Sermón 20 - Señor, justicia nuestra
Jeremías 23:6
Este será su nombre con el cual le llamarán:
Señor, justicia nuestra.
1.1. ¡Cuántas y cuán terribles han sido las contiendas a
causa de la religión! Y no sólo entre los hijos del mundo,2 entre
los que no sabían lo que era la verdadera religión; sino aun
entre los hijos de Dios, aquéllos que han experimentado el
reino de Dios en sí mismos,3 que han probado la justicia, paz y
gozo en el Espíritu Santo.4 ¡Cuántos de estos hermanos, en
todos los tiempos, en lugar de unirse en contra del enemigo
común, han tornado sus armas los unos contra los otros,
desperdiciando así, no únicamente su valioso tiempo, sino
lastimando sus espíritus, debilitando sus manos, dificultando de
esta manera la gran obra de su común Maestro! ¡Cuántos de los
débiles han sido ofendidos! ¡Cuántos cojos han salido del
camino!5 ¡Cuántos pecadores han confirmado su negligencia en
cuanto a la religión y su desprecio hacia aquéllos que la
profesan! ¡Cuántos de los santos que están en la tierra6 han
sido obligados a llorar en secreto!7
1 Predicado en la capilla de la calle West, Seven Dials, el domingo 24 de noviembre
de 1765.
2 Lc. 16.8.
3 Lc. 17.21.
4 Ro. 14.17.
5 He. 12.13.
6 Sal. 16.3.
7 Jer. 13.17.
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3 98 Sermón 20
2. ¿Qué no haría el que ama a Dios y a su prójimo, qué
no estaría dispuesto a sufrir, para remediar este lamentable
estado de cosas? ¿Por borrar esta contienda entre los hijos de
Dios y restaurar la paz entre ellos? ¿Qué otra cosa, excepto una
buena conciencia, apreciaría demasiado para no separarse de
ella, por obtener este buen fin? Supongamos que no podemos
hacer cesar las guerras hasta los fines de la tierra,8 que no
podemos reconciliar a todos los hijos de Dios. De cualquier
manera, hagamos lo que cada uno puede, que cada uno
contribuya aunque sea con dos blancas.9 ¡Dichosos aquéllos
que pueden promover de alguna manera la paz y buena
voluntad entre los hombres!10 Especialmente entre los buenos,
quienes se han enlistado bajo la bandera del Príncipe de Paz.11
Por esta razón, procuran celosamente estar en paz con todos
los hombres.12
3. Sería un paso considerable para alcanzar esta meta
gloriosa si pudiéramos lograr que hubiera un mutuo
entendimiento entre las gentes de buena voluntad. Esta falta de
comprensión es causa de un gran número de altercados.
Frecuentemente, ninguno de los contendientes entiende lo que
su oponente quiere decir, con el consiguiente resultado de que
se atacan uno al otro con saña, cuando no hay una verdadera
diferencia entre ellos. Y, sin embargo, no es fácil convencerlos
de esta realidad, especialmente cuando se han exaltado los
ánimos, lo que hace más difícil resolver el problema. Sin
embargo, no es imposible, especialmente cuando procuramos
resolverlo, no confiando en nuestras propias capacidades, sino
8 Sal. 46.9.
9 Mc. 12.41-44.
10 Lc. 2.14.
11 Is. 9.6.
12 Ro. 12.18.
Señor, justicia nuestra 399
confiando en Aquél para quien todas las cosas son posibles.13
¡Con qué prontitud puede dispersar las nubes, iluminar sus
corazones y ayudarlos a entenderse uno al otro y a comprender
que la verdad está en Jesús!14
4. Una importante afirmación de esta verdad se
encuentra contenida en las palabras arriba citadas: «Este será su
nombre con el cual le llamarán: Señor justicia nuestra,» verdad
que se encuentra incrustada profundamente en la naturaleza
misma del cristianismo y que, en cierta manera, sostiene toda
su armadura. De esto se puede afirmar, sin duda alguna, lo que
Lutero afirmaba de una verdad conectada íntimamente con
ésta: articulus stantis vel cadentis ecclesiae -un artículo de fe
con el cual la iglesia permanece o cae.15 Ciertamente, es el pilar
y fundamento de esa fe, de la cual viene la salvación -de esa fe
católica o universal que se encuentra en todos los hijos de Dios
y que, si la persona no guarda entera y sin mácula, perecerá
indudablemente para siempre.
5. ¿No es de esperarse, entonces, que sin importar en
qué otros puntos difieran, los que llevan el nombre de Cristo16
debieran estar de acuerdo en éste? ¡Pero qué lejos está esto de
la realidad! Sería muy raro encontrar algún otro punto sobre el
que haya tan poco acuerdo, sobre el que quienes profesan
seguir a Cristo parecen estar tan separados e
irreconciliablemente divididos. He dicho parecen porque estoy
convencido de que muchos de ellos solamente parecen diferir.
El desacuerdo está más en palabras que en sentimientos; están
más cerca en su opinión que en su lenguaje. Ciertamente, existe
13 Mt. 19.26.
14 Ef. 4.21.
15 Aunque Wesley le atribuye esta frase a Lutero, lo cierto es que su origen es
desconocido.
16 2 Ti. 2.19.
4 00 Sermón 20
una gran diferencia en el lenguaje, no únicamente entre
protestantes y papistas, sino entre protestantes y protestantes,
aun entre quienes creen en la justificación por la fe, que están
de acuerdo en ésta, como en las demás doctrinas fundamentales
del evangelio.
6. Pero si la diferencia es más asunto de opinión que de
experiencia y más asunto de expresión que de opinión, ¿cómo
puede suceder que los hijos de Dios discutan tan
acaloradamente sobre este punto? Se pueden mencionar varias
razones. La principal es la falta de comprensión del uno para el
otro, defendiendo a diestra y siniestra sus opiniones y formas
particulares de expresión.
Con el fin de evitar esto, por lo menos hasta cierta
medida, para que podamos comprendernos mutuamente sobre
este particular, procuraré demostrar, con la ayuda de Dios:
I. En qué consiste la justicia de Cristo.
II. Cuándo y en qué sentido se nos imputa.
Concluyendo con una breve y clara aplicación.
I. ¿En qué consiste la justicia de Cristo? Tiene dos
aspectos: la divina y la humana.
1. Su justicia divina pertenece a su naturaleza divina,
puesto que él es ho oon, el cual es Dios sobre todas las cosas,
bendito por todos los siglos,17 el supremo, el eterno, igual al
Padre respecto de su divinidad, pero inferior a él en su
humanidad. Esta es su santidad eterna, esencial e inmutable; su
justicia infinita, misericordia y verdad, en todo lo cual él y el
Padre son uno.18
No creo, sin embargo, que la divina justicia de Cristo
tenga algo que ver con la presente cuestión. Yo creo que muy
pocos, si es que algunos, pretenden que esta justicia se nos
17 Ro. 9.5.
18 Jn. 10.30.
Señor, justicia nuestra 401
impute. El que cree en la doctrina de la imputación entiende,
principalmente, si no únicamente, que se refiere a su justicia
humana.
2. La justicia humana de Cristo pertenece a su
naturaleza humana, puesto que él es el mediador entre Dios y
los hombres, Jesucristo hombre.19 Esta puede ser interna o
externa. Su justicia interna es la imagen de Dios20 estampada en
cada poder y facultad de su alma. Es una copia de su justicia
divina, en cuanto puede ser impartida a un espíritu humano. Es
una copia de la pureza, la justicia, la misericordia y la verdad
divinas. Incluye amor, reverencia y sumisión a su Padre;
humildad, mansedumbre y modestia; amor a la humanidad y
todos los otros atributos santos y celestiales en su más alto
grado, sin defecto o mezcla de injusticia.
3. La más pequeña parte de su justicia externa fue que
no hizo nada malo, que no conoció pecado de ninguna clase,
que no se halló engaño en su boca;21 que nunca dijo una
palabra impropia o cometió una mala acción. Hasta aquí es
solamente una justicia negativa, pero una justicia que nunca
nadie, nacido de mujer, ha poseído, excepto nuestro Salvador.
Pero su justicia externa fue positiva también. El hizo todas las
cosas bien.22 En cada palabra de su boca, en cada obra de sus
manos, hizo precisamente la voluntad del que lo envió.23 En
todo el transcurso de su vida hizo la voluntad de Dios en la
tierra como los ángeles la hacen en el cielo. Todo lo que hizo y
habló fue perfecto en todas las circunstancias. Su obediencia
19 1 Ti. 2.5.
20 Gn. 1.27; 9.6; 2 Co. 4.4.
21 1 Pe. 2.22.
22 Mc.7.37.
23 Jn. 4.34; 6.38.
4 02 Sermón 20
fue perfecta en su totalidad y en cada una de sus partes. El
cumplió toda justicia.24
4. Pero su obediencia implicaba más que todo esto.
Implicaba no únicamente hacer, sino sufrir. Sufrir la completa
voluntad de Dios a partir del tiempo de su venida al mundo
hasta el momento en que llevó el mismo nuestros pecados en
su cuerpo sobre el madero,25 hasta que haciendo completa
expiación por ellos habiendo inclinado la cabeza, entregó el
espíritu.26 Esta es generalmente llamada la justicia pasiva de
Cristo; la anterior, su justicia activa. Pero así como la justicia
activa y pasiva de Cristo nunca se separaron, tampoco nosotros
debemos separarlas ahora ni en nuestras palabras ni en nuestro
pensamiento. Es en referencia a éstas dos, juntamente, por lo
que Jesús es llamado «Señor, justicia nuestra».27
II. Pero, ¿cuándo puede uno de nosotros decir
verdaderamente: Señor, justicia nuestra? En otras palabras,
¿cuándo y en qué sentido la justicia de Cristo nos es imputada?
1. Busca por todo el mundo y descubrirás que los
humanos son creyentes o incrédulos. El primer punto que no
admite discusión es, entonces: la justicia de Cristo es imputada
a todos los creyentes y no a los incrédulos.
Pero, ¿cuándo es imputada? Cuando creen. En ese
mismo momento poseen la justicia de Cristo. Es imputada a
todo aquél que cree, tan pronto como cree. La fe y la justicia
de Cristo son inseparables, porque quien cree de acuerdo con
las Escrituras, cree en la justicia de Cristo. No existe una fe
verdadera, esto es, una fe que justifica, que no tenga por fin la
justicia de Cristo.
24 Mt. 3.15.
25 1 Pe. 2.24.
26 Jn. 19.30.
27 Jer. 33.16.
Señor, justicia nuestra 403
2. Es cierto, no todos los creyentes se expresan de la
misma manera; no usan el mismo lenguaje. No es de esperarse
que lo hagan, ni lo podemos requerir razonablemente de ellos.
Mil circunstancias pueden hacerles variar uno del otro en su
manera de expresión. Pero una diferencia de expresión no
implica necesariamente una diferencia de opinión. Diferentes
personas pueden usar diferentes expresiones y, sin embargo,
decir una misma cosa. No hay nada más común que esto,
aunque muy raras veces lo admitimos. No es fácil para la
misma persona, cuando habla de la misma cosa después de un
tiempo considerable, usar exactamente las mismas expresiones,
aunque retenga las mismas opiniones. Entonces, ¿cómo
podemos ser rigurosos al requerir que otros usen exactamente
las mismas expresiones que nosotros?
3. Podemos ir todavía un paso más adelante. Otros
pueden diferir de nosotros en sus opiniones y en sus
expresiones y, sin embargo, participar con nosotros de la
misma preciosa fe. Es posible que no tengan una clara
aprehensión de la bendición de que están gozando; sus ideas
pueden no ser muy claras y, sin embargo, su experiencia puede
ser tan válida como la nuestra. Hay una gran diferencia en lo
que concierne a las facultades naturales del ser humano, y a su
comprensión en particular. Esta diferencia aumenta en una
forma notable de acuerdo con su educación. En verdad,
solamente esto puede ser causa de una notable diferencia en
relación con varias clases de opiniones. ¿Por qué no pasa lo
mismo con todos? Aun más, aunque sus opiniones y sus
expresiones pueden ser confusas e incorrectas, sus corazones
pueden fundirse con Dios por medio del Hijo de su amor y
estar verdaderamente interesados en su justicia.28
28 Esto es lo que Wesley quería decir al recomendar un «espíritu católico» en el
diálogo teológico. Véase el sermón 39, y también el sermón 7, I.6.
4 04 Sermón 20
4. Concedamos, pues, a los demás todo aquello que, si
estuviéramos en su lugar, desearíamos que se nos concediera.
¿Quién ignora, repito, el tremendo poder de la educación?
¿Cómo podemos esperar que un miembro de la iglesia romana,
por ejemplo, piense o hable claramente sobre este particular?
Y, sin embargo, si hubiéramos oído a Belarmino contestar en su
lecho de muerte a la pregunta: «¿A qué santo te acoges?»:
Fidere meritis Christi tutissimum (lo más seguro es confiar en
los méritos de Cristo), ¿habríamos afirmado que, a pesar de sus
opiniones erróneas, no tenía parte en su justicia?
5. ¿En qué sentido es esta justicia imputada a los
creyentes? En éste: todos los creyentes son perdonados y
aceptados. No en virtud de alguna cosa que haya en ellos, o
que hayan hecho, o puedan hacer jamás, sino únicamente por lo
que Cristo ha hecho y padecido por ellos. No en virtud de
cualquier cosa que haya en ellos, repito, o que hayan hecho, de
su propia justicia u obras. Nos salvó, no por obras de justicia
que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia.29
Por gracia sois salvos por medio de la fe ... no por obras,
para que nadie se gloríe;30 única y solamente en virtud de lo
que Cristo ha hecho y sufrido por nosotros. Somos justificados
gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en
Cristo Jesús.31 Este no es únicamente el medio de obtener el
favor de Dios, sino de continuar en él. Esta es la manera en que
primero venimos a él y es la misma en que venimos a él
después. Caminamos en el único y el mismo camino nuevo y
vivo32 hasta que nuestro espíritu vuelve a Dios.
29 Tit. 3.5.28-9.
30 Ef. 2.8-9.
31 Ro. 3.24.
32 He. 10.20.
Señor, justicia nuestra 405
6. Esta es la doctrina que he creído y enseñado por
cerca de veintiocho años. Lo anuncié a todo el mundo en el
año 1738, y diez o doce veces desde entonces, en estas o
semejantes palabras, resumidas de las Homilías33 de nuestra
iglesia:
«Estas cosas deben ir necesariamente unidas en nuestra
justificación: de parte de Dios, su gran misericordia y gracia; de
parte de Cristo, la satisfacción de la justicia de Dios; y de
nuestra parte, fe en los méritos de Cristo. De manera que la
gracia de Dios no elimina la justicia de Dios en nuestra
justificación, sino únicamente la justicia humana en cuanto al
merecimiento de nuestra justificación.
«Que somos justificados por la fe únicamente quiere
decir, con toda franqueza, que nuestras obras no tienen ningún
mérito. El mérito y el merecimiento se atribuyen únicamente a
Cristo. Nuestra justificación viene gratuitamente de la pura
misericordia de Dios. Porque mientras todo el mundo no pudo
pagar ni siquiera una parte de nuestro rescate, le plugo a él, sin
ningún merecimiento de nuestra parte, preparar para nosotros el
cuerpo y la sangre de Cristo, por medio de los cuales nuestro
rescate pudiera ser pagado y su justicia satisfecha. Por tanto,
Cristo es ahora la justicia de todos los que verdaderamente
creen en él.»
7. Los himnos, publicados uno o dos años después de
esto, y desde entonces publicados nuevamente varias veces
(testimonio claro de que no he cambiado de opinión) hablan
poderosamente de las mismas ideas. Citar todos los pasajes que
se refieren a esto equivaldría a copiar gran parte de los
33 A fin de producir cierta uniformidad doctrinal, y de ayudar a los predicadores
menos cultos, la Iglesia de Inglaterra publicó en 1547 una colección de Doce
homilías, y luego en 1571 otra colección de Veintiuna homilías. Estas Homilías
tenían autoridad doctrinal en la Iglesia de Inglaterra, y Wesley mismo publicó
un resumen de ellas. Lo que sigue son dos citas de ellas.
4 06 Sermón 20
himnarios. Tomemos uno, sin embargo, que se volvió a
publicar hace siete años, de nuevo hace cinco años,
nuevamente hace dos años y, finalmente, hace algunos meses:
Jesús, tu sangre y tu justicia
Son mi belleza y ropaje glorioso.
Así vestido, por flamantes mundos
Mi cabeza levantaré gozoso.34
Todo el himno expresa la misma idea de principio a fin.
8. En el sermón sobre la justificación, publicado hace
diecinueve años y, posteriormente, hace siete u ocho años,
expresé el mismo pensamiento en las siguientes palabras:
«Considerando que el Hijo de Dios ha "gustado la
muerte por todos,"35 Dios ahora ha "reconciliado consigo al
mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.36
Entonces, debido a su amado Hijo, a lo que ha hecho y sufrido
por nosotros, Dios ahora nos otorga, bajo una sola condición
(que él mismo nos capacita a cumplir) perdonar tanto el castigo
que merecen nuestros pecados, como reconciliarnos en su
gracia y restaurar nuestras almas muertas a la vida espiritual,
como arras de la vida eterna.»37
9. Esto se expresa más ampliamente y con más detalle
en el tratado sobre la justificación que publiqué el año pasado:
«Si entendemos que el imputar la justicia de Cristo
significa conferir, como quien dice, esa justicia incluyendo su
obediencia, tanto activa como pasiva, en sus resultados, es
decir, los privilegios, bendiciones y beneficios que ha
comprado, entonces se puede decir que el creyente es
34 Himno de Zinzendorf, traducido del alemán por Juan Wesley en Hymns and Sacred
Poems (1740), p. 177.
35 He. 2.9.
36 2 Co. 5.19.
37 Sermón 5.I.8.
Señor, justicia nuestra 407
justificado por la justicia de Cristo que se le imputa. Esto
quiere decir que Dios justifica al creyente a causa de la justicia
de Cristo y no por su propia justicia. Calvino declara: "Cristo,
por medio de su obediencia, obtuvo y mereció para nosotros
gracia y favor para con Dios el Padre."38 En otra parte dice:
"Cristo, por su obediencia, procuró o compró la justicia para
nosotros."39 Calvino todavía añade: "Todas estas expresiones
-que somos justificados por la gracia de Dios, que Cristo es
nuestra justicia, que la justificación nos fue concedida por la
muerte y resurrección de Cristo- significan lo mismo."40 Es
decir, que la justicia de Cristo, tanto su justicia activa como
pasiva, es la causa meritoria de nuestra justificación y ha
obtenido de Dios que al creer se nos considere justos.
10. Tal vez alguien objetará: «Bien, pero ustedes
afirman que la fe se nos es contada por justicia.41 san Pablo lo
afirma una y otra vez. Entonces yo también lo afirmo. La fe le
es imputada por justicia a todo creyente. Es decir, fe en la
justicia de Cristo. Esto es exactamente lo que hemos dicho
antes. Con tal expresión no quiero decir ni más ni menos que
nosotros somos justificados por la fe, no por obras;42 o que el
creyente es perdonado y aceptado simplemente en virtud de lo
que Cristo hizo y sufrió.
11. Pero, ¿el creyente no es investido o revestido con la
justicia de Cristo? Indudablemente. Por tal razón, las palabras
mencionadas con anterioridad expresan el sentimiento en el
corazón de cada creyente:
Jesús, tu sangre y tu justicia
38 Inst. I.ii.17.
39 Inst. III.xiv.17.
40 Com. sobre Gá., 3.6.
41 Ro. 4.22.
42 Gá. 2.16.
4 08 Sermón 20
Son mi belleza y ropaje glorioso.
Es decir, en virtud de tu justicia activa y pasiva yo soy
perdonado y aceptado por Dios.
¿Pero, no debemos despojarnos de los sucios harapos
de nuestra propia justicia43 antes de que podamos vestirnos con
la justicia sin mancha de Cristo? Por cierto, debemos hacerlo.
En términos claros, debemos arrepentirnos antes de que
podamos creer el evangelio.44 Debemos cortar nuestra
confianza en nosotros mismos antes de poder depender
verdaderamente de Cristo. Debemos abandonar toda nuestra
confianza en nuestra propia justicia porque de otra manera no
podremos confiar verdaderamente en la de Cristo. Hasta que
no nos libremos de confiar en lo que nosotros hacemos, no
podremos confiar completamente en lo que él ha hecho y
sufrido por nosotros. Primero, tuvimos en nosotros mismos
sentencia de muerte;45 luego, confiamos en él que vivió y
murió por nosotros.
12. Pero, «¿no cree usted en la justicia inherente?» Sí,
en su lugar correcto. No como la base, sino como el fruto de
ser aceptados por Dios. No en lugar de la justicia imputada,
sino como consecuencia de ella. Es decir, yo creo que Dios
implanta la justicia en cada uno en cuyo corazón la ha
imputado. Yo creo que Jesucristo nos ha sido hecho
santificación46 y justificación. O sea, que Dios santifica, así
como también justifica, a todos los que creen en él. Aquéllos a
quienes la justicia de Cristo les es imputada son hechos justos
43 Is. 64.6.
44 Mc. 1.15.
45 2 Co. 1.9.
46 1 Co. 1.30.
Señor, justicia nuestra 409
por el espíritu de Cristo, son renovados a la imagen de Dios:
creados según Dios en la justicia y santidad de la verdad.47
13. Pero, «¿no sustituye usted la fe en lugar de Cristo o
su justicia?» De ninguna manera. Yo hago todo el esfuerzo
posible por poner a cada una en su propio lugar. La justicia de
Cristo es el completo y único fundamento de toda nuestra
esperanza. Es por medio de la fe que el Espíritu Santo nos
capacita para construir sobre este fundamento. Dios concede
esta fe. En ese mismo momento somos aceptados por Dios,
pero no debido a esta fe, sino a lo que Cristo ha hecho y
sufrido por nosotros. Como puede verse, cada una de estas
cosas tiene su propio lugar y ninguna está reñida con la otra:
creemos, amamos; nos esforzamos por caminar en todos los
mandamientos del Señor sin mancha.48 Y, sin embargo:
Mientras vivimos aquí
De nosotros nos olvidamos;
Y luego nos refugiamos
En la justicia de Jesús.
Nuestra base es su pasión,
El perdón reclamamos
Y la entera redención
En el nombre de Jesús.49
14. Por lo tanto, no niego la justicia de Cristo como no
niego su divinidad. Nadie puede acusarme de negar la primera,
como no me puede acusar de negar la segunda. Tampoco
niego la justicia imputada. Esta es otra malévola e injusta
acusación. Yo siempre afirmé, y continúo haciéndolo, que la
justicia de Cristo es imputada a todo creyente. ¿Quién lo puede
47 Ef. 4.24.
48 Lc. 1.6.
49 Carlos Wesley en Hymns and sacred poems (1749).
4 10 Sermón 20
negar? Todos los infieles, bautizados o no; todos los que
afirman que el glorioso evangelio de nuestro Señor
Jesucristo50 no es sino una fábula astutamente elaborada.
Todos los socinianos y arrianos,51 todos los que niegan la
divinidad del Señor que les rescató. Como consecuencia se
desprende que niegan su divina justicia, porque creen que él no
es sino una criatura humana. También niegan que su justicia
humana sea imputada a los humanos porque creen que cada
persona es aceptada por su propia justicia.
15. La justicia humana de Cristo, al menos su
imputación como la completa y única causa meritoria de la
justificación del pecador delante de Dios, también es negada
por los miembros de la iglesia de Roma -o al menos por todos
los que son consecuentes con sus principios. Sin duda, hay
muchos entre ellos cuya experiencia va más allá que sus
principios, quienes, aunque están lejos de expresarse
correctamente, sin embargo, sienten algo que no pueden
expresar. Aunque su concepto de esta gran verdad sea tan
crudo como sus expresiones, sin embargo creen en sus
corazones. Descansan solamente en Cristo, tanto para su
presente como para su eterna salvación.52
16. Con éstos podemos contar también a aquéllos que
en la iglesia reformada son generalmente llamados místicos.
Uno de sus principales líderes en el presente siglo (al menos en
Inglaterra) fue el Sr. Law.53 Es bien sabido que niega absoluta
y celosamente la imputación de la justicia de Cristo, tan
celosamente como Robert Barclay, quien no tiene
50 2 Co. 4.4.
51 Los seguidores de Lelio (1525-67) y Fausto Socino (1539-1604), quienes
rechazaban la ortodoxia trinitaria, y enseñaban una cristología unitaria y una
soteriología moralista. Fueron apodados «arrianos» por sus críticos ortodoxos, aunque
ellos mismos rechazaban tal apodo.
52 Ro. 10.10.
53 William Law había muerto recientemente (1761).
Señor, justicia nuestra 411
escrúpulos al decir: «¡Justicia imputada, tontería imputada¡»
Los cuáqueros mantienen el mismo punto de vista. La
generalidad de los que profesan ser miembros de la Iglesia de
Inglaterra ignoran completamente este asunto de la justicia
imputada o la niegan junto con la justificación por la fe como
perjudicial para las buenas obras. A estos podemos añadir un
número considerable de personas vulgarmente llamadas
anabaptistas, junto con millares de presbiterianos e
independientes, recientemente iluminados por los escritos del
Dr. Taylor.54 Sobre estos escritos no estableceré ningún juicio.
Lo dejo para quien los escribió. Pero, ¿alguien puede atreverse
a afirmar que todos los místicos (como fue Mr. Law en
particular), todos los cuáqueros, todos los presbiterianos o
independientes y todos los miembros de la Iglesia de Inglaterra
que no tienen una idea clara de sus opiniones o expresiones,
carecen de una experiencia cristiana? ¿Que, consecuentemente,
permanecen en un estado de condenación, sin esperanza y sin
Dios en el mundo?55 No importa lo confusas que sean sus ideas
o lo impropio de su lenguaje, ¿no puede haber muchos de ellos
cuyo corazón es recto en la presencia de Dios y que conocen
verdaderamente a «Señor, justicia nuestra»?
17. Bendito sea Dios, nosotros no estamos entre los
confundidos en sus conceptos y expresiones. No negamos ni la
frase ni su contenido, pero no queremos imponerla a las demás
personas. Permitámosles usar ya sea ésta o cualesquiera otras
expresiones, las que crean que van más de acuerdo con las
Escrituras, con tal que su corazón descanse únicamente en lo
que Cristo ha hecho y sufrido para concederles perdón, gracia
y gloria. Yo no puedo expresar esta idea mejor que en las
palabras del Sr. Harvey, dignas de ser escritas con letras de
oro: «No insistimos en el uso de tal o cual frase, sino sólo en
54 El Dr. John Taylor, de Norwich, que se inclinaba al unitarianismo.
55 Ef. 2.12.
4 12 Sermón 20
que las personas se humillen como criminales arrepentidos y se
arrojen a los pies de Cristo; que confíen verdaderamente en sus
méritos e indudablemente se encontrarán en el camino de la
bendita inmortalidad».56
18. ¿Hay alguna necesidad, alguna posibilidad de decir
algo más? Mantengamos simplemente esta declaración y todas
las discusiones acerca de esta o aquella frase en particular serán
cortadas de raíz. Estemos firmes en esto: «Todos aquéllos que
se humillen como criminales arrepentidos a los pies de Cristo y
descansen devotamente en sus méritos están en el camino de la
bendita inmortalidad». ¿Hay lugar para disputar? ¿Quién niega
esto? ¿No nos unimos todos en este punto? Entonces, ¿sobre
qué podemos disputar? Un hombre de paz propone aquí
términos de reconciliación a todos los grupos en conflicto. No
deseamos otra cosa. Aceptamos los términos. Los aceptamos
con todo nuestro corazón y todas nuestras fuerzas. ¡Marquen
como un enemigo a cualquiera que se niegue a hacerlo! Es un
enemigo de la paz y perturbador de Israel,57 un perturbador de
la iglesia de Dios.
19. Mientras tanto, lo que tememos es esto: que alguno
use la frase «la justicia de Cristo» o «la justicia de Cristo me es
imputada» para cubrir su propia injusticia. Sabemos que se ha
hecho tal cosa miles de veces. Un hombre es reprendido,
supongamos, por su borrachera. «Ah, sí», dice, «yo no
pretendo tener ninguna justicia propia, Cristo es mi
justificación». A otro se le ha dicho que los extorsionadores y
los injustos no heredarán el reino de Dios.58 A lo que responde
con el mayor aplomo: «Yo soy injusto en mí mismo, pero
tengo una inmaculada justicia en Cristo». De esta manera,
56 James Harvey, Theron and Aspasio, Dial. II (4th edn., 1761), I.55.
57 1 Cr. 2.7.
58 1 Co. 6.9-10.
Señor, justicia nuestra 413
aunque una persona se encuentre tan lejos de la práctica como
del espíritu del cristiano, aunque no tenga el sentir que hubo
también en Cristo59 y que de ninguna manera ande como él
anduvo, se cree estar bien protegido contra toda convicción en
lo que él llama «la justicia de Cristo».
20. Tantos y tan deplorables ejemplos como éstos nos
obligan a usar estas expresiones con el mayor cuidado. No
puedo menos que llamar la atención de todos los que las usan
con frecuencia y rogarles, en el nombre de Dios nuestro
Salvador -a quien pertenecen y a quien sirven- que protejan
cuidadosamente a todos los que los escuchan, de este infeliz
abuso. Prevénganlos (pudiera ser que los escucharan) en contra
de la idea de que perseveraremos en el pecado para que la
gracia abunde.60 Prevénganlos en contra de hacer de Cristo
ministro de pecado.61 Acerca de invalidar el solemne decreto
de Dios: «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual
nadie verá al Señor»62 por la vana imaginación de ser santos
en Cristo. ¡Oh, prevénganlos de que si permanecen en la
injusticia, la justicia de Cristo no les aprovechará en nada!
Clamad en alta voz: es necesario, que precisamente por esta
razón la justicia de Cristo nos sea imputada, para que la
justicia de la ley se cumpliese en nosotros63 y para que
vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.64
Resta únicamente hacer una breve y clara aplicación.
Me dirijo, en primer lugar, a todos los que se oponen con
violencia a estas expresiones y están listos a condenar a todos
59 Fil. 2.5.
60 Ro. 6.1.
61 Gá. 2.17.
62 He.12.14.
63 Ro. 8.4.
64 Tit. 2.12.
4 14 Sermón 20
los que las usan, llamándolos antinomianos. Pero, ¿no equivale
esto a doblar demasiado el arco en sentido contrario? ¿Por qué
condenar a los que no hablan exactamente como ustedes? ¿Por
qué disputar con quienes usan las frases que prefieren? No han
de disputar ellos con ustedes porque se toman la misma
libertad? O si ellos disputan con ustedes por esta razón, no
imiten la intolerancia que critican en ellos. Por lo menos,
permítanles la libertad que ellos debieran permitirles a ustedes.
Y, ¿por qué deben enojarse simplemente por una expresión?
Dicen: «se ha abusado de ella tanto». ¿De qué expresión no se
ha abusado? De cualquier manera, el abuso puede evitarse
reteniendo el buen uso. Sobre todo, asegúrense de retener el
importante sentido que se esconde en esta expresión. Todas las
bendiciones que disfruto, todo lo que espero en este tiempo y
en la eternidad, me ha sido dado total y únicamente debido a lo
que Cristo hizo y sufrió por mí.
En segundo lugar, dirigiré unas cuantas palabras a
quienes se gozan usando estas expresiones. Permítanme
preguntar: ¿No concedo bastante? ¿Qué más puede desear
cualquier persona razonable? Concedo todo el sentido de lo
que sostienen: que gozamos toda clase de bendiciones por
medio de la justicia de Dios nuestro Salvador.65 Les permito
que usen las expresiones que deseen, una y mil veces, con tal
que procuren evitar su nefasto abuso, que tanto ustedes como
yo deseamos evitar. Yo mismo uso frecuentemente la
expresión en cuestión: «justicia imputada» y frecuentemente
pongo ésta o alguna otra expresión semejante, en la boca de
toda una congregación. Pero permítanme libertad de conciencia
en esto; permítanme el derecho del juicio privado.66
Permítanme usarlo tan frecuentemente como lo crea
65 2 Pe.1.1.
66 Gá. 6.2.
Señor, justicia nuestra 415
conveniente, en lugar de otra expresión. Y no se disgusten
conmigo si juzgo conveniente no usar la misma frase cada dos
minutos. Ustedes lo pueden hacer si lo desean, pero no me
condenen si yo no lo hago. No me consideren papista por esta
razón, o enemigo de la justicia de Cristo. Ténganme paciencia,
como yo la tengo con ustedes. ¿De qué otra manera se puede
cumplir la ley de Cristo?67 No hagan aspavientos, como si yo
estuviera derrumbando los cimientos del cristianismo.
Cualquiera que haga esto me hará una gran injusticia. ¡Que el
Señor no se lo tome en cuenta!68 Yo pongo, y lo he hecho por
varios años, el mismo fundamento con ustedes. En verdad:
nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el
cual es Jesucristo.69 Lo mismo que ustedes, sobre este
fundamento yo edifico, por la fe, santidad interior y exterior.
Por lo tanto, no se disgusten o se indispongan; no se vuelvan
esquivos o fríos de corazón. Si existe una diferencia de opinión,
¿en dónde está nuestra religión si no podemos pensar y dejar
pensar? ¿Qué impide que me perdonen con la misma facilidad
con que yo les perdono? ¿Cuánto más, ya que se trata
simplemente de una diferencia de expresión? Realmente, no es
ni siquiera eso. Toda la discusión tiene que ver únicamente con
el asunto de si una forma de expresión en particular debe usarse
con mayor o menor frecuencia. ¡Debemos estar muy ansiosos
de disputar unos con otros cuando tal es el tema de discusión!
¡Oh, no les demos razón de blasfemar70 a nuestros enemigos
por un asunto tan pequeño! Al contrario, evitemos la ocasión a
los que la buscan.71 Unamos nuestros corazones y nuestras
67 Gá. 6.2.
68 Hch. 7.60.
69 1 Co. 3.11.
70 2 S. 12.14.
71 2 Co. 11.12.
4 16 Sermón 20
manos (Oh, ¿por qué no lo hemos hecho antes?) en el servicio
de nuestro gran Maestro. Puesto que tenemos un Señor, una fe,
un bautismo,72 fortalezcámonos mutuamente en Dios y
declaremos con un corazón y una boca a todo el género humano:
«¡Señor, justicia nuestra!».
72 Ef. 4.4-5.
Índice
A
C
Adán
caída: 101-102
en el paraíso: 100-102
véase también Adán; pecado
véase también caída; humano;
original
imagen de Dios
caída de la gracia: 392-394
adopción, espíritu de: 179-183, 191,
Calvino, Juan
369
citado: 407
oración: 327
camisards, véase profetas
Agustín de Hipona: 60
franceses
amor
Cena del Señor
ley y: 315-316, 374 como medio de gracia:
obediencia y: 374 319, 329-330
amor hacia Dios cometas: 305
adoración y: 354-355 conciencia: 228-231
como motivo: 47, 77, 202- conocimiento, humano
203, 372 conocimiento propio y:
fe y: 50 170-171
conocimiento propio
amor hacia otros: 77-79, 352
decepción propia: 198-199
derivado del amor de Dios:
véase también arrepentimiento;
353, 373
humildad
Antiguo Testamento, como
conversación: 152, 233-234,
escritura: 328
273
antinomianismo: 33-36
Credos: 135
apostasía: 68-69
cristianismo
arrepentimiento: 130
bíblico: 73-97
análisis de: 199-200
expansión del: 81-85
cambio interno y externo: verdadero: 96
266 véase también religión
fe y: 265, 279-284, 409 cristiano: 179-183
primer arrepentimiento: definiciones de: 46-51
140-148 nominal
"casi cristiano": 41-46
B véase también cristianismo
Cristo
Bernabé descripción y títulos de
disputa con Pablo: 389- 390 Hijo: 102-103
417
418 Índice
segundo Adán: 103 seguridad: 49
“único medio de gracia”: señal de nuevo nacimiento:
321 48-49
presencia en nosotros: 150- 153 sin obras: 32-36, 51
segunda venida: 291-295, 303 y la justicia imputada: 402-
404, 409
D fuego: 305
David, Rey de Israel G
su pecaminosidad: 388, 391
demonios gozo
su fe: 27, 362 cristiano: 238-240, 242-243
diablo
gracia de Dios
su ortodoxia: 135-136
anticipante: 237
Dios
salvadora: 25-26, 237-238
omnisciencia: 174
soberanía: 128
H
voz: 205
humano
E
legal: 177-179
libre albedrío y
educación: 92
responsabilidad: 176-179
Espíritu Santo, persona y obra
natural: 53-59, 168-172,
primeros frutos: 370-371
343-344, 384
testimonio del: 190-195,
véase también Adán;
210-214, 219-223, 225, 370
conocimiento propio
véase también gracia anticipante
humildad
evangelio: 83-85
conocimiento propio y:
experiencia
202, 345, 347
apelación a ella: 215-218,
224, 403-404, 410
I
F
Iglesia de Inglaterra
doctrinas
fariseos: 55-56
justificación: 245-246
fe
iglesia primitiva
sus definiciones: 348, 363
doctrina: 245
descripción de: 145-147,
sacramento: 315
359, 361
imagen de Dios: 100
grados de: 46-49
el ser humano creado: 100-101
santidad: 36-37, 76
infierno: 302-303
poder de: 347, 364
Índice 419
J muerte física
resultado de la caída:101-102
juicio: 126
final: 90, 295-301 N
justicia: 136-137, 205,
265-266, 312 nuevo nacimiento: 201
divina: 400, 405 marcas del: 383-386
humana: 307-313, 401-402
405, 410 O
justificación: 104-106, 248
fe como condición: 110- obediencia a Dios: 406-407
115, 217 obras buenas: 79-80, 109-110
santificación: 107, 267, 284-288 oración privada
juventud: 95 como medio de gracia: 319-320,
323-326
L orgullo
fe y: 115
ley moral idolatría: 268
interior y exterior: 13
ley mosaica P
ceremonial: 134
Libro de Homilías: 111-112 pacto
Libro de oración común, con Adán: 118-120, 124-125
citado: 68, 94, 200, 238 de misericordia: 121-123
literatura clásica: 45 paganos
Lutero, Martín: 39, 271-272, 399 honestidad: 41-42
luz, uso figurado moral: 42
conocimiento divino: 64-65, 173 sinceridad: 445
paz: 138, 366-367
M pecado
consciente/inconsciente: 274-275
mandamientos: 136-137 convicción de: 175-176, 276-278
véase también ley moral culpa y poder de: 156-157
medios de gracia: 315-341 descripciones de: 141-143,
véase también sacramentos 172, 177
mérito: 130, 286, 332 expiación por: 160-161
metodista: 210 interno y externo: 144, 155-160,
ministerio cristiano: 93-94 247, 364, 387, 390
moravos: 246 original: 245-246
muerte espiritual: 56-57 pasado y presente: 30-33, 142-
véase también caída 143, 153-155
420 Índice
residual en los creyentes: Trinidad, véase Dios
160-161, 249-264, 365-366
salvación: 181-182 V
temor de: 180-181
véase también caída vida futura: 305-306
pecado original: véase pecado
Pedro, el Apóstol: 389, 392-393 W
pobres
obligaciones hacia: 80 Wesley, Carlos
profetas franceses: 219 himnos citados: 139-140,
pureza de corazón: 351 163, 215, 216, 223, 242,
252, 258, 405-406
R
Z
Reino de Dios: 133, 139
religión Zinzendorf, Conde Nikolaus
definiciones: 62, 136 Ludwig von: 246-247, 252, 263
formal y externa: 134
S
sabiduría
“carnal”: 236
sacramentos
validez de: 339-340
véase también Cena del Señor;
iglesia primitiva; medios de
gracia
salvación
presente: 29
simplicidad: 234
sinceridad: 235
de los no creyentes: 183
T
temor
de Dios: 169
terremotos: 291
testimonio interno, véase Espíritu
Santo
Las Obras de Juan Wesley-Tomo 1 cover.pdf 1 9/7/23 12:31 PM
Los sermones que siguen contienen
lo esencial de lo que he predicado
durante los últimos ocho o nueve
años. Durante ese tiempo he hablado
frecuentemente en público sobre cada
uno de los temas que se encuentran en
esta colección, y no sé de punto
doctrinal alguno sobre el cual yo hable
C
formalmente en público que no se
M
encuentre expuesto aquí ante todo
Y
lector cristiano—si no a propósito, al
CM
menos incidentalmente. Por lo tanto,
MY
toda persona seria que estudie estos
CY
sermones verá muy claramente cuáles
CMY
son las doctrinas que sostengo y
K
enseño como esenciales para la
verdadera religión.
Segunda edición
TOMO I
Sermones, I