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Sermón 3 - Despiértate, tú que duermes

Sermón de Carlos Wesley1

Efesios 5:14

Despiértate, tú que duermes, levántate de los muertos,

y te alumbrará Cristo.

Al discurrir sobre estas palabras trataré en primer lugar,

con el favor divino, de describir estos durmientes a quienes se

dirigen. Luego trataré de reforzar la exhortación: «Despiértate,

tú que duermes, y levántate de los muertos». Por último, trataré

de explicar la promesa hecha a los que se despiertan y levantan:

«Y te alumbrará Cristo».

I.1. En primer lugar, hablemos de los durmientes a

quienes se refiere el texto. Con la palabra «sueño» se indica aquí

el estado natural del ser humano: ese sueño profundo del alma

en el cual el pecado de Adán ha sumido a cuantos descienden

de él; ese descuido, indolencia, estupidez e insensibilidad en

que todo ser humano viene a este mundo, y en que permanece

hasta que la voz de Dios le despierte.

2. Recordemos que los que duermen, de noche

duermen.2 El estado natural es esa condición de completa

oscuridad, en que las tinieblas cubren la tierra, y oscuridad las

naciones.3 El pobre pecador que duerme todavía, por mucho

que sepa de otras cosas, no se conoce a sí mismo. En este sen-

tido, él todavía no sabe nada como debe saber.4 Ignora qué es

1 Predicado el domingo 4 de abril de 1742 ante la Universidad de Oxford.

2 1 Ts. 5.7.

3 Is. 60.2.

4 1 Co. 8.2.

53

54 Sermón 3

un espíritu caído, cuyo fin exclusivo en este mundo es

recuperarse de su caída y recuperar la imagen de Dios en que

fue creado. No siente necesidad alguna de la sola cosa que es

necesaria:5 ese cambio interno y radical, ese nacer de lo alto,6

figurado en el bautismo, que es el principio de la renovación

total, de la santificación del espíritu, alma y cuerpo, sin la cual

nadie verá al Señor.7

3. Plagado de enfermedades como está, se imagina estar

en perfecta salud. Atado en férrea miseria, sueña que es libre y

feliz. Dice, «paz, paz»,8 al tiempo que el diablo, como hombre

fuerte armado,9 es dueño de su alma. Continúa durmiendo y

descansando aunque que el infierno se mueve por debajo para

atraparle, y aunque el abismo del cual no hay retorno abre la

boca para tragarle. Hay fuego encendido en derredor suyo, y no

lo sabe. El fuego le quema, y no se cuida de ello.

4. ¡Quiera Dios que podamos entenderlo! Quien

«duerme» es el pecador satisfecho en su pecado, contento de

permanecer en su condición, de vivir y morir sin la imagen de

Dios. Duerme quien no conoce ni su enfermedad ni el remedio.

Quien nunca ha sido advertido, o no ha escuchado la

advertencia de Dios de huir de la ira venidera.10 Quien no se ha

percatado que está en peligro del fuego infernal, ni ha clamado

con toda la ansiedad del alma: ¿Qué debo hacer para ser

salvo?11

5 Lc. 10.42.

6 Jn. 3.3.

7 He. 12.14.

8 Jer. 6.14; 8.11.

9 Lc. 11.21.

10 Mt. 3.7.

11 Hch. 16.30.

Despiértate, tú que duermes 55

5. Si el que duerme no es abiertamente malvado, su

sueño es por lo general más profundo. Puede adoptar el carácter

de los de Laodicea, ni frío ni caliente,12 profesando la religión

de sus antepasados de manera tranquila, racional y amable. O

puede ser celoso y ortodoxo, y conforme a la más estricta secta

de nuestra religión, vivir fariseo13 --es decir, puede justificarse

a sí mismo, como dicen las Escrituras, procurando establecer

su propia justicia14 como la base para ser aceptado por Dios.

6. Duerme quien tiene apariencia de piedad, pero niega

la eficacia de ella.15 Y hasta probablemente envilece la piedad

dondequiera que la encuentra, como si fuera una extravagancia

o una ilusión. Este desgraciado que se engaña a sí mismo da

gracias a Dios porque no es como los otros hombres, ladrones,

injustos, adúlteros. No, a nadie le hace mal. Ayuna dos veces a

la semana. Usa de todos los medios de gracia. Asiste

frecuentemente a la iglesia y los sacramentos. Da diezmos de

todo lo que posee.16 Hace todo el bien que puede. En cuanto a

la justicia que es en la ley, es irreprensible.17 Nada le falta de

la piedad, sino la eficacia. Nada le falta de la religión, sino el

espíritu. Nada le falta del cristianismo, sino la verdad y la vida.

7. Pero sepan bien que, por mucha estima de que tal

cristiano goce, es una abominación ante los ojos de Dios. Es

heredero de todos los males que el Hijo de Dios anuncia ayer,

hoy y para siempre, contra los escribas y fariseos, hipócritas.18

12 Ap. 3.15.

13 Hch. 26.5.

14 Ro. 10.3.

15 2 Ti. 3.5.

16 Lc. 18.11-12.

17 Fil. 3.6.

18 Mt. 23.13.

56 Sermón 3

Limpia lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro está

lleno de robo y de injusticia.19 Cosa pestilencial se ha

apoderado de él,20 porque sus entrañas son maldad.21 Nuestro

Señor le compara justamente con sepulcros pintados, que por

fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están

llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.22

Ciertamente, lo huesos ya no están secos. La carne subió, y la

piel cubrió por encima de ellos; pero no hay en ellos espíritu.23

No tienen el Espíritu del Dios viviente. Y si alguno no tiene el

Espíritu de Cristo, no es de él.24 Vosotros sois de Cristo,25 si es

que el Espíritu de Dios mora en vosotros.26 Pero si no es así,

Dios mismo sabe que sigues estando muerto, hasta ahora

mismo.

8. Otra característica de quien duerme es que habita en

la muerte, y no lo sabe. Está muerto para con Dios. Muerto en

sus delitos y pecados.27 Porque el ocuparse de la carne es

muerte.28 Como está escrito: como el pecado entró en el

mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la

muerte pasó a todos los hombres.29 Y no sólo la muerte

temporal, sino también la espiritual y eterna. El día que de él

comieres, le dijo Dios a Adán, ciertamente morirás.30 Esto no

19 Mt. 23.35.

2 0 Sal. 41.8.

21 Sal. 5.9.

22 Mt. 23.27. Wesley dice «pintados» en lugar de «blanqueados», porque así decían

varias de las traducciones inglesas de entonces.

23 Ez. 37:8.

24 Ro. 8.9.

25 1 Co. 3.23.

26 Ro. 8.9.

27 Ef. 2.1.

28 Ro. 8.6.

29 Ro. 5.12.

30 Gn. 2.17.

Despiértate, tú que duermes 57

se refiere al cuerpo, como si entonces se volviera mortal, sino

al espíritu: perderás la vida de tu alma; morirás ante Dios;

quedarás separado de él, quien es la esencia de tu vida y

felicidad.

9. Así se disolvió la unión vital de nuestra alma con

Dios, de modo que en medio de la vida natural estamos en

muerte espiritual.31 Y en ella permanecemos hasta que el

Segundo Adán sea para nosotros espíritu vivificante; hasta que

él levante a los muertos --a los muertos en el pecado, los

placeres, las riquezas y los honores. Pero para que un alma

muerta pueda vivir, tiene que oír la voz de Dios.32 Tiene que

percatarse de su estado de perdición, y escuchar su propia

sentencia de muerte. Tiene que saber que viviendo está

muerta33--muerta a todo lo que es de Dios. Que el alma muerta

no es más capaz de actuar como si fuera un cristiano viviente

que un cadáver es capaz de actuar como si fuera una persona

viva.

10. Ciertamente, quien está muerto en pecado no tiene

los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal

espiritual.34 Teniendo ojos, no ve; y teniendo oídos, no oye.35

No gusta y ve que es bueno el Señor.36 No ha visto jamás a

Dios,37 ni ha oído su voz,38 ni palpado el Verbo de vida.39 En

vano es como ungüento derramado40 el nombre de Cristo, y en

31 Alusiones al servicio fúnebre del Libro de Oración Común.

32 Jn. 5.25.

33 1 Ti. 5.6.

34 He. 5.14.

35 Mc. 8.18.

36 Sal. 34.8.

37 1 Jn. 4.12.

38 Jn. 5.37.

39 1 Jn. 1.1.

40 Cnt. 1.3.

58 Sermón 3

vano mirra, áloe y casia exhalan todos sus vestidos.41 El alma

que duerme el sueño de la muerte no percibe estas cosas. Ha

perdido toda sensibilidad,42 y nada de esto entiende.

11. De aquí que, no teniendo sentidos espirituales, ni

medio de percibir el conocimiento espiritual, el ser humano

natural no acepte las cosas del Espíritu de Dios. Tan lejos está

de poderlas recibir que todo lo que es discernimiento espiritual

le parece locura. No le basta con ignorar las cosas espirituales,

sino que niega su existencia misma. La percepción espiritual le

parece locura de locuras. «¿Cómo puede hacerse esto?», dice.43

¿Cómo puede alguien saber que vive en Dios? De igual modo

que sabes que tu cuerpo vive. La fe es la vida del alma. No

necesitas de señal que te lo pruebe a ti mismo, más que esa

prueba del Espíritu,44 ese discernimiento divino, ese testimonio

de Dios,45 que es más y mejor que diez mil testigos humanos.

12. Si Dios no da testimonio dentro de tu espíritu de que

eres hijo de Dios, ¡quiera al menos convencerte mediante su

demostración y poder, pobre pecador que aún duermes, de que

eres hijo del diablo! Ojalá al profetizar yo, ahora mismo,

hubiera un ruido y un temblor, y los huesos se juntaran cada

hueso con su hueso.46 Y entonces, Espíritu, ven de los cuatro

vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.47 No

endurezcas tu corazón ni resistas al Espíritu Santo, quien ha

41 Sal. 45.8.

42 Ef. 4.19.

43 Jn. 3.9.

44 La referencia es a He. 11.1. Carlos Wesley cita aquí el griego: élenjos pneúmatos,

y esto es lo que traducimos arriba. Pero el texto griego de Hebreos dice: pragmáton

élenjos (lo que RVR traduce como convicción).

45 1 Jn. 5.9.

46 Ez. 37.7.

47 Ez. 37.9.

Despiértate, tú que duermes 59

venido en este momento a redargüirte de pecado,48 porque no

has creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.49

II.1. Por tanto, «Despiértate, tú que duermes, y

levántate de los muertos». El Señor te está llamando por mi

boca y te exhorta a conocerte a ti mismo, espíritu caído; a

conocer tu verdadero estado y condición. ¿Qué tienes,

dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá

compasión de ti, y no perecerás.50 Una gran tempestad se

levanta en tu derredor, y te estás hundiendo en las

profundidades de la perdición, en el océano de los juicios

divinos. Si quieres escapar de esos juicios, arrójate a ellos.

Júzgate a ti mismo, para que el Señor no te juzgue.

2. ¡Despierta! ¡Despierta! Levántate ahora mismo, no

sea que bebas de la mano del Señor el cáliz de su ira.51 Sacúdete

y abraza al Señor, el Señor de justicia, grande para salvar.52

Sacúdete del polvo.53 Al menos, deja que los terremotos de las

amenazas divinas te sacudan. Despierta y clama con el

carcelero trémulo: «¿Qué debo hacer para ser salvo?»54 Y no

descanses hasta creer en el Señor Jesús, con esa fe que es un

don, por obra de su Espíritu.

3. Si a alguien me dirijo más especialmente que a otros,

es a ti, que no te consideras aludido en esta exhortación. Tengo

palabra de Dios para ti.55 En su nombre te amonesto a huir de

la ira venidera.56 Mira, pues, tu retrato, alma indigna, viendo a

48 Jn. 8.46.

49 Jn. 3.18.

50 Jon. 1.6.

51 Is. 51.17.

52 Is. 63.1.

53 Is. 52.2.

54 Hch. 16.30.

55 Jue. 3.20.

56 Mt. 3.7.

60 Sermón 3

Pedro en el oscuro calabozo, atado con dos cadenas entre los

soldados, y vigilado por los guardias ante la puerta. La noche

casi ha pasado, y se acerca la mañana cuando has de ser llevada

al patíbulo. Y en tan terribles circunstancias todavía duermes.

Estás profundamente dormido en brazos del demonio, al borde

del abismo, en las fauces de la destrucción eterna.

4. ¡Que el ángel del Señor se presente ante ti, y en tu

cárcel resplandezca la luz!57 ¡Que puedas sentir el toque de una

mano fuerte que te sacude y dice: «Levántate pronto. Cíñete, y

átate las sandalias. Envuélvete en tu manto, y sígueme»!58

5. Despierta, espíritu inmortal, de tu sueño de felicidad

mundana. ¿No te hizo Dios para sí? Por tanto, no has de

descansar hasta tanto no descanses en él.59 Regresa, peregrino.

Vuela de nuevo a tu arca.60 Este no es tu hogar. No pienses

edificar tabernáculos aquí. No eres sino extranjero y advenedizo

sobre la tierra, criatura de un solo día, que se precipita a un

estado inalterable. Apresúrate, que la eternidad se aproxima. La

eternidad depende de este momento. ¡Una eternidad de gozo, o

una eternidad de sufrimiento!

6. ¿En qué estado se encuentra tu alma? Si Dios te la

requiriese ahora mismo, mientras estoy hablando, ¿estarías listo

para enfrentarte a la muerte y al juicio? ¿Puedes presentarte

ante quien es muy limpio de ojos para ver el mal, y no puede

ver el agravio?61 ¿Estás apto para participar en la herencia de

los santos en luz?62 ¿Has peleado la buena batalla, y

guardado la fe?63 ¿Te has asegurado de la única cosa que es

57 Hch. 12.7.

58 Hch. 12.7-8.

59 Alusión a la conocida frase de San Agustín: Confesiones, I.1.

60 La alusión es a la paloma que Noé envió desde el arca, para ver si había tierra seca.

Gn. 8.9.

61 Hab. 1.13.

62 Col. 1.12.

63 2 Ti. 4.7.

Despiértate, tú que duermes 61

necesaria?64 ¿Has recobrado la imagen de Dios, en la justicia y

santidad de la verdad?65 ¿Te has despojado del viejo hombre,

y vestido del nuevo?66 ¿Estás revestido de Cristo?67

7. ¿Tienes aceite en tu lámpara? ¿Gracia en el corazón?

¿Amas al Señor con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con

toda tu mente y con todas tus fuerzas?68 ¿Hay en ti el sentir que

hubo también en Cristo Jesús?69 ¿Eres verdaderamente

cristiano, es decir, criatura nueva? ¿Han pasado las cosas

viejas, y he aquí todas son hechas nuevas?70

8. ¿Eres participante de la naturaleza divina?71 ¿No

sabes que Jesucristo está en ti, a menos que estés reprobado?72

¿Sabes que permaneces en Dios, y Dios en ti, por el Espíritu

que te ha dado?73 ¿Sabes que tu cuerpo es templo del Espíritu

Santo, el cual tienes de Dios?74 ¿Tienes el testimonio en ti

mismo,75 las arras de tu herencia?76 ¿Has sido sellado con el

Espíritu Santo de la promesa, hasta el día de la

redención?77¿Has recibido el Espíritu Santo? ¿O te sorprende

mi pregunta, pues ni siquiera sabes si hay Espíritu Santo?

9. Si esto te ofende, ten por seguro que ni eres cristiano

ni deseas serlo. Hasta tu oración se convierte en pecado, y hoy

64 Lc. 10.42.

65 Ef. 4.24.

66 Ef. 4.22,24.

67 Gá. 3.27.

68 Mr. 12.30.

69 Fil. 2.5.

70 2 Co. 5.17.

71 2 P. 1.4.

72 2 Co. 13.5.

73 1 Jn. 3.24.

74 1 Co. 6.19.

75 1 Jn. 5.10.

76 Ef. 1.14.

77 Ef. 1.13-14.

62 Sermón 3

mismo te has burlado solemnemente de Dios, cuando pediste la

inspiración de su Santo Espíritu,78 sin creer siquiera que haya

tal cosa.

10. Sin embargo, con la autoridad de la Palabra de Dios

y de nuestra Iglesia debo repetir la pregunta: ¿Has recibido el

Espíritu Santo? Si no le has recibido no eres todavía cristiano,

pues cristiano es quien ha sido ungido con el Espíritu Santo y

con poder.79 Todavía no eres partícipe de la religión pura y sin

mácula.80 ¿Sabes lo que es la religión? Es participar de la

naturaleza divina, de la vida de Dios en el alma humana. Es

Cristo formado en el corazón;81 es Cristo en ti, la esperanza de

gloria;82 es felicidad y santidad; es el cielo que comienza en la

tierra; es el Reino de Dios dentro de ti.83 No es comida ni

bebida, ni cosa externa alguna, sino justicia, paz y gozo en el

Espíritu Santo.84 Es un reino eterno que penetra tu alma; es una

paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento;85 es gozo

inefable y glorioso.86

11. ¿Sabes tú que en Cristo Jesús ni la circuncisión

vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el

amor,87 la nueva creación?88 ¿Ves la necesidad de ese cambio

interior, de ese nacimiento espiritual, de esa vida de los que

78 Carlos Wesley se refiere aquí a la oración que es parte del servicio de comunión en

el Libro de Oración Común. Puesto que es domingo, da por sentado que sus oyentes

han asistido a la comunión.

79 Hch. 10.38.

80 Stg. 1.27.

81 Gá. 4.19.

82 Col. 1.27.

83 Lc. 17.21.

84 Ro. 14.17.

85 Fil. 4.7.

86 1 P. 1.8.

87 Gá. 5.6.

88 Gá. 6.15.

Despiértate, tú que duermes 63

antes estaban muertos, de esa santidad? ¿Estás plenamente

persuadido de que sin esa santidad nadie verá al Señor?89 ¿Te

esfuerzas por obtenerla? ¿Procuras hacer firme tu vocación y

elección,90 ocupándote de tu salvación con temor y temblor,91

y esforzándote a entrar por la puerta angosta?92 ¿Te ocupas

fervientemente de tu alma? ¿Puedes decirle a quien escudriña

los corazones: «Tú, oh Dios, eres lo que mi corazón desea.93 Tú

sabes todas las cosas. Tú sabes que quiero amarte»?94

12. Abrigas la esperanza de ser salvo. Pero, ¿qué razón

puedes dar de la esperanza que hay en ti? ¿Que no has hecho

ningún mal? ¿Que has hecho mucho bien? ¿Que no eres como

los demás, sino sabio, instruido, honesto, moral, estimado de

todos, y de buena reputación? ¡Ay! Nada de esto te acercará a

Dios, ante quien todo ello vale menos que nada. ¿Conoces a

Jesucristo, a quien él ha enviado?95 ¿Te ha enseñado él que por

gracia eres salvo por medio de la fe; y esto no de ti mismo, pues

es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe?96 ¿Has

recibido como base de tu esperanza esta palabra fiel, que Cristo

Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores?97 ¿Has

aprendido lo que quiere decir: «No he venido a llamar a justos,

sino pecadores, a arrepentimiento»?98 «No soy enviado sino a

las ovejas perdidas.»99 ¿Estás ya perdido, muerto, condenado?

89 He. 12.14.

90 2 P. 1.10.

91 Fil. 2.12.

92 Lc. 13.24.

93 Alude aquí a una versión antigua de Job 6.8.

94 Jn. 21.17.

95 Jn. 17.3.

96 Ef. 2.8-9.

97 1 Ti. 1.15.

98 Mc. 2.17.

99 Mt. 15.24.

64 Sermón 3

(Quien tiene oídos para oír, oiga.) ¿Sabes lo que mereces?

¿Percibes lo que te falta? ¿Eres pobre de espíritu, doliéndote

por Dios y al mismo tiempo negándote a recibir consolación?100

¿Eres como el hijo pródigo que vuelve en sí, y a quien los que

siguen alimentándose de algarrobas tienen por loco? ¿Quieres

vivir piadosamente en Cristo Jesús, y sufres por ello

persecución?101 ¿Te vituperan, y dicen toda clase de mal contra

ti, mintiendo, a causa del Hijo del Hombre?102

13. Ojalá escuches en todo esto la voz que despierta a

los muertos, y sientas el golpe de su Palabra, como martillo que

quebranta la piedra.103 Si oyeres hoy su voz, no endurezcas tu

corazón.104 Despiértate, tú que duermes en sueño espiritual, no

sea que duermas la muerte eterna. Considera lo desesperado de

tu condición y levántate de los muertos. Deja a tus antiguos

compañeros de pecado y muerte. Sigue tú a Jesús, y deja que

los muertos entierren a sus muertos.105 Sé salvo de esta

perversa generación.106 Sal de en medio de ellos, dice el Señor,

y no toques lo inmundo, y yo te recibiré.107 Y te alumbrará

Cristo.

III.1. Paso, por último, a explicar esta promesa. ¡Y qué

pensamiento tan consolador es éste, que cualquiera que

responde a su llamado y le busca, no lo hará en vano! Si ahora

mismo te despiertas y levantas de entre los muertos, él se ha

comprometido a alumbrarte. Gloria y gracia te dará el

100 Mt. 5.3-4.

101 2 Ti. 3.12.

102 Mt. 5.11.

103 Jer. 23.29.

104 He. 3.7-8.

105 Mt. 8.22.

106 Hch. 2.40.

107 2 Co. 6.17.

Despiértate, tú que duermes 65

Señor:108 la luz de su gracia aquí, y la luz de su gloria cuando

recibas la corona incorruptible.109 Entonces nacerá tu luz como

el alba ... y tu oscuridad será como el mediodía.110 Porque

Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz,

resplandecerá en tu corazón, para iluminación del

conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.111

Para quienes temen al Señor, nacerá el Sol de justicia, y en sus

alas traerá salvación.112 Entonces se te dirá: Levántate,

resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria del Señor ha

nacido sobre ti.113 Porque Cristo se revelará en ti. Y él es la luz

verdadera.114

2. Dios es luz, y se revela a todo pecador que se

despierta y le busca. Serás, pues, templo del Dios viviente, y

habitará Cristo por la fe en tu corazón. Y arraigado y

cimentado en amor, serás plenamente capaz de comprender

con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la

profundidad y la altura de ese amor de Cristo, que excede a

todo conocimiento, para que seas lleno de la plenitud de

Dios.115

3. Vean entonces su llamamiento, hermanos. Estamos

llamados a ser morada de Dios en el Espíritu,116 para de ese

modo ser santos y partícipes de la herencia de los santos en

luz.117 Tales son las preciosas y grandísimas promesas118

108 Sal. 84.11.

109 1 P. 5.4.

110 Is. 58.8,10.

111 2 Co. 5.6.

112 Mal. 4.2.

113 Is. 60.1.

114 Jn. 1.9.

115 Ef. 3.17-19.

116 Ef. 2.22.

117 Col. 1.12.

118 2 P. 1.4.

66 Sermón 3

dadas a quienes creemos. Porque mediante la fe no hemos

recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de

Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.119

4. El Espíritu de Cristo es el gran don de Dios que, de

distintas maneras y en diferentes lugares, le ha prometido al ser

humano, y dado abundantemente desde que Cristo fue

glorificado. Esas promesas hechas a los antepasados, Dios las

ha cumplido: «Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré

que andéis en mis estatutos».120 «Derramaré aguas sobre el

sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré

sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos».121

5. Todos ustedes pueden ser testigos vivientes de estas

cosas, de la remisión de los pecados y del don del Espíritu

Santo. Si puedes creer, al que cree todo le es posible.122

¿Quién hay entre vosotros que teme la voz del Señor, y sin

embargo anda en tinieblas y carece de luz?123 Te pregunto en

el nombre de Jesús: ¿Crees tú que no se ha acortado su

mano?124 ¿Que sigue siendo grande para salvar?125 ¿Que es el

mismo ayer, y hoy, y por los siglos?126 ¿Que tiene potestad en

la tierra para perdonar pecados?127 Entonces, ten ánimo, hijo,

tus pecados te son perdonados.128 Dios, por el amor de Cristo,

te ha perdonado. Recibe este mensaje, no como palabra de

hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios.129 Serás

119 1 Co. 2.12.

120 Ez. 36.27.

121 Is. 44.3.

122 Mc. 9.23.

123 Is. 50.10.

124 Is. 50.2.

125 Is. 63.1.

126 He. 13.8.

127 Mt. 9.6.

128 Mt. 9.2.

129 1 Ts. 2.13.

Despiértate, tú que duermes 67

justificado gratuitamente por la fe. Y también por la fe serás

santificado, y sellado en él, porque Dios nos ha dado vida

eterna, y esta vida está en su Hijo.130

6. Hermanos y señores, permítanme que les hable con

llaneza, y soporten la palabra de exhortación,131 aun de uno que

es de poca estima en la iglesia. Movidas por el Espíritu Santo,

sus conciencias les dan testimonio de que estas cosas son

ciertas, si es que habéis gustado la benignidad del Señor.132 Y

ésta es la vida eterna: que conozcan al único Dios verdadero,

y a Jesucristo, a quien él ha enviado.133 Este conocimiento por

experiencia personal, y sólo esto, es el verdadero cristianismo.

Es cristiano quien ha recibido el Espíritu de Cristo. Quien no lo

ha recibido, no lo es. Y no es posible haberlo recibido sin

saberlo. Porque en aquel día vosotros conoceréis que yo estoy

en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.134 Y éste es el

Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque

no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora

en vosotros, y estará en vosotros.135

7. El mundo no lo puede recibir, sino que por completo

rechaza la promesa del Padre, contradiciendo y blasfemando.

Todo espíritu que no confiesa esto, no es de Dios. Este es el

espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y

que ahora está en el mundo.136 El anticristo es quienquiera que

niegue la inspiración del Espíritu Santo, o que la posesión de

ese Espíritu es la herencia común de todos los creyentes, la

130 1 Jn. 5.11.

131 He. 13.22.

132 1 P. 2.3.

133 Jn. 17.3.

134 Jn. 14.20.

135 Jn. 14.17.

136 1 Jn. 4.3.

68 Sermón 3

bendición del Evangelio, el don inestimable, la promesa

universal, la piedra de toque de todo verdadero cristiano.

8. De nada sirve decir: «No niego la ayuda del Espíritu

de Dios, sino su inspiración, ese recibirle y tener conciencia de

ello. Lo que niego es ese sentir el Espíritu, el ser movido o estar

lleno de él.» El hecho es que con sólo negar esto ya niegas todas

las Escrituras, toda la verdad, promesa y testimonio de Dios.

9. Nuestra excelente Iglesia desconoce esa distinción

infernal. Al contrario, habla claramente de «sentir el Espíritu de

Cristo», de ser «movido por el Espíritu Santo», y de «sentir que

no hay otro nombre que el de Jesús en que podamos ser

salvos.»137 Esa Iglesia nos enseña a pedir por «la inspiración del

Espíritu Santo», y «que seamos llenos del Espíritu Santo». Cada

uno de sus presbíteros cree «recibir el Espíritu Santo por la

imposición de manos».138 Por consiguiente, negar cualquiera de

estas cosas es renunciar a la Iglesia Anglicana y a toda la

revelación cristiana.

10. Pero la sabiduría de Dios ha sido siempre necedad

ante los humanos.139 Por tanto, no hay que admirarse de que el

gran misterio del Evangelio esté escondido de los sabios y de

los entendidos,140 como lo estuvo también en tiempos remotos.

Ni tampoco hay que admirarse de que casi todos lo nieguen,

ridiculicen, y rechacen como mera locura, o de que los que lo

acepten sean tenidos por locos entusiastas. Esta es la apostasía

que habría de venir,141 esa apostasía general de gentes de toda

clase y condición, que hoy día se difunde por toda la faz de la

137 Hch. 4.12.

138 Palabras tomadas del Servicio de Ordenación de la Iglesia de Inglaterra. En todo

este párrafo, lo que aparece entre comillas alude a varios servicios del Libro de

Oración Común.

139 1 Co. 1.21-25.

140 Mt. 11.25.

141 2 Ts. 2.3.

Despiértate, tú que duermes 69

tierra. Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e

informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis142 quien ame

al Señor de todo su corazón y que lo sirva con toda su

inteligencia. Nuestra patria, sin ir más lejos, está inundada de

iniquidad. ¡Cuántas villanías cometen diariamente y con toda

impunidad quienes hacen alarde y se glorían de sus crímenes!

¿Quién podrá contar las blasfemias, juramentos, mentiras,

calumnias, detracciones, conversaciones mordaces; las veces

que se quebranta el día del Señor; la gula, la embriaguez, las

venganzas, la lujuria, los adulterios, las inmundicias, los

fraudes, la injusticia, la opresión, y la extorsión que inundan el

país como un diluvio?

11. Y aun entre quienes están libres de estas

abominaciones, ¡cuánto no hay de ira y orgullo, de pereza y

ociosidad, de modales afectados y afeminados, de amor a las

comodidades y a sí mismo, de codicia y ambición! ¡Cuánta sed

de elogios, qué apego al mundo, qué miedo a los demás! Y por

otra parte, ¡cuán pocos son verdaderamente religiosos! Porque,

¿quién ama a Dios y a su prójimo como el Señor nos lo ha

mandado? Por una parte vemos a unos que no tienen siquiera la

apariencia externa de la religión; por otra, a los que tan sólo

ostentan esa apariencia. De un lado, el sepulcro abierto; del otro,

el blanqueado. De manera que cualquiera que observase alguna

asamblea pública (sin exceptuar nuestras congregaciones)

fácilmente vería que una parte era de saduceos y otra de

fariseos.143 Los primeros se ocupan tan poco de la religión

como si no hubiera resurrección, ni ángel, ni espíritu.144 Los

otros la convierten en una forma inerte, en una serie de

actuaciones externas sin la verdadera fe, sin el amor de Dios y

sin el gozo del Espíritu Santo.

142 Jer. 5.1.

143 Hch. 23.6.

144 Hch. 23.8.

70 Sermón 3

12. Ojalá esto no fuese cierto de los que estamos aquí

presentes. Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón y mi

oración a Dios son para salvación;145 para que sean ustedes

salvos de este diluvio de iniquidades; que sus olas orgullosas se

detengan aquí. Pero, ¿será así? Dios sabe, y nuestras

conciencias saben, que no es así. No nos hemos guardado

limpios. Somos corruptos y abominables. Pocos hay que tengan

ya entendimiento; y pocos que adoren a Dios en espíritu y

verdad. Somos generación que no dispuso su corazón, ni fue

fiel para con Dios su espíritu.146 Él nos ha puesto para que

seamos sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué

será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada

fuera y hollada por los hombres.147

13. ¿No castigaré esto? dice el Señor; ¿y de tal gente

no se vengará mi alma?.148 No sabemos cuán presto dirá:

«Espada, pasa por la tierra».149 Tiempo sobrado nos ha dado

para arrepentirnos. Nos da también solo este año. Pero ahora

nos despierta y amonesta con el trueno. Sus juicios caen sobre

la tierra. Con toda razón hemos de esperar que sobre nosotros

caiga el peor de ellos, y que venga a nosotros pronto, y quite

nuestro candelero de su lugar, si no nos arrepentimos,150 y

hacemos las primeras obras, y volvemos a los principios de la

Reforma, a la verdad y sencillez del Evangelio. Quién sabe si

estaremos resistiendo el último esfuerzo de la gracia divina por

salvarnos. Quizá hayamos colmado la medida de nuestros

145 Ro. 10.1.

146 Sal. 78.8.

147 Mt. 5.13.

148 Jer. 5.29.

149 Ez. 14.17.

150 Ap. 2.5.

Despiértate, tú que duermes 71

pecados151 al rechazar el mensaje de Dios contra nosotros, y al

despedir a sus mensajeros.

14. ¡Oh Señor, en la ira acuérdate de tu misericordia!152

Glorifícate en nuestra enmienda, y no en nuestra destrucción.

Haznos prestar atención al castigo, y a quien lo establece.153

Ahora que tus juicios están en toda la tierra,154 haz que los

moradores del mundo aprendan justicia.155

15. Hermanos, ya es hora de que despertemos de

nuestro sueño, antes que toque la gran trompeta156 del Señor y

nuestra tierra se convierta en campo de sangre. Ojalá y veamos

las cosas que son necesarias para nuestra paz antes de que se

escondan de nuestra vista. «Apártate de nosotros, oh buen

Señor, y haz cesar tu ira sobre nosotros.»157 Mira desde el

cielo, y considera, y visita esta viña,158 y haznos saber el día de

tu visitación. Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la

gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados

por amor de tu nombre.159 Así no nos apartaremos de ti; vida

nos darás, e invocaremos tu nombre. Restáuranos, oh Señor

Dios de los ejércitos. Haz resplandecer tu rostro, y seremos

salvos.160

Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas

mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos,

151 1 Ts. 2.16.

152 Hab. 3.2.

153 Mi. 6.9.

154 1 Cr. 16.14.

155 Is. 26.9.

156 Is. 27.13.

157 Sal. 85.4. Wesley cita el Salmo según la traducción del Libro de Oración Común.

158 Sal. 80.14.

159 Sal. 79.9.

160 Sal. 80.18-19.

72 Sermón 3

según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la

iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de

los siglos. Amén.161

161 Ef. 3.20-21.