Sermón 17 - del Espíritu de Dios en su claro y obvio significado. Le son
locura y, en verdad, no las puede entender, porque se han de
discernir espiritualmente.5 Sólo se pueden percibir por medio
de ese sentido espiritual que todavía no se ha despertado en él,
por lo cual debe rechazarlas como vanas fantasías humanas,
cuando en realidad son la sabiduría y el poder de Dios.6
3. La circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en
letra. Es marca característica de los verdaderos seguidores de
Cristo, de uno que ya ha sido aceptado por Dios, no la
circuncisión exterior o el bautismo, o cualquiera otra forma
externa, sino el estado recto del alma, una mente y un espíritu
renovados conforme a la imagen de aquél que los creó. Esta es
una de esas verdades tan importantes que solamente pueden ser
«discernidas espiritualmente». El Apóstol lo afirma con las
siguientes palabras: La alabanza del cual no viene de los
hombres, sino de Dios.7 Como si hubiera dicho: «No esperes, tú
que sigues al Maestro, que el mundo, aquéllos que no lo siguen,
digan: ¡Bien hecho, buen siervo y fiel!8 Sabe, pues, que la
circuncisión de tu corazón, el sello de tu llamamiento, es locura
para el mundo.9 Confórmate con esperar tu aplauso hasta el día
de la aparición del Señor. Entonces recibirás la alabanza de
Dios10 en la gran asamblea de los creyentes y los ángeles.»
Me propongo, en primer lugar, investigar
cuidadosamente en qué consiste esta circuncisión del corazón
5 1 Co. 2.14.
6 1 Co. 1.24.
7 Ro. 2.29. Véase también Jn. 12.43; 1 Co. 4.5.
8 Mt. 25.23.
9 1 Co. 1.20-21.
10 1 Co. 4.5; Ro. 2.29.
La circuncisión de corazón 345
y, en segundo, hacer algunas reflexiones que se desprenden
naturalmente de dicha reflexión.
I.1. Debo, primeramente, investigar en qué consiste esa
circuncisión del corazón que ha de recibir la alabanza de Dios.
En general, podemos observar que es la disposición habitual
del alma que en las Sagradas Escrituras es llamada «santidad»,
y que implica ser limpio de pecado, de toda contaminación de
carne y espíritu,11 y por consecuencia, estar dotado de aquellas
virtudes que estuvieron también en Cristo Jesús; ser renovados
en el espíritu de nuestra mente12 hasta ser perfectos, como
nuestro Padre que está en los cielos es perfecto.13
2. Entrando en pormenores, la circuncisión del corazón
implica humildad, fe, esperanza y caridad. La humildad, un
juicio recto de nosotros mismos, limpia nuestras mentes de
esos conceptos elevados de nuestras propias perfecciones, de
opiniones falsas acerca de nuestras habilidades y éxitos que son
el fruto natural de una naturaleza corrupta. Esta actitud evita el
pensar vanamente: «Yo soy rico, sabio y no tengo necesidad de
nada» y nos convence de que somos por naturaleza
desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos.14 Nos
persuade de que, en nuestra mejor condición, por nosotros
mismos, no somos sino pecado y vanidad. Que la confusión, la
ignorancia y el error reinan sobre nuestra comprensión. Que
pasiones irracionales, terrenales, sensuales y diabólicas
usurpan la autoridad de nuestra voluntad. En una palabra, que
no hay una sola parte sana en nuestra alma, que los cimientos de
nuestra naturaleza están dañados.
11 2 Co. 7.1.
12 Ef. 4.23.
13 Mt. 5.48.
14 Ap. 3.17.
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