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Sermón 17 - novedad, grandeza y belleza; o la soberbia de la vida,75 ya sea

por medio de la pompa, la grandeza, el poder o sus

consecuencias naturales -el aplauso y la admiración- no son del

Padre, no proceden ni merecen la aprobación del Padre de los

espíritus, sino del mundo. Es la señal característica de aquéllos

que no quieren que él reine sobre ellos.

II.1. Hemos, pues, investigado cuidadosamente cuál

sea la circuncisión del corazón que ha de merecer la alabanza

de Dios. Paso, en segundo lugar, a mencionar algunas

reflexiones que naturalmente se desprenden de dicha

investigación, como una norma clara, por medio de las cuales

el ser humano puede discernir si pertenece al mundo o a Dios.

Desde luego, deducimos de lo que ya se ha dicho, que

ninguna persona tiene derecho a recibir la alabanza de Dios, a

no ser que su corazón esté circuncidado por la humildad; a no

ser que sea pequeña, baja y vil a sus propios ojos; a menos que

no esté profundamente convencida de la innata corrupción de su

naturaleza, por la cual dista muchísimo de la justicia original

y se opone, por lo tanto, a todo lo bueno, se inclina a todo lo

malo, corrompido y abominable, teniendo una «mente carnal»

que es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de

Dios, ni tampoco puede,76 a no ser que sienta constantemente en

lo más íntimo de su corazón, que sin la ayuda del Espíritu de

Dios no puede pensar, desear, hablar, ni hacer nada que sea

bueno o agradable en su presencia.77

Nadie, repito, tiene derecho a la alabanza de Dios, sino

hasta que siente su necesidad de Dios; hasta que busca la honra

75 1 Jn. 2.16.

76 Ro. 8.7.

77 He. 13.21.

La circuncisión de corazón 355

que viene de Dios solamente,78 y no desea ni busca la que viene

de los demás, a no ser que tienda al fin anterior.

2. Otra verdad que se deduce naturalmente de lo que

llevamos expuesto, es que nadie recibirá la honra que viene de

Dios, a no ser que su corazón esté circuncidado por la fe, fe en

el poder de Dios.79 A menos que, rehusándose a ser guiado por

sus sentidos, apetitos o pasiones, o aun por ese guía ciego de

los ciegos,80 tan idolatrado en el mundo, la razón natural, viva y

ande en la fe81 y dirija todos sus pasos como viendo al

Invisible.82 Que no vea las cosas que se ven, que son

temporales, sino las que no se ven, que son eternas;83 y

gobierne todos sus deseos, planes y pensamientos, sus acciones

y conversaciones, como quien ha penetrado hasta dentro del

velo,84 donde Jesucristo está sentado a la diestra de Dios.85

3. Ojalá conociesen mejor esta fe los que emplean su

tiempo y esfuerzos en poner otros cimientos en lugar de

discurrir sobre la idoneidad eterna de las cosas, la excelencia

intrínseca de la virtud y lo bello de las acciones que inspira, las

razones, así llamadas, del bien y del mal, y las relaciones

mutuas que deben existir entre un ser y otro. Estas opiniones

respecto a las bases del deber del cristiano coinciden o no con

las de la Sagrada Escritura. Si están en armonía, ¿por qué razón

se confunde a personas bien intencionadas, separándolas de los

asuntos más importantes de la ley, con una profusión de

78 Jn. 5.44.

79 Col. 2.12.

80 Mt. 15.14.

81 2 Co. 5.7.

82 He. 11.27.

83 2 Co. 4.18.

84 He. 6.19.

85 Col. 3.1; Mc. 16.19; Hch. 7.55.

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