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Sermón 2 - El casi cristiano

Hechos 26:28

Casi me persuades a ser cristiano

Hay muchos que llegan hasta este punto. Desde que la

fe cristiana apareció en el mundo, en todo tiempo y en toda

nación ha habido muchos casi persuadidos a ser cristianos.

Mas viendo que de nada vale ante la presencia de Dios el llegar

tan sólo hasta este punto, es de la mayor importancia que

consideremos:

Primero, lo que significa ser casi cristiano.

Segundo, lo que es ser cristiano por completo.

I.(I).1. El ser casi cristiano implica, en primer lugar,

una «honestidad pagana». No creo que nadie dude esto,

especialmente por cuanto no me refiero únicamente a esa

honestidad que los escritos de sus filósofos recomiendan, sino

también a la que los paganos comunes esperaban unos de

otros, y muchos de hecho practicaban. Esa honestidad les

enseñaba que no debían ser injustos; que no debían robar ni

hurtar los bienes de su vecino; ni oprimir a los pobres, ni

cometer extorsión alguna; ni engañar o defraudar a ricos o a

pobres en cualquier relación que tuviesen con ellos; ni privar a

nadie de su derecho; y en la medida de lo posible no deberle

nada a nadie.

2. Más aún: los paganos comunes reconocían la

necesidad de rendir tributo a la verdad y la justicia. Por tanto,

aborrecían no sólo a quien juraba en falso poniendo a Dios por

1 Predicado en la iglesia de Santa María, ante la universidad de Oxford, el 25 de julio

de 1741.

41

4 2 Sermón 2

testigo de una mentira, sino también a quien calumniaba a su

prójimo, acusándole falsamente. Y tampoco tenían en gran

estima a los mentirosos de toda suerte, a quienes consideraban

deshonra del género humano y plaga de la sociedad.

3. Además, esperaban unos de otros cierta caridad y

auxilio. Esperaban cualquier auxilio que pudieran prestarse sin

daño propio. Y esto incluía, no solamente esos pequeños

favores humanitarios que se hacen sin costo o dificultad, sino

también darle comida al hambriento si les sobraba, vestir al

desnudo con la ropa que no necesitaban, y en general darles a

los necesitados cualquier cosa que ellos mismos no necesitaran.

La honestidad pagana, hasta en su mínima expresión, incluía

todas estas cosas; y ello es lo primero que se incluye en el ser

casi cristiano.

(II).4 La segunda cualidad del casi cristiano es la

apariencia de piedad,2 de esa piedad que se prescribe en el

evangelio de Cristo. Se tiene entonces la forma externa del

verdadero cristiano. Por tanto, el casi cristiano no hace nada

que el evangelio prohíba. No toma el nombre de Dios en vano.

Bendice, y no maldice. No jura, sino que sus palabras son «Sí,

sí; no, no».3 No profana el día del Señor, ni permite que se le

profane, ni siquiera por el extranjero que habita en su casa. No

solamente evita el adulterio, la fornicación y la impureza, sino

toda palabra o mirada que se inclinen en esa dirección. Más

aún, evita toda palabra ociosa, toda clase de difamación, crítica,

murmuración, toda palabra torpe o burlona (eutrapelia),

aunque los moralistas paganos la consideren virtud. En

resumen, se abstiene de toda clase de conversación que no sea

buena para la edificación y que por tanto contriste al Espíritu

2 2 Ti. 3.5.

3 Mt. 5.37.

El casi cristiano 43

Santo de Dios, con el cual fuimos sellados para el día de la

redención.4

5. Se abstiene de vino, en lo cual hay disolución,5 así

como de festines y glotonerías. Evita, en la medida de lo

posible, toda disputa y contienda, constantemente procurando

vivir en paz con todos. Si sufre injusticia, no se venga, ni

devuelve mal por mal. No es murmurador, ni pendenciero, ni se

burla de las faltas o debilidades de su prójimo. No lastima, ni

hiere, ni comete injusticia contra nadie a propósito. Al

contrario, en todas las cosas habla y actúa conforme a la regla

explícita: Lo que no quieres que se haga contigo, no lo hagas

a otro.6

6. Y en el hacer el bien no se limita a las obras fáciles y

que cuestan poco, sino que trabaja y sufre en bien de muchos,

para así ayudar al menos a algunos. A pesar de trabajos y

penas, todo lo que le viene a la mano para hacer, lo hace

según sus fuerzas,7 ya sea para sus amigos o para sus

enemigos, para los malos o para los buenos. Porque, siendo no

perezosos8 en éste o en cualquier otro asunto, según tiene

oportunidad, hace el bien a todos,9 tanto a sus almas como a

sus cuerpos. Reprende a los malos, instruye a los ignorantes,

fortifica a los que vacilan, anima a los buenos y consuela a los

afligidos. Procura despertar a los que duermen, y guiar a

aquellos a quienes Dios ya ha despertado hacia la fuente que ha

sido abierta para lavar el pecado y la inmundicia, de modo que

puedan lavarse en ella y ser limpios. Y procura también

4 Ef. 4.29-30.

5 Ef. 5.18.

6 Mt. 7.12. En Mt., sin embargo, la «Regla de oro» se presenta en forma positiva. El

modo negativo que Wesley usa aquí parece provenir del Talmud.

7 Ec. 9.10.

8 Ro. 12.11.

9 Gá. 6.10.

4 4 Sermón 2

amonestar a quienes ya son salvos por la fe a honrar en todas

las cosas el evangelio de Cristo.

7. Quien tiene la forma externa de la piedad usa

también de los medios de gracia --de todos ellos y a cada

oportunidad. Constantemente asiste a la casa de Dios; y no

como algunos, que se presentan ante el Altísimo cargados de

oro y joyería, con vestidos relucientes de vanidad, y quienes, ya

sea por sus mutuas e innecesarias atenciones, o por su

impertinente frivolidad, muestran que no tienen ni la forma ni el

poder de la piedad. Quiera Dios que no haya tampoco entre

nosotros quienes caigan bajo la misma condenación; que vienen

a la casa de Dios mirando a su derredor y con todas las señales

de indiferencia y descuido, aunque parezcan pedir la bendición

de Dios sobre lo que van a hacer; quienes durante el culto

solemne se duermen o se recuestan del modo más cómodo

para dormir; o quienes, como si se imaginaran que es Dios

quien duerme, conversan, o miran de acá para allá, como si no

tuvieran nada que hacer. Que nadie les acuse de tener siquiera

la forma de la piedad. No. Quien posee al menos esa forma se

comporta con seriedad y atención a cada momento del servicio

solemne. Especialmente cuando se acerca a la mesa del Señor,

no lo hace liviana o descuidadamente, sino con tal aire,

modales y comportamiento, que no parecen sino decir: ¡Dios,

ten misericordia de mí, pecador!10

8. Si a todo esto le añadimos el uso constante de la

oración con la familia por parte de quienes son jefes de familia,

y la consagración de ciertos momentos del día a la comunión

con Dios en lo privado, con una conducta siempre seria, resulta

que quien constantemente practica esta religiosidad externa

tiene la forma de la piedad. Sólo una cosa le falta para ser casi

cristiano: la sinceridad.

10 Lc. 18.13.

El casi cristiano 45

(III).9. Por «sinceridad» entiendo un principio real e

interno de la religión, del cual surgen estas acciones externas.

Ciertamente, sin ella no hay siquiera honestidad pagana, ni aun

la suficiente para satisfacer los requisitos de un poeta pagano y

epicúreo. Hasta ese infeliz, en sus momentos sobrios, puede

testificar:

Oderunt peccare boni virtutis amore;

Oderunt peccare mali formidine poenae.11

De modo que si alguien deja de hacer el mal para evitar el

castigo,

Non pasces in cruce corvos,12

dice el pagano, y en esto «tienes tu recompensa».13 Pero ni

siquiera este poeta diría que tal persona es un pagano honesto.

Por lo tanto, si alguien, por el mismo móvil de evitar el castigo,

de no perder sus amistades, de lograr ganancias o reputación,

se abstiene de hacer lo malo y practica lo bueno, no podemos

por ello decir en verdad que sea casi cristiano. Si no tiene

mejores intenciones en su corazón, es sencillamente un

hipócrita.

10. Luego, el ser casi cristiano implica necesariamente

el ser sincero, un verdadero deseo de servir a Dios, un firme

propósito de hacer su voluntad. Se requiere un deseo sincero

de agradar a Dios en todas las cosas: en la conversación, en las

acciones, y en todo lo que se hace o se deja de hacer. Tal

propósito, si se ha de ser casi cristiano, tiene que afectar el

tono de la vida entera. Tal ha de ser el principio que le impulse

a hacer el bien, a abstenerse del mal, y a usar de las ordenanzas

de Dios.

11 «Los buenos dejan de pecar [lit. «odian el pecar»] por amor a la virtud; los malos

dejan de pecar por temor al castigo.» Horacio, Ep. I.xvi.52-53.

12 «No alimentarás a los cuervos colgado de una cruz.» Horacio, Ep. I.xvi.48.

13 Aquí Wesley continúa citando a Horacio, Ep. I.xvi.47: «habes pretium».

4 6 Sermón 2

11. Pero probablemente alguien preguntará: ¿Será

posible ir tan lejos, y sin embargo no ser más que casi

cristiano? ¿Qué más puede requerirse para ser completamente

cristiano? Respondo, en primer lugar, que es tanto por los

oráculos divinos como por el testimonio claro de la experiencia

que sé que es posible hacer todo esto y sin embargo no ser más

que casi cristiano.

12. Hermanos, mucha franqueza tengo con vosotros.14

Y ¡Perdonadme este agravio!15 si declaro mi locura desde los

tejados de las casas, para bien de ustedes y del evangelio.

Permítanme hablarles francamente de mí mismo, como si

hablara de otra persona cualquiera. Estoy dispuesto a

humillarme para que ustedes sean exaltados, y a ser todavía

más vil para que Dios sea glorificado.

13. Por muchos años llegué hasta este punto, como

muchos de ustedes pueden testificar. Diligentemente huía de

todo mal, tratando de tener una conciencia limpia, redimiendo

el tiempo, aprovechando toda oportunidad de hacer bien a

todos, constante y celosamente usando de todos los medios de

gracia, tanto públicos como privados, buscando una conducta

firme y seria en todo tiempo y todo lugar. Y testigo me es

Dios, ante quien ahora estoy, de que hacía todo esto

sinceramente, con un verdadero propósito de servir a Dios, un

firme deseo de hacer su voluntad, de agradar en todo a quien

me había llamado a pelear la buena batalla, y a echar mano de

la vida eterna.16 Y sin embargo mi propia conciencia, por el

Espíritu Santo, me es testigo de que durante todo ese tiempo

no era yo sino casi cristiano.

II. Si se pregunta: ¿Qué otra cosa además de todo esto

se requiere para ser completamente cristiano?, respondo:

14 2 Co. 7.4.

15 2 Co. 12.13.

16 1 Ti. 6.12.

El casi cristiano 47

(I).1. En primer lugar, amar a Dios. Porque así dice su

Palabra: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con

toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.17

Tal amor de Dios hincha el corazón, se posesiona de todos los

afectos, llena el alma a plenitud, y emplea todas sus facultades

hasta el máximo. El espíritu de quien así ama a Dios

continuamente se regocija en Dios su Salvador.18 En el Señor

está su delicia;19 en su Señor y su todo, a quien da gracias en

todo.20 El nombre y la memoria del Señor son el deseo de su

alma.21 Su corazón clama constantemente: «¿A quién tengo yo

en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra».22

Ciertamente, ¿qué puede desear, sino a Dios? No el mundo, ni

las cosas del mundo. Porque el mundo le ha sido crucificado, y

él al mundo.23 Ha sido crucificado al deseo de la carne, al

deseo de los ojos, y al orgullo de la vida. Sí, está muerto a toda

clase de orgullo, porque el amor no se envanece.24 Al

contrario, quien, porque permanece en amor, permanece en

Dios, y Dios en él25 se considera a sí mismo menos que nada.

(II).2 La segunda señal del verdadero cristiano es el

amor al prójimo. Porque así lo dice el Señor en las siguientes

palabras: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».26 Si alguien

pregunta, «¿quién es mi prójimo?»,27 le respondemos: «Toda

17 Mr. 12:30.

18 Lc. 1.47.

19 Sal. 1.2.

20 1 Ts. 5.18.

21 Is. 26.8.

22 Sal. 73:25.

23 Gá. 6.14.

24 1 Co. 13.4.

25 1 Jn. 4.12-13.

26 Mt. 22.39.

27 Lc. 10.29.

4 8 Sermón 2

persona en este mundo; todo hijo del Padre de los espíritus y

de toda carne.28 No podemos en modo alguno exceptuar a

nuestros enemigos, ni a los enemigos de Dios y de sus propias

almas. Todo cristiano ama a los tales como a sí mismo, así

como Cristo nos amó.29 Quien quiera comprender mejor esta

clase de amor, puede considerar cómo san Pablo lo describe.30

Es sufrido, es benigno; no tiene envidia; no juzga con ligereza;

no se envanece, sino que hace de quien ama siervo de todos. El

amor no hace nada indebido, sino que a todos se hace de todo.

No busca lo suyo, sino el bien de los demás, para que puedan

ser salvos. El amor no se irrita, sino que desecha la ira, pues

quien la tiene carece de amor. El amor no piensa mal de los

demás. El amor no se goza de la injusticia, mas se goza de la

verdad. El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo

lo soporta.

(III). 3. Hay todavía una cosa más que se requiere para

ser completamente cristiano. Esta merece consideración aparte,

aunque en realidad no puede separarse de lo que antecede. Se

trata del fundamento de todo, la fe. Excelentes cosas se dicen

de ella en los oráculos de Dios. Todo aquel que cree que Jesús

es el Cristo, es nacido de Dios, dice el discípulo amado.31 A

todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les

dio potestad de ser hechos hijos de Dios.32 Y, esta es la

victoria que vence al mundo, nuestra fe.33 Sí, nuestro Señor

28 He. 12.9.

29 Ef. 5.2.

30 1 Co. 13.

31 1 Jn. 5.1.

32 Jn. 1.12.

33 1 Jn. 5.4.

El casi cristiano 49

mismo declara que el que cree en el Hijo tiene vida eterna,34 y

no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.35

4. En esto, que nadie engañe a su propia alma. Ha de

notarse que la fe que no produce arrepentimiento, amor y

buenas obras no es la fe viva y verdadera de que hablamos

aquí, «sino una fe muerta y diabólica ... Porque hasta los

demonios mismos creen que Cristo nació de una virgen, que

hizo toda suerte de milagros, declarando que era Dios mismo;

que por nosotros sufrió muerte dolorosísima, para redimirnos

de la muerte eterna; que se levantó al tercer día; que ascendió

al cielo y está sentado a la diestra del Padre, y que al fin del

mundo vendrá de nuevo para juzgar a los vivos y los muertos.

Los demonios creen estos artículos de fe, así como todo lo que

está escrito en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Y a pesar

de toda esta fe, siguen siendo demonios. Permanecen en su

estado de condenación, porque les falta la verdadera fe

cristiana.»36

5. Utilizando el lenguaje de nuestra propia Iglesia, «la

correcta y verdadera fe cristiana no consiste solo en creer que

las Sagradas Escrituras y los Artículos de Fe son verdaderos,

sino también en tener una plena seguridad y completa certeza

de que Cristo nos salva de la condenación eterna». Es la «plena

seguridad y completa certeza» que alguien tiene de «que por

los méritos de Cristo sus pecados son perdonados, y uno es

reconciliado con Dios. Y de ello surge un corazón amante

dispuesto a obedecer sus mandamientos.»37

34 Jn. 3.36.

35 Jn. 5.24.

36 Las mismas palabras, u otras muy parecidas, se encuentran en la Homilía sobre la

salvación, y en el tratado La doctrina de la salvación, la fe, y las buenas obras, 13.

37 Compárese esto con la Homilía sobre la salvación, parte III, y con el tratado sobre

La salvación, la gracia y las buenas obras, 14.

5 0 Sermón 2

6. Ahora bien, no es casi, sino completamente cristiano

todo aquel que tenga esta fe que purifica el corazón38 y que

obra por el amor.39 Esta fe purifica el corazón, mediante el

poder de Dios que mora en él, de la soberbia, de la ira, del

deseo impuro, de toda iniquidad, de toda inmundicia de carne

y de espíritu.40 Y por otra parte lo llena de un amor hacia Dios

y hacia toda la humanidad --un amor que hace las obras de

Dios, que se gloría en gastar y gastarse en pro de todos, que

sufre con gozo, no sólo los reproches por causa de Cristo, el

que se burlen de él, lo desprecien, que todos lo aborrezcan,

sino también todo lo que la sabiduría de Dios permite que la

malicia humana y los demonios inflijan sobre él.

7. Empero, ¿quiénes son los testigos vivientes de estas

cosas? Les ruego, hermanos, delante del Dios ante quien el

infierno y la destrucción quedan descubiertos, y ¡tanto más los

corazones de los hombres!,41 que cada uno de ustedes se

pregunte en su propio corazón: «¿Me cuento yo entre ellos?

¿Practico lo justicia, misericordia y verdad, tal como lo

requieren hasta las reglas de la honestidad pagana? Si es así,

¿tengo la forma externa de cristiano? ¿La forma de la piedad?

¿Me abstengo de todo mal, de todo lo que está prohibido en la

Palabra de Dios? ¿Hago con todas mis fuerzas todo lo que me

viene a la mano por hacer? ¿Hago uso serio de todas las

ordenanzas de Dios cada vez que tengo la oportunidad? ¿Y

hago todo esto con el sincero deseo de agradar a Dios en todas

las cosas?»

8. ¿No tienen muchos de ustedes la conciencia de

nunca haber llegado tan lejos? ¿De no haber llegado siquiera a

la medida de la honestidad pagana? ¿O al menos de no haber

38 Hch. 15.9.

39 1 Jn. 1.9.

40 2 Co. 7.1.

41 Pr. 15.11.

El casi cristiano 51

alcanzado la forma externa de la piedad cristiana? Pues mucho

menos ha visto Dios sinceridad en ti, el verdadero deseo de

agradarle en todas las cosas. Ni siquiera te has hecho el

propósito de dedicar a su gloria todas tus palabras y todas tus

obras, tus negocios, tus estudios y tus diversiones. Ni siquiera

te has propuesto ni deseado que todo lo que hagas sea hecho

en el nombre del Señor Jesús,42 de modo que sea sacrificio

espiritual, aceptable a Dios por medio de Jesucristo.43

9. Pero aún suponiendo que lo hayas hecho, ¿bastará

con los buenos propósitos y los buenos deseos para ser

cristiano? Ciertamente no, si no se ponen en práctica. Como

alguien ha dicho, «el infierno está empedrado de buenas

intenciones». Queda todavía pendiente la gran pregunta: ¿Está

tu corazón lleno del amor de Dios? ¿Puedes clamar, «mi Dios y

mi todo»? ¿Es él todo tu deseo? ¿Estás feliz en Dios? ¿Es Dios

tu gloria, tu delicia, tu corona de gozo? ¿Tienes escrito en el

corazón el mandamiento: «El que ama a Dios, ame también a

su hermano»? ¿Amas entonces a tu prójimo como a ti mismo?

¿Amas a todos como a tu propia alma, inclusive a tus enemigos

y hasta los enemigos de Dios? ¿Les amas como Cristo te amó?

Sí, ¿crees que Cristo te amó a ti, y que se entregó a sí mismo

por ti? ¿Tienes fe en su sangre? ¿Crees que el Cordero de Dios

ha quitado tus pecados, y que los ha lanzado como una piedra

al fondo de la mar? ¿Que ha borrado el escrito que te era

contrario, quitándola del camino, clavándola en la cruz? ¿Has

recibido tú la redención mediante su sangre, y el perdón de tus

pecados? ¿Y da testimonio su Espíritu a tu espíritu, de que eres

hijo de Dios?

10. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que está

ahora en medio de nosotros, sabe que si alguien muere sin

esta fe y este amor, mejor le sería no haber nacido. Despiértate

42 Col. 3.17.

43 1 P. 2.5.

5 2 Sermón 2

entonces, tú que duermes, y clama a tu Dios. Llámale en el día

en que puede ser hallado. No le dejes descansar hasta que haga

todo su bien delante de tu rostro, y proclame delante de ti el

nombre del Señor: «El Señor, el Señor, fuerte, misericordioso

y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia

y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la

iniquidad, la rebelión y el pecado.»44 Que nadie te persuada

mediante palabras vanas a detenerte antes de alcanzar este

premio de tu alta vocación. Al contrario, clama de día y de

noche a quien cuando aún éramos débiles, murió por los

impíos.45 Llámale hasta que sepas en quién has creído, y

puedas decir, «¡mi Señor y mi Dios!».46 Acuérdate de orar

siempre, y no desmayar,47 hasta que puedas alzar las manos al

cielo y decirle a quien vive por siempre, «Señor, tú lo sabes

todo; tú sabes que te amo».48

11. ¡Quiera Dios que todos los que aquí estamos

lleguemos a saber lo que es ser, no ya casi, sino completamente

cristiano! ¡Justificados gratuitamente por su gracia, mediante la

redención que es en Jesús! ¡Sabiendo que tenemos paz para

con Dios mediante Jesucristo! ¡Gozándonos en la esperanza de

la gloria de Dios! ¡Y teniendo el amor de Dios en nuestros

corazones por el Espíritu Santo que nos es dado!

44 Ex. 33:19; 34:6-7.

45 Ro. 5.6.

46 Jn. 20.28.

47 Lc. 18.1.

48 Jn. 21.17.