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Sermón 7 - El camino del reino

Marcos 1.15

El reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el

evangelio.

Estas palabras naturalmente nos mueven a considerar:

primero, la naturaleza de la verdadera religión, llamada aquí por

el Señor «el reino de Dios» y que, dice él, «está cerca»;

segundo, el camino que él ha señalado en estas palabras:

«Arrepentíos, y creed en el evangelio.»

I. 1. Debemos considerar, en primer lugar, la naturaleza

de la verdadera religión, llamada por nuestro Señor «el reino de

Dios.» El gran Apóstol usa la misma expresión en la Epístola a

los Romanos, cuando explica las palabras del Señor, diciendo:

Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia,

paz y gozo en el Espíritu Santo.2

2. El reino de Dios, o sea, la verdadera religión no es

comida ni bebida. Es cosa bien sabida que no sólo los judíos

inconversos, sino gran número de aquéllos que habían aceptado

la fe en Cristo, eran, sin embargo, celosos de la ley,3 aun de la

ley ceremonial de Moisés. Por lo tanto, observaban todo lo que

encontraban escrito en ella, tanto sobre las ofrendas de carne o

bebida, como sobre la distinción entre carnes puras e impuras.

1 Wesley no indica cuándo ni dónde predicó este sermón. Sí sabemos que predicó

sobre el texto de Marcos 1.15 por lo menos 17 veces. Además, este sermón tiene un

texto secundario, al cual Wesley hace referencia repetidamente. Se trata de Ro. 14.17.

Wesley predicó casi doscientas veces sobre este segundo texto.

2 Ro. 14.17.

3 Hch. 21.20.

133

134 Sermón 7

Y no sólo lo observaban ellos mismos sino que lo exigían

también a los gentiles que se habían convertido a Dios. A tal

grado lo exigían que algunos de ellos enseñaban, a cualquiera

que se unía a ellos: Si no os circuncidáis conforme al rito de

Moisés, y guardáis toda la ley, no podéis ser salvos.4

3. En oposición a esto declara el Apóstol, tanto aquí

como en otros lugares, que la verdadera religión no consiste en

comida ni bebida, ni en la observación de rituales; ni en ninguna

cosa exterior, en nada fuera del corazón; la sustancia de la

verdadera religión consiste en justicia, paz y gozo en el

Espíritu Santo.5

4. No en alguna forma exterior tal como rituales o

ceremonias, aun del tipo más excelente. Supongamos que sean

tan dignas y significativas, que sean expresiones de cosas

interiores; suponiendo que sean tan útiles, no sólo para el

vulgo, cuya inteligencia sólo se funda en lo que ve; sino

también para personas de entendimiento, personas de buenas

capacidades, como sin duda hay. Supongamos que estas

ceremonias, tal como en el caso de los judíos, fueron

establecidas por Dios mismo. Aun durante el período de

tiempo en el cual estas leyes estuvieron vigentes, la verdadera

religión no consistió principalmente en esto. No si hablamos en

el sentido más estricto. ¡Cuánto más se aplica esto a los ritos y

formas cuyo origen es estrictamente humano! La religión de

Cristo es mucho más elevada y más profunda que todo esto.

Estas cosas externas son buenas en su lugar mientras

permanecen subordinadas a la verdadera religión. Y sería

superstición oponerse a ellas si se aplicaran sólo

ocasionalmente como ayudas a la necesidad humana. Pero no

deben ser llevadas más lejos de la cuenta. Que no sueñe nadie

4 Hch. 15.1,24.

5 Ro. 14.17.

El camino del reino 135

que tienen un valor intrínseco; o que la religión no podría

subsistir sin ellas. Esto las haría abominables ante Dios.

5. La naturaleza de la religión está tan lejos de consistir

en esto, en formas de adoración, en rituales y ceremonias, que

no consiste propiamente en acciones exteriores de ninguna

clase. Es cierto que nadie puede llamarse religioso si es culpable

de acciones viciosas o inmorales; o si les hace a las demás

personas lo que no le gustaría que le hicieran bajo las mismas

circunstancias. Tampoco puede llamarse religiosa la persona

que sabe hacer el bien y no lo hace.6 Sin embargo, es posible

abstenerse de hacer mal y practicar lo bueno, sin por ello tener

religión. Sí, dos personas pueden hacer la misma obra exterior--

por ejemplo, alimentar al hambriento o vestir al desnudo--y al

mismo tiempo una ser verdaderamente religiosa, y la otra no

tener religión alguna. Una puede actuar por amor de Dios, y la

otra por amor a la alabanza. Tan manifiesto es que, a pesar de

que la verdadera religión conduce naturalmente a toda buena

palabra y obra, sin embargo su verdadera naturaleza tiene mayor

profundidad, pues reside en el corazón humano.

6. Digo del corazón, porque la religión no consiste en la

ortodoxia o las opiniones correctas; las cuales, aunque no son

propiamente exteriores, no están en el corazón sino en el

entendimiento. Se puede ser ortodoxo en cada punto; se puede

apoyar no sólo las opiniones correctas sino también defenderlas

celosamente de sus opositores; se puede tener creencias

correctas acerca de la encarnación de nuestro Señor, acerca de

la bendita Trinidad, y acerca de cada doctrina contenida en los

oráculos de Dios; se puede afirmar cada uno de los tres credos

(el llamado de los Apóstoles, el Niceno, y el de Atanasio) y aun

así se puede no tener más religión que la de una persona judía,

turca o pagana. Se puede incluso ser tan ortodoxo como el

6 Stg. 4.17.

136 Sermón 7

diablo (aunque quizás no tanto; pues cada persona yerra en

algún punto, mientras que no podemos concebir que el diablo

tenga ninguna opinión errónea), y sin embargo estar tan lejos de

la religión del corazón como lo está él.

7.La religión consiste en esto: sólo esto es ante Dios de

gran precio. El Apóstol lo resume en estas tres manifestaciones:

justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.7 Primero está la

justicia. No podemos dejar de comprender lo que esto significa

si recordamos las palabras de nuestro Señor describiendo los

fundamentos de los cuales dependen la ley y los profetas:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu

alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el

principal mandamiento»,8 la primera y gran manifestación de la

justicia cristiana. Te deleitarás en el Señor tu Dios, lo buscarás

y encontrarás felicidad en él. Dios será tu escudo, y tu galardón

será sobremanera grande,9 en el tiempo presente y en la

eternidad. Todos tus huesos dirán: «¿A quién tengo yo en los

cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.»10 Y

habiéndole entregado tu corazón, lo más profundo de tu alma,

para que en ella reine sin rival, puedes clamar con todo tu

corazón: «Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía

y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él

confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto

refugio.»11

8. El segundo mandamiento es semejante a éste; la

segunda manifestación de la santidad cristiana está íntimamente

relacionada con él: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo.»12

7 Ro. 14.17.

8 Mt. 22.37-38.

9 Gn. 15.1.

10 Sal. 73.25.

11 Sal. 18.1.

12 Mt. 22.39.

El camino del reino 137

Amarás (tendrás la mejor buena voluntad, el afecto más sincero

y cordial, los deseos más fervientes de evitarle o eliminar todo

mal y de procurar todo el bien posible) a tu prójimo: no sólo a

tus amigos, a tus parientes o conocidos; no sólo a las personas

virtuosas, a las amistosas, a las que te aman, a las que prevén o

devuelven tu bondad; sino también a cada criatura de Dios, a

cada ser humano, a cada alma creada por Dios. No se debe hacer

excepción con aquellos que nunca has visto en la carne, los que

no conoces ni por vista ni de nombre; sin exceptuar a quien

sabes que es malo o ingrato, aun aquella persona que te

calumnia y te persigue. A cada una de estas personas debes amar

como a ti mismo; con la misma sed por su felicidad de todo tipo,

el mismo cuidado incansable por cuidarla y protegerla en contra

de todo mal y sufrimiento de cuerpo y alma.

9. ¿No es este amor el cumplimiento de la ley,13 la suma

total de la santidad cristiana? Cumple toda justicia interior, pues

implica entrañable misericordia, humildad, (sabiendo que el

amor no se envanece14), benignidad, mansedumbre, paciencia

(sabiendo que el amor no se irrita, sino que cree, espera,

soporta todas las cosas15). Cumple toda justicia exterior porque

el amor no hace mal al prójimo16 ni en palabra ni en hecho. El

amor no hace voluntariamente daño ni ofensa a nadie. Además,

es celoso de toda buena obra. Toda persona amante del género

humano hace bien a todo el mundo, siempre que tiene la

oportunidad, sin parcialidad ni hipocresía, y está llena de

misericordia y de buenas obras.17

13 Ro. 13.10.

14 1 Co. 13.4.

15 1 Co. 13.5,7.

16 Ro. 13.10.

17 Stg. 3.17.

138 Sermón 7

10.La verdadera religión, o el corazón recto delante de

Dios y de los seres humanos, significa tanto felicidad como

santidad. No se trata sólo de justicia, sino también de paz y gozo

en el Espíritu Santo.18 ¿Qué paz? La paz de Dios, la cual sólo

Dios puede dar, y que el mundo no puede quitar; la paz que

sobrepasa todo entendimiento,19 toda concepción puramente

racional; por ser una concepción sobrenatural, un gustar divino

de los poderes del mundo por venir. Paz que el ser natural no

conoce, no importa lo versado que sea en las cosas de este

mundo; ni tampoco puede conocer en su estado presente, porque

se tiene que discernir espiritualmente. Es una paz que hace

desvanecer toda duda, toda incertidumbre dolorosa; puesto que

el Espíritu Santo da testimonio al espíritu de la persona cristiana

de que es hija de Dios.20 Y desvanece el miedo, todo temor que

produzca tormento; el temor a la ira de Dios; el temor al

infierno; y, en particular, el temor a la muerte. Quien tiene la

paz de Dios desea partir (si es la voluntad de Dios) y estar con

el Señor.21

11. Junto con esta paz de Dios, cuando reina en el

alma, existe también el gozo en el Espíritu Santo; un gozo que

obra en el corazón por el Espíritu Santo, por el siempre bendito

Espíritu de Dios. El Espíritu es quien imparte en nosotros ese

regocijo suave, humilde, en Dios por medio de Cristo Jesús, por

quien hemos recibido ahora la reconciliación con Dios.22

Esto nos permite ahora confirmar la declaración del salmista

real: «Bienaventurado [o feliz] aquél cuya transgresión ha

sido perdonada, y cubierto su pecado.»23 El Espíritu es quien

18 Ro. 14.17.

19 1 Co. 2.14.

20 Ro. 8.16.

21 Fil. 1.23.

22 Ro. 5.11.

23 Sal. 32.1.

El camino del reino 139

inspira al alma cristiana con este gozo firme y sólido que surge

del testimonio del Espíritu de que se es hijo de Dios; y eso le da

al ser humano el poder alegrarse con gozo inefable,24 en la

esperanza de la gloria de Dios25 (esperanza tanto de la gloriosa

imagen de Dios, la cual es en parte, y será plenamente revelada

en él, como de la corona incorruptible de gloria, reservada en

los cielos).26

12. Esta santidad y felicidad, unidas en una, a veces son

llamadas en los escritos sagrados «el reino de Dios» (como lo

hace el Señor en el texto), y a veces, «el reino de los cielos». Se

llama «reino de Dios» porque es el fruto inmediato del

reinado de Dios en el alma. Tan pronto como, usando de su

infinito poder, establece su trono en nuestros corazones,

inmediatamente son llenos con la justicia, la paz y el gozo en el

Espíritu Santo. Se llama «reino de los cielos» porque es (en

cierta medida) como si se abriera el cielo en el alma. Cualquiera

que goza de esta experiencia, puede confesar ante los ángeles y

los seres humanos

«La vida eterna se ha ganado,

Gloria en la tierra ha empezado»;27

según el tenor constante de la Sagrada Escritura, que declara

repetidamente que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está

en su Hijo. El que tiene al Hijo [reinando en su corazón] tiene

la vida. Porque esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el

único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.28

Quienes han recibido este don, aunque estén en el horno

encendido, pueden dirigirse a Dios con toda confianza,

diciendo:

24 1 P. 1.8.

25 Ro. 5.2.

26 1 P. 1.4;5.4.

27 Himno de Carlos Wesley en Hymns and Sacred Poems (1739).

28 Jn. 17.3.

140 Sermón 7

Defendidos por tu poder,

Oh, Hijo de Dios, Jehová,

Que en forma humana

Quisiste descender,

Te adoramos.

Incesantes aleluyas

A ti sean ofrecidas;

Alabanzas te ofrecemos aquí,

Como en tu trono en el cielo,

Aquí te rendimos.

Porque donde está tu presencia

Allí está el cielo.29

13. Este reino de los cielos o de Dios se ha acercado. El

sentido en que estas palabras fueron dichas originalmente

significaba que el tiempo había llegado, que Dios se había

manifestado en la carne y había venido a reinar en los corazones

de su pueblo. ¿Y no se ha cumplido ahora el tiempo? Porque he

aquí yo estoy con vosotros todos los días, con quienes predican

la remisión de pecados en mi nombre, hasta el fin del mundo.30

Dondequiera que el evangelio de Cristo se predica, allí el reino

se ha acercado. No está lejos de ninguno de nosotros. Puedes

entrar ahora mismo si lo deseas, si has escuchado su voz que te

dice: «Arrepiéntete y cree en el evangelio.»

II. 1. Este es el camino: caminen por él. Ante todo,

arrepiéntanse, esto es, conózcanse a sí mismos. Este es el

primer arrepentimiento, antes de la fe, la convicción o

conocimiento propio. Despiértate, entonces, tú que duermes.31

Reconoce que eres pecador, acepta qué clase de pecador eres.

29 Cita de Mark de la Pla, A Paraphrase of the Song of the Three Children

(1724), última estrofa.

30 Mt. 28.20.

31 Ef. 5.14.

El camino del reino 141

Reconoce la corrupción de tu naturaleza interior, por la cual te

encuentras más allá de la justicia original, por cuanto la carne

desea lo que es contrario al Espíritu,32 por causa de la mente

carnal que es enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la

ley de Dios, ni tampoco puede.33 Comprende que te has

corrompido en todo tu poder, en toda facultad de tu alma, que

eres completamente corrupto en todas ellas, por estar los

fundamentos totalmente torcidos. Los ojos de tu entendimiento

están tan obscurecidos que no pueden discernir a Dios ni las

cosas de Dios. Las nubes de la ignorancia y del error descansan

sobre ti, y te cubren con la sombra de muerte. No sabes nada

como debes saberlo, ni sobre Dios, ni sobre el mundo, ni sobre

ti mismo. Tu voluntad no es la voluntad de Dios, sino que está

totalmente perversa y torcida, opuesta a todo lo bueno, a todo lo

que Dios ama, y dispuesta a todo mal, a toda abominación que

Dios detesta. Tus afectos están separados de Dios, y

desparramados por el mundo entero. Todas tus pasiones, tanto

tus deseos como tus odios, tus gozos y tus tristezas, tus

esperanzas y temores, están fuera de foco, son exagerados en

extremo o colocados en objetos indignos. Así que no hay nada

sano en tu alma, sino que desde la planta del pie hasta la cabeza

(para usar una fuerte expresión del profeta) sólo hay herida,

hinchazón y podrida llaga.34

2. Tal es la corrupción interior de tu corazón, de lo más

íntimo de tu naturaleza. ¿Y qué clase de ramas esperas que

crezcan de raíces tan podridas? De ellas nace la incredulidad,

siempre tratando de separarse del Dios viviente; diciendo:

«¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de

qué nos aprovechará que oremos a él?»35 De aquí la

32 Gá. 5.17.

33 Ro. 8.7.

34 Is. 1.6.

35 Sal. 10.14.

142 Sermón 7

independencia, pretendiendo ser igual al Omnipotente; de aquí

el orgullo, en todas sus formas, que te enseña a decir: «Yo soy

rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo

necesidad.»36 De esta fuente de maldad brotan las corrientes

amargas de la vanidad, del deseo de alabanza, de la ambición,

de la codicia, de los deseos de la carne, los deseos de los ojos y

el orgullo de la vida. De esa fuente brotan la ira, el odio, la

malicia, la venganza, la envidia, los celos, las sospechas; de tal

vienen los deseos malos y pecaminosos que te traspasan con

muchos dolores y que, si no pones remedio a tiempo, acabarán

por hundir tu alma en la perdición eterna.

3. ¿Y qué frutos pueden esperarse de ramas como éstas?

Sólo frutos amargos e indefectiblemente malos. Del orgullo

surgen la contienda, la alabanza de sí mismo, la búsqueda y el

deseo constante de recibir alabanzas de los otros, y de robar así

a Dios la gloria que él no comparte con otro. De los deseos de

la carne vienen la glotonería, las borracheras, la lujuria o

sensualidad, la fornicación, la inmundicia, todo lo cual mancha

de diversas formas el cuerpo que fue hecho para ser templo del

Espíritu Santo. De la incredulidad vienen toda palabra y obra

mala. Faltaría tiempo si fueras a reconocer todas las faltas; todas

las palabras ociosas que has pronunciado: provocando al

Altísimo, entristeciendo al Santo de Israel; todas las obras malas

que has hecho, sean totalmente malas en sí mismas, o al menos

que no hiciste para la gloria de Dios. Porque tus pecados reales

son más numerosos de lo que puedas expresar, más que los

cabellos de tu cabeza. ¿Quién puede contar la arena del mar, o

las gotas de lluvia, o las iniquidades?

4. Y ¿no sabes que la paga del pecado es la muerte,37

muerte no sólo temporal sino también eterna? «El alma que

36 Ap. 3.17.

37 Ro. 6.23.

El camino del reino 143

pecare, esa morirá»38 ha dicho el Señor. Morirá la segunda

muerte. Esta es la sentencia: «sufrirán pena de eterna

perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria

de su poder.»39 ¿No sabes que todo pecador está en peligro del

fuego del infierno,40 o mucho más, que está ya condenado y en

camino a ser ejecutado? Mereces la muerte eterna. Esta es la

justa recompensa por tu maldad tanto interior como exterior.

¿Comprendes esto, lo sientes? ¿Estás totalmente convencido de

que mereces la ira de Dios y la condenación eterna? ¿Sería Dios

injusto si ahora mismo mandase que la tierra se abriera y te

tragase, si en este momento cayeses en el abismo y en el fuego

que nunca se apagará? Si Dios te ha permitido tener un

verdadero arrepentimiento, sientes profundamente que estas

cosas son así; y que sólo su misericordia permite que no seas

consumido, aniquilado por completo de la faz de la tierra.

5. ¿Qué harás para aplacar la ira de Dios, para expiar

todos tus pecados, y para escapar del castigo que justamente

mereces? ¡Ay de ti, porque nada puedes hacer! No puedes hacer

nada que pueda en ninguna medida hacer reparación ante Dios

por una obra, palabra o pensamiento malos. Si desde este

momento pudieras obrar bien en todo, si desde esta hora hasta

el momento en que debas volver a Dios pudieras vivir en forma

perfecta, en obediencia ininterrumpida, aun esto no repararía lo

pasado. Aunque no aumentes la deuda, no podrías saldarla

tampoco. Todavía permanecería tan grande como siempre. Sí,

la obediencia presente y futura de toda la humanidad, y de

todos los ángeles del cielo, no podría dar satisfacción a la

justicia de Dios por un solo pecado. ¡Cuán vana es entonces la

idea de ofrecer satisfacción por tus propios pecados mediante

alguna obra que pudieras hacer! Cuesta mucho más redimir una

38 Ez. 18.4.

39 2 Ts. 1.9.

40 Mt. 5.22. Wesley cita el texto en griego.

144 Sermón 7

sola alma de lo que la humanidad entera podría pagar. De

manera que, si no hubiera ninguna otra ayuda para un pecador

culpable, sin duda que perecería eternamente.

6. Supongamos que la obediencia perfecta en el futuro

pudiera dar satisfacción por los pecados pasados. Esto no te

aprovecharía de nada; puesto que no podrías lograr tal

obediencia ni siquiera en un punto. Comienza ahora. Haz la

prueba. Sacude de ti ese pecado que ahora te domina.

Comprobarás que no puedes. ¿Cómo podrías entonces cambiar

tu vida y convertirte de malo en bueno? De hecho, es imposible

a menos que tu corazón cambie. Mientras el árbol sea malo, no

puede dar buen fruto. ¿Pero eres capaz de cambiar tu propio

corazón del pecado a la santidad? ¿De despertar al alma muerta

en pecado, muerta para Dios y viva para el mundo? Tan

imposible es como resucitar un cuerpo muerto, volver a la vida

a quien está en la tumba. Eres tan capaz de despertar el alma

como de darle vida a un cuerpo muerto. No puedes hacer nada,

ni más ni menos, en este asunto. Te encuentras totalmente

imposibilitado. El entender esto, que eres completamente inútil,

así como culpable y pecador, de eso se trata el arrepentimiento

verdadero, el cual es precursor del reino de Dios.

7. Si a esta convicción íntima de tus pecados interiores

y exteriores, de tu completa pecaminosidad y desvalimiento,

añades sentimientos puros: tristeza de corazón por haber

despreciado la misericordia que te han ofrecido; remordimiento

y condenación propia, sin hablar palabra, teniendo vergüenza

aun de levantar los ojos al cielo; temor de la ira de Dios que aún

sientes sobre ti, de su maldición pesando sobre tu cabeza, y de

la indignación terrible que está lista para devorar a aquellas

personas que olvidan a Dios y desobedecen a nuestro Señor

Jesucristo; deseo ardiente de escapar de tal indignación, de cesar

de hace mal y aprender a hacer bien; si todo esto sientes,

entonces te digo, en el nombre del Señor: «No estás lejos del

El camino del reino 145

reino de Dios.»41 Un paso más y entrarás. Te has arrepentido.

Ahora, cree en el evangelio.

8. El evangelio (esto es, las buenas nuevas para los

culpables, los inútiles pecadores) en el más amplio sentido de la

palabra significa la revelación total de Dios a la humanidad por

medio de Jesucristo; y, a veces, el relato de lo que nuestro Señor

hizo y sufrió mientras vivió entre los seres humanos. La

substancia del evangelio es: que Cristo Jesús vino al mundo

para salvar a los pecadores;42 o porque de tal manera amó Dios

al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel

que él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna,43 o mas él

herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros

pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga

fuimos nosotros curados.44

9.Cree esto y el reino de Dios es tuyo. Por medio de la

fe alcanzas la promesa: Dios perdona y absuelve a todos los que

verdaderamente se arrepienten y creen en su santo evangelio.

Tan pronto como Dios te habla al corazón: «Ten ánimo, hijo;

tus pecados te son perdonados»,45 su reino viene; tú tienes la

justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo.46

10. Cuídate, sin embargo, de no engañar a tu alma con

respecto a la naturaleza de esta fe. No es (como algunas

personas han concebido vanamente) un mero asentimiento a la

verdad de la Biblia, a los artículos de nuestro credo, o a todo lo

que está contenido en el Antiguo y Nuevo Testamentos. Los

demonios también creen esto, tan bien como tú o yo; sin

embargo, siguen siendo demonios. Pero la fe está por encima y

41 Mc. 12.13.

42 1 Ti. 1.15.

43 Jn. 3.16.

44 Is. 53.3.

45 Mt. 9.2.

46 Ro. 14.17.

146 Sermón 7

más allá que todo lo anterior. Es una segura confianza en la

misericordia de Dios a través de Jesucristo. Es una confianza en

el Dios perdonador. Es una prueba o convicción divina de que

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no

tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados;47 y sobre todo

que el Hijo de Dios me ha amado y se ha entregado por mí; y

que ahora yo estoy reconciliado con Dios por la sangre de la

cruz.48

11. ¿Crees esto? Entonces, la paz de Dios está en tu

corazón, y la tristeza y el dolor huirán para siempre. Ya no tienes

dudas sobre el amor de Dios; es tan claro como la luz del

mediodía. Puedes decir en voz alta: «Tu amor, oh Señor,

cantaré perpetuamente; de generación en generación

anunciará mi boca tu fidelidad».49 Ya no tienes temor al

infierno, o a la muerte, o a quien antes tenía el imperio de la

muerte, el diablo; ni estás ya temeroso de Dios mismo; sólo

tienes un temor tierno, de hijo, de ofenderle. ¿Crees esto?

Entonces tu alma engrandece al Señor; y tu espíritu se regocija

en Dios tu Salvador.50 Te regocijas porque tienes redención por

su sangre, el perdón de pecados.51 Te regocijas con el espíritu

de adopción por medio del cual puedes decir en tu corazón:

¡Abba, Padre!52 Te regocijas en la plena esperanza de

inmortalidad, en proseguir al blanco al premio del supremo

llamamiento;53 en anticipar todas las bendiciones que Dios tiene

preparadas para todos los que le aman.

47 2 Co. 5.19.

48 Ro. 5.10 y Col. 1.20.

49 Is. 35.10.

50 Lc. 1.46-47.

51 Col. 1.14.

52 Ro. 8.15.

53 Fil. 3.14.

El camino del reino 147

12. ¿Crees esto? Entonces el amor de Dios se ha

derramado en tu corazón,54 y le amas porque él te amó primero.

Y por cuanto amas a Dios, amas también a tu hermano.55 Y por

cuanto estás lleno de amor, paz y gozo, también estás lleno de

paciencia, benignidad, fidelidad, bondad, humildad y dominio

propio, así como todos los demás frutos del Espíritu56--en una

palabra, con toda disposición santa, angelical o divina. Por

tanto, mirando a cara descubierta (porque el velo ha sido

quitado) como en un espejo la gloria del Señor, su glorioso

amor, y la gloriosa imagen en la que has sido creado, tú eres

transformado de gloria en gloria en la misma imagen, como por

el Espíritu del Señor.57

13. Este arrepentimiento, esta fe, esta paz, gozo, amor,

este cambio de gloria en gloria, es lo que la sabiduría del

mundo ha calificado de locura, de entusiasmo,58 de distracción.

Pero tú, seguidor de Dios, no hagas caso a esto: no seas

movido por ninguna de estas cosas. Tú sabes en quién has

creído. Procura que nadie tome tu premio. Conserva todo

aquello que has alcanzado. Mantente firme, y prosigue el

camino, hasta que hayas alcanzado todas las grandes y

preciosas promesas. Y tú, que aún no conoces al Salvador, no

dejes que otros te hagan sentir avergonzado del evangelio de

Cristo. No te dejes atemorizar por quienes hablan mal de las

cosas de las cuales no saben nada. Dios convertirá pronto tu

tristeza en gozo. No te desesperes, ten un poco de paciencia, y

él te quitará tus temores, y te dará un espíritu recto. Cercano

está el que te salva. ¿Quién es que condenará? Cristo es el que

54 Ro. 5.5.

55 1 Jn. 4.21.

56 Gá. 5.22-23.

57 2 Co. 3.18.

58 Palabra que en tiempos de Wesley se usaba frecuentemente en el sentido de

«fanatismo».

148 Sermón 7

murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a

la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.59

Refúgiate en los brazos del Cordero de Dios, con todos tus

pecados, no importa cuántos sean; porque de esta manera os

será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de

nuestro Señor y Salvador Jesucristo.60

59 Ro. 8.34.

60 2 P. 1.11.