Sermón 27 - Sobre el sermón de nuestro Señor
en la montaña
Séptimo discurso
Mateo 6:16-18
Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los
hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a
los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su
recompensa.
Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu
rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas; sino a tu
Padre que está en secreto; y tu P adre que ve en lo secreto te
recompensará en público.
1. Desde el principio del mundo, uno de los ardides de
Satanás ha sido separar lo que Dios había juntado;1 dividir la
religión interior de la exterior; hacer que una estuviera en pugna
con la otra. Y en esto ha tenido buen éxito entre aquellos que
ignoraban sus maquinaciones.2
En todas las épocas, muchos han tenido celo por Dios,
pero no según conocimiento,3 y se han adherido estrictamente a
la justicia que es por la ley,4 el cumplimiento de los deberes
exteriores, pero al mismo tiempo han descuidado por completo
la justicia interior, la justicia que es de Dios por la fe.5 Otros
muchos han caído en el extremo opuesto menospreciando los
1 Cf. Mt. 19.6; Mr. 10.9.
2 2 Co. 2.11.
3 Cf. Ro. 10.2.
4 Ro. 2.26; 8.4.
5 Fil. 3.9.
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162 Sermón 27
deberes exteriores, y aun murmuran de la ley, y juzgan a la ley,6
en cuanto a que ésta enseña el cumplimiento de dichos
deberes.
2. Por este mismo ardid de Satanás se han colocado la fe
y las obras como en desacuerdo. Y muchos que verdaderamente
tenían celo de Dios, han caído, si bien por corto tiempo, en una
u otra trampa. Algunos han exaltado la fe a tal grado, que
excluyen por completo las buenas obras, negando no sólo que
sean la causa de nuestra justificación (puesto que sabemos que
el hombre es justificado gratuitamente mediante la redención
que es en Jesucristo),7 sino también que sean el fruto necesario
de la fe; más aún, no dándoles ningún lugar en la religión de
Jesucristo. Otros, ansiosos por evitar este peligroso error, se han
alejado lo mismo en dirección opuesta y han sostenido que las
buenas obras son la causa- al menos la condición previa -de
nuestra justificación, o han hablado de ellas como si fuesen el
todo por el todo, la completa religión de Jesucristo.
3. De la misma manera, el fin y los medios de la religión
se han puesto en oposición el uno con los otros. Algunas
personas, con toda buena intención, parece que hacen consistir
toda la religión en asistir a los cultos de la iglesia, en tomar la
Cena del Señor, en oír sermones y leer libros piadosos,
olvidándose al mismo tiempo del fin de todo esto, el amor a
Dios y al prójimo. Esto ha confirmado a otros en su olvido, si
no en su desprecio, de los mandamientos de Dios, de los que
tanto se han abusado para minar y destruir el propio fin para
cuyo sostén fueron establecidos.
4. De todos los medios de gracia, apenas habrá otro
respecto del cual hayan caído los seres humanos en mayores
errores, como el que nuestro Señor menciona en las palabras
6 Stg. 4.11.
7 Ro. 3.24.
El sermón de la montaña VII 163
del texto, a saber: el ayuno religioso. ¡Cómo han exaltado esto
algunos, mucho más allá de la Escritura y la razón!8 Otros lo
han menospreciado por completo, vengándose, como quien
dice, al despreciarlo tanto como los otros lo han exaltado.
Aquellos han hablado del ayuno como si fuera el todo por el
todo; si no un fin en sí mismo, al menos infaliblemente unido
con él. Estos, como si no fuera nada absolutamente; como si
fuese un trabajo estéril que no tuviera relación alguna con la
religión. Mientras que, evidentemente, la verdad se encuentra
entre ambos extremos.9 No es el todo, pero tampoco deja de ser
algo. No es el fin, pero sí es un medio precioso que lleva a ese
fin; medio que Dios mismo ha establecido y por el cual, en
consecuencia, cuando se usa bien, ciertamente nos dará su
bendición.
A fin de explicar esto con la mayor claridad, procuraré
mostrar, en primer lugar, cuál es la naturaleza del ayuno en sus
diversos grados y clases. Segundo, sus razones, bases y fines.
Tercero, cómo pueden contestarse las objeciones más
plausibles que se arguyan. Y en cuarto lugar, la manera como
debe usarse.
I.1. Procuraré, en primer lugar, mostrar cuál es la
naturaleza del ayuno, con sus diversos grados y clases.
Respecto de su naturaleza, todos los escritores inspirados,
tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo, dan un mismo
sentido a la palabra «ayunar»: no comer, abstenerse de tomar
alimento. Esto es tan claro que sería perder tiempo citar las
8 El propio ascetismo de Wesley, en este punto y otros, fue moderado en
comparación con los ayunos rigurosos de los cartujos, cistercienses y carmelitas,
o los de ascetas como Gregorio López y Pedro de Alcántara, sin llegar a
mencionar los innumerables «Días de ayuno» proclamados por los parlamentos
puritanos (1642-1659).
9 Esta preferencia de Wesley por la «vía media», y en contra de todo extremismo, es
característica de su tradición anglicana.
164 Sermón 27
palabras de David, Nehemías, Isaías y los profetas que
siguieron, o las de nuestro Señor y sus apóstoles, puesto que
todos están de acuerdo en esto: que ayunar es abstenerse de
tomar alimento por un tiempo fijo.
2. A esto añadieron los antiguos, generalmente, otras
circunstancias que no tenían relación con el ayuno. Tales como
la falta de aseo en la vestimenta; dejar de lado ciertos adornos
que acostumbraban usar; vestir de luto; echarse ceniza sobre la
cabeza, o ponerse el saco penitencial sobre la piel. Pero en el
Nuevo Testamento rara vez se menciona alguna de estas
circunstancias. Tampoco parece que los cristianos de edades
más puras les han dado valor alguno, si bien algunos penitentes
podían usarlas de motu proprio como señas exteriores de su
humillación interior. Mucho menos practicaron los apóstoles o
los cristianos de su época el golpearse o lacerarse. Semejantes
«disciplinas» eran propias de sacerdotes y adoradores de Baal.
Los dioses de los paganos no eran sino diablos, e
indudablemente era cosa aceptable para el dios-diablo, cuando
sus sacerdotes clamaban a grandes voces, y se sajaban con
cuchillo y con lancetas conforme a su costumbre, hasta
chorrear la sangre sobre ellos.10 Esto no puede ser agradable a
aquel que no vino a destruir las vidas de los seres humanos, sino
a salvarlas,11 ni es digno de sus discípulos.
3. Respecto de los grados o medidas del ayuno, hay
ejemplos de algunos que han ayunado por varios días sin
interrupción. Está escrito que Moisés, Elías y nuestro bendito
Salvador, teniendo fuerzas sobrenaturales para llevar a cabo tal
privación, ayunaron sin interrupción cuarenta días y cuarenta
noches.12 Sin embargo, el tiempo del ayuno que con más
frecuencia se menciona en la Escritura es de un día: desde la
10 1 R. 18.28.
11 Cf. Lc. 9.56.
12 Sobre Moisés, ver Ex. 34.28 y Dt. 9.9; Elías: 1 R. 19.8; Jesús: Mt. 4.1-2.
El sermón de la montaña VII 165
mañana hasta la noche, siendo éste el ayuno que comúnmente
observaban los cristianos. Además de éste, tenían otros ayunos
(semijejunia, como lo llamaba Tertuliano13), que consistían en
no probar alimento el cuarto y sexto día de la semana -todos los
miércoles y viernes del año- hasta las tres de la tarde, hora en
que volvían del culto público.
4. Muy relacionado a esto es lo que nuestra iglesia
parece querer dar a entender especialmente con el término
«abstinencia», que puede usarse cuando no podemos ayunar
por completo, con motivo de enfermedad o debilidad corporal.
Es decir, comer poco, privarse en parte, tomar menos
alimentos que lo usual. No recuerdo que haya de esto ningún
ejemplo en la Escritura, pero tampoco lo condeno, puesto que
la Biblia no lo condena. Puede ser útil y recibir bendición de
Dios.
5. El grado íntimo del ayuno, si tal nombre se le puede
dar, es de abstenerse de cosas agradables al paladar, y de esto
tenemos varios ejemplos en la Escritura además del de Daniel y
sus hermanos, quienes, por una razón especial -a saber: que no
querían contaminarse con la comida del rey, ni con el vino que
bebía, (una porción diaria, la cual el rey había mandado que les
diesen)- pidieron y consiguieron del jefe de los eunucos,
legumbres que comer y agua para beber.14 Tal vez de una
imitación errónea de esto haya resultado la costumbre antigua
de abstenerse de carne y vino durante las épocas señaladas para
ayuno y abstinencia; si es que no debió su origen a la
suposición de que la carne y el vino eran los alimentos más
agradables y la creencia de que deben usarse alimentos menos
agradables al paladar, en los momentos de solemne
acercamiento a Dios.
13 Tertuliano, Sobre el Ayuno, caps. IX y X.
14 Cf. Dn. 1.5, 8, 12.
166 Sermón 27
6. Había en la iglesia judaica ciertos ayunos fijos. Tal
como el ayuno del séptimo mes, que Dios mismo mandó
observar a todo el pueblo de Israel, bajo pena de castigo muy
severo en caso de desobediencia. Y habló Jehová a Moisés,
diciendo: «A los diez días de este mes séptimo, será el día de
la expiación: tendréis santa convocatoria (...) y afligiréis
vuestras almas (...) para reconciliaros delante de Jehová
vuestro Dios. Porque toda persona que no se afligiere en este
mismo día, será cortada de su pueblo».15 En épocas siguientes
añadiéronse a estos varios otros ayunos fijos. Así, el profeta
Zacarías menciona el ayuno no sólo del séptimo, sino también
del cuarto, del quinto y del décimo mes.16
Había igualmente en la antigua Iglesia cristiana, ayunos
fijos, tanto anuales como semanales. A los primeros pertenecía
el anterior a la Pascua de Resurrección, que algunos observaban
durante cuarenta y ocho horas; otros por una semana; muchos
por dos semanas, sin probar alimento, sino hasta la noche de
cada día. A los ayunos semanales pertenecían los del cuarto y
sexto día de la semana, que se observaban (como escribe
Epifanio, asegurando que era un hecho innegable), en hóle tê
oikouméne. en toda la tierra habitada,17 o al menos en todo
lugar donde los cristianos residían. Los ayunos anuales en
nuestra iglesia son: «los cuarenta días de cuaresma, los días de
témporas en las cuatro estaciones, los días de rogaciones y las
vísperas de varias fiestas solemnes; los semanales, todos los
viernes del año, excepto el día de Navidad».18
Empero, además de los ayunos fijos en todas las
naciones que temen a Dios, siempre ha habido ayunos
15 Lv. 23.26-29.
16 Zac. 8.19.
17 Cf. Mt. 24.14, Hch. 11.28, Ap. 3.10 y 16.14.
18 Wesley se refiere aquí a la Iglesia de Inglaterra o Iglesia Anglicana, y cita las
«Tablas y reglas» del Libro de oración común.
El sermón de la montaña VII 167
ocasionales, señalados de tiempo en tiempo, según lo han
requerido las respectivas ocasiones y circunstancias especiales.
Así fue cuando los hijos de Moab y de Amón (...) vinieron
contra Josafat a la guerra (...) y Josafat humilló su rostro para
consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá.19 Así
también, en el año quinto de Joacim, hijo de Josías (...) en el
mes noveno cuando tenían miedo del rey de Babilonia, los
príncipes de Judá promulgaron ayuno en la presencia de
Jehová, a todo el pueblo del Jerusalén.20
De la misma manera, algunas personas que desean
enmendar sus caminos y andar humildemente cerca de Dios,
encontrarán a menudo la ocasión de afligir sus almas en lo
privado y ante su Padre que está en secreto. A esta clase de
ayuno se refieren especial y principalmente las direcciones que
aquí se dan.
II.1. Paso, en segundo lugar, a mostrar cuáles son las
bases, las razones y fines del ayuno.
Primeramente, las personas que se encuentran bajo
fuertes emociones de la mente -a quienes domina una pasión
vehemente como el dolor y el miedo- con frecuencia se dejan
absorber por tales influencias y se olvidan de comer su pan.21
En semejantes épocas se cuidan poco del alimento, aun del
necesario para sostener la vida, y mucho menos desean cosas
delicadas o variadas, puesto que están ocupadas con
pensamientos muy diferentes. Así, cuando Saúl dijo: «Estoy
muy angustiado; pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se
ha apartado de mí»; está escrito: «en todo aquel día y aquella
noche no había comido pan».22 Así, los que estaban en el
19 2 Cr. 20.1, 3.
20 Jer. 36.9.
21 Cf. Sal. 102.4.
22 2 S. 28.15, 20.
168 Sermón 27
buque con Pablo, siendo combatidos por una furiosa
tempestad, y ya perdida toda esperanza de salvarse, permane-
cieron ayunando, sin comer nada, es decir, no haciendo
ninguna comida cabal por catorce días.23 Cuando David y
todos los hombres que con él estaban supieron que el pueblo
había huido del campo de batalla, y que Saúl y Jonatán, su hijo,
eran muertos también, lloraron, y lamentaron y ayunaron
hasta la tarde, por Saúl y Jonatán (...) y por la casa de
Israel.24
Más aún, los que están profundamente interesados en su
ocupación con frecuencia se impacientan cuando se les
interrumpe, y aun les repugna el alimento necesario, puesto que
distrae sus pensamientos de aquello en lo que desean fijar toda
su atención. Así Saúl, en la ocasión ya mencionada, cayó en
tierra cuan grande era, sin fuerza alguna, y sin embargo dijo:
«No comeré» hasta que sus siervos juntamente con la mujer lo
obligaron.25
2. He aquí, pues, la base natural del ayuno. Quien está
profundamente afligido, abrumado por el dolor del pecado y con
una viva persuasión de la ira de Dios, sin tener ninguna regla
para ello, sin saber ni ponerse a pensar si abstenerse de tomar
alimento es un mandamiento de Dios o no, se abstiene no sólo
de tomar cosas agradables, sino hasta del alimento necesario.
Como Pablo, por ejemplo, quien después de haber sido guiado
a Damasco, estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.26
Además, cuando la tempestad ruge con furor, cuando
abruma un temor horrible27 al que ha estado sin Dios en este
23 Cf. Hch. 27.20, 33.
24 2 S. 4, 11, 12.
25 2 S. 28.20, 23.
26 Hch. 9.8, 9.
27 Cf. Sal. 55.5.
El sermón de la montaña VII 169
mundo, su alma aborrece toda clase de alimento;28 es para él
desagradable y molesto. Le impacienta todo lo que viene a
interrumpir su incesante clamar: «¡Señor, sálvame que
perezco!»29
¡Con cuánta energía se expresa respecto de esto mismo
nuestra iglesia en la primera parte de la homilía sobre el ayuno!
Cuando los hombres sienten el peso terrible del
pecado, ven que su recompensa es la condena-
ción y miran, con la vista de su mente, los ho-
rrores del infierno; tiemblan, se estremecen y se
sienten interiormente tocados con dolor de co-
razón y no pueden menos que acusarse, presen-
tar su dolor ante Dios Todopoderoso e implo-
rar su misericordia. Al hacer esto con toda se-
riedad, sus mentes se encuentran de tal manera
ocupadas (absortas), en parte con dolor y pe-
sadumbre, en parte con el sincero deseo de ser
librados del peligro del infierno y de la conde-
nación, que hacen a un lado todo deseo de co-
mer y beber, y la aversión (u odio) de todas las
cosas y placeres terrenales se deja sentir en su
lugar. De modo que nada les cuadra mejor que
llorar y lamentarse, gemir y mostrar tanto con
sus palabras como con su conducta que están
cansados de la vida.30
3. Otra de las razones o bases del ayuno es ésta:
Muchos de los que ahora temen a Dios tienen una conciencia
muy viva de lo mucho que han pecado contra él, abusando de
28 Cf. Sal. 107.18.
29 Cf. Mt. 8.25.
30 Wesley cita el sermón «Sobre el Ayuno» («On Fasting»), Pt. 1 en Certain Sermons
or Homilies to be read in Churches in the Time of the late Queen Elizabeth (1623),
reeditado por Oxford University Press, 1840.
170 Sermón 27
estas cosas lícitas. Saben cuánto han pecado comiendo con
exceso; lo mucho que han quebrantado por largo tiempo la ley
santa de Dios respecto de la templanza, si no es que también de
la sobriedad. Cómo han complacido sus apetitos sensuales, tal
vez hasta poner en peligro la salud de su cuerpo, perjudicando
evidentemente su alma, y no poco. Porque de esta manera han
estado alimentando y aumentando continuamente esa viva
ligereza, esa vacuidad de la mente, esa frivolidad de genio, ese
descuido y liviandad respecto de las cosas que merecen nuestro
más profundo interés, ese aturdimiento e inestabilidad de
espíritu que no es otra cosa que embriaguez del alma, que
embrutece sus facultades más nobles tanto como el exceso del
vino y los licores. A fin, pues, de suprimir el efecto, deben quitar
la causa. Mantienen distancia de todo exceso y se abstienen,
hasta donde les es posible, de aquello que por poco les precipita
a la perdición eterna. Muy a menudo se abstienen por completo;
siempre procuran ser moderados y templados en todo.
4. Recuerdan asimismo que la saciedad de pan31
aumentó no sólo su frivolidad y descuido del espíritu, sino
también sus torpes y malos deseos, y aun sus afecciones
impuras y viles. Una experiencia de la que no cabe la menor
duda. Hasta una sensibilidad fina y metódica, hace que el alma
se vuelva más sensual y la rebaja hasta el nivel de las bestias
que perecen.32 No hay palabras con qué expresar el efecto que
las comidas variadas y delicadas ejercen en la mente, lo mismo
que en el cuerpo, preparándolo para todos los placeres de los
sentidos tan pronto como se presente la oportunidad. Por tanto,
a fin de evitar esto, toda persona verdaderamente sabia debe
dominar su alma y tenerla bajo sujeción. La separará más y más
de toda indulgencia hacia los apetitos inferiores que natural-
31 Ez. 16.49.
32 Sal. 49.12, 20.
El sermón de la montaña VII 171
mente tienden a encadenarla en la tierra, a mancharla y
degradarla. Esa es otra razón perpetua en favor del ayuno:
quitar el alimento de la lujuria y la sensualidad, destruir los
incentivos de los deseos torpes y dañinos, de vanos y bajos
afectos.
5. Tal vez no debamos omitir el mencionar otra razón
para el ayuno -si bien no creo que haya necesidad de hacerla
muy enfática- sobre la que algunas buenas personas han
insistido mucho, a saber: el castigo de sí mismas por haber
abusado de los dones buenos de Dios, absteniéndose por
completo y por algún tiempo de usarlos, poniendo en práctica
cierta clase de venganza santa en sí mismas, como quien dice,
por su torpeza e ingratitud pasada, al convertir las cosas que
deberían ser para su salud en ocasión de caída. Suponen que
David obró de esta manera cuando dijo: «Lloré, afligiendo» o
castigando, «con ayuno mi alma»,33 lo mismo que Pablo cuando
menciona la vindicación,34 o santo dolor, que causó a los
corintios.
6. La quinta razón, y una más poderosa, para el ayuno es
que ayuda a la oración, especialmente cuando señalamos
períodos largos para la oración privada. Entonces es cuando
Dios toma especial contentamiento en elevar las almas de sus
siervos sobre las cosas de la tierra, y algunas veces envolverlos,
como quien dice, en el tercer cielo.35 Muy especialmente ha
sido empleado por Dios como una ayuda a la oración para
confirmar y aumentar no sólo una virtud, no únicamente la
castidad -como algunos infundadamente se han imaginado, sin
que para ello haya ninguna base en la Escritura, la razón o la
experiencia- sino también la seriedad del espíritu, celo,
33 Sal. 69.10.
34 2 Co. 7.11.
35 2 Co. 12.2.
172 Sermón 27
sensibilidad y delicadeza de conciencia; el morir para el mundo,
y en consecuencia, el amor de Dios y toda santa y celestial
afección.
7. Esto no quiere decir que exista una relación necesaria
entre el ayuno y las bendiciones que por ese medio concede
Dios. Sino que tendrá misericordia del que tendrá mise-
ricordia:36 que concederá cualquiera cosa que crea buena, por
los medios que juzgue más convenientes. En todas las edades
ha señalado el ayuno como medio de calmar su ira y obtener las
bendiciones que de tiempo en tiempo necesitamos.
Que éste es un medio muy poderoso de calmar la ira de
Dios, aprendemos del ejemplo tan notable de Acab. No había
ninguno que como él se hubiese vendido -entregándose por
completo como un esclavo comprado por dinero- a hacer la
iniquidad. Y sin embargo, cuando rasgó sus vestidos, y puso
cilicio sobre su carne, ayunó (...) y anduvo humillado. Entonces
vino la palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: «¿No has
visto como Acab se ha humillado delante de mí? Pues por
cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus
días».37
Con este fin, el de calmar la ira de Dios, Daniel le buscó
en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza; lo que se
desprende de todo el tenor de su oración, especialmente de su
solemne conclusión: «Oh, Señor, conforme a todos tus actos de
justicia», o misericordias, «apártese ahora tu ira y tu furor de
sobre (...) tu santo monte (...) Oye la oración de tu siervo, y sus
ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario
asolado (...) Oye, Señor, oh, Señor, perdona; presta oído, Señor,
y hazlo (...) por amor de ti mismo».38
36 Cf. Ro. 9.18.
37 Cf. 1 R. 21.25, 27-29.
38 Dn. 9.3, 16-19.
El sermón de la montaña VII 173
8. Mas, no sólo el pueblo de Dios nos enseña a buscar al
Señor por medio del ayuno y la oración cuando ha sido
provocado a ira, sino también los paganos. Cuando Jonás
proclamó: «De aquí a cuarenta días Nínive será destruida», los
habitantes de Nínive pregonaron ayuno, y vistiéronse de sacos
desde el mayor hasta el menor de ellos. El rey de Nínive se
levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de
cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en
Nínive: (...) hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten
cosa alguna, no se les dé alimento, ni beban agua (lo que no
quiere decir que las bestias hubieran pecado ni que se pudiesen
arrepentir, sino que con su ejemplo se amonestase a los
hombres, tomando en consideración que por sus pecados la ira
de Dios colgaba sobre todas las criaturas). ¿Quién sabe si
volverá y arrepentirá Dios, y se apartará del furor de su ira, y
no pereceremos? Sus esfuerzos no fueron en vano: la ira terrible
de Dios se volvió de ellos. Y vio Dios lo que hicieron (los frutos
del arrepentimiento y la fe, que por medio de su profeta, él había
obrado en ellos); y se arrepintió del mal que había dicho les
haría, y no lo hizo.39
9. El ayuno es no sólo un medio de apartar la ira de
Dios, sino también de obtener las bendiciones que más
necesitamos. Así, cuando las demás tribus fueron derribadas
delante de los hijos de Benjamín, todos los hijos de Israel (...)
vinieron a la casa de Dios, y lloraron (...) y ayunaron aquel
día hasta la noche, y entonces Jehová dijo: «Subid, porque
mañana yo os los entregaré». Durante la esclavitud bajo los
filisteos, Samuel reunió a todo Israel, y ayunaron aquel día
delante de Jehová. Y cuando los filisteos llegaron para pelear
con los hijos de Israel, Jehová tronó aquel día con gran
estruendo sobre los filisteos, y los atemorizó, y fueron
39 Jon. 3.4-7, 9, 10.
174 Sermón 27
vencidos delante de Israel40. Esdras dice: «Publiqué ayuno allí
junto al río de Ahava, para afligirlos delante de nuestro Dios,
para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para
nuestros niños (...) y él nos fue propicio».41 Nehemías escribe:
«Ayuné y oré delante del Dios de los cielos y dije (...) Concede
ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel
varón».42 Y Dios le concedió favor en presencia del rey.
10. Del mismo modo los apóstoles siempre43 unían
el ayuno a la oración, cuando deseaban la bendición de Dios
sobre alguna empresa importante. Así que leemos: «Había
entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y
maestros (...) ministrando (...) y ayunando», indudablemente
pidiendo la dirección divina en este mismo asunto, «dijo el
Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a
la que los he llamado. Entonces habiendo (por segunda vez)
ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidie-
ron».44
Los mismos Pablo y Bernabé, según leemos en el
capítulo siguiente, cuando volvieron a Listra, a Iconio y a
Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos (...) y
constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con
ayunos, los encomendaron al Señor.45
Que las bendiciones que en el uso de este medio han de
obtenerse no se pueden conseguir de otro modo, lo declara
nuestro Señor claramente en respuesta a la pregunta de sus
discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos echarlos fuera?».
Jesús les dijo: «Por vuestra incredulidad; porque de cierto os
40 1 S. 7.5, 6.10.
41 Esd. 8.21, 23.
42 Neh. 1.4, 11.
43 Cf. Mt. 17.21; Mr. 9.19; Lc. 2.37; Hch. 14.23; 1 Co. 7.5.
44 Hch. 13.1-13.
45 Hch. 14.21-23.
El sermón de la montaña VII 175
digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este
monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será
imposible. Pero este género» -de demonios- «no sale sino por
oración y ayuno».46 Estos son los medios designados para
obtener esa fe, por medio de la cual aun los demonios quedan
sujetos.
11. Estos, pues, eran los medios designados. Porque
no sólo debido a la luz de la razón o de la conciencia natural
(así llamada), se ha enseñado al pueblo de Dios en todas las
edades a que use del ayuno como un medio hacia estos fines.
Sino que de tiempo en tiempo Dios mismo, con las revelacio-
nes claras de su voluntad, nos lo ha enseñado. Tales son esas
palabras tan notables del profeta Joel: «Por eso pues, ahora,
dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con
ayuno y lloro y lamento...¿Quién sabe si volverá y se
arrepentirá, y dejará bendición tras de él? (...) Tocad
trompeta en Sión, pregonad ayuno, convocad a asamblea. Y
Jehová solícito por su tierra, perdonará a su pueblo.
Responderá Jehová y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío
pan y mosto, y aceite...y nunca más os pondré en oprobio
entre las gentes».47
No sólo bendiciones temporales Dios enseña a su
pueblo a buscar por el uso de este medio. Dios promete a los
que le busquen con ayuno, llanto y lamentación: «Os restituiré
los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la
langosta, mi gran ejército», e inmediatamente añade:
«comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová
vuestro Dios».48 Pero luego sigue la promesa del Evangelio:
«Derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y profetizarán
46 Mt. 17.19-21.
47 J1.2.12, 14, 15, 18-19.
48 J1.2.25-27.
176 Sermón 27
vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán
sueños y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los
siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos
días».49
12. Ahora bien, las razones que existieron para
impulsar a los de aquellos tiempos al cumplimiento celoso y
constante de este deber, existen hoy día con igual fuerza para
animarnos. Pero tenemos, sobre todo, otra razón especial para
ayunar con frecuencia,50 a saber: el mandamiento de aquel cuyo
nombre llevamos. A la verdad, en este lugar no manda
expresamente ayunar, hacer limosna u orar, pero sus
direcciones de cómo se ha de ayunar, dar limosna y orar, tienen
tanta fuerza como si fuesen mandatos, puesto que el mandar una
cosa de tal o cual manera, equivale indudablemente a
mandarnos que la hagamos, siendo que es imposible hacerla de
cierto modo, sin cumplirla. En consecuencia, decir: dad
limosna, orad, ayunad de tal manera, es claramente un
mandamiento de que debemos hacer tal cosa, lo mismo que de
la manera en que debemos ejecutarla y que no perderá en modo
alguno su recompensa.
Este es, además, un motivo más para alentarse en el
desempeño de dicho deber, es decir, la promesa que nuestro
Señor tan misericordiosamente hace a los que cumplen
fielmente: «Tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en
público».51 Tales son los fundamentos, razones y fines del
ayuno; tal nuestro estímulo para continuar practicándolo, a
pesar de las muchas objeciones que personas, más sabias que su
Señor, siempre han presentado en contra.
III.1. Paso a considerar la más plausible de estas
objeciones. En primer lugar, se dice con frecuencia: «Que se
49 J1.2.28-29.
50 2 Co. 11.17.
51 Mt. 6.18.
El sermón de la montaña VII 177
abstenga el cristiano de cometer pecado y no de tomar
alimento: esto es lo que Dios requiere de él.»52 Es muy cierto,
pero también requiere el ayuno; por consiguiente, lo uno debe
hacerse y lo otro no se debe dejar de hacer.
Examinemos el argumento en toda su plenitud, y
fácilmente apreciaremos su fuerza:
Si los cristianos se deben abstener del pecado,
entonces no deben abstenerse de tomar alimen-
tos;
Pero los cristianos deben abstenerse del pecado;
Luego no deben abstenerse de tomar alimento.
Que los cristianos deban abstenerse del pecado es una
cosa muy cierta. Pero, ¿cómo se sigue de esto que no deban
abstenerse de tomar alimento? Que se abstengan de lo uno y de
lo otro. Que se abstengan siempre, mediante la gracia de Dios,
del pecado. Que se abstengan con frecuencia de tomar
alimento, por las razones y los motivos que la Escritura y la
experiencia claramente demuestran que se explican de este
modo.
2. «Pero, ¿no es mejor» -como se ha objetado en
segundo lugar- «abstenerse del orgullo y la vanidad, de deseos
torpes y dañinos,53 del mal genio, la cólera y el descontento,
que de tomar alimento?» Indudablemente que lo es. Pero en
este punto hemos de recordar otra vez las palabras de nuestro
Señor: «Esto es necesario hacer, sin dejar de hacer aque-
llo».54 Y en verdad, lo último es sólo para hacer lo primero; es
el medio hacia ese gran fin. Nos abstenemos del alimento
con esto en vista, que por medio de la gracia de Dios, nuestras
52 Probablemente esto se refiera a las objeciones de los moravos contra el ayuno.
53 1 Ti. 6.9.
54 Mt. 23.23, Lc. 11.42.
178 Sermón 27
almas reciban al usar de ese medio exterior, juntamente con
todos los demás conductos de su gracia que él ha establecido, el
poder abstenernos de toda pasión y temperamento que no sea
agradable en su presencia. Nos abstenemos de lo primero para
que, investidos de poder de lo alto,55 podamos abstenernos de lo
otro. De manera que su argumento prueba todo lo contrario de
lo que se propone. Prueba que debemos ayunar. Pues si hemos
de abstenernos del mal genio y los malos deseos, entonces
debemos de abstenernos de tomar alimentos, puesto que estas
pequeñas muestras de auto negación son las vías que Dios ha
escogido para conceder su gran salvación.
3. «Pero, según nuestra experiencia, esto no es un
hecho.» Esta es la tercera objeción. «Hemos ayunado mucho y
con gran frecuencia, pero ¿de qué nos ha servido? No hemos
mejorado nada; ninguna bendición hemos alcanzado por ese
medio. Más bien nos ha sido una rémora más que una ayuda. En
lugar de evitar la ira, o el mal humor, por ejemplo, ha sido el
medio de aumentar esto males hasta el grado que no
podíamos aguantar a los demás ni a nosotros mismos.» Muy
probablemente tal sea el caso. Es posible ayunar u orar de tal
manera que uno se vuelva peor que antes, más desgraciado e
inicuo. Y sin embargo, la culpa no está en el medio, sino en el
modo con que se usa. Sigan usándolo, pero de diferente modo.
Hagan lo que Dios manda como él lo manda, y entonces no cabe
duda que se cumplirá su promesa; no se tardará más su
bendición, sino que cuando ayunéis en secreto. Aquel «que ve
en lo secreto, te recompensará en público».
4. «Pero ¿no es una mera superstición» -se objeta en
cuarto lugar- «el imaginarse que Dios se ocupa de estas
pequeñeces?» Si dicen que lo es, condenan todas las genera-
ciones de los hijos de Dios. ¿Fueron todas ellas personas
55 Lc. 24.49.
El sermón de la montaña VII 179
supersticiosas? ¿Son tan duros que pueden afirmar esto de
Moisés y Josué, de Samuel y David, de Josafat, Esdras,
Nehemías y todos los profetas, más aún, de uno más grande que
todos ellos, el mismo Hijo de Dios? Cosa muy cierta es que
tanto el Maestro como sus siervos creyeron que el ayuno no es
cualquier cosa, y que el Altísimo no lo desprecia.56
Indudablemente que los apóstoles fueron de la misma opinión
después que fueron llenos del Espíritu Santo y de sabiduría.57
Cuando tuvieron la unción del Santo,58 y conocieron todas las
cosas,59 aun probáronse ser ministros de Dios con ayunos, lo
mismo que con armas de justicia a diestra y siniestra.60
Después que el Esposo fue quitado de en medio de ellos,
ayunaron en aquellos días.61 No hacían otra cosa alguna (como
ya hemos visto), que tuviera que ver con la gloria de Dios, como
por ejemplo, enviar trabajadores a la mies, sin observar antes el
ayuno solemne lo mismo que la oración.
5. «Pero si el ayuno tiene importancia tan grande y
recibe semejantes bendiciones, ¿no sería mejor» -dicen algunos,
en quinto lugar- «ayunar siempre? ¿No de cuando en cuando
sino constantemente? ¿Abstenernos en todo tiempo hasta
donde las fuerzas de nuestro cuerpo lo permitan?» Que
ninguno se abstenga de hacer la prueba. Tomen pocos
alimentos, y sencillos. Ejercítense en negarse a ustedes mismo
todo lo que puedan, en todo tiempo y hasta donde lo permitan
las fuerzas de sus cuerpos. Esto puede conducir, mediante la
bendición de Dios, a varios de los grandes fines arriba
mencionados. Puede ser una considerable ayuda no sólo para la
56 Ec. 5.8.
57 Cf. Hch. 6.3.
58 Cf. 1 Jn. 2.20.
59 Cf. Jn. 14.26.
60 Cf. 2 Co. 6.4, 5-7.
61 Cf. Mt. 2.20.
180 Sermón 27
castidad, sino también para lograr una mente celestial, para
apartar las afecciones de las cosas terrenales, y ubicarla en las
cosas de arriba.62 Pero esto no es el ayuno bíblico, y nunca se le
da este nombre en toda la Biblia. Hasta cierto punto responde a
los fines del ayuno, pero, sin embargo, es una cosa muy
diferente. Practíquenlo de todos modos, pero no al extremo de
hacer a un lado un mandamiento de Dios, y un medio
establecido de evitar juicios y así obtener las bendiciones de sus
hijos.
6. Usen, pues, continuamente toda la abstinencia que
puedan, que en este sentido, no es otra cosa sino la templanza
cristiana. Esto no debe estorbar en lo absoluto su observancia
del ayuno y la oración en tiempos solemnes. Por ejemplo: la
templanza o abstinencia habitual no evitarán que ayunen en
secreto, si repentinamente se viesen abrumados de un gran
pesar y remordimiento, y de un temor y desmayo terribles.
Semejante estado de la mente casi les obligaría al ayuno.
Aborrecerían su alimento cotidiano; apenas podrían tomar lo
necesario para sustentar el cuerpo, hasta que Dios los saque del
lago de miseria, ponga sus pies sobre la peña y enderece sus
pasos.63 Lo mismo sería si estuvieran en agonía de deseos,
luchando enérgicamente con Dios para que les diese su
bendición.64 No habría necesidad de que ninguno les enseñase
que no deberían comer pan, hasta que hayan obtenido la
petición de sus labios.
7. Además, si hubieran estado en la ciudad de Nínive,
cuando por toda la ciudad se proclamó: «Hombres y animales,
bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna: no se les de alimento
ni beban agua; y clamen a Dios frecuentemente»,65 ¿habría
62 Col. 3.2.
63 Cf. Sal. 40.2.
64 Cf. Gn. 32.24-32.
65 Jon. 3.7-8.
El sermón de la montaña VII 181
sido su ayuno continuo razón para que no tomasen parte en la
humillación general? Indudablemente que no, su obligación
habría sido lo mismo que la de cualquiera otro, el no probar
alimento en aquel día.
La abstinencia u observancia de un ayuno continuo no
eximía a ninguno de los hijos de Israel de ayunar el día diez del
mes séptimo, el gran día anual de la expiación. Ninguna
excepción se hacía para ellos en aquel solemne decreto: «Toda
persona que no se afligiere», que no ayunare, «en este mismo
día, será cortada de su pueblo».66
Por último: si hubiesen estado con los hermanos en
Antioquía, al tiempo que se encontraban orando y ayunando,
antes de enviar a Bernabé y a Saulo, ¿habría sido su templanza
o abstinencia suficiente causa para no ayunar lo mismo que los
demás? No cabe duda de que si se hubiesen negado, los habrían
separado de la comunión cristiana. Habrían sido expulsados, y
con razón, por introducir desorden en la iglesia de Dios.
IV.1. Paso, en conclusión, a mencionar de qué modo
debemos ayunar, a fin de que el ayuno sea un servicio aceptable
al Señor. En primer lugar, debe hacerse para el Señor, con
nuestra mirada fija en él. Que nuestra intención sea ésta, y ésta
únicamente: glorificar a nuestro Padre que está en los cielos;
expresar nuestra vergüenza y dolor por las muchas transgresio-
nes en contra de su santa ley; esperar un aumento de la gracia
que purifica, fijando nuestros afectos en las cosas de arriba;
añadir seriedad y honestidad a nuestras oraciones; apartar la ira
de Dios y obtener todas las grandes y preciosas promesas que
nos ha hecho por medio de Cristo Jesús.
Cuidemos de no burlarnos de Dios, convirtiendo
nuestro ayuno lo mismo que nuestras oraciones, en abomina-
ción ante el Señor al mezclar cualquier deseo temporal, sobre
66 Lv. 23.29.
182 Sermón 27
todo el de buscar las alabanzas de la gente. Contra esto nos
amonesta muy especialmente nuestro Señor en las palabras del
texto: «Y cuando ayunéis... no seáis como los hipócritas»
(como eran muchos entre los llamados parte del pueblo de
Dios) austeros, agrios, tristes por afectación, asumiendo cierto
aire peculiar en sus semblantes. «Porque ellos demudan sus
rostros», no sólo con gestos que no son naturales, sino también
echándose polvo y ceniza, «para mostrar a los hombres que
ayunan», siendo éste, si no el único, su principal objeto. «De
cierto os digo que ya tienen su recompensa»: la admiración y la
alabanza de los seres humanos. «Pero tú, cuando ayunes, unge
tu cabeza y lava tu rostro» -haz lo que acostumbras hacer en
todos tiempos- «para no mostrar a los hombres que ayunas».
(Que no sea esto parte de tu intención. Si lo llegan a saber sin
que tú lo desees, no importa, no eres mejor ni peor.) Ayunas, no
mirando a los hombres, «sino a tu Padre que está en secreto,
que ve en lo secreto, te recompensará en público».67
2. Pero si deseamos obtener esta recompensa,
cuidémonos, en segundo lugar, de no imaginarnos que por
razón de nuestro ayuno merecemos alguna cosa de Dios. No se
nos puede advertir demasiado respecto de esto, pues que el
deseo de establecer nuestra propia justicia,68 el procurar la
salvación por deuda y no por gracia, está tan profundamente
arraigado en nuestros corazones. El ayuno sólo es un modo que
Dios ha ordenado, por el cual aguardamos su no merecida
misericordia, y en el que, sin mérito alguno por parte nuestra, ha
prometido libremente darnos su bendición.
3. No debemos imaginarnos que el cumplimiento del
mero acto exterior atraerá la bendición de Dios. ¿Es tal el
ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que
67 Mt. 6. 16-18.
68 Cf. Ro. 10.3.
El sermón de la montaña VII 183
incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y
ceniza? ¿Son estos actos externos, por muy fielmente que se
hagan, todo lo que quiere significar con las palabras «aflija el
hombre su alma?» ¿Llamaréis esto ayuno y día agradable a
Jehová?69 Indudablemente no. Si no es más que servicio
exterior, no es sino trabajo perdido, semejante obra tal vez aflija
al cuerpo. Mas en cuanto al alma, de nada vale.
4. Algunas veces puede afligirse el cuerpo demasiado,
hasta el grado de imposibilitarlo para el cumplimiento de
nuestros deberes. Esto también debemos procurar evitar
diligentemente, porque debemos preservar nuestra salud como
un don de Dios. Por consiguiente, debemos tener cuidado,
siempre que ayunemos, de hacerlo conforme a nuestras fuerzas,
puesto que no hemos de ofrecer a Dios el homicidio en
sacrificio, ni destruir nuestros cuerpos para ayudar a nuestras
almas.
Pero en estas ocasiones solemnes debemos procurar,
aun sufriendo gran debilidad de cuerpo, evitar el otro extremo,
por el cual Dios condena a los antiguos que protestaban porque
no aceptaba sus ayunos. «¿Por qué», dicen, «ayunamos, y no
hiciste caso?»...He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis
vuestro propio gusto, dice Jehová.70 Si no podemos abstenernos
por completo de tomar alimentos, al menos podemos
abstenernos de tomar alimento placentero, y entonces no en
vano buscaremos su rostro.
5. Procuraremos, pues, afligir nuestras almas, lo mismo
que nuestros cuerpos.71 Que todas las épocas de ayuno, ya
público, ya privado, sean otras tantas oportunidades de
ejercitar todos esos santos afectos que atañen a un corazón
69 Is. 58.5.
70 Is. 58.3.
71 Cf. Lv. 23.27-32; Is. 58.5.
184 Sermón 27
arrepentido y contrito. Que sean épocas de devota lamentación,
de dolor santo por el pecado: tal como el dolor de los corintios,
respecto del cual el Apóstol dijo: «Me gozo, no porque hayáis
sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida
padecieses por nuestra parte».72 Porque la tristeza que es
según Dios (he [gàr] katà theón lúpe), la cual es un don
precioso de su Espíritu, que eleva el alma al Dios de quien
mana), produce arrepentimiento para salvación, del que no
hay de qué arrepentirse.73 Que nuestra tristeza de una manera
santa obre en nosotros el mismo arrepentimiento interior y
exterior, el mismo cambio completo de corazón, renovado
según la imagen de Dios,74 en justicia y verdadera santidad,75 e
idéntico cambio de vida, hasta que seamos santos como él es
santo, en toda nuestra manera de vivir.76 Que obre en nosotros
la misma vigilancia que en él existe, sin mancha ni culpa;77 la
misma purificación de nosotros mismos,78 en nuestras vidas
más bien que con nuestras palabras, evitando toda especie de
mal;79 la misma indignación, odio vehemente de todo pecado;
el mismo temor de nuestros engañosos corazones; el mismo
deseo de ser en todas las cosas según el deseo santo y
aceptable a Dios;80 el mismo celo en todo lo que pueda
redundar en su gloria, y en el desarrollo de nuestro conocimien-
to del Señor Jesucristo, e idéntica vergüenza en contra de
72 2 Co. 7.9.
73 2 Co. 7.10.
74 Cf. Col. 3.10.
75 Cf. Ef. 4.24.
76 Cf. 1 P. 1.15.
77 Cf. 2 P. 3.14.
78 Cf. 2 Co. 7.11.
79 Cf. 1 Ts. 5.22.
80 Cf. Ro. 12.1.
El sermón de la montaña VII 185
Satanás y todas sus obras y en contra de toda impureza de
cuerpo y alma.81
6. Al ayuno debemos añadir la oración ferviente,
derramando ante Dios toda nuestra alma, confesando nuestros
pecados con todas las circunstancias agravantes, humillándonos
bajo su poderosa mano,82 mostrándole todas nuestras
necesidades, nuestra culpabilidad y desamparo. Esta es una
época a propósito para aumentar nuestras oraciones, tanto por
nuestros hermanos como por nosotros mismos. Lamentemos
ahora las transgresiones de nuestro pueblo y clamemos en
alta voz por la ciudad de nuestro Dios, para que el Señor
edifique a Sión y su faz alumbre sobre nuestras desolaciones.83
Haremos observar que los siervos de Dios en tiempos antiguos
acostumbraban siempre juntar la oración y el ayuno; así lo
hicieron los apóstoles en todos los ejemplos arriba menciona-
dos; y así el Señor une estos dos medios en el discurso que
hemos considerado.
7. A fin de observar el ayuno aceptable a nuestro
Señor, sólo falta que añadamos nuestras limosnas, obras de
misericordia, según nuestras fuerzas, tanto a los cuerpos como
a las almas de los seres humanos. De tales sacrificios también,
Dios se agrada.84 Así el ángel anuncia a Cornelio, que estaba
orando y ayunando en su casa: «Tus oraciones y tus limosnas
han subido para memoria delante de Dios»85 Y así lo declara
expresa y plenamente Dios mismo: «¿No es más bien el ayuno
que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las
cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que
81 Cf. 2 Co. 7.9-10.
82 Cf. 1P. 5.6.
83 Cf. Dn. 9.16-18.
84 Cf. He. 13.16.
85 Hch. 10.4.
186 Sermón 27
rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el
hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que
cuando veas al desnudo lo cubras y no te escondas de tu
hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba y tu salvación
se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria
de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás y te oirá
Jehová; clamarás y dirá él: Heme aquí...Si», cuando ayunas,
«dieres tu pan al hambriento, y saciareis el alma afligida, en
las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el medio
día. Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu
alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerta de riego,
y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan».86
86 Is. 58.6-11.