Sermón 1 - La salvación por la fe
Efesios 2:8
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe.
1. Todas las bendiciones que Dios le ha conferido al ser
humano vienen únicamente de su gracia, liberalidad y favor.
Vienen de su favor inmerecido, totalmente inmerecido, puesto
que no tenemos derecho alguno a la más mínima de sus
misericordias. Fue por pura y libre gracia que Dios formó al
hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de
vida,2 y puso sobre esa alma el sello de la imagen divina, y lo
puso todo debajo de sus pies.3 Es la misma gracia que guarda
en nosotros hasta el día de hoy la vida, el aliento, y todas las
cosas. Porque nada que seamos, o tengamos, o hagamos,
merecerá jamás la más mínima dádiva divina. Porque también
hiciste en nosotros todas nuestras obras.4 Todas estas cosas no
son sino otras tantas pruebas de la gratuita misericordia de
Dios. Y cualquier justicia o rectitud que el humano tenga, eso
también es don de Dios.
2. ¿Con qué, pues, podrá el pecador expiar el menor de
sus pecados? ¿Con sus propias obras? No. Por muchas y santas
que éstas fuesen, no son suyas sino de Dios. Por sí mismas, son
1 Predicado en la Iglesia de Santa María, Oxford, ante aquella universidad, el día 11
de junio de 1738. Las ediciones más antiguas dan la fecha como el 18 de junio. Pero
sabemos que en esa fecha Wesley se encontraba en Alemania.
2 Gn. 2.7.
3 Sa. 8.6.
4 Is. 26.12.
25
26 Sermón 1
inicuas y pecaminosas, y por tanto cada una de ellas requiere
una nueva expiación. El árbol podrido no puede dar sino frutos
podridos. El corazón humano está completamente corrompido
y es cosa abominable; se halla destituido de la gloria de Dios,5
de esa gloriosa justicia que fue inicialmente impresa sobre su
alma, según la imagen de su gran Creador. No teniendo pues
qué alegar, ni justicia ni obras, la boca enmudece ante Dios.
3. Ahora pues, si el pecador halla favor ante Dios, ello
es gracia sobre gracia.6 Si Dios se digna todavía derramar
sobre nosotros nuevas bendiciones (sí, y la mayor de ellas es la
salvación) ¿qué hemos de decir sino «¡gracias a Dios por su
don inefable!»?7 En esto Dios muestra su amor para con
nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por
nosotros.8 Así pues, por gracia sois salvos por medio de la fe.9
La gracia es la fuente, y la fe es la condición de la salvación.
Nos incumbe por tanto, a fin de alcanzar la gracia de
Dios, investigar cuidadosamente:
I. Mediante qué fe somos salvos.
II. Qué es la salvación que resulta de esa fe.
III. Cómo responder a ciertas objeciones.
I. Mediante qué fe somos salvos.
1. En primer lugar, no es solamente la fe de un pagano.
Dios requiere que el pagano crea que Dios es
galardonador de los que le buscan,10 y que hay que buscarle
glorificando y alabando a Dios por todas las cosas11 y
5 Ro. 3.23.
6 Jn. 1.16. En algunas ediciones de este sermón, Wesley incluía aquí la cita en griego.
7 2 Co. 9.15.
8 Ro. 5.8.
9 Ef. 2.8.
10 He. 11.6.
11 Lc. 2.20.
La Salvación por la fe 27
mediante la práctica cuidadosa de la virtud moral, de la justicia,
de la misericordia y de la verdad hacia todas las criaturas. Un
griego o romano, por lo tanto, o un escita o indio, no tenían
excusa si no creían al menos esto: el ser y los atributos de Dios,
un estado futuro de recompensa y castigo, y el carácter
obligatorio de la virtud moral. Porque esto no es más que la fe
de un pagano.
2. Tampoco es, en segundo lugar, la fe de un demonio,
aunque tal fe vaya más lejos que la del pagano. Porque el
demonio cree, no sólo que hay un Dios sabio y poderoso, quien
practica la gracia en la recompensa y la justicia en el castigo,
sino también que Jesús es el Hijo de Dios, el Cristo, el Salvador
del mundo. Así le vemos declarando explícitamente: yo te
conozco quién eres, el Santo de Dios.12 Tampoco podemos
dudar que ese desgraciado espíritu cree todas las palabras que
salieron de la boca del Santo de Dios, o que cree lo que fue
escrito por los antiguos santos, sobre dos de los cuales se vio
obligado a dar glorioso testimonio al decir: Estos hombres son
siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de
salvación.13 Todo esto lo cree el gran enemigo de Dios y de los
humanos, y tiembla al creer que Dios fue manifestado en
carne,14 que pondrá a todos sus enemigos debajo de sus pies,15
y que toda la Escritura es inspirada por Dios.16 Hasta allí llega
la fe del diablo.
3. En tercer lugar, la fe mediante la cual somos salvos,
en el sentido de la palabra que se explicará más adelante, no es
solamente la que los apóstoles tuvieron mientras Cristo estuvo
en la tierra, aunque creyeron en él de tal modo que lo dejaron
12 Lc. 4.34.
13 Hch. 16.17.
14 1 Ti. 3.16.
15 1 Co. 15.25.
16 2 Ti. 3.16.
28 Sermón 1
todo y le siguieron, y aunque tenían el poder de hacer milagros
y de sanar toda enfermedad y toda dolencia.17 Sí, aunque
tenían poder y autoridad sobre todos los demonios18 y, lo que
es más que todo esto, fueron enviados por su Señor a predicar
el evangelio de Dios. Empero al regresar de todas estas
grandes obras, su Señor mismo les llama «generación
incrédula».19 Y les dice que no pudieron echar fuera un
demonio a causa de su incredulidad. Más tarde, creyendo que
ya tenían alguna fe, le piden: «aumenta nuestra fe», y él les
dice claramente que de esta clase de fe no tienen ninguna, ni
siquiera la de un grano de mostaza: «Entonces el Señor dijo:
"si tuvierais fe como un grano de mostaza podrías decir a este
sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os
obedecería."»20
4. ¿Cuál entonces es esta fe mediante la cual somos
salvos? En general y primeramente, podemos responder que es
la fe en Cristo -fe cuyos objetos únicos son Cristo y Dios por
medio de Cristo. En esto se distingue esta fe absoluta y
suficientemente de la fe de los paganos tanto antiguos como
modernos. Y de la fe de un demonio se distingue
completamente por esto: que no se trata únicamente de un
asentimiento especulativo, racional, frío y sin vida, de una serie
de ideas en la cabeza, sino también de una disposición del
corazón. Porque como dice la Escritura con el corazón se cree
para justicia. Y si confesares con tu boca que Jesús es el
Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los
muertos, serás salvo.21
17 Mt. 10.1.
18 Lc. 9.1.
19 Lc. 92; Mc. 6.6.
20 Lc. 17.5-6.
21 Ro. 10.9-10.
La Salvación por la fe 29
5. Y en esto se distingue de la fe que los apóstoles
tenían mientras nuestro Señor estuvo sobre la tierra: en que
reconoce la necesidad y los méritos de la muerte del Señor, y el
poder de su resurrección. Reconoce su muerte como el único
medio suficiente para salvar al ser humano de la muerte eterna,
y su resurrección como la restauración de todos nosotros a la
vida y la inmortalidad, puesto que fue entregado por nuestras
transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.22 La fe
cristiana, por lo tanto, no es sólo el asentimiento a todo el
Evangelio de Cristo, sino también una confianza plena en la
sangre de Cristo, una esperanza firme en los méritos de su vida,
muerte y resurrección, un descansar en él como nuestra
expiación y nuestra vida, como quien ha sido dado por
nosotros y vive en nosotros. Es una confianza segura que el ser
humano tiene en Dios, que mediante los méritos de Cristo sus
propios pecados han sido perdonados, y uno ha sido
reconciliado al favor divino. Es, en consecuencia de ello,
acercarse y asirse a él como nuestra sabiduría, justificación,
santificación y redención23 o, en una sola palabra, como
nuestra salvación.
II. En segundo lugar, hemos de considerar qué es la
salvación que resulta de esa fe.
1. En primer lugar, aparte de todo lo demás que pueda
implicar, se trata de una salvación presente. Es algo que puede
alcanzarse, sí, que de hecho se alcanza sobre la tierra, por parte
de quienes participan de esta fe. Porque así les dice el Apóstol
a los creyentes en Éfeso, y a través de ellos a los creyentes de
todas las edades, no «seréis salvos» (aunque esto también es
verdad), sino «sois salvos por medio de la fe».
2. Sois salvos (para decirlo en una sola palabra) del
pecado. Tal es la salvación mediante la fe. Esta es la gran
22 Ro. 4.25.
23 1 Co. 1.30.
30 Sermón 1
salvación anunciada por el ángel antes de que Dios trajese a su
unigénito al mundo: llamarás su nombre Jesús, porque él
salvará a su pueblo de sus pecados.24 Y ni allí ni en ningún
otro lugar de las Sagradas Escrituras se señala límite o
restricción alguna. El salvará de sus pecados a todo su pueblo,
o como se dice en otro lugar, a todos los que creen en él. Los
salvará del pecado original y actual, pasado y presente, de la
carne y del espíritu. Mediante la fe que es en él, ellos son salvos
de la culpa y del poder del pecado.
3. Primeramente, son salvos de la culpa de todo pecado
pasado. Por cuanto todo el mundo queda bajo el juicio de
Dios,25 ya que si Dios mirase los pecados, ¿quién, oh Señor,
podrá mantenerse?,26 y puesto que, por medio de la ley es el
conocimiento del pecado, pero no la liberación de su poder, de
tal modo que por las obras de la ley ningún ser humano será
justificado delante de él, ahora la justicia de Dios por medio
de la fe en Jesucristo se ha manifestado a todos los que creen.
Ahora están justificados gratuitamente por su gracia,
mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios
puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para
manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su
paciencia, los pecados pasados.27 Cristo nos redimió de la
maldición de la ley, hecho por nosotros maldición.28 Esto lo
ha hecho anulando el acta de los decretos que había contra
nosotros, que nos era contraria, quitándola del medio, y
24 Mt. 1.21.
25 Ro. 3.19.
26 Sal. 130.3. Wesley lo cita siguiendo la versión del Libro de oración común.
27 Ro. 3.20-25.
28 Gá. 3.13.
La Salvación por la fe 31
clavándola en la cruz.29 Ahora, pues, ninguna condenación
hay para los que creen en Cristo Jesús.30
4. Y estando salvos de la culpa, están libres del temor.
No del temor filial de ofender, sino de todo temor servil; de ese
miedo que atormenta, del miedo al castigo, a la ira de Dios, a
quien ya no consideran como un amo severo, sino como un
Padre indulgente, porque no han recibido el espíritu de
esclavitud para estar otra vez en temor, sino el espíritu de
adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El espíritu
mismo da testimonio a su espíritu, de que son hijos de Dios.31
También están salvos del temor, aunque no de la posibilidad, de
caer de la gracia de Dios y por tanto de no alcanzar sus grandes
y preciosas promesas. Están sellados con el Espíritu Santo de
la promesa, que es las arras de su herencia.32 Por ello tienen
paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo...se
glorían en la esperanza de la gloria de Dios...y el amor de
Dios ha sido derramado en sus corazones por el Espíritu
Santo que les fue dado.33 Por ello están seguros (aunque no
siempre, ni con la misma seguridad) de que ni la muerte, ni la
vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente,
ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa
creada les podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo
Jesús Señor nuestro.34
5. Una vez más, mediante esta fe quedan salvos del
poder del pecado, así como de su culpa. Así lo afirma el
Apóstol: Y sabéis que él apareció para quitar nuestros
29 Col. 2.14.
30 Ro. 8.1. Al citar este texto, Wesley ha colocado el verbo «creer» en lugar de
«estar».
31 Ro. 8.15-16.
32 Ef. 1.13.
33 Ro. 5.1-5.
34 Ro. 8.38-39.
32 Sermón 1
pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en
él, no peca. Y dice además: Hijitos, nadie os engañe ... el que
practica el pecado es del diablo.35 Todo aquel que cree ... es
nacido de Dios.36 Y todo aquel que es nacido de Dios, no
practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en
él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.37 Y sabemos
que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado,
pues aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el
maligno no le toca.38
6. Quien por fe ha nacido de Dios, no peca.39 (1) No
peca por pecado habitual, puesto que todo pecado habitual es
el pecado que reina, y el pecado ya no reina en quien cree. (2)
Tampoco peca voluntariamente, puesto que mientras
permanece en la fe su voluntad se opone a todo pecado, y lo
aborrece como a veneno mortífero. (3) Ni peca por deseo
pecaminoso, puesto que continuamente desea la voluntad santa
y perfecta de Dios, y por la gracia de Dios sofoca todo deseo
pecaminoso al momento de nacer. (4) Ni peca por debilidad, en
acción, palabra o pensamiento, porque su voluntad no
concuerda en su debilidad, y sin el asentimiento de la voluntad
no hay pecado propiamente dicho. Luego, todo aquel que es
nacido de Dios, no practica el pecado.40 Y aunque no pueda
decir que no ha pecado, ahora no practica el pecado.
7. Tal es entonces la salvación mediante la fe, que se da
ya en el mundo presente: una salvación del pecado y de sus
consecuencias. Esto es lo que significa la palabra
35 1 Jn. 3.5-8.
36 1 Jn. 5.1.
37 1 Jn. 3.9.
38 1 Jn. 5.18.
39 Es decir, no comete pecado voluntario o intencional. Véase al respecto el sermón
número 13.
40 1 Jn. 3.9.
La Salvación por la fe 33
«justificación», que en su sentido más amplio incluye la
liberación de la culpa y del castigo mediante la expiación de
Cristo aplicada al alma del pecador que cree en él, e incluye
también la liberación del poder del pecado mediante Cristo
formado en el corazón.41 Quien así ha sido justificado o
salvado mediante la fe, verdaderamente ha nacido de nuevo.
Ha nacido de nuevo del Espíritu,42 a una nueva vida que está
escondida con Cristo en Dios.43 Y como niño recién nacido
recibe el ádolon, la leche espiritual no adulterada, y por ella
crece,44 en el poder de la fuerza del Señor,45 por fe y para fe,46
gracia sobre gracia,47 hasta que llega a un varón perfecto, a la
medida de la estatura de la plenitud de Cristo.48
III. La primera objeción común a todo esto es,
1. Que predicar la salvación o justificación mediante la
fe sola equivale a predicar contra la santidad y las buenas obras.
A esto se puede responder brevemente: tal sería el caso si
predicáramos, como algunos lo hacen, de una fe que no tiene
nada que ver con la santidad y las buenas obras. Pero no
hablamos de tal fe, sino de una fe que necesariamente lleva a
toda santidad y toda buena obra.
2. Empero posiblemente valga la pena considerar esto
con más detenimiento, especialmente por cuanto no se trata de
una objeción nueva, sino de una objeción tan antigua como los
tiempos de san Pablo, cuando ya se decía: «¿Luego por la fe
41 Gá. 4.19.
42 Jn 3.3-5.
43 Col. 3.3.
44 1 P. 2.2.
45 Ef. 6.10.
46 Ro. 1.17.
47 Jn. 1.16.
48 Ef. 4.13.
34 Sermón 1
invalidamos la ley?»49 Respondemos, en primer lugar, que
quienes no predican la fe son los que de veras invalidan la ley,
ya sea directa y abiertamente, con explicaciones y comentarios
que destruyen el sentido del texto, o indirectamente, al no
señalar el único medio que permite cumplirla. Y, en segundo
lugar, respondemos que nosotros confirmamos la ley
mostrando todo su alcance y sentido espiritual, y llamando a
todos a ese camino de la vida mediante el cual la justicia de la
ley se cumple en ellos.50 Estas personas, confiando únicamente
en la sangre de Cristo, usan de todas las ordenanzas que él ha
dado, hacen buenas obras, las cuales Dios preparó de
antemano para que anduviésemos en ellas,51 y gozan y
manifiestan un temperamento santo y celestial, el mismo sentir
que hubo en Cristo Jesús.52
3. Pero, ¿no conduce al orgullo tal predicación de la fe?
Respondemos que accidentalmente tal puede ser el caso. Por
ello hay que advertir a todo creyente (en las palabras del gran
Apóstol): «Por su incredulidad [las primeras ramas] fueron
desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te
ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las
ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la
bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para
con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si
permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también
serás cortado.»53 Y al permanecer en esa bondad, recordará las
otras palabras de san Pablo, que prevén y responden a esta
misma objeción: «¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda
excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la
49 Ro. 3.31.
50 Ro. 8.4.
51 Ef. 2.10.
52 Fil. 2.5.
53 Ro. 11.20-22.
La Salvación por la fe 35
ley de la fe.54 Si alguien fuera justificado por sus obras, tendría
de qué gloriarse. Mas no tiene de qué gloriarse quien no obra,
sino cree en aquel que justifica al impío.55 Lo mismo indican
las palabras que se encuentran antes y después de nuestro
texto: «Pero Dios, que es rico en misericordia, ... aun estando
nosotros muertos en pecado, nos dio vida juntamente con
Cristo (por gracia sois salvos), ... para mostrar ... las
abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con
nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por
medio de la fe; y esto no de vosotros.»56 De nosotros no viene
ni nuestra fe ni nuestra salvación, sino que es don de Dios, don
gratuito e inmerecido--don es tanto la fe que salva como la
salvación que Dios en su bondad une a esa fe. El que creamos
es ejemplo de su gracia; el que, creyendo, seamos salvos, es
otro. No por obras, para que nadie se gloríe.57 Porque todas
nuestras obras y toda la rectitud que tuvimos antes de creer,
nada merecían de Dios sino condenación -tan lejos estaban de
la fe que salva y que por tanto, cuando es dada, nunca es por
obras. Y tampoco se debe la salvación a las obras que hacemos
cuando creemos. Porque es Dios quien hace todas las cosas en
todos.58 Luego, el que Dios recompense lo que Dios mismo
hace sencillamente muestra las riquezas de su misericordia, y
no nos deja de qué gloriarnos.
4. Empero, ¿no cabe la posibilidad de que tal modo de
hablar de la misericordia de Dios, que salva y justifica
gratuitamente mediante la fe sola, lleve a alguien a pecar? Tal
cosa puede suceder, y sucederá. Muchos perseverarán en el
54 Ro. 3.27.
55 Ro. 4.5.
56 Ef. 2.4-5, 7-8.
57 Ef. 2.9.
58 1 Co. 12.6.
36 Sermón 1
pecado, para que la gracia abunde.59 Pero su sangre caerá
sobre sus propias cabezas. La bondad de Dios debería
conducirles al arrepentimiento, y lo hará para quienes son
sinceros de corazón. Estos, al saber que todavía hay lugar para
el arrepentimiento, clamarán a Dios para que borre también los
pecados de ellos mediante la fe en Jesús. Y si claman
ardientemente y no desfallecen, si le buscan por todos los
medios que Dios ha dado, si no aceptan consuelo alguno hasta
que él venga, él vendrá, y no tardará.60 Y él puede hacer
mucho en poco tiempo. Hay muchos ejemplos en los Hechos
de los Apóstoles en los que Dios obra esta fe en los corazones
humanos con la rapidez de un relámpago. En la misma hora en
que Pablo y Silas empezaron a predicar, el carcelero se
arrepintió, creyó y fue bautizado. Y lo mismo sucedió con los
tres mil que escucharon a san Pedro el día de Pentecostés,
quienes se arrepintieron y creyeron la primera vez que le
escucharon. Y, bendito sea Dios, muchos en el día de hoy son
prueba viviente de que Dios sigue siendo grande para salvar61.
5. Empero desde otra perspectiva se objeta
exactamente lo contrario: «Si es imposible salvarse por todo lo
que uno haga, esto llevará a la desesperanza.» Ciertamente,
llevará a perder la esperanza de salvarse por las propias obras,
méritos o rectitud. Y así debe ser, porque es imposible confiar
en los méritos de Cristo sin antes renunciar a los propios.
Quien procura establecer su propia justicia62 no puede recibir
la justicia de Dios. La justicia que es por fe no puede serle dada
mientras confía en la que es por la ley.
6. Pero, dicen algunos, tal doctrina carece de
consolación. Al atreverse a sugerir tal cosa, el diablo habló
59 Ro. 6.1.
60 He. 10.37.
61 Is. 63.1.
62 Ro. 10.3.
La Salvación por la fe 37
como quien es, mentiroso y desvergonzado. Al contrario, ésta
es la doctrina consoladora por excelencia, llena de consuelo
para todos los pecadores que están dispuestos a destruirse y a
condenarse a sí mismos. Hay un consuelo alto como el cielo y
más fuerte que la muerte en saber que el que creyere en él, no
será avergonzado,63 y que el mismo que es Señor de todos, es
rico para con todos los que le invocan.64 ¿Cómo?
¿Misericordia para todos? ¿Para Zaqueo, abiertamente ladrón?
¿Para María Magdalena, una ramera común? Me imagino oír
a alguien decir: «¡Entonces yo, hasta yo, tengo esperanza de
recibir misericordia!» Y bien puedes decirlo, tú afligido, a quien
nadie ofrece consuelo. Dios no rechazará tu oración. Quizá
muy presto te dirá: «Confía, tus pecados te son perdonados.»65
Perdonados a tal punto que ya no se enseñorearán de ti, y el
Espíritu mismo dará testimonio a tu espíritu, de que eres hijo
de Dios.66 ¡Oh, buenas nuevas! Nuevas de gran gozo, que son
para todo el pueblo.67 A todos los sedientos, venid a las aguas.
... Venid, comprad sin dinero y sin precio.68 Cualesquiera sean
tus pecados, aunque sean rojos como la grana,69 aunque sean
más que los cabellos de tu cabeza,70 vuélvete al Señor, el cual
tendrá de ti misericordia, y al Dios nuestro, el cual será
amplio en perdonar.71
7. Cuando ya no hay objeción posible, se nos dice que
la salvación por fe no ha de predicarse como doctrina principal,
63 Ro. 9.33.
64 Ro. 10.12.
65 Mt. 9.2.
66 Ro. 8.16.
67 Lc. 2.10.
68 Is. 55.1.
69 Is. 1.18.
70 Sal. 40.12.
71 Is. 55.7.
38 Sermón 1
o que no ha de enseñarse del todo. Pero, ¿qué dice el Espíritu
Santo? Nadie puede poner otro fundamento que el que está
puesto, el cual es Jesucristo.72 Luego, que todo aquel que crea
en él será salvo73 es y ha de ser el fundamento y el principio de
toda nuestra predicación. «Bueno, pero entonces, no a todos.»
¿A quién no hemos de predicárselo? ¿A quién hemos de
exceptuar? ¿A los pobres? Estos tienen un derecho particular a
que se les predique el evangelio. ¿Los indoctos? No, puesto
que desde el principio Dios les ha revelado estas cosas a los
indoctos e ignorantes. ¿A los niños? Dejad a los niños venir a
mí, y no se lo impidáis.74 ¿A los pecadores? Menos todavía.
Jesús vino a llamar, no a los justos, sino a los pecadores, al
arrepentimiento.75 Entonces, si hemos de excluir a alguien,
tendrá que ser a los ricos, los letrados, los de buena reputación,
los de alta moral. Y es cierto que los tales frecuentemente se
excluyen a sí mismos para no oír. Pero tenemos que hablar las
palabras de nuestro Señor. Porque esto dice nuestra comisión:
«Id y predicad el evangelio a toda criatura.»76 Si alguien se
opone a este mensaje, o a parte de él, para su propia
destrucción, el tal será responsable por lo que hace. Pero vive
el Señor, que todo lo que el Señor me hablare, eso diré.77
8. Especialmente ahora proclamaremos que por gracia
sois salvos por medio de la fe, porque nunca ha sido esto más
razonable. Solamente tal predicación puede prevenir el
crecimiento del error romanista entre nosotros. Atacar uno a
uno los errores de esa iglesia no tendría fin. Pero la salvación
por la fe llega a la raíz del asunto, y donde esta doctrina se
72 1 Co. 3.11.
73 Jn. 3.16; Mc. 16.16.
74 Mc. 10.14.
75 Mc. 2.17.
76 Mc. 16.15.
77 1 R. 22.14.
La Salvación por la fe 39
establece todo lo demás se viene abajo. Fue esta doctrina (que
nuestra iglesia correctamente llama «la roca sólida y
fundamento de la religión cristiana») la que primero echó al
papismo de estos reinos; y solamente ella puede mantenerlo
fuera. Sólo ella puede detener la inmoralidad que invade la
nación. ¿Puedes vaciar el mar gota a gota? Si puedes, lograrás
reformarnos disuadiéndonos de vicios particulares. Pero al
llegar la justicia que es de Dios por la fe,78 se detendrán las
olas impetuosas. Solamente esto puede tapar las bocas de
aquellos cuya gloria es su vergüenza,79 y que niegan al Señor
que les rescató.80 Pueden hablar de la ley con tanta solemnidad
como quien la tiene escrita por Dios en su corazón. Al oírles
hablar sobre el tema, parecería que no están lejos del reino de
Dios. Pero si se les saca de la ley y se les lleva al evangelio,
comenzando con la justicia que es por fe, con Cristo, quien es
el fin de la ley ... para todo aquel que cree,81 y éstos que hasta
ahora parecieron ser, si no completamente, al menos casi
cristianos, resultan ser hijos de perdición, tan distantes de la
salvación como distan las profundidades del infierno de las
alturas celestiales. ¡Dios tenga misericordia de ellos!
9. Es por esto que el enemigo se enfurece tanto cuando
se le anuncia al mundo la salvación por fe. Por ello movió cielo
y tierra para destruir a quienes primero la predicaron. Por ello,
sabiendo que solamente la fe puede destruir los cimientos de su
reino, congregó todas sus fuerzas, y empleó todas sus
artimañas de la mentira y la calumnia, para amedrentar a aquel
glorioso campeón del Señor de los Ejércitos, Martín Lutero,
con el propósito de que no la reavivara. Lo cual no debe
sorprendernos. Porque como dijo ese varón de Dios, «¡Cómo
78 Fil. 3.9.
79 Fil. 3.19.
80 2 P. 2.1.
81 Ro. 10.4.
40 Sermón 1
se enfurecería el hombre fuerte y armado, al verse detenido y
aniquilado por un niñito, y éste armado con una débil caña!» Se
enfurecería especialmente por cuanto sabía que ese pequeño
niño le derrocaría y pisotearía. Amén, Señor Jesús.82 Es así que
tu poder se perfecciona en la debilidad.83 Sal entonces, tú
pequeño que crees en él, y su diestra te enseñará cosas
terribles.84 Aunque eres débil como un niño recién nacido, el
hombre fuerte no podrá sostenerse ante ti. Tú le vencerás, y lo
dominarás, y lo derrocarás, y lo pisotearás debajo de tus pies.
Marcharás bajo la dirección del gran Capitán de tu
salvación,85 venciendo y para vencer,86 hasta que todos tus
enemigos sean destruidos, y sorbida sea la muerte en
victoria.87
Ahora gracias sean dadas a Dios, quien nos da la
victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo, a quien, con el
Padre y el Espíritu Santo, sea la bendición y la gloria y la
sabiduría y la acción de gracias, y la honra y el poder y la
fortaleza, ... por los siglos de los siglos. Amén.88
82 Ap. 22.20.
83 2 Co. 12.9.
84 Sal. 45.4.
85 He. 2.10.
86 Ap. 6.2.
87 1 Co. 15.54.
88 Ap. 7.12.