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Sermón 4 - El cristianismo bíblico

Al lector:

No fue mi intención, al escribirla, que la última parte

del siguiente sermón fuese publicada. Sin embargo, las falsas

y groseras descripciones de lo ocurrido que se han publicado

en casi todos los rincones de la nación me obligan a publicarlo

en su totalidad, tal como fue predicado, para que las personas

sensatas juzguen por sí mismas.

Juan Wesley. 20 de octubre de 1744.

Hechos 4:31

Y todos fueron llenos del Espíritu Santo.

1. La frase anterior ocurre también en el capítulo

segundo, donde se lee: «Cuando llegó el día de Pentecostés,

estaban todos unánimes juntos.» (es decir, los apóstoles, las

mujeres, la madre y los hermanos de Jesús). «Y de repente

vino del cielo un estruendo como de un viento recio que

soplaba...y se les aparecieron lenguas repartidas como de

fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos

llenos del Espíritu Santo.»2 Uno de los efectos inmediatos fue:

que comenzaron a hablar en otras lenguas, de modo que los

partos, medos, elamitas y otros extranjeros que se juntaron a

causa del estruendo les oían hablar en sus propias lenguas las

maravillas de Dios.

1 Sermón predicado en Santa María, Oxford, ante la Universidad, el 24 de agosto de

1744.

2 Hch. 2.1-4.

73

7 4 Sermón 4

2. En este capítulo leemos que habiendo estado los

apóstoles y los hermanos orando y alabando a Dios, el lugar

en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del

Espíritu Santo. En esta ocasión no hay ninguna señal visible

semejante a la anterior; ni se nos dice que los dones

extraordinarios del Espíritu Santo fuesen dados a todos o a

algunos de los apóstoles--dones tales como sanidades, el

hacer milagros, profecía, discernimiento de espíritus,

diversos géneros de lenguas o interpretación de lenguas.3

3. Si estos dones del Espíritu Santo han de permanecer

en la Iglesia a través de las edades, y si serán devueltos o no

al aproximarse los tiempos de la restauración de todas las

cosas,4 son asuntos que no es necesario que decidamos. Lo

que sí es necesario observar, sin embargo, es que, aun en la

época en que la iglesia estaba comenzando, Dios repartió estos

dones con mesura. ¿Eran, en esa época, todos profetas?

¿Obraban todos milagros? ¿Tenían todos el don de sanidad?

¿Hablaban todos en diversas lenguas? Ciertamente que no.

Tal vez no había ni uno entre cada mil personas que poseyera

uno de estos dones. Probablemente nadie excepto los maestros

de la iglesia, y aun entre estos sólo algunos poseían los dones.

Fue, por lo tanto, para un fin más excelente que todos fueron

llenos del Espíritu Santo.

4. Fue para darles (lo que nadie puede negar que es

esencial a los cristianos de todas las épocas) el sentir que hubo

también en Cristo Jesús,5 esos santos frutos del Espíritu6 sin

los cuales nadie puede llamarse parte de su pueblo; para

llenarlos de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad;

para llenarlos de fe (lo cual podría también traducirse como

3 1 Co. 12.28-30.

4 Hch. 3.21.

5 Fil. 2.5.

6 Gá. 5.22.

El cristianismo bíblico 75

«fidelidad»), de mansedumbre y templanza; capacitándolos

para crucificar la carne con sus pasiones y deseos;7 y como

consecuencia de este cambio interior, cumplir toda santidad

exterior, para andar como Cristo anduvo en la obra de la fe,

el trabajo del amor y la constancia en la esperanza.8

5. Sin detenernos en especulaciones curiosas e

innecesarias acerca de estos dones extraordinarios del

Espíritu, examinemos detenidamente este fruto ordinario que,

se nos asegura, permanecerá a través de las edades: esa gran

obra de Dios entre los seres humanos que conocemos bajo el

nombre de «cristianismo»; no como una serie de opiniones o

un sistema de doctrinas, sino en lo que se refiere a los

corazones y las vidas humanas. Sería útil considerar este

cristianismo desde tres puntos de vista:

I. En sus comienzos en cada ser humano.

II. En su extensión de una persona a otra.

III. Como algo que se extiende por toda la tierra.

Mi intención es concluir estas observaciones con una

aplicación sencilla y práctica.

I. Consideremos, primero, el cristianismo en sus

comienzos, al empezar a existir entre los seres humanos.

[1.]Supongamos que una de aquellas personas que

oyeron al apóstol Pedro predicar el arrepentimiento y el

perdón de los pecados9 se sintió compungida en su corazón,

se convenció de su pecado, se arrepintió, y creyó en Jesús.

Mediante esa fe en el poder de Dios, la cual es la certeza de

lo que se espera, la convicción de lo que no se ve,10 esa perso-

na recibe inmediatamente el espíritu de adopción, por el cual

7 Gá. 5.22-24.

8 1 Ts. 1.3.

9 Lc. 24.47.

10 He. 11.1.

7 6 Sermón 4

clamamos: «!Abba, Padre»!.11 Entonces puede por primera

vez llamar a Jesús «Señor» por medio del Espíritu Santo,

dando el mismo Espíritu testimonio a nuestro espíritu, de que

es hijo de Dios. Ahora puede decir verdaderamente: lo que

ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el

cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.12

2. Esta es, por tanto, la esencia de la fe para el pecador,

la evidencia13 divina del amor de Dios el Padre, a través del

Hijo de su amor, que ahora le hace acepto en el Amado.

Justificado, pues, por la fe, tiene paz para con Dios.14 Sí, la

paz de Dios gobierna en su corazón; una paz que sobrepasa

todo entendimiento (pánta noun, es decir, toda concepción

puramente racional) guarda su corazón y su mente15 de toda

duda y temor, por medio del conocimiento de aquél en quien

ha creído.16 Por lo tanto, no tiene temor de malas noticias,

porque su corazón está firme, creyendo en el Señor. No tiene

temor de lo que los otros seres humanos puedan hacerle,

porque sabe que hasta los cabellos de su cabeza están

contados. No teme a los poderes de la obscuridad, a los cuales

Jesús holla bajo sus plantas diariamente. Teme el morir menos

que nada; no, esta persona desea partir y estar con Cristo17,

quien destruyó por medio de la muerte al que tenía el imperio

de la muerte, esto es, al diablo, y libró a todos los que por el

temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a

servidumbre.18

11 Ro. 8.15.

12 Gá. 2.20.

13 En el original, esta palabra está en griego: élegjos.

14 Ro. 5.1.

15 Fil. 4.7.

16 2 Ti. 1.12.

17 Fil. 1.23.

18 He. 2.14-15.

El cristianismo bíblico 77

3. Su alma, por tanto, engrandece al Señor y su espíritu

se regocija en Dios su Salvador.19 Se regocija en su Salvador

inefable,20 el Salvador que lo ha reconciliado con Dios, en

quien tenemos redención por su sangre, el perdón de

pecados.21 Se regocija de tener el testimonio del Espíritu en

su espíritu de que es hijo de Dios,22 y se regocija más aún en

la esperanza de la gloria de Dios,23 en la esperanza de la

sublime imagen de Dios, y en la renovación de su alma en la

justicia y santidad de la verdad;24 anticipando la corona de

gloria, esa herencia incorruptible, incontaminada e

inmarcesible.25

4. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros

corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.26 Y por

cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu

de su Hijo el cual clama: «¡Abba, Padre!».27 Ese amor filial

que tiene en su corazón por Dios aumenta constantemente por

causa del testimonio que tiene en sí mismo del amor

perdonador de Dios hacia él, contemplando cuál amor nos ha

dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.28 De

modo que Dios es el deseo de sus ojos, y el gozo de su

corazón; su porción en este momento y en la eternidad.

5. Quien ama a Dios de esta manera no puede sino

amar a su hermano también,29 no sólo de palabra ni de

19 Lc. 1.46-47.

20 1 P. 1.8.

21 Col. 1.14.

22 Ro. 8.16.

23 Ro. 5.2.

24 Ef. 4.23-24.

25 1 P. 1.4.

26 Ro. 5.5.

27 Gá. 4.6.

28 1 Jn. 1.3.

29 1 Jn. 4.21.

7 8 Sermón 4

lengua, sino de hecho y en verdad.30 Esta persona dice: «Si

Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos

unos a otros»;31 ciertamente, a todo ser humano, por cuanto

las misericordias de Dios están sobre todas sus obras. De

acuerdo con todo lo anterior, el afecto de esta persona amante

de Dios incluye a toda la humanidad por amor de su Dios; sin

exceptuar a quienes nunca ha visto en la carne, de quienes sólo

sabe que son linaje de Dios, por quienes su Hijo murió; sin

exceptuar a los malos o ingratos, y menos aún a sus enemigos,

aquéllos que le han maldecido, aborrecido, ultrajado o

perseguido a causa de su Señor. Esas personas tienen un lugar

especial en su corazón y en sus oraciones. El cristiano las ama

como Cristo nos amó a nosotros.

6. El amor no se envanece.32 Humilla hasta el polvo a

las almas en que habita. Por lo tanto, la persona que hemos

venido mencionando es humilde de corazón.33 Se considera a

sí misma pequeña, despreciable y vil. Ni busca ni recibe las

alabanzas de otras personas, sino la que viene de Dios. Es

humilde y sufrida, amable y compasiva con todo el mundo. La

fidelidad y la verdad no le abandonan, sino que están atadas

a su cuello y escritas en la tabla de su corazón.34 Por el mismo

Espíritu es capaz de abstenerse de todo, acallando su alma

como se acalla a un niño. Esta persona ha sido crucificada al

mundo, y el mundo ha sido crucificado para ella35 -superando

así los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la

vanagloria de la vida.36 El mismo amor omnipotente de Dios

30 1 Jn. 3.14.

31 1 Jn. 4.11.

32 1 Co. 13.4.

33 Mt. 11.29.

34 Pr. 3.3.

35 Gá. 6.14.

36 1 Jn. 2.16.

El cristianismo bíblico 79

le salvó tanto de la pasión como del orgullo, de la lujuria como

de la vanidad, de la ambición como de la avaricia, y de toda

disposición contraria a la de Cristo.

7. Es fácil creer que quien tiene este amor en su

corazón no puede hacer mal a su prójimo. Le es imposible

hacerle daño a otro ser humano a sabiendas. Está muy lejos de

la crueldad y del mal, de la injusticia o de la acción depravada.

Con el mismo cuidado, pone guarda a su boca y guarda la

puerta de sus labios,37 por temor a ofender de palabra en

contra de la justicia, la misericordia o la verdad. Ha echado a

un lado toda mentira, falsedad o fraude; ni se halló engaño en

su boca.38 No difama a nadie, ni salen de su boca palabras

duras.

8. Tal persona está convencida de la verdad de la

palabra que dice que «separados de mí nada podéis hacer»39

y, por consiguiente de la necesidad de recibir el riego de Dios

a cada momento;40 por lo cual persevera cada día en las

ordenanzas de Dios, los medios establecidos por Dios para

derramar su gracia a los seres humanos: en la doctrina de los

apóstoles o sea, sus enseñanzas, recibiendo alimento en su

alma con su voluntad bien dispuesta a recibir; en el

partimiento del pan, que esta persona comprende es la

comunión del cuerpo de Cristo; y en las oraciones y alabanzas

que se levantan en la gran congregación.41 Así crece

diariamente en gracia, aumentando en fortaleza, en el

conocimiento y el amor de Dios.

9. Empero el cristiano no se satisface solamente con

abstenerse del mal. Su alma está sedienta de hacer el bien. La

palabra continua en su corazón es: «Mi Padre hasta ahora

37 Sal. 141.3.

38 1 P. 2.22.

39 Jn. 15.5.

40 Is. 27.3.

41 Hch. 2.42-46.

8 0 Sermón 4

trabaja, y yo trabajo.42 Mi Señor anduvo haciendo el bien; ¿y

no voy yo a seguir sus pisadas?» Así que, según tiene

oportunidad, si no puede hacer bienes mayores, alimenta a los

hambrientos, viste a los desnudos, protege a los huérfanos y a

los extranjeros, visita y ayuda a quienes están enfermos o en

prisión.43 Reparte todos sus bienes para dar de comer a los

pobres.44 Se regocija en trabajar o en sufrir por ellos; y en

cualquier circunstancia en que pueda ser de beneficio para

otra persona, está especialmente dispuesto a negarse a sí

mismo. No existe para el cristiano nada tan valioso que no esté

dispuesto a sacrificar por ayudar a los pobres, recordando la

palabra del Señor: «En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis

hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.»45

10. Así era el cristianismo en sus comienzos. Así era

el cristiano en días antiguos. Así eran todos aquellos que,

habiendo escuchado las amenazas de los principales sacerdo-

tes y los ancianos, alzaron unánimes la voz a Dios,.....y todos

fueron llenos del Espíritu Santo....Y la multitud de los que

habían creído era de un corazón y un alma (pues de tal

manera el amor de aquél en que habían creído los movía a

amarse mutuamente). Y ninguno decía ser suyo propio nada

de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en

común.46 Tan profundamente los cristianos habían crucificado

al mundo y el mundo había sido crucificado para ellos. Y

perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión

unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

Y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había

entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían

42 Jn. 5.17.

43 Mt. 25.35-39.

44 1 Co. 13.3.

45 Mt. 25.40.

46 Hch. 4.23-24.

El cristianismo bíblico 81

heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo

vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía

a cada uno según su necesidad.47

II. 1. Echemos una mirada, en segundo lugar, a la

propagación de este cristianismo de una persona a otra, y

cómo va extendiéndose por toda la tierra. Esta fue la voluntad

de Dios desde el principio, quien no enciende una luz para

ponerla debajo de un almud, sino sobre el candelero para que

alumbre a todos los que están en casa. Esto fue lo que había

declarado Jesús a sus primeros discípulos: «Vosotros sois la

sal de la tierra, .... la luz del mundo», a la misma vez que les

daba aquel mandamiento general: «Así alumbre vuestra luz

delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras,

y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.»48

2. Y si suponemos que algunas de estas personas

amantes del género humano ven al mundo entero sumergido

en la maldad, ¿podríamos creer que serían indiferentes ante la

visión de la miseria de aquéllos por quienes su Señor murió?

¿No se conmoverían sus entrañas por ellos, y sus corazones a

causa de tanto mal? ¿Podrían permanecer ociosas todo el día,

aun si no hubieran recibido ningún mandamiento de aquél a

quien aman? ¿No se esforzarían, usando todos los medios en

su poder, para arrebatar algunos de estos tizones del fuego?49

Sin duda alguna que lo harían así. No escatimarían esfuerzos

para traer a cualquiera de estas pobres ovejas que se han extra-

viado, para volverlas al gran Pastor y Obispo de sus almas.50

3. Así se comportaban los cristianos antiguos.

Trabajaban, siempre que tenían la oportunidad, haciendo bien

47 Hch. 2.1,42; 4.31-35.

48 Mt. 5.13-14.

49 Hay aquí una alusión autobiográfica, pues Wesley se consideraba a sí mismo un

«tizón arrancado del fuego» desde que, en 1709, fue rescatado de un incendio en su

hogar.

50 1 P. 2.25.

8 2 Sermón 4

a otros, advirtiéndoles que huyeran de la ira venidera; que

escaparan de la condenación del infierno. Proclamaban:

«Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta

ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar,

que se arrepientan».51 Clamaban en voz alta: «Volveos,

volveos de vuestros malos caminos»;52 «y no os será la

iniquidad causa de ruina».53 Los cristianos discutían con los

demás acerca del dominio propio y de la rectitud o justicia,

acerca de las virtudes opuestas a los pecados que los

dominaban, y acerca del juicio venidero, de la ira de Dios que

sin duda vendrá sobre los obradores de maldad en aquel día

en que Dios juzgará a toda la humanidad.

4. Procuraban hablarle a cada persona según su

necesidad. Ante las personas descuidadas, que no se

preocupaban por su obscuridad y sombra de muerte, tronaban:

«Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te

alumbrará Cristo.»54 Pero para aquellas personas que ya

estaban despiertas, y padeciendo bajo la conciencia de la ira

de Dios, sus palabras eran: «Abogado tenemos para con el

Padre,.....él es la propiciación por nuestros pecados.»55

Mientras tanto, a quienes habían creído, les exhortaban al

amor y a las buenas obras; a perseverar en el bien hacer; y a

abundar más y más en aquella santidad sin la cual nadie verá

al Señor.56

5. Y su trabajo en el Señor no fue en vano. Su palabra

se diseminó y fue glorificada. Creció y prevaleció.57 Por otra

51 Hch. 17.30.

52 Ez. 33.11.

53 Ez. 18.30.

54 Ef. 5.14.

55 1 Jn. 2.1-2.

56 He. 12.14.

57 Hch. 19.20.

El cristianismo bíblico 83

parte, las ofensas prevalecieron también. El mundo en general

se sintió ofendido, porque los cristianos testificaban de que las

obras del mundo eran malas. Quienes vivían para complacerse

a sí mismos se sintieron ofendidos, no sólo porque estos

cristianos les criticaban sus pensamientos («Dice que conoce

a Dios,» dicen, «y se llama a sí mismo hijo del Señor....su vida

es distinta a la de los demás, y su proceder es diferente.... se

aparta de nuestra compañía como sí fuéramos impuros....se

siente orgulloso de tener a Dios por Padre.»)58 sino más aún

porque muchos de sus compañeros les fueron arrebatados y ya

no corrían con ellos con el mismo desenfreno de disolución.59

Quienes eran personas de reputación se sintieron ofendidas

porque, a medida que se extendía el evangelio, bajaban en

estima a los ojos de los demás; y porque muchos dejaron de

adularlos con títulos y de darles el honor que sólo Dios

merece. Los comerciantes se reunieron y dijeron: «Varones,

sabéis que de este oficio obtenemos nuestra riqueza; pero veis

y oís que [estos han] apartado a muchas gentes con

persuasión...hay peligro de que este nuestro negocio venga a

desacreditarse». Sobre todo, las llamadas personas religiosas,

las de religión externa, los santos de este mundo,60 se sintieron

ofendidas y listas en todo momento para clamar: «¡Varones

israelitas, ayudad! Porque hemos hallado que esos hombres

son una plaga, y promotores de sediciones por todo el mundo.

Estos son los hombres que por todas partes enseñan a todos

contra el pueblo y contra la ley.»61

6. Fue así que los cielos se obscurecieron con nubes, y

la tormenta comenzó. Mientras más se extendía el cristianis-

58 Sabiduría, 2.13-16.

59 1 P. 4.4.

60 Frase que Wesley tomó prestada del reformador español Juan de Valdés. Véase su

carta a su padre del 10 de diciembre de 1734.

61 Hch. 21.28 y 24.5.

8 4 Sermón 4

mo, más daño se hacía, a la vista de aquéllos que no lo recibi-

eron; y creció el número de aquéllos que se enojaron más y

más contra «estos que trastornan el mundo entero»;62 por lo

cual gritaban una y otra vez: «Quiten de la tierra a tales hom-

bres, porque no conviene que vivan».63 Y creían firmemente

que quienes los mataran estarían rindiendo un servicio a

Dios.64

7. Mientras tanto no dejaban de desechar su nombre

como malo;65 por lo cual se hablaba contra esta secta en todas

partes.66 La humanidad hablaba toda clase de mal contra ellos,

tal como hacía con los profetas que habían vivido antes que

ellos.67 Y todo lo que alguno afirmaba, los demás lo creían;

por lo cual las ofensas crecían en número como las estrellas

de los cielos. De esa forma, en el tiempo ordenado por el

Padre, surgió la persecución por todas partes. Algunos

sufrieron, durante un tiempo, la vergüenza y el reproche;

algunos, el despojo de sus bienes; algunos experimentaron

vituperios y azotes; algunos prisiones y cárceles;68 y otros

resistieron hasta la sangre.69

8. Fue entonces que las columnas del infierno se

estremecieron y que el reino de Dios se extendió más y más.

Los pecadores en todas partes se convertían de las tinieblas a

la luz, y de la potestad de Satanás a Dios.70 Dios les dio a sus

hijos palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni

contradecir todos los que se opongan.71 Y sus vidas tenían

62 Hch. 17.6.

63 Hch. 22.22.

64 Jn. 16.2.

65 Lc. 6.22.

66 Hch. 28.22.

67 Mt. 5.11-12.

68 He. 11.36.

69 He. 12.4.

70 Hch. 26.18.

71 Lc. 21.15.

El cristianismo bíblico 85

tanta autoridad como sus palabras. Sobre todo, sus

sufrimientos daban testimonio al mundo entero. Fueron

aprobados como siervos de Dios en tribulaciones, en

necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en

tumultos, en trabajos; en peligros en el mar, peligros en el

desierto; en trabajo y fatiga, en hambre y sed, en frío y en

desnudez.72 Y después de haber peleado la buena batalla,

haber sido llevados como ovejas al matadero, y haberse

ofrecido en libación en el sacrificio y el servicio de su fe, su

sangre clamaba a una voz; por lo cual los paganos pudieron

decir que hasta muertos, su sangre aún hablaba.

9. Así se extendió el cristianismo por el mundo. ¡Mas

cuán rápidamente apareció la cizaña entre el trigo! ¡Cuán

pronto el misterio de la iniquidad se manifestó junto al

misterio de la justicia!73 ¡Cuán rápidamente encontró Satanás

un asiento en el templo de Dios! Hasta que la mujer huyó al

desierto,74 y los creyentes desaparecieron de entre los hijos de

los hombres. Aquí estamos siguiendo un camino muy trillado:

la siempre creciente corrupción de las generaciones sucesivas

ha sido descrita abundantemente de tiempo en tiempo, por

aquellos testigos que Dios levantó, para mostrar que había

construido su Iglesia sobre la roca, y que las puertas del

Hades no prevalecerán contra ella.75

III. 1. Y ¿no veremos cosas aun más asombrosas que

éstas, y aun más admirables que las que han sido desde la fun-

dación del mundo? ¿Puede Satanás hacer que falle la verdad

de Dios? ¿Puede hacer que las promesas de Dios no tengan

cumplimiento? Si no puede, llegará el día en que el cristianis-

mo prevalecerá y cubrirá la tierra. Detengámonos por un mo-

72 2 Co. 6.4-5; 11.26-27.

73 2 Ts. 2.7; 1 Ti. 3.16.

74 Ap. 12.6.

75 Mt. 16.18.

8 6 Sermón 4

mento, y examinemos (el tercer punto prometido) esta visión

extraña: la de un mundo cristiano. Los profetas antiguos inqui-

rieron y buscaron diligentemente acerca de esta salvación, el

Espíritu que estaba en ellos les daba testimonio:76 «Aconte-

cerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el

monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será

exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones

... y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en

hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se

adiestrarán más para la guerra.»77 «Acontecerá en aquel

tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a

los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será

gloriosa. Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová

alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su

pueblo. ... Y levantará pendón a las naciones, y juntará los

desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los

cuatro confines de la tierra.»78 «Morará el lobo con el

cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro

y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los

pastoreará. ... No harán mal ni dañarán en todo mi santo

monte; porque la tierra será llena del conocimiento de

Jehová, como las aguas cubren el mar.»79

2. Las palabras del gran Apóstol tienen el mismo

significado, las cuales es evidente que no se han cumplido:

«¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. ...

Pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles ... y

[si] su defección es la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su

plena restauración? ... Porque no quiero, hermanos, que

ignoréis este misterio, ... que ha acontecido a Israel

76 1 P. 1.10-11.

77 Is. 2.2,4.

78 Is. 11.10-12.

79 Is. 11.6,9.

El cristianismo bíblico 87

endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud

de los gentiles; y luego todo Israel será salvo.»80

3. Supongamos ahora que el tiempo ha llegado y que

las profecías se han cumplido. ¡Qué espectáculo tan sublime!

Todo es paz, reposo y seguridad para siempre.81 No se

escucha el estruendo de las armas, ni confusión de voces, ni

se ven mantos revolcados en sangre.82 La destrucción ha

terminado: las guerras han cesado en la tierra. No hay ninguna

guerra interna: ningún hermano se levanta contra su hermano;

ni hay nación o ciudad divida contra sí misma, destrozándose

interiormente. La discordia civil ha concluido para siempre, y

no queda nadie para destruir o herir a su prójimo. No hay

opresión que haga entontecer al sabio;83 ni extorsión que

muela a los pobres;84 ni robos ni hurtos; ni rapiña ni

injusticias; porque todo el mundo está satisfecho con las cosas

que ahora posee. Así que la justicia y la paz se besaron;85 han

echado raíces y llenado la tierra; la justicia florece en la tierra,

y la paz mira desde el cielo.86

4. Y junto a la santidad y la justicia, se encuentra

también la misericordia. La tierra ya no está llena de

habitaciones de molestia.87 El Señor ha destruido a los

sanguinarios, a los que están llenos de malicia, a los

envidiosos y vengativos. Si hay provocación alguna,

no hay quien sepa devolver mal por mal; de hecho, no

hay nadie que haga el mal, ni siquiera uno. Todas

80 Ro. 11.1,11-12,25-26.

81 Is. 32.17.

82 Is. 32.17.

83 Ec. 7.7.

84 Is. 3.15.

85 Sal. 85.10.

86 Sal. 80.14.

87 Sal. 74.21.

8 8 Sermón 4

las personas se han vuelto mansas como palomas,88 y se han

llenado de paz y gozo en el creer,89 unidos en un solo cuerpo,

por un Espíritu, se aman fraternalmente. Todos son de un

corazón y un alma; y ninguno dice ser suyo propio nada de lo

que posee.90 No hay entre ellos quien tenga necesidad; porque

cada persona ama a su prójimo como a sí misma. Y todos

siguen una misma regla: «todas las cosas que queráis que los

hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con

ellos.»91

5. De lo anterior se desprende que ninguna palabra

cruel se escucha entre ellos--ni contención de lenguas, ni de

ninguna otra clase, ni murmuración, ni difamación--sino que

cada cual abre su boca con sabiduría, y la clemencia está en

su lengua.92 Son igualmente incapaces de cometer fraude o

engaño. Su amor es sin fingimiento. Sus palabras son siempre

expresión justa de sus pensamientos, que abren una ventana a

sus pechos, de modo que cualquiera que lo desee puede mirar

en sus corazones y ver que en ellos sólo hay amor y Dios.

6. Así que cuando el Señor Dios omnipotente toma su

poder y reina,93 y sujeta a sí mismo todas las cosas,94 Dios

hace que todo corazón rebose de amor, y que toda boca se

llene de alabanza. Bienaventurado el pueblo que tiene esto;

Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.95 «Levántate»

(dice el Señor) «resplandece; porque ha venido tu luz, y la

gloria de Jehová ha nacido sobre ti ... y conocerás que yo

88 Mt. 10.16.

89 Ro. 15.13.

90 Hch. 4.32.

91 Mt. 4.32.

92 Pr. 31.26.

93 Ap. 19.6.

94 Fil. 3.21.

95 Sal. 144.5.

El cristianismo bíblico 89

Jehová soy el Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de

Jacob ... y pondré paz por tu tributo, y justicia por tus

opresores. Nunca más se oirá en tu tierra violencia,

destrucción ni quebrantamiento en tu territorio, sino que a tus

muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza. ... Y tu

pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la

tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para

glorificarme.»96 «El sol nunca más te servirá de luz para el

día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Jehová

te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu gloria.»97

IV. Habiendo considerado el cristianismo en sus

comienzos, en su desarrollo y en su extensión por toda la

tierra, sólo me queda concluir este asunto con una sencilla

aplicación práctica.

1. Primeramente quisiera preguntar: ¿Dónde existe

esta clase de cristianismo? ¿Dónde viven los cristianos? ¿Qué

país es ése cuyos habitantes están todos llenos del Espíritu

Santo, son todos de un corazón y un alma98? ¿Dónde no se

permite que ninguna persona entre ellas carezca de nada, sino

que constantemente se reparte a cada uno según su

necesidad?99 ¿Un lugar en donde todos y cada uno tienen el

amor de Dios llenando sus corazones, y moviéndolos a

amar a sus prójimos como a sí mismos? ¿Dónde están

llenos de entrañable misericordia, de benignidad, de

humildad, de mansedumbre, de paciencia100? ¿Quiénes

no ofenden en ninguna forma, ni en palabra ni en

hecho, en contra de la justicia, la misericordia y la verdad,

sino que en todo tratan a las demás personas como

ellas quisieran ser tratadas? ¿Podemos llamar cristiana con

96 Is. 60.1,16-18,21.

97 Is. 60.19.

98 Hch. 4.32.

99 Hch. 4.35.

100 Col. 3.12.

9 0 Sermón 4

propiedad a alguna nación que no responda a dicha

descripción? Entonces, confesemos que no hemos visto hasta

la fecha a ninguna nación cristiana sobre la tierra.

2. Os ruego, hermanos, por las misericordias de Dios,

aunque me consideren loco o tonto, que me escuchen todavía

un poco más, con paciencia. Es necesario que alguien les

hable con claridad. Es particularmente necesario en este

tiempo; porque, ¿quién sabe si será el último? ¿Quién sabe

cuán pronto el juez justo dirá: «No voy a sufrir más a este

pueblo»?101 De modo que si aun Noé, Daniel y Job estuvieran

en la tierra, ellos apenas salvarían sus propias almas. ¿Quién

les hablará con esta franqueza si yo no lo hago? Por lo tanto,

me he decidido y hablaré. Y les insto, por el Dios viviente,

que no se opongan a recibir una bendición de mi mano. No

digan en sus corazones: «Non persuadebis, etiamsi

persuaseris» (No me has persuadido, aunque has sido muy

persuasivo); o, en otras palabras, «Señor, no recibiré nada por

medio del que has enviado. ¡Permíteme mejor perecer en mi

sangre que ser salvado por medio de este hombre!»

3. Hermanos, aunque hablo así, estoy persuadido de

cosas mejores102 en cuanto a ustedes. Permítanme preguntar-

les, entonces, con amor tierno, y en espíritu de humildad: ¿Es

ésta una ciudad cristiana? ¿Se encuentra aquí el cristianismo

según las Sagradas Escrituras? ¿Estamos nosotros, como

comunidad, tan llenos del Espíritu Santo como para disfrutar

en nuestros corazones, y mostrar en nuestras vidas los frutos

genuinos del Espíritu? ¿Son todos los dignatarios, los jefes y

directores de colegios e instituciones, y sus respectivas

sociedades (sin hablar de los habitantes del pueblo), de un

corazón y un alma? ¿Ha sido el amor de Dios derramado en

101 Ex. 8.8,9,29-31; Jer. 7.16.

102 He. 6.9.

El cristianismo bíblico 91

nuestros corazones?103 ¿Tenemos el mismo sentir que él

tenía? ¿Y están nuestras vidas en conformidad con ello?

¿Somos santos en nuestra manera de hablar, así como aquél

que nos llamó es santo?104

4. Espero que tomen ustedes en consideración que no

se trata aquí de asuntos extraños; que la cuestión aquí no tiene

que ver con opiniones dudosas de un tipo o de otro; sino que

se trata de las consecuencias fundamentales e indiscutibles de

nuestro cristianismo común. Para su decisión, apelo a sus

propias conciencias, guiadas por la Palabra de Dios. Quien no

se sienta condenado por su propio corazón, que vaya en paz.

5. Entonces, en el temor y ante la presencia del gran

Dios ante quien todos hemos de comparecer, pido a quienes

tienen autoridad sobre nosotros, a quienes respeto por razón

de su dignidad, que consideren (y no a la manera de hipócritas

delante de Dios): ¿Están llenos del Espíritu Santo? ¿Son

ustedes representantes dignos de aquél a quien están llamados

a representar entre los seres humanos? «Yo dije: Vosotros sois

dioses».105 ¡Ustedes los magistrados y autoridades son, por

razón de su dignidad, aliados del Dios del cielo! En sus

respectivos puestos y empleos están llamados a mostrarnos al

Señor nuestro gobernante. ¿Son todos los pensamientos de sus

corazones, todos sus anhelos y deseos, dignos de su llamado?

¿Son todas sus palabras como aquéllas que vienen de la boca

de Dios? ¿Hay dignidad y amor en todas sus acciones? ¿Hay

esa grandeza que las palabras no pueden expresar, que sólo

puede emanar de un corazón lleno de Dios--y que, a la vez, es

consistente con el carácter del ser humano que es un gusano,

y con el hijo de hombre, también gusano?106

103 Ro. 5.5.

104 1 P. 1.15.

105 Sal. 82.6.

106 Job 25.6.

9 2 Sermón 4

6. Ustedes, hombres venerables que han sido

especialmente llamados a formar las mentes tiernas de la

juventud, a disipar las tinieblas de la ignorancia y del error, y

a enseñarles a ser sabios para salvación, ¿están llenos del

Espíritu Santo? ¿Están llenos de todos esos frutos del

Espíritu107 que requiere el desempeño de sus funciones?

¿Están sus corazones consagrados a Dios? ¿Están llenos de

amor y de celo por establecer su reino en este mundo? ¿Les

recuerdan a aquellos que tienen bajo su cuidado que el fin

razonable de todos sus estudios es el conocer, amar y servir al

único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Dios ha

enviado?108 ¿Les inculcan día a día ese amor que es lo único

que no perece? Porque cesarán las lenguas, y la ciencia

filosófica acabará,109 y sin amor todo conocimiento es sólo

una espléndida ignorancia, vana pompa, aflicción de espíritu.

¿Hay en todo lo que enseñan una tendencia al amor a Dios y

a toda la humanidad por amor de su nombre? ¿Piensan en esto

en relación al tipo, modo y medida de los estudios que les

prescriben; deseando y trabajando para que dondequiera que

les toque ir a estos jóvenes soldados de Cristo puedan ser

antorchas que ardan y alumbren, honrando en todo el

evangelio de Cristo? Y permítanme preguntarles: ¿desem-

peñan con todas sus fuerzas el gran trabajo que han

emprendido? ¿Ejercitan, en el cumplimiento de sus deberes,

todas las facultades de su alma, usando todo el talento que

Dios les ha dado, al máximo de sus fuerzas?

7. No quiero que se diga que estoy hablando aquí como

si todos los que están a su cargo tuvieran intención de

dedicarse al ministerio. De ninguna manera: hablo desde el

punto de vista que todos deben ser cristianos. ¿Pero qué

107 Gá. 5.22.

108 Jn. 17.3.

109 1 Co. 13.8.

El cristianismo bíblico 93

ejemplo les estamos dando nosotros los que gozamos de la

beneficencia de nuestros antepasados, los que somos

estudiantes, tutores o eruditos, en especial los que tenemos

cierto rango y eminencia? ¿Abundan ustedes en los frutos del

Espíritu, en humildad, abnegación, mortificación, seriedad y

compostura de espíritu, en paciencia, sobriedad y templanza,

y se esfuerzan, por otra parte, en hacer el bien a todos los seres

humanos, en aliviar las necesidades externas y en encaminar

las almas al verdadero conocimiento y amor de Dios? ¿Es éste

el carácter de la mayoría de los estudiantes en los colegios?

Me temo que no lo sea. Por el contrario, ¿no nos echan en cara

nuestros enemigos, y quizás con buenas razones, que el

orgullo y la soberbia de espíritu, la impaciencia y la inquietud,

la morosidad y la indolencia, la gula y la sensualidad, y aun

una proverbial inutilidad, prevalecen entre nosotros? ¡Ojalá

Dios borrara de nosotros este reproche; de modo que aun su

memoria pereciera para siempre!

8. Muchos de nosotros estamos más directamente

consagrados a Dios, llamados a trabajar en las cosas

sagradas.110 ¿Somos, entonces, modelos para los demás en

palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza?111 ¿Está escri-

to en nuestra frente y en nuestro corazón: «Santidad al Se-

ñor»?112 ¿Qué motivos nos impulsaron a entrar al santo mi-

nisterio? ¿Fue verdaderamente con el solo propósito «de ser-

vir a Dios, confiando en que fuimos verdaderamente movidos

por el Espíritu Santo para tomar sobre nosotros este cargo y

ministerio, con el fin de promover su gloria y para la edifi-

cación de su pueblo»? ¿Estamos «decididos a entregarnos por

completo y con el auxilio de Dios a este santo oficio? ¿He-

mos abandonado, hasta donde ha sido posible, los cuidados

110 1 Co. 9.13.

111 1 Ti. 4.12.

112 Ex. 28.36.

9 4 Sermón 4

y estudios mundanos? ¿Nos hemos dedicado exclusivamente

a este bendito trabajo, subordinando a él todos nuestros

esfuerzos y estudios»?113 ¿Somos aptos para enseñar?114

¿Recibimos nuestra enseñanza de Dios a fin de poder enseñar

a otras personas? ¿Conocemos a Dios? ¿Conocemos a

Jesucristo? ¿Ha revelado Dios a su Hijo en nosotros?115 ¿Nos

ha hecho ministros competentes del Nuevo Pacto?116 ¿Dónde

está entonces el sello de nuestro apostolado?117 ¿Qué

personas muertas en sus pecados y maldades118 han

resucitado por nuestra palabra? ¿Tenemos celo ardiente de

salvar a las almas de la muerte, de modo que nos olvidamos

hasta de comer? ¿Hablamos claramente por la manifestación

de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana

delante de Dios?119 ¿Estamos muertos al mundo y a las cosas

del mundo, haciendo tesoros en el cielo?120 ¿Nos enseño-

reamos sobre la grey del Señor, o somos los últimos, los

siervos de todos? ¿Se nos hace pesado sufrir reproches por

Cristo, o nos regocijamos con ello? ¿Cuando nos golpean en

una mejilla, nos sentimos resentidos? ¿Nos impacientamos

con las afrentas? ¿O volvemos la otra mejilla; sin dejarnos

vencer por el malo, sino venciendo con el bien el mal?121

¿Tenemos un celo fanático que nos hace aborrecer a los que

no piensan como nosotros, o estamos inflamados de un amor

que nos hace hablar con mansedumbre, humildad y sabiduría?

113 Estas oraciones aluden a los servicios de ordenación para diáconos y para

presbíteros en el Libro de Oración Común.

114 2 Ti. 2.24.

115 Gá. 1.16.

116 2 Co. 3.6.

117 1 Co. 9.2.

118 Ef. 2.1.

119 2 Co. 4.2.

120 Mt. 6.20.

121 Ro. 12.21.

El cristianismo bíblico 95

9. Una vez más: ¿qué diremos respecto a la juventud

en este lugar? ¿Tienen la forma o el poder de la santidad

cristiana? ¿Son ustedes dóciles, humildes, dispuestos a recibir

consejo; o son tercos, voluntariosos, sabelotodos y soberbios?

¿Son obedientes a sus superiores tanto como a sus padres; o

desprecian a aquéllos a quienes deben la más profunda

reverencia? ¿Son diligentes en su fácil trabajo, prosiguiendo

sus estudios con toda fidelidad? ¿Redimen ustedes el tiempo,

haciendo durante el día todo el trabajo que puedan? ¿O están

conscientes de que están malgastando cada día, ya sea en leer

lo que no tiene nada de cristiano, o en jugar, o en quién sabe

que otra cosa? ¿Son mejores administradores de su fortuna

que de su tiempo? ¿Procuran ustedes, por principio, no deber

nada a nadie? ¿Recuerdan el día de descanso para santificarlo;

para pasar tiempo en la adoración a Dios? Cuando están en su

casa, ¿consideran que Dios está allí? ¿Se comportan como

quien ve al Invisible? ¿Saben cómo guardar sus cuerpos con

santificación y dignidad? ¿No se encuentran entre ustedes la

borrachera y la corrupción? ¿No hay entre ustedes quienes se

gloríen en lo que debe ser su vergüenza? ¿No toman muchos

de ustedes el nombre de Dios en vano; quizás ya por hábito,

sin remordimiento ni temor? ¿No son muchos de ustedes

perjuros? Me temo que su número cada vez se acrecienta más.

No se sorprendan, hermanos: ante Dios y ante esta

congregación confieso que he estado entre su número, jurando

solemnemente observar muchas cosas que entonces no

comprendía, y aquellos estatutos que ni siquiera había leído

en ese momento ni muchos años después. ¿Qué es esto sino

perjurio? Pero si lo es, ¡qué gran pecado, pecado poco común,

pesa sobre nosotros! ¿Y no verá todo esto el Señor?

10. ¿No será una de las consecuencias de esto el que

ésta sea una generación frívola; frívola con respecto a Dios,

en las relaciones unos con los otros, y en relación con sus

propias almas? Porque, ¿cuántos entre ustedes dedican, de una

9 6 Sermón 4

semana a otra, una sola hora a la oración privada? ¿Cuántos

piensan en Dios en sus conversaciones? ¿Quién de ustedes

conoce la obra del Espíritu, su obra en los corazones

humanos? ¿Pueden soportar, siempre que sea sólo de vez en

cuando en la iglesia, alguna plática sobre el Espíritu Santo?

¿No darían ustedes por sentado, si alguien comenzara este tipo

de conversación, que debe tratarse de un «hipócrita» o de un

«entusiasta»? En el nombre de nuestro Señor todopoderoso

les pregunto: ¿Qué clase de religión es la suya? No quieren ni

pueden siquiera soportar que se les hable del cristianismo.

¡Oh, mis hermanos! ¿Qué ciudad cristiana es ésta? ¡Tiempo es

de actuar, oh Señor!122

11. Porque, a la verdad, ¿qué probabilidad, o, mejor

dicho, qué posibilidad, humanamente hablando, hay de que

vuelva a este lugar el verdadero cristianismo, el que se rige

según las Sagradas Escrituras? ¿Qué posibilidad de que toda

clase de personas que moran entre nosotros pueda hablar y

vivir como personas llenas del Espíritu Santo? ¿Quién debe

restaurar este cristianismo? ¿Aquéllos que tienen autoridad?

¿Están ustedes convencidos, entonces, de que éste es el cris-

tianismo según las Escrituras? ¿Desean que sea restablecido?

¿Están dispuestos a perder su libertad, su fortuna, y aun la

vida, lo que más precian, con tal de ser instrumentos de la

restauración de este cristianismo? Supongamos que tienen

este deseo, ¿quién tiene un poder en proporción a la tarea?

Quizás alguno de ustedes ha hecho algún esfuerzo débil, pero

sin mayor éxito. Entonces, ¿debe ser restaurado este cris-

tianismo por personas jóvenes, desconocidas, de poca impor-

tancia? No sé si ustedes están dispuestos a soportarlo. Algunos

de ustedes dirán: «Joven, al decir esto nos haces un reproche.»

Mas no hay peligro de que tal cosa ocurra, de tal forma

está la nación llena de iniquidad. ¿Qué debe enviar Dios?

122 Sal. 119.126.

El cristianismo bíblico 97

¿Hambre, pestilencia (los últimos mensajeros de Dios a una

tierra rebelde) o espada? ¿Enviará el ejército de extranjeros

romanistas a reformarnos y volvernos al primer amor?

Caigamos mejor en la mano de Dios antes que caer en la mano

de otros seres humanos.123

Señor, sálvanos, que perecemos. ¡Sácanos del

pantano, que nos hundimos! ¡Defiéndenos de estos enemigos!

Porque vana es la ayuda humana. Para ti todo es posible.

Conforme a la grandeza de tu poder, preserva a aquéllos que

han de morir. Y defiéndenos según te plazca. ¡Mas no

conforme a nuestra voluntad sino a la tuya!

123 Alude a 2 S. 24.14.