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Sermón 17 - 3. Al mismo tiempo, estamos convencidos de que no

podemos ayudarnos a nosotros mismos; que, sin el Espíritu de

Dios, no podemos hacer nada, sino añadir pecado al pecado.

Que solamente él produce en nosotros así el querer como el

hacer, por su buena voluntad,15 siendo imposible para nosotros

pensar siquiera un pensamiento bueno sin la ayuda sobrenatural

de su Espíritu, o crear o renovar nosotros mismos nuestras

almas en justicia y verdadera santidad.

4. Una consecuencia segura de haber formado este

juicio recto acerca de la pecaminosidad y desamparo de nuestra

naturaleza, es el desprecio de la gloria de los hombres16 que

generalmente se rinde a una supuesta excelencia en nosotros.

Quien se conoce a sí mismo ni desea ni aprecia el aplauso que

sabe no merece. Entonces es natural tener en muy poco el ser

juzgado por vosotros o por tribunal humano.17 Tiene toda la

razón al comparar lo que se dice en favor o en contra suya con

lo que siente en su corazón; de llamar al mundo, lo mismo que

al Dios de este mundo, mentiroso desde el principio.18 Y aun

respecto de aquéllos que no son del mundo, si bien desearía

que, mediante la voluntad de Dios, lo reconocieran como quien

trata de ser mayordomo fiel de los bienes del Señor,19

esperando así ser útil a sus consiervos. Sin embargo, como éste

es el motivo que le hace desear su aprobación, no descansa en

él de ninguna manera, puesto que está seguro de que Dios

puede hacer todo lo que quiere y nunca le faltan instrumentos,

15 Fil. 2.13.

16 Jn. 5.41,44.

17 1 Co. 4.3.

18 Jn. 8.44.

19 Lc. 12.42.

La circuncisión de corazón 347

porque tiene el poder de levantar, aun de las mismas piedras,

siervos que hagan su voluntad.20

5. Esta es la humildad de espíritu que han aprendido de

Cristo los que han seguido su ejemplo y caminan en sus pasos.

Este conocimiento de su enfermedad, por medio del cual se

lavan más y más del orgullo y vanidad, que son una parte de

dicha enfermedad, los induce a buscar de buena gana la segunda

cualidad implicada en la «circuncisión del corazón»: la fe, que

es la única que puede sanarlos por completo, la única medicina

en esta tierra que puede sanar sus enfermedades.

6. El mejor guía para los ciegos, la luz más segura para

los que están en tinieblas, el maestro perfecto de los

ignorantes,21 es la fe. Pero debe ser una fe poderosa en Dios

para la destrucción de fortalezas,22 para abatir todos los

prejuicios que corrompen la razón, todas las falsas máximas

reverenciadas por el género humano, todas las costumbres y

hábitos malos, toda la sabiduría del mundo que es insensatez

para Dios;23 derribando argumentos y toda altivez que se

levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo

todo pensamiento a la obediencia a Cristo.24

7. Al que cree [de esta manera] todo le es posible.25

Alumbrados los ojos de su entendimiento, puede ver cuál es su

vocación: glorificar a Dios, quien lo ha rescatado a tan alto

precio, en su cuerpo y en su espíritu, que ahora pertenecen a

Dios,26 tanto por su redención como por su creación. Siente la

20 Mt. 3.9.

21 Ro. 2.19-20.

22 2 Co. 10.4.

23 1 Co. 3.19.

24 2 Co. 10.5.

25 Mc. 9. 23.

26 1 Co. 6.20.

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