Sermón 17 - términos extraños que no sirven sino para obscurecer las
doctrinas más sencillas? Si no lo están, entonces se debe
investigar quién sea el autor de esta doctrina; si acaso es un
ángel del cielo que predica un evangelio diferente86 del de
Jesucristo. Si así fuera, Dios mismo, no nosotros, ha
pronunciado la sentencia: Sea anatema.87
4. De la misma manera que nuestro evangelio no
reconoce ningún otro fundamento de las buenas obras, sino la
fe; o de la fe, sino Cristo, nos enseña muy claramente que no
somos sus discípulos mientras neguemos que él es Autor de
nuestra fe y obras o que su Espíritu es quien las inspira y
perfecciona. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de
él.88 Sólo él puede revivir a los que están muertos para con
Dios; puede inspirar en ellos el aliento de vida cristiana y
prevenirlos, acompañarlos y seguirlos con su gracia, de tal
manera que vean sus buenos deseos realizados. Todos los que
son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.89
Esta es la definición, corta y sencilla, que Dios da de la religión
y de la virtud y nadie puede poner otro fundamento.90
5. De lo que se ha dicho podemos deducir, en tercer
lugar, que ninguna persona es verdaderamente guiada por el
Espíritu, a no ser que ese Espíritu dé testimonio a su espíritu de
que es hijo de Dios.91 A menos que no vea delante el premio y
la corona, y se regocije en la esperanza de la gloria de Dios.92
¡En qué gran error han caído los que han enseñado que al servir
86 Gá. 1.8.
87 Ibid.
88 Ro. 8.9.
89 Ro. 8.14.
90 1 Co. 3.11.
91 Ro. 8.16.
92 Ro. 5.2.
La circuncisión de corazón 357
a Dios no debemos buscar nuestra felicidad! Al contrario, Dios
nos enseña con frecuencia y expresamente que debemos tener
puesta la mirada en el galardón93 para equilibrar el trabajo con
el gozo que nos ha sido propuesto;94 Porque esta leve
tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más
excelente y eterno peso de gloria.95 Todavía más: somos
ajenos a los pactos de la promesa, estamos sin esperanza y sin
Dios en el mundo96 hasta que el Señor, según su grande
misericordia, nos regenere en esperanza viva, de una herencia
incorruptible que no puede contaminarse ni marchitarse.97
6. Entonces, si estas cosas son así, ya es tiempo de que
obren fielmente respecto de sus almas los que están tan lejos de
encontrar en sí mismos esa gozosa seguridad de que llenan los
requisitos, y de que han de obtener las promesas de ese pacto;
que riñen contra ese pacto y blasfeman de sus condiciones; que
se quejan, diciendo que son muy severas y que no ha habido ni
habrá un ser viviente que pueda vivir conforme a ellas. ¿Qué es
esto, sino reprochar a Dios como si fuera un amo severo, que
exige de sus siervos más de lo que pueden llevar a cabo, según
las fuerzas que él les da; como si se burlara de las criaturas
débiles que él mismo creó, pidiéndoles que hagan cosas
imposibles, ordenándoles vencer cuando ni sus propias fuerzas
ni su gracia son suficientes?
7. Estos blasfemos casi podrían persuadir a aquéllos
que se creen sin culpa, quienes, yendo al extremo contrario,
esperan cumplir con los mandamientos de Dios sin hacer
ningún esfuerzo. ¡Vana esperanza la de que el hijo de Adán
93 He. 11.26.
94 He. 12.2.
95 He. 4.17.
96 Ef. 2.12.
97 1 P. 1.3-4.
358