Sermón 28 - Sobre el sermón de nuestro Señor
en la montaña
Octavo discurso
Mateo 6.19-23
No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el
orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;
sino haceos tesoros en cielo, donde ni la polilla ni el
orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan.
Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también
vuestro corazón.
La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es
bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz;
pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en
tinieblas. Así que si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no
serán las mismas tinieblas?
1. De los hechos que por lo general se llaman «acciones
religiosas», que son verdaderas ramas de la religión cuando
nacen de una intención pura y santa, y son hechos de una manera
consecuente, pasa nuestro Señor a los hechos de la «vida
común», y demuestra que en nuestras vocaciones ordinarias es
tan necesaria la pureza de intención como en el dar limosna,
ayunar, u orar.
Sin duda alguna la misma pureza de intención...
...que hace nuestras limosnas y devociones
aceptables, debe también convertir nuestro
trabajo o empleo en una ofrenda apropiada ante
Dios. Si un hombre (...) sigue sus negocios con
el fin de elevarse y tener riquezas en el mundo,
187
188 Sermón 28
no sirve a Dios en su empleo, (...) ni tiene más
derecho a esperar una recompensa del Señor,
que quien da limosna para ser visto, u ora para
ser escuchado de los hombres. Porque así co-
mo estos designios vanos no deben afectar
nuestras limosnas y devociones, tampoco de-
ben entrar en nuestras ocupaciones. (...) No
sólo son malos cuando leudan nuestras obras,
nuestros actos religiosos, sino que tienen la
misma mala índole (...) cuando se mezclan en
los negocios diarios de nuestros trabajos. Si
fuere lícito tenerlos en nuestras ocupaciones te-
rrenales, lo sería también retenerlos en nuestras
devociones. Pero así como nuestras limosnas y
devociones no son aceptables sino cuando re-
sultan de una intención pura, de la misma ma-
nera nuestro empleo diario no puede conside-
rarse como un servicio al Señor, sino cuando se
cumple con la misma piedad del corazón.1
2. Esto lo declara nuestro bendito Señor de la manera
más decidida, con esas palabras tan comprensivas como
enérgicas, que él mismo aplica y desarrolla en el curso de este
capítulo. «La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es
bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; mas si tu ojo es
maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas.» El ojo es la
intención: lo que el ojo es al cuerpo, la intención es al alma. Así
como el uno guía todos los movimientos del cuerpo, la otra
dirige los del alma. Se dice que el ojo del alma es bueno cuando
se fija en una sola cosa, cuando no tenemos otro designio sino
conocer a Dios y a Jesucristo a quien él mandó;2 conocerle con
1 Cita, con algunas alteraciones, de la obra de William Law, A Serious Call to a Devout
and Holy Life (1729).
2 Cf. Jn. 17.3.
El sermón de la montaña VIII 189
afectos dignos, amándole como él nos amó; agradar a Dios en
todas las cosas; servir a Dios (pues le amamos) de todo nuestro
corazón, mente, alma y fuerzas,3 y gozar a Dios en todo y sobre
todas las cosas, en esta vida y por la eternidad.
3. «Si tu ojo es bueno» de este modo, fijándose así en
Dios, «todo tu cuerpo estará lleno de luz». «Todo tu cuerpo»-
todo lo que guía la intención, como el ojo guía el cuerpo. Todo
lo que eres, todo lo que haces, tus deseos, genio, afectos; tus
pensamientos, palabras y acciones. Todo esto «estará lleno de
luz», lleno de conocimiento verdadero y divino. Este es el
primer significado que aquí tiene el término luz. En su luz verás
luz.4 Aquel que mandó que de las tinieblas resplandeciese la
luz...resplandecerá en tu corazón;5 iluminará la vista de tu
inteligencia con el conocimiento6 de la gloria de Dios. Su
Espíritu te revelará las cosas profundas de Dios.7 La inspiración
del Santo te dará comprensión y te hará tener sabiduría en
secreto. Más aún, el ungimiento que has recibido de él
permanecerá en ti y te enseñará todas las cosas.8
¿Cómo confirma esto la experiencia? Aun después que
Dios ha abierto los ojos de nuestra inteligencia, si buscamos o
deseamos cualquiera cosa fuera de Dios, ¡qué pronto se
obscurece nuestro torpe corazón! Las nubes se agrupan otra vez
en torno de nuestras almas. Dudas y temores nos abruman de
nuevo. Somos arrojados de aquí para allá, y no sabemos qué
hacer ni cuál sea el camino que debamos seguir. Pero cuando
sólo deseamos y buscamos a Dios, las nubes y los temores se
3 Cf. Mr. 12.30.
4 Cf. Sal. 36.9.
5 Cf. 2 Co. 4.6.
6 Cf. Ef. 1.18.
7 Cf. 1 Co. 2.10.
8 Cf. 1 Jn. 2.27.
190 Sermón 28
desvanecen; nosotros, que en un tiempo fuimos obscuridad,
somos ahora luz en el Señor.9 La noche resplandece ahora
como el día,10 y sabemos que la senda de los justos es como la
luz.11 El Señor nos muestra el camino que debemos tomar y
claramente nos enseña la vía ante nuestro rostro.12
4. El segundo significado que tiene la «luz» en este
asunto, es el de santidad. Al buscar a Dios en todo, le
encontrarás en todas las cosas, fuente de toda santidad,
llenándote constantemente de su semejanza, justicia,
misericordia y verdad. Al mirar a Jesús, y al él sólo, serás lleno
del sentir que estaba en él;13 se renovará tu alma de día en día,
según la imagen del que la creó. Si no quitas de tu mente la
mirada en él; si permaneces viendo al Invisible14 sin buscar nada
más en el cielo y en la tierra, entonces al contemplar la gloria de
Dios, será transformado de gloria en gloria en la misma imagen
como por el Espíritu del Señor.15
Otra cosa que también experimentamos diariamente es
que por gracia somos salvos por la fe.16 Por medio de la fe se
abre la vista de la mente para ver la luz del amor glorioso de
Dios. En tanto la mirada permanece fija en Dios, en Cristo,
quien está reconciliando consigo al mundo,17 nos llenamos más
y más del amor de Dios y de los humanos; de mansedumbre,
afabilidad, clemencia; de todos los frutos de santidad que vienen
del Señor Jesús para la gloria de Dios Padre.
9 Cf. Ef. 5.8.
10 Cf. Sal. 139.12.
11 Cf. Pr. 4.18.
12 Cf. Sal. 5.8.
13 Cf. Fil. 2.5.
14 He. 11.27.
15 2 Co. 3.18.
16 Cf. Ef. 2.8.
17 Cf. 2 Co. 5.19.
El sermón de la montaña VIII 191
5. Esta luz de que está lleno aquel cuyo ojo es bueno,
significa, en tercer lugar, felicidad lo mismo que santidad.
Suave ciertamente es la luz y agradable a los ojos ver el sol.18
Pero ¡cuánto más placentero es ver el sol de justicia resplande-
ciendo constantemente en el alma! Si existe algún alivio en
Cristo, algún consuelo de amor,19 alguna paz que sobrepasa
todo entendimiento,20 algún regocijo en la esperanza de la
gloria de Dios,21 todo esto pertenece a aquel cuyo ojo es
bueno. Cuyo cuerpo, por lo tanto, está lleno de luz.22 Anda en la
luz, con Dios está en luz,23 regocijándose siempre y en todo
dando gracias; gozando cualquiera sea la voluntad de Dios
respecto de él en Jesucristo.24
6. «Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en
tinieblas».25 «Si tu ojo es maligno». Como se ve, no existe
término medio entre el ojo bueno y el tenebroso; si no es lo uno,
tiene que ser lo otro. Si la intención que tenemos al hacer
cualquier cosa no es puramente la de servir a Dios; si nos
proponemos cualquier otro fin, entonces quedan manchadas
nuestra mente y nuestra conciencia.26
Por consiguiente, nuestro ojo estará en tinieblas si al
hacer cualquier cosa tenemos otro fin fuera de Dios; si nos
proponemos algo además de conocer y amar a Dios, agradarle
y servirle en todas las cosas; si nuestro designio no es sólo
18 Ec. 11.7.
19 Fil. 2.1.
20 Fil. 4.7.
21 Ro. 5.2.
22 Mt. 6.22.
23 Cf. 1 Jn. 1.7.
24 Cf. 1 Ts. 5.16-18.
25 Mt. 6.23.
26 Cf. Tit. 1.15.
192 Sermón 28
gozar de Dios, encontrar en él nuestra felicidad en esta vida y
en la eternidad.
7. Si tu ojo no se fija sinceramente en Dios, «todo tu
cuerpo estará en tinieblas»; el velo permanecerá en tu corazón;
el dios de este siglo cegará tu mente más aún, no sea que la luz
del Evangelio glorioso de Cristo te alumbre.27 Lleno de
ignorancia y errores respecto de las cosas de Dios, no podrás
recibirlas ni discernirlas. Y cuando tengas algún deseo de servir
a Dios, tu voluntad estará cargada de incertidumbre respecto del
modo como deberías servirle, encontrando dudas y dificultades
por todos lados, y no sabiendo cómo escapar.
En efecto, si tu ojo no fuere bueno, si procuras
cualquiera de las cosas terrenales, estarás lleno de injusticia e
impiedad, tus deseos, genio, afectos, estarán fuera de lugar;
serán todos tenebrosos, y viles y vanos. Tu conversación siendo
mala como tu corazón y no estando sazonada con sal28 no será
digna de dar gracia a los oyentes,29 sino inútil, ociosa,
corrompida, que contristará al Espíritu de Dios.
8. Tanto la destrucción como la desventura se
encuentran en tu camino, porque el camino de paz no has
conocido.30 No hay paz, sólida y duradera paz, para los que no
conocen a Dios. No hay verdadero ni durable contentamiento
para los que no le buscan con todo su corazón. Mientras que
busques las cosas que perecen, todo lo que habrá será
vanidad,31 y no sólo vanidad, sino aflicción de espíritu32 y eso
tanto al buscar como al gozar de dichas cosas. En verdad que
27 Cf. 2 Co. 4.4.
28 Col. 4.6.
29 Ef. 4.29.
30 Cf. Ro. 3.16-17.
31 Cf. Ec. 11.8.
32 Cf. Ec. 1.14, etc.
El sermón de la montaña VIII 193
andas en una sombra vana y en balde te inquietas.33 Andas en la
obscuridad que puede sentirse.34 Sigue durmiendo, de nada te
sirve, porque no te sentirás descansado.35 Bien sabes que los
sueños de la vida pueden dar dolor y nunca dan descanso. No
hay descanso en este mundo o en el venidero, sino sólo en Dios,
que es el centro de los espíritus.
«Si la luz que hay en ti son tinieblas, ¿cuántas no serán
las mismas tinieblas?» Si la intención que debe iluminar toda
alma, llenarla de conocimiento, amor y paz, y la que en efecto
hace todo esto mientras permanece buena, mientras no procura
otra cosa sino a Dios, si ésta es tinieblas; si busca otra cosa fuera
de Dios y por consiguiente llena el alma de obscuridad en lugar
de luz, de ignorancia y error, de pecado y miseria, ¡cuán grandes
serán esas tinieblas! ¡Es el humo mismo que sube desde lo
profundo!36 ¡Es la noche negra que reina en lo más profundo, en
la tierra de las sombras de muerte!37
9. Por consiguiente, «no os hagáis tesoros en la tierra,
donde la polilla y el orín corrompen, donde ladrones minan y
hurtan».38 Si lo haces, claro está que tu ojo es malo, que no se
fija únicamente en Dios.
Respecto de los mandamientos de Dios, ya se refieran al
corazón ya a la vida, los paganos en África o en América39
cumplen tanto como los que se llaman cristianos. Pues con
33 Cf. Sal. 39.6.
34 Cf. Ex. 10.21.
35 Cf. Mt. 26.45.
36 Cf. Ap. 11.7; 17.8.
37 Cf. Is. 9.1-2; Mt. 4.16.
38 Mt. 6.19.
39 La mayor parte de lo que Wesley supo de África le llegó a través de narraciones de
viajeros por el extremo sur del continente. De los nativos americanos tenía alguna
experiencia personal. Su propósito aquí es avergonzar a los cristianos británicos, que
se creían superiores.
194 Sermón 28
pocas excepciones, estos los observan tanto como los paganos.
Por ejemplo, la mayoría de los súbditos ingleses, llamados
comúnmente cristianos, son tan sobrios y templados como la
generalidad de los paganos cerca del Cabo de Buena Esperanza.
Así también los cristianos en Alemania o Francia son tan
humildes y castos como los indios choctaw o cheroquis. Al
comparar la mayor parte de las acciones de Europa con las de
América, no es fácil decir de qué parte está la superioridad. Al
menos las de América no llevan gran ventaja.
Esta aserción, sin embargo, no es cierta respecto del
mandamiento que estamos considerando. En esto los paganos
cumplen mucho mejor.40 No desean ni procuran otra cosa sino
alimentos sencillos, ropa modesta con qué vestirse, y esto lo
buscan sólo para el día. Con excepción de tanto maíz en una
temporada que ocupe hasta la próxima cosecha, no guardan ni
atesoran nada. Sin saberlo, pues, los paganos obedecen este
mandamiento constantemente y con eficacia. No se hacen
tesoros en la tierra, tesoros de púrpura y lino fino, de oro y plata,
que la polilla y el orín corrompan, o los ladrones minen y hurten.
Mas, ¿de qué manera observan los cristianos lo que profesan
haber recibido como un mandamiento del Dios altísimo? No lo
observan en ninguna manera. Obran como si jamás se hubiese
dado semejante mandamiento a los humanos. Aun aquellos que,
en su opinión y la de otras personas, son buenos cristianos, no
cumplen con esto de modo alguno. Bien pudiera estar aún
perdido en el original griego, puesto que no hacen de él ningún
caso.
¿En qué ciudad cristiana podréis encontrar un hombre
de cada quinientos, que tenga el menor escrúpulo de atesorar
40 A través de todo su ministerio, Wesley se opuso a la acumulación de riquezas, y
mucho más hacia el final de su vida. Este fue uno de los pecados que más le
preocuparon cuando empezaron a aparecer entre los metodistas, y contra él escribió y
predicó repetidamente.
El sermón de la montaña VIII 195
todo lo que pueda? ¿De aumentar sus posesiones hasta donde le
sea posible? Es bien cierto que muchos no lo hacen ilícitamente;
muchos no estafan ni roban; algunos no engañan al prójimo, no
se valen de su ignorancia o de su necesidad. Pero éste es otro
asunto. Aun estos sólo tienen escrúpulos respecto del método;
no de hacerse tesoros sobre la tierra, sino de reunirlos por
medios ilícitos.
No les asusta desobedecer a Cristo, sin quebrantar la
moralidad pagana. De manera que aun los hombres honrados no
obedecen este mandamiento más que los asaltantes de caminos
o ladrones de casas. Más aún, jamás intentan obedecerlo. Desde
su juventud en adelante nunca han pensado en tal cosa. Fueron
criados por sus padres, maestros y amigos cristianos, pero nunca
les enseñaron este mandamiento, a no ser para quebrantarlo
luego y tanto como pudieran, y continuar quebrantándolo hasta
el fin de sus días.
10. No existe otro ejemplo de fatuidad espiritual, en todo
el mundo, más sorprendente que éste. La mayor parte de estas
mismas personas leen o escuchan la lectura de la Biblia, muchos
en el día del Señor. Han leído o escuchado estas palabras cientos
de veces. Sin embargo, jamás sospechan que dichas palabras los
condenan más que las que prohíben a los padres ofrecer a sus
hijos a Moloc.
Pluguiese a Dios hablar a estos miserables pecadores
con su voz, su poderosa voz, para que se salven al fin de esta
trampa del diablo,41 y caigan las escamas de sus ojos.42
11. Preguntas, ¿qué cosa es hacerse tesoros en la tierra?
Es necesario examinar esto detenidamente. En primer lugar, a
fin de poder discernirlo claramente, hagamos observar qué
cosas no se prohíben en este mandamiento.
41 Cf. 2 Ti. 2.26.
42 Cf. Hch. 9.18.
196 Sermón 28
Primeramente, en este mandamiento no se prohíbe
procurar lo bueno delante de todos los hombres,43 procurar con
qué darles aquello a que tienen derecho,44 todo lo que
justamente pueden esperar de nosotros. Tan lejos está de Dios
prohibir esto, que nos manda que no debamos a nadie nada.45
Debemos, por consiguiente, ser muy diligentes en nuestro
trabajo a fin de no deber a nadie nada; siendo ésta una ley común
de justicia que nuestro Señor no vino a destruir, sino para
cumplir.46
Ni se prohíbe, en segundo lugar, que nos proveamos de
las cosas necesarias para el cuerpo: alimentos suficientes,
sencillos y sanos qué comer y vestimenta aseada qué ponernos.
Es además nuestro deber, puesto que Dios nos da la facultad de
hacerlo, proveernos de estas cosas, a fin de que comamos
nuestro propio pan47 y no seamos gravosos a nadie.48
Ni se prohíbe, en tercer lugar, que proveamos para
nuestros hijos y los de nuestra casa. También esto es nuestro
deber, aun según los principios de la moral pagana. Todo ser
humano debe proveer las cosas necesarias de la vida para los
miembros de su familia, y hacer que estos aprendan a ganar
estas cosas para que puedan mantenerse cuando él les falte y ya
no exista. Digo que deben aprender a proveer estas cosas, las
cosas sencillas y necesarias de la vida (no cosas delicadas y
superfluas), con su trabajo diligente, porque ningún ser
humano está obligado a proveer para sí mismo ni para los suyos
los medios de ser extravagantes y estar ociosos. Si alguno deja
de proveer para sus hijos (lo mismo que para las viudas que
43 Cf. 2 Co. 8.21.
44 Cf. Ro. 13.7.
45 Ro. 13.8.
46 Mt. 5.17.
47 Cf. 2 Ts. 3.12.
48 Cf. 2 Co. 11.9.
El sermón de la montaña VIII 197
haya en su casa,49 de quienes Pablo habla especialmente en las
palabras tan conocidas que dirige a Timoteo), prácticamente ha
negado la fe, y es peor que un incrédulo,50 o pagano.
Por último, no se nos prohíbe en estas palabras que de
tiempo en tiempo vayamos guardando lo que fuere necesario
para la consecución de nuestros negocios, hasta tal grado o
punto que podamos llenar los objetivos siguientes: en primer
lugar, no deber a nadie nada;51 en segundo, procurarnos las
cosas necesarias para la vida; y en tercero, proveer lo necesario
para nuestra familia mientras vivimos, y enseñarles a ganar el
pan para que sepan sostenerse cuando Dios nos llame a su
presencia.
12. Podemos ahora discernir claramente (a no ser que no
deseemos hacerlo), qué cosa es la que se nos prohíbe aquí. Es el
procurar proveerse de más de lo necesario para satisfacer los
fines ya mencionados. El trabajar por obtener más riquezas, más
plata y oro. El guardar más de lo que se requiere para satisfacer
las necesidades, esto es lo que aquí se prohíbe clara y
absolutamente. Si las palabras tienen algún significado, sin duda
que esto es lo que quieren decir, pues ninguna otra cosa pueden
expresar. Por consiguiente, cualquiera que no debe nada a nadie,
que tiene el alimento y la vestimenta necesarios para sí mismos
y su familia, y que además de esto posee suficiencia para
continuar sus negocios y satisfacer todas estas justas
necesidades; quienquiera, digo, que se halle en tales
circunstancias y, sin embargo, esté procurando hacerse de
mayores posesiones, vive abierta y habitualmente negando al
Señor que le rescató. Prácticamente ha negado la fe, y es peor
que un incrédulo, ya sea de África o de América.
49 Cf. 1 Ti. 5.3,8.
50 1 Ti. 5.8.
51 Ro. 13.8.
198 Sermón 28
13. Ustedes que viven en el mundo y que son del
mundo en que viven, escúchenme. Tal vez sean estimados en
mucho por la gente, pero delante de Dios son abominación.52
¿Hasta cuándo estará abatida hasta el polvo su alma?53 ¿Hasta
cuándo se cargarán ustedes con grueso lodo?54 ¿Cuándo
despertarán y verán que los paganos que piensan seriamente
están más cercanos al reino de los cielos que ustedes? ¿Cuándo
se convencerán de que su obligación es escoger la mejor parte,
aquella que nadie puede quitarnos?55 ¿Cuándo procurarán
hacerse sólo «tesoros en el cielo»,56 renunciando, evitando y
aborreciendo todo lo demás? Si están procurando hacerse sólo
«tesoros en la tierra»,57 ¿no están perdiendo el tiempo y
gastando sus fuerzas en ganar algo que no es el pan?58 Porque,
¿cuáles serán los frutos si tienen buen éxito? ¡Habrán asesinado
su propia alma! ¡Habrán apagado la última chispa de su vida
espiritual! ¡Ahora mismo, en medio de la vida, están en la
muerte! ¡Personas vivas, pero cristianos muertos! Porque
«donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro
corazón».59 Sumergidos en el polvo están sus corazones. Sus
almas están por el suelo.60 Sus afectos no están en las cosas de
arriba, sino en las de la tierra,61 en algarrobas que envenena-
rán, mas nunca podrán satisfacer un espíritu inmortal creado
para Dios. Su amor, gozo y deseo consisten en las cosas que
52 Cf. Lc. 16.15.
53 Cf. Sal. 119.25.
54 Cf. Hab. 2.6.
55 Cf. Lc. 10.42.
56 Mt. 6.20.
57 Mt. 6.19.
58 Cf. Is. 55.2.
59 Mt. 6.21.
60 Cf. Sal. 119.25.
61 Col. 3.2.
El sermón de la montaña VIII 199
perecen al usarlas. Han perdido el tesoro del cielo: Dios y
Cristo se les han perdido. ¡Han ganado riquezas y el fuego del
infierno!
14. ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los
que tienen riquezas!62 Cuando los discípulos se sorprendieron
al oír a nuestro Señor hablar así, lejos de retractarse él repitió la
misma verdad importante en términos más enérgicos: «Más
fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un
rico en el reino de Dios».63 ¡Cuán difícil es para aquellos cuyas
palabras todas reciben aplausos, no considerarse como sabios!
¡Cuán difícil es dejar de creer que son mejores que esa
muchedumbre de personas pobres, bajas, sin educación! ¡Qué
difícil no buscar la felicidad en las riquezas, o en las cosas que
dependen de ellas; no gratificar los deseos de la carne, los de
ojo, o las vanidades de la vida!64 Oh ricos, ¿cómo escaparéis de
la condenación del infierno?65 ¡Sólo para con Dios todas las
cosas son posibles!66
15. Y aun cuando no tengan éxito, ¿qué fruto sacan de
procurar tesoros en la tierra? Porque los que quieren
enriquecerse (los que lo desean o procuran ya sea que tengan
éxito o no) caen en tentación y lazo (una treta, una trampa que
el diablo pone) y en muchas codiciosas necias y dañosas,
deseos con los que la razón nada tiene que ver; deseos que en
realidad de verdad no son propios de seres racionales e
inmortales, sino de las bestias brutas que carecen de inteligen-
cia; deseos que hunden a los hombres en destrucción y
62 Mr. 10.23.
63 Mr. 10.25.
64 Cf. 1 Jn. 2.16.
65 Mt. 23.33.
66 Cf. Mt. 19.26.
200 Sermón 28
perdición,67 en la miseria presente y eterna. No necesitamos
sino abrir los ojos para ver diariamente las tristes pruebas de
todo esto: personas que, anhelando y procurando hacerse ricas,
codiciando el dinero, que es la raíz de todo mal, han traspasado
sus corazones de muchos dolores68 y anticipado el infierno a
donde se encaminan.
Es de observarse la cautela con que el Apóstol se
expresa en este pasaje. No afirma esto absolutamente de los
ricos, puesto que una persona puede ser rica sin haberlo
procurado debido a la Providencia que todo lo rige, y que no le
ha dejado escoger. Pero sí lo afirma de quienes desean o
procuran hacerse ricos. Las riquezas, a pesar de que son
peligrosas, no siempre hunden a los hombres en destrucción y
perdición. Pero el deseo de las riquezas sí: los que con toda
conciencia las desean y deliberadamente procuran obtenerlas,
ya sea que ganen el mundo o no, infaliblemente pierden sus
propias almas. Esos son los que venden en unas cuantas piezas
de plata u oro69 al que los rescató con su sangre; esos los que
hacen un pacto con la muerte y el infierno, el cual pacto
permanecerá. Pues diariamente se están haciendo dignos
partícipes de la herencia del diablo y sus ángeles.70
16. ¿Quién amonestará a esta generación de víboras a
huir de la ira venidera?71 Ciertamente que no serán los que
esperan a sus puertas, o los que adulan con bajeza deseando
alimentarse de las migajas que caen de sus mesas,72 ni los que
buscan su aprobación o temen sus enojos; ninguno de aquellos
que se ocupan de cosas terrenales. Empero si hay en la tierra
67 1 Ti. 6.9.
68 Cf. 1 Ti. 6.10.
69 Cf. Mt. 26.14-15.
70 Cf. Mt. 25.41.
71 Cf. Mt. 3.7.
72 Cf. Lc. 16.20.21.
El sermón de la montaña VIII 201
algún cristiano, si hay alguna persona que haya vencido al
mundo, que sólo desee a Dios y no tema sino a aquel que puede
matar el cuerpo y echar el alma en el infierno,73 tú, oh hombre
de Dios, clama a voz en cuello, no te detengas, alza tu voz como
trompeta.74 Grita en voz alta y muestra a estos honorables
pecadores la condición tan desesperada en que están. Tal vez si
haya un alma entre mil que quiera escuchar, que se levante y
sacuda el polvo; que rompa esas cadenas que ahora la sujetan a
la tierra y al fin se haga tesoros en el cielo.
17. Si acaso sucede que una de esas almas, que debido
al omnipotente poder de Dios se levante y pregunte: «¿Qué
debo hacer para ser salvo?»75 la respuesta según los oráculos
de Dios es clara, plena y cabal. Dios no te dice: «Vende todo lo
que tienes».76 A la verdad que quien mira en el corazón de los
seres humanos, vio que era necesario imponer esto en un caso
especial, el del joven rico. Pero ese mandato nunca lo dio como
una regla general para todos los ricos, de todas las generaciones
venideras. La dirección general que da es: «No te
ensordezcas».77 Dios no ve como los humanos ven.78 El no te
aprecia por razón de tus riquezas, por tu grandeza o apariencia,
por cualquier calidad o conocimiento que directa o indirecta-
mente se deban a tu riqueza, que se puedan comprar u obtener
con dinero. Todo esto es ante su presencia como la basura y la
escoria: que tu opinión sea la misma. Ten cuidado de no creerte
un ápice más sabio o mejor con motivo de estas cosas. Pésate
en otra balanza; mídete sólo con la medida de la fe y el amor
73 Cf. Mt. 10.28.
74 Is. 58.1.
75 Hch. 16.30.
76 Lc. 18.22.
77 Ro. 11.20.
78 Cf. 1 S. 16.7.
202 Sermón 28
que Dios te ha dado. Si tienes más conocimiento y amor de Dios
que el pastor que acompañado de sus perros cuida de sus
ovejas,79 por sólo este hecho y por ninguna razón, eres más
sabio y mejor, de mayor valor y honra. Pero si no posees este
tesoro, entonces eres más torpe, más vil, más despreciable, no
diré ya que el último de tus siervos bajo tu techo, sino que el
mendigo lleno de llagas que esté tirado a la puerta de tu casa.80
18. En segundo lugar, no confíes en las riquezas
inciertas.81 No esperes ayuda de ellas, ni les confíes tu felicidad.
Primero, no busques en ellas ninguna ayuda. Te
equivocas miserablemente si es que estás buscando ayuda en el
oro o en la plata. No pueden ponerte por encima del mundo ni
tampoco del diablo. Sabe, pues, que tanto el mundo como el
príncipe de este mundo82 se ríen de semejantes preparativos
contra ellos. De muy poco valdrán cuando vengan los
problemas -si es que permanecen en la hora de prueba. Pero no
es seguro que permanecerán, porque ¡cuán a menudo se hacen
alas y vuelan!83 Y aun cuando no fuere así, ¿de qué valdrán en
las aflicciones comunes de la vida? Si el deleite de tus ojos,84 la
esposa de tu juventud,85 tu hijo, el único hijo que tienes, el
amigo íntimo de tu alma,86 caen de un solo golpe,87 ¿podrán tus
riquezas reanimar el cuerpo sin aliento, o llamar al espíritu que
antes habitaba en él? ¿Te podrán defender de las enfermedades,
dolencia y penas? ¿Acaso afligen estas cosas sólo a los pobres?
79 Cf. Job 30.1.
80 Lc. 16.20.
81 Cf. 1 Ti. 6.17.
82 Jn. 14.30; 16.11.
83 Cf. Pr. 23.5.
84 Ez. 24.16, 21.
85 Pr. 5.18; Mal. 2.14.
86 Cf. Dt. 13.6; 1 S. 18.3.
87 Ex. 24.16.
El sermón de la montaña VIII 203
Muy al contrario: tu siervo que pastorea tus ganados o que labra
la tierra sufre menos enfermedades y dolores que tú. Estos mal
deseados huéspedes le visitan menos: y si acaso llegaran, es más
fácil expulsarlos de la humilde cabaña que de los grandes
palacios. Durante las horas en que tu cuerpo sufre el castigo de
los dolores, o que le consume la enfermedad, ¿de qué te sirven
los tesoros? Deja que te responda el pobre pagano:
Como a la vista enferma la pintura,
Como a la gota el ser muy fomentada,
O como al oído la cítara destemplada.88
19. Pero te espera una aflicción mayor que todo esto.
¡Tienes que morir! Te has de sumergir en el polvo de la tierra.
Volverás al polvo de donde fuiste hecho, a mezclarte con la
tierra común. Tu cuerpo volverá a la tierra tal cual fue en su
origen, y tu espíritu volverá a Dios que lo creó.89 Y el tiempo
vuela: los años se van deslizando con un paso rápido y
silencioso. Tal vez tus días toquen a su fin: el mediodía de tu
vida pasó, y las sombras de la noche comienzan a posarse sobre
ti. En ti mismo sientes acercarse la inevitable decadencia; las
fuentes de vida se secan al mismo tiempo. Ahora bien, ¿de qué
te sirven las riquezas? ¿Endulzan acaso el trance de la muerte?
¿Hacen que esa hora solemne sea deseable? Todo lo contrario.
¡Cuán amarga eres, oh muerte, al hombre que vive tranquilo en
sus posesiones!90 ¡Qué poco aceptable le es aquella sentencia:
«Esta noche vienen a pedirte tu alma»91 ¿Evitarán acaso el
indeseado golpe, o retardarán la terrible hora? ¿Pueden librar tu
88 Cf. Horacio, Epístolas, I, ii, 52-53. Wesley, quien no gustaba de la obra de Horacio,
no obstante le cita veintinueve veces en sus Sermones.
89 Ec. 12.7.
90 Cf. Eclesiástico 41.1.
91 Cf. Lc. 12.20.
204 Sermón 28
alma de probar la muerte?92 ¿Podrán devolverte los años que
pasaron? ¿Les será posible añadir al tiempo que se te ha fijado
un momento, un mes, un día, una hora? ¿O te seguirán acaso
más allá de la tumba, las cosas buenas que aquí has escogido?
Nada de eso: desnudo viniste al mundo y desnudo saldrás de
él.93
El morir es natural, todo lo has de dejar.
Terrenos, mansiones, tu amada esposa.
De todos los árboles que has sabido cultivar,
Sólo te ha de esperar el ciprés, junto a la rosa.94
Por cierto, que si estas verdades no fuesen demasiado
claras para entenderse (como lo son para negarse) ninguna
persona por morir pondría su esperanza en la ayuda de las
riquezas inciertas.95
20. No busques en ellas la felicidad. En esto también
descubrirás que son como pesas engañosas,96 lo que ciertamente
toda persona reflexiva debe inferir de lo que llevamos expuesto.
Porque si la mucha plata y oro, y las ventajas y placeres que
proporcionan, nos pueden librar de ser miserables, es claro que
tampoco podrían hacernos felices. ¿Qué felicidad pueden
proporcionar al que en medio de todos sus placeres, se sienta
constreñido a exclamar: Aun en mis nuevos palacios tristes
pensamientos me persiguen; Y bajo mis dorados techos los
cuidados me atormentan.97
A la verdad que la experiencia respecto de esto es tan
abundante, manifiesta e innegable, que vuelve enteramente
superfluos todos los demás argumentos. Apelamos, por
92 Cf. Sal. 33.19.
93 Cf. Job 1.21.
94 Horacio, Odas, II xiv, 21-24.
95 1 Ti. 6.17.
96 Sal. 62.9.
97 Versos que Wesley adapta de Matthew Prior.
El sermón de la montaña VIII 205
consiguiente, a los hechos. ¿Son los ricos y los grandes los
únicos felices? ¿Son felices en realidad de verdad? ¡Casi estuve
a punto de decir que son las personas más miserables!98 Oh tú,
rico, al menos habla la verdad según te la dicte tu corazón.
Habla, por ti y por tus hermanos.
Aun en medio de la abundancia
Sentimos que algo nos falta,
Y la ausencia de ese algo
Disipa toda complacencia.99
Y así será, hasta que la noche de la muerte absorba los
días de la vanidad.
Por cierto, la mayor torpeza que puede cometerse en la
vida es buscar la felicidad en las riquezas. ¿No estás persuadido
de esto? ¿Será posible que aun esperes encontrar la felicidad en
el dinero o en las cosas que proporciona? ¿Podrán acaso la plata,
el oro, las comidas y las bebidas, los caballos, los sirvientes, los
ropajes deslumbrantes, las diversiones y los placeres (así
llamados) hacerte feliz? ¡No pueden darte la felicidad como no
pueden hacerte inmortal!
21. No son más que vana pompa. No te preocupes por
ella. Pon tu confianza en el Dios viviente100 y estarás seguro
bajo la sombra del Todopoderoso.101 Su felicidad y verdad serán
tu escudo y adarga.102 El es una ayuda presente en todo tiempo
de problemas,103 ayuda que nunca puede fallar. Aunque todos
los amigos desaparezcan podrás decir: «¡Viva Jehová...y
98 1 Co. 15.19.
99 Otros versos adaptados de Matthew Prior.
100 1 Ti. 4.10.
101 Sal. 91.1.
102 Sal. 91.4.
103 Cf. Sal. 46.1.
206 Sermón 28
enaltecido sea el Dios de mi salvación!»104 El se acordará de ti
cuando estés enfermo y en cama,105 en la hora cuando es vana
la ayuda humana,106 cuando todas las coas del mundo de nada
te sirvan. El mullirá tu cama en toda tu enfermedad.107 El
endulzará tu sufrimiento. La contemplación del Señor hará que
aplaudas en medio de las llamas. Y en la hora en que esta
habitación de tierra108 esté pronta a desplomarse, a caer reducida
en polvo, él te enseñará a decir: «¿Donde está, oh muerte, tu
aguijón? ¿Dónde oh sepulcro, tu victoria?...Mas gracias sean
dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor
Jesucristo».109
¡Confíen en él tanto para la felicidad como para toda
ayuda! Todas las fuentes de felicidad son suyas. Confíen en
aquel que nos da todas las cosas en abundancia para que las
disfrutemos,110 quien, movido de su abundante y amorosa
misericordia, nos da estas cosas con su propia mano a fin de que
al recibirlas como dones suyos y primicias de su amor, gocemos
de todo aquello que nos pertenece. Su amor santifica cuanto
probamos, infunde vida y dulzura en todo. Cada una de sus
criaturas nos guía al gran Creador, y toda la tierra es una escala
al cielo. El transmite los goces que están en su poder a todo lo
que da a sus hijos agradecidos, quienes, teniendo comunión con
el Padre y con su Hijo Jesucristo,111 le gozan en todo y sobre
todas las cosas.
104 Cf. Sal. 18.47.
105 Cf. Sal. 41.3.
106 Cf. Sal. 60.11; 108.12.
107 Cf. Sal. 41.3.
108 El cabal dualismo de Wesley se refleja en la repetida metáfora sobre el cuerpo
terrenal como un habitáculo provisional del alma. Sus fuentes bíblicas incluirían Job
4.19 (casa de barro) y 2 Co. 5.1 (la morada terrestre, este tabernáculo).
109 1 Co. 15.55-57.
110 Cf. 1 Ti. 6.17.
111 Cf. 1 Jn. 1.3.
El sermón de la montaña VIII 207
22. En tercer lugar, no procures aumentar tus riquezas.
«No os hagáis tesoros en la tierra»,112 es un mandamiento claro
y positivo como el que dice: «No cometerás adulterio».113
¿Cómo podrá una persona rica hacerse más rica, sin negar al
Señor que la rescató? Más claro, ¿cómo podrá una persona que
ya tiene las cosas necesarias para la vida, ganar o procurar
más sin hacerse culpable? «No os hagáis» -dice el Señor-
«tesoros en la tierra». Si a pesar de esto atesoras dinero y
posesiones que «la polilla y el orín corrompen», y que
«ladrones minan y hurtan»,114 si has de comprar más y más
fincas y terrenos,115 ¿por qué te llamas cristiano? Tú no
obedeces a Jesucristo. Ni tienes la intención de seguir su
precepto, ¿con qué derecho te apropias su nombre? ¿Por qué
me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?116
23. Si preguntas: «Pero, ¿qué debemos hacer con
nuestros bienes, si es que no los hemos de atesorar, viendo que
tenemos más de lo que necesitamos? ¿Los hemos de tirar?» Te
respondo: que si los echas en el mar o en el fuego para ser
consumidos, estarían mucho mejor dispensados que lo que
ahora están. No puedes imaginar un modo más eficaz de
desperdiciarlos que atesorarlos para tu posteridad, o guardarlo
para ti tonta y superfluamente. De entre todas maneras
posibles de desprenderse de ellos, estas dos son las peores, las
más opuestas al Evangelio de Cristo y las más perniciosas a tu
alma.
Un escritor ya fallecido ha demostrado muy eficazmente
cuán pernicioso es esto a vuestras almas:
112 Mt. 6.19.
113 Ex. 20.14.
114 Cf. Mt. 6.19.
115 Cf. Is. 5.8.
116 Lc. 6.46.
208 Sermón 28
Si despreciamos nuestro dinero, no sólo incu-
rrimos en la culpa de desperdiciar uno de los
talentos que Dios nos ha dado, (...) sino que
nos hacemos este otro mal: convertimos este
talento útil en un medio poderoso de corrom-
pernos, porque en el hecho mismo de emplearlo
mal satisfacemos con él alguna mala pasión y
complacemos deseos injustos y vanos a los que
como cristianos debemos renunciar.
Así como se puede abusar de un chiste y de los
gracejos, y los que abusan de ellos se exponen
a mayores torpezas, así también el dinero no
sólo puede malgastarse, sino que, si no se em-
plea conforme a la razón y a la religión, hará
que la gente lleve una vida más torpe y extra-
vagante de la que habría llevado sin él. Por con-
siguiente, quien no gasta su dinero para hacer
bien a los demás lo emplea en perjudicarse a sí
mismo. Obra como el que rehúsa dar una medi-
cina a su amigo enfermo, cuando él mismo no
puede beberla sin correr el peligro de inflamar
su sangre. Este es el caso del dinero superfluo:
si lo das a los que lo quieren, es como un vene-
no; si lo gastas en ti mismo en algo que no nece-
sitas, sólo inflama y desarregla tu mente (...).
Al usar de las riquezas cuando no tienen uso
real, ni existe verdadera necesidad, sólo las
usamos en perjuicio nuestro creando deseos
irracionales, alimentando malas disposiciones,
satisfaciendo pasiones torpes y sustentando la
vanidad de la mente. Porque el mucho beber y
comer, la ropa fina y las casas magníficas, el
aparato y la pompa, los placeres y diversiones
El sermón de la montaña VIII 209
amenos, son cosas malas y nocivas para el
corazón. Son la comida y el alimento de toda la
torpeza y debilidad de nuestra naturaleza (...).
Son el sostén de algo que no debería respaldar-
se. Son contrarias a esa sobriedad y piedad del
corazón que se alimenta de cosas divinas. Son
como otras tantas cargas en la mente, que debi-
litan nuestra inclinación a elevar los pensami-
entos y afectos hacia las cosas de arriba.
Así que el dinero que de este modo se gasta no
sólo se pierde y desperdicia sino que se emplea
en malos fines y con pésimos resultados para la
corrupción y el desorden de nuestros corazones;
nos vuelve incapaces de seguir las doctrinas
sublimes del Evangelio. Es como quien se
guarda de dar dinero a los pobres a fin de
comprar veneno para sí.117
24. Igualmente inexcusables son los que guardan lo
que no necesitan para propósito razonable alguno:
Si alguien tuviera manos, ojos y pies, que po-
dría dar a los que quisieran, y los guarda en un
cofre (...) en lugar de dárselos a sus hermanos
ciegos y cojos, ¿no tendríamos razón de consi-
derarle miserable y cruel? Si en lugar de dar
esas manos, ojos y pies a los que los necesitan,
y asegurar así un premio eterno, prefiriese ente-
rrar esos miembros, ¿no haríamos bien en tener-
le por loco?
Ahora bien, el dinero es como los ojos o los
pies. En consecuencia, si guardamos el dinero
en cofres (...) al mismo tiempo que algunos
117 Wesley cita a William Law, Op. cit.
210 Sermón 28
hermanos pobres y afligidos lo necesitan para
darle uso (...) nuestra crueldad es semejante a la
del hombre que pudiendo dar unos ojos, manos
y pies a los ciegos, mancos y cojos, prefiere
guardar esos miembros. Si preferimos guardar
el dinero en lugar de usarlo bien y asegurar un
premio eterno, somos tan locos como el quien
teniendo ojos y manos que dar los guarda bajo
llave, en lugar de obtener una bendición eterna
dándoselos a los que los necesitan.118
25. ¿No será esta otra razón por la que apenas podrán
entrar los ricos en el reino de los cielos?119 La gran mayoría de
ellos están bajo una maldición, la maldición especial de Dios,
puesto que según el tenor general de sus vidas no sólo están
robando a Dios, malgastando y desperdiciando los bienes del
Señor, y con esos mismos medios corrompiendo sus almas, sino
también robando a los pobres, los hambrientos, los desnudos,
cometiendo injusticia contra las viudas y los huérfanos, y
haciéndose responsables de todas las necesidades, aflicciones y
sufrimientos que pueden pero no quieren remediar. La sangre
de los que perecen por la avaricia de quienes guardan el dinero
o lo desperdician ¿no clamará contra ellos desde la tierra?120
¿Qué cuenta darán al que ha de juzgar a los vivos y a los
muertos?121
26. El mejor modo de emplear aquello de lo que no
tengas necesidad lo puedes aprender, en cuarto lugar, de las
palabras de nuestro Señor que son el complemento de las que
dijo antes: «haceos tesoros en el cielo donde ni la polilla ni el
118 Otra cita de William Law, ibid.
119 Cf. Mt. 19.23.
120 Cf. Gn. 4.10.
121 Cf. 1 Pe. 4.5.
El sermón de la montaña VIII 211
orín corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan».122
Emplea todos tus ahorros en algo que preste mayor seguridad
que la de este mundo. Pon tus tesoros en el banco del cielo, y
Dios te los devolverá en el gran día. A Jehová presta el que da
al pobre, y... [él] se lo volverá a pagar123 «Ponlo a mi cuenta»,
dice el Apóstol, «yo lo pagaré...por no decirte que aun tú mismo
te me debes también».124
Da a los pobres con intención pura, con rectitud de
corazón y anota: «Tanto dado a Dios», porque en cuanto lo
hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mi lo
hicisteis.125
Esta es la parte de un mayordomo fiel y prudente:126
no vender su casa o sus terrenos ni sus valores a no ser que
esté obligado por razones muy poderosas; no desear ni
procurar aumentarlos, ni desperdiciarlos en vanidades, sino
emplearlos enteramente con fines sabios y racionales para los
cuales el Señor los ha puesto en sus manos. El mayordomo
prudente después de haber provisto para su propia familia con
todo lo necesario para la vida y la piedad,127 se hace amigos
con lo que de tiempo en tiempo queda de las riquezas de
injusticia, para que cuando éstas falten (le) reciban en las
moradas eternas;128 para que cuando se disuelva éste su
tabernáculo terreno, los que hayan sido llevados y estén
reclinados en el seno de Abraham,129 los que hayan comido su
122 Mt. 6.20.
123 Pro. 19.17.
124 Flm. 18-19.
125 Cf. Mt. 25.40.
126 Lc. 12.42.
127 Cf. 2 P. 1.3.
128 Cf. Lc. 16.9.
129 Cf. Lc. 16.22.
212 Sermón 28
pan y vestido con las ropas que él les haya dado, y alabado a
Dios por el consuelo recibido, le den la bienvenida al paraíso y
a la casa de Dios, eterna en los cielos.130
27. A ustedes pues, los ricos de este siglo,131 les
mandamos, puesto que tenemos autoridad de nuestro gran
Señor y Maestro, que perseveren en hacer el bien; que
constantemente hagan buenas obras.132 Sean misericordiosos,
como también vuestro Padre es misericordioso,133 quien hace
el bien y no se cansa. ¿Hasta dónde deben ser misericordiosos?
Hasta donde alcancen sus fuerzas, con todo el poder que Dios
les haya dado. Sea ésta su única norma para hacer el bien y no
las vanas máximas y costumbres del mundo. Les mandamos,
que sean ricos en buenas obras.134 Si poseen mucho, den con
abundancia: de gracia recibisteis, dad de gracia,135 atesorando
sólo en el cielo. Sean prontos para repartir136 a cada cual de
acuerdo a sus necesidades. Distribuyan, den a los pobres, den
pan al hambriento,137 vistan al desnudo,138 hospeden al
extranjero,139 lleven o manden auxilios al que está en la cárcel.
Curen al enfermo, no por milagros, sino por la bendición de
Dios sobre la oportuna ayuda que ustedes presten. Permite que
la bendición de aquel que estaba listo a morir de necesidad te
130 2 Co. 5.1.
131 Cf. 1 Ti. 6.17.
132 Cf. 1 Ti. 6.18.
133 Lc. 6.36.
134 Cf. 1 Ti. 6.17-18.
135 Mt. 10.8.
136 1 Ti. 6.18.
137 Cf. Is. 58.7.
138 Cf. Ez. 18.7.
139 Cf. He. 13.2.
El sermón de la montaña VIII 213
alcance.140 Defiende al oprimido, aboga por la causa de los
huérfanos y haz que se alegre el corazón de la viuda.141
28. Les exhortamos, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo, a que compartan con buena voluntad, koinonikoús
eînai;142 que tengan el mismo espíritu (si bien no la misma
condición exterior) de aquellos creyentes de los tiempos
antiguos, quienes perseveraban firmes en tê koinonía, en esa
bendita y santa comunión,143 en la que ninguno decía ser suyo
propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas
en común.144 Sean mayordomos buenos y fieles145 de Dios y de
los pobres, diferenciándose de ellos sólo en estas dos
circunstancias, que tienen todas sus necesidades satisfechas con
la parte que les ha tocado de los bienes del Señor, y que
además tienen la bendición de dar. Atesoren, pues, buen
fundamento, no para el mundo presente, sino para el tiempo por
venir, echen mano a la vida eterna.146 En verdad, el gran
fundamento de todas las bendiciones de Dios, bien temporales
ya eternas, es el Señor Jesucristo, su justicia, su sangre, lo que
ha hecho y sufrido por nosotros, y nadie puede poner otro
fundamento que el que está puesto147 en este sentido, ni un
apóstol, ni un ángel del cielo.148 Pero debido a sus méritos,
cualquier cosa que hagamos en su nombre es un fundamento
que merecerá buena recompensa en aquel día en que cada uno
140 Job 29.13.
141 Ibid.
142 Cf 1 Ti. 6.18.
143 Hch. 2.42.
144 Hch. 4.32.
145 Cf. Lc. 12.42.
146 Cf. 1 Ti. 6.19.
147 1 Co. 3.11.
148 Cf. Gá. 1.8.
214 Sermón 28
recibirá su recompensa conforme a su labor.149 Por
consiguiente, trabajad, no por la comida que perece, sino por
la comida que a vida eterna permanece.150 Por tanto, todo lo
que les viniere a la mano por hacer, háganlo según sus
fuerzas.151 Por consiguiente,
No dejes pasar la oportunidad;
Aprovecha los preciosos instantes,
Y en los años que pasan veloces
Asegura la eternidad.152
Perseverando en bien hacer, busca su gloria, y honra e
inmortalidad.153 Haciendo constantemente y con celo toda
clase de buenas obras,154 espera esa hora feliz cuando el Rey
habrá de decirte: «Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve
sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis;
desnudo, y me cubristeis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel,
y vinisteis a mí».155 «Venid, benditos de mi Padre, heredad el
reino preparado para vosotros desde la fundación del
mundo».156
149 1 Co. 3.8.
150 Jn. 6.27.
151 Ec. 9.10.
152 Adaptación de un texto de Samuel Wesley, «On the Death of Mr. Morgan...»; en
Poems (1736), pág. 108.
153 Ro. 2.7.
154 Cf. Tit. 2.14.
155 Mt. 25.34-36.
156 Mt. 25.34.