Sermón 12 - El testimonio de nuestro propio espíritu
2 Corintios 1:12
Nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia,
que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría
humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en
el mundo, y mucho más con vosotros.
1. Tal es la voz de cada verdadero creyente en
Cristo, mientras permanezca en la fe y en el amor. «El que
me sigue», dijo el Señor, «no andará en tinieblas».1 Y
mientras el creyente tenga la luz se regocija en ella.2 De la
manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en
él.3 Y mientras que el ser humano anda en él, la exhortación
del Apóstol se lleva a cabo día a día...«gozaos en el Señor
siempre, otra vez digo que os gocéis.»4
2. Pero para que no edifiquemos nuestra casa sobre
la arena (no sea que las lluvias desciendan y los vientos
soplen y las inundaciones lleguen y la casa se caiga y la
pérdida sea grande)5 es mi intención demostrar, en el
siguiente discurso, lo que es la naturaleza y el fundamento
del gozo del cristiano. Por lo general sabemos que es la paz
que trae feliz satisfacción al espíritu, lo cual resulta del
testimonio de la conciencia tal y como lo describe el
Apóstol. Pero para poder entender esto mejor, será
1 Jn. 8.12.
2 Jn. 5.35.
3 Col. 2.6.
4 Fil. 4.4.
5 Mt. 7.26-27.
227
228 Sermón 12
necesario naturalmente pesar todas sus palabras por las
cuales comprenderemos fácilmente el significado de
«conciencia» y de «testimonio». Así como el que tiene este
testimonio se regocija para siempre.
3. Primero, ¿qué entendemos por conciencia? ¿Cuál
es el significado de esta palabra que todos usan? Cuando
consideramos todos los grandes y numerosos volúmenes
que se han escrito de cuando en cuando sobre este tema,
nos imaginamos que es un asunto muy difícil de entender; al
igual que los tesoros del conocimiento antiguo y moderno que
han sido escudriñados. Sin embargo, es de temerse que estas
investigaciones no han producido mucha luz al respecto. Por el
contrario, ¿no han oscurecido estos escritores el consejo con
palabras sin sabiduría,6 haciendo el tema más complejo y
difícil de entender? Porque, al hacer a un lado las palabras
difíciles, toda persona sincera entenderá de qué se trata.
4. Dios nos ha hecho seres pensantes, capaces de
percibir lo presente, y de reflexionar o de mirar hacia el
pasado. Particularmente somos capaces de percibir
cualquier cosa que pase por nuestros corazones o vidas; de
conocer lo que sentimos o hacemos y cuándo pasa o cuándo
ha sucedido. Por eso decimos que el ser humano es un ser
«consciente». Tiene una conciencia o una percepción interna
tanto de las cosas presentes como de las pasadas en relación
con sí mismo, de su temperamento y comportamiento
externos. Pero lo que generalmente llamamos «conciencia»
implica algo más que esto. No es simplemente el
conocimiento de nuestro presente o el recuerdo de nuestra
vida pasada. Recordar, ser testigo de las cosas presentes o
pasadas es solamente una de las funciones, y de las menores,
6 Job 38.2.
El testimonio de nuestro propio espíritu 229
de la conciencia. Su papel principal es el de excusar o acusar,
aprobar o desaprobar, absolver o condenar.
5. Algunos escritores contemporáneos le han dado
un nuevo nombre a esto. Le llaman «sentido moral». Pero la
palabra antigua debe preferirse a la nueva, aunque sea sólo
en esto, que es más común y familiar y por lo tanto más fácil
de entender. Y para los cristianos es innegablemente
preferible por la razón adicional de que es bíblica, pues es la
palabra que la sabiduría de Dios escogió para usar en los
escritos inspirados.
Y de acuerdo con el significado que por lo general se
usa en esos escritos, especialmente en las epístolas de Pablo,
podemos entender por conciencia una facultad o poder
implantada por Dios en cada alma que viene a este mundo, de
percibir lo correcto e incorrecto en el corazón y la vida del
individuo, en su temperamento, pensamientos, palabras y
acciones.
6. Pero ¿cuál es la regla que el ser humano debe usar
para juzgar lo bueno y lo malo? ¿Hacia cuál de los dos se
debe inclinar su conciencia? La regla de los paganos (como
el Apóstol lo enseña en otra parte), es la ley escrita en sus
corazones.7 Dice él que éstos, «aunque no tengan ley [externa],
son ley para sí mismos; mostrando la obra de la ley», es
decir, lo que la ley externa prescribe, gracias a la ley escrita
en sus corazones por el dedo de Dios. Su conciencia
también da testimonio, si andan o no de acuerdo con esta
regla, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos.8
Pero la regla cristiana para determinar el bien y el mal es la
Palabra de Dios, los escritos del Antiguo y Nuevo
7 Ro. 2.15.
8 Ro. 2.14-15. En el texto inglés, Wesley cita el griego para mostrar que la traducción
común en su tiempo, que decía «excusándoles» debía corregirse en el sentido de
«defendiéndoles» o «exonerándoles».
230 Sermón 12
Testamentos. Todo lo que los profetas y santos hombres de
Dios escribieron inspirados por el Espíritu Santo,9 esa
Escritura que es inspirada por Dios, y que es ciertamente
útil para enseñar la voluntad toda de Dios, para redargüir
lo que es contrario, para corregir del error y para instruir
en la justicia.10
Esta es una lámpara a los pies del cristiano y
lumbrera a su camino.11 Esto, y solamente esto, es lo que el
cristiano acepta como regla para medir lo recto y lo torcido;
para todo lo que es verdaderamente bueno o malo. No
considera nada bueno sino lo que aquí se indica, ya sea
directamente o por implicación. No califica nada como malo
sino lo que allí se prohíbe, ya sea explícitamente o por
inferencia innegable. Todo lo que la Escritura no condena ni
ordena, ya sea directa o indirectamente, lo toma como
indiferente, como si no es ni bueno ni malo. Esta es la única
regla externa por la cual la conciencia se debe regir en todas
las cosas.
7. Y si en realidad el individuo es guiado de esta
manera, entonces tiene una buena conciencia hacia Dios.12
Una buena conciencia es lo que en otra parte de la
Escritura el Apóstol llama «una conciencia sin ofensa».13
En cierta ocasión lo expresa diciendo: «con toda buena
conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy»;14
y en otro lugar dice: «procuro tener siempre una buena
9 2 P. 1.21.
10 2 Ti. 3.16.
11 Sal. 119.105.
12 1 P. 3.21.
13 Hch. 24.16.
14 Hch. 23.1.
El testimonio de nuestro propio espíritu 231
conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres».15 Para
poder tener esta clase de conciencia, se requiere
absolutamente, primero, un entendimiento correcto de la
Palabra de Dios, de su voluntad buena, agradable y
perfecta,16 en relación con nosotros, según se revela ahí.
Porque es imposible andar conforme a una regla si se
desconoce su significado. Se requiere, en segundo lugar (y
pocos lo han obtenido), un verdadero conocimiento de sí
mismo; un conocimiento de nuestros corazones y vidas, de
nuestro temperamento interno y nuestra conversación
externa. Si no los conocemos, es imposible que los midamos
por nuestra regla. También se requiere, en tercer lugar, que
exista un acuerdo de nuestros corazones y nuestras vidas,
de nuestros temperamentos y nuestra conversación, de
nuestros pensamientos y palabras y obras, con esa regla, con
la Palabra de Dios escrita. Porque sin esto, si es que
tenemos algo de conciencia, puede ser sólo una conciencia
mala. En cuarto lugar, se requiere también una percepción
interna de este acuerdo con nuestra regla. Y esta percepción
habitual, esta conciencia interna en sí, es propiamente una
buena conciencia; o (según la otra frase del Apóstol), una
conciencia sin ofensa ante Dios y los hombres.
8. Pero quien desee tener una conciencia libre de
ofensas, debe asegurarse de tener un buen fundamento.
Debe recordar que nadie puede poner otro fundamento que
el que está puesto, Jesucristo mismo.17 Y debe también tener en
cuenta que nadie edifica sobre Jesucristo mismo sino mediante
una fe viva; que nadie participa de Cristo hasta que pueda
15 Hch. 24.16.
16 Ro. 12.1-2.
17 1 Co. 3.11.
232 Sermón 12
claramente testificar: «la vida que ahora vivo, la vivo por la
fe en el Hijo de Dios»,18 en él, quien ahora se revela en mi
corazón, quien me amó, y se dio a sí mismo por mí. La fe es
la única evidencia, la convicción, la demostración de las
cosas invisibles, por medio de la cual, al abrirse los ojos de
nuestro entendimiento, y al derramarse luz divina sobre
nosotros, vemos las cosas maravillosas de la ley de Dios, la
excelencia y la pureza, la altura y la profundidad y la largura
y anchura,19 y cualquier mandamiento ahí contenido. Es por
medio de la fe que al contemplar la luz de ... la gloria de
Dios en la faz de Jesucristo,20 percibimos como por un
espejo todo lo que hay en nosotros; sí, las inclinaciones más
íntimas de nuestras almas. Y con esto solamente puede ese
amor de Dios ser derramado en nuestros corazones,21 que nos
capacita para amarnos unos a otros así como Cristo nos
amó. Por medio de esto, esa grandiosa promesa de Dios a
Israel se cumple, «pondré mis leyes en las mentes de ellos,
y sobre sus corazones las escribiré»,22 produciendo en sus
corazones un completo acuerdo con su ley santa y perfecta,
y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de
Cristo.23
Y así como un árbol malo no puede producir buen
fruto, así tampoco un buen árbol produce mal fruto.24 De la
misma manera, así cual es el corazón del creyente,
así también su vida está de acuerdo con la regla de los
18 Gá. 2.20.
19 Ef. 3.18.
20 2 Co. 4.6.
21 Ro. 5.5.
22 He. 8.10 [citando Jer. 31.33].
23 2 Co. 10.5,
24 Mt. 7.18.
El testimonio de nuestro propio espíritu 233
mandamientos de Dios. Y sabiéndolo, puede dar gloria a
Dios y decir con el Apóstol, «nuestra gloria es esta: el
testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y
sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la
gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo».
9. «Hemos tenido nuestra conversación».25 En el
original, el Apóstol expresa esto con una sola palabra
(anestráfeemen). Pero su sentido es amplio, pues incluye toda
nuestra conducta, inclusive cada circunstancia interna y externa,
ya sea que se relacione con nuestra alma o nuestro cuerpo.
Incluye cada inclinación de nuestro corazón, de nuestra lengua,
de nuestras manos y extremidades. Se extiende a todas nuestras
acciones y palabras, al uso de nuestros poderes y facultades, a
la manera de usar cada talento que hemos recibido, en relación
con Dios o con los seres humanos.
10. «Hemos tenido nuestra conversación en el
mundo»: incluso en el mundo de los impíos, y no sólo entre
los hijos de Dios (lo cual sería poca cosa). Entre los hijos
del diablo,26 entre los que están bajo el maligno (en too
poneeroo),27 en el maligno.28 ¡Qué mundo éste! ¡Cuán
impregnado está con el espíritu que constantemente respira!
Así como nuestro Dios es bueno y hace el bien; así el dios
de este mundo y todos sus hijos son malos y hacen el mal
(mientras se les permita) a todas las criaturas de Dios. Al
igual que su padre, siempre están al acecho, como león
rugiente, andando alrededor buscando a quien devorar,29
25 Era así que la versión inglesa que Wesley empleó traducía lo que RVR traduce por
«nos hemos conducido».
26 1 Jn. 3.10.
27 Compare 1 Jn. 5.19.
28 1 Jn. 3.12.
29 1 P. 5.8.
234 Sermón 12
haciendo uso del fraude o la fuerza, de engaños secretos o
violencia abierta, para destruir a aquéllos que no son del
mundo. Constantemente guerrean contra nuestras almas.
Con armas nuevas y viejas, y con toda clase de artimañas,
luchan por traernos y hacernos caer en la trampa del diablo,
haciéndonos andar por el camino ancho que lleva a la
perdición.30
11. «Con sencillez y sinceridad nos hemos
conducido en el mundo» Primero con «sencillez». Esto es lo
que nuestro Señor recomienda con el nombre de «ojo
sincero». «La lámpara del cuerpo», dijo Cristo, «es el ojo.
Así que si tu ojo es sincero, todo tu cuerpo estará lleno de
luz.»31 El significado es éste: lo que el ojo es para el cuerpo,
la intención lo es para todas las palabras y acciones. Por lo
tanto, si este ojo de tu alma es sincero, todas tus acciones y
conversaciones estarán «llenas de luz», de la luz del cielo,
de amor, paz y gozo en el Espíritu Santo.32
Entonces, somos sencillos de corazón cuando el ojo
de nuestra mente está fijo sólo en Dios, cuando en todas las
cosas nuestra meta es sólo él, como nuestro Dios, nuestro
sustentador, nuestra fortaleza, felicidad, nuestra abundante
recompensa, nuestro todo en el tiempo y por la eternidad.
Esto es sencillez: cuando una actitud inamovible, una
intención sencilla de promover la gloria de Dios, de hacer y
sufrir su bendita voluntad, corre por toda nuestra alma, llena
todo nuestro corazón, y es el manantial constante de todos
nuestros pensamientos, anhelos y propósitos.
12. En segundo lugar, «nos hemos conducido en el
mundo», con «sinceridad de Dios». Parece ser que la
30 Mt. 7.13.
31 Mt. 6.22. En lugar de «sincero», RVR dice «bueno».
32 Ro. 14.17.
El testimonio de nuestro propio espíritu 235
diferencia entre la sencillez y la sinceridad es ésta: la
sencillez se refiere a la intención misma; la sinceridad a su
ejecución. Y esta sinceridad se relaciona no solamente con
nuestras palabras sino con toda nuestra conversación, según
se describe antes. No se debe entender esto en ese sentido
estrecho que san Pablo mismo algunas veces usa, al hablar
de la verdad, de abstenerse de la maldad, del disimulo y la
astucia, sino debe entenderse en un significado más extenso,
como quien verdaderamente pega en el blanco al cual
apunta con sencillez. De la misma manera esto implica aquí
que todo lo que hablamos y hacemos es para la gloria de
Dios;33 que todas nuestras palabras no sólo están dirigidas a
ese propósito sino que en verdad nos conducen hacia ello;
que todas nuestras acciones fluyen como un riachuelo
apacible, uniformemente sujetas a este gran fin, y que en
nuestras vidas completas nos dirigimos directamente hacia
Dios, y eso de continuo, caminando firmemente por el
camino de santidad, en las sendas de justicia, misericordia y
verdad.
13. Este tipo de sinceridad es llamado por el Apóstol
«sinceridad piadosa», o «sinceridad de Dios» (eilikrineía
theou),34 no sea que la confundamos con la sinceridad de los
paganos (pues ellos también tenían una clase de sinceridad
entre ellos mismos, la cual tenían en muy alta estima).
También lo hace para denotar el objeto y el fin de sinceridad
como virtud cristiana, tomando en cuenta que todo lo que
no está dirigido hacia Dios tiende a hundirse en los débiles y
pobres rudimentos del mundo.35 Al llamarla «sinceridad de
33 1 Co. 10.31.
34 Wesley ofrece el griego, porque la versión que está utilizando dice «sinceridad
piadosa» en lugar de «sinceridad de Dios», como dice el griego y como dice también
la RVR.
35 Gá. 4.9.
236 Sermón 12
Dios», el Apóstol también menciona a su autor, el Padre de las
luces, de quien proviene todo don perfecto,36 lo cual se explica
mejor en las palabras que siguen: «no con sabiduría humana
sino con la gracia de Dios».
14. «No con sabiduría humana». Es como si el Apóstol
hubiera dicho, «No podemos conversar en el mundo por medio
de ninguna fuerza natural de nuestro entendimiento, tampoco
por ningún conocimiento adquirido natural o por medio de la
sabiduría. No podemos obtener esta sencillez o practicar esta
sinceridad por la fuerza haciendo uso del sentido común, o
guiados por la buena naturaleza o la buena preparación. Esto va
más allá de nuestro valor nativo y nuestra resolución, al igual
que todos nuestros preceptos filosóficos. El poder de la
costumbre no basta para adiestrarnos en esto, ni las más
refinadas reglas de la educación humana. Ni tampoco pude yo,
Pablo, lograrlo, a pesar de todas las ventajas que disfruté
mientras estaba «en la carne»37 (en mi estado natural), y
perseguía esto por medio de la «sabiduría» carnal y natural.»
Y aun así, seguramente, si alguien pudo haber logrado
esto por medio de esa sabiduría, ese alguien fue Pablo. Porque
casi no podemos concebir la idea de que alguien esté más
capacitado y sea más favorecido con todos los dones tanto de la
naturaleza como de la educación. Porque además de sus
habilidades naturales, que probablemente no eran inferiores a
las de sus contemporáneos, tenía todos los beneficios del
aprendizaje, habiendo estudiando en la Universidad de Tarso,
para después estudiar bajo los pies de Gamaliel, la persona de
mayor reconocimiento tanto por su integridad como por su
36 Stg. 1.17.
37 Ro. 7.5.
El testimonio de nuestro propio espíritu 237
conocimiento que existía entonces en toda la nación judía. Y
además, Pablo tenía todas las ventajas posibles de la
educación religiosa, siendo fariseo, hijo de fariseo, formado
en la más estricta profesión o secta, que se distinguía de las
demás precisamente por su escrupulosidad. Y él aventajaba
a muchos de sus contemporáneos en su nación, siendo
mucho más celoso de las tradiciones de sus padres,38 en
todo lo que pensaba le agradaba a Dios y, en cuanto a la
justicia que es en la ley, irreprensible.39 Pero aun así no
pudo alcanzar esta sencillez y sinceridad piadosa. Todo era
trabajo perdido, en un sentido profundo y doloroso por lo
cual fue constreñido a clamar: «Pero cuantas cosas eran
para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor
de Cristo».40
15. Pablo no hubiera obtenido esto sino por la
excelencia del conocimiento de Cristo Jesús,41 o «por la
gracia de Dios» -otra expresión que casi quiere decir lo
mismo. Por «la gracia de Dios» se entiende algunas veces
ese amor libre, esa misericordia inmerecida, por la cual yo,
un pecador, soy reconciliado con Dios por los méritos de
Cristo. Pero en este caso quiere decir ese poder de Dios, el
Espíritu Santo que en vosotros produce así el querer como
el hacer, por su buena voluntad.42 Tan pronto como la
gracia de Dios (en el sentido primordial de su amor
perdonador) ministra a nuestra alma, la gracia de Dios (en el
sentido secundario, el poder del Espíritu) se presenta
38 Gá. 1.14.
39 Fil. 3.6.
40 Fil. 3.7-8.
41 Compárese el texto principal y Fil. 3.8.
42 Fil. 2.13.
238 Sermón 12
también allí. Y ahora podemos hacer, por la gracia de Dios, lo
que era imposible para el ser humano. Ahora sí podemos
conversar correctamente. Podemos hacer todas las cosas a la luz
y el poder de ese amor, por medio de Cristo quien nos
fortalece.43 Ahora tenemos «el testimonio de nuestra
conciencia», la cual nunca hubiéramos tenido por medio de
la sabiduría humana, «que con sencillez y sinceridad de
Dios,... nos hemos conducido en el mundo».
16. Esto es propiamente el fundamento del gozo
cristiano. Por lo tanto, ahora sí podemos concebir cómo quien
tiene este testimonio en sí mismo, se regocija siempre.44 Puede
decir, «engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se regocija
en Dios mi Salvador».45 Yo me regocijo en él quien, con su
propio amor inmerecido, su misericordia libre y amorosa, me
llamó a este estado de salvación46 donde con su poder ahora
permanezco. Me regocijo porque su Espíritu da testimonio a mi
espíritu de que somos hijos de Dios,47 que he sido comprado
con la sangre del Cordero,48 y al creer en él, soy miembro de
Cristo, hijo de Dios y heredero del reino.49 Me regocijo porque
el amor de Dios hacia mí ha ocasionado en mí, por el mismo
Espíritu, que le ame; y que por él, ame a cada criatura de Dios,
a cada ser viviente que él ha creado. Me regocijo porque pone
en mí el mismo sentir que hubo en Cristo:50 sencillez, la
43 Fil. 4.13.
44 1 Ts. 5.16.
45 Lc. 1.46-47.
46 Cita del Catecismo, Libro de Oración Común.
47 Ro. 8.16.
48 Ap. 7.14; 12.11.
49 Paráfrasis compuesta de 1 Co. 6.15; Ro. 8.16-17 y Stg. 2.5.
50 Fil. 2.5.
El testimonio de nuestro propio espíritu 239
mirada fija en él a cada palpitar de mi corazón, la capacidad
de dirigir siempre el ojo amoroso de mi alma hacia quien me
amó y se entregó a sí mismo por mí;51 de dirigirme hacia él
solamente, hacia su gloriosa voluntad, en todo lo que pienso
o hablo o hago; pureza, no deseando ninguna otra cosa sino
a Dios, crucificando la carne con sus afectos y lujurias,52
poniendo la mira en las cosas de arriba, no en las de la
tierra;53 santidad para recobrar la imagen de Dios;54 una
renovación del alma a su imagen; y una sinceridad piadosa,
dirigiendo todas mis palabras y obras hacia su gloria. En
esto me regocijo de igual manera, y aún me regocijaré,
porque mi conciencia da testimonio al Espíritu Santo, por la
luz que continuamente derrama sobre ella para que ande
como es digno de mi vocación. Soy llamado55 para que me
abstenga de toda clase de maldad,56 huyendo del pecado
como si fuera una serpiente,57 y en cuanto tenga
oportunidad que haga todo el bien posible, de cualquier
clase, a todas las personas, que siga a mi Señor en todos sus
caminos, y haga lo que sea aceptable delante de él. Me
regocijo porque tanto veo como siento, por medio de la
inspiración del Espíritu Santo de Dios, que todas mis obras
son hechas en él, sí, y que él es quien obra todas mis obras
en mí. Me regocijo al ver, por medio de la luz de Dios que
brilla en mi corazón, que tengo poder para andar en sus
51 Gá. 2.20.
52 Gá. 5.24.
53 Col. 3.2.
54 Gn. 1.27; 9.6.
55 Ef. 4.1.
56 1 Ts. 5.22.
57 Ec. 21.2.
240 Sermón 12
caminos, y que por medio de su gracia no me desvío de ellos, ni
a la derecha ni a la izquierda.58
17. Tales son el fundamento y la naturaleza de ese
gozo con el cual el cristiano se regocija siempre. Y por todo
esto podemos inferir, primero, que este gozo no es natural.
No llega a nosotros por ninguna causa natural; ni por
ninguna emoción espiritual. Esto puede dar un gozo
pasajero. Pero el cristiano se regocija siempre.59 No se debe
a la salud del cuerpo o al ocio, o a alguna fuerza o
constitución porque este gozo es tan fuerte tanto en medio
de la enfermedad como en el dolor; sí, tal vez más fuerte
que antes. Muchos cristianos nunca han experimentado
ninguna clase de gozo comparable al que llena el alma
cuando el cuerpo está casi gastado por el dolor, o
consumido por alguna enfermedad crónica. Y menos que
todo, se debe atribuir este gozo a la prosperidad externa, a
la buena voluntad de los demás, o a la abundancia de
posesiones materiales. Porque es cuando su fe es probada por el
fuego, por toda clase de aflicciones externas, que los hijos de
Dios se regocijan en aquél a quien sin ver lo aman, aun con un
gozo inexplicable.60 Y nunca antes los humanos se regocijaron
como los que fueron usados como la escoria...del mundo,61
quienes vagaban de aquí para allá, necesitados de todo, con
hambre, fríos, desnudos, en juicios no solamente de burlas
crueles, sino más que todo en prisiones,62 sí, quienes no
escatimaron su propia vida.63
58 Jos. 23.6.
59 2 Co. 6.10.
60 1 P. 1.8.
61 1 Co. 4.13.
62 He. 11.36.
63 Hch. 20.24.
El testimonio de nuestro propio espíritu 241
18. De las consideraciones precedentes podemos inferir,
en segundo lugar, que el gozo de un cristiano no se debe a
ninguna ceguera de conciencia, por no poder discernir entre lo
bueno y lo malo. El cristiano no conocía este gozo hasta que los
ojos de su entendimiento le fueron abiertos.64 No lo conocía
hasta que tuvo sentidos espirituales, capaces de discernir
espiritualmente lo bueno y lo malo.65 Y ahora el ojo de su alma
no se oscurece. Nunca antes tuvo tan buena vista. Ahora tiene
una rápida percepción de las cosas más pequeñas que es
extraordinaria para el ser natural. Así como la mota es visible en
un rayo de sol, así también para quien anda en la luz bajo los
rayos del sol increado, cada mota de pecado le es visible. Ya no
cerrará los ojos de su conciencia. Ese sopor se ha alejado de ella.
Su alma está ampliamente despierta: no más dormitar, ni cruzar
los brazos para reposar.66 Continuamente está sobre la torre de
guardia para escuchar lo que el Señor le dirá.67 Y siempre se
regocija en la misma cosa, como quien ve al Invisible.
19. En tercer lugar, el gozo del cristiano tampoco se
obtiene por medio del entorpecimiento o endurecimiento de
la conciencia. Es cierto que hay una clase de gozo en
aquéllos cuyos necios corazones están entenebrecidos,68
cuyo corazón es insensible, sin sentimientos, entorpecido, y
consecuentemente sin entendimiento espiritual. Debido a sus
corazones insensibles e insensatos, se pueden regocijar al
cometer pecado, y a esto probablemente le llaman
64 Ef. 1.18.
65 He. 5.14.
66 Pr. 6.10; 24.33.
67 Is. 21.8; 37.22.
68 Ro. 1.21.
242 Sermón 12
«libertad». Lo que verdaderamente es embriaguez del alma, es
un adormecimiento fatal del espíritu, la insensibilidad estúpida
de una conciencia cauterizada. Por el contrario, un cristiano
tiene una sensibilidad sumamente desarrollada, cual nunca la
había concebido antes. Antes que el amor de Dios reinara en su
corazón, nunca tuvo tal ternura de conciencia. Esto también es
su gloria y su gozo, que Dios ha escuchado su continua oración:
Oh, que mi tierna alma pudiera volar
Del primer encuentro abominable de maldad:
Tan rápido como la niña del ojo
Al sentir el toque leve del pecado.69
20. Para concluir, el gozo del cristiano es el gozo de la
obediencia, gozo en amar a Dios y guardar sus mandamientos.
Sin embargo, no es cuestión de guardarlos como si por ello
cumpliéramos las condiciones del pacto de obras. Como si por
nuestras obras de justicia procurásemos el perdón y la
aceptación de Dios. No es así: ya hemos sido perdonados y
aceptados por medio de la misericordia de Dios en Cristo Jesús.
No es que procuremos la vida por nuestra propia obediencia, la
vida libre de la muerte de pecado. Ya hemos obtenido esto
también por la gracia de Dios. Os dio vida a vosotros, cuando
estabais muertos en vuestros pecados.70 Y ahora estamos vivos
para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.71 Pero nos
regocijamos en andar de acuerdo con el pacto de gracia, en amor
santo, y feliz obediencia. Nos regocijamos en saber que siendo
justificados por su gracia,72 no hemos recibido en vano la
69 Hymns and Sacred Poems (1742), p. 218.
70 Ef. 2.1.
71 Ro. 6.11.
72 Ro. 3.24; Tit. 3.7.
El testimonio de nuestro propio espíritu 243
gracia de Dios.73 Que él, habiéndonos reconciliado
gratuitamente consigo mismo (no porque nosotros
tuviésemos voluntad para ello o por nuestro caminar, sino
por la sangre del Cordero), nos reconcilió consigo mismo, y
ahora andamos en sus mandamientos por la fortaleza que
nos ha dado.74 El me ha ceñido de fuerzas para la pelea,75 y
nosotros con gusto peleamos la buena batalla de la fe.76
Nos regocijamos por medio de él quien vive por la fe en
nuestros corazones, para echar mano de la vida eterna.77
Este es nuestro gozo, que nuestro Padre hasta ahora
trabaja,78 para que nosotros también hagamos las obras de
Dios (no por nuestras propias fuerzas o sabiduría sino por
medio del poder de su Espíritu que se nos da
gratuitamente).79 Y quiera Dios trabajar en nosotros todo
aquello que sea agradable a sus ojos,80 pues suyos son la
gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
73 2 Co. 6.1.
74 Sal. 119.32.
75 Sal. 18.39; 2 S. 22.40.
76 1 Ti. 6.12.
77 Ibid.
78 Jn. 5.17.
79 Jn. 6.28.
80 He. 13.21.