Sermón 9 - El espíritu de esclavitud y el espíritu de adopción
Romanos 8.15
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar
otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de
adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
1. San Pablo se dirige a quienes son hijos de Dios por
la fe.1 Ustedes los que son verdaderamente sus hijos, han
bebido de su Espíritu. No han recibido un espíritu de esclavitud
para estar nuevamente en temor, sino que, por cuanto son sus
hijos, Dios les ha enviado el Espíritu de su Hijo a morar en sus
corazones.2 «Habéis recibido el espíritu de adopción, por el
cual clamamos: ¡Abba, Padre!»
2. El espíritu de esclavitud y de temor está muy lejos de
este espíritu amoroso de adopción. Quienes están únicamente
bajo la influencia de temor servil no pueden ser llamados hijos
de Dios. Sin embargo, algunos pueden ser siervos y no estar
lejos del reino de Dios.3
3. Me temo que la mayoría de la humanidad, de lo que
se llama «mundo cristiano», ni siquiera ha alcanzado este nivel;
sino que están alejados, no hay Dios en ninguno de sus
pensamientos.4 Se encontrarán que aman a Dios; habrá unos
cuantos más que le temen. Pero la mayoría de la humanidad ni
tiene temor de Dios, ni hay amor a Dios en sus corazones.
1 Gá. 3.26.
2 Gá. 4.6.
3 Mc. 12.34.
4 Sal. 10.4.
167
1 68 Sermón 9
4. Quizás la mayoría de ustedes, los que por la
misericordia de Dios participan de un mejor espíritu, recordarán
el tiempo en que estaban en la misma situación, cuando estaban
bajo la misma condenación. Al principio no lo sabían, aunque
estaban sumergidos diariamente en sus pecados y en su propia
sangre; hasta que llegó el tiempo oportuno en que recibieron el
espíritu de temor (lo recibieron, puesto que esto también es
regalo de Dios); y después el temor desapareció, y el espíritu de
amor llenó sus corazones.
5. Quien está en aquel primer estado de ánimo, sin
temor ni amor, se llama en la Escritura un hombre natural.5
Quien se encuentra bajo el poder del espíritu de esclavitud y
temor se dice a veces que está bajo la ley (aunque esta
expresión se refiere más comúnmente a quien está bajo la
dispensación judía, quien se considera obligado a observar
todos los ritos y ceremonias de la ley judía). Pero quien ha
cambiado el espíritu de temor por el de amor se dice con razón
que está bajo la gracia.6
Ahora, por cuanto nos interesa mucho conocer de qué
espíritu somos, trataré de señalar claramente, primero, lo que es
el estado natural; segundo, el estado de quien está bajo la ley;
y tercero, de quien está bajo la gracia.
I. 1. En primer lugar, el estado del ser humano natural.
La Escritura representa este estado como de sueño. La voz de
Dios a tal persona es : «Despiértate, tú que duermes.»7 Porque
su alma se encuentra en un sueño profundo. Sus sentidos
espirituales no están despiertos; no distingue ni el bien ni el mal
espiritual. Los ojos de su entendimiento están cerrados; están
sellados y no ven nada. Nubes y obscuridad descansan
5 1 Co. 2.14.
6 Ro. 6.14,15.
7 Ef. 1.18.
El espíritu de la esclavitud y el espíritu de adopción 169
constantemente sobre ellos; porque esa persona anda en valle de
sombra de muerte.8 Por lo tanto, no teniendo entrada para el
conocimiento de los asuntos espirituales, estando cerradas todas
las avenidas de su alma, tal persona está en ignorancia burda y
torpe respecto de todas aquellas cosas que debería saber. Es
totalmente ignorante del sentido verdadero, interior, espiritual
de la ley de Dios. No tiene idea de lo que es la santidad
evangélica sin la cual nadie verá al Señor; ni de la felicidad de
la cual sólo gozan aquellas personas cuya vida está escondida
con Cristo en Dios.9
2. Por esta misma razón, por estar dormida, está en
cierta forma en descanso. Por estar ciega, se siente segura.
Dice «no seré movido jamás».10 La obscuridad que le cubre
por todas partes le mantiene en un cierto estado de paz (tanta
paz como puede existir juntamente con las obras del diablo y
con la mente terrenal, diabólica). No ve que está al borde del
abismo; por tanto, no teme. No puede temblar ante el peligro
que desconoce. No entiende lo suficiente para temer. ¿Por qué
no tiene esta persona temor de Dios? Porque es totalmente
ignorante de quién es Dios; si no es que dice en su corazón:
»No hay Dios»,11 o que Dios está sentado sobre el círculo de la
tierra,12 y no se humilla ocupándose de las cosas que
suceden en la tierra. A la misma vez se convence a sí mismo
con los conceptos epicúreos, diciendo: «Dios es
misericordioso»;13 confundiendo y ocultando a la misma vez en
8 Sal. 23.4.
9 Col. 3.3.
10 Sal. 10.6.
11 Sal. 14.1.
12 Is. 40.22.
13 Sal. 116.5. Wesley emplea aquí el término «epicúreo» en el sentido que
comúnmente se le daba en el siglo XVIII, a saber, como «hedonista» o «dedicado
exclusivamente al placer».
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esta idea equivocada de la misericordia de Dios toda su
santidad y odio esencial al pecado, toda su justicia, sabiduría y
verdad. No tiene temor de la venganza que amenaza a quienes
no obedecen la bendita ley de Dios, porque no la entiende. Se
imagina que el punto principal es hacer tal o cual cosa y estar
exteriormente sin culpa, sin darse cuenta de que la culpa se
extiende a cada disposición, deseo, pensamiento y movimiento
del corazón. O se imagina que la obligación de la ley ha cesado,
que Cristo vino a destruir la ley y los profetas, para salvar al
pueblo en, no de sus pecados, para llevarlos al cielo sin
santidad; a pesar de sus propias palabras: «ni una jota ni una
tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido»,14 y
«No todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los
cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en
los cielos.»15
3. Se cree seguro, porque está en la más completa
ignorancia de sí mismo. Por eso dice que se arrepentirá a su
debido tiempo; no sabe aún cuándo exactamente; pero en algún
momento tarde o temprano antes de morir, como si tal cosa
estuviera en su poder. ¿Qué podrá impedir que se arrepienta si
así lo desea? Si alguna vez se decide, sin duda alguna que se
arrepentirá.
4. En ninguna otra persona se hace tan clara esta
ignorancia como en las llamadas «personas de saber.» Si el ser
humano natural es uno de tales, puede hablar extensamente
sobre sus facultades racionales, sobre su libre albedrío y la
absoluta necesidad de tener esta libertad para poder ser un
agente moral. Tal persona lee y discute, y prueba casi en forma
concluyente que cada cual hace como quiere, que puede
disponerse a hacer lo bueno o lo malo que hay en su propio
14 Mt. 5.18.
15 Mt. 7.21.
El espíritu de la esclavitud y el espíritu de adopción 171
corazón según le parezca. Es así cómo el dios de este mundo
cubre con un doble velo de ceguera su corazón, no sea que
«les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de
Cristo.»16
5. Como resultado de la misma ignorancia de sí mismo
y de Dios puede surgir en la persona natural un cierto grado de
gozo al felicitarse a sí misma por su sabiduría y bondad. Puede
incluso a veces poseer lo que el mundo llama gozo. Puede
disfrutar de varios placeres, satisfaciendo los deseos de la
carne, o el deseo de los ojos, o las vanidades de la vida,
especialmente si tiene muchas posesiones, si disfruta de
fortuna. En ese caso se puede vestir de púrpura y de lino fino,
hacer banquetes suntuosos cada día.17 Mientras prospere, sin
duda que las gentes hablarán bien de tal persona. Dirán que es
feliz; porque de hecho ésta es la suma de la felicidad humana:
vestirse, visitar, hablar, comer, beber y levantarse a jugar.
6. No hay nada de extraño si alguien en tales
circunstancias, embriagado con el opio de la adulación y el
pecado, llaga a imaginarse, en su soñar despierto, que camina
en gran libertad. ¡Cuán fácilmente puede convencerse de que
está libre de todo error vulgar y del prejuicio de una educación
atrasada, creyendo que puede ejercer un juicio justo y
mantenerse lejos de todos los extremos! Puede decir: «Estoy
libre de todo el entusiasmo de las almas débiles y limitadas, de
la superstición, enfermedad de los tontos y cobardes, siempre
demasiado justos; y del fanatismo, condición constante de
aquellas personas que no tienen una manera libre y generosa de
pensar.» Con seguridad que tal persona está libre de la
16 2 Co. 4.4.
17 Lc. 16.19.
1 72 Sermón 9
sabiduría que viene de lo alto,18 de la santidad, de la religión del
corazón, del sentir que hubo en Cristo.19
7. Mientras tanto, tal persona es esclava del pecado.
Comete pecado, más o menos diariamente. Pero no siente
remordimiento; no está «bajo servidumbre» (como dicen
algunos), no siente ninguna condenación. Se contenta (aunque
confiesa creer que la revelación cristiana viene de Dios) con
decir: «El ser humano es frágil. Toda la humanidad es débil.
Cada persona tiene su lado flaco.» Tal vez cita la Escritura:
«¿No dice Salomón acaso: Porque siete veces cae el justo?» Y
sin duda que no son nada más que hipócritas o entusiastas los
que pretenden ser mejores que sus vecinos. Si algún
pensamiento serio cruza su mente, esta persona lo ahoga tan
pronto como le resulta posible, con las palabras: «¿Por qué debo
temer, si Dios es misericordioso, y Cristo murió por los
pecadores?» Así que permanece como esclava voluntaria del
pecado, contenta con mantener las cadenas de la iniquidad;
interior y exteriormente impura, y satisfecha con serlo; sigue no
sólo sin conquistar el pecado, sino también sin conquistar el
pecado particular que la domina fácilmente.
8. Ese es el estado del humano en su estado natural, sea
transgresor descarado y escandaloso, o pecador respetable y
decente. ¿Cómo puede tal persona convencerse de pecado?
¿Cómo puede llegar al arrepentimiento? ¿Cómo quedará bajo la
ley, sintiendo en sí misma el espíritu de temor? Esto es lo que
consideraremos a continuación.
II. 1. Por medio de algún acto inescrutable de la
providencia o por medio de su Palabra aplicada con la
demostración de su Espíritu, Dios toca el corazón de quien
duerme en las tinieblas y en la sombra de muerte. Tal persona
18 Stg. 3.17.
19 Fil. 2.5.
El espíritu de la esclavitud y el espíritu de adopción 173
es sacudida violentamente de su sueño, y al despertar
comprende el peligro en que se encuentra. Tal vez en un
momento, quizás poco a poco, los ojos de su entendimiento se
abren, y ahora discierne (pues el velo ha sido parcialmente
quitado) el estado real en que se encuentra. Una luz aterradora
alumbra de lleno su alma, una luz como la que nos imaginamos
que sale del abismo sin fondo, de lo profundo, del lago de fuego
que arde con azufre. Puede al fin ver que el Dios amoroso y
misericordioso es también un fuego consumidor; que es un Dios
justo y terrible, que paga a cada uno conforme a sus obras, que
entra en juicio con el injusto por cada palabra ociosa, y aun por
las imaginaciones del corazón. Ahora se da cuenta claramente
que el grande y santo Dios es muy limpio de ojos para ver el
mal;20 que es vengador de cualquier persona que se rebele
contra él, y paga a cada inicuo según lo que se merece; y que
horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo.21
2. El sentido interior, espiritual, de la ley de Dios
comienza a manifestársele. Percibe que amplio sobremanera es
tu mandamiento22 y no hay nada que se esconda de su calor.23
Se convence de que todas y cada una de sus partes se refieren
no solamente al pecado exterior y a la desobediencia, sino a lo
que pasa en lo más recóndito del corazón, donde sólo el ojo de
Dios puede penetrar. Si ahora oye: «No matarás», Dios le
habla con voz tronante: «todo aquel que aborrece a su
hermano es homicida»;24 y cualquiera que le diga a su
hermano: «fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.»25 Si
20 Hab. 1.13.
21 He. 10.31.
22 Sal. 119.96.
23 Sal. 19.6.
24 1 Jn. 3.15.
25 Mt. 5.22.
1 74 Sermón 9
la ley dice: «no cometerás adulterio», la voz de Dios suena en
sus oídos diciendo: «cualquiera que mira a una mujer para
codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.»26 Así que tal
persona siente la Palabra de Dios viva y eficaz, y más cortante
que toda espada de dos filos. Penetra hasta partir el alma y el
espíritu, las coyunturas y los tuétanos.27 Escucha con tanto
más temor, por cuanto tiene la conciencia de haber despreciado
esta gran salvación;28 de haber pisoteado al Hijo de Dios, quien
le habría salvado de sus pecados; y de haber tenido por inmunda
la sangre del pacto.29
3. Sabiendo que todas las cosas están desnudas y
abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta,30
se ve enteramente desnudo, no teniendo siquiera las hojas de
higuera que había cosido para cubrir su desnudez; desnudo de
todas sus pobres pretensiones de religión o virtud, y de sus
excusas miserables por haber pecado contra Dios. Se ve ahora
como los antiguos sacrificios, partido por la mitad, desde el
cuello hacia abajo, de manera que todo lo que hay en él queda
expuesto. Su corazón está descubierto, y ve que es todo
pecado, engañoso ... más que todas las cosas, y perverso,31
esto es, totalmente corrupto y abominable, mucho más de lo
que es posible expresar con palabras; que no existe en él nada
bueno, sino por el contrario está lleno de toda clase de
injusticia e impureza, siendo todos sus pensamientos e impulsos
malos y perversos.
26 Mt. 5.28.
27 He. 4.12.
28 He. 2.3.
29 He. 10.29.
30 He. 4.13.
31 Jer. 17.9.
El espíritu de la esclavitud y el espíritu de adopción 175
4. No sólo ve sino que siente en sí mismo, por cierta
emoción de su alma que no logra describir, que debido a los
pecados de su corazón, aun cuando su propia vida fuese
inmaculada (lo que no es ni puede ser, puesto que el árbol malo
no puede dar buen fruto), merece ser echado en el fuego que
nunca se apagará.32 Comprende que la paga, la justa
recompensa del pecado, de su pecado sobre todo, es la muerte,33
la segunda muerte, la muerte que nunca se acabará, la
destrucción del cuerpo y del alma en el infierno.
5. Así concluyen sus agradables sueños, su descanso
ilusorio, su paz imaginaria, su falsa seguridad. Su regocijo se
desvanece como una nube; los placeres que antes le gustaban,
ya no le deleitan. No tienen sabor al probarlos; le asquea su
dulzor nauseabundo; le cansan. Las sombras de la felicidad han
huido, y caído en el olvido; de tal modo que se encuentra
destituido de todo, buscando descanso de aquí para allá, sin
encontrarlo.
6. Al esfumarse la embriaguez, siente la angustia de un
corazón herido. Ve claramente que cuando el pecado domina el
alma (sea por el orgullo, la ira, o los malos deseos; sea por la
soberbia, la malicia, la envidia, la venganza o cualquier cosa
semejante) produce la más completa miseria. Siente tristeza de
corazón por las bendiciones que ha perdido, y por la maldición
que ha venido sobre él; remordimiento por haberse destruido a
sí mismo, y haber despreciado las misericordias que le hubieran
salvado; temor, por un vivo sentido de la ira de Dios, y de las
consecuencias de su ira; del castigo que justamente merece, y
que ve colgar sobre su cabeza; temor de la muerte, como
puerta al infierno, entrada a la muerte eterna; temor del diablo,
el verdugo de la ira y la justa venganza de Dios; temor de los
32 Mc. 9.43.
33 Ro. 6.23.
1 76 Sermón 9
seres humanos, quienes si mataran su cuerpo, echarían su
cuerpo y su alma al infierno; temor, a veces tanto que la
pobre alma pecadora y culpable se aterroriza con todo, con
nada, con las sombras, con una hoja movida por el viento.
Algunas veces casi llega a perder el juicio, haciendo al ser
humano borracho, aunque no de vino, suspendiendo el
ejercicio de la memoria, del entendimiento, de las facultades
naturales. A veces puede llegar al borde mismo de la
desesperación; de modo que quien tiembla a la mención de la
muerte se siente dispuesto a entregarse a ella en cualquier
momento, prefiriendo la estrangulación antes que la vida. Bien
puede el ser humano, como el de la antigüedad, gemir a causa
del lamento de su corazón. Puede en verdad clamar: «El ánimo
del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al
ánimo angustiado?»34
7. Con toda sinceridad desea verse libre del pecado, y
empieza a luchar con ello. Pero aunque trata con todo su
poder, no logra vencer; el pecado es mayor que él. Desea
escaparse; pero está en tal prisión que no puede huir. Decide no
pecar más, pero continúa pecando; ve la red, que aborrece,
pero corre hacia ella. Sus capacidades racionales, de las que
tanto alardeaba, sólo sirven para acrecentar su culpa y
aumentar su miseria. Tal es su libre albedrío, libre sólo para el
mal; libre para beber la iniquidad como agua; para alejarse más
y más del Dios viviente, y despreciar más el Espíritu de gracia.
8. Mientras más se esfuerza, desea, lucha por verse
libre, más siente sus cadenas, las pesadas cadenas del pecado,
con las cuales le ata Satanás y con las que le lleva cautivo
según su voluntad. Es su esclavo, aunque le pese; aunque se
rebele, no prevalecerá. Está todavía en esclavitud y temor a
causa del pecado: generalmente de algún pecado exterior, al
34 Pr. 18.14.
El espíritu de la esclavitud y el espíritu de adopción 177
cual está particularmente dispuesto ya sea por naturaleza,
costumbre o circunstancias exteriores; pero siempre de alguna
transgresión interior, del mal genio o de alguna inclinación
impura. Mientras más se molesta a causa de dicho pecado, más
prevalece éste. Puede morder pero no puede romper su cadena.
Trabaja sin cesar, arrepintiéndose y pecando, arrepintiéndose y
pecando otra vez, hasta que por fin el pobre, desgraciado y
miserable pecador no sabe qué hacer y sólo puede exclamar:
«¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de
muerte?»35
9. Esta lucha de quien está bajo la ley, bajo el espíritu de
temor y de esclavitud, la describe bellamente el Apóstol en el
capítulo anterior, al hablar como quien ha despertado. «Y yo»
(dice Pablo) «sin la ley vivía en un tiempo.» Tenía mucha
sabiduría, fuerza y virtud, según pensaba. «Pero venido el
mandamiento, el pecado revivió y yo morí.» Cuando el
mandamiento, en su sentido espiritual, vino a mi corazón con el
poder de Dios, mi pecado más escondido se conmovió, se
rebeló, y todas mis virtudes murieron. «Y hallé que el mismo
mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte;
porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me
engañó, y por él me mató.» Me sorprendió, destruyó mis
esperanzas y claramente me demostró que, en medio de la vida,
estaba muerto. De manera que la ley a la verdad es santa, y el
mandamiento santo, justo y bueno. Ya no puedo echar la culpa
a la ley, sino a la corrupción de mi propio corazón. Reconozco
que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.
Ahora veo con claridad la naturaleza espiritual de la ley y mi
corazón débil y diabólico, vendido al pecado, esclavizado por
completo (como los esclavos que se compran con dinero y
están totalmente a la merced de sus amos). Porque lo que
35 Ro. 7.24.
1 78 Sermón 9
hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que
aborrezco, eso hago. Este es el yugo con el cual gimo; tal es la
tiranía de mi cruel dueño. Porque el querer hacer el bien está
en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero,
sino el mal que no quiero, eso hago. Hallo esta ley, un poder
que me constriñe, que queriendo yo hacer el bien ... el mal está
en mí. Porque según el hombre interior, me deleito
(consiento) en la ley de Dios [entiendo que éste es el sentido
de las palabras del apóstol, ho esoo ánthroopos, el hombre
interior, como se interpreta en otros escritores griegos]. Pero
veo otra ley en mis miembros, otro poder que me constriñe,
que se rebela contra la ley de mi mente o del hombre interior,
y que me lleva cautivo a la ley del pecado, arrastrándome,
como quien dice, hacia aquello que mi alma aborrece.
¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de
muerte? ¿Quién me librará de esta vida desamparada,
moribunda; de este yugo de pecado y de miseria? Hasta que
alguien me libere yo mismo (o mejor dicho, ése yo que ahora
represento36), con la mente sirvo a la ley de Dios; mi mente,
mi conciencia está de parte de Dios; mas con la carne, con mi
cuerpo, a la ley del pecado, impulsado por una fuerza que no
puedo resistir.37
10. ¡Qué descripción tan viva de quien está bajo la ley!
De quien siente una carga de la cual no se puede librar; quien
jadea por tener libertad, poder y amor; pero aún permanece en
36 Wesley se aboca aquí a la cuestión, todavía discutida, de si en este pasaje Pablo se
refiere a sus propias luchas, aun después de su conversión, o si está hablando más bien
de un personaje hipotético (o de sí mismo antes de la conversión). Wesley sostiene
esto último, mientras la mayoría de los teólogos luteranos y calvinistas ortodoxos
sostienen que se trata de Pablo mismo al tiempo de escribir la epístola, y que es por
tanto prueba de que el cristiano es «a la vez justo y pecador».
37 Ro. 7.9-25.
El espíritu de la esclavitud y el espíritu de adopción 179
la servidumbre y el temor, hasta el día en que Dios escuche a
ese desgraciado que grita: «¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte?» y le conteste: «La gracia de Dios por medio de
Jesucristo tu Señor».
III. 1. Se acaba entonces esa mísera servidumbre y el
pecador deja de estar bajo la ley para estar bajo la gracia.
Vamos a considerar en tercer lugar este estado: el de quien ha
hallado la gracia o el favor de Dios el Padre, y tiene la gracia o
el poder del Espíritu Santo reinando en su corazón; de quien ha
recibido, usando los términos del Apóstol: «el espíritu de
adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!»38
2. Clamó a Dios en su angustia, y Dios le libró de sus
aflicciones.39 Sus ojos están abiertos de una manera diferente a
la de antes, aun para poder contemplar al Dios de amor y
misericordia. No bien exclama: «Te ruego que me muestres tu
gloria», cuando en lo más íntimo de su corazón oye una voz que
le dice: «Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y
proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré
misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente con
el que seré clemente.»40 Y no pasa mucho tiempo antes de que
Dios descienda en una nube, y proclame el nombre del Señor.
«¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo
para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda
misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y
el pecado.»41
3. Una luz celestial y consoladora inunda su corazón;
ve a aquél al cual había traspasado; y Dios, que mandó que de
las tinieblas resplandeciese la luz, resplandece en su corazón.
38 Ro. 8.15.
39 Sal. 109.6.
40 Ex. 33.18-19.
41 Ex. 34.6-7.
1 80 Sermón 9
Ahora puede ver la iluminación del conocimiento de la gloria
de Dios en la faz de Jesucristo.42 Tiene evidencia divina de las
cosas que no se ven por los sentidos, aun de las profundidades
de Dios, especialmente del amor de Dios, de su amor
perdonador hacia todo aquel que cree en Jesús. Abrumada con
tal visión, su alma exclama: «¡Señor mío, y Dios mío!»43 Ahora
ve todas sus iniquidades pesando sobre aquél que las llevó en su
cuerpo sobre el madero;44 ve al Cordero de Dios borrando sus
pecados. ¡Cuán claramente discierne ahora que Dios estaba en
Cristo reconciliando consigo al mundo, ... Al que no conoció
pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros
fuésemos hechos justicia de Dios en él,45 y que él mismo está
reconciliado con Dios por la sangre del pacto!
4. En este punto terminan tanto la culpa como el
poder del pecado. Ahora puede decir: «Con Cristo estoy
juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí;
y lo que ahora vivo en la carne», en este cuerpo mortal, «lo vivo
en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí
mismo por mí.»46 Desaparecen el remordimiento, el dolor
del corazón, y la angustia de un espíritu herido. Dios
convierte su tristeza en gozo. Dios es «quien hace la
llaga, y él la vendará.»47 Concluye la esclavitud del
temor, porque su corazón está firme, confiado en el Señor.
Ya no teme la ira de Dios, porque sabe que ella ya se alejó
de él, y que Dios ya no lo mira como un juez enojado sino
como un Padre amoroso. No puede temer al diablo, pues sabe
42 2 Co. 4.6.
43 Jn. 20.28.
44 1 P. 2.24.
45 2 Co. 5.19,21.
46 Gá. 2.20.
47 Job. 5.18.
El espíritu de la esclavitud y el espíritu de adopción 181
que no tiene poder, si no le fuere dado de lo alto.48 No le teme
al infierno, por ser heredero del reino de los cielos. En
consecuencia, no tiene temor de la muerte, la cual por muchos
años le tuvo sujeto a esclavitud. Por el contrario, sabe que si
nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere,
tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos,
eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser
revestidos de aquella nuestra habitación celestial. Gime
deseando desprenderse de su habitación terrestre, para que su
mortalidad sea absorbida por la vida, sabiendo que el que nos
hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del
Espíritu.49
5. Y donde está el Espíritu del Señor, allí hay
libertad;50 no sólo libertad de la culpa y el temor, sino también
del pecado, del más pesado de todos los yugos, de la más
degradada esclavitud. Su trabajo ya no es en vano. Ha roto la
red, y está libre. No sólo se esfuerza sino que vence; no sólo
pelea, sino que triunfa. No sirve más al pecado, sino que está
vivo para Dios. El pecado ya no reina más en su cuerpo mortal,
ni le obedece en sus deseos. No presenta sus miembros al
pecado como instrumentos de iniquidad, sino a Dios como
instrumentos de justicia.51 Después de haber sido libertado del
pecado, ha venido a ser siervo de la justicia.52
6. Así que, teniendo paz con Dios por medio de
nuestro Señor Jesucristo, regocijándose en la esperanza de la
gloria de Dios,53 y teniendo el poder de dominar toda clase de
48 Jn. 19.11.
49 2 Co. 5.1-5.
50 2 Co. 3.17.
51 Ro. 6.13.
52 Ro. 6.18.
53 Ro. 5.1-2.
1 82 Sermón 9
pecados, deseos impuros, mal genio, malas palabras y obras,
todo esto es un testimonio viviente de la gloriosa libertad de los
hijos de Dios54 quienes, partícipes de esta fe tan preciosa,
testifican a una voz que han recibido el espíritu de adopción,
por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!55
7. Es este Espíritu el que constantemente obra en ellos
tanto el desear como el hacer su buena voluntad.56 Es el que
derrama el amor de Dios en sus corazones, así como el amor
hacia toda la humanidad; purificando sus corazones de todo
deseo mundano, de todo deseo de la carne, y de la soberbia y
vanidad de vida. Es él quien los libra de la cólera y del orgullo,
de todos los apetitos viles y desordenados. Están, por lo tanto,
libres de palabras y obras malas, libres de inmundicia en su
conversación; sin hacer mal a ningún otro hijo de Dios, y
celosos en hacer el bien.
8. Para resumirlo todo: el ser humano en su condición
natural ni teme ni ama a Dios; quien está bajo la ley, le teme;
quien está bajo la gracia, le ama. El primero no tiene la menor
luz acerca de las cosas de Dios, sino que camina en la más
profunda obscuridad. El segundo ve la luz terrible del infierno.
El tercero, la luz sublime del cielo. Quien duerme el sueño de la
muerte espiritual tiene una falsa paz. Quien despierta de ese
sueño, no tiene paz ninguna. Quien cree tiene paz verdadera, la
paz de Dios, que llena y gobierna su corazón. Los paganos,
bautizados o sin bautizar, tienen una libertad aparente, que es
en realidad libertinaje; los judíos (o quienes están bajo la
dispensación judía) están en una pesada esclavitud. Los
cristianos gozan de la gloriosa libertad de hijos de Dios.
Un hijo del diablo que no ha despertado de su sueño peca
54 Ro. 8.21.
55 Ro. 8.15.
56 Fil. 2.13.
El espíritu de la esclavitud y el espíritu de adopción 183
voluntariamente; uno que ha despertado, peca contra su
voluntad; un hijo de Dios no practica el pecado, pues aquél
que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le
toca.57 Para concluir: el ser humano natural ni conquista ni
pelea; el ser humano bajo la ley pelea contra el pecado, sin
conquistarlo; el ser humano bajo la gracia lucha y conquista; de
hecho, es más que vencedor por medio de aquél que le amó.58
IV. 1. Según podemos deducir de la descripción de los
tres estados del ser humano (el natural, el legal y el evangélico)
parece que no es suficiente dividir la humanidad en dos clases:
las personas sinceras y las insinceras. Una persona puede ser
sincera en cualquiera de estos estados; no sólo cuando tiene el
espíritu de adopción, sino cuando tiene el espíritu de temor. Aun
cuando no tiene ni temor ni amor. Sin duda alguna puede haber
tanto paganos sinceros como judíos y cristianos sinceros. La
sinceridad, entonces, no prueba de ningún modo que alguien
haya sido aceptado por Dios.
Examínese cada uno, entonces, no sólo acerca de si es
sincero, sino sobre si está en fe. Examínese con cuidado, pues
es de suma importancia. ¿Cuál es el principio que gobierna tu
alma? ¿Es el amor de Dios? ¿Es el temor de Dios? ¿O ni uno ni
otro? ¿No es más bien el amor al mundo, el amor al placer, al
lucro, a la comodidad, a la fama? En ese caso, no has llegado
siquiera a la condición de judío. No eres nada más que un
pagano. ¿Tienes al cielo en tu corazón? ¿Tienes el espíritu de
adopción por medio del cual clamas: Abba, Padre? ¿O clamas a
Dios como desde lo profundo del infierno, abrumado por el
dolor y el temor? ¿O eres de las personas para quienes todo
esto suena extraño, y no puedes comprender lo que quiero
decir? Pagano, quítate la máscara. Nunca has sido revestido
57 1 Jn. 5.18.
58 Ro. 8.37.
1 84 Sermón 9
por Cristo. Descubre tu rostro. Mira al cielo; y confiesa a aquél
que vive por siempre, pues no tienes parte ni entre los hijos ni
entre los siervos de Dios.
Quienquiera que seas, oh alma que me escuchas, dime:
¿cometes pecado o no? Si lo cometes, ¿lo haces voluntaria o
involuntariamente? En cualquiera de estos casos Dios te ha
dicho a quien perteneces: El que practica el pecado es del
diablo.59 Si pecas voluntariamente, eres su esclavo fiel. El no
dejará de recompensar tus trabajos. Si pecas involuntariamente,
también eres su esclavo. ¡Qué Dios te libre de sus manos!
¿Estás luchando cada día contra todo pecado y siendo
cada día más que vencedor? Te reconozco entonces como hijo
de Dios. Mantente firme en tu gloriosa libertad. ¿Estás luchando
sin que logres vencer; tratando de lograr el dominio sin
alcanzarlo? Entonces todavía no eres un verdadero creyente en
Cristo. Pero continúa, persevera y conocerás al Señor. ¿No estás
ni siquiera luchando, sino llevando un vida fácil, indolente y
mundana? ¿Cómo te atreves pronunciar el nombre del Señor
Jesús? ¿Para hacerlo un reproche entre los paganos?
¡Despiértate, tú que duermes! ¡Clama a Dios antes de que vayas
a hundirte en el abismo!
2. Tal vez una de las razones por las cuales algunas
personas tienen más alto concepto de sí del que deben tener, la
razón por la cual no disciernen en qué estado están, es porque
estos estados diversos del alma se mezclan, y de algún modo se
reúnen en una misma persona. La experiencia nos enseña que
muy frecuentemente el estado legal o de temor se mezcla con el
natural. Hay muy pocas personas tan dormidas en el pecado
que no despierten de uno u otro modo. Por cuanto el Espíritu
de Dios no espera a que el ser humano llame, puede dejarse oír
de vez en cuando. El Espíritu los pone en temor, de modo que
59 Jn. 3.8.
El espíritu de la esclavitud y el espíritu de adopción 185
por un tiempo al menos los paganos reconocen que no son nada
más que mortales. Sienten el peso del pecado, y desean huir de
la ira que vendrá, pero no lo sienten por mucho tiempo. Muy
rara vez permiten que las flechas de la convicción penetren
profundamente en su alma; rápidamente rechazan la gracia de
Dios, y regresan a revolcarse en el fango.
Del mismo modo, el estado evangélico o de amor está
frecuentemente mezclado con el legal. Esto es así porque muy
pocos de quienes tienen el espíritu de esclavitud y temor se
encuentran sin esperanzas por mucho tiempo. El Dios sabio y
amoroso rara vez permite esto, pues se acuerda de que somos
polvo. Dios no desea que el espíritu humano decaiga, ni las
almas que ha creado. Por lo tanto, en el momento que Dios cree
apropiado les da un rayo de su luz a quienes están en las
tinieblas. Dios hace que una parte de su gloria pase ante ellos, y
les muestra que es un Dios que escucha la oración. Ellos ven la
promesa que viene por la fe en Cristo Jesús, aunque a la
distancia; y cobran con ello ánimo para correr con paciencia la
carrera que les ha sido propuesta.60
3. Otra razón por la que muchos se engañan, es que no
reflexionan debidamente acerca de cuán lejos puede un ser
humano llegar y todavía estar en un estado natural o al menos
legal. Se puede ser benévolo y compasivo, amable, cortés,
generoso, amistoso; se puede tener cierto grado de humildad, de
paciencia, de dominio propio, y de muchas otras virtudes
morales; se pueden sentir muchos deseos de sacudirse todo
vicio y de alcanzar más altos grados de virtud; se puede
abstenerse del mal (quizás de todo lo que constituye un falta
crasa de justicia, misericordia o verdad); se puede hacer mucho
bien, alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos, ayudar
a las viudas y a los huérfanos; se puede asistir al culto público,
60 He. 12.1.
1 86 Sermón 9
orar en privado, leer muchos libros de devoción; y a pesar de
esto se puede permanecer en el estado natural, sin conocerse a
sí mismo ni a Dios. Se puede ser igualmente extraño al espíritu
de temor como al del amor, sin haberse arrepentido ni creído en
el evangelio.
Pero supongamos que a todo lo arriba expresado se
añade una profunda convicción de pecado, con temor de la ira
de Dios, deseos vehementes de abandonar todo pecado, y de
cumplir con la justicia. Supongamos que se siente
frecuentemente regocijo en la esperanza y toques de amor que
rozan el alma. Aun esto no significa que se esté bajo la gracia,
ni que se tenga una fe cristiana verdadera y viva, a menos que
el espíritu de adopción more en el corazón, y le mueva a clamar
constantemente: «¡Abba, Padre!»
4. Cuídate entonces, tú que llevas el nombre de Cristo,
de que no te quedes lejos de la meta de tu supremo
llamamiento. Cuídate de descansar, sea en tu estado natural,
junto a muchos que se llaman buenos cristianos, o en un estado
legal, donde muchos que están en alta estima entre la
humanidad se contentan con permanecer. No, Dios ha
preparado mejores cosas para ti, si perseveras hasta alcanzarlas.
No has sido llamado a temer y temblar, como los demonios,
sino a regocijarte y a amar, como los ángeles de Dios. «Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y
con toda tu mente y con todas tus fuerzas.»61 Debes estar
siempre gozoso. Debes orar sin cesar. Debes dar gracias en
todo. Debes hacer la voluntad de Dios en la tierra como se
hace en el cielo. Prueba cuán buena, agradable y perfecta es la
voluntad de Dios. Preséntate como sacrificio vivo, santo,
agradable a Dios.62 Retén todo lo que has alcanzado,
61 Mc. 12.30.
62 Ro. 12.1-2.
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extendiéndote a lo que está delante, hasta que «el Dios de paz
... os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su
voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante
de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los
siglos. Amén.»63
63 He. 13.20-21.