón. Entonces desafías
al mundo. Pisoteas sus prácticas y preceptos; no las sigues ni te
dejas guiar por ellas. ¿Vas en pos del mundo? ¿Buscas el favor
de las demás personas? ¿Te interesa complacer a los demás?
29 Mr. 10.24.
30 1 Ti. 5.8.
31 1 Ti. 4.10; 6.17.
32 Gá. 6.14.
33 1 Jn. 2.15.
34 Col. 3.2.
35 Lc. 6.36.
36 Ro. 12.2.
37 Ibid.
38 1 Co. 15.49.
39 Ef. 4.23.
El sermón de la montaña IX 225
¿Buscas la autocomplacencia? Entonces no puedes ser servidor
de Dios. Ustedes son de vuestro padre y señor, el diablo.40
15. Por tanto, al Señor tu Dios adorarás, y a él solo
servirás.41 Harás a un lado todo pensamiento acerca de
obedecer a dos señores, de servir a Dios y a mamón. No
tendrás como propósito otra meta, otro auxilio, otra felicidad
sino Dios. No buscarás nada en la tierra o en el cielo sino él; no
será tu propósito otro que el de conocerle, amarle y regocijarte
en él. Y porque ésta es tu única ocupación aquí abajo, la única
visión que razonablemente puedes tener, el único designio que
debes perseguir en todas las cosas, «Por tanto os digo:» (así
continúa la predicación de nuestro Señor) «No os afanéis por
vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por
vuestro cuerpo, qué habéis de vestir».42 Un mandato profundo
y significativo, que es necesario considerar con atención y
entender cabalmente.
16. Nuestro Señor no nos está pidiendo que tengamos
una actitud de total despreocupación, sin interesarnos por los
problemas de esta vida. Un temperamento inconstante y
desatento está en el extremo opuesto de la religión de Jesucristo.
Tampoco nos pide que seamos perezosos en la diligencia,43 ni
lerdos ni indolentes. Esto también es contrario al espíritu y al
don de su religión. Un cristiano odia la pereza tanto como odia
la ebriedad, y huye de la holgazanería como del adulterio. Bien
sabe que existe una forma de pensar y de obrar que agrada a
Dios, lo cual resulta imprescindible para una correcta
realización de esas obras visibles que la providencia de Dios le
ha llamado a hacer.
40 Jn. 8.44.
41 Lc. 4.8.
42 Mt. 6.25.
43 Ro. 12.11.
226 Sermón 29
Es la voluntad de Dios que cada persona debe trabajar
para comer su propio pan;44 sí, y que cada persona pueda
proveer para sí mismo y para los de su casa. Es también su
voluntad que no debamos a nadie nada,45 sino que procuremos
lo bueno delante de todos los hombres.46 Pero no es posible
hacer esto si no pensamos cómo hacerlo, si no nos
preocupamos; sí, con frecuencia debemos pensar larga y
seriamente, debemos poner toda dedicación y cuidado. Por
consiguiente, esta preocupación por proveer lo necesario para
nosotros y nuestra familia, el pensar cómo satisfacer todos sus
reclamos, nuestro bendito Padre no lo condena; esto es bueno y
agradable delante de Dios nuestro Salvador.47
Es bueno y agradable a Dios que reflexionemos acerca
de cualquier tarea que tengamos entre manos para tener claridad
acerca de qué vamos a hacer, y planificar las actividades antes
de embarcarnos en ellas. Y es correcto detenernos a pensar de
vez en cuando cuáles serán los pasos siguientes, del mismo
modo que debemos preparar todas las cosas con antelación para
llevarlas a cabo de la manera más efectiva. Esta preocupación,
que algunos han llamado «las preocupaciones de la mente»,
nuestro Señor nunca tuvo en sus designios condenarla.
17. Lo que sí condena en este texto es «las preocupa-
ciones del corazón»: la ansiedad, el desasosiego; las preocupa-
ciones que nos atormentan, toda preocupación que lastima
nuestra alma o nuestro cuerpo. El prohíbe esa preocupación que
por triste experiencia sabemos que nos quita la vida y seca
nuestro espíritu, que es un anticipo de toda la miseria que
tememos, y que viene a atormentarnos antes de tiempo. El sólo
44 2 Ts. 3.12.
45 Ro. 13.8.
46 Ro. 12.17.
47 1 Ti.2.3.
El sermón de la montaña IX 227
prohíbe esa preocupación que contamina las bendiciones del
día de hoy por temor a lo que pueda ocurrir mañana; que no
nos permite disfrutar la abundancia del presente por miedo a lo
que nos pueda faltar en el futuro. Esta clase de preocupación es
mucho más que una dolorosa enfermedad, una penosa dolencia
del alma. Es una terrible ofensa a Dios, un pecado de los más
abominables. Es una grave afrenta a quien con su gracia
gobierna y con sabiduría dispone de todas las cosas, ya que
necesariamente implica que el Juez Supremo no hace lo que es
justo,48 que no lo ha hecho todo bien.49 Lisa y llanamente
implica que o bien le falta sabiduría, si no sabe qué cosas
necesitamos, o le falta bondad, si no provee lo necesario a
quienes depositaron su confianza en él. Estemos alerta,
entonces, de no sucumbir ante esta clase de pensamiento. Por
nada estemos afanosos.50 No estemos ansiosos. Esta es una
norma cierta y sencilla -si nuestra preocupación es sinónimo de
ansiedad, entonces es ilegítima. Con la mirada puesta sólo en
Dios, hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para procurar
lo bueno delante de todos los hombres.51 Y luego pongamos
todo en mejores manos: confiemos todo a Dios.
18. No se afanen por nada, no estén ansiosos, ni aún
por sus vidas, qué habrán de comer, o qué habrán de beber;
ni por su cuerpo, qué habrán de vestir. ¿No es la vida más que
el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Si Dios les dio la
vida, el más grande don, ¿no les dará comida para mantenerla?
Si les ha dado un cuerpo, ¿cómo pueden dudar de que les dará
ropa para cubrirlo? Especialmente si se entregan a él y le sirven
de todo corazón. Levanten su vista, miren las aves del cielo
48 Gn.18.25.
49 Mr. 7.37.
50 Ef. 4.6.
51 Ro. 12.17.
228 Sermón 29
que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; sin
embargo, no les falta nada, nuestro Padre celestial las
alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? Ustedes que
son criaturas capaces de conocer a Dios, ¿no creen que tienen
mucho más valor a los ojos de Dios? ¿que son seres de una
escala superior? ¿Y quién de ustedes podrá, por mucho que se
afane, añadir a su estatura un codo?52 ¿Qué provecho obtienen
de tanta ansiedad? Es esfuerzo estéril y vano.
Y por el vestido, ¿por qué se afanan? ¿No tienen
pruebas suficientes a diario cuando miran a su alrededor?
Consideren los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni
hilan; pero les digo que ni aun Salomón con toda su gloria se
vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy
es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará
mucho más a vosotros hombres de poca fe? ¿No hará mucho
más por ustedes, a quienes creó incorruptibles? ¡Imagen de su
propia eternidad!53 En verdad tienen poca fe. De otro modo no
podrían dudar de su amor y cuidados; no, ni siquiera por un
instante.
19. No se afanen, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, si
no tenemos tesoros en la tierra? ¿o qué beberemos si servimos
a Dios con todas nuestras fuerzas, si tenemos nuestra vista sólo
fija en él? ¿o qué vestiremos, si no nos conformamos a este
mundo, si desairamos a aquellos de quienes podríamos obtener
provecho? Porque los gentiles buscan todas estas cosas, los
paganos que no conocen a Dios. En cambio ustedes sean
sensatos, porque su Padre celestial sabe que tienen necesidad
de todas estas cosas. Y les ha enseñado cuál es el modo infalible
para estar siempre provistos de todo lo necesario: Buscad
primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
os serán añadidas.
52 Mt. 6.27.
53 Sab. 2.23.
El sermón de la montaña IX 229
20. Buscad primeramente el reino de Dios. Antes de
albergar cualquier otro pensamiento o preocupación, deja que
tu única preocupación sea que el Dios Padre de nuestro Señor
Jesucristo, quien dio a su hijo unigénito, para que todo aquel
que en él crea no se pierda, mas tenga vida eterna,54 reine en tu
corazón, sea manifiesto en tu alma, more y gobierne en ella, de
modo que pueda derribar los argumentos y toda altivez que se
levanta contra el conocimiento de Dios, y lleve cautivo todo
pensamiento a la obediencia a Cristo.55 Deja que Dios sea el
único que tenga dominio sobre ti. Deja que él reine sin rivales.
Deja que él posea tu corazón, y que gobierne sólo él. Deja que
él sea tu único deseo, tu gozo, tu amor; de modo tal que todo tu
ser constantemente proclame: «¡El Señor nuestro Dios
Todopoderoso reina!»56
Buscad el reino de Dios y su justicia. La justicia es fruto
de que Dios reine en tu corazón, y la justicia no es otra cosa que
amor. El amor de Dios y de toda la humanidad, que nace de
nuestra fe en Cristo Jesús, y que nos hace humildes en nuestros
pensamientos, mansos, cordiales, sufridos, pacientes, muertos
para las cosas del mundo.57 Un amor que nos hace estar bien
predispuestos hacia Dios y hacia las demás personas; un amor
que produce obras de santidad, todo lo amable, todo lo que es
de buen nombre,58 toda obra de vuestra fe y trabajo de
vuestro amor59 es agradable a Dios y beneficioso para el
humano.
54 Jn. 3.16.
55 2 Co. 10.5.
56 Ap. 19.6.
57 Gá. 5.22-23; Col. 3.12.
58 Fil. 4.8.
59 1 Ts. 1.3.
230 Sermón 29
Su justicia. En realidad, toda justicia es suya, sin
embargo nos la da como un don, a través de Jesucristo el
justo,60 el único que pudo comprarla para nosotros. Y es su
obra; él solo obró en nosotros por inspiración del Espíritu
Santo.
21. Tal vez haciendo un análisis cuidadoso podamos
arrojar luz sobre otros textos que no siempre hemos compren-
dido con claridad. san Pablo, al referirse a los judíos incrédulos
en su epístola a los Romanos, dijo: «porque ignorando la
justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se
han sujetado a la justicia de Dios.»61 Creo que éste puede ser
uno de los significados de estas palabras: ignoraban la justicia
de Dios, no sólo la justificación por medio de Jesucristo, que le
corresponde a todo creyente, por la cual se borran todos sus
pecados, y se reconcilia con el favor de Dios, sino que además
(lo que parece querer decir aquí) ellos desconocían esa justicia
interior, esa santidad de corazón, lo que con toda propiedad se
denomina «la justicia de Dios», que es un don que nos entregó
en Cristo, y al mismo tiempo, su obra en nosotros por medio de
su Espíritu todopoderoso. Y por ignorar todo esto,
procuraron establecer su propia justicia. Se esforzaron por
establecer esa justicia exterior que bien podríamos calificar
como «la suya propia», ya que no había sido forjada por el
Espíritu de Dios, ni pertenecía a él, ni la habían recibido de él.
La habían fabricado ellos mismos, con sus propias fuerzas; y su
obra, una vez terminada, resultó repulsiva para Dios. Sin
embargo, confiaban en esto y no estaban dispuestos a sujetarse
a la justicia de Dios. Se habían endurecido contra la única fe
que les hubiera permitido acceder a ella, porque el fin de la ley
es Cristo, para justicia a todo aquel que cree».62 Cuando
60 1 Jn. 2.1.
61 Ro. 10.3.
62 Ro. 10.4.
El sermón de la montaña IX 231
Cristo dijo «Consumado es»,63 puso fin a esa clase de ley -la ley
exterior, la ley de ritos y ceremonias- para poder introducir
una mejor justicia64 con su sangre, por medio de esa ofrenda de
sí mismo una vez entregada, la imagen misma de Dios, puesta
en lo más profundo del alma de todo aquel que cree.
22. Las palabras del apóstol en su epístola a los
Filipenses guardan estrecha relación con esto: «Lo he perdido
todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo», para entrar
en su reino eterno, «y ser hallado en él»; confiar en él, «no
teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por
la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe».65 «No
teniendo mi propia justicia, que es por la ley», una justicia
puramente externa, la religión exterior que tenía antes cuando
esperaba ser aceptado por Dios porque era en lo que a la justicia
por la ley se refiere, irreprensible66 -sino que ahora tengo
aquella justicia que es por la fe de Cristo, la justicia que es de
Dios por la fe, esa santidad de corazón, esa transformación del
alma en sus anhelos, pasiones y afectos. Todo esto es de Dios.
Todo esto es obra de Dios, no del ser humano. Se logra por la
fe, por medio de la fe en Cristo, por revelación de Jesucristo67
y por medio de la fe en su sangre68, de donde obtenemos la
remisión de nuestros pecados, y la herencia con todos los
santificados.69
23.«Buscad primeramente» este «reino de Dios» en
vuestros corazones, esta «justicia» que es don y obra de Dios,
63 Jn. 19.30.
64 He. 7.19.
65 Fil. 3.8-9.
66. Fil. 3.6.
67 Gá. 1.12.
68 Ro. 3.25.
69 Hch. 20.32.
232 Sermón 29
imagen renovada de Dios en vuestros corazones, «y todas estas
cosas os serán añadidas» -todas las cosas que el cuerpo
necesita, todas según la medida que Dios considera más
apropiada para el acercamiento de su reino. Todo esto será
añadido, se derramará sobre ustedes desde lo alto. Al buscar la
paz y el amor de Dios no sólo podrán satisfacer sus necesidades
más inmediatas, incluso el reino que es permanente; sino que
alcanzarán cosas que no se habían propuesto buscar, al menos
no por ellas mismas, pero que están vinculadas a lo demás. En
el camino hacia el reino encontrarán todas las cosas materiales,
sólo en la medida en que sean realmente necesarias para
ustedes. Dios mismo se ha encargado de esto; descarguen toda
su ansiedad en él.70 El conoce nuestras necesidades, y aquello
que nos haga falta él no dejará de proporcionarlo.
24. «Así que no os afanéis por el día de mañana.»71 No
sólo no deben preocuparse por acumular tesoros en la tierra, o
por incrementar los bienes materiales; tampoco se preocupen
por conseguir más comida que la que pueden comer, o más
vestidos que los que se pueden poner, o más dinero del que se
requiere día a día simplemente para cubrir de manera razonable
necesidades vitales. Más aun, no estén ansiosos ni siquiera por
aquellas cosas que son absolutamente necesarias para la vida.
No se preocupen ahora pensando qué harán en un tiempo que
está aún lejano. Quizás ese tiempo nunca llegue, o ya no les
corresponda a ustedes preocuparse- para ese momento ya
habrán atravesado otros mares y desembarcado en la
eternidad. Todas esas visiones de futuro no les pertenecen a
ustedes, que no son sino criaturas de un día. Tampoco tienen
que ver con «el mañana» en sentido estricto. ¿Por qué
atormentarse sin necesidad? Dios provee para este día lo
necesario para preservar la vida que él te ha dado. Eso es
70 1 P. 5.7.
71 Mt. 6.34.
El sermón de la montaña IX 233
suficiente. Entrégate en sus manos. Si vives otro día más él
nuevamente proveerá lo que necesites.
25. Por sobre todas las cosas, no hagas de tu
preocupación por el futuro una excusa para desatender tus
responsabilidades presentes. Esta es la peor manera de
«afanarse por el día de mañana». ¡Y con qué frecuencia lo
vemos! Muchas personas, si las exhortamos a tener siempre
una conciencia sin ofensa ante Dios,72 a que se abstengan de
aquello que a conciencia saben que está mal, no tienen reparos
en responder: «¿Cómo debemos vivir entonces? ¿Acaso no
debemos cuidar de nosotros mismos y de nuestras familias?» Y
suponen que esto es razón suficiente para continuar en pecado
deliberadamente, a sabiendas. Dicen, y probablemente así lo
piensen, que estarían dispuestos a servir a Dios ahora si no fuera
porque ello implicaría quedarse sin pan. Estarían dispuestos a
prepararse para la vida eterna, pero tienen miedo de que les falte
lo necesario para vivir. Así que se entregan al diablo por un
bocado de pan, se precipitan al infierno por temor a la
necesidad; desperdician sus pobres almas por miedo a que en
algún momento les pueda faltar algo para su cuerpo.
No es extraño que quienes de este modo retiran sus
asuntos de las manos de Dios, resulten a menudo completa-
mente defraudados con las cosas que ellos mismos buscaron.
Desechan el cielo para asegurarse las cosas de la tierra; así
pierden el primero, pero no llegan a ganar lo segundo. Dios, que
en su sabiduría y providencia es un Dios celoso, sufre por esto.
De este modo, quienes no depositan sus preocupaciones en
Dios; quienes desesperados por las cosas temporales descuidan
las cosas eternas, acaban perdiendo incluso aquello que
habían elegido. Existe una visible condena en todos sus
emprendimientos: hagan lo que hagan sus obras no prosperan.
72 Hch. 24.16.
234 Sermón 29
Tan es así que luego de haber abandonado a Dios por el mundo
acaban perdiendo aquello que tanto buscaban, y también lo que
no buscaban. No alcanzan el reino de Dios y su justicia, pero
tampoco obtienen todo lo demás.
26. Existe otra manera de «afanarse por el día de
mañana», que está igualmente prohibida. Es posible preocupar-
se equivocadamente aun respecto de las cosas espirituales.
Podemos ser tan meticulosos con respecto a lo que puede
ocurrir más adelante, que descuidamos la responsabilidad que
ahora tenemos en nuestras manos. ¡Con cuánta insensatez
caemos en esto si no velamos continuamente en oración!73 ¡Con
qué facilidad nos dejamos llevar por una especie de ensueño,
haciendo proyectos para un futuro distante, dando vida a
hermosas escenas en nuestra imaginación! Pensamos en las
cosas buenas que haremos cuando estemos en tal lugar, o
cuando llegue determinado momento. ¡Qué útiles seremos!
¡Cuán numerosas nuestras buenas obras cuando las
circunstancias así lo permitan! ¡Con cuánta dedicación
serviremos a Dios una vez superados los obstáculos!
Tal vez en este momento te encuentres desanimado;
Dios, así parece, esconde su rostro de ti. No llegas a ver la luz
de su presencia; no puedes gustar su amor redentor. Sintiéndo-
te de este modo, es natural pensar «¡Oh, cómo alabaré a Dios
cuando la luz de su presencia resplandezca nuevamente sobre
mí!74 ¡Cómo exhortaré a otros a alabarle cuando su amor haya
sido derramado en mi corazón!75 Luego haré esto y aquello;
hablaré acerca de Dios en todo lugar; no me avergonzaré del
evangelio de Cristo.76 Entonces aprovecharé bien el tiempo,77
73 1 P. 4.7.
74 Nm. 6.26.
75 Ro. 5.5.
76 Ro. 1.16.
77 Ef. 5.16.
El sermón de la montaña IX 235
explotaré al máximo cada talento recibido.» No te engañes. No
lo harás entonces si no lo haces ahora. El que es fiel en lo muy
poco, sea lo que fuere, bienes materiales o el temor o el amor de
Dios, también en lo más es fiel.78 Pero si escondiste un talento
en la tierra, luego esconderás cinco.79 Si es que te los dan, desde
luego; aunque es muy poco probable que lo hagan. En verdad,
a cualquiera que tiene, es decir, a quien utiliza lo que tiene, se
le dará y tendrá más; pero al que no tiene, es decir, a quien no
utiliza la gracia que ha recibido, en pequeña o en gran medida,
aun lo que tiene le será quitado.80
27. Y no «sientas afán» por las tentaciones del día de
mañana. Esto también es una trampa peligrosa. No debes
pensar «Cuando deba enfrentar tal tentación, ¿qué haré? ¿cómo
me sostendré? Siento que no tengo poder para resistir; no soy
capaz de dominar esa clase de enemigo.» Ciertamente, no
tienes en este momento un poder que en este momento no
necesitas. Ahora no te sientes capaz de dominar ese enemigo,
pero él ahora no te está atacando. Con la gracia que te es dada
ahora no podrías enfrentar tentaciones que no tienes. Pero
cuando la tentación llegue, recibirás la gracia. Cuanto mayor sea
la prueba, mayor será tu fuerza. Cuando abunde el
sufrimiento, el consuelo de Dios abundará en la misma
proporción. De modo que en cada situación la gracia de Dios te
bastará.81 El no permite que hoy seas tentado más de lo que
puedes resistir. Y te dará juntamente con la tentación la
salida.82 Como tus días serán tus fuerzas.83
78 Lc. 16.10.
79 Mt. 25.18.
80 Mt. 13.12.
81 2 Co. 12.9.
82 1 Co. 10.13.
83 Dt. 33.25.
236 Sermón 29
28. Por tanto, deja que el día de mañana traiga su
propio afán. Es decir, cuando ese mañana llegue, entonces
preocúpate por él. Tú vive el hoy. Que sea tu más sentida
preocupación mejorar el momento presente. Este momento es
tuyo, y es todo lo que tienes. El pasado no cuenta, es como si
no hubiese existido. El futuro no significa nada para ti. No es
tuyo, y tal vez nunca llegue a serlo. De nada vale depender de
lo que está por venir, porque no sabes qué dará de sí el día.84
Por tanto vive hoy; no pierdas ni una hora; aprovecha este
momento; ésta es la parte que te toca. ¿Quién conoce las cosas
que fueron antes que él,85 o qué será después de él debajo del
sol?86 Las generaciones que vivieron desde el comienzo del
mundo, ¿dónde están ahora? Desaparecidas, olvidadas.
Existieron, vivieron su día; luego fueron arrancadas de la tierra,
como hojas desprendidas de un árbol. Se convirtieron en polvo.
Una generación sucedió a otra, luego entraron en la genera-
ción de sus padres, y nunca más vieron la luz.87 Ahora es tu
turno sobre la tierra. Alégrate, joven, en tu juventud.88 Disfruta
el aquí y ahora, gozándote en aquel cuyos años no acabarán.89
Fija tu vista solamente en él, en el cual no hay mudanza ni
sombra de variación.90 Entrégale tu corazón, aférrate a él; sé
santo como él es santo.91 Ahora aférrate a la oportunidad de
hacer su voluntad, agradable y perfecta.92 Ahora regocíjate de
perderlo todo para ganar a Cristo.93
84 Pr. 27.1.
85 Eclo. 23.20.
86 Ec. 6.12.
87 Sal. 49.19.
88 Ec. 11.9.
89 He. 1.12.
90 Stg. 1.17.
91 1 P. 1.15,16.
92 Ro. 12.2.
93 Fil. 3.8.
El sermón de la montaña IX 237
29. Con alegría soporta hoy, por amor de su nombre,
lo que él permita que te sobrevenga. Pero no te fijes en el
sufrimiento del día de mañana. Basta a cada día su propio
mal.94 Algo malo será, según el hablar humano; ya sea crítica o
necesidad, dolor o enfermedad. Pero según el lenguaje de Dios,
todo es bendición; será un excelente bálsamo,95 preparado por
Dios en su sabiduría y repartido entre sus hijos según las
dolencias de sus almas. Y él nos da cada día lo necesario para
ese día, calculado según las fuerzas y la necesidad del paciente.
Por tanto si arrebataras hoy lo que pertenece al mañana, si lo
agregaras a lo que ya te ha sido dado, tendrás más de lo que
puedes soportar. Así no sanará tu alma sino que se destruirá.
Toma, entonces, tanto como él te ofrece hoy. Hoy debes
sobrellevar y hacer su voluntad. Hoy entrégate, entrega tu
cuerpo, alma y espíritu a Dios en Cristo Jesús, no deseando otra
cosa sino glorificar a Dios en todo lo que eres, en todo lo que
haces, en todo lo que soportas; no buscando sino conocer a Dios,
y a su hijo Jesucristo por medio de su Espíritu Eterno; no
teniendo otro propósito que amarle, servirle, gozarte en él, ahora
y por toda la eternidad.
Y ahora a Dios el Padre, quien me hizo e hizo todo el
universo; a Dios el Hijo, quien me redimió y redimió a toda la
humanidad; a Dios el Espíritu Santo, quien me santificó y
santificó a todo el pueblo elegido de Dios, sea el honor, la
alabanza, la majestad y el poder, por todos los siglos. Amén.
94 Mt. 6.34.
95 Sal. 141.5.