Sermón 18 - Las señales del nuevo nacimiento
Juan 3:8
Así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
1. ¿De qué manera nace de Dios quien es «nacido del
Espíritu», «nacido de nuevo»? ¿Qué significa «nacer de
nuevo», ser «nacido de Dios», o ser «nacido del Espíritu»?1
¿Qué quiere decir ser hijo o criatura de Dios, o tener el espíritu
de adopción?2 Sabemos que, por la gran misericordia de Dios,
estos privilegios generalmente se unen al bautismo, el cual
nuestro Señor llama en el versículo cinco «nacer del agua y del
Espíritu», pero deseamos saber en qué consisten estos
privilegios. ¿Qué es el «nuevo nacimiento»?
2. Tal vez no sea necesario dar una definición de esta
expresión, dado que las Escrituras no ofrecen ninguna, pero
como el asunto es de vital importancia para todos y cada uno de
los hijos de Adán, por cuanto «el que no naciere otra vez»,
«naciere del Espíritu», «no puede ver el reino de Dios»,3 me
propongo describir sus señales de la manera más clara posible,
tal y como las encuentro en las Escrituras.
I.1. La primera señal, que constituye el fundamento de
todas las demás, es la fe. san Pablo afirma: «Todos sois hijos
de Dios por la fe en Cristo Jesús».4 san Juan declara: «Les dio
potestad» (el derecho o privilegio) «de ser hechos hijos de
Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no son
1 Jn. 3.3, 6.
2 Ro. 8.14-16.
3 Jn. 3.3.
4 Gá. 3.26.
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362 Sermón 18
engendrados», cuando creyeron, «de sangre, ni de voluntad de
carne», ni por medio de la generación natural, «ni de voluntad
de varón», como los hijos que adoptan los humanos y en los
cuales no se obra ningún cambio, «sino de Dios».5 Y también
en su epístola general: «Todo aquel que cree que Jesús es el
Cristo, es nacido de Dios».6
2. Sin embargo la fe de que hablan los apóstoles en
estos pasajes no es simplemente especulativa. No es un simple
asentimiento a la proposición: «Jesús es el Cristo»; ni,
ciertamente, a todas las proposiciones contenidas en nuestro
credo, o en el Antiguo y Nuevo Testamentos. No es
simplemente «el asentimiento de que una o todas estas
doctrinas son creíbles y deben creerse». Afirmar tal cosa sería
como decir que los diablos son nacidos de Dios, porque
también ellos tienen esta fe.7 Tiemblan creyendo que Jesús es el
Cristo y que toda la Escritura, habiendo sido dada por
inspiración de Dios, es verdadera, como Dios es verdadero.8
No es únicamente «un asentimiento a la verdad divina, basado
en el testimonio de Dios» o «comprobado por milagros».9
Porque esos espíritus también escucharon las palabras de su
boca y lo reconocieron como un testigo fiel y verdadero. No
pudieron hacer otra cosa que recibir su testimonio, tanto de sí
mismo como del Padre que lo envió. Ellos vieron, de la misma
manera, las portentosas obras que realizó y creyeron, por tanto,
que había venido de Dios.10 Sin embargo, a pesar de esta fe,
5 Jn. 1. 12-13.
6 1 Jn. 5.1.
7 Stg. 2.19.
8 2 Ti. 3.16.
9 Véase: Santo Tomás, Suma teológica, II.ii.q.1.
10 Jn. 16.30.
Las señales del nuevo nacimiento 363
todavía están bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el
juicio del gran día.11
3. Todo esto no es más que una fe muerta.12 La fe
cristiana, verdadera y libre, que posee cualquiera que es nacido
de Dios, no es un simple asentimiento o un acto de
comprensión, sino una disposición que Dios ha obrado en el
corazón, la seguridad y confianza en Dios de que, por medio de
los méritos de Cristo, nuestros pecados han sido perdonados y
hemos sido reconciliados con Dios. Esto implica, primero, que
la criatura renuncia a sí misma; que, con el fin de ser hallado
en Cristo,13 ser aceptado por medio de él, completamente
rechaza la confianza en la carne;14 que, no teniendo con qué
pagar,15 sin confiar en sus obras ni en la justicia de ninguna
clase, vino a Dios como un perdido, miserable, que se ha
destruido y condenado a sí mismo; desamparado, un pecador
sin esperanza, cuya boca se ha cerrado completamente y está
bajo el juicio de Dios.16 Ese sentido de pecado, llamado
generalmente «desesperación» por quienes hablan mal de lo
que no saben, junto con una convicción que no se puede
expresar con palabras, de que nuestra salvación viene
solamente de Cristo; ese sincero deseo de salvación, debe
preceder a una fe viviente, a la seguridad de que él pagó
nuestro rescate con su muerte y con su vida cumplió la ley por
nosotros. Esta fe, entonces, por medio de la cual nacemos de
Dios, no es únicamente una creencia en todos los artículos de
11 Jud. 6.
12 Stg. 2.17.
13 Fil. 3.9.
14 Fil. 3. 3-4.
15 Lc. 7.42.
16 Ro. 3.19.
364 Sermón 18
nuestra fe, sino una verdadera confianza en la misericordia de
Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
4. Un fruto inmediato y constante de esta fe por medio
de la cual somos nacidos de Dios, un fruto que de ninguna
manera podemos separar de ella, no, ni siquiera por una hora,
es el poder sobre el pecado. Poder sobre el pecado exterior de
toda clase; sobre toda mala palabra y acción, porque
dondequiera que se aplica la sangre de Cristo limpia las
conciencias de obras muertas.17 Y también sobre el pecado
interior, porque él purifica los corazones18 de todo deseo e
inclinación pecaminosa. san Pablo describe detalladamente este
fruto de la fe en el capítulo sexto de su epístola a los Romanos:
«Los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en
él?»19 «Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con
él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no
sirvamos más al pecado».20 «Así también vosotros consideraos
muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús Señor
Nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal ...
sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los
muertos... Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros...
Gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado [el claro
significado de esto es que debemos estar agradecidos a Dios
porque, aunque en el pasado éramos siervos del pecado, ahora]
libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.»21
5. El mismo privilegio incomparable de los hijos de
Dios es afirmado poderosamente por san Juan, particularmente
17 He. 9.14.
18 Hch. 15.9; Stg. 4.8.
19 Ro. 6.2.
20 Ro. 6.6.
21 Ro. 6.11-14, 17-18.
Las señales del nuevo nacimiento 365
respecto a su primera fase, el poder sobre el pecado. Después
de que ha exclamado, asombrado por la profundidad de las
riquezas de la bondad de Dios, «¡Mirad cual amor nos ha dado
el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios! ... Amados,
ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que
hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste,
seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es»,
añade: «Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el
pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no
puede pecar, porque es nacido de Dios».22 Pero alguien
pudiera decir: «Muy cierto: cualquiera que es nacido de Dios,
no hace pecado habitualmente.» «¿Habitualmente?» ¿De
dónde se ha tomado esa palabra? No la encuentro. No está
escrita en el Libro de Dios. El Señor dice muy claramente: «No
hace pecado»; y tú añades: habitualmente. ¿Quién eres tú, que
tratas de enmendar los oráculos de Dios, que añades a las cosas
que están escritas en su Libro?23 Cuídate, no sea que Dios traiga
sobre ti las plagas que están escritas en este libro.24
Especialmente cuando el comentario que añades destruye el
texto de modo que, por esta artificiosa manera de engañar, la
preciosa promesa se pierde completamente. Con esta manera
de engañar y enredar a los seres humanos se invalida la Palabra
de Dios. Ten cuidado, tú que quitas significado a las palabras
de este Libro, porque quitándoles su significado y espíritu sólo
dejas lo que ciertamente se podría llamar letra muerta, ¡no sea
que Dios quite tu parte del libro de la vida!25
6. Permitamos que el apóstol interprete sus propias
palabras en el contenido de su discurso. En el versículo quinto
22 1 Jn. 3.9.
23 Ap. 22.18.
24 Ap. 22.18.
25 Ap. 22.19.
366 Sermón 18
de este capítulo dice: «Y sabéis que él [Cristo] apareció para
quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él».26 ¿Qué
inferencia se desprende de estas palabras? «Todo aquel que
permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto,
ni le ha conocido».27 Antes de hacer obligatorio el
cumplimiento de esta importante doctrina hace una muy
necesaria advertencia: «Hijitos, nadie os engañe» (porque
muchos procurarán hacerlo, procurarán persuadirlos de que
pueden ser injustos, que pueden cometer pecado y, sin embargo,
ser hijo de Dios). «El que hace justicia es justo, como él es
justo». Y continúa diciendo: «Todo aquel que es nacido de Dios,
no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en
él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto [añade
el Apóstol] se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del
diablo».28 Por medio de esta señal tan clara (cometer o no
cometer pecado) se distinguen los unos de los otros. Las
palabras en su capítulo quinto tienen la misma razón de ser:
«Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el
pecado, pues aquél que fue engendrado por Dios le guarda, y el
maligno no le toca».29
7. Otro fruto de esta fe viva es la paz. Porque siendo
justificados por la fe, habiendo sido borrados todos nuestros
pecados, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro
Señor Jesucristo.30 Ciertamente, nuestro Señor, la noche
anterior a su muerte, la legó él mismo solemnemente a todos
sus seguidores. La paz os dejo (a los que creen en Dios y
26 1 Jn. 3.5.
27 1 Jn.3.6.
28 vv. 7-10.
29 1 Jn.5.18.
30 Ro. 5.1.
Las señales del nuevo nacimiento 367
también en mí31) mi paz os doy; yo no os la doy como el
mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.32 Y
nuevamente: Estas cosas os he hablado para que en mí
tengáis paz.33 Esta es esa paz que sobrepasa todo
entendimiento;34 esa serenidad del alma que el corazón del
«hombre natural» no puede concebir35 y que aun el espiritual
no puede expresar. Es la paz que todos los poderes de la tierra y
el infierno no pueden quitarle. La azotan olas y tormentas, pero
no la pueden mover, porque está fundada sobre la roca.36
Guarda los corazones y las mentes37 de los hijos de Dios en todo
tiempo y en todo lugar. Ya sea que estén en gozo o en aflicción,
en enfermedad o en salud, en abundancia o en pobreza, son
felices en Dios. En cualquier estado en que se encuentren han
aprendido a estar felices.38 Sí, a dar gracias a Dios por medio de
nuestro Señor Jesucristo, seguros de que lo que les pasa es lo
mejor, porque es la voluntad de Dios. De manera que en todas
las vicisitudes de la vida su corazón está firme, confiado en
Jehová.39
II.1. La segunda señal escrituraria de los que son
nacidos de Dios es la esperanza. Pedro, dirigiéndose a los hijos
de Dios expatriados de la dispersión, dice: «Bendito el Dios y
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande
misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva».40 Una
31 Jn. 14.1.
32 Jn. 14.27.
33 Jn. 16.33.
34 Fil. 4.7.
35 1 Co. 2.9,14.
36 Mt 7.25; Lc. 6.48.
37 Fil. 4.7.
38 Fil. 4.11.
39 Sal. 112.7.
40 1 Pe. 1.3.
368 Sermón 18
esperanza viva o viviente, dijo el apóstol, porque, igualmente,
existe una esperanza muerta, lo mismo que una fe muerta; una
esperanza que no es de Dios sino del enemigo de Dios y de la
raza humana, como resulta evidente por sus frutos. Porque así
como es hija del orgullo es madre de toda mala palabra y
acción. Mientras que cualquiera que tiene esta esperanza viva es
santo, así como aquel que le llamó es santo.41 Cualquiera que
puede decirles sinceramente a sus hermanos en Cristo:
«Amados, ahora somos hijos de Dios, y le veremos como él es»,
se purifica a sí mismo, así como él es puro.42
2. Esta esperanza, (llamada en la epístola a los Hebreos
«plena certidumbre de fe»43 y «plena certeza de la
esperanza»,44 expresiones que indican mejor el significado de la
palabra, pero en una forma más débil que el original), según las
Escrituras, quiere decir: primero, el testimonio de nuestro
espíritu o conciencia de que caminamos con sencillez y
sinceridad y, en segundo lugar y principalmente, el testimonio
del Espíritu de Dios dando testimonio a nuestro espíritu de que
somos hijos de Dios. Y si hijos también herederos de Dios y
coherederos con Cristo.45
3. Veamos cuidadosamente lo que Dios mismo nos
enseña aquí respecto a este glorioso privilegio de sus hijos. ¿De
quién se dice que «da testimonio»? No de nuestro espíritu
solamente, sino de otro: del Espíritu de Dios. El es quien da
testimonio a nuestro espíritu. ¿De qué da testimonio? De que
somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos
de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos
41 1 Pe. 1.15.
42 1 Jn. 3.2-3.
43 He. 10.22.
44 He. 6.11.
45 Ro. 8.14-16.
Las señales del nuevo nacimiento 369
juntamente con él; si nos negamos a nosotros mismos, si
diariamente tomamos nuestra cruz y con alegría sufrimos la
persecución y el reproche por su causa, para que juntamente
seamos glorificados.46 ¿En quién da este testimonio el Espíritu
de Dios? En todos los que son hijos de Dios. Con este mismo
argumento prueba el Apóstol en los versículos anteriores que
lo son: «Todos», dice, «los que son guiados por el Espíritu de
Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el
espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que
habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos:
¡Abba, Padre!» De lo que se desprende: El Espíritu mismo da
testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.47
4. Merece nuestra atención la variación que aparece en
la frase en el versículo quince: «Habéis recibido el espíritu de
adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!» «Habéis»
quiere decir todos los que son hijos de Dios,48 los que, en
virtud de su linaje, han recibido el mismo espíritu de adopción,
por el cual ahora nosotros clamamos ¡Abba, Padre! Nosotros,
los apóstoles, los profetas, los maestros (porque así puede
entenderse la palabra también); nosotros, servidores de Cristo,
y administradores de los misterios de Dios,49 por medio de
quienes han creído. Así como nosotros y ustedes tenemos un
solo Señor, tenemos también un solo Espíritu; como también
tenemos una fe y una esperanza.50 Nosotros y ustedes hemos
sido sellados con el Espíritu Santo de la promesa, las primicias
46 Ro. 8.17.
47 Ro. 8.14-16.
48 Véase Ro. 8.15 en la Versión Popular, en donde la idea se hace más clara.
49 1 Co. 4.1.
50 Ef. 4-5.
370 Sermón 18
de su herencia de la nuestra.51 El mismo Espíritu da testimonio
a su espíritu y a nuestro espíritu, de que «somos hijos de Dios».
5. Así se cumple la Escritura: «Bienaventurados los que
lloran, porque ellos recibirán consolación».52 Porque es fácil
creer que si bien el dolor debe preceder al testimonio del
Espíritu de Dios a nuestro espíritu (como ciertamente debe ser,
hasta cierto punto, mientras gemimos bajo el temor y la
conciencia de que la ira de Dios permanece sobre nosotros).
Sin embargo, tan pronto como el corazón lo siente, su tristeza
se transforma en gozo.53 No importa cual haya sido antes su
dolor, muy pronto ya no recuerda su angustia por el gozo de
que ha nacido de Dios.54 Puede ser que muchos de ustedes
estén sufriendo ahora porque son extranjeros en Israel, porque
están conscientes de que no tienen este Espíritu, que viven sin
esperanza y sin Dios en el mundo.55 Pero cuando el
Consolador venga se gozará vuestro corazón y nadie os
quitará vuestro gozo.56 Entonces podrán decir: «Nos gloriamos
en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos
recibido ahora la reconciliación»;57 «por quien también tenemos
entrada por la fe a esta gracia», este estado de gracia, de favor
o reconciliación con Dios, «en la cual estamos firmes, y
nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios».58 Ustedes,
dice san Pedro, a quienes Dios ha hecho «renacer para una
esperanza viva ... sois guardados por el poder de Dios
51 Ef. 1.13-14.
52 Mt. 5.4.
53 Jn. 16.20.
54 Jn. 16.21.
55 Ef. 2.12.
56 Jn. 16.22, 24.
57 Ro. 5.11.
58 Ro. 5.2.
Las señales del nuevo nacimiento 371
mediante la fe, para alcanzar la salvación... En el cual vosotros
os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es
necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para
que sometida a prueba vuestra fe ... sea hallada en alabanza,
gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo ... aunque
ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso».59
¡Gozo inefable, en verdad! El ser humano no puede describir
este gozo en el Espíritu Santo. Es el maná escondido...el cual
ninguno conoce sino aquel que lo recibe.60 Pero nosotros
sabemos que éste no sólo permanece sino que sobreabunda, en
lo profundo de la aflicción. ¿En tan poco tienes las
consolaciones de Dios61 cuando el consuelo terrenal fracasa?
De ninguna manera, sino que cuando más abundan los
sufrimientos, más abundante se hace el consuelo de su Espíritu;
a tal grado que los hijos de Dios se ríen de la destrucción y del
hambre;62 de la necesidad, las dolencias, el infierno y la tumba;
porque conocen a aquél que tiene las llaves de la muerte y del
Hades63 y que pronto los arrojará al abismo;64 como si
escucharan ahora la gran voz del cielo diciendo: «He aquí el
tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y
ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su
Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no
habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque
las primeras cosas pasaron».65
59 1 Pe. 1.3-8.
60 Ap. 2.17.
61 Job 15.11.
62 Job 5.22.
63 Ap. 1.18.
64 Ap. 20.3.
65 Ap. 21.3-4.
372 Sermón 18
III.1. La tercera y más grande señal escrituraria de los
que son nacidos de Dios, es el amor: el amor de Dios ha sido
derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos
fue dado.66 Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros
corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba,
Padre!67 Movidos por este Espíritu y mirando a Dios
continuamente como a su amante Padre, con quien se ha
reconciliado, claman a él por su pan cotidiano, por todo lo que
necesitan para sus almas o sus cuerpos. Continuamente abren
sus corazones delante de él, sabiendo que tendrán las peticiones
que le hayan hecho.68 Su deleite está en él. El es el gozo de sus
corazones, su escudo y su galardón sobremanera grande.69 El
deseo de sus almas es hacia él. Hacer su voluntad es su comida
y bebida70 y su alma será saciada como de meollo y de grosura
mientras su boca lo alabará con júbilo.71
2. En este sentido también todo aquel que ama al que
engendró, ama también al que ha sido engendrado por él.72
Su espíritu se regocija en Dios su Salvador.73 Ama al Señor
Jesucristo con amor inalterable.74 Está tan unido al Señor que
forman un solo espíritu.75 Su alma está extasiada en él, y lo ha
escogido como el más amable, como el señalado entre diez
mil.76 Sabe y siente lo que significa «mi amado es mío y yo
66 Ro. 5.5.
67 Gá. 4.6.
68 1 Jn. 5.15.
69 Gn. 15.1.
70 Jn. 4.34.
71 Sal. 63.5.
72 1 Jn. 5.1.
73 Lc. 1.47.
74 Ef. 6.24.
75 1 Co. 6.17.
76 Cnt. 5.10, 16.
Las señales del nuevo nacimiento 373
suyo».77 Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la
gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido
para siempre.78
3. El necesario fruto de este amor de Dios es el amor a
nuestro prójimo, a todas las almas creadas por Dios, sin
exceptuar a nuestros enemigos ni a quienes nos ultrajan y nos
persiguen.79 Un amor por medio del cual amamos a todo ser
humano como a nosotros mismos, como amamos a nuestra
propia alma. Nuestro Señor lo ha expresado todavía con mayor
fuerza, diciendo: «Que os améis unos a otros, como yo os he
amado».80 Por esta razón, el mandamiento escrito en el
corazón de quienes aman a Dios no es otro, sino éste: «Que os
améis unos a otros, como yo os he amado».81 «En esto hemos
conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros.
También nosotros,» infiere correctamente el Apóstol,
«debemos poner nuestras vidas por los hermanos».82 Si
sentimos que estamos listos para hacer tal cosa, entonces
amamos verdaderamente a nuestro prójimo. Entonces sabemos
que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los
hermanos.83 En esto conocemos que permanecemos en él, y él
en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.84 Porque el
amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y
conoce a Dios.85
77 Cnt. 2.16.
78 Sal. 45.2.
79 Mt. 5.44.
80 Jn. 13.34.
81 Jn. 15.12.
82 1 Jn. 3.16.
83 1 Jn.3.14.
84 1 Jn. 4.13.
85 1 Jn. 4.7.
374 Sermón 18
4. Pero alguien pudiera preguntar: ¿No dice el Apóstol
«este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos»?
Ciertamente, y aquí se incluye también el amor a nuestro
prójimo, en el mismo sentido que el amor a Dios. ¿Qué se
desprende de todo esto? ¿Que guardar los mandamientos
exteriores es todo lo que implica amar a Dios con todo nuestro
corazón, toda nuestra mente, toda nuestra alma y fuerza y amar
a nuestros prójimos como a nosotros mismos?86 ¿Que el amor
a Dios no es un afecto del alma, sino un simple servicio exterior
y que el amor a nuestro prójimo no es una disposición
del corazón, sino simplemente una serie de obras exteriores?
Basta mencionar semejante interpretación de las palabras del
Apóstol para refutar esto, puesto que éste es el claro e
indisputable significado del texto. La señal o prueba del «amor
de Dios», de que guardamos el primero y más grande
mandamiento, es ésta: que guardamos todos los demás
mandamientos. Porque el verdadero amor una vez derramado
en nuestros corazones, nos constreñirá a hacerlo, porque
cualquiera que ama a Dios con todo su corazón no puede
menos que servirle con todas sus fuerzas.
5. El segundo fruto del amor de Dios es la completa
obediencia a aquél que amamos y conformidad a su voluntad;
obediencia a todos los mandamientos de Dios, internos y
externos; obediencia de corazón y de vida; en todo nuestro
temperamento y en toda nuestra vida.87 Una de las
disposiciones más obviamente comprendidas en esto es el ser
celoso en buenas obras, sentirse hambriento y sediento de
hacer el bien de todas las maneras posibles, a todos nuestros
semejantes, regocijándose en gastarse por amor a las almas,88
86 Lc. 10.27.
87 1 P. 1.15.
88 2 Co. 12.15.
Las señales del nuevo nacimiento 375
por todo ser humano, sin buscar recompensa en este mundo,
sino únicamente en la resurrección de los justos.89
IV.1. He descrito claramente las señales del nuevo
nacimiento que encuentro en las Escrituras. Así contesta Dios
mismo a la importante pregunta: ¿Qué es nacer de Dios? Así es
todo aquel que es nacido del Espíritu. Esto es, según el juicio
del Espíritu de Dios, ser hijo de Dios. Es creer en Dios por
medio de Cristo y no practicar el pecado,90 y gozar, en todo
tiempo y lugar, la paz de Dios que sobrepasa todo
entendimiento.91 Es esperar en Dios por medio del Hijo de
su amor, de tal manera que se llega a tener no sólo el testimonio
de una buena conciencia,92 sino que también El Espíritu.
mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de
Dios, de donde naturalmente brota ese regocijo en aquél por
quien hemos recibido la reconciliación.93 Es amar a Dios,
quien los amó como ustedes nunca han amado a ninguna
criatura, por lo que son constreñidos a amar a todos los seres
humanos como a ustedes mismos; con un amor que no sólo
arde en sus corazones, sino en todas sus acciones y
conversaciones, haciendo toda su vida un trabajo de amor,94
una constante obediencia a los mandamientos Sed, pues,
misericordiosos, como también vuestro Padre es
misericordioso;95 Sed santos, porque yo soy santo;96 Sed, pues,
89 Lc. 14.14.
90 1 Jn. 3.9.
91 Fil. 4.7.
92 2 Cor. 1.12; 1 P. 3.21.
93 1 Ts. 5.16; Ro. 5.11.
94 1 Ts. 1.3; He. 6.10.
95 Lc. 6.36.
96 1 P. 1.16; Lv. 11.44-45.
376 Sermón 18
vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es
perfecto.97
2. ¿Quiénes, pues, son los que de esta manera han
nacido de Dios? Ustedes saben lo que Dios les ha concedido.98
Ustedes saben que son hijos de Dios y podemos asegurar
nuestros corazones delante de él.99 Cada uno de ustedes que ha
escuchado estas palabras no puede menos que sentir y saber si
en esta hora (¡respondan a Dios y no al hombre!) son hijos de
Dios o no. La pregunta no es ¿qué fueron hechos en el
bautismo?, sino ¿qué son ahora? ¿Está el Espíritu de adopción
ahora en su corazón? Permitan que su corazón escuche el
llamamiento. No les pregunto si nacieron de agua y del
Espíritu,100 sino ¿son ahora el templo del Espíritu Santo que
mora en ustedes? Concedo que han sido circuncidados en la
circuncisión de Cristo (como san Pablo llama enfáticamente al
bautismo).101 ¿Descansa el Espíritu de Cristo y de gloria ahora
sobre ustedes? De otra manera la circuncisión viene a ser
incircuncisión.102
3. No digas, entonces, en tu corazón: «Yo fui
bautizado una vez, por lo tanto soy hijo de Dios ahora. Tal
razonamiento no tiene valor, porque ¡cuántos que han sido
bautizados ahora son glotones, borrachos, mentirosos,
blasfemos, pendencieros, maldicientes, corrompidos, ladrones,
usurpadores! ¿Qué opinan? ¿Son éstos, ahora, hijos de Dios?
En verdad, en verdad les digo, no importa quién seas, a quien
convenga cualquiera de las condiciones que acabo de
97 Mt. 5.48.
98 1 Co. 2.12.
99 1 Jn 3.19.
100 Jn. 3.5.
101 Col. 2.11.
102 Ro. 2.25.
Las señales del nuevo nacimiento 377
mencionar: Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los
deseos de vuestro padre queréis hacer.103 A ustedes clamo, en
el nombre de aquél a quien crucifican de nuevo, con las
palabras que dirigió a sus circuncidados predecesores:
«¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la
condenación del infierno?».104
4. En verdad, ¿cómo? excepto que nazcan de nuevo.105
Porque ahora están muertos en delitos y pecados.106 Decir que
no pueden nacer de nuevo, que no hay nuevo nacimiento sino
en el bautismo es sellarlos a todos ustedes bajo condenación,
enviarlos al infierno, sin ayuda y sin esperanza. Tal vez alguien
pudiera pensar que esto es justo y correcto. En su celo por el
Señor de los Ejércitos pueden decir: «¡Ve, destruye a los
pecadores de Amalec!» «Destruye por completo a estos
Gabaonitas!».107 No merecen otra cosa. No, ni yo ni ustedes.
Lo que ustedes y yo merecemos es lo mismo que ellos
merecieron: el infierno. Sólo por la misericordia, gratuita e
inmerecida, es por lo que nosotros no estamos ahora en el
fuego que nunca se apaga.108 Ustedes dirán: «Estamos lavados,
hemos nacido de agua y del Espíritu». También lo estaban ellos
y, por consiguiente, esto no evita que ahora sean como ellos.
¿No saben que lo que los hombres tienen por sublime, delante
de Dios es abominación? Vengan, pues, los «santos del
mundo»,109 los honrados por las gentes, y veamos quién entre
ustedes arroja la primera piedra a esos miserables, indignos de
103 Jn. 8.44.
104 Mt. 23.33.
105 Jn. 3.3.
106 Ef. 2.1.
107 1 S. 15.6-20; 2 S. 21.1-9.
108 Mt. 3.12; Lc.3.17.
109 Frase que Wesley tomó del reformador español Juan de Valdés.
378 Sermón 18
vivir en la tierra: las prostitutas, los adúlteros, los asesinos.
Aprendan antes lo que quiere decir: «Aquel que aborrece a su
hermano es homicida».110 Cualquiera que mira a una mujer
para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.111 ¡Oh
almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es
enemistad contra Dios?112
5. En verdad, en verdad les digo: Ustedes también
deben nacer de nuevo. Si no nacen otra vez no podrán entrar
en el reino de Dios. No se apoyen por más tiempo en ese
báculo quebrado113 de que nacieron otra vez en el bautismo.
¿Quién puede negar que entonces fueron hechos hijos de Dios
y herederos del reino de los cielos?114 Sin embargo, a pesar de
esto, ahora son hijos del diablo, por lo tanto deben nacer otra
vez. No permitan que Satanás les haga depender de una palabra,
cuando su sentido es tan claro. Han oído cuáles son las señales
de los hijos de Dios. Todos ustedes, bautizados o sin bautizar,
los que no las tienen, deben recibirlas o perecerán
irremisiblemente y para siempre. Si han sido bautizados, ésta es
su única esperanza: que habiendo sido hechos hijos de Dios en
el bautismo, pero que ahora son hijos del diablo, pueden recibir
otra vez el poder de ser hijos de Dios,115 recobrar lo que habían
perdido: el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba,
Padre!.116
6. ¡Amén, Señor Jesús! Concede que cualquiera cuyo
corazón se mueve a buscarte otra vez, vuelva a recibir el
110 1 Jn. 3.15.
111 Mt. 5.28.
112 Stg. 4.4.
113 Is. 36.6.
114 Ro. 8.16-17.
115 Jn. 1.12.
116 Ro. 8.15.
Las señales del nuevo nacimiento 379
Espíritu de adopción y clame: ¡Abba, Padre! Permítele tener de
nuevo el poder de creer en tu nombre para que vuelva a ser hijo
de Dios; que crea y sienta que tiene redención en tu sangre y el
perdón de sus pecados,117 y que no puede pecar, porque es
nacido de Dios.118 Permítele ahora renacer para una
esperanza viva,119 para que se purifique como tú eres puro.120
Y por ser hijo,121 permite que el Espíritu de amor y gloria
descanse sobre él, limpiándolo de toda contaminación de carne
y de espíritu enseñándole a perfeccionar la santidad en el temor
de Dios.122
117 Col. 1,14.
118 1 Jn. 3.9.
119 1 P. 1.3.
120 1 Dn.3.3.
121 Gá. 4.6.
122 2 Co. 7.1.