Sermón 16 - Los medios de gracia
Malaquías 3.7
Os habéis apartado de mis leyes y no las guardasteis.
I.1. ¿Habrá todavía algunas «ordenanzas», ahora que el
evangelio ha sacado la vida y la inmortalidad a la luz?1 ¿Existen
bajo la dispensación cristiana medios instituidos por Dios como
los conductos ordinarios de su gracia? En la Iglesia Apostólica
no se habría podido hacer esta pregunta, a no ser que se
declarase uno abiertamente pagano, ya que todos los cristianos
estaban de acuerdo en que Cristo había instituido ciertos
medios exteriores para comunicar su gracia a las almas de los
hombres. Su práctica constante estableció esto en una forma
indisputable, mientras Todos los que habían creído estaban
juntos, y tenían en común todas las cosas.2 Y perseveraban en
la doctrina de los apóstoles ... en el partimiento del pan y en
las oraciones.3
2. Con el paso del tiempo, cuando el amor de muchos
se enfrió,4 algunos principiaron a tomar los medios como el fin,
y a hacer que la religión consistiera en una serie de prácticas
exteriores en lugar de en un corazón transformado según la
imagen de Dios. Olvidaron que el propósito de los
mandamientos es el amor, nacido de corazón limpio, y de
1 2 Ti. 1.10.
2 Hch. 2. 44.
3 Hch. 2.42. 315
4 Mt. 24.12.
3 16 Sermón 16
buena conciencia, y de fe no fingida.5 Que ese propósito es
amar al Señor su Dios con todo su corazón y a su prójimo
como a ellos mismos;6 y el ser purificados del orgullo, del
rencor y de todo deseo pecaminoso, mediante la fe en el poder
de Dios.7 Otros aparentemente se imaginaron que, aunque la
religión no consistía principalmente de estas manifestaciones
exteriores, sin embargo había en ellas algo que complacía a
Dios, algo que los haría aceptables ante su presencia, aunque no
cumplieran exactamente las demandas de la ley, la justicia, la
misericordia y el amor a Dios.8
3. Es evidente que estos medios no han producido, en
aquéllos que abusan de ellos, el fin para el que fueron
instituidos, sino que, al contrario, los medios que deberían
haber servido para su salvación les han servido de tropiezo.9 Se
encontraban tan lejos de recibir una bendición por medio de
ellos, que trajeron maldición sobre sus cabezas. En lugar de
crecer en pureza de corazón y de vida se hicieron doblemente
hijos del infierno.10 Otros, al ver claramente que estos medios
no traían la gracia de Dios a esos hijos del diablo, principiaron
a deducir de esos casos particulares una conclusión general:
estos medios no comunican la gracia de Dios.
4. Sin embargo, el número de los que abusaban de las
ordenanzas de Dios era más grande que el de aquellos que las
odiaban, hasta que ciertos hombres se levantaron, no
únicamente con un gran entendimiento (algunos vinieron con
un gran erudición), sino que parecían también personas llenas
5 1 Ti. 1.5.
6 Mt. 22.37,39.
7 Col. 2.12.
8 Mt. 23.23.
9 Ro. 14.13.
10 Mt. 23.15.
Los medios de gracia 317
de amor, habiendo experimentado la verdad y la religión
interior. Algunos de ellos eran antorchas que ardían y
alumbraban,11 personas famosas en sus generaciones, que
habían vivido bien en la Iglesia de Cristo al ponerse de pie en la
brecha12 mientras el pecado parecía desbordarse.
No se puede suponer que estas venerables y santas
personas intentaban al principio otra cosa que mostrar que la
religión externa no vale nada sin la religión del corazón, que
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad
es necesario que adoren;13 que, por lo tanto, la adoración
exterior es inútil sin un corazón entregado a Dios; que las leyes
externas de Dios son de mucho provecho cuando ayudan a
progresar en santidad interna, pero cuando no lo hacen son más
ligeras que la vanidad; sí, cuando son usadas, como si
dijéramos, en lugar de esto, son gran abominación delante de
Dios.
5. Sin embargo, no es raro que algunos de éstos,
convencidos profundamente de la horrible profanación de las
leyes de Dios que se ha extendido sobre toda la iglesia y casi
expulsado del mundo la verdadera religión, en su ferviente
celo por la gloria de Dios y de rescatar las almas de ese fatal
engaño, hablaron como si la religión exterior valiera
absolutamente nada, como si no tuviera un lugar en la religión
de Cristo. No es de sorprender si en algunas ocasiones no se
expresaron con la suficiente cautela, de manera que algunos
oídos incautos pudieron creer que condenaban todas las
expresiones externas como inútiles y como si Dios no las
hubiera designado como medios ordinarios para comunicar su
gracia a las almas del género humano.
11 Jn. 5.35.
12 Ez. 22.30.
13 Jn. 4.24.
3 18 Sermón 16
Es posible que algunos de estos santos varones hayan
aceptado al fin tal opinión, especialmente aquéllos que se
encontraron privados de todas estas leyes, no de su propia
voluntad, sino por la providencia de Dios; quienes tal vez
caminaban de un lugar a otro, sin tener un lugar fijo, y
habitando, quizá, en las cavernas de la tierra.14 Estos,
experimentando la gracia de Dios en sí mismos, aunque estaban
privados de todos los medios exteriores, pudieron imaginar que
alcanzarían la misma gracia aquéllos que se abstuvieran de
dichos medios por su propia voluntad.
6. La experiencia nos muestra cuán fácilmente se
extiende esta opinión y se insinúa en la mente de los seres
humanos, especialmente en aquéllos que han despertado
completamente del sueño de la muerte15 y han principiado a
sentir el peso de sus pecados como una carga muy pesada y
difícil de llevar.16 Estas personas frecuentemente están
impacientes por su presente estado y tratan, por todos los
medios posibles, de escapar de él. Siempre están listas a probar
cualquier cosa nueva que produzca serenidad o felicidad.
Probablemente han probado la mayor parte de los medios
externos sin encontrar paz en ellos sino, por el contrario,
probablemente más y más temor, tristeza y condenación. Es
fácil, entonces, persuadir a estas personas de que han de
abstenerse de todos estos medios. Aparentemente, ya están
cansadas de luchar en vano, de trabajar para el fuego17 y se
alegran, por lo tanto, de cualquier pretexto para hacer a un lado
aquello en que sus almas no encuentran placer, abandonar la
lucha dolorosa y sumarse en una profunda apatía.
14 He. 11.38.
15 Sal. 13.3.
16 Sal. 38.4.
17 Hab. 2.13.
Los medios de gracia 319
II.1. En el discurso que sigue me propongo examinar
cuidadosamente si existen o no los medios de gracia.
Por «medios de gracia» entiendo las señales exteriores,
las palabras o acciones ordenadas e instituidas por Dios con el
fin de ser los canales ordinarios por medio de los cuales pueda
comunicar a la criatura humana su gracia anticipante,
justificadora y santificadora.
Uso esta expresión, «medios de gracia», porque no
conozco ninguno mejor y porque ha sido usado generalmente
en la iglesia cristiana por muchos siglos. En particular, por
nuestra propia iglesia, que nos dirige a bendecir a Dios «por los
medios de gracia y la esperanza de gloria»;18 y nos enseña que
un sacramento es «un signo exterior de una gracia interior, y
un medio que nos la confiere.»19
Los medios principales son: la oración, ya sea en
privado o en la gran congregación; el estudio de las Escrituras
(que significa leer, escuchar y meditar sobre ellas), y la cena del
Señor: participar del pan y del vino en su memoria. Creemos
que estos medios fueron instituidos por Dios como los canales
ordinarios para comunicar su gracia a las almas del género
humano.
2. Concedemos que todo el valor de estos medios
consiste en estar actualmente subordinados al objeto de la
religión y, por consiguiente, que cuando todos estos medios se
separan de su objeto, son menos que la misma vanidad.20 Que
si no guían en realidad al conocimiento y amor de Dios, no son
aceptables en su presencia, sino al contrario, una abominación;
un mal olor que le ofende y se cansa de ellos. No puede
18 Libro de Oración Común, Oración general de gracias.
19 Libro de Oración Común, Catecismo, respuesta a la pregunta: «¿Qué quiere decir
la palabra sacramento?».
20 Is. 40.17.
3 20 Sermón 16
soportarlos. Sobre todo, si se usan como una forma de
«conmutación»21 de la religión, en vez de estar subordinados al
objeto de ésta, no hay palabras con qué expresar lo enorme y
pecaminoso de esta torpeza de volver las armas de Dios en
contra de él mismo; de evitar que el cristianismo se posesione
del corazón, usando de esos mismos medios que fueron
instituidos con tal fin.
3. Concedemos, igualmente, que todos los medios
exteriores, si están separados del Espíritu de Dios, no pueden
ser de ningún provecho ni conducir de ninguna manera al
conocimiento o al amor de Dios. Es incontrovertible que la
ayuda que se recibe aquí viene de él mismo.22 Él, y sólo él, es
quien por medio de su poder omnipotente obra en nosotros lo
que es agradable en su presencia.23 Todas las cosas exteriores,
a menos que él obre en ellas y por medio de ellas, son débiles y
míseros elementos.24 Quienquiera, pues, que se imagine que
hay algún poder intrínseco en estos medios, está en un error
craso y no conoce las Sagradas Escrituras ni el poder de
Dios.25 Sabemos que no hay ningún poder inherente en las
palabras que usamos en la oración, en la letra de la Sagrada
Escritura, en el sonido de esas palabras, o en el pan y vino que
recibimos en la Cena del Señor, y que sólo Dios es el dador de
todo don perfecto,26 el Autor de toda gracia; que a él
únicamente pertenece el poder de comunicar a nuestras almas
cualquiera bendición por estos medios. Sabemos, igualmente,
21 Término forense, definido en la Cyclopaedia de Chambers como «un cambio
de condena o castigo, ...como cuando la pena de muerte es cambiada por
destierro o prisión perpetua».
22 Sal. 74.13.
23 1 Jn.3.22.
24 Gá. 4.9.
25 Mt. 22.29.
26 Stg. 1.17.
Los medios de gracia 321
que podría conceder esta gracia aunque ninguno de estos
medios existiera en toda la redondez de la tierra y, en este
sentido, podemos afirmar que Dios no tiene necesidad de
ningún medio, por cuanto puede hacer su santa voluntad
valiéndose de medios o sin ninguno de ellos.27
4. Confesamos, además, que el uso de todos los medios
no bastaría para redimir un solo pecado; que sólo la sangre de
Jesucristo es suficiente para reconciliar al pecador con Dios,28
puesto que no existe ninguna otra propiciación por nuestros
pecados,29 ninguna otra fuente que pueda limpiar la iniquidad e
impureza. Todos los creyentes en Cristo están firmemente
persuadidos de que no existe ningún mérito sino en él; que no
hay ningún mérito en sus propias obras, en hacer sus oraciones,
en el estudio de la Sagrada Escritura, en escuchar la palabra de
Dios o en comer del pan y beber de la copa.30 De manera que si
la expresión que muchos han usado de que «Cristo es el único
medio de gracia,» quiere decir que él es la única causa meritoria,
ninguno que conozca la gracia de Dios puede contradecir tal
aserción.
5. Todavía más, es un hecho, aunque nos pese
confesarlo, que un gran número de los que se llaman cristianos
hasta hoy, abusan de los medios de gracia para su propia
destrucción. Este es el caso, indudablemente, en que se
encuentran los que tienen la forma sin el poder de la santidad.31
Presumen, equivocadamente, que ya son cristianos, porque
cumplen con tal o cual cosa, aunque Cristo jamás se haya
revelado en sus corazones, ni se haya derramado en ellos el
27 Ec. 8.3.
28 Ro. 5.10.
29 1 Jn. 2.2; 4.10.
30 1 Co. 11.28.
31 2 Ti. 3.5.
3 22 Sermón 16
amor de Dios.32 Se figuran que, infaliblemente, llegarán a serlo,
simplemente porque usan de estos medios; vanamente
soñando, aunque tal vez sin estar conscientes de ello, ya que
hay cierto poder en estos medios debido al cual, tarde o
temprano, no saben cuándo, llegarán ciertamente a ser santos;
o, ya que existe cierta clase de mérito en hacer uso de ellos, el
cual indudablemente moverá a Dios a santificarlos o a recibirlos
sin santidad.
6. Escasamente comprenden el sentido de esas palabras
que son la base firme del cristianismo: Por gracia sois salvos.33
Salvos de los pecados, de su culpa y poder. Son recibidos otra
vez en el favor y la imagen de Dios, no debido a ninguna obra,
mérito o virtud de ustedes, sino por gracia; únicamente por la
misericordia de Dios, por los méritos de su muy amado Hijo.34
Son salvos, pues, no debido a ningún poder, sabiduría o
fortaleza que haya en ustedes o en cualquiera otra criatura, sino
únicamente por la gracia y el poder del Espíritu Santo35 que obra
en todos nosotros.36
7. Sin embargo, todavía queda la cuestión principal:
Sabemos que esta salvación es el don y la obra de Dios, pero
¿cómo podrá uno, por ejemplo, que está persuadido de que no
la ha recibido, obtenerla? Si le dices: «Cree y serás salvo»,37 te
contestará: «Muy bien, pero ¿qué haré para creer?» Tú le
respondes: «Espera en Dios.» «Sí, pero ¿cómo he de esperar,
usando los medios de gracia o sin ellos?»38
32 Ro. 5.5.
33 Ef. 2.5, 8.
34 Mc. 12.6.
35 Ro. 15.13.
36 1 Co. 12.6.
37 Hch. 16.31.
38 Tit. 2.11.
Los medios de gracia 323
8. No se puede concebir que la Palabra de Dios deje de
darnos alguna dirección sobre asunto tan importante, o que el
Hijo de Dios, que bajó del cielo a salvar al género humano, nos
hubiese dejado en duda respecto a una cuestión que atañe tan de
cerca a nuestra salvación.
En verdad no nos ha dejado en duda sino que, muy al
contrario, nos ha mostrado el camino que debemos tomar. Sólo
tenemos que consultar el Oráculo de Dios, investigar lo que allí
está escrito y, si nos sometemos a su decisión, no puede quedar
la menor duda.
III.1. Según esta decisión de la Sagrada Escritura,
todos los que deseen recibir la gracia de Dios deben esperar
obtenerla por los medios que él ha ordenado; usándolos, no
haciéndolos a un lado.39 En primer lugar, el que quiera recibir
la gracia de Dios debe buscarla por medio de la oración. El
mismo Señor lo ha indicado expresamente: en el Sermón del
Monte, después de explicar extensamente en lo que consiste la
religión y describir sus partes principales, añade: Pedid, y se os
dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo
aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama,
se le abrirá.40 Aquí se nos dirige, de la manera más clara, a que
pidamos a fin de recibir. A que busquemos para que podamos
encontrar la gracia de Dios, la perla de gran precio,41 y a que
llamemos, a que continuemos llamando y buscando, si es que
hemos de entrar en el reino.
39 La idea de Wesley de «esperar en el Señor» es característicamente dinámica;
nunca significa «quietismo» o «tranquilidad». El cristiano creyente debe ser
celoso en toda obra de piedad y misericordia. Ninguna de éstas afecta la gracia de
Dios, pero pueden ayudar a preparar nuestros corazones para recibir los dones de
Dios como dádiva. Ver adelante: IV.5. Véase también el diario de Juan Wesley: Dic.
31, 1739 y Jun. 22-28, 1740.
40 Mt. 7.7-8.
41 Mt. 13.46.
3 24 Sermón 16
2. A fin de que no quede la menor duda, nuestro Señor
desarrolla este punto de una manera especial, apelando al
corazón: ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide
pan, le dará una piedra? ¿o si le pide un pescado, le dará una
serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas
dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está
en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?42 O como
se expresa en otra ocasión, incluyendo todos los dones en uno
solo: ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu
Santo a los que se lo pidan?43Merece observarse muy
especialmente que aquellas personas a quienes se les aconsejaba
que pidiesen, aún no habían recibido el Espíritu Santo y, sin
embargo, nuestro Señor les aconseja que usen de este medio y
les promete que será eficaz. Que si piden, recibirán el Espíritu
Santo de aquél cuya misericordia cubre todas sus obras.
3. La necesidad urgente de usar este medio, si es que
hemos de recibir cualquier don de Dios, se desprende además
de aquel pasaje tan notable que precede inmediatamente a estas
palabras: «Les dijo también, a aquellos a quienes acababa de
enseñar cómo orar, ¿Quién de vosotros que tenga un amigo,
va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes ...
y aquel, respondiendo desde dentro, le dice: no me molestes...
no puedo levantarme y dártelos? Os digo, que aunque no se
levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su
importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. Y yo
os digo: Pedid y se os dará.»44 «Aunque no se levante a
dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunismo se
levantará y le dará todo lo que necesite». ¿Cómo pudiera
42 Mt. 7.9-11.
43 Lc. 11.13.
44 Lc. 11.5, 7-9.
Los medios de gracia 325
nuestro bendito Salvador declarar más ampliamente que Dios
nos dará por este medio, pidiendo, importunando, lo que de otro
modo no recibiríamos de ninguna manera?
4. También les refirió Jesús una parábola sobre la
necesidad de orar siempre y no desmayar, hasta que por este
medio reciban de Dios lo que le piden: Había en una ciudad un
juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también
en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo:
Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún
tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque no temo
a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta
viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de
continuo, me agote la paciencia.45 El Señor mismo hizo luego
la aplicación de esta parábola: Oíd lo que dijo el juez injusto:
porque continúa pidiendo, porque no se conforma si me rehúso,
le haré justicia. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos,
que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os
digo que pronto les hará justicia, si oran siempre y no
desmayan.46
5. Nos dio otra indicación, igualmente amplia y
expresa, de que busquemos las bendiciones de Dios en la
oración privada, juntamente con la promesa de que por este
medio obtendremos la petición de nuestros labios, en aquellas
palabras tan conocidas: «Cuando ores, entra en tu aposento, y
cerrada la puerta, ora al Padre que está en secreto; y tu Padre
que ve en secreto te recompensará en público.»47
6. Si puede haber dirección más clara, es aquélla que
Dios nos dio por medio de su Apóstol, respecto de toda clase
de oración, pública o privada, y de la bendición que le sigue: Si
45 Lc. 18.1-5.
46 Lc. 18.1.
47 Mt. 6.6.
3 26 Sermón 16
alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el
cual da a todos abundantemente (si pide, porque de otra
manera, no tenéis lo que deseáis, porque no pedís),48 y sin
reproche le será dada.49
Si se objetara: «Esta disposición no concierne a los
incrédulos, a los que no conocen la gracia perdonadora de
Dios, pues el Apóstol añade: Pero pida con fe, de otra manera,
no piense ... que recibirá cosa alguna del Señor.50 Contesto: que
el Apóstol mismo fijó el sentido de esta palabra fe, como si
hubiera querido destruir esta misma objeción, en las palabras
que siguen inmediatamente: Pero pida con fe, no dudando nada
(meedén diakrinómenos, sin dudar que Dios escucha su oración)
y el deseo de su corazón le será concedido.
De aquí se desprende lo absurdo y blasfemo que es
suponer que la fe en este pasaje debe tomarse en un sentido
absolutamente cristiano. Es tanto como suponer que el Espíritu
Santo dirige a alguien, sabiendo que no tiene fe (lo que aquí se
llama sabiduría), a pedirla a Dios bajo la promesa positiva de
que se la dará,51 añadiendo inmediatamente que no se la dará, a
no ser que la tenga antes de pedir. Pero, ¿quién puede tolerar tal
suposición? De este pasaje, por consiguiente, lo mismo que de
los que ya hemos citado, debemos inferir que todo aquél que
desee obtener la gracia de Dios debe buscarla por medio de la
oración.
7. En segundo lugar, todos los que anhelen recibir la
gracia de Dios deben buscarla escudriñando la Sagrada
Escritura.
48 Stg. 4.2.
49 Stg. 1.5.
50 Stg. 1.6-7.
51 Stg. 1.5.
Los medios de gracia 327
La dirección que nuestro Señor da respecto al uso de
este medio es igualmente sencilla y clara: «Escudriñad las
Escrituras», dice a los judíos incrédulos, «ellas son las que dan
testimonio de mí».52 Y precisamente con este fin les aconsejó
que escudriñaran las Escrituras, para que creyeran en él.
La objeción de que «éste no es un mandamiento, sino
solamente una aserción» es vergonzosamente falsa. Pido a los
que insisten en esto, me digan: ¿cómo podrá expresarse un
mandato más claramente que en estos términos: Escudriñad las
Escrituras? Es tan terminante como las palabras son capaces de
hacerlo.
Cuál bendición acompaña a los que usan de este
medio, se desprende de lo que está escrito respecto de los
creyentes en Berea, quienes, después de haber escuchado a
Pablo escudriñaban cada día las Escrituras para ver si estas
cosas eran así. Así que creyeron muchos de ellos, y
encontraron la gracia de Dios por el medio que él había
ordenado.53
Ciertamente, es muy probable que en algunos de
aquellos que recibieron la palabra con toda solicitud,54 la fe
haya venido por el oír, como dice el Apóstol,55 y sólo haya sido
confirmada por la lectura de la Sagrada Escritura. Pero ya se ha
indicado que el término general «escudriñar la Escritura»
significa: escucharla, leerla, y meditar en ella.
8. De las palabras de Pablo a Timoteo, aprendemos que
éste es un medio por el cual Dios no sólo da, sino que también
confirma y desarrolla la verdadera sabiduría. Desde la niñez
has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden
52 Jn. 5.39.
53 Hch. 17.11-12.
54 Hch. 17.11.
55 Ro. 10.7.
3 28 Sermón 16
hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo
Jesús.56 La misma verdad, a saber: que Dios ha instituido este
medio de comunicar al humano su múltiple gracia, se expresa
de la manera más completa que pueda concebirse en las
palabras que siguen inmediatamente: Toda Escritura es
inspirada por Dios, y por consiguiente, verdadera; y útil para
enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en
justicia, con el fin de que el hombre de Dios sea perfecto,
enteramente preparado para toda buena obra.57
9. Es de observarse que esto se refiere, en primer lugar
y directamente, a las Escrituras que Timoteo había conocido
desde sus niñez, que deben haber sido las del Antiguo
Testamento, puesto que las del Nuevo aún no se habían escrito.
¡Cuán lejos, pues, estaba Pablo -si bien en nada era inferior a
aquellos grandes apóstoles58 y, por consiguiente, presumo que a
ninguno de los hombres que hoy existen en la tierra- de
despreciar el Antiguo Testamento! ¡Tomad esto en
consideración, no sea que algún día se asombren y perezcan,59
ustedes los que tienen tan en poco la mitad de los Oráculos de
Dios! De esa mitad, respecto a la cual el Espíritu Santo
expresamente declara que es «útil» como medio instituido por
Dios con este mismo fin: «para enseñar, para redargüir, para
corregir, para instituir en justicia»; para que el «hombre de Dios
sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra».
10. Esto no es solamente provechoso para el pueblo de
Dios que ya camina a la luz de su rostro,60sino aun para
aquellos que todavía permanecen en las tinieblas, buscando a
56 2 Ti. 3.15.
57 2 Ti. 3.16-17.
58 2 Co. 11.5.
59 Hch. 13.41.
60 Sal. 89.15.
Los medios de gracia 329
aquél a quien no conocen. Pedro afirma: Tenemos también la
palabra profética más segura;61 confirmada con el hecho de
haber visto personalmente su majestad y oído la voz que vino
desde la magnífica gloria.62 A esa palabra profética, como la
Sagrada Escritura la llama, hacéis bien en estar atentos como a
una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día
esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros
corazones.63 Esperen, pues, escudriñando las Escrituras, los que
deseen que ese lucero alumbre sus corazones.
11. En tercer lugar, todo aquél que desee crecer en la
gracia de Dios, deberá esperarlo participando de la Cena del
Señor, pues ésta es también una de las indicaciones que él
mismo dio: El Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó
pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed;
esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en
memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de
haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi
sangre, haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria
de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y
bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él
venga.64 Abiertamente la muestran, por medio de estas señales
visibles, ante Dios, los ángeles y los hombres; declaran la
solemne conmemoración de su muerte, hasta que baje del cielo
en las nubes.
Pero «pruébese cada uno a sí mismo» a ver si
comprende la naturaleza y designio de esta santa institución y si
61 2 P. 1.19. En el texto en inglés, Wesley cita la versión inglesa, y luego, dando el
griego, ofrece una versión más literal. Esa versión se aproxima a la de Reina-Valera,
que damos aquí. (N. del E.)
62 2 P. 1.16-17.
63 2 P. 1.19.
64 1 Co. 11.23-26.
3 30 Sermón 16
efectivamente desea ser hecho conforme a la muerte de Cristo y
así, sin duda alguna, «coma de aquel pan y beba de aquella
copa».65
Aquí repite el Apóstol expresamente la dirección que el
Señor dio primero: que coma; que beba. Palabras que indican
no un simple permiso, sino un mandamiento claro y explícito.
Un mandamiento a todos los que ya se sienten llenos de paz y
gozo al creer, o que pueden decir sinceramente: «La memoria
de nuestros pecados nos aflige, su peso es intolerable».66
12. Que éste sea un medio habitual de recibir la gracia
de Dios, lo evidencian las palabras del Apóstol que se hallan en
el capítulo anterior: «La copa de bendición que bendecimos,
¿no es la comunión [o sea la comunicación] de la sangre de
Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de
Cristo?»67 El comer el pan y beber la copa, ¿no es el medio
exterior y visible por el cual Dios comunica a nuestras almas
toda esa gracia espiritual, esa justicia, paz y gozo en el Espíritu
Santo68 que fueron comprados con el cuerpo de Cristo, una vez
quebrantado, y la sangre de Cristo, una vez derramada por
nosotros? Todo aquél, pues, que anhele la gracia de Dios, coma
de ese pan y beba de esa copa.
IV.1. Pero, a pesar de lo claro que es el camino que
Dios ha señalado y por el cual desea que se le busque, las
objeciones que los humanos, sabios en su propia opinión, han
inventado, son innumerables. Sería bueno considerar algunas
de éstas, no porque tengan mucho peso en sí mismas, sino por
el uso tan frecuente que se hace de ellas, especialmente en estos
65 1 Co. 11.28.
66 Libro de Oración Común, Confesión general.
67 1 Co. 10.16.
68 Ro. 14.17.
Los medios de gracia 331
últimos años, con el fin de desviar del camino a los débiles.69
Más aun, de molestar y perturbar a los que corrían bien, y esto
de tal manera, que llegan a hacer que Satanás parezca como
ángel de luz.70
La primera y más importante de éstas es la que sigue:
«No pueden usar estos medios, como los llaman, sin confiar en
ellos.» Yo pregunto: ¿Dónde se encuentra escrita tal cosa?
Supongo que me mostrarán claramente que su afirmación se
prueba con la Escritura, pues de otra manera no me atrevo a
recibirla, porque no estoy convencido que son más sabios que
Dios.
Si realmente fuera esto como ustedes aseguran, es
indudable que Cristo debió haberlo sabido, y seguramente que
nos habría amonestado, y lo habría revelado hace mucho
tiempo. Por consiguiente, siendo que no lo ha revelado, siendo
que no hay fundamento para esto en toda la revelación de
Jesucristo, estoy tan seguro de que su afirmación es falsa, como
de que la revelación es de Dios.
«Sin embargo, déjalos por un poco tiempo a ver si has
confiado en ellos o no». ¡De manera que debo desobedecer a
Dios para saber si confío al obedecerlo! ¿Y éste es el consejo
que me dan? ¿Recomiendan abiertamente que se haga el mal
para que venga el bien? ¡Tiemblen ante la sentencia de Dios en
contra de tales maestros! Su condenación es justa.71
«A la verdad, si tienen escrúpulos cuando los
abandonan, es cierto que confían en ellos». De ninguna manera.
Si sufro cuando desobedezco a Dios voluntariamente, es claro
que su Espíritu aún está moviéndose; pero si la conciencia no
69 He. 12.13.
70 2 Co. 11.14.
71 Ro. 3.8.
3 32 Sermón 16
me remuerde al cometer voluntariamente el pecado, es evidente
que me ha dejado como a persona de mente réproba.72
Pero, ¿qué quieren decir con «confiar en ellos»? ¿Qué
buscan en ellos? ¿La bendición de Dios? ¿Creen que si esperan
de este modo obtendrán lo que de otra manera no podrían
conseguir? Así es y así será, Dios mediante, hasta el fin de mi
vida. Por la gracia de Dios confiaré así en ellos hasta el día de
mi muerte. Es decir: creeré que Dios es fiel en cumplir todo lo
que ha prometido, y por cuanto ha prometido bendecirme de
este modo confío en que será conforme a su palabra.
2. Se ha objetado, en segundo lugar, «Esto es buscar la
salvación por medio de las obras». ¿Saben el significado de las
palabras que están usando? ¿Qué cosa es buscar la salvación por
medio de las obras? En los escritos de Pablo significa: ya el
tratar de salvarse observando las obras rituales de la ley
mosaica, o esperar la salvación como resultado de nuestras
buenas obras, por los méritos de nuestra propia justicia. Pero,
¿cómo puede decirse que cualquiera de estos dos sentidos se
aplique al hecho de que yo busque a Dios en el camino que él
ha ordenado, esperando que me encuentre allí, porque me lo ha
prometido?
Estoy seguro de que cumplirá su palabra, de que me
encontrará y me bendecirá de este modo. Pero no por cualquiera
obra que yo haya hecho, ni debido al mérito de mi justicia, sino
por los méritos, sufrimiento y amor de su Hijo, en quien siempre
ha tomado contentamiento.73
3. Se ha objetado con vehemencia, en tercer lugar, que
«Cristo es el único medio de gracia». A lo que contesto que tal
cosa no es sino un mero juego de palabras, puesto que si
explican el término que usan, la objeción se desvanece por
72 Ro. 1.28.
73 Mt. 3.17.
Los medios de gracia 333
completo. Cuando decimos que la oración es un medio de
gracia, queremos dar a entender que es un conducto por medio
del cual se comunica la gracia de Dios. Cuando dicen: «Cristo
es el medio de gracia», dan a entender que sólo él la compra y
que sólo él es su precio; o que nadie viene al Padre sino por él.74
Y ¿quién lo niega? Pero esto no tiene que ver nada con la
cuestión.
4. Se ha objetado, en cuarto lugar, «¿No nos dice la
Escritura que esperemos la salvación? ¿No dice David: En
Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi
salvación?75 ¿No nos enseña Isaías lo mismo cuando dice: «Oh
Jehová ... a ti hemos esperado»? Nada de esto puede negarse.
Puesto que es el don de Dios, indudablemente debemos
esperar recibir de él la salvación. Pero, ¿cómo esperaremos? Si
Dios mismo ha instituido la manera ¿podrán encontrar un
medio mejor de esperarla? Que estableció el modo, y cuál sea
el camino, se ha demostrado profusamente. Y las mismas
palabras que citan lo ponen fuera de toda duda, porque el texto
completo dice así: En el camino de tus juicios, u ordenanzas, te
hemos esperado.76 De esta misma manera esperó David, como
abundantemente lo testifican sus propias palabras: Tu salvación
he esperado, oh Jehová, y tus mandamientos he puesto por
obra.77 Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos y lo
guardaré hasta el fin.78
74 Jn. 14.6.
75 Sal. 62.1.
76 Is. 26.8.
77 Sal 119.166, 174.
78 Sal. 119.33.
3 34 Sermón 16
5. «Enhorabuena,» dicen otros, «pero Dios ha instituido
otra manera: «permanezcan quietos y vean la salvación de
Jehová».79
Examinemos los pasajes que citan, el primero de los
cuales, con el contexto, dice así: Y cuando Faraón se hubo
acercado los hijos de Israel alzaron sus ojos... y temieron en
gran manera... y dijeron a Moisés: ¿no había sepulcros en
Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto?
... Y Moisés dijo al pueblo: no temáis: estad firmes (o quietos) y
ved la salvación de Jehová... Entonces Jehová dijo a Moisés:
...di a los hijos de Israel que marchen; y tú, alza tu vara, y
extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de
Israel por en medio del mar, en seco.80 Esta fue la salvación de
Dios, que para ver se estuvieron quietos, y marcharon con todo
su poder.
El otro pasaje en donde se encuentra esta frase, dice
así: Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo:
Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar...
Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para
consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. Y se
reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también
de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a
Jehová. Entonces Josafat se puso en pie en la asamblea de
Judá y de Jerusalén, en la casa de Jehová... Y allí estaba
Jahaziel ... sobre el cual vino el Espíritu de Jehová ... y dijo:
No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan
grande... Mañana descenderéis contra ellos... No habrá para
qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved
la salvación de Jehová... Y cuando se levantaron por la
mañana, salieron... Y cuando comenzaron a entonar cantos de
79 Ex. 14.13.
80 Ex. 14.10-16.
Los medios de gracia 335
alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del
monte de Seir las emboscadas ... y se mataron los unos a los
otros.81
Tal fue la salvación que vieron los hijos de Judá. Pero
esto no prueba absolutamente que no debemos esperar la gracia
de Dios en los medios que él ha establecido.
6. Sólo mencionaré una objeción más, la que a la verdad,
no pertenece a esta parte del asunto, pero siendo que se cita con
frecuencia, no debo pasarla por alto.
«¿No dice Pablo: Si habéis muerto con Cristo ... ¿por
qué ... os sometéis a preceptos?82 Por consiguiente, los
cristianos, quienes están muertos en Cristo, ya no necesitan usar
las ordenanzas».
Así que dicen: «¡Si soy cristiano, no estoy sujeto a las
ordenanzas de Cristo!» Ciertamente deben comprender
inmediatamente en vista de semejante absurdo, que las
ordenanzas que aquí se mencionan no pueden ser las ordenanzas
de Cristo; que deben ser los estatutos de los judíos, a los cuales,
es evidente, el cristiano ya no está sujeto.
Lo mismo se desprende, en manera innegable, de las
palabras que siguen inmediatamente: No manejes, ni gustes, ni
aun toques,83 refiriéndose, no cabe la menor duda, a las antiguas
ordenanzas de la ley judaica.
De modo que esta objeción es la más débil de todas. A
pesar de todas estas objeciones, permanece firme la gran verdad
de que todo aquél que desee recibir la gracia de Dios, debe
buscarla por los medios que él ha instituido.
81 2 Cr. 20.2-22.
82 Col. 2.20.
83 Col. 2.21.
3 36 Sermón 16
V.1. Pero concediendo que todo aquél que desee recibir
la gracia de Dios, deba esperarla en los medios que él ha
instituido, se preguntará: ¿Cómo deben usarse esos medios?
¿En qué orden y de qué manera?
Respecto a lo primero, haremos notar que existe cierta
clase de orden en el que generalmente place a Dios usar de esos
medios, con el fin de traer al pecador a la salvación. Un torpe y
pecador sigue su camino sin ocuparse de Dios, cuando
repentinamente Dios le toma por sorpresa, tal vez por medio de
un sermón o conversación que lo hace despertar de su estupor,
quizá por medio de un toque inesperado de la providencia, o
simplemente por el toque directo del Espíritu sin ningún
medio exterior. Teniendo ya el deseo de huir de la ira que ha de
venir,84 va expresamente a escuchar de qué manera lo podrá
hacer, y si se encuentra con un predicador que hable al corazón,
queda asombrado y empieza a escudriñar la Escritura,85 para ver
si estas cosas son así. Mientras más oye y lee, más se convence
y medita sobre estas cosas, de día y de noche.86 Tal vez
encuentre algún libro que explique y robustezca lo que de la
Escritura ha oído y leído, y por todos estos medios la flecha de
la convicción entre más profundamente en su alma.
Empieza luego a conversar sobre las cosas de Dios que
ocupan su pensamiento prominentemente. Todavía más, a
conversar con Dios, a orar, si bien lleno de temor y de
vergüenza apenas sabe qué decir. Pero ya sepa o no lo que ha de
decir, no puede menos que orar, aunque sea con gemidos
indecibles.87 Además, dudando si el Alto y Sublime, el que
84 Mt. 3.7; Lc 3.7.
85 Jn. 5.39.
86 Jos. 1.8.
87 Ro. 8.26.
Los medios de gracia 337
habita la eternidad,88 se dignará ver a semejante pecador, desea
orar en compañía de aquellos que conocen a Dios, de los fieles,
en la gran congregación.89 Al estar en ésta, ve que los demás se
acercan a la mesa del Señor90 y medita sobre las palabras de
Cristo: «¡Haz esto!»91 «¿Por qué no lo hago? Soy un gran
pecador. No soy digno. No lo merezco.» Después de luchar por
algún tiempo con estos escrúpulos, se resuelve, y de esta manera
continúa en el camino del Señor: oyendo, leyendo, meditando,
orando, practicando la Cena del Señor hasta que Dios, según la
manera que mejor le plazca, habla a su corazón y le dice: Tu fe
te ha salvado. Vé en paz.92
2. Observando este orden de Dios aprenderemos los
medios que se deben recomendar a tal o cual persona. Si
cualquiera de ellos tiene el poder de tocar a un pecador
descuidado y torpe, probablemente sea el oír o la
conversación. A semejantes almas, por consiguiente, si es que
alguna vez han pensado acerca de la salvación, debemos
recomendar dichos medios. Para alguien que empieza a sentir la
carga de sus pecados, no sólo que escuche la Palabra de
Dios, sino que la lea y también algunos libros serios, lo que
puede ser el medio de una conversión más firme. Debemos
recomendarle también que medite sobre lo que lee, para que la
Palabra ejerza todo su poder en su corazón; más aun, que
hable sobre lo que lee y que no se avergüence de ello,
especialmente con aquéllos que siguen el mismo camino.
Cuando la aflicción y el pesar se apoderen de él, ¿no
deberíamos exhortarle con todo fervor a que desahogue su
88 Is . 57.15.
89 Sal. 25.
90 Mal. 1.7,12.
91 1 Co. 11.24.
92 Lc. 7.50.
3 38 Sermón 16
alma con Dios,93 orando siempre sin desmayar?94 Y cuando
sienta que sus oraciones no tienen ningún valor, ¿no será nuestra
obligación cooperar con Dios y recordarle que debe ir a la casa
del Señor95 a orar con todos los que le temen? Si hace esto
pronto se acordará de las palabras de despedida96 de su Señor;
la intimación clara de que ha llegado la hora de secundar los
movimientos del Espíritu Santo. Así es como podemos guiarlo
paso a paso, por todos los medios que Dios ha ordenado--no
según nuestra voluntad, sino conforme la providencia y Espíritu
de Dios procedan y muestren el camino.
3. Pero, así como no hay en la Sagrada Escritura ningún
mandamiento respecto de cualquier orden que deba observarse,
tampoco el Espíritu y la providencia de Dios siguen ninguno sin
variar, sino que los medios por los que diferentes personas son
guiadas, y en los que hallan la bendición de Dios, varían,
cambian y se combinan en miles de diversas maneras. Sin
embargo, hay sabiduría en seguir las direcciones de su
providencia y su Espíritu; en someterse a ser guiados, muy
especialmente respecto a los medios por los que nosotros
mismos buscamos la gracia de Dios. Esto tiene lugar en parte
por su providencia exterior que nos ofrece la oportunidad de
usar unas veces de un medio y otras de otro; en parte por nuestra
experiencia, que es el medio por el cual su Espíritu se complace
con mayor frecuencia en obrar en nuestro corazón.
Mientras tanto, la regla general y segura para todo
aquél que gime buscando la salvación de Dios, es ésta: siempre
que se presente la oportunidad, usa de todos los medios que
Dios ha establecido, porque, ¿quién puede saber cuál sea el
93 1 S. 1.15.
94 Lc. 18.1.
95 Sal. 122.1.
96 Es decir: Haced esto en memoria de mi..., Lc. 22.19; 1 Co. 11.24-26.
Los medios de gracia 339
medio que Dios escoja para comunicarles la gracia que trae
consigo la salvación?97
4. Respecto de la manera de usarlos, de la cual depende
enteramente si han de comunicar la gracia al que los usa o no,
debemos, en primer lugar, tener siempre fijo en nuestra mente
que Dios está muy por encima de todos los medios. Cuídense,
entonces, de poner límites al Todopoderoso. El hace todo lo
que quiere y cuando quiere. Puede comunicar su gracia por
los medios que ha establecido, o sin ellos. Tal vez lo haga.
¿Quién entendió la mente del Señor? ¿o quién fue su
consejero?98 Esperen, pues, constantemente su venida. Ya sea
cuando estén ocupados en el cumplimiento de sus ordenanzas,
antes o después de esa hora, o cuando tengan que estar ausentes.
A él nada lo detiene. Siempre está listo. Siempre tiene el poder
y la voluntad para salvar. Jehová es; haga lo que bien le
pareciere.99
En segundo lugar, antes de usar cualquier medio, graba
profundamente esta verdad en tu corazón: estos medios no
tienen poder intrínseco. Separados de Dios son como una hoja
seca, como una sombra. Tampoco hay mérito en usarlos. Nada
intrínseco que pueda agradar a Dios. Nada que me haga merecer
ningún favor de sus manos, ni siquiera una gota de agua para
refrescar mi lengua.100 Pero lo hago porque Dios lo manda; me
ordena que espere de esta manera y, por consiguiente, aguardo
la misericordia abundante de donde vine mi salvación.101
97 Tit. 2.11.
98 Ro. 11.34.
99 1 S. 3.18.
100 Lc. 16.24.
101 Sal. 62.1.
3 40 Sermón 16
Digan esto en su corazón: que el opus operatum, la mera
acción, de nada sirve. Que no hay poder que salve, sino en el
Espíritu de Dios. Ningún mérito, sino en la sangre de Cristo;
que, consecuentemente, aun lo que Dios ha ordenado no
comunica gracia al alma si no confía en él solamente. Por otra
parte, todo aquél que verdaderamente confíe en él, no puede
menos que recibir la gracia de Dios, aunque esté privado de toda
ordenanza exterior, aun cuando estuviera encerrado en el centro
de la tierra.
En tercer lugar, al usar de todos los medios, busquen
sólo a Dios mirando únicamente al poder de su Espíritu y los
méritos de su Hijo. Cuídense de no hundirse en la obra misma,
porque si tal cosa acontece, será trabajo perdido. Sólo Dios
puede satisfacer sus almas; por consiguiente, véanlo en todas las
cosas, por medio de todo y en todo.102
Recuerden también usar los medios como medios,
instituidos no por su valor propio, sino con el fin de renovar sus
almas en justicia y verdadera santidad.103 Por tanto, si
efectivamente tienden a esto, enhorabuena; pero si no fuera así,
no son sino basura y estiércol.
Por último, después de haber usado cualquiera de estos
medios, cuiden de no envanecerse, de no enorgullecerse como
si hubieran hecho una gran cosa. Eso sería convertirlos en
veneno. Reflexionen: Si Dios no se encuentra en ellos, ¿de qué
sirven? ¿No he estado añadiendo pecado a pecado? ¿Hasta
cuándo? ¡Señor, sálvame que perezco!104 ¡No me imputes este
pecado!105 Si Dios se encontraba en ese medio, su amor debe
haber inundado sus corazones y habrán olvidado, como quien
102 Ef. 4.6.
103 Ef. 4.24.
104 Mt. 8.25.
105 Hch. 7.60.
Los medios de gracia 341
dice, la obra exterior. Ven, saben, sienten que Dios es todo y
está en todo.106 Humíllense; póstrense ante él; denle toda la
alabanza; en todo sea Dios glorificado por Jesucristo.107 Que
vuestros labios exclamen: Cantaré perpetuamente; de
generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi
boca.108
106 1 Co. 15.28.
107 1 P. 4.11.
108 Sal. 89.1.